jueves, 30 de agosto de 2018

La violación de Bélgica




La historia de la Primera Guerra Mundial suele leerse como una tragedia, producto de la arrogancia y estulticia de los grandes imperios, más que como una lucha heroica contra el mal, como es el caso de la Segunda. Pero aquella Gran Guerra entre 1914 y 1918 no estuvo exenta de sus atrocidades, actos de violencia y abuso en los que no hay duda de cuál es la mano criminal. Incluso, hay actos de heroísmo. Ésta es la historia de la destrucción de Bélgica.

El brillante plan

Este pequeño país sobre las costas del Mar del Norte había obtenido su independencia en 1839, cuando se firmaron los Tratados de Londres para garantizar que el nuevo reino sería completamente neutral en cualquier conflicto europeo. El acuerdo fue aprobado por las principales potencias del continente, incluyendo al Reino Unido, Francia y Prusia.

Muchas décadas más tarde, cuando Prusia ya se había convertido en el Imperio Alemán, y el país más poderoso en la Europa continental, las tensiones con su vecina Francia anunciaban que una guerra llegaría tarde o temprano. Adelantándose a esta prospectiva, el mariscal Alfred von Schlieffen elaboró el plan de ataque que llevaría su nombre.

El Plan Schlieffen pretendía ser la receta para invadir Francia sin tener que pasar por sus formidables defensas, el sistema de fortalezas que se extendía a lo largo de la frontera con Alemania. Sería mucho más fácil, pensaban, atravesar Bélgica y Luxemburgo, países que no deberían ofrecer mucha resistencia, y asaltar Francia desde el norte.



Los planes de Alemania a lo largo de la Gran Guerra están llenos de wishful thinking. Pensaron que tal vez podrían ir a la guerra con Rusia sin que Francia interviniera. Incluso tuvieron el descaro de pedirle a Francia que entregara sus fortalezas fronterizas a manera de garantía por su neutralidad, siendo los alemanes los que necesitaba rogar porque Francia se mantuviera neutral.

Luego pensaron que podrían invadir Bélgica, violando los Tratados de Londres, no traería a Gran Bretaña a la guerra. Tenían la esperanza de llegar hasta París antes de que los británicos pudieran movilizarse. Por último, pensaron que podrían declarar una guerra submarina indiscriminada contra todos los navíos que cruzaran el Atlántico y aún así esperar que Estados Unidos se mantuviera neutral, o que Gran Bretaña se rendiría antes de que los americanos pudieran movilizarse.

En 1914 dieron otro de esos ejemplos de wishful thinking: que Bélgica dejaría pasar a las tropas alemanas por sus territorios, que se contentarían con mirar de lejos, que a lo mucho emitirían una protesta para no quedar mal. Que el ejército del Reich intimidaría tanto a los pacíficos belgas, que no se atreverían a ofrecer resistencia. Estaban equivocados.

El rey improbable



En 1904 el rey Leopoldo II[1] de Bélgica fue invitado por el káiser Wilhelm a pasar un tiempo en Berlín. Ahí, el imponente monarca de largas barbas y tipo marcial conoció lo que es palidecer de miedo. Wilhelm lo “invitó de la forma más amable” a considerar el proyecto de unirse al Imperio Alemán en una posible guerra contra Francia. A cambio, le entregaría parte del país galo derrotado.

Leopoldo se quedó boquiabierto y no halló nada más prudente que tomarse a broma lo que decía el Káiser. Pero a Wilhelm no le causó gracia y, en uno de sus característicos ataques de furia, vociferó que con él no se podía jugar y que quien no estaba de su parte estaba en su contra. En caso de guerra, no habría amistad que valiera, sólo consideraciones estratégicas. Leopoldo quedó en un estado de shock tal, que salió del palacio real con el casco puesto al revés.

El rey belga murió en 1909. Su heredero no era quien él habría querido. Hijo menor de un hijo menor, no se suponía que el príncipe Albert heredara el trono. Introvertