lunes, 25 de noviembre de 2019

Yo soy la noche - ¿Quién es Batman realmente?



¡Saludos, ciudadanos! Acabo de estrenar el tercer video de mi lucrativa carrera como influencer de yutub. Algo tarde, pero no quería que se acabara el año sin dedicar unas palabras a Batman en su 80 aniversario, así que de eso hablaremos hoy.

Hacer videos es un trabajal, por lo que habrán notado que estoy blogueando menos seguido. Mi plan es hacer un video y una entrada de blog cada mes. Eso no quita que siga activo en mis otras redes, y en caso de que no las conozcan, los invito a seguirme en Twitter, Facebook, Instagram y ahora YouTube.

A continuación, el video. Si prefieren leer, abajo va la transcripción:



¡Batman está de fiesta! ¡Este 2019 cumplió 80 años! ¡La batiseñal se encendió en varias ciudades del mundo! ¡Joker sacudió las salas de cine y la opinión pública! Para celebrarlo, vamos a hacer una de las cosas que más me gustan: ¡mezclar teoría política con cosas ñoñas! En este caso, abordaremos la vieja cuestión: ¿Es Batman un cerdo capitalista o un tirano fascista? Y la respuesta es: ¡ninguna de las dos!

Primero, ¿es Batman fascista? No. Ha habido historias “alternativas” en las que Batman enloquece de poder y establece un régimen totalitario en Gotham; son de esas historias de “¿qué pasaría si Batman fuera demasiado lejos?”. En ellas sí podríamos llamarlo fascistoide. Pero en un escenario “normal”, a nuestro Encapotado ni siquiera le interesa gobernar, y no es más líder supremo que para su colección de huérfanos.

Su idea de “justicia" es ciertamente violenta, encaminada sobre todo al castigo del crimen, más que a su prevención o a reformar a los delincuentes, onda “vigilar y castigar”. Sin duda, Batman es autoritario. Pero no se le puede llamar “fascismo” a cualquier forma de autoritarismo. Si el facho cree que sólo los fuertes deben sobrevivir, Batman cree que el papel del fuerte es proteger al débil. Tampoco podríamos acusar a Batman de nacionalismo extremo, misoginia, racismo u homofobia, elementos fundamentales del fascismo. Y no olvidemos que Bats ha combatido contra nazis literales.



Para ser facho, el autoritarismo violento de Batman tendría que incluir una exaltación estética de la violencia, y no sólo la aceptación pragmática de su uso. Además, habría de fundamentarse en la creencia de que un grupo de personas es superior a las demás, basándose en atributos innatos como la raza o la nación. Habría que añadir un culto incuestionable al líder supremo, una relación mística entre éste y su “pueblo”, y un largo etcétera.

Por eso, cuando los izquierdistas le llaman fascista a cualquier conservador o niño fresa se ven muy ridículos. Y cuando los verdaderos fascistas empiezan a aparecer, ya han gritado ¡fascista! tantas veces que nadie les hace caso. Pero divago…

¿Qué hay del capitalismo? Ok, Bruce Wayne es, estrictamente hablando, un capitalista, puesto que es dueño de los medios de producción. Así que ése es su lugar en la pirámide jerárquica de este mundo, en el que el sistema socioeconómico imperante es el capitalismo. Ni hablar. Pero, ¿Batman es, ideológicamente, un cerdo capitalista?

Nah. Batman no es un self-made man orgulloso de haber construido su fortuna con su esfuerzo personal: ésta le ha sido heredada a través de las generaciones. Digo, sabemos que los millonarios tampoco han hecho su fortunasólo con su esfuerzo personal, sino que parten de posiciones de privilegio, ha tenido un chingo de buena suerte y están en un sistema que les permite explotar a sus empleados pagándoles un porcentaje mínimo de la riqueza que producen con su trabajo. Pero a ellos les gusta pensar que amasaron su fortuna nomás chingándole.



Aun así, Batman ni siquiera representa esa bonita ficción en la que existen buenos capitalistas que se han hecho ricos honestamente y sólo desean lo mejor para todo el mundo. Y saben, como Rico McPato o Tony Stark. Los capitalistas del mundo real se parecen más bien a Lex Luthor.

A Bruce Wayne no le interesan los negocios, y ve su fortuna simplemente como un instrumento para llevar a cabo su trabajo como justiciero enmascarado. Él ni siquiera administra las empresas. Tiene a un senescal que se encarga de ello, Lucius Fox, y su trabajo en las industrias Wayne va poco más allá de las relaciones públicas. Lo cierto es que ni siquiera piensa en el dinero. Si una ley en Gotham aumentara los impuestos a los millonarios para así financiar las escuelas públicas, no creo que le quitara el sueño.

Sí, en teoría Batman podría donar todos sus caudales, conseguir un trabajo honesto y continuar combatiendo el crimen como un héroe de la clase trabajadora. Pero entonces no sería Batman. Sería Daredevil.



Entonces, si Batman no es precisamente un capitalista, y mucho menos un fascista, ¿qué es? Pues resulta que como personaje Batman se ajusta al modelo de la ¡ARISTOCRACIA! Aristocracia es un concepto de origen griego que significa “el gobierno de los mejores”, y que encuentra su expresión más familiar en la nobleza medieval y la del Ancien Régime.

Quiero decir que Batman corresponde al arquetipo del caballero noble. Bruce Wayne no sólo es rico, sino que vive en su castillo, desde donde desciende para impartir justicia entre sus súbditos. Se rodea de escuderos, que son también sus aprendices y los futuros paladines de su orden. Su apodo es El Caballero Oscuro, pero además desciende de un linaje de auténticos nobles europeos, que incluye a caballeros literales.

A diferencia de la moral capitalista del mundo moderno, según la cual cada quien está por su cuenta, libre para triunfar o fracasar por sus propios talentos y méritos en una justa competencia, la aristocracia feudal seguía el concepto de LA NOBLESSE OBLIGE, que se traduce como “la nobleza obliga”. O sea, que la posición de un señor venía no sólo con privilegios, sino también con obligaciones y un código de conducta.



En un feudo medieval, los campesinos debían trabajar para su señor, pagar sus tributos y sujetarse a sus designios. Pero el señor tenía la obligación de impartir justicia, de usar sus tropas para defender las tierras de invasiones bárbaras, y dar su castillo como granero para que en caso de desastre sus súbditos no se murieran de hambre.

Esto es, claro, en teoría, y una burda justificación para los privilegios de los nobles, que muy a menudo eran bastante gilipollas. De hecho, más parecidos al Barón Luthor en ese cómic de Superman medieval.

Es la misma onda detrás de “pues sí, soy asquerosamente rico, pero le doy trabajo a los niños hambrientos de Bangladesh”, o “pues sí, yo tengo el poder sobre mi esposa, pero la mantengo y ella no tiene que trabajar”, o “pues sí, nosotros nos comemos a los antílopes de una forma violenta, pero cuando al final morimos tranquilamente en nuestro trono, el pasto se come nuestros cuerpos y el antílope se come el pasto”. En fin, puras patrañas.



Platón creía que una aristocracia de reyes-filósofos debía regir a la sociedad. Pero advertía que cuando la élite que debería gobernar se corrompe y abandona su deber de velar por el bien común, la sociedad entra en decadencia. Pero no por eso deja de afirmar que debe existir esa élite.

