viernes, 26 de octubre de 2018

Los falsos centristas y la falacia del justo medio




UNA FÁBULA

Supongamos que tenemos a dos personas. Una de ellas dice:

“Los negros son inferiores a los blancos porque Dios lo dice, y Él nos ordena someterlos al lugar que les corresponde, mediante la violencia si es necesario.”

La otra contesta:

“No, todas las razas humanas son iguales ante los ojos de Dios, y Él nos ordena combatir a los racistas, mediante la violencia si es necesario.”

Ambas posturas, por lo menos a primera vista, se antojan igualmente irracionales, ya que las dos fundamentan un imperativo moral en una creencia supersticiosa y dogmática. En ese sentido, la irracionalidad de las mismas puede ser criticada por igual. Incluso podríamos decir que ambas son igualmente violentas, ya que consideran que la violencia es justificable para lograr sus objetivos.

Lo que no podríamos decir es que ambas son moralmente equivalentes, porque mientras una está a favor de la opresión de un grupo de personas, la otra está en contra de esa opresión y a favor de la igualdad. Tampoco son igualmente peligrosas, aunque ambas justifiquen las acciones violentas, porque mientras los seguidores de la primera postura usarían esa violencia para oprimir a personas inocentes con base en rasgos sobre los que no tienen ningún control, los seguidores de la segunda usarían esa violencia sólo contra los violentos seguidores de la primera.

¿Ven para dónde voy?

LA FALACIA DEL JUSTO MEDIO



“La virtud es un punto medio entre dos vicios extremos” decía Aristóteles. Bueno, no lo dijo con esas palabras, pero la idea es la misma. Por ejemplo, entre ser un cobarde incapaz de controlar su miedo ni siquiera para cumplir con un deber ético, y ser un temerario idiota que se lanza al peligro sin pensar, está el ser valiente y capaz de enfrentar riesgos cuando sea necesario.

Así, para muchas personas la sabiduría está en escoger ese justo medio. Entre las opciones demasiado extremas que nos presenta la vida, lo sensato es optar por una que salomónicamente nos ubique en el centro.

El problema es que ese “justo medio” no siempre está literal y exactamente en el centro, equidistante de los dos extremos, y eso es porque a veces éstos no son equivalentes entre sí. El mismo Aristóteles hace esta aclaración en su Ética, y señala que la valentía se encuentra más cerca de la temeridad que de la cobardía. Incluso que la temeridad, con todo, es preferible a la cobardía. Ambas son vicios, pero no son igualmente malos. Es más, algunas virtudes no son “justos medios”, sino absolutos. Puede haber distintas gradaciones entre lo justo y lo injusto, pero no puede existir “demasiada justicia”.

En la fábula que puse arriba, aunque uno puede adoptar una actitud crítica ante ambas posturas imaginarias, también tenemos que en este caso, la virtud no se encuentra en el centro, precisamente porque esos extremos no son equivalentes entre sí. Colocarse acríticamente en medio y desdeñar “ambos extremos por igual” no siempre es lo más sabio y puede ayudar al peor de los extremos a triunfar.

FASCISMO Y ANTIFASCISMO



El fascismo está ascendiendo en todo el mundo. No uso la palabra a la ligera; no soy de llamar “facho” a cualquier persona con tendencias conservadoras o autoritarias. Yo solía creer que el fascismo era un fenómeno exclusivo de la primera mitad del siglo pasado y que las dictaduras militares que se dieron en tiempos posteriores (por ejemplo, Pinochet en Chile), eran más bien “fascistoides” y no estrictamente fascistas.

Pero lo que estamos viendo ahora es el resurgimiento del fascismo literal, con sus diferencias importantes con aquel que provocó la Segunda Guerra Mundial, pero que de fondo es lo mismo: nacionalismo xenófobo, misoginia y homofobia, teorías conspiratorias, autoritarismo, desprecio por los derechos humanos y la democracia, exaltación de la violencia y el conflicto, etcétera. Hay personas mucho más doctas que yo dando la alarma.

Leyendo el clásico de Hannah Arendt, Los orígenes del totalitarismo, podemos aprender algunas cosas sobre cómo surgen y se esparcen estos movimientos extremistas. Una de sus estrategias más efectivas consiste en apelar al centro, moderando su discurso para ganar la simpatía de todas aquellas personas que no se sumarían de lleno al proyecto totalitario y genocida de los más fanáticos, pero que no vería tanto problema con cederles un poco de terreno en algunos temas. Sobre todo, que hasta vería con buenos ojos que aquellos que se oponen directamente al movimiento totalitario fueran derrotados. Para apelar a conservadores ordinarios, liberales clásicos, centristas o simplemente personas no muy politizadas, el discurso fascista puede atemperarse y cambiar los términos de la conversación, de forma que versiones diluidas de sus ideas extremistas puedan ir colándose en el discurso común (un muy buen video al respecto).

Este nuevo fascismo, como el anterior, se opone a todos los progresos sociales del mundo liberal moderno y a los movimientos por justicia social que históricamente los han impulsado y que actualmente siguen luchando por lograr más: feminismo, antirracismo y movimientos por los derechos LGBTQ+, etcétera. Otros han surgido específicamente para combatir la amenaza del fascismo, siendo el más célebre de todos Antifa.


