miércoles, 16 de octubre de 2019

El hombre que ríe



Asopotamadre, qué cansado es esto de hacer videos, caray. Teniendo que trabajar en los minutos que tengo libres entre clases o en los recreos, grabando en mi celular chino a la media noche cuando los niños están dormidos. Haciendo mis imágenes con Paint y Power Point... Bueh, considerando todo eso, no voy tan mal...

Joker está en carteleras y lleva semanas siendo el centro de una polémica / tren del mame. Como fan de DC no podía dejar pasar esta oportunidad. Aquí viene mi reseña de la película, pero sobre todo un análisis de las respuestas que ha desatado. ¿De qué formas diferentes puede interpretarse Joker?

Este fin de semana aparecerá el video. Mientras tanto, les dejo con el texto, para los que prefieren leer o no pueden aguantarse las ganas.



EL HOMBRE QUE RÍE

Parte I: Explicar el mal

¿Qué es el mal? ¿Cómo surge? ¿Qué es lo que lleva a un ser humano a cometer actos atroces?

En el libro, Explaining Hitler, Ron Rosenbaum aborda el dilema ético de si es correcto tratar de explicar a Hitler. Es decir, si no será que, al hacer el intento de encontrar las razones detrás de las atrocidades cometidas por una persona, ya sea en la psicología, la biografía, la historia o el análisis sociocultural, no terminamos quitándoles la responsabilidad personal sobre sus actos, o incluso justificándolos.

Ante ese dilema, hay quien adopta la alternativa de entender a Hitler como un ser de una maldad excepcional e inexplicable. Simplemente era malvado. Pero Rosenbaum combate esa tentación, la cual nos resultaría cómoda, porque nos libra de considerar una aterradora realidad: que hasta la maldad más extrema forma parte de las posibilidades humanas, de un continuo de capacidades destructivas. Entender esa realidad es necesario para prevenir y combatir el mal.



Algo similar sucede con respecto a los terroristas, los tiradores civiles o los asesinos en serie. Nunca faltará quien prefiera una explicación sencilla, que reduzca los múltiples factores posibles a uno solo que corresponda con lo que de antemano crea que es bueno o malo. Así, se puede culpar a una religión violenta, una ideología malvada, o una cultura perversa.

Por ejemplo, con el ascenso de la extrema derecha en Occidente, varios comentaristas han observado que el proceso de radicalización de hombres jóvenes es muy similar, tanto para el extremismo islámico como para el terrorismo neonazi. Pero en donde los analistas profesionales profundizan, los opinadores en redes sociales simplifican. En el caso de los terroristas musulmanes, la derecha culpa exclusivamente al Islam, mientras la izquierda alega que se trata de una reacción contra el colonialismo occidental.

En el caso de los terroristas neofachos, la derecha asume que son solitarios enfermos mentales, mientras que la izquierda culpa a males inherentes a la cultura occidental, como el racismo y el sexismo. Cada bando desdeña la complejidad de cada caso para permitirse tener una explicación simple: los malos son malos por culpa de una religión malvada, de una cultura malvada, porque son malos.

Parte II: La seducción del inocente



Dictadores genocidas, asesinos en serie, terroristas políticos… Son lo más cercano que tenemos en el mundo real a los supervillanos de cómic, y muy a menudo superan con su realidad a la ficción de las viñetas.

En un principio, los villanos de cómics eran simplemente “malos”. Sin matices, sin explicaciones. Pero hacia las últimas décadas del siglo XX, la cosa empezó a cambiar, conforme nuevas generaciones de creadores llegaban al medio, mientras los lectores pasaban de ser predominantemente niños y púberes, a ser adolescentes y jóvenes adultos.

La simple dualidad de héroes impolutos y villanos perversos no satisfacía ya. No hay tiempo para hacer una reseña histórica de todo este proceso, pero el principal impulso vino de Marvel, con personajes como Magneto o el Dr. Doom.

La tendencia no tardó en llegar a los cómics de Batman. Al tiempo que se cuestionaba la legitimidad y hasta la cordura del héroe enmascarado, se daba un matiz a sus enemigos. No eran solamente criminales aterradores, sino figuras trágicas. Violencia intrafamiliar, acoso escolar, pobreza y precariedad, desgracias personales… Leyendo las historias de villanos clásicos como el Acertijo, el Espantapájaros o el Sr. Frío, encontramos todos estos elementos (súmenle misoginia y relaciones de pareja abusivas, y tenemos a Hiedra Venenosa).

El mensaje de todas estas historias era bien claro: ninguno de estos monstruos nació como tal, sino que llegó a serlo gracias a una multitud de factores distintos, mezclados en el crisol de una sociedad resquebrajada. Más aún, esa misma sociedad es la que creó a Batman. El Hombre Murciélago pudo haber sido uno más de los villanos a los que combate, de no haber tenido un montón de privilegios materiales y el apoyo emocional en figuras como Alfred o Leslie Thompkins. Cuando Batman combate con algún psicópata escapado de Arkham, ve el reflejo de lo que él mismo pudo haber sido.



En ese sentido, la película Joker de Todd Phillips es perfectamente fiel a los cómics que toma como base. Esta historia de Arthur Fleck, un hombre con serios problemas de salud mental que, por una serie de circunstancias desafortunadas, termina convirtiéndose en un asesino en serie, se inserta fielmente en la tradición de las historias de los villanos de Batman, y del Guasón en particular.

Ok, no les voy a decir que Joker es una película profundísima y psicológicamente compleja, ni un estudio filosófico bien denso sobre la naturaleza del mal. Tampoco lo son los cómics de los que les hablo, ni siquiera los más ambiciosos. Su retrato del descenso a la locura se inspira más en las representaciones que se han visto en la cultura popular que en la psiquiatría o la psicología reales. (Un tip: las alucinaciones no funcionan así). El “realismo” que pueda alcanzar la peli esta limitado por el hecho de que se trata de la historia de un supervillano, un payaso asesino salido de los cómics de Batman. Y, sin embargo, la cinta reconoce grosso modo que el problema de la maldad es multifactorial.

No es sólo la enfermedad mental. Es el maltrato infantil. Es la violencia física y emocional en la vida cotidiana. Es la precarización y la desigualdad económica. Es el clima de inseguridad y delincuencia. Es la falta de acceso a cuidados psiquiátricos. Es el fácil acceso a armas de fuego. Es la serie de coincidencias desafortunadas. Es la masculinidad tóxica.



Al mirar la película, el proceso por el que Arthur Fleck se está deteriorando cada vez más, uno puede notar los diferentes momentos en que las cosas pudieron haber seguido un camino diferente.

Como fan de los cómics, y en especial como fan de Batman, eso me encantó. Con el increíble trabajo actoral de Joaquín Phoeniz podemos acompañar a Arthur Fleck y verlo transformarse poco a poco hasta que, de pronto te das cuenta que tienes frente a ti al Guasón, al que conoces del cómic y los otros medios. Al de la risa perturbadora, al agente del caos que ha decidido que la existencia es una broma absurda, que nada tiene sentido, que ningún principio moral tiene validez, y que entonces, ¿por qué no reír?

Y eso es jodidamente aterrador.

Parte III: Why so serious?



En mis redes sociales, la mayoría de mis contactos y seguidos son personas de izquierda, y más aún de la izquierda comprometida con la justicia social. Somos puro social justice warrior, pues. Eso me ha llevado a leer opiniones muy extrañas sobre la película.

Claro, hay mucha gente a la que honestamente no le gustó. Puedo entender que opinen que es de mal gusto, aburrida, poco interesante o pretenciosa, y que también piensen que los elogios han sido exagerados o hasta ridículos. Pero eso no explica que entre tanto camarada haya una abierta hostilidad contra este filme y contra aquellos a quienes les gustó. Porque el juicio ha sido básicamente “ésta es una película malvada, para gente malvada”.

Parece que el asunto empezó cuando la peli se presentó en el circuito de festivales de cine y una parte de la crítica dijo que la cinta “glorificaba la violencia” o que hasta era “para incels”. Honestamente, creo que eso arruinó la película para muchos, porque la convirtió en un campo de batalla en la guerra cultural: entre izquierda vs derecha, progresistas vs reaccionarios, social justice warriors vs right-wing edgelords.

Así, una forma de mostrar lealtad a la tribu, de posicionarse como fiel izquierdista-progre-socialjustice era denostar la cinta. Me da la impresión de que hubo banda que odió Joker desde un inicio y que la fue a ver con prejuicios. No sólo la película era denostada, sino que aquellos que la habían disfrutado no merecían otra cosa que el desdén y la suspicacia de la gente con consciencia social.



Pero independientemente de que algunos de ellos hayan sentido muy fuerte el instinto de manada, ¿acaso no hay algo de cierto en la interpretación de la cinta como una apología de valores de ultraderecha? Francamente, no veo muchos elementos en ella para sostener esa lectura.

La película no glorifica al Guasón. Arthur Fleck es patético, pero nunca es simpático. Al principio uno pensaría de él “pobre tipo, ojalá alguien le echara una mano”, pero no “me gustaría ser su amigo”. Ni siquiera al inicio es un tipo completamente inocente. Una secuencia temprana lo establece como un acechador bastante tétrico. También él toma malas decisiones. Pasa de despertar lástima a inspirar terror, pero nunca admiración…

Cuando se le da a un villano una “razón” para ser como es, no se trata de justificarlo, ni de glorificarlo. Se trata de darle dimensión, de hacerlo más complejo e interesante, quizá hasta de comentar algo sobre la situación que le dio origen.



Cuando Magneto dice que en Estados Unidos no hay verdadera tolerancia y que los que ostentan el poder destruyen a los que son diferentes, el punto no es que digas:

“Joder, tío, el Imanes tiene razón, hay que extinguir a todos los putos Homo sapiens

Ni tampoco que digas

“¿Lo viste, loco? Los que critican al sistema son terroristas”

Se trata de retar, de poner a prueba las convicciones éticas del héroe, y de los espectadores que queremos verlo triunfar; de que el triunfo del héroe también implique superar el reto moral que el villano le plantea. Porque requiere un poquito de esfuerzo entender cómo el villano puede a lo mejor tener un punto, pero seguir siendo un villano.

Y sí, habrá idiotas que digan “Thanos tenía razón” o “La Galaxia estaba mejor con el Imperio”. Pero eso es precisamente porque tienen un sistema de valores hecho un desmadre, pues las películas claramente, sin lugar a dudas, establecen que son malvados, incluso si pueden llegar a tener un punto válido. 

Entonces, no se me hace raro para nada que hayan aparecido los típicos dudebros barbacuello a decir que el Guasón es un héroe y que lo que hizo está bien y es maravilloso. Pero ni de lejos es ésa la actitud que se necesita para apreciar y disfrutar la cinta. Es sólo un caso más de gente que se identifica con personajes que la misma obra presenta como modelos negativos. Wisecrack hizo un video muy bueno sobre este mismo fenómeno, hablando de Psicópata americano

Parte IV: We live in a society



Quien haya dicho que el Guasón es un incel, sólo ha escuchado que existen los incels, pero no creo que haya leído mucho al respecto, menos que haya entrado a sus foros o que haya hablado con ellos. Hace unos meses fui blanco de ataques por parte de un grupúsculo de neofachos otakus incels, recibí sus mensajes de odio y a su vez tuve el impulso masoquista de meterme a sus perfiles a tratar de entender qué mergas pasa por sus cabezas. Pero no me hagan caso a mí; mejor vean el video de Natalie Wynn al respecto.

El Guasón no es para nada un incel, una subcultura propia de los tiempos de Internet. Su personaje se inspira, como ya se ha dicho, en los antihéroes de películas de los 70 y 80. Lo único que Arthur Fleck tiene en común con los incels es que se trata de un hombre heterosexual solitario e inadaptado. No comparte con ellos ni el rango de edad ni la clase social. Le falta la narrativa ideológica  de una ultraderecha violentamente misógina y racista. Fleck no está simplemente ardido contra el feminismo porque no tiene con quién coger; es alguien que auténticamente ha sufrido abusos y violencia.

Incels o no, muchas interpretaciones desde el lado progre van por ahí: la película trata de decirnos que los hombres blancos se vuelven violentos por culpa “de la sociedad”. Esa justificación, argumentan, niega los factores de género y raza, y le da la razón a los hombres blancos resentidos en todo el mundo.



¿Recuerdan lo que les decía en el primer apartado? Queremos explicaciones simples para la maldad. Cuando se nos presenta una aproximación algo más complicada que la que ya hemos aceptado, entonces se toma con suspicacia. Y, como dije, la película no es precisamente un profundísimo tratado de psicología, pero la caracterización de su protagonista tiene más aristas de lo que le están dando crédito.

Por ejemplo, Joker reconoce sutilmente que, entre tantos factores, también hay un asunto de género. La madre de Arthur está tan desequilibrada, delirante y necesitada de afecto como él. Pero ella no se vuelve violenta hacia afuera, contra la sociedad, sino que se vuelve violenta hacia dentro del hogar, contra su propio hijo, al que brutaliza desde niño. Penny Fleck es tanto una víctima de la sociedad como su hijo, pero es él quien sale a matar gente.