En el mundo de Batman, las élites están altamente corrompidas. Cuando esa degeneración social toca a la clase dominante (vía el asesinato de los Wayne), esto sirve de catalizador. Bruce trabaja desde ese momento, entrena en todas las artes marciales y estudia todas las ciencias existentes para convertirse en ese ideal de perfección humana, mens sana in corpore sano, el rey filósofo. Batman es el aristócrata decidido a retomar su papel como impartidor de justicia, hacerse cargo de lo que la noblesse oblige y restaurar el orden de cosas…. A karatazos, por supuesto.

Los cómics de Batman rara vez cuestionan la pirámide social; en cambio, sí que señala que los altos puestos en la misma pueden estar ocupados por personas que no honran su lugar. No cuestiona que existan los millonarios, pero señala que muchos de ellos pueden ser corruptos y perversos. Tampoco cuestiona que exista la policía, o las instituciones de gobierno. Pero sí insiste en que todas estas instituciones pueden corromperse y entrar en decadencia. Por eso Batman no duda en zarandear a otros millonarios, o a policías y a políticos corruptos: no están cumpliendo con su papel en la sociedad.



Batman no cree que la autoridad, las jerarquías o incluso las leyes establecidas deban ser respetadas por sí mismas, sino sólo en la medida en que son justas. Eso lo ha llevado a ser perseguido por la autoridad, incluyendo agencias federales y el mismo gobierno de los Estados Unidos. Y así como no tiene lealtad de clase cuando los otros aristócratas están corrompidos, sí que tiene en gran estima a muchas personas de extractos humildes. Esto es porque a Batman le preocupa más la NOBLESSE D’EPRIT, o sea, la nobleza de espíritu, más que la de cuna.

Además, si bien es cierto que en ocasiones hemos visto al Murciélago apaleando a delincuentes menores (sobre todo en historias que tratan de sus primeros días como vigilante), la verdad es que la mayoría de las veces se enfrenta a matones de la mafia y supervillanos de fantasía. Así que eso de que Batman principalmente se dedica a golpear a gente pobre no es realmente cierto.

A propósito, Bruce Wayne también hace muchas obras de caridad y dona montones de dinero a orfanatos, programas educativos y de salud pública, y demás. Sí, como caridad, que depende de la bonditud del rico. Así que eso de que no intenta hacer nada para eliminar los males sociales que son la causa del crimen tampoco es exactamente acertado.

¿Por qué nunca termina de resolver esos problemas? Porque se acabaría el cómic, por eso. Lo que sí es cierto es que esa filantropía es parte de lo que la noblesse oblige, y nunca se le ocurriría subvertir las jerarquías sociales, simplemente redistribuyendo la riqueza. Porque entonces sería Anarky.



Entendiendo que Batman es un caballero noble, nos quedará más clara su relación con sus discípulos, su ciudad, las instituciones policiacas, y hasta con Alfred. Alfred y Bruce pueden amarse como padre e hijo, y sin embargo ninguno de los dos olvida la posición de cada uno.

Aquí alguien podrá decir: “Oye, Ego, pero eso de aristocracia feudal tampoco es mucho mejor que el capitalismo salvaje o que el fascismo. ¿Cómo concilias tu amor por Batman con el hecho de que eres un chairo comeflores marxista cultural ideólogo de género amamantado por George Soros”.

Buena pregunta, mi querido hombre de paja. Bien, la respuesta mamalona sería que como hombre culto y refinado puedo analizar por un lado la ideología de una obra y por el otro apreciar su cualidad artística. Y el Hombre Murciélago nos ha dado algunas de las mejores obras narrativas de dos siglos.

Una respuesta más sincera sería que crecí con Batman de toda la vida, desde mucho antes de desarrollar mi forma de pensar. Como los monitos nostálgicos que somos, nos es más fácil ser indulgentes con las implicaciones ideológicas de aquellas cosas a las que tenemos cariño por haberlas conocido desde siempre. En cambio, nos ponemos supercríticos con las cosas que aparecen después de que nos hemos formado nuestra propia ideología.

También está el hecho de que, a diferencia del capitalismo hijueputa y el fascismo, el feudalismo no representa un peligro para nosotros. Sus ideales de nobleza, caballerosidad y amor cortesano pertenecen a épocas lejanas y por eso se antojan más como propios de mundos de fantasía. Por lo mismo no tengo problemas con que El Señor de los Anillos termine con un buen rey en el trono y no espero que en cambio se establezca una democracia socialista en Gondor.


Batman es más que sólo un lord justiciero en guerra perenne contra el mal. Es también un aventurero a la usanza de las revistas pulp y un detective en la tradición de la novela negra. Sin embargo, hay un punto más importante a todo lo anterior para responder a la pregunta ¿quién es Batman? Porque no es sólo un caballero, es el Caballero de la Noche.

En mi video-ensayo anterior, sobre Joker, les comentaba que las historias de orígenes de los supervillanos de Batman, tanto como la historia del mismo Bruce Wayne, están llenas de tragedias, abusos e injusticias. De no haber sido por sus privilegios materiales, y por el amor y la guía de algunas figuras importantes, Batman fácilmente habría podido convertirse en un villano como aquellos a los que combate, que de cierta forma son un reflejo de lo que él pudo haber sido.

He ahí la esencia de Batman y lo que lo hace tan fascinante. Batman es un buen hombre que se ve obligado a convertirse en una criatura de la noche para proteger a las buenas personas de las otras criaturas de la noche. Por eso sólo él puede luchar contra la oscuridad de Gotham, porque se envuelve con ella, la adopta, pero la usa para defender a la luz. Eso, sin embargo, conlleva un peligro: el siempre estar caminando por el delgado filo que separa la luz y la oscuridad, con la posibilidad latente de que un paso en falso lo haga sumergirse de lleno y para siempre en las sombras.



¿Qué les puedo decir? Me gusta Batman. Incluso cuando creo que DC lo ha sobreexplotado, creo que sigue siendo un arquetipo gracias a los diferentes elementos que se fusionan en su figura, que y hacen de su relato un auténtico mito moderno.

FIN

jueves, 31 de octubre de 2019

El rey, el gato y los brujos del Ártico



¡Hola, criaturas de la noche! Hoy les traigo una entrada especial de Halloween: una historia curiosa y macabra sobre paganismo, brujería, gatos negros y viajes rumbo al helado y desconocido norte, donde la "civilización" no había llegado todavía. Es la historia de un rey y su tripulación, nevegando entre témpanos de hielo, hacia las gélidas tierras donde los paganos todavía adoraban a sus antiguos dioses.

Cuando pensamos en Escandinavia, nos vienen a la mente dos cosas: en primer lugar, ¡vikingos! En segundo ¡socialismo nórdico! Todo muy bonito. Pero entre la era de los vikingos y la Escandinavia socialdemócrata hubo reinos cristianos europeos bastante normales parecidos a cualquier otro. Uno de ellos era el reino de Dinamarca-Noruega. Porque, así es, estos dos páises estuvieron unidos bajo una sola corona entre los siglos XVI y XIX. ¿Sabían eso? Yo no.

Coronación de Cristian IV

El rey de Dinamarca-Noruega era Cristian IV, quien había sido coronado en 1596 ¡a la edad de 19 años! Pronto tuvo que hacer frente a las ambicones expansionistas de su vecina Suecia (fun fact: los suecos y los noruegos cuentan chistes los unos de los otros como los yucatecos y los campechanos). Suecia y Dinamarca-Noruega estaban en una carrera para alcanzar y dominar las lejanas costas septentrionales, bañadas por las frígidas aguas del Océano Ártico. 

Verán, muy nórdicos y muy descendientes de vikingos y toda la cosa, pero suecos, daneses y noruegos se movían principalmente por las costas del Báltico, o sea, en el extremo sur de la Península Escandinava. El lejano norte era para ellos territorio salvaje y desconocido, habitado por criaturas monstruosas, como morsas de aterradoras fauces, y gente salvaje que montaba y guerreaba en renos como los otros hombres doman caballos. Así se puede ver en este mapa de 1532:

Mapa de Finmarca, elaborado por el sueco Olaus Magnus

Cristian IV estaba decidido a consolidar el dominio danés-noruego (¿dano-noruego? ¿danoruego?) sobre Finmarca, el litoral escandinavo más septentrional, de forma que sus territorios rodearan por completo a Suecia y la dejaran sin acceso al mar. Así, en 1599 él mismo partió de Copenhague a la cabeza de una flotilla de ocho navíos para explorar el helado norte, en un viaje que marcaría su vida y la de muchas otras personas.

Ésta es la época en la que los europeos ya estaban conquistando América, así como partes de África y Asia. El reino de Dinamarca-Noruega incluso llegó a tener algunas posesiones en el Caribe (¿lo sabían? Yo no). Pero para los escandinavos la verdadera "frontera" hacia la cual había que expandirse era el norte, el cual, como el Nuevo Mundo, también tenía su naturaleza exótica y sus pueblos paganos esperando a ser evangelizados.

Estos pueblos eran los conocidos en gran parte del mundo como lapones. Esta palabra es de origen escandinavo, y quiere decir algo así como "que se viste como mendigo". Además, el nombre lapón ha sido usado por noruegos, suecos y finlandeses como sinónimo de tonto o inculto. Se trata, pues, de un peyorativo. Los habitantes más de esas tierras cubiertas de nieve se llaman a sí mismos samis.

Campamento sami, por el pintor finés Aleksander Lauréus

Los samis son un pueblo muy antiguo. Han estado en las costas del Ártico desde hace siete mil años, y su presencia antecede a la llegada de los pueblos indoeuropeos. Son una nación sin estado, con su población repartida entre Noreuga, Suecia, Finlandia y Rusia. En tiempos de Cristian IV, los samis eran considerados "primitivos". Eran seminómadas, viviendo en tiendas de piel y subsistiendo de la pesca, la caza y, sobre todo, el pastoreo de renos, animales de los que obtenían alimento, piel y transporte.

A lo largo de la historia han sido tratados por los gobiernos de los países escandinavos como las potencias coloniales siempre europeas han tratado a los pueblos nativos del resto del mundo. Es decir, con la punta del pie. A lo larto de los siglos se intentó europeizarlos, erradicar su lengua y sus costumbres ancestrales para hacerlos formar parte de los modernos estados-nación. En tiempos de Cristian IV eran paganos, y practicaban una forma de chamanismo que sigue presente hasta nuestros días.

Los samis adorando a una deidad

Lo que nos regresa a nuestra fatídica expedición. Explorando las lejanas tierras del norte, la Finmarca noruega, los exploradores tuvieron contacto con los sami. En una aldea, un marinero robó un gato, un macho negro y grande, que pertenecía a una mujer sami. El felino fue llevado a bordo del Victor, la nave enseña del rey Cristian. Fue entonces que iniciaron las desgracias.

Una feroz tormenta comenzó a azotar a la flota. El viento golpeaba con tanta fuerza que las velas tenían que estar amarradas día y noche. No había tierra a la vista. Ballenas gigantescas, tan grandes como el navío mismo, nadaban en círculos alrededor de éste, y los marinos estaban seguros que se trataban de criaturas sobrenaturales. 

Días y noches de tormenta incesante pueden trastocar los nervios de cualquiera. Los marineros, el primer oficial del Victor e incluso el capellán del rey empezaron a murmurar que la tempestad sólo les había caído encima tras haber capturado al gato lapón. Había que echar al demonio por la borda para acabar con la maldición. Pero había un problema: el joven rey se había encariñado mucho con el felino.

Azotados por las olas, por el pintor noruego Peder Belke

Era un bicho grácil y elegante, que se pasaba como ardilla corriendo entre las cuerdas, y que capturaba aves que después entregaba al rey. Nadie tocaría al gato; era su protegido. Las malas lenguas comenzaron a murmurar que el monarca estaba siendo seducido y manipulado por la bestezuela. El peligro de motín no parecía muy lejano. Para colmo de males, el gato interrumpió con sus gracias una misa oficiada por el capellán, quien lo tomó como prueba de que el animalejo era un enviado del Maligno.

Parece ser que el joven rey no daba mucho crédito a estas supersticiones, y que de verdad se había encariñado con el felino. La ley dictaba que el gato, como endemoniado que era, debía ser ejecutado. Pero Cristian le ofreció un indulto. En vez de matarlo, lo pondrían en una barcaza con agua y alimento para varios días, con lo cual podría regresar hasta su casa (porque, siendo un gato sobrenatural, no tendría problemas en navegar un frágil esquife por aguas nórdicas). Así se hizo; el gato se perdió en el horizonte (esperemos que haya llegado con su ama) y el tiempo se puso favorable de nuevo para que nuestros héroes reanudaran el viaje de regreso a casa, en Copenhague. 

Personas leídas y escribidas como ustedes y yo no creemos en las maldiciones ni nada de eso, ¿verdad? Seguro que la aparente relación entre el mal clima y el minino es sólo una coincidencia. Pero en aquella época la cosa no eran tan clara. La magia y los maleficios eran asuntos muy reales para las gentes de hace cuatro siglos.

Grabado de un sami y su gato cazador

Los exploradores nos cuentan que los samis le tenían mucho afecto a sus gatos. Un viajero francés relata: "cada familia tiene un gran gato negro al que valoran muchísimo. Los lapones le hablan como si fuera una criatura racional. Cada noche salen de sus chozas con el gato para consultar con él a solas, y el animal los acompaña a la pesca y la caza, como si de un perro de tratara. Aunque este animal parece un gato, si yo fuera más supersticioso, pensaría que se trata de un espírito familiar que les presta servicio. Es un espectáculo desconcertante para un cristiano del sur."

Los samis también tenían a sus chamanes, hombres de magia que practicaban rituales difíciles de comprender para los exploradores europeos. Se vestían con las pieles de los renos y usaban sus cornamentas como tocados. Golpeaban tambores de cuero marcados con símbolos arcanos y entonaban cánticos extraños en rituales desconcertantes. Se suponía que los chamanes eran capaces de invocar a los espíritus de los muertos, o entrar en trance, abandonar sus cuerpos y visitar lugares lejanos en el tiempo y el espacio. También podían arrojar terribles maleficios a grandes distancias.


Lo cierto es que los samis tenían su propia espiritualidad, como todo mundo, pero ya saben cómo reaccionan los cristianos cuando se topan con algún sistema de creencias que no es el suyo:



De modo que los europeos simplemente interpretaron que los chamanes samis eran brujos y que sus artes eran demoniacas. Lo usual.

Además, hay que tener en cuenta que el lugar de los gatos en la sociedad europea no era precisamente favorable. En los últimos siglos de la Edad Media y los primeros de la Modernidad, los gatos estaban íntimamente asociados a las herejías, la brujería y el satanismo. Se les consideraba animales impuros y una de las formas predilectas de Satanás para aparecerse ante sus seguidores mortales. Tan es así que algunas palabras para hereje, como el alemán katzer y el italiano gazzeri, significan literamente "adorador de gatos". De modo que el amor de los samis por los gatos no los hacía ver muy bien ante los cristianos.

El demonio siendo adorado en forma de gato, en una iluminación medieval del siglo XV

En 1601, un emisario del rey Cristian IV, un hombre de apenas 40 años y en perfecto estado de salud, murió repentinamente en Finmarca. Bueh, pues con el antecedente de lo del gato y lo que se sabía de los chamanes sami, la cosa estaba bien clara para explicar el trágico acontecimiento: ¡hechicería! Un noruego y un sami fueron acusados de haber embrujado al oficial para matarlo, y fueron condenados a morir en la hoguera.

Ése fue el primer juicio por brujería llevado a cabo en el extremo norte de Europa, y marcó el inicio de una de las cacerías de brujas más brutales de la Edad Moderna. Unas 138 personas (entre sami y noruegos) fueron ejecutadas a lo largo de la siguiente centuria. Sólo en el invierno entre 1662 y 1663 dieciocho mujeres fueron quemadas en la hoguera.



Esto también sirvió como pretexto para perseguir la cultura y la religión de los sami, y convenía para afianzar el poder de la corona danesa en la región. Ésa debe ser la razón por la que Cristian cambió su actitud de "no creo en sus supersticiones, marineros ignorantes" a "sí, por supuesto, hay que exterminar a todas las brujas".

Y la moraleja es... Eh... ¿La superstición, el colonialismo y el fanatismo religioso son malos? Bueno, pero eso ya lo sabíamos... ¿Los gatos son lo máximo? Eso también lo sabíamos. Como sea, les alegrará saber que hoy en día los sami son reconocidos como naciones indígenas con plenos derechos en Noruega, Suecia y Finlandia... No así en Rusia, mire nomás.

Aprendí esta historia gracias al ensayo "The king, the cat and the chaplain", parte de la colección de estudios etno-antropo-socio-mitológicos sobre brujería y espiritismo titulada Demons, Spirits, Witches. Ya no más me despido deseándoles un buen Halloween. Vayan y acaricien a un gato negro hoy, y le piden perdón por pertenecer a una especie primate tan pendeja.


viernes, 25 de octubre de 2019

Imaginerías macabras pero sexis

Saludos, criaturitas de la noche. Continuamos con la recopilación de arte que ha aparecido en mi página a lo largo de los años. En esta ocasión, les traigo una selección especial de obras pictóricas para este Halloween. Se trata de una colección en la que lo sexi y lo macabro se fusionan, una mezcla ganadora, puesto que lo macabro hace que todo sea más sexi, cómo no. La oscuridad puede ser tremendamente seductora, como una larga tradición de creencias en demonios tentadores nos puede comprobar. Después de todo, la religión, al hacer una equivalencia entre demoniaco, malvado y sexual, sólo ha logrado que las tres sean atrayentes por igual.


La visión de Fausto, de Luis Ricardo Falero (1851-1896). Este pintor español del siglo XIX nos trae una escena de la leyenda del doctor Fausto, el mítico alquimista y astrólogo que hizo un pacto con Mefistófeles, príncipe del Infierno, para alcanzar el conocimiento ilimitado y placeres mundanos. Su historia ha sido retomada por escritores como Christopher Marlowe y J.W. von Goethe. En esta pintura podemos ver lo que Fausto ve, una clásica representación del sabbath de las brujas, en el que mujeres, viejas y jóvenes, realizan una orgía con demonios, vuelan por los aires en escobas o a lomos de animales como machos cabríos y alcanzan el éxtasis demoniaco. Sobre todo se ve que la señorita de la esquina inferior izquierda la está pasando muy bien.



Drácula y su víctima, de Clyde Caldwell (n. 1948). Este artista estadounidense se especializa en obras de fantasía. De hecho, lo estaba considerando para mis colecciones de arte erótico y fantástico (parte uno, parte dos), pero creo que quedará para otra ocasión. Aquí podemos ver al Conde Drácula llevando entre sus brazos a una hermosa joven, desvanecida. El escenario recuerda al cine de horror clásico de Universal Pictures y Hammer Films, altamente estilizado, con una imaginería propia de Überwald, la arquetípica tierra del horror gótico. Fueron precisamente las cintas de Hammer las que contribuyeron a mezclar el horror gótico con el erotismo más sensual en la imaginación pop del siglo XX.



La Muerte y la doncella, de J.P. Lynch (n. 1962). Se trata de un tema muy popular en la historia del arte, que desciende de las representaciones medivales de la "danza macabra", en la que los muertos y la muerte danzan para recordar que esta vida es pasajera y que los dedos de la parca alcanzan a todos por igual, jóvenes y viejos, ricos y pobres, hermosos y feos. El tema de la doncella y la Muerte se popularizó a partir del Renacimiento. Supongo que su impacto proviene del contraste entre la belleza de la joven y la depcrepitud del esqueleto viviente que representa a la Muerte. El pintor alemán Lynch nos trae una de las rendiciones más siniestramente eróticas.



Ella, de Gustav-Adolf Mossa (1883-1971). Existe un poema muy famoso de Charles Baudelaire titulado La giganta, en la que el poeta imagina lo hermoso que debía haber sido vivir a la sombra de una mujer colosal y acurrucarse en su seno como un gato perezoso. Pero a Mossa esto no le parecía divertido. El artista francés cosnideraba que la sociedad de su tiempo era decadente y creí que la "nueva mujer" de principios del siglo XX era perversa y peligrosa. Dedicó su etapa simbolista a retratar a femme fatales, mujeres seductoras y perversas de la mitología. Una de ellas, es la giganta de Baudalaire, aquí representada (con todo y su gato en el regazo) como un ser apocalíptico sembrando muerte y destrucción. Ahora bien, no sé ustedes, pero me parece que, a pesar de la intención misógina, esta imagen, como otras "mujeres fatales" de Mossa, resultan inintencionadamente empoderadoras.



El ángel caído, de Alexandre Cabanel (1823-1889). Esta pintura ya se las había compartido en mi colección de arte que trata del diablo y el infierno. Aquí tenemos a Lucifer, recién expulsado del paraíso. Cuenta como sexi porque, caray, nomás miren el cuerpatzo de este muchachón, trazado por el pincel del artista francés. Se decía que Lucifer era el más hermoso de los ángeles antes de la Caída y esta pintura lo retrata muy bien. Pero no es sólo la belleza viril del joven Príncipe de las Tinieblas; es su poderosa mirada, semioculta por el gesto de ira y desprecio con que mira a los ángeles que conservaron el Cielo. Es esa cara de chico malo y peligroso (un poco Anakin Skywalker, ¿no creen?), lo que resulta tremendamente seductor.



El sueño de la esposa del pescador, del japonés Katsushika Hokusai (1760-1849). Si alguna vez habían tenido la duda de saber de dónde salió el hentai de tentáculos, he aquí la respuesta. Esta obra del japonés Hokusai nos muestra el ensueño de una mujer, en la que recibe las atenciones de un galante octópodo. Por la forma en la que está hecha la imagen, se puede ver que la mujer no está asustada ni sufriendo un ataque (a diferencia de mucho del porno de tentáculos), sino que, por el contrario, da la bienvenida a su amante cefalópodo y dsifruta del intercambio. Ya había hablado de esta pintura cuando traté el tema del erotismo entre monstruos y mujeres hermosas



La Muerte espiando a los amantes, del alemán Michael Hutter (n. 1936). De nuevo, el fascinante contraste entre la belleza de la juventud, ahora representada por una pareja haciendo el amor en el bosque, y la decrepitud de la Muerte. Así andamos todos nosotros, incluso los enamorados, pues la Muerte nos acecha incluso en los momentos en los que nos sentimos más vivos. La Parca, sin embargo, ¿está simplemente esperando el momento de cosechar sus almas? ¿O está atestiguando el acto amatorio, una experiencia vital que sabe que jamás podrá tener? ¿Es envida o morbo lo que hay en su mirada vacía? Para escenario de este perturbador momento, el pintor alemán crea imimágenes de fantasía surrealista, que parecen una mezcla entre los delirios medivales del Bosco y la representación de mundos alienígenas en la cienca ficción moderna.



Señal furtiva, de Luis Royo (n. 1954). Ésta es una obra ya clásica del artista español, de quien hablé en aquella entrada sobre arte erótico fantástico. Royo se caracteriza por la influencia del cyberpunk y el gótico en sus obras, mismas en las que abundan imágenes de mujeres hermosas que entran en contacto con seres menos celestiales. En este caso vemos a una mujer uniéndose con un demonio. No se trata de una agresión, como se puede notar en la cara de éxtasis de la joven, además de que queda claro quien preparó la sesión invocatoria con velas rituales. El escenario se difumina en el humo de éstas, que forman la imagen de una calavera con el pentagrama satánico. Pura brujería de la buena, pues.



Anima mundi, de Roberto Ferri (n. 1978). Este pintor italiano ha ganado mucha notoriedad gracias a la difusión de su trabajo en las redes sociales. Casi cualquiera de sus obras podría estar en esta colección, ya que lo macabro y lo erótico se funden en ellas. Ferri recupera un estilo que recuerda a las corrientes artísticas que van desde el barroco del siglo XVII hasta el simbolismo del siglo XIX, más que a las vanguardias experimentales del arte en el siglo XX. En la imagen vemos a una mujer alada (¿un ángel? ¿un súcubo?) sentada en el pecho de un hombre (¿agonizante? ¿adormilado? ¿sometido por ella?). El título de esta obra significa "el alma del mundo" ¿qué podrá significar? 



Lilith y Eva, de Yuri Klapoukh (n. 1963). Cuenta la leyenda que antes de Eva hubo otra mujer: Lilith, quien fue repudiada por Adán y expulsada por Dios del paraíso porque no se quiso someter a los designios de su hombre (y porque quería coshar de vaquerita y no de misionero). En realidad, Lilith tiene su origen en la mitología mesopotámica, donde era la principal doncella de Inanna o Ishtar, diosa de la fertilidad y el erotismo. A los hebreos antiguos eso de las deidades femeninas no les molaba, y menos que quisieran coshar, así que decidieron convertir a Lilith en un demonio de la noche. En esta reinterpretación del artista ruso, Lilith aparece seduciendo a Eva, liberándola del yugo masculino de Adán y Yahavé. ¿Notaron que hay una quinta mano en la escena? ¿De quién será?



Enjambre, del estadounidense Adam Miller (n. 1979). Otro pintor que recupera la tradición artística de siglos pasados, en particular del barroco, como se parecia en el enmarcado oval de esta obra. Con una ciudad industrial de fondo, vemos a un enjambre de figuras humanas desnudas, revoloteando por los aires en una evidente agonía, desenvolviéndose tal como lo hace el enjambre de abjeas que zumba cerca. ¿Qué significa esta inquietante imagen? ¿Es alguna alegoría de la industrialización y sus crímenes contra la naturaleza? ¿Las figuras humanas están siendo atacadas por las abejas? ¿Son las abejas las que se convierten en personas? Todo es macabro, ¿pero es sexi? ¿Qué opinan ustedes?


La mujer maldita de Octave Tassaert (1800-1874). Esta pintura se ha vuelto muy popular recientemente, redescubierta en las redes sociales. Respondiendo a su título, el comentario más común que he leído de parte de las mujeres que ven esta obra va en la línea de "pues no parece muy maldita". ¿De dónde salió esta pintura? Su autor, un poco conocido artista francés delsiglo XIX, nunca conoció más que un modesto éxito durante un breve periodo de su carrera, y se suicidó desesperado por la acumulación de fracasos. La pintura es imposible de encontrar en redes en alta resolución, y es difícil saber quién fue la primera persona en subirla a Internet y llamar la atención sobre ella. 

El título parece referirse a la creencia tradicional de que una persona "maldita" es aquella acosada por demonios o espíritus malignos, algunos de los cuales se presentan en formas seductoras. Pero, en efecto, la mujer no parece estarlo pasando mal. Un artículo de La Izquierda Diario señala que mucha de la obra de Tassaert criticaba duramente los valores hipócritas de la sociedad burguesa de su época. Así, bien puede ser que la evidente contradicción entre el título de la obra y el obvio placer erótico que emana de ella sea una forma de subrayar esa hipocresía mojigata. No es de extrañarnos que la obra fuera prohibida y censurada.



Vampiras, del artista danés Jonas Biörn. Como pilón, les dejo esta obra de un artista danés. No pude encontrar más datos sobre él. Verán, cuando empecé este proyecto en 2012, no tenía un criterio uniforme en la selección de imágenes, por lo que lo mismo podía poner alguna obra de arte clásico como alguna ilustración perrona (por eso también está aquí la de Caldwell), tanto pinturas como dibujos o ilustraciones digitales, tanto eroticonas con clase, como rayando en lo porno. Además, no me preocupaba mucho por averiguar del autor ni el contexto de la obra. Pues bueno, por eso aquí hay un par de vampiras dándose unos besotes riquísimos y sanguinarios. ¿Qué más quieren para pasarla bien este Halloween?


Espero que les hayan gustado estas imágenes, que los pongan en el humor adecuado para disfrutar de estas noches de brujas y que les inspiren muy hermosas pesadillas. Les invito a dejar sus comentarios. Si no lo hacen, el chamuco se los va a comer o algo. 



miércoles, 16 de octubre de 2019

El hombre que ríe



Asopotamadre, qué cansado es esto de hacer videos, caray. Teniendo que trabajar en los minutos que tengo libres entre clases o en los recreos, grabando en mi celular chino a la media noche cuando los niños están dormidos. Haciendo mis imágenes con Paint y Power Point... Bueh, considerando todo eso, no voy tan mal...

Joker está en carteleras y lleva semanas siendo el centro de una polémica / tren del mame. Como fan de DC no podía dejar pasar esta oportunidad. Aquí viene mi reseña de la película, pero sobre todo un análisis de las respuestas que ha desatado. ¿De qué formas diferentes puede interpretarse Joker?

Aquí está ya el video. Un agradecimiento especial a mi amigo Daniel Cuevas, que me está ayudando muchísimo con este proyecto. Para quienes prefieren leer, les dejo el texto que sirvió como guion aquí abajito.




EL HOMBRE QUE RÍE

Parte I: Explicar el mal

¿Qué es el mal? ¿Cómo surge? ¿Qué es lo que lleva a un ser humano a cometer actos atroces?

En el libro, Explaining Hitler, Ron Rosenbaum aborda el dilema ético de si es correcto tratar de explicar a Hitler. Es decir, si no será que, al hacer el intento de encontrar las razones detrás de las atrocidades cometidas por una persona, ya sea en la psicología, la biografía, la historia o el análisis sociocultural, no terminamos quitándoles la responsabilidad personal sobre sus actos, o incluso justificándolos.

Ante ese dilema, hay quien adopta la alternativa de entender a Hitler como un ser de una maldad excepcional e inexplicable. Simplemente era malvado. Pero Rosenbaum combate esa tentación, la cual nos resultaría cómoda, porque nos libra de considerar una aterradora realidad: que hasta la maldad más extrema forma parte de las posibilidades humanas, de un continuo de capacidades destructivas. Entender esa realidad es necesario para prevenir y combatir el mal.



Algo similar sucede con respecto a los terroristas, los tiradores civiles o los asesinos en serie. Nunca faltará quien prefiera una explicación sencilla, que reduzca los múltiples factores posibles a uno solo que corresponda con lo que de antemano crea que es bueno o malo. Así, se puede culpar a una religión violenta, una ideología malvada, o una cultura perversa.

Por ejemplo, con el ascenso de la extrema derecha en Occidente, varios comentaristas han observado que el proceso de radicalización de hombres jóvenes es muy similar, tanto para el extremismo islámico como para el terrorismo neonazi. Pero en donde los analistas profesionales profundizan, los opinadores en redes sociales simplifican. En el caso de los terroristas musulmanes, la derecha culpa exclusivamente al Islam, mientras la izquierda alega que se trata de una reacción contra el colonialismo occidental.

En el caso de los terroristas neofachos, la derecha asume que son solitarios enfermos mentales, mientras que la izquierda culpa a males inherentes a la cultura occidental, como el racismo y el sexismo. Cada bando desdeña la complejidad de cada caso para permitirse tener una explicación simple: los malos son malos por culpa de una religión malvada, de una cultura malvada, porque son malos.

Parte II: La seducción del inocente



Dictadores genocidas, asesinos en serie, terroristas políticos… Son lo más cercano que tenemos en el mundo real a los supervillanos de cómic, y muy a menudo superan con su realidad a la ficción de las viñetas.

En un principio, los villanos de cómics eran simplemente “malos”. Sin matices, sin explicaciones. Pero hacia las últimas décadas del siglo XX, la cosa empezó a cambiar, conforme nuevas generaciones de creadores llegaban al medio, mientras los lectores pasaban de ser predominantemente niños y púberes, a ser adolescentes y jóvenes adultos.

La simple dualidad de héroes impolutos y villanos perversos no satisfacía ya. No hay tiempo para hacer una reseña histórica de todo este proceso, pero el principal impulso vino de Marvel, con personajes como Magneto o el Dr. Doom.

La tendencia no tardó en llegar a los cómics de Batman. Al tiempo que se cuestionaba la legitimidad y hasta la cordura del héroe enmascarado, se daba un matiz a sus enemigos. No eran solamente criminales aterradores, sino figuras trágicas. Violencia intrafamiliar, acoso escolar, pobreza y precariedad, desgracias personales… Leyendo las historias de villanos clásicos como el Acertijo, el Espantapájaros o el Sr. Frío, encontramos todos estos elementos (súmenle misoginia y relaciones de pareja abusivas, y tenemos a Hiedra Venenosa).

El mensaje de todas estas historias era bien claro: ninguno de estos monstruos nació como tal, sino que llegó a serlo gracias a una multitud de factores distintos, mezclados en el crisol de una sociedad resquebrajada. Más aún, esa misma sociedad es la que creó a Batman. El Hombre Murciélago pudo haber sido uno más de los villanos a los que combate, de no haber tenido un montón de privilegios materiales y el apoyo emocional en figuras como Alfred o Leslie Thompkins. Cuando Batman combate con algún psicópata escapado de Arkham, ve el reflejo de lo que él mismo pudo haber sido.



En ese sentido, la película Joker de Todd Phillips es perfectamente fiel a los cómics que toma como base. Esta historia de Arthur Fleck, un hombre con serios problemas de salud mental que, por una serie de circunstancias desafortunadas, termina convirtiéndose en un asesino en serie, se inserta fielmente en la tradición de las historias de los villanos de Batman, y del Guasón en particular.

Ok, no les voy a decir que Joker es una película profundísima y psicológicamente compleja, ni un estudio filosófico bien denso sobre la naturaleza del mal. Tampoco lo son los cómics de los que les hablo, ni siquiera los más ambiciosos. Su retrato del descenso a la locura se inspira más en las representaciones que se han visto en la cultura popular que en la psiquiatría o la psicología reales. (Un tip: las alucinaciones no funcionan así). El “realismo” que pueda alcanzar la peli esta limitado por el hecho de que se trata de la historia de un supervillano, un payaso asesino salido de los cómics de Batman. Y, sin embargo, la cinta reconoce grosso modo que el problema de la maldad es multifactorial.

No es sólo la enfermedad mental. Es el maltrato infantil. Es la violencia física y emocional en la vida cotidiana. Es la precarización y la desigualdad económica. Es el clima de inseguridad y delincuencia. Es la falta de acceso a cuidados psiquiátricos. Es el fácil acceso a armas de fuego. Es la serie de coincidencias desafortunadas. Es la masculinidad tóxica.



Al mirar la película, el proceso por el que Arthur Fleck se está deteriorando cada vez más, uno puede notar los diferentes momentos en que las cosas pudieron haber seguido un camino diferente.

Como fan de los cómics, y en especial como fan de Batman, eso me encantó. Con el increíble trabajo actoral de Joaquín Phoeniz podemos acompañar a Arthur Fleck y verlo transformarse poco a poco hasta que, de pronto te das cuenta que tienes frente a ti al Guasón, al que conoces del cómic y los otros medios. Al de la risa perturbadora, al agente del caos que ha decidido que la existencia es una broma absurda, que nada tiene sentido, que ningún principio moral tiene validez, y que entonces, ¿por qué no reír?

Y eso es jodidamente aterrador.

Parte III: Why so serious?



En mis redes sociales, la mayoría de mis contactos y seguidos son personas de izquierda, y más aún de la izquierda comprometida con la justicia social. Somos puro social justice warrior, pues. Eso me ha llevado a leer opiniones muy extrañas sobre la película.