Estos movimientos pueden y necesitan a su vez recibir críticas, que para ser válidas deben ser coherentes y basadas en un conocimiento profundo del tema (de otra forma serían superfluas y erradas), y ciertamente han cometido equivocaciones al diagnosticar los problemas que enfrentan o diseñar estrategias para solucionarlos. Pero no son las innegables fallas, inevitables en toda empresa humana, sino el hecho de que estos movimientos se perciben como amenazas al statu quo, lo que provoca una reacción visceral de rechazo, desconfianza o abierta hostilidad en buena parte de la población, que a menudo los considera incomprensibles, innecesarios o exagerados.

El discurso que favorece al fascismo tiene muchas facetas. Está el escandaloso y conspiranoico al estilo Alex Jones, que atrae a los fanáticos más viscerales. Está el del típico troll de redes sociales que se comporta como un puberto inmaduro y contamina los foros de discusión con burlas y sarcasmos. Pero está también el que se reviste con un aire de respetabilidad y se presenta como serio, moderado, centrado y objetivo. A cada público tiene algo que ofrecer y todos ellos se aprovechan del miedo a los movimientos progresistas para apelar al centro.

Centristas y moderados por lo general no serán seducidos por discursos abiertamente misóginos o racistas (¡aunque luego uno se sorprende!), como que hay que regresar a las épocas del apartheid, que se necesita retirar a las mujeres los derechos conseguidos hasta ahora, o que se debería ilegalizar la homosexualidad. Pero sí que podrían dejarse llevar por críticas "sensatas a los excesos de la izquierda regresiva", y acabar convencidos de que Black Lives Matter es tan racista como el Ku Kux Klan, que los movimientos LGBTQ+ se han vuelto tan intolerantes como aquello que critican, que el feminismo hegemónico es misándrico, un sexismo a la inversa (ya escribí algo sobre misandria, heterofobia y racismo a la inversa). De ahí toda esa cantaleta paniquera de que los progres, los social justice warriors, los chairos, los marxistas culturales, las feminazis, el lobby gay y la ideología de género “¡nos destruirán a todos!”

El objetivo es debilitar a esos movimientos que se opondrían al fascismo y que representan a los grupos de personas que serían las víctimas del fascismo. Se trata de socavarlos, deslegitimarlos para que los fascistas puedan entrar con ímpetu por puertas abiertas. Al mismo tiempo, se minimiza la amenaza de la ultraderecha, al hacerla pasar por una excentricidad ni más ni menos inocua o dañina que sus equivalentes en la izquierda, en vez de un peligro existencial aberrante y extraordinario. ¿Cómo podemos darnos cuenta de que este discurso es falaz? Veamos…

LA PROPAGANDA



El objetivo es hacer sentir que todos los hombres están en peligro de ser atacados por el feminismo o que cualquier transeúnte inocente puede ser víctima de un antifa enloquecido. Y tienen el terreno fértil para ello. Vean cómo la gente ha tratado los temas de Miss España o de la versión feminista de El Principito, como si fueran señales de la decadencia de la civilización.

El vulgo está predispuesto a sentir mayor hostilidad hacia estas tonterías inocuas que a la violencia real que sufren los grupos perseguidos todos los días, porque ésta se encuentra normalizada, mientras aquellos casos representan una desviación de la normalidad que se siente como inaceptable y amenazante. Los medios y las redes sociales, que tienden a preferir lo espectacular y lo escandaloso a lo relevante, no ayudan a combatir esta percepción. Después de todo, se volverá más viral la imagen de una joven sin blusa gritando en la calle, que los textos académicos de estudios de género.

Por ejemplo, si uno se deja llevar por la cobertura, parecería que Antifa está descontrolado atacando civiles en las calles y dañando propiedad ajena sin provocación; pero lo que sucede es que los medios se han centrado desproporcionadamente en sus acciones violentas. Las historias de simpatizantes de Antifa que atacan a personas inocentes sólo por su corte de pelo, o de que algunos mass shooters en Estados Unidos eran “miembros” de Antifa son noticias falsas.

El video viral de la “activista feminista” rusa que le tiraba cloro a los hombres que hacían manspreading en el metro resultó no sólo ser falso, sino elaborado por la maquinaria propagandística rusa, al servicio de un gobierno que se ha dedicado a criminalizar a las personas LGBTQ+ y que ahora está fichando a los movimientos feministas como radicales y peligrosos.[1]



Aún sin necesidad de recurrir a noticias falsas, derechistas y centristas caen en la trampa de equiparar a los movimientos por la justicia social con la ultraderecha en sus interpretaciones de los acontecimientos. Básicamente toman alguna instancia de exageración o absurdo por parte de algún simpatizante de causas progresistas o de izquierda y lo plantean como una prueba de que están tan mal los unos como los otros.

Es cierto que los progres pueden llegar a ser tan dogmáticos e intransigentes como un fanático religioso. Pero, frente al fascismo, los movimientos por la justicia social, no son moralmente equivalentes, porque a pesar de sus eventuales excesos o disparates, su objetivo final es la consecución de una sociedad más justa e igualitaria; ni sus metas ni sus métodos consisten en la supresión de los derechos y libertades fundamentales de las personas.[2] El fascismo pretende oprimir a las personas por crímenes ontológicos, es decir, no por lo que hacen, sino por quiénes son. Más aún, no olvidemos que, en el caso del fascismo, la monstruosidad y las atrocidades no son accidentes, ni daños colaterales, ni efectos secundarios: forman parte fundamental de su ideología y sistema de valores.

Los movimientos por la justicia social tampoco son igualmente peligrosos que los de extrema derecha, ni siquiera los que legitiman la violencia en ocasiones (que ni son la mayoría) porque: a) no violentarían a cualquier hijo de vecino, sino solamente a los fascistas, es decir, a quienes sí atacarían a las personas inocentes (no, Nacho, que te digan que eres sexista porque te gusta GTA no es equivalente a ser un perseguido u oprimido), y b) carecen del poder y la influencia para hacer que los aspectos más extremos de sus ideologías se vuelvan mainstream; no están marchando por las calles anunciando impunemente que van a acabar con “los judíos que quieren reemplazarlos”, ni tienen líderes de naciones defendiendo sus teorías conspiratorias.

Ultimadamente, este hemisferio sigue gobernado por hombres blancos heterosexuales acaudalados y comprometidos con el capitalismo, y no parece que eso vaya a cambiar pronto. Lo que sí podría cambiar, y de hecho está cambiando mientras lees estas líneas, es la suerte de miles de personas que no comparten alguna de esas características, y que precisamente por ello están en peligro.

VIOLENCIA Y MODALES



Es muy raro encontrar a una persona que de verdad esté “en contra de toda violencia”. En realidad lo que sucede es que todos consideramos ciertas clases de violencia como legítimas y otras como ilegítimas, dependiendo de quién la ejerce, contra quién, por qué motivos, en qué grado, etcétera.

Por ejemplo, casi nadie negaría la legitimidad de quien usa la violencia para defenderse de un atacante. También se considera legítima la violencia si es ejercida según la ley por las instituciones de gobierno. Si la policía abre fuego contra un grupo de asaltantes que regresan los disparos, ¿a quién se le ocurriría decir “qué barbaridad, es que son igualmente violentos”?

Dos personas agarrándose a golpes en la calle pueden ser igualmente violentas en apariencia. Pero si una quiere oprimir, segregar o incluso exterminar a un grupo de personas, y la segunda quiere detener a la primera, entonces no son moralmente equivalentes y no son igualmente peligrosas.

Por otro lado, una persona puede promover las ideas más horrendas con toda la calma del mundo, haciéndose pasar por un interlocutor sensato con quien se puede tener una conversación. Puede vestirse de traje y decir con absoluta serenidad, “La población blanca en el hemisferio occidental se encuentra amenazada por el crecimiento exponencial de otros grupos, que la inmigración descontrolada sigue introduciendo a nuestros países, y tenemos que tomar medidas para defendernos”.

Como se trata de un discurso racista y xenófobo, y como esas “medidas para defendernos” no pueden ser otra cosa que violencia que atente contra los derechos humanos, una persona, ya no digamos de izquierda, sino que tenga un mínimo de decencia humana básica, podría reaccionar con indignación y gritar “¡Bueno, pero es que tú eres un jodido nazi de mierda!”.

Entonces un tercero que quiera verse centrista, pero que en realidad estará jugando el juego del ultraderechista, dirá “Hey, tienes que ser tolerante. Esta persona está presentando sus argumentos de forma racional y tú le agredes.”



Pero estos argumentos, aunque presentados con buenos modales, son irracionales, moralmente despreciables y potencialmente peligrosos. Así que hay que tener mucho cuidado con la “apelación a los modales” para hacernos perder de vista lo que se dice y centrarnos en cómo se dice.

Una de las estrategias del fascismo consiste precisamente en presentarse como una opción política más, digna de participar en la discusión pública y de ser protegida por los principios de la libertad de expresión, en vez de la monstruosa aberración de la que realmente se trata.

Que quede claro: no existe convivencia pacífica con el fascismo, porque la única forma en la que el fascismo puede llevar a cabo sus planes (la opresión, exclusión o exterminio de mujeres, minorías raciales y personas LGBTQ+) es mediante la violencia. (Por favor, si sólo le van a dar click a uno de los enlaces que pegué en este texto, que sea éste).

Incluso siendo fieles a los principios de la libertad de expresión y rehusándonos a censurar legalmente sus discursos o agredir a sus representantes sin provocación, el imperativo moral es enfrentarlos siempre que se pueda, mediante el boicot, la protesta, la disrupción de sus eventos, la presión social, el rechazo a cederles foros y espacios, la negativa a normalizarlos y hasta el insulto y el escarnio si es necesario (todo ello también protegido por la libertad de expresión).

PERO LA CULPA ES DE LA IZQUIERDA



Contrario a lo que muchas veces se dice, no han sido los “excesos” de los progres los que provocaron el auge renovado del fascismo. A lo mucho, los errores y estrategias fallidas de estos movimientos les han hecho perder la fuerza que necesitan para combatir efectivamente al fascismo, y al mismo tiempo han espantado a los centristas incautos.

Por supuesto que a la extrema derecha le favorece esta narrativa de que “los excesos de la izquierda crearon al monstruo”, porque dirige la ira y los esfuerzos de los centristas y liberales contra el enemigo más acre de la ultraderecha, en vez de poner la culpa en la pérfida manipulación de los mismos fascistas o en la ineptitud y falta de voluntad del statu quo para detener el avance de ese monstruo.

No olvidemos lo que nos dice Arendt:

"En los regímenes totalitarios la oposición política no es el pretexto para el terror, sino el último impedimento para que desate toda su furia."

Cuando me topo con alguien que insiste una y otra vez con que el problema ha sido cómo la izquierda ha manejado la situación, sin jamás dirigirle una crítica al fascismo literal, a sus estrategias de manipulación y a sus políticas aberrantes, es natural que me parezca necio y poco perspicaz, si no es que de plano desconfiable.

Existen, por supuesto, equivalentes en la izquierda al nazismo y el fascismo: el estalinismo y el maoísmo, responsables de las muertes de millones de personas[3]. Pero hoy en día, por lo menos en Occidente, los apologistas de esos regímenes totalitarios son insignificantes. Si estuvieran marchando por las calles y amenazando con tomar el poder serían preocupantes, pero mientras tanto, el querer minimizar el peligro que significan los fascistas con base en que por ahí hay uno que otro loco que glorifica a Stalin, es absurdo. Y hasta entre dictadores hay niveles: el que haya fans de Castro o Chávez no se equipara con el hecho de que la nieta de Mussolini esté defendiendo a su abuelo en el parlamento europeo.

Absurdo también es equiparar a cualquier movimiento de izquierda con el totalitarismo comunista del siglo XX. Que es, por cierto, el punto de la teoría conspiratoria del “marxismo cultural”: hacer parecer que los movimientos por la justicia social son parte de un complot para sumir al mundo occidental en una distopía estalinista.

Aún así, las alarmas que desde la derecha y el centro se prenden ante cosas como que “¡Las trigger warnings están arruinando las universidades!” y otros rollos que sí suceden y sí son tonterías, pero que estadísticamente son mucho menos comunes y relevantes de lo que uno pensaría si sólo se la pasa leyendo discusiones en Internet. Aún así, no falta quien use esos casos para hacer parecer que la izquierda, los progres, los social justice warriors, están a punto de llevarnos a Mil Novecientos Ochenta y Cuatro.

Ultimadamente, a pesar del dogmatismo en el que pueden llegar a caer, o en su obsesión con las expresiones ofensivas, en el peor de los casos los progres son un fastidio. En cambio (y las pruebas nos las dan sus antecedentes históricos y sus discursos presentes), el fascismo es una amenaza para la vida y el bienestar de los seres humanos.

EL ENEMIGO DE MI ENEMIGO…



Ojo: no estoy diciendo que las personas que hagan críticas contra la izquierda o los movimientos por la justicia social sean secretamente fascistas o estén siendo manipuladas por el fascismo. Tampoco estoy planteando una cuesta resbalosa en la que si nos atrevemos a criticar al feminismo vamos a terminar volviéndonos nazis.

En tiempos de la Guerra Fría, muchos izquierdistas adoptaban una actitud acrítica ante los regímenes comunistas alrededor del mundo. Justifican o minimizaban las atrocidades y abusos de los dictadores. Aún hoy lo han seguido haciendo con la corrupción e ineptitud de los gobiernos bolivarianos. La idea era “no criticar para no ayudar al enemigo”. ¿Acaso no estoy proponiendo algo igual?

No, porque en primer lugar no estoy diciendo se deba dejar de criticar a los movimientos progresistas, sino por el contrario, ser mejores críticos evitando las falsas equivalencias, la difusión de información engañosa y los análisis superfluos basados en prejuicios. En segundo, porque aun si lo hiciera, las implicaciones éticas de cuestionar o no a los regímenes comunistas de antaño no son las mismas que hacer lo propio frente al feminismo y demás: en el primer caso estaban en juego las vidas y los derechos de seres humanos y la prosperidad de naciones enteras.

Lo que digo es que debemos tener cuidado para no caer en la trampa de quienes, ingenua o maliciosamente, difunden lo que a primera vista pueden parecer críticas legítimas, pero que en realidad son falacias (burdas o sofisticadas) que en última instancia pretenden debilitar la oposición al fascismo.

LOS FALSOS CENTRISTAS



Los falsos centristas quieren hacer ver a los movimientos por la justicia como equivalentes ya sea a los movimientos de extrema derecha, ya sea a los de extrema izquierda. Debemos tener mucho cuidado con los que se quieren hacer pasar por centristas racionales, que a lo mejor de dientes para afuera admiten que el populismo de derechas es preocupante[4], pero que en verdad se la pasan esgrimiendo argumentos mal construidos en contra del feminismo, de los movimientos LGBTQ+, Black Lives Matter, Antifa, la “corrección política”, la “izquierda regresiva”, el “posmodernismo” etc. Los jenios de la Intellectual Dark Web son un ejemplo proverbial.

Gente como Jordan Peterson comparando el activismo trans con el estalinismo (refutaciones aquí, aquí y aquí), o Christina Hoff Sommers llamándose a sí misma “fact feminist” mientras asegura que hay una guerra contra los varones y la masculinidad, u otros individuos que se dicen disidentes luchando contra la intelectualidad hegemónica, a pesar de que tienen todos los micrófonos a su disposición y tampoco es como que pertenezcan a minorías perseguidas. Todo con mucha seriedad, civilidad y buenos modales, que se ven bien en oposición a los progres histéricos y su indignación perpetua. Estos intelectuales siempre están cacareando sobre los valores occidentales de la Ilustración, la libertad de pensamiento y el rigor científico (lo cual enamora a los escépticos y ateos brillantes), aunque sus argumentos estén llenos de falacias y extrapolaciones sin sentido.

Otra estrategia es recurrir al mito de la “distopía progre”, haciendo afirmaciones falsas o exageradas de lo desastrosas que han sido las políticas progresistas en países desarrollados. La más famosa es el mito de que el feminismo en Suecia ha convertido al país nórdico en la capital europea de las violaciones, un bulo que se repite una y otra vez no sólo entre los alraiteros, sino en foros que se quieren hacer pasar por centristas objetivos, como Quillette, no sólo difundiendo el mito sino usándolo para promover por partida doble la xenofobia y el antifeminismo. No es casualidad que entre sus seguidores se encuentren no sólo centristas y derechistas moderados, sino sobre todo alraiteros a los que no se atreven a repudiar.[5]

Es que a estas alturas, perdónenme si me pongo algo suspicaz, pues ya no siempre sé cuándo estoy tratando con un fascista hecho y derecho que se está haciendo pasar por centrista moderado, o cuándo con un auténtico centrista que en su ingenuidad honesta está ayudando a que el discurso fascista gane terreno. Por principio acepto el reto de quien está en desacuerdo conmigo y asumo que sólo está confundido y que bien puede ser alguien con quien es posible tener una discusión honesta. Sólo es después de un rato, conforme progresa la conversación y van cayendo sus velos, es que me atrevo a hacer un juicio.

Por ejemplo, este vato. Al principio parecería querer dar un consejo honesto sobre cómo la izquierda debería mejorar su discurso para ganar adeptos (algo con lo que yo concuerdo), pero después de un rato sentí que nada más quería enredarnos en la misma eterna discusión, sin atender el peligro real del fascismo pisándonos los talones.



Una revisión rápida de su historial de acciones en mi fanpage me reveló sus preferencias. A este tipo le ENCANTA que la nieta de Mussolini esté defendiendo a su abuelo, que Bolsonaro quiera pavimentar la Amazonia y que Trump pretenda desaparecer legalmente a las personas trans. Al mismo tiempo le da risa que haya habido una manifestación contra el racismo en Alemania.




Joder, pues perdónenme si no le creo mucho que sus intenciones sean aconsejar amistosamente a los izquierdistas.

No es lo mismo ser centrista (adoptar deliberadamente una posición media entre dos extremos), que ser neutral (no tomar partido en una disputa), que ser objetivo (basar las propias opiniones en conocimientos factuales del mundo real), que ser ecuánime (tener la capacidad de mantener la serenidad en cualquier situación).

Yo no pretendo ser neutral ni imparcial. Trato de ser objetivo, a sabiendas de que la objetividad perfecta es imposible para todo ser humano, pero creo que hay situaciones ante las que no se puede ser ecuánime. Tengo mis simpatías políticas y las expreso francamente. Yo simpatizo con la izquierda, con el feminismo, con Antifa; simpatizo con los movimientos que estén a favor de los derechos de los grupos vulnerables. Y puedo ser crítico con algunas de sus posturas y hasta discutir airadamente con algunos de sus seguidores. Pero al final del día, cuando llegue el momento de afirmar lealtades y plantar cara al enemigo, sé muy bien junto con quién espero que me cuenten.

Es así porque creo que en este caso la virtud está más cerca de un lado que del otro. Porque hay ocasiones en las que ser neutral es ayudar a los malvados.





[1] Claro, las personas que se creyeron esa historia y la aplaudieron, cayeron de la peor manera posible en la trampa propagandística. Alguien hizo una parodia sobre ti y tú la abrazaste sintiendo que sí te representaba.
[2] Por supuesto, las medidas que se llevan a cabo para ello, como implica la pérdida de un privilegio para que otra persona avance en la consecución de sus derechos (digamos, las cuotas de género o los espacios exclusivos para mujeres), son volteados en el discurso derechista como si fueran derechos que se le quitan a los hombres y se otorgan como privilegio a la mujeres (más de esa discusión aquí).
[3] Ambos mataron a más personas en total que Hitler, pero tengan en cuenta que también gobernaron naciones mucho más grandes y pobladas por muchos más años.
[4] Y lo llaman “populismo” y “demagogia”, nunca “fascismo” ni “ultaderecha”, porque así pueden equipararlo con movimientos populistas de izquierda, tipo Bernie Sanders en EUA o Morena en México.
[5] Alguna vez, quise llamar la atención de Roxana Kreimer, de Feminismo científico, sobre la abundancia de extermistas de derecha en su foro, e intenté invitarla a reflexionar sobre cómo sus publicaciones estaban alentando el discurso de odio entre esos incómodos seguidores. Prefirió borrar mi comentario y amenazarme a mí con “exponerme a los cuatro vientos” por ser intelectualmente deshonesto antes de repudiar o siquiera reconocer a los neonazis literales que tiene en su grupo.

jueves, 18 de octubre de 2018

Historias de terror de la historia




¡Es temporada de brujas! Como cada año, dedico algunas entradas a celebrar mi época favorita del año. En esta ocasión, mientras nos preparamos para el bicentenario de Frankenstein, les traigo una selección de historias de horror sacadas de las páginas de la historia. Monstruos, brujas, asesinos seriales y supersticiones: uno no necesita irse a la fantasía para encontrar relatos que son capaces de ponernos la piel de gallina. Éstos son algunos de mi colección personal de curiosidades históricas:

LA CONDESA SANGRIENTA

Erzsébet Báthory fue una noble originaria de Transilvania, en el entonces Reino de Hungría, que vivió entre 1560 y 1614. Se le recuerda sobre todo por las escandalosas acusaciones de haber torturado y matado a centenas de jovencitas. Las atrocidades que se le atribuyen incluyen azotes, quemaduras, mutilación y canibalismo. Las víctimas eran siempre muchachas jóvenes, abducidas o engañadas para ser llevadas al castillo de la condesa. Se decía entonces y ahora que la bella mujer estaba obsesionada con su físico y que su objetivo era tener sangre de doncellas para bañarse con ella y beberla, y conservar así su juventud y hermosura. Su número de víctimas es difícil de estimar, pero se calcula un máximo de 650. Las autoridades ignoraron durante muchos años las acusaciones, y aún después de un juicio, dados sus títulos nobiliarios, fue sólo condenada al retiro en un castillo apartado.