Entonces Joker no dice que no haya un problema de masculinidad o de privilegio racial. Pero sí señala que “es más que sólo eso”, y ciertamente pone el énfasis en el conflicto entre clases sociales. Ésa debe ser la razón por la cual la cinta ha tenido un mejor recibimiento con la izquierda marxista que con la izquierda de la política identitaria. Algunas personas en esta última, al sentir que la peli no encaja exactamente con su propia narrativa sobre cuál es el origen de todo mal, como no enfatiza EL factor que consideran el principal y casi único, reaccionan con suspicacia y rechazo.

Algunas observaciones me parecen válidas. Hay muchas películas que abordan el sufrimiento del hombre blanco; no hay suficientes que visibilicen a los demás grupos. Muchas que tratan la demencia criminal violenta, pero no suficientes que aborden las muchas otras formas menos espectaculares (y menos estigmatizantes) de la enfermedad mental. Muchas que hablan desde el punto de vista del criminal violento, y muy pocas que empaticen con las víctimas de esa violencia, especialmente si no son hombres blancos.

Pero ésas son críticas muy válidas hacia la industria cultural, no hacia algo que esta película en particular haya hecho mal. No podía esperarse que la historia de un supervillano de cómics fuera otra cosa.



La frase “vivimos en una sociedad” ha caído en el ridículo porque la imagen del Guasón de Ledger había sido tomada por criptofachos diciendo tonterías pseudointelectuales. Y, sin embargo, nadie declaró a la película de Nolan como un ícono fascista. Y eso que ésa es una peli mucho más abiertamente derechosa. Hoy en día, muchos trolls derechairos han tomado cariño a Joker y la defienden de las críticas izquierdistas con la misma rabia irracional y argumentos estúpidos con los que dicen cualquier cosa. Pero tengo una duda que me da vueltas…

Veamos, el filme ofrece puntos típicamente izquierdosos para explicar el problema del mal, como la desigualdad económica o la negligencia a las personas con enfermedades mentales. Si las primeras críticas provenientes de los festivales de cine no se hubieran centrado tanto en el aspecto de “hombre solitario” y más en el de “sociedad desigual”, y la hubieran celebrado por ello, me pregunto si la reacción de la derecha no habría sido condenarla como “panfleto neomarxista posmoderno que predica el odio contra los ricos”. Entonces quizá el mame habría sido al revés.

No han faltado toda clase de interpretaciones extravagantes y contradictorias, desde ambos lados del espectro ideológico. A este randiano le parece mal que la película promueva la idea de que es la sociedad la que hace malo al hombre, porque él, como buen anarcocapitalista, sabe que cada quien es responsable de lo que le pasa. Esta morra entiende que el Guasón es presentado como un modelo negativo, pero lo lee como un político izquierdista alborotando a los resentidos sociales contra la gente de bien. Y esta persona no se decide si los amotinados de Gotham son presentados bajo una luz simpática porque representan a los seguidores de Trump, o son presentados bajo una luz negativa porque representan activistas de izquierda. Pero debe ser algo malo, así que decide que son las dos cosas.

Si la cinta fuera un panfleto profascista tan claro, esas interpretaciones no habrían aparecido. En cambio, sí que cabe tomar la cinta desde una óptica de izquierda. Les dejo las siguientes palabras deMichael Moore. Ya saben, Michael Moore, quien hizo un documental sobre los tiradores masivos y que podrá ser muchas cosas, pero no un incel facho:

“Todo lo que los americanos hemos escuchado sobre esta película es que debemos temerle y mantenernos alejados de ella. Nos han dicho que es violenta y enfermiza y moralmente corrupta. Nos han dicho que la policía estará en cada función de este fin de semana en caso de ‘problemas’. Nuestro país está en una profunda desesperación, nuestra constitución está desgarrada, un loco temerario tiene acceso a los códigos nucleares… pero por alguna razón, es una película de la que deberíamos tener miedo.

Yo sugiero lo opuesto: el mayor peligro para nuestra sociedad estaría en que NO la vieras. Porque la historia que cuenta y los asuntos que plantea son tan profundos, tan necesarios, que, si desvías la mirada del genio de esta obra de arte, te perderás el regalo del espejo que nos está ofreciendo. Sí, hay un payaso perturbado en ese espejo, pero no está solo… Nosotros estamos ahí parados junto a él. Joker no es una película de cómics. El filme se sitúa en algún punto de los 70 en Gotham / Nueva York, la capital del mal: de los ricos que nos rigen, de los bancos y corporaciones a los que servimos, de los medios que nos alimentan con “noticias” que creen que debemos absorber. Pero esta película no es sobre Trump. Es sobre la América que nos dio a Trump. La América que no siente necesidad de ayudar a los marginados, a los desposeídos. La América en la que los asquerosamente ricos sólo se hacen más ricos y más asquerosos.

Parte V: Valoración



Bueno, las palabras de Moore me parecen un tanto hiperbólicas, pero comparto el sentimiento. Ésta me pareció una excelente película. Sí, sé que es inferior que las obras clásicas a las homenajea. Estoy consciente de que este filme no arriesga ni revoluciona, sino que se inspira en otros, que en su tiempo fueron revolucionarios y arriesgados, pero que hoy son canónicos. Entiendo que a algunas personas eso les parece chafa, una forma de presentarse como muy artístico, pero sin ofrecer nada más que un pastiche sin innovaciones.

En cambio, a mí me encantó, porque ésta es la primera vez que se usan esos elementos del cine para contarnos la historia de un supervillano. He ahí donde está la innovación. Es un collage, pero muy bien armado, y en lo personal disfruté mucho las referencias que iba soltando. Me parece que es como cuando los autores de la generación de Alan Moore, Frank Miller o Grant Morrison, incorporaron inspiraciones y referencias de la “alta cultura”, el cine de autor, la literatura y la filosofía para llevar los cómics de superhéroes a un nuevo nivel.

La peli es fiel a la esencia caótica del Guasón, y lo nebuloso de su origen. Algunas cosas que pasan son claramente fantasías o delirios. De otras, no sabemos bien qué pensar. Incluso se sugiere que todo lo que vimos podría ser otra de las historias de origen que el Guasón se inventa, porque qué más da.



Esta peli retoma una de las escenas más reproducidas en el cine y la TV de superhéroes, el asesinato de los Wayne, y le da todo un nuevo significado. Uno político, además. Y matiza a Thomas Wayne, que deja de ser el patriarca perfecto y honorable que habíamos conocido en todas sus otras encarnaciones.

De hecho, aunque no duda en hacer retratos muy sórdidos, sí que evita caer en romanticismos. La revuelta contra la élite en Gotham no es presentada como una heroica revolución, sino como un motín de violencia sin sentido, la consecuencia impostergable de años y años de abusos e irresponsabilidad de la clase privilegiada.

No es perfecta; así como puede ser sutil y ambigua, puede ser obvia y redundante hasta la condescendencia, como si por momentos no confiara demasiado en la inteligencia de su público. Pero tiene momentos hermosamente filmados y una estética alucinante, desde la fotografía hasta la banda sonora. La actuación de Joaquín Phoenix es espectacular, y eso se ha dicho mil veces. Pero el trabajo de Robert DeNiro también merece elogios. Y en general todo el reparto.



No, no creo que Joker sea el Taxi Driver de esta generación. Pero sí creo que bien puede ser el Dark Knight de esta década. No sé si sea la mejor película de cómics, pero sí pienso que está en la misma liga que Logan. Esta cinta des-romantiza al superhéroe, pero al final sigues sabiendo que se trata de un héroe. Joker des-sataniza al supervillano, pero queda clarísimo que al cabo sigue siendo un villano.

Batman y el Guasón son de los personajes ficticios más fascinantes que haya dado la cultura pop del siglo XX. Su enemistad eterna, la oposición entre el orden y el caos, entre la rabia dirigida y la demencia desatada, tienen lo que se necesita para convertirse en un relato arquetípico. No es de extrañarnos que por eso cada cierto tiempo aparece alguna obra relacionada con estos personajes que impacta con fuerza en la cultura de masas.

Parece que, como dijo otro Guasón hace más de 10 años, “estamos destinados a hacer esto por siempre”.

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PD: Valoraciones positivas de Joker desde la izquierda

The Guardian: Joker isn't an ode to the far right
The Jacobin: Joker and the long history of movie moral panics
Comfy Spectre: Joker: A Marxist analysis
Salon: Joker: a harsh indictment of Neoliberalism
Left Voice: Joker: the despair of capitalism and the hope of riots
Socialist Appeal: Joker - You get what you deserve

miércoles, 9 de octubre de 2019

No soy youtuber. O de por qué los gays no son "los verdaderos intolerantes".



Hola, mis estimados camaradas de los internetz. Si me siguen en alguna otra de mis redes quizá se han enterado ya que he hecho mi debut como video-bloguero, con mi canal Friki de Izquierda, y una pieza titulada "Los gays son los verdaderos intolerantes" y otras tonterías que dicen los homofóbicos. Es el primero, pero les aseguro que no será el último.

Hace ya muchos años que varias personas me han sugerido que haga un canal de YouTube. Honestamente, no lo había hecho por cuestiones de tiempo. Escribir una entrada para este blog puede tomarme una semana, sobre todo porque la voy armando en los tiempecitos que tengo libres, entre clases, en los recreos o tarde por la noche. Hacer un video puede tomarme mucho más. La experiencia fue agotadora, lo cual ustedes no se imaginarían al ver un video tan primitivamente producido.


No quiero dejar de escribir, no quiero dejar de contribuir a la conversación en lengua escrita, ni que dejen de aparecer entradas nuevas cada semana en este blog. Además, tengo la tentación de hacer un libro de ensayos. Pero entiendo que ya nadie lee, como dicen por ahí, y que se pueden hacer llegar las ideas a un público mucho más amplio si están en un formato audiovisual.

Así que aquí está: mi primer video sobre un tema en específico: esos argumentos tontos que usan los homofóbicos para sostener sus opiniones odiosas. Suscríbanse al canal, denle laik, comenten, rolénselo a su tío homofóbico y hagan lo que consideren necesario, plis. Si ustedes son como yo, y prefieren leer una transcripción que ver un video, les dejo el texto que escribí para grabarlo. Oh, y a más tardar la próxima semana estaré estrenando uno nuevo, sobre Joker.




He notado, en las discusiones en redes sociales, alrededor de temas relacionados con los derechos de la comunidad LGBTQ+, una… llamémosle “movida”, muy usual, entre las personas que se oponen a esos mismos derechos. Yo la llamo “retroceder a las abstracciones”. Consiste en utilizar términos genéricos y abstractos, en vez de poner sobre la mesa contenidos concretos.

Por ejemplo, quienes se oponen a ciertos derechos de las personas LGBTQ+, tales como el matrimonio o la adopción, o de plano no quieren reconocer como válida ninguna otra orientación o identidad más que la heterosexualidad, tienden a decir cosas como “sólo tengo una opinión diferente”, “quieren imponernos su forma de pensar” o “piden tolerancia, pero ellos no son tolerantes con nosotros”.




Dicho así, hace ver al otro lado (en este caso, las personas LGBTQ+) como los “verdaderos intolerantes”. Como los que no quieren aceptar ninguna otra forma de pensar que no sea la suya.

El chiste, la maña, el truco, está en no abordar en qué consiste esa “opinión diferente”, cuál es esa forma de pensar “que les quieren imponer”. Y he ahí el meollo del asunto. Porque si alguien intentara imponerte una creencia religiosa, por ejemplo, o te atacara por opinar que un partido político es preferible a otro, estaríamos lidiando con un verdadero intolerante.

Pero quitemos la nube de la abstracción y vayamos directo a ver de qué se tratan, en concreto, estas diferentes posturas. Por un lado, un grupo diciendo: “Hey, deberíamos tener derecho pleno a ser como somos, ser respetados como tales, y acceder a todo aquello que nos permitiría tener una vida plena y feliz” y del otro lado lo que están diciendo es “no, no deberían tener esos derechos, porque lo que son ustedes está mal y no debería existir, así que jódanse”. Y la forma de pensar que les quieren imponer es “respétame, soy un ser humano con derechos, no me los niegues, reconoce que no hay de nada de malo en lo que soy.”

Entonces podemos ver lo que estas personas antiderechos pretenden hacer: plantear la homosexualidad y la homofobia como dos posturas igualmente aceptables, como si la cosa fuera entre preferir peras y manzanas. Pero ESO NO TIENE SENTIDO, porque la homofobia DE POR SÍ implica que la homosexualidad no es aceptable. Es como decir que “ser negro” y “ser racista” son simplemente dos opiniones distintas. Y como si los racistas se quejaran de “nos quieren imponer la idea de que el racismo está mal”.




Las opiniones homofóbicas dañan a grupos enteros de personas, porque trascienden más allá de la conversación casual o del punto de vista personal, y toman forma en leyes, reglamentaciones, y a menudo en acciones violentas, que afectan la vida, la libertad y la seguridad de las personas LGBTQ+. Entonces, naturalmente, estos grupos y sus aliados, atacamos esas posturas, con críticas, refutaciones, debates y sí, a veces con insultos y descalificaciones, porque, carajo, también se nos acaba la paciencia. Y, señoras y señores, eso es parte también de la libertad de expresión.

Una vez que quitamos las etiquetas abstractas y revelamos el contenido concreto que hay bajo ellas, veremos que “opinión diferente” es homofobia, es decir, una forma verdadera de intolerancia y discriminación. Porque SÍ, pensar que las personas LGBTQ+ no deberían tener ciertos derechos es homofobia. Vemos que “respeta mi postura” es “acepta que te discrimine y apoye tu opresión”. Vemos que la “persecución e intolerancia” que denuncian los homofóbicos son reacciones defensivas contra la intolerancia verdadera que ellos predican y practican. Y vemos que las “ideas que nos quieren imponer” son simplemente la exigencia de que dejen de ser intolerantes.

Y, por cierto, cuando dicen “heterofobia”, a lo que se refieren es al rechazo contundente a la homofobia. Pero le ponen un nombre siniestro para que suene como si estuvieran persiguiendo a los heterosexuales por serlo, cosa que nunca ha ocurrido para ninguna civilización en la historia.

Y cuando dicen “ideología de género”, en realidad quieren decir “aceptar a las personas LGBTQ+”. Pero le ponen un nombre siniestro para que suene a conspiración global de malévolos fines… Y saben a dónde lleva eso.




Por eso es un sinsentido que el homofóbico le pida a una persona no heterosexual que respete su homofobia. Es absurdo porque si eres homofóbico, no estás respetando a las personas LGBT. No puedes decirle a alguien “tú tienes que respetar mi opinión de que eres una jodida abominación”.

Pero al tapar los contenidos de esas posturas y presentarlas como un “desacuerdo”, los homofóbicos pueden entonces plantear las críticas en su contra como “opresión”, “intolerancia”, victimizarse, hacerse a los perseguidos. Es decir, lo que pretenden estos conservadores es, como decimos en México, “voltearnos la tortilla”.

No sé si llamarla una “estrategia”, porque realmente no creo que la mayoría de estas personas tenga la inteligencia suficiente para hacerlo de forma consciente y deliberada; creo que muchos de ellos honestamente piensan que están haciendo argumentos válidos. Creo que de fondo se quedan en estas abstracciones porque no quieren enfrentar, ante los demás, y quizá ni siquiera ante ellos mismos, que lo que les pasa es que tienen un montón de prejuicios arcaicos, irracionales y sin sustento, contra seres humanos que no les han hecho ningún daño. Es más difícil argumentar desde allí que simplemente invocar un “derecho a pensar diferente”, lo cual están haciendo, obviamente, nadie se puede meter a su cabeza y cambiar sus ideas. Sólo queremos que esas ideas no lleven a la opresión y discriminación de los demás.


FIN

miércoles, 2 de octubre de 2019

A sangre y fuego


Detalle de Guernica de Pablo Picasso


A sangre y fuego. De la guerra civil europea (1914-1945) es un breve, pero fascinante libro en el que el historiador italiano Enzo Traverso hace un análisis de la catástrofe que barrió a Europa en la primera mitad del siglo XX, un ciclo de violencia que incluyó conflictos bélicos de alcance global, guerras civiles, revoluciones, dictaduras, genocidios y crisis económicas. 

Más que hacer una narración de las dos guerras mundiales y el periodo de entreguerras, Traverso trata de encontrar qué significó esa época y cómo transformó para siempre la historia, no sólo de Europa, sino del mundo. Para entender el libro, es necesario saber a grandes rasgos qué fue lo que pasó aquellos años, pero no es imprescindible conocerlo a profundidad; si recuerdas tus clases de prepa, será suficiente.

Suelen enseñarnos las guerras mundiales como si fueran dos eventos claramente separados el uno del otro, con años de paz entre el final de una y el principio de la otra. Traverso argumenta que estos 31 años pueden entenderse como una “guerra civil europea”, comparable a la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) y al ciclo de la Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas (1789-1815), que curiosamente tomaron también alrededor de tres décadas cada una. Entre las dos guerras mundiales se desataron también guerras civiles, revoluciones y dictaduras que dejaron miles de muertos, estableciendo un continuo entre una guerra mundial y la siguiente.

Stormtroopers con máscaras de gas de Otto Dix

El libro está dividido en dos partes. En la primera, el autor analiza las características definitorias de esta Guerra Civil Europa, resaltando su inusitada violencia. Contrario a lo que se suele creer, la barbarie de las guerras mundiales no significó un “regreso a tiempos más salvajes”, sino que adquirió un carácter único, propio de la modernidad.

La guerra total, es aquélla en la que no se trataba de vencer al ejército enemigo, sino de exterminar por completo a la facción contraria. Los bombardeos aéreos contra la población civil, los bloqueos navales para matar de hambre a una nación completa, y el genocidio mecanizado a gran escala, fueron inéditos en su momento, e inconcebibles para una civilización preindustrial.

La Primera Guerra Mundial inició en 1914 como un tradicional enfrentamiento bélico entre potencias. Pero no tardó mucho en degenerar en una guerra total, que incluyó a su vez insurrecciones, conflictos civiles y una gran revolución, la rusa. Para 1918, cuando terminó la guerra, todo se había quebrado. No sólo habían desaparecido cuatro grandes imperios, sino que la misma civilización parecía haberse reducido a cenizas. Los años que siguieron fueron de extrema violencia, con varios casos de persecuciones políticas, deportaciones masivas y genocidios que culminarían en el Holocausto.

La Segunda Guerra Mundial no era solamente un conflicto entre imperios. Fue también una serie de guerras intestinas en el seno de las naciones ocupadas por el Eje o gobernadas por regímenes fascistas. Los partisanos en Italia y los Balcanes, así como la Résistance en Francia, en su lucha contra los fascistas locales y extranjeros, son la figura representativa de este conflicto. En general, no se trataba solamente de un duelo entre potencias, sino una lucha a muerte entre ideologías.

Milicianas republicanas en la Guerra Civil Española

Las atrocidades cometidas por las potencias del Eje son bien conocidas, pero no podemos olvidar las que perpetraron los mismos Aliados, como los bombardeos de la aviación británica sobre las ciudades alemanas, o las violaciones contra miles de mujeres llevadas a cabo por los soviéticos. Sin embargo, Traverso hace notar que, a pesar de que los crímenes de los Aliados fueron terribles, no se puede establecer una equivalencia con la extrema crueldad de lo que hizo el Eje.

Por cierto, que el autor señala que el impacto cultural del Holocausto en su momento no fue tan tremendo. Se sumó a la lista de crímenes cometidos por el Eje como uno más, y tanto los intelectuales como el público en general tardaron mucho en dimensionar el alcance y significado de lo que había ocurrido en los campos de exterminio nazis.

También se demuestra la falta de visión histórica en los líderes de las naciones Aliadas. Una vez terminado el conflicto, se juzgó al enemigo en Nuremberg y Tokyo. Pero tras algunas condenas y ejecuciones, ante la amenaza de la Guerra Fría, los mandos Aliados comenzaron a dar amnistías o simplemente a hacerse de la vista gorda. Funcionarios de los regímenes de Hitler y Mussolini no sólo salieron indemnes, sino que pudieron volver a trabajar en los gobiernos de sus países.



De forma paralela, surgió el mito de la guerrilla antifascista como un brazo armado del comunismo soviético. En realidad, las diferentes guerrillas conjuntaban a múltiples actores, y ni de lejos fueron todos comunistas, menos aún estalinistas. La narrativa miope del liberalismo de la posguerra, insistente en equiparar a la Rusia de Stalin con la Alemania de Hitler, borró a los guerrilleros de las narrativas heroicas, por considerar su tipo de lucha (fuera de la legalidad y de las jerarquías de gobiernos y ejércitos), como una inspiración peligrosa.

La segunda parte trata de uno de los aspectos en los que Traverso es especialista: la relación entre los hechos históricos y las corrientes de pensamiento contemporáneas a los mismos. El historiador nos habla de las reacciones de los intelectuales y artistas a estos acontecimientos, y su influencia en ellos. Qué arte, qué literatura, qué filosofía emergieron de estos años, y cómo le dieron forma a la cultura contemporánea.



De especial interés para los lectores contemporáneos será el análisis de la ideología nazi, y de cómo se configuró una intelectualidad antifascista que defendía la herencia de la Ilustración; una alianza tácita o explícita, que incluía a liberales, marxistas, cristianos, etc. Muchos dejaron de lado sus diferencias para luchar contra el enemigo común. Aquí sí me gustaría citar al completo una página:

Si bien está más allá de toda discusión que el antifascismo incluía una pluralidad de corrientes (marxista, cristiana, liberal, republicana) y no presentaba un perfil único, lo cierto es que sus diferentes componentes reclamaban el legado de la Ilustración. Esta base de sus valores era universalmente aceptada, incluso por los comunistas, que trataban de reconciliar la defensa de la democracia en Occidente con la apología de la dictadura soviética en Rusia. En un análisis final, fue el fascismo el que cimentó la unidad de sus enemigos.

El antifascismo oponía el pacifismo y cierto espíritu cosmopolita al misticismo de la nación y la guerra. Oponía los principios de igualdad, democracia, libertad y ciudadanía, a los valores reaccionarios de la autoridad, jerarquía y raza. Al irracionalismo vitalista y antihumanista de los defensores del régimen totalitario, el antifascismo se inscribía con fuerza en las tradiciones de la Ilustración, en su concepción universal de la humanidad, su racionalismo y su idea de progreso. Contra el fascismo antiliberal, con su culto a la masa y el líder, oponía el estado de derecho, con su pluralismo y libertades individuales.

En pocas palabras, el fascismo y el antifascismo se enfrentaron movilizando sus respectivos valores, sus mitos fundacionales, sus conmemoraciones, sus banderas, sus cantos y sus rituales. Contra la religión política de la fuerza del fascismo, el antifascismo impulsó la religión civil de la humanidad, la democracia y el socialismo.

Tal fue el ethos que, en un contexto histórico que era excepcional y necesariamente transitorio, hizo posible aglutinar cristianos y comunistas ateos, liberales y colectivistas. Esta convergencia descansaba en un cimiento mínimo, pero esencial, que relegó al segundo plano concepciones que en otras circunstancias habrían sido irreconciliables.


Esa generación de intelectuales, dice Traverso, es comparable a la de los philosophes del Siglo de las Luces francés, cuyas ideas, a pesar de sus diferencias, fueron parte también de una lucha que determinó el destino de la historia. El caso de esa breve, pero trascendental alianza, debería servirnos de inspiración en los tiempos presentes.

jueves, 26 de septiembre de 2019

It- Capítulo 2: Las películas




Después de haber revisitado el clásico de horror épico que es It, la novela de Stephen King, toca hablar de sus dos adaptaciones audiovisuales, la miniserie para televisión de 1990 y la bilogía de películas estrenadas en 2017 y 2019. Cada una de estas producciones introdujo al payaso demoniaco Pennywise a generaciones enteras de cinéfilos y entusiastas del horror. Al principio pensaba hacer una sección para cada una, pero luego me dije “qué demonios, Maik”, y mejor me aviento un choro mezclando las tres para para sopesar sus aciertos, sus fallos y su relación con la novela original. Vamos a ello.

¡TODOS FLOTAN! ¡HASTA LOS SPOILERS FLOTAN!

Cuando apareció la miniserie, en 1990, la novela tenía pocos años de haberse publicado, así que todavía no se convertía en clásico. Eso sí, Stephen King ya era una leyenda; sus fans ya morían por su próximo libro o por la próxima adaptación, y los estudios babeaban porque el autor les diera los derechos de algún futuro éxito cinematográfico. También resulta King estaba hasta los juanetes de cocaína y escribía, literalmente, como loco, sacando novelones de un millar páginas casi cada año, y no había nadie que le dijera no por más deschavetadas que estuvieran sus ideas.

Como fuere, esa primera adaptación de It resonó mucho en mis tiempos, cuando era un infante que apenas acababa de entrar a la primaria, y por los años inmediatos que le siguieron. A mí me aterraba el maldito payaso, y eso que no vi la película completa, precisamente por el miedo que me daba. Durante años sólo la vi por cachitos, y en los pasillos del Blockbuster me le quedaba viendo a la cuja del VHS por largos minutos, hipnotizado y aterrorizado por igual.



Cuando por fin la vi completa, tenía como 20 años y, aunque tuvo muchas cosas que me gustaron, también tuvo otras tantas que me parecieron muy ridículas. Sin embargo, esa misma noche, tras dejar la casa de mi novia, me fui muy nervioso, manejando por la calle oscura, temeroso de que Pennywise fuera a jugar con mi mente y darme un buen susto.

