“Si no tienes cuidado y haces noclip fuera de la realidad en el área equivocada, terminarás en los Backrooms, donde no hay más que el hedor a alfombra vieja y húmeda, la locura monocromática del amarillo, el incesante sonido de fondo de las luces fluorescentes zumbando al máximo, y aproximadamente seis millones de millas cuadradas de cuartos vacíos segmentados al azar en los que puedes perderte. Dios te ayude si escuchas algo merodeando cerca, porque es seguro que ya te escuchó.”
Este párrafo y la imagen que lo acompaña se han convertido en una de las piezas de narrativa de horror más influyentes de la última década. De hecho, ha dejado una huella cultural tan grande, que cuando recordé que apenas había aparecido en 2019 me sentí contrariado. En mayo de aquel año, el último del mundo pre-pandemia, un usuario anónimo publicó la imagen en 4Chan (ese sitio de donde han salido muchas de las peores cosas de la cultura internetera, pero también algunas de las más fascinantes), y poco después otro usuario anónimo agregó el párrafo que han leído.
Un párrafo y una imagen fueron suficientes para captar la imaginación de cientos y luego miles de personas. ¿Qué son los Backrooms? ¿Por qué existen? ¿Por qué parecen una imitación demencial de construcciones humanas? ¿Qué es la cosa que merodea por ahí? Era un punto de partida tremendamente sugerente, y desde entonces muchísimos otros ciudadanos de la red han contribuido a la construcción de varias mitologías alrededor de los Backrooms, y dado lugar a diversas “escuelas” que desarrollaron la idea original.
Por un lado tenemos la interpretación de los Backrooms como un universo (o multiverso) que puede ser mapeado y descrito, algo así como los calabozos de Dungeons & Dragons o los niveles de un videojuego (en efecto, videojuegos y juegos de rol se han creado a partir de ello). Este world-building se ha dado de forma colectiva: han surgido wikis enteras detallando sus diferentes aspectos, en especial sus niveles y las criaturas que lo habitan. Por otro, hay quienes prefieren unos Backrooms más minimalistas. Para esta escuela, la imagen y el texto son suficientes para causar escalofríos, y las descripciones, categorizaciones y mapeos le añaden fantasía, pero le quitan horror.
Una de las interpretaciones más celebradas es la webserie creada por Kane Parsons y que se estrenó en YouTube en 2022, cuando este niño prodigio tenía apenas 16 años. La fama y recepción de su trabajo le ganaron el respaldo de A24 para dirigir su propio largometraje. Así, algo que había nacido en Internet recibió el imprimatur del “arte de verdad” con una cinta que ha sido un éxito tanto en crítica como en taquilla (y en un 2026 excepcional para el cine de terror).
Pero esta historia seguro que ustedes ya la conocían. Lo que quiero hacer, a manera de especial de Noche de Brujas (que estará saliendo tarde, porque este año ha sido brutal), es algo así como la genealogía cultural de los Backrooms (¿o LAS Backrooms? No sé; la traducción precisa es “Trastiendas”, pero eso suena a sexo anal). Y es que resulta que en este fenómeno confluyen muchos cauces de la cultura internetera y más allá: leyendas urbanas digitales, estéticas de la nostalgia, múltiples subgéneros del horror en diferentes medios, nuevas formas de narración colectiva y filosofías del capitalismo tardío. Agárrense, que en esta serie por fin van a rendir fruto los últimos seis años de estar terminalmente en línea devorando blogs, wikis y videoensayos...
FOLCLOR DIGITAL
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| Imagen del creepypasta Smile Dog |
No sé ustedes, pero a mí sí me tocó dar clases a chavillos que creían que los creepypastas eran reales. Si no le saben a la cultura de Internet, los creepypastas son breves narraciones macabras o siniestras, reproducidas en foros de Internet a través de un formato de copia y pega (de ahí el nombre creepy = “siniestro”, en un juego de palabras con copy-paste, “copia y pega”). Lo genial de los creepypastas es que, al menos en un principio, se creaban al estilo de las leyendas urbanas y anécdotas supernaturales, historias supuestamente reales que contamos tarde en la noche de una pijamada. Por eso, muchas aparecían en forma de posts anónimos, entradas de blog, conversaciones en chats, intercambios en secciones de comentarios, mensajes en cadena reenviados mil veces, etc. En verdad, constituían una adaptación a la modernidad en línea de la antiquísima tradición de cuentos macabros orales.
Al ser creaciones propias de Internet, los creepypastas pueden aprovecharse de lo multimediático de formas en las que no pueden, por ejemplo, una sola película o libro. Un creepypasta breve puede incluir, además de texto en prosa, uno o varios elementos como imágenes, archivos de audio o video, hipervínculos, animaciones, etc. Esto contribuye a la ilusión de realidad que muchas de ellas buscaban crear, insertando supuestos documentos auténticos, como recortes de diarios escaneados, capturas de pantallas, grabaciones de cámaras de seguridad, etc.
Ejemplos tempranos de que podríamos llamar creepypastas pueden encontrarse casi desde que Internet es Internet (piensen en esos e-mails en cadenas malditos que venían acompañados de alguna foto siniestra). Pero realmente el fenómeno tomó forma y tuvo su apogeo desde los dosmiles tardíos y a lo largo de los dosmildieces, en que pasaron de aparecer en foros genéricos como 4Chan a encontrar hogar en sitios especializados como Creepypasta.com (lanzado en 2008). Ciertamente los creepypastas dejaron una huella cultural en el mundo de Internet, donde para el imaginario de toda una generación, personajes como Slenderman o Jeff the Killer ocuparon un lugar análogo al de Freddy Krueger o Jason Voorhees.
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| La imagen original de Slenderman |
Fue un fenómeno de gente muy joven, sobre todo adolescentes, lo que se nota en lo ingenuotas e inexpertas de muchas de estas creaciones. Algunas, sin embargo, son en verdad buenas piezas de ficción terrorífica, como Candle Cove o Abandoned by Disney, por mencionar a dos de mis favoritas. Otras han sido apreciadas más bien de una forma irónica de tan cutres que son, como Jeff the Killer.
Los creepypastas más populares dieron lugar a incontables obras derivadas. Si la original era sólo texto, no tardaban en aparecer adaptaciones a otros medios, además de multitud de secuelas, precuelas y demás. Algunos conceptos y personajes introducidos en un creepypasta sufrieron mutación memética hasta convertirse en cosas por completo distintas. Jeff the Killer acabó husbandizado por toda una generación de morritas frikis con fascinación por los twinks atormentados y peligrosos.
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| Jeff the Killer husbandizado |
Unos pocos creepypastas salieron de los círculos de aficionados y llegaron a tener adaptaciones en el cine, la televisión o los videojuegos comerciales, aunque casi nunca con las grandes productoras. De la misma forma, algunos creadores ganaron tal fama que pudieron publicar sus libros con editoriales.
Como ven, el post original de los Backrooms forma parte de esta tradición, y de hecho, el formato en el que apareció, de una sola imagen con un solo párrafo breve, recuerda mucho al de la única creación siniestra de las redes alcanzó similares fama y notoriedad: Slenderman.
Surgido en 2009, este personaje, una especie de coco de la modernidad digital, vio la luz en el sitio Something Awful como parte de un concurso en el que había que crear imágenes siniestras con photoshop. El post original, obra de Eric Knudsen, constaba de dos imágenes con sus respectivos pies y se convirtió en un fenómeno que dio lugar a montones y montones de obras creativas, incluyendo videojuegos y películas. La infamia de Slenderman llegó a su punto máximo cuando en 2014 dos niñas apuñalaron a una tercera hasta casi matarla. Las niñas aseguraron haber sido instruidas por Slenderman para cometer el crimen, y que la entidad sobrenatural las había amenazado con asesinar a sus familias si no seguían sus designios. Aterrador, ¿no?
Quizá fue este incidente, junto con los fallidos intentos de llevar a Slenderman a la pantalla grande (todas sus películas tuvieron pésimas críticas), lo que impidió que alcanzara al gran público tal como lo hicieron los Backrooms. Como fuere, no se puede negar que comparten un mismo árbol genealógico, y no sólo porque ambos surgieron como creepypastas, sino por la trayectoria que siguieron después.
TECNOLOGÍA MALDITA
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| Local 58 |
En 2009, apenas 10 días después del post viral en que debutara Slenderman, se estrenó en YouTube el primer episodio de la webserie Marble Hornets. Creada por Troy Wagner, Joseph DeLage y Tim Sutton, se centraba en el mismo Slenderman. La serie fue un éxito rotundo, se extendió hasta 2014 y contribuyó a convertir a Slenderman en un ícono cultural. Más allá de su protagonista, lo que hacía especial a esta serie era su formato de pseudo-documental y found footage o “metraje encontrado”, como si fueran las grabaciones reales de personas que vivieron el suceso.
El estilo found footage ha sido usado para las historias de terror desde sus orígenes en la infame Cannibal Holocaust (1980), pero la película que realmente lo llevó al éxito comercial fue The Blair Witch Project (1999). Pocos años más tarde vendría una breve época de apogeo, con filmes como Paranormal Activity (2007), Rec (2007) y Cloverfield (2008). Aunque en años siguientes las pantallas se inundaron con otros ejemplos, ningún otro fue tan notable ni de tan buena calidad y la tendencia desapareció más allá de nichos de aficionados… Para volver en forma de contenidos de Internet hechos por talentosos aficionados.
Adaptar creepypastas al formato found footage se antoja natural, ¿no? Después de todo, se trata de narraciones siniestras que pretenden crear la ilusión de realidad a través de la presentación de testimonios y evidencias documentales de los “sucesos”. Además, a finales de los dosmiles la cultura en Internet ya dejaba de ser primordialmente escrita para volverse audiovisual, mientras que las herramientas para grabar y editar videos, crear efectos especiales y manipular imágenes de forma realista alcanzaban a más usuarios que nunca, y las plataformas en línea permitían cargar y reproducir videos de mayor duración y calidad.
Ahora, lo interesante es que el estilo no se estancó en el formato simple de “esto es lo que grabaron las personas que vieron el suceso”, sino que rápidamente evolucionó para incorporar nuevos formatos. He aquí que nace el horror analógico.
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| Marble Hornets |
El nombre viene de la tecnología anterior a la adopción casi universal de los dispositivos digitales y su contenido: cintas magnéticas, pantallas de CTR, cartuchos de videojuegos, transmisiones de radio y televisión, videos caseros, etc. El terror analógico se inspira en el aspecto, calidad y estética de los medios que usaban esa tecnología y de la época en la que era la más común, especialmente las últimas dos décadas del siglo pasado. Lo que lo distingue del found footage es que además de grabaciones de hechos siniestros, sobrenaturales o inexplicables, en el horror analógico el artefacto mismo podía estar maldito, intervenido por fuerzas más allá de la comprensión humana.
Podemos encontrar antecedentes en algunos creepypastas trataban de cosas así, como la ya mencionada Candle Cove (2009), sobre un programa de TV infantil con algo siniestro detrás; Ben Drowned (2010) sobre un cartucho de N64 poseído por el espíritu de su anterior dueño; o NES Godzilla (2011), sobre un cartucho de Nintendo habitado por un demonio. Este último incluía supuestas capturas de pantalla hechas por el narrador, en un estilo que imitaba a la perfección el aspecto pixeleado en 8 bits de los juegos de NES.
Y si queremos irnos para atrás, ahí tienen la película japonesa Ringu (1998) y su versión americana The Ring (2002), que tuvo mayor alcance mundial; ambas tratan sobre una cinta de VHS maldita. Nótese que aparecieron en la misma ventana de 10 años que los ejemplos de found footage de hace unos párrafos, así que coinciden perfectamente para influenciar a una misma generación.
Así, además de Marble Hornets (2009-2014), tenemos series como: Local 58 (desde 2015), que de hecho introdujo el término “horror análogo”, y que se presenta como grabaciones de una estación de TV local; Gemini Home Enterteinment (desde 2019), que parecen ser clips sacados de varios videocassettes; y The Mandela Catalogue (desde 2021), que se presenta como contenido audiovisual manipulado por fuerzas extrañas. Todas fueron muy populares, engendraron sus propios fandoms y hasta una industria completa de videos resumiendo su contenido y explicando su mitología.
Es así que llegamos a Backrooms, la webserie creada por Kane Parsons en 2022. El primer episodio nos muestra las grabaciones de un adolescente que por accidente hace noclip y termina en los Backrooms. Desde un inicio la serie optó por el formato found footage y el estilo de horror análogo. Cuando Parsons nos brindó su primer largometraje en 2026, incluyó también varias secuencias en found footage, además de otros momentos que evocan al horror análogo. Pero eso no es lo único...
NARRACIONES COLECTIVAS
La inmensa mayoría de las narraciones creadas por la humanidad no tienen dueño, incluyendo muchas que sí tienen autor conocido. Cualquiera puede tomarlas para crear otras obras a partir de ellas, y así había sido durante la mayor parte de la historia humana. Esto empezó a cambiar con el surgimiento de la propiedad intelectual y los medios de producción masiva, que nos acostumbraron a pensar en las narraciones como algo que tiene un dueño, ya sea una persona individual o, en esta época de franquicias, una corporación, que tiene la potestad de decretar qué elementos de un mundo imaginario cuentan como “canon”, y qué no. La creación de mundos imaginarios quedó así centralizada (piensen ustedes en el universo de Star Wars).