Sin embargo, algunos historiadores actuales opinan que las acusaciones son falsas y que Báthory fue víctima de un complot, como parte de las conjuras políticas y religiosas de esa época, pues su familia era protestante y nacionalista transilvana, lo que resultaba incómodo para los católicos Habsburgo, la familia gobernante del Reino de Hungría. Los hechos, como siempre, se confunden con la leyenda.

Fuente: 



LA DONCELLA DE HIERRO

Un horrible sarcófago con púas que atravesaban a la víctima. Una muerte horrible para una persona acusada de herejía o brujería, o quizás para un enemigo político...

A la Doncella de Hierro, como se le conoce a este artefacto, se le asocia con la Edad Media, en particular con la Inquisición, famosa por sus abominables métodos de tortura. Otras tradiciones atribuyen su invención a la infame Erzsébet Báthory, la Condesa Sangrienta, quien la habría usado para mejor exprimir la sangre de las vírgenes, con la cual se bañaba para mantener su belleza.

Bien, quizá les parezca decepcionante, quizá sea un alivio, pero en realidad la Doncella de Hierro nunca se usó como aparato de tortura ni de ejecución. Fue creada con propósitos comerciales a finales del siglo XVIII, para lucirse en exposiciones y atraer al público. Ninguna de las doncellas de que se tenga registro fue construida antes de entonces y se considera que las historias que ubican su invención en el siglo XVI son fraudulentas. Es simplemente una atracción de feria.

Fuente:



LOS MUERTOS CAMINAN

Las personas malvadas, los pecadores, los suicidas y los incestuosos, después de morir, pueden regresar de sus tumbas para atormentar a los vivos y continuar sus acciones perversas como vampiros, gules u hombres lobo. Para evitar que los muertos se levanten de sus tumbas es necesario exhumar sus cadáveres y decapitarlos o desmembrarlos por completo; mejor si los quemamos. Por lo menos eso creían en Inglaterra en la Edad Media.

Unos restos óseos encontrados en la aldea medieval de Wharram Percy, en Inglaterra, muestran marcas de mutilaciones. Tras descartar los todavía más horrendos escenarios de canibalismo y tortura, los arqueólogos llegaron a una conclusión: los aldeanos desmembraron y quemaron los cadáveres de sus paisanos para evitar que se levantaran de sus tumbas y aterrorizaran a los vivos. El reciente análisis (publicado en 2017), es la mejor evidencia de una práctica macabra inspirada en supersticiones siniestras. Tanto más siniestro es saber que Wharram Percy fue abandonado a finales del siglo XVI.


LOS GATOS NEGROS

Los gatos, y en particular los negros, han sido objeto de muchas supersticiones y creencias religiosas a lo largo de los siglos y en diferentes culturas. Considerados deidades, mensajeros del más allá o espíritus protectores, también se ha creído que son entes malignos o compañeros de las brujas y demonios.

En el siglo XIII, el Papa Gregorio IX publicó una bula en la que denunciaba los ritos satánicos de una herejía conocida como los luciferianos, los cuales consideraban a Lucifer no como un demonio maligno, sino como un espíritu libertador y dador de conocimientos.

En esta bula, titulada "Vox in Rama", Gregorio describía los rituales de los luciferianos, que según él incluían gatos negros, pues éstos eran la encarnación de Satanás. Tal es el más antiguo documento oficial del catolicismo en el que se demoniza a los gatos negros.

Es posible que estas creencias supersticiosas hayan ocasionado la masacre de gatos y un descenso drástico en su número en Europa. Esto a su vez habría permitido la proliferación de las ratas en las ciudades europeas y el consecuente incremento de las enfermedades transmitidas por ellas, entre ellas la peste bubónica, que diezmó a la población del Viejo Continente. Sin embargo, esto es altamente debatible.


EL MARTILLO DE LAS BRUJAS

Escrito en 1486 por el Clérigo Heinrich Kramer, el "Malleus Maleficarum" era un manual para detectar y destruir a las brujas. Aunque fue condenado oficialmente por la Iglesia, fue adoptado por muchos religiosos católicos y protestantes, y gracias a la imprenta se convirtió en uno de los textos más influyentes durante la intolerancia religiosa que siguió a la Reforma y la Contrarreforma.

Según el libro, las mujeres eran mucho más proclives a ser brujas que los hombres (que sólo rara vez lo eran), debido a su naturaleza débil y lujuriosa, y a su inclinación a dudar de la fe. Los orgasmos femeninos eran considerados antinaturales pues, se decía, no tenían una función reproductiva y por lo tanto su origen era satánico (en la Edad Media la creencia era la opuesta).

El libro también explicaba paso a paso cómo debía ser el proceso legal contra una bruja, incluyendo la tortura adecuada y la ejecución. Una mujer que no llorara durante el juicio era considerada automáticamente bruja.


REVIVIR A LOS MUERTOS

En 1814 la joven Mary Godwin y su futuro esposo Percy Shelley, se dieron una escapada romántica que los llevó por Francia, Suiza y Alemania. Navegando río abajo por el Rin, llegaron a un pintoresco escenario campirano. En la distancia, recortándose contra el cielo, se veía la silueta de un imponente castillo.