Claro, hay mucha gente a la que honestamente no le gustó. Puedo entender que opinen que es de mal gusto, aburrida, poco interesante o pretenciosa, y que también piensen que los elogios han sido exagerados o hasta ridículos. Pero eso no explica que entre tanto camarada haya una abierta hostilidad contra este filme y contra aquellos a quienes les gustó. Porque el juicio ha sido básicamente “ésta es una película malvada, para gente malvada”.

Parece que el asunto empezó cuando la peli se presentó en el circuito de festivales de cine y una parte de la crítica dijo que la cinta “glorificaba la violencia” o que hasta era “para incels”. Honestamente, creo que eso arruinó la película para muchos, porque la convirtió en un campo de batalla en la guerra cultural: entre izquierda vs derecha, progresistas vs reaccionarios, social justice warriors vs right-wing edgelords.

Así, una forma de mostrar lealtad a la tribu, de posicionarse como fiel izquierdista-progre-socialjustice era denostar la cinta. Me da la impresión de que hubo banda que odió Joker desde un inicio y que la fue a ver con prejuicios. No sólo la película era denostada, sino que aquellos que la habían disfrutado no merecían otra cosa que el desdén y la suspicacia de la gente con consciencia social.



Pero independientemente de que algunos de ellos hayan sentido muy fuerte el instinto de manada, ¿acaso no hay algo de cierto en la interpretación de la cinta como una apología de valores de ultraderecha? Francamente, no veo muchos elementos en ella para sostener esa lectura.

La película no glorifica al Guasón. Arthur Fleck es patético, pero nunca es simpático. Al principio uno pensaría de él “pobre tipo, ojalá alguien le echara una mano”, pero no “me gustaría ser su amigo”. Ni siquiera al inicio es un tipo completamente inocente. Una secuencia temprana lo establece como un acechador bastante tétrico. También él toma malas decisiones. Pasa de despertar lástima a inspirar terror, pero nunca admiración…

Cuando se le da a un villano una “razón” para ser como es, no se trata de justificarlo, ni de glorificarlo. Se trata de darle dimensión, de hacerlo más complejo e interesante, quizá hasta de comentar algo sobre la situación que le dio origen.



Cuando Magneto dice que en Estados Unidos no hay verdadera tolerancia y que los que ostentan el poder destruyen a los que son diferentes, el punto no es que digas:

“Joder, tío, el Imanes tiene razón, hay que extinguir a todos los putos Homo sapiens

Ni tampoco que digas

“¿Lo viste, loco? Los que critican al sistema son terroristas”

Se trata de retar, de poner a prueba las convicciones éticas del héroe, y de los espectadores que queremos verlo triunfar; de que el triunfo del héroe también implique superar el reto moral que el villano le plantea. Porque requiere un poquito de esfuerzo entender cómo el villano puede a lo mejor tener un punto, pero seguir siendo un villano.

Y sí, habrá idiotas que digan “Thanos tenía razón” o “La Galaxia estaba mejor con el Imperio”. Pero eso es precisamente porque tienen un sistema de valores hecho un desmadre, pues las películas claramente, sin lugar a dudas, establecen que son malvados, incluso si pueden llegar a tener un punto válido. 

Entonces, no se me hace raro para nada que hayan aparecido los típicos dudebros barbacuello a decir que el Guasón es un héroe y que lo que hizo está bien y es maravilloso. Pero ni de lejos es ésa la actitud que se necesita para apreciar y disfrutar la cinta. Es sólo un caso más de gente que se identifica con personajes que la misma obra presenta como modelos negativos. Wisecrack hizo un video muy bueno sobre este mismo fenómeno, hablando de Psicópata americano

Parte IV: We live in a society



Quien haya dicho que el Guasón es un incel, sólo ha escuchado que existen los incels, pero no creo que haya leído mucho al respecto, menos que haya entrado a sus foros o que haya hablado con ellos. Hace unos meses fui blanco de ataques por parte de un grupúsculo de neofachos otakus incels, recibí sus mensajes de odio y a su vez tuve el impulso masoquista de meterme a sus perfiles a tratar de entender qué mergas pasa por sus cabezas. Pero no me hagan caso a mí; mejor vean el video de Natalie Wynn al respecto.

El Guasón no es para nada un incel, una subcultura propia de los tiempos de Internet. Su personaje se inspira, como ya se ha dicho, en los antihéroes de películas de los 70 y 80. Lo único que Arthur Fleck tiene en común con los incels es que se trata de un hombre heterosexual solitario e inadaptado. No comparte con ellos ni el rango de edad ni la clase social. Le falta la narrativa ideológica  de una ultraderecha violentamente misógina y racista. Fleck no está simplemente ardido contra el feminismo porque no tiene con quién coger; es alguien que auténticamente ha sufrido abusos y violencia.

Incels o no, muchas interpretaciones desde el lado progre van por ahí: la película trata de decirnos que los hombres blancos se vuelven violentos por culpa “de la sociedad”. Esa justificación, argumentan, niega los factores de género y raza, y le da la razón a los hombres blancos resentidos en todo el mundo.



¿Recuerdan lo que les decía en el primer apartado? Queremos explicaciones simples para la maldad. Cuando se nos presenta una aproximación algo más complicada que la que ya hemos aceptado, entonces se toma con suspicacia. Y, como dije, la película no es precisamente un profundísimo tratado de psicología, pero la caracterización de su protagonista tiene más aristas de lo que le están dando crédito.

Por ejemplo, Joker reconoce sutilmente que, entre tantos factores, también hay un asunto de género. La madre de Arthur está tan desequilibrada, delirante y necesitada de afecto como él. Pero ella no se vuelve violenta hacia afuera, contra la sociedad, sino que se vuelve violenta hacia dentro del hogar, contra su propio hijo, al que brutaliza desde niño. Penny Fleck es tanto una víctima de la sociedad como su hijo, pero es él quien sale a matar gente.

Entonces Joker no dice que no haya un problema de masculinidad o de privilegio racial. Pero sí señala que “es más que sólo eso”, y ciertamente pone el énfasis en el conflicto entre clases sociales. Ésa debe ser la razón por la cual la cinta ha tenido un mejor recibimiento con la izquierda marxista que con la izquierda de la política identitaria. Algunas personas en esta última, al sentir que la peli no encaja exactamente con su propia narrativa sobre cuál es el origen de todo mal, como no enfatiza EL factor que consideran el principal y casi único, reaccionan con suspicacia y rechazo.

Algunas observaciones me parecen válidas. Hay muchas películas que abordan el sufrimiento del hombre blanco; no hay suficientes que visibilicen a los demás grupos. Muchas que tratan la demencia criminal violenta, pero no suficientes que aborden las muchas otras formas menos espectaculares (y menos estigmatizantes) de la enfermedad mental. Muchas que hablan desde el punto de vista del criminal violento, y muy pocas que empaticen con las víctimas de esa violencia, especialmente si no son hombres blancos.

Pero ésas son críticas muy válidas hacia la industria cultural, no hacia algo que esta película en particular haya hecho mal. No podía esperarse que la historia de un supervillano de cómics fuera otra cosa.