Sin embargo, Internet y la cultura de fans vino a trastornar todo este desarrollo. Fanfics y fanart son conceptos que sólo pueden existir en un mundo que ha normalizado el concepto de propiedad intelectual; antes todo era simplemente “arte”.
Los creepypastas originales no están sujetos a derechos de autoría, y muchos incluso no tienen un autor conocido. Los más populares dieron lugar a multitud de obras derivadas, que son llamadas fanfic y fanart sólo para distinguirlas de la original. Decenas o cientos de usuarios expandieron el lore de las creaciones más populares, y cada entusiasta puede decidir a su gusto qué es canon y qué no. Esto era como volver a una época de tradición oral en que los mitos, leyendas y cuentos folclóricos eran creaciones de muchas personas a lo largo del tiempo, y era posible acceder a múltiples interpretaciones distintas de una misma. La creación de mundos imaginarios volvió a quedar descentralizada.
Creo que esto alcanzó una cima con la creación de la Fundación SCP. Se trata de un proyecto colaborativo en forma de wiki que documenta los casos paranormales estudiados por la epónima organización secreta. El proyecto también tuvo sus orígenes en 4Chan en 2007, en un creepypasta redactado como si fuera un reporte científico sobre la Fundación SCP. El post original fue tan popular que pronto otros usuarios empezaron a escribir sus propios “casos de estudio”, y al año siguiente se lanzó con su su propio sitio web.
Ni la escritura colaborativa ni el concepto de “organización secreta que investiga lo paranormal” son nuevos, pero con la SCP llega a su culminación, y su formato de wiki y naturaleza multimedia es algo que sólo Internet podría haber creado. La SCP aprovecha, mezcla y desarrolla las formas de narración que los creepypastas y el horror analógico han creado, y se ha convertido en uno de los universos ficticios más extensos. Es el non plus ultra de los creepypastas.
Como ven, su origen es muy similar al de los Backroom. No es de extrañar que estos cuartos amarillos imposibles tengan sus propias wikis, muy al estilo de la SCP; la primera apareció en julio de 2019, y la segunda en marzo de 2020 (pero hay más, al menos otras tres). Cada una sigue su propia mitología, con su propio catálogo de niveles y entidades que viven en ellos. Ambas wikis tienen una organización secreta, el Major Explorers Group, que, al estilo de la SCP, documenta y organiza la información sobre los Backrooms.
La webserie creada por Kane Parsons ignora felizmente estas dos wikis, pues su enfoque es mucho más minimalista, más cercano al del creepypasta orginal. Pero de vez en cuando Parsons ha tomado algún elemento que las wikis introdujeran, y además sí que tiene algo en común con ellas: la presencia de una organización secreta que explora lo paranormal. En este caso, es el Async Research Institute, y gran parte de la narración aparece en forma de documentos multimedia recogidos por esa institución. Y, por supuesto, Async hace su aparición en la película.
Hemos hablado principalmente de las nuevas formas de creación, distribución y expansión de mundos imaginarios horrorosos, además de los medios y formatos usados para ellos, todos los cuales son definitivamente propios de la Internet 2.0. Y hemos visto cómo todo ello confluye en los Backrooms, desde su aparición como creepypasta, pasando por su desarrollo en diversos foros, hasta su debut en la pantalla grande con largometraje de Kane Parsons.
De lo que no hemos hablado es de su contenido, de los tipos de horror existencial que todos estos trabajos nos hablan, algunos tan antiguos como la civilización misma, otros producto ineludible de la modernidad… Pero ése será el tema del próximo episodio…
CONTINUARÁ...
Algunas fuentes consultadas:
- Talking Vidya: Terror análogo
- Slenderman: How the Internet Created a Monster
- The SCP Foundation: Declassified
- The Nostalgia Horror Phenomenon
- Creepypasta & Hauntology Video Essays
- Why the Backrooms don’t need a Monster
- Every Version of the Backrooms Explained
- The Ultimate Creepypasta Iceberg Explained
- Wikipedia
- Wiki Creepypasta
- TV Tropes
- Aesthetic Wiki








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