Los novios pagaron a un aldeano para que les contara la historia de ese lugar. Resulta que allí había nacido y vivido Johan Konrad Dippel, un alquimista del siglo XVII que estaba obsesionado con encontrar la cura contra la muerte y el secreto de la inmortalidad. Dippel llevó a cabo experimentos macabros; saqueaba tumbas, coleccionaba miembros humanos desmembrados y molía huesos que mezclaba con sangre para inyectar a los cadáveres con la esperanza de devolverlos a la vida (cosa que, claro, nunca funcionó). Mary Godwin nunca olvidaría esa historia, ni el nombre de ese lugar. ¿Cómo se llamaba? Frankenstein. 

El castillo (cuyo nombre que significa “Piedra de los Francos”) data del siglo XIII, y a lo largo de su historia pasó por las manos de varias familias nobles, y fue usado como refugio y hospital en diferentes guerras, hasta que quedó en ruinas en el siglo XVIII (sus distintivas torres son reconstrucciones del siglo XIX). Es también, junto con el espeso bosque que lo rodea, un sitio de leyendas sobre dragones y fantasmas.

Fuente:
https://en.wikipedia.org/wiki/Frankenstein_Castle



LOS LOBOS DE PARÍS

A finales de la década de 1430 la ciudad de París se vio asediada, no por un ejército enemigo, sino por una manada de lobos. Según la Chronique de Charles VII de Jehan Chartier, un grupo de lobos, hambrientos por la falta de comida de ese verano, entró en la ciudad (entonces realmente una villa amurallada en Île-de-France) en 1438 y devoraron a varias personas.

Las bestias estaban dirigidas por un lobo "terrible y horrible" apodado Courtant, porque no tenía rabo. En diciembre de ese mismo año y en el otoño de 1439 hubo otras incursiones de lobos al interior de la ciudad, en las que murió un número indeterminado de personas.

En los alrededores de París las manadas de lobos continuaron siendo una amenaza para los pobladores, hasta que en 1461, en un lapso de seis meses, fueron abatidos 221 animales.


JUICIO PARA UN HOMBRE LOBO

En 1685 un hombre lobo, antiguo burgomaestre de Ansbach, fue condenado a la horca. Por lo menos, eso era lo que creían los habitantes de aquel poblado de Alemania. El burgomaestre había sido un hombre cruel y perverso, y su muerte no fue lamentada por los pobladores. Pero cuando un vicioso lobo empezó a matar ganado y atacar a los niños de la localidad, los aldeanos supieron que se trataba del viejo malvado que volvía de la tumba para seguir atormentándolos (tal era la creencia de la época).

El lobo fue perseguido hasta que solito cayó a un pozo, donde los aldeanos lo estocaron hasta matarlo. Su cuerpo fue exhibido triunfalmente por las calles de la ciudad. Le pusieron ropas humanas y le cercenaron el hocico para poder ajustarle una máscara humana que le daba el aspecto del fallecido burgomaestre. Después, colgaron el cadáver como si fuera un criminal condenado a la horca.

Fuente: 

LA BESTIA DE GÉVAUDAN

Entre 1764 y 1767 un animal desconocido aterrorizó la campiña del sur de Francia. Era descrita por los testigos como un lobo monstruoso de pelaje erizado y larga cola, viciosamente agresivo, capaz de atacar a grupos de hombres adultos.

Se le adjudican más de 200 ataques a humanos, de los cuales más de la mitad habría resultado en la muerte para las víctimas. Eso sin contar los ataques contra ganado y animales domésticos.

El rey Luis XV estaba tan preocupado que envió una expedición para matar al monstruo. El famoso cazador François Antoine de Beauterne, arcabucero real, dio muerte a por lo menos tres grandes lobos grises, uno de los cuales fue identificado por los sobrevivientes y embalsamado para ser exhibido en Versalles. No obstante, los ataques continuaron hasta que el Marqués de Apcher organizó una cacería que dio muerte a un lobo más.

Estos sucesos han inspirado muchas leyendas adornadas con el folclor local. Se dice, por ejemplo, que la Bestia era un ser sobrenatural y que la bala del cazador que finalmente la mató era de plata y estaba bendecida. 

Teorías extravagantes sugieren que la Bestia podría haber sido un animal exótico, como una hiena, escapada de algún circo o zoológico. No obstante, lo más probable es que no se haya tratado de un solo animal, sino de lobos comunes, o quizá cruza de lobo y mastín, que realizaron diferentes ataques, los cuales el miedo colectivo y las supersticiones exageraron. En realidad, los ataques de lobos eran un problema relativamente común en los campos franceses de aquellos tiempos.

De hecho, en 1765 un lobo antropófago asoló la comuna de Soissons, al norte de París, donde asesinó a una mujer embarazada (los aldeanos extrajeron al feto y lo bautizaron antes de morir). Mató y mutiló a varias personas antes de ser cazado.




EL FANTASMA Y LA OSCURIDAD

Entre marzo y diciembre de 1898, los trabajadores de una vía ferroviaría en la región de Tsavo (Kenia) fueron aterrorizados por un par de leones comedores de hombres.

El coronel John Henry Patterson, ingeniero militar del ejército británico, tenía la misión de completar un puente ferroviario en 6 meses, pero la amenaza de los leones retrasó el proyecto. Con pocas armas de fuego, los puñados de trabajadores dispersos en campamentos a lo largo de kilómetros de vías férreas eran vulnerables a los ataques de los felinos. Además, los trabajadores eran en su mayoría provenientes de la India y no sabían cómo protegerse de los leones.