La adaptación del 2017 me gustó mucho, pues a pesar de algunos fallos, me pareció que corregía y superaba mucho de la versión noventera. De modo que me quedé con mucha expectativa para esta secuela recién estrenada en 2019. Y claro, el pendejo soy yo. El segundo capítulo tiene también muchas cosas a su favor, pero otras tantas que resultaron decepcionantes.

Creo que el problema con las adaptaciones de It es de origen. Como les decía en la entrada anterior, los capítulos dedicados a nuestros protagonistas siendo adultos son muy inferiores a los que tratan de sus vidas como niños. La miniserie de 1990 intenta ser lo más apegada al libro que sea posible y ello la lleva a seguir la estructura narrativa en la que se intercalan el pasado y el presente. Creo que podemos estar de acuerdo en que los flashbacks a la niñez son la mejor parte y que lo demás casi sobra.



Chapter One había logrado evitar ese desequilibrio enfocándose por completo en la historia de los niños. ¡Y me encantó! El cambio de época tiene sentido. Los 50 apelaban a la nostalgia de los adultos que habrán leído la novela o visto la serie en su momento; ese mismo sentimiento de nostalgia apelará a los adultos que vean la película hoy. Lo bueno es que no es de esas películas nostálgicas, tan de moda ahorita, que a huevo te tienen que meter referencias ochenteras forzadísimas en cada escena y cada diálogo.

La película, de forma atinada, corrige los elementos bobalicones de la novela de King, que la miniserie comete el error de adaptar de forma demasiado literal. Por ejemplo, en la novela y la miniserie Pennywise adopte la forma de monstruos de películas de terror viejitas: el Hombre Lobo, el Monstruo de la Laguna Negra, la Momia, etc. En las nuevas, lo vemos como cosas que de verdad espantarían a un niño, como esa pintura siniestra en la casa de un conocido, o ese relato histórico que de chamaco nos dejaba quitaba el sueño por las noches.

Hace rato me puse a pensar que, si para un niño de los 50 esos monstruos clásicos serían el referente más obvio de lo que es aterrador, para un niño de los 80 habrían sido… ¡monstruos de películas ochenteras! Esa década y la que le precedió fue prolija en personajes que aterraron a los chiquillos. Imagínense a Pennywise apareciéndose en la forma del mutante de La Mosca, o de la niña poseída de El Exorcista, o de los xenomorfos de Aliens, o de Leatherface de la Masacre de Texas (no digo de Freddy Krueger porque sería redundante; él y Pennywise tienen personalidades parecidas y se dedican básicamente a lo mismo). Sé que por cuestiones de derechos de autor habría sido imposible, pero habrían podido ser cameos tenuemente disimulados, de ésos en los que hay suficiente parecido para que Steve Rogers entienda la referencia, pero no tanto que los abogados ninja de Disney nos puedan demandar (sí hay un refrente directo a La Cosa; más adelante vuelvo a eso). En fin, esto es sólo un debraye mío, no una crítica a la peli, ni ná.


La miniserie es un producto de los 80 y se nota mucho. Los efectos especiales no han envejecido nada bien, aunque algunos momentos están muy bien logrados. Ni la fotografía ni el diseño de arte contribuyen de forma alguna para crear la atmósfera aterradora que se necesitaba; todo se ve muy ordinario. He ahí otro de los aspectos que mejoraron con las pelis más recientes. La atmósfera que construyen es de verdad amenazante, y en todo momento se siente la presencia de la entidad maligna y sobrenatural. Chapter One es genuinamente aterradora. No sé por qué dicen "no da miedo"; tiene varios momentos que son puro material de pesadilla. La muerte del primer niño, mucho más violenta que en la primera adaptación, estruja el corazón de forma que, como padre, me fue difícil verla. Lo digo como algo bueno.

Skarsgård es un excelente Pennywise. Ya sé que muchos queremos de todo corazón a Tim Curry, pero admitámoslo: él era más divertido que aterrador. Creo que la distancia entre este nuevo payaso y el de Curry es como la que hay entre el Guasón de Romero y el de Ledger. Uno es adorable, el otro es espeluznante. Entonces, por si no se dieron cuenta, creo que esta peli supera por mucho a la miniserie, y resulta incluso más espantosa que la novela.

Por otro lado, un comentario muy válido que se ha hecho es que el Pennywise de Tim Curry sí parece un payaso real, y por lo tanto, uno que podría atraer a los niños (a esos a los que los payasos no los aterran; o sea, a mí no). El nuevo Pennywise tiene una apariencia distintiva destinada a convertirse en un disfraz clásico de Halloween, pero es demasiado obvio que se trata de un ente maligno.

¿Eh?


Casi mi única queja contra Chapter One es lo que hizo con Beverly. De ser la más badass de los Perdedores, y la que con su resortera le pone en la madre a Pennywise, la tienen aquí como damisela en peligro, secuestrada por el monstruo y a la que los onvres del equipo tienen que ir a rescatar. Y despertar con un beso, faltaba más. Cosa que además no tiene sentido, porque Pennywise quería desbandar a la palomilla, no reunirla de nuevo, como provocó al secuestrarla. Bueno, supongo que eso es mejor que una orgía de pubertos.

Chapter Two perdió mucho de lo que su predecesora había logrado, además de que demuestra que la parte de los adultos es la mitad más débil de esta historia. Tan es así, que tiene que recurrir de nuevo a flashbacks para traer de vuelta a los chamacos, con lo que parecen ser un montón de escenas que debían haber estado en una edición extendida de la primera parte.

Después de haber visto esta película, estoy más y más seguro de que It en general funciona mejor como una historia de horror infantil; la aventura de un grupo de chicos inadaptados que se unen para matar a un monstruo que devora niños. ¡Es una gran historia! La premisa de que los adultos que vuelven a su pueblo para enfrentar sus temores infantiles es intrigante, pero no tan bien ejecutada en la novela y peor en las dos adaptaciones.


Mi problema principal con Chapter Two es que es muy reiterativa. Durante todo el acto central la misma fórmula se repite una y otra vez: a) un personaje llega a un lugar en apariencia inofensivo, b) la cosa se va poniendo poco a poco más siniestra, c) hay un falso sobresalto, d) hay un susto real seguido de una violenta confrontación con Eso en alguna de sus formas chuscas, e) el personaje sale aterrado, pero por lo demás indemne.

Algunos de esos momentos están muy bien logrados. Mis favoritos son la casa de los espejos, en la que sí sentía que me iba a morir de miedo; y cuando Pannywise aparece sin maquillaje y con las manos marca su propia cara. Pero hasta esas escenas pierden fuerza por culpa de la repetición de la misma fórmula. Por añadidura, cada una viene acompañado de un flashback en el que ocurre exactamente lo mismo.

El otro problema es que, adaptando a King, no se puede ser ni tan fiel ni tan literal. En sus novelas suceden un montón de weas bien raras, cosas sin sentido que aumentan el desasosiego del lector, al sentir que las leyes de la naturaleza, e incluso de la lógica, han perdido toda su validez. O nos estamos volviendo locos o nos está chupando el infierno. Pero algunos de esos momentos, traducidos a un medio audiovisual, quedan ridículos.



Por ejemplo, la escena de las galletas de la fortuna. Es ya bastante boba en el libro y en la miniserie es de risa loca. Esperaba que la omitieran en Chapter Two, o que idearan una forma de hacerla que no fuera ridícula. Pero fue ridícula. De facepalm. Así sucede con algunos otros momentos. Me pareció muy bien que hubieran eliminado la escena de la estatua que cobra vida en Chapter One y se ve que en Chapter Two hicieron lo mejor que pudieron para que no fuera ridícula, y hasta me hizo pegar un brinco, pero después del primer sobresalto pierde mucha fuerza.

Leer una descripción detallada puede ser espeluznante, pero en una película de terror es mejor optar por la sutileza. Si enseñas demasiado, se pierde el efecto. Por eso The Shining de Stanley Kubrick es la mejor adaptación de una obra de Stephen King, aunque le dé rabia al autor mismo. Si Kubrick hubiera sido fiel a la novela, su obra maestra de terror habría culminado en una batalla entre el cocinero, armando con bombas molotov, y unos leones de seto vivientes. Cuando le da vuelo a la hilacha, King tiene tanta sutileza como un tráiler gigante con la cara del Duende Verde.

Súmese a eso lo chafísima de los visuales generados por computadora. Esperpentos como el leproso o el gollum alargado en el que se convierte la señora Kersh espantan en un primer momento, pero mientras más tiempo están en pantalla, más se nota lo falsos que son. Pienso que habrían quedado mucho mejor con efectos de maquillaje. No sé si la cabeza con patas es un homenaje a La Cosa o sólo un fusil descarado, pero ese momento es una muestra de cómo el CGI muchas veces queda corto junto a los efectos especiales prácticos. Pienso en pelis como ésa o como Evil Dead que, con sus dantescas criaturas animadas en stop-motion, lograron un aspecto más perturbador porque se sentían como seres con sustancia, y no como sprays de videojuegos.

Lo que me lleva a hablar de la Araña. ¡Oh, por Cthulhu! ¡La Araña! No puedo creer que los realizadores se las hayan ingeniado para que el monstruo sea peor que en la miniserie de los 90. Oh, los efectos especiales han mejorado, pero el diseño es chafa y poco creativo, además la pelea final no le hace justicia a la delirante pesadilla que describe la novela. Por otro lado, y hablando de pesadillas, ¡qué chingona les quedó la secuencia animada!



Esperen, no he terminado de despotricar. Tengo otra queja mamona, y esta vez aplica a las dos pelis. En Chapter One el personaje de Mike está muy reducido, así como el comentario racial presente en la novela. Que los bullies acosaban a Mike por racistas es dejado de lado (hasta los malos son color-blind). El incendio del bar de afroamericanos, el Black Spot, parecía sugerido de pasada en Chapter One (cuando era uno de los capítulos mejor acabados del libro), pero para Chapter Two, se revela que los papás de Mike murieron en un incendio accidental y que las pesadillas del chico se referían a verlos quemarse.

La obra de King tiene mucha crítica social. Derry no sólo está habitada por un monstruo, sino que, bajo las apariencias, es monstruosa. Es una pena que la adaptación desperdiciara la oportunidad de retratar la violencia, los prejuicios y la intolerancia que permean la sociedad americana, sobre todo en estos tiempos. El crimen de odio con el que inicia Chapter Two queda fuera de contexto si no se desarrolla como parte de la caracterización de Derry misma. Cuando pienso en las tres horas que dura la peli, lo que dejaron fuera y lo que decidieron meter, siento una gran frustración. 

Añado: la parte del Ave en la novela me gusta mucho y me quedé con ganas de verla en grande, no sólo como esa rápida referencia en la secuencia animada. También hubiera querido ver más referencias a la Tortuga, pues son muy pocas y sólo las notas si ya leíste el libro.




Bueno, pero no crean que odié la peli, jejeje. De hecho, me pareció muy entretenida, con algunos sustos muy bien puestos. Las primeras dos horas se pasan de volada y sólo hacia el final comencé a sentir que le daban muchas vueltas. Es cierto que no me gustó el último acto, y que al final creo que Chapter One funciona a la perfección sin secuelas. Pero igual me dejó mirando nerviosamente a cada lado cuando tenía que salir de la sala y cruzar el solitario pasillo para ir al baño. Aunque iba emocionado por ver a Chastain y a McAvoy, creo que al final fueron Hader y Ransone los que se robaron la película.

Pennywise ha pasado a formar parte de la cultura contemporánea, como símbolo de nuestros terrores infantiles y, con todo y sus fallas, las adaptaciones audiovisuales nos han dado maravillosos momentos de espanto. La vida de Pennywise fuera de las páginas de su libro apenas comienza. Seguro que lo veremos aparecer para asustarnos en otros medios. Quién sabe; quizá en treinta años Pennywise regrese para una nueva generación.


IT
(Estados Unidos, 1990)
Dir: Tommy Lee Wallace
Con: Tim Curry, Annette O’Toole, Emilie Perkins, Jonathan Brandis,
Seth Green y Brandon Crane

IT: CHAPTER ONE
(Estados Unidos, 2017)
Dir: Andrés Muschietti
Con: Bill Skarsgård, Jaeden Lieberher, Sophia Lillis, Finn Wolfhard,
Jack Dylan Grazer, Chosen Jacobs y Jeremy Ray Talor

IT: CHAPTER TWO
(Estados Unidos, 2019)
Dir: Andrés Muschietti
Con: Bill Skarsgård, James McAvoy, Jessica Chastain, Bill Hader, 
James Ransone, Isaiah Mustafa y Jack Ryan

FIN

PD: Ahora, los dejo con una profunda pregunta filosófica: Si E.T. y Mr. T se unen para pelear contra It, ¿cómo se llamaría esta película ochentera? Discutan en grupos de tres.

Buenas noches

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