La frase “vivimos en una sociedad” ha caído en el ridículo porque la imagen del Guasón de Ledger había sido tomada por criptofachos diciendo tonterías pseudointelectuales. Y, sin embargo, nadie declaró a la película de Nolan como un ícono fascista. Y eso que ésa es una peli mucho más abiertamente derechosa. Hoy en día, muchos trolls derechairos han tomado cariño a Joker y la defienden de las críticas izquierdistas con la misma rabia irracional y argumentos estúpidos con los que dicen cualquier cosa. Pero tengo una duda que me da vueltas…

Veamos, el filme ofrece puntos típicamente izquierdosos para explicar el problema del mal, como la desigualdad económica o la negligencia a las personas con enfermedades mentales. Si las primeras críticas provenientes de los festivales de cine no se hubieran centrado tanto en el aspecto de “hombre solitario” y más en el de “sociedad desigual”, y la hubieran celebrado por ello, me pregunto si la reacción de la derecha no habría sido condenarla como “panfleto neomarxista posmoderno que predica el odio contra los ricos”. Entonces quizá el mame habría sido al revés.

No han faltado toda clase de interpretaciones extravagantes y contradictorias, desde ambos lados del espectro ideológico. A este randiano le parece mal que la película promueva la idea de que es la sociedad la que hace malo al hombre, porque él, como buen anarcocapitalista, sabe que cada quien es responsable de lo que le pasa. Esta morra entiende que el Guasón es presentado como un modelo negativo, pero lo lee como un político izquierdista alborotando a los resentidos sociales contra la gente de bien. Y esta persona no se decide si los amotinados de Gotham son presentados bajo una luz simpática porque representan a los seguidores de Trump, o son presentados bajo una luz negativa porque representan activistas de izquierda. Pero debe ser algo malo, así que decide que son las dos cosas.

Si la cinta fuera un panfleto profascista tan claro, esas interpretaciones no habrían aparecido. En cambio, sí que cabe tomar la cinta desde una óptica de izquierda. Les dejo las siguientes palabras deMichael Moore. Ya saben, Michael Moore, quien hizo un documental sobre los tiradores masivos y que podrá ser muchas cosas, pero no un incel facho:

“Todo lo que los americanos hemos escuchado sobre esta película es que debemos temerle y mantenernos alejados de ella. Nos han dicho que es violenta y enfermiza y moralmente corrupta. Nos han dicho que la policía estará en cada función de este fin de semana en caso de ‘problemas’. Nuestro país está en una profunda desesperación, nuestra constitución está desgarrada, un loco temerario tiene acceso a los códigos nucleares… pero por alguna razón, es una película de la que deberíamos tener miedo.

Yo sugiero lo opuesto: el mayor peligro para nuestra sociedad estaría en que NO la vieras. Porque la historia que cuenta y los asuntos que plantea son tan profundos, tan necesarios, que, si desvías la mirada del genio de esta obra de arte, te perderás el regalo del espejo que nos está ofreciendo. Sí, hay un payaso perturbado en ese espejo, pero no está solo… Nosotros estamos ahí parados junto a él. Joker no es una película de cómics. El filme se sitúa en algún punto de los 70 en Gotham / Nueva York, la capital del mal: de los ricos que nos rigen, de los bancos y corporaciones a los que servimos, de los medios que nos alimentan con “noticias” que creen que debemos absorber. Pero esta película no es sobre Trump. Es sobre la América que nos dio a Trump. La América que no siente necesidad de ayudar a los marginados, a los desposeídos. La América en la que los asquerosamente ricos sólo se hacen más ricos y más asquerosos.

Parte V: Valoración



Bueno, las palabras de Moore me parecen un tanto hiperbólicas, pero comparto el sentimiento. Ésta me pareció una excelente película. Sí, sé que es inferior que las obras clásicas a las homenajea. Estoy consciente de que este filme no arriesga ni revoluciona, sino que se inspira en otros, que en su tiempo fueron revolucionarios y arriesgados, pero que hoy son canónicos. Entiendo que a algunas personas eso les parece chafa, una forma de presentarse como muy artístico, pero sin ofrecer nada más que un pastiche sin innovaciones.

En cambio, a mí me encantó, porque ésta es la primera vez que se usan esos elementos del cine para contarnos la historia de un supervillano. He ahí donde está la innovación. Es un collage, pero muy bien armado, y en lo personal disfruté mucho las referencias que iba soltando. Me parece que es como cuando los autores de la generación de Alan Moore, Frank Miller o Grant Morrison, incorporaron inspiraciones y referencias de la “alta cultura”, el cine de autor, la literatura y la filosofía para llevar los cómics de superhéroes a un nuevo nivel.

La peli es fiel a la esencia caótica del Guasón, y lo nebuloso de su origen. Algunas cosas que pasan son claramente fantasías o delirios. De otras, no sabemos bien qué pensar. Incluso se sugiere que todo lo que vimos podría ser otra de las historias de origen que el Guasón se inventa, porque qué más da.



Esta peli retoma una de las escenas más reproducidas en el cine y la TV de superhéroes, el asesinato de los Wayne, y le da todo un nuevo significado. Uno político, además. Y matiza a Thomas Wayne, que deja de ser el patriarca perfecto y honorable que habíamos conocido en todas sus otras encarnaciones.

De hecho, aunque no duda en hacer retratos muy sórdidos, sí que evita caer en romanticismos. La revuelta contra la élite en Gotham no es presentada como una heroica revolución, sino como un motín de violencia sin sentido, la consecuencia impostergable de años y años de abusos e irresponsabilidad de la clase privilegiada.

No es perfecta; así como puede ser sutil y ambigua, puede ser obvia y redundante hasta la condescendencia, como si por momentos no confiara demasiado en la inteligencia de su público. Pero tiene momentos hermosamente filmados y una estética alucinante, desde la fotografía hasta la banda sonora. La actuación de Joaquín Phoenix es espectacular, y eso se ha dicho mil veces. Pero el trabajo de Robert DeNiro también merece elogios. Y en general todo el reparto.



No, no creo que Joker sea el Taxi Driver de esta generación. Pero sí creo que bien puede ser el Dark Knight de esta década. No sé si sea la mejor película de cómics, pero sí pienso que está en la misma liga que Logan. Esta cinta des-romantiza al superhéroe, pero al final sigues sabiendo que se trata de un héroe. Joker des-sataniza al supervillano, pero queda clarísimo que al cabo sigue siendo un villano.

Batman y el Guasón son de los personajes ficticios más fascinantes que haya dado la cultura pop del siglo XX. Su enemistad eterna, la oposición entre el orden y el caos, entre la rabia dirigida y la demencia desatada, tienen lo que se necesita para convertirse en un relato arquetípico. No es de extrañarnos que por eso cada cierto tiempo aparece alguna obra relacionada con estos personajes que impacta con fuerza en la cultura de masas.

Parece que, como dijo otro Guasón hace más de 10 años, “estamos destinados a hacer esto por siempre”.

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PD: Valoraciones positivas de Joker desde la izquierda:

The Guardian: Joker isn't an ode to the far right
The Jacobin: Joker and the long history of movie moral panics
Comfy Spectre: Joker: A Marxist analysis
Salon: Joker: a harsh indictment of Neoliberalism
Left Voice: Joker: the despair of capitalism and the hope of riots
Socialist Appeal: Joker - You get what you deserve
Jack Saint: Joker wasn't the movie we deserved, but the one we needed
Ashleigh: Is Joker an incel folk hero?
Peter Coffin: Joker, the Culture War and Pure Ideology


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