Estos animales se caracterizaron por su astucia y osadía. Conocían los puntos débiles por dónde atacar y burlaron las diversas trampas que los cazadores les colocaban. Además, eran dos leones machos que cazaban en pareja, algo insólito para la especie.

Los leones de Tsavo (nombre que significa "lugar de matanza") son peculiares: los machos no tienen melena, pero son más grandes que los de otras subespecies. La historia de cómo desarrollaron gusto por la carne humana es siniestra: Tsavo estaba en una antigua ruta de esclavistas árabes, que a menudo abandonaban a los esclavos muertos o heridos a merced de los leones locales.

Aunque investigaciones forenses modernas indican que los leones habrían devorado a 35 personas, Patterson aseguró en sus memorias que los muertos fueron 130, y que los animales a veces mataban por deporte sin comerse a sus víctimas.

Los trabajadores indios les tenían tanto miedo que dudaban incluso que fueran animales de carne y hueso; los creían demonios, y los llamaban "El Fantasma y la Oscuridad".

Patterson logró finalmente matar a ambas bestias. Sus cuerpos disecados se exhiben actualmente en el Museo de Historia Natural en Chicago.

Más información:

EL BESO DEL VAMPIRO

En 1914 Bela Kiss, vecino del suburbio de Cinkota, a las afueras de Budapest, fue reclutado para ir a pelear por el Imperio Austro-Húngaro en la Primera Guerra Mundial. Su ama de llaves, la señora Jakubec, se quedó encargada de cuidar la casa de Kiss, para entonces viudo.

Dos años más tarde, con Europa en plena guerra, el condestable de policía de Cinkota recordó que Kiss habia estado almacenando tambos con gasolina y pensó disponer de ellos para uso de los soldados. Al abrir uno de los tambos no hallaron gasolina, sino el cadáver de una mujer que había sido estrangulada y puesta en conserva. La mujer presentaba pinchaduras en el cuello y su sangre había sido drenada. Otros 23 cuerpos fueron encontrados en conserva en los toneles de Kiss.

La señora Jakubec, inocente de todo el asunto, dijo que Kiss con frecuencia llevaba a la casa mujeres que contactaba mediante anuncios en el periódico, ofreciendo servicios como astrólogo y ocultista.

En octubre de ese año la policía recibió el reporte de que Kiss se encontraba en un hospital militar en Serbia. Cuando los agentes llegaron, Kiss se había esfumado y en su cama yacía el cadáver de otro soldado. Nunca se supo qué pasó con el "Vampiro de Cinkota", como fue llamado, ni a dónde fue a parar la sangre de sus víctimas.


POGO, EL PAYASO ASESINO



John Wayne Gacy tenía un pasatiempo encantador: disfrazarse como Pogo el Payaso en eventos de caridad. Lo hacía de forma gratuita y por puro gusto, cuando podía escaparse un tiempo de su exitosa empresa de contratisas. Según sus palabras, esto le permitía regresar a su infancia.

Pero Gacy tenía una doble identidad. Fue un cruel asesino serial que le quitó la vida a 33 jóvenes, después de torturar y abusar sexualmente de ellos.

Gacy solía atraer a sus víctimas a su casa con engaños o amenazas. Solía embriagarlos y persuadirlos de que ellos mismos se pusieran unas esposas (mismas que usaba para hacer trucos en su papel de Payaso), y una vez indefensos, los violaba y atormentaba para después estrangularlos con una cuerda. Luego enterraba los cadáveres bajo su casa.

Gacy comenzó a ser investigado por las desapariciones de los jóvenes, muchos de los cuales habían tenido que ver con su negocio de construcción. Además, los vecinos se quejaban de los olores nauseabundos que provenían de su casa. Al final, un Gacy desequilibrado y ebrio confesó sus crímenes. Fue llevado a prisión en 1980 y y ejecutado por inyección letal 1994.

Saber más:

PSICOSIS

Psycho (Hitchock, 1960), The Texas Chainsaw Massacre (Hooper, 1974) y The Silence of the Lambs (Demme, 1991) son tres de las películas de horror más aclamadas de la historia. Los asesinos en serie que las protagonizan le han quitado el sueño al público cinéfilo durante décadas. Pero, ¿sabían que un solo asesino de la vida real inspiró a todos ellos?

Cuando Ed Gein fue arrestado por homicidio en 1957, se descubrió una verdadera galería del horror en su solitaria casa de Plainfield, Wisconsin. El lugar estaba lleno de trofeos hechos con huesos y piel humanos. Gein confesó el asesinato de dos mujeres y la profanación de múltilpes tumbas.

Como Norman Bates, Gein había sido enfermizamente cercano a su madre. Cuando ella murió, él preservó su habitación en estado prístino como si el tiempo no hubiera pasado. Asimismo Gein resultó ser un hábil taxidermista aficionado.

Como Leatherface, Gein tenía múltiples objetos hechos con piel y huesos, incluyendo utensilios de uso diario y muebles. Además, posesía máscaras de cuero humano que usaba en ocasiones. A Gain le fascinaban las historias de canibalismo y las atrocidades cometidas por los nazis. Como Buffalo Bill, Gein estaba confeccionando un traje hecho con piel de mujeres para él mismo transformarse en una y así (de nuevo, como Bates), entrar en la piel de su amada madre.

Tras ser hallado culpable y declarado demente, Gein fue internado en un hospital psiquiátrico hasta su muerte en 1984.





Espero que les hayan gustado estos verdaderos cuentos de miedo. ¡Feliz Noche de Brujas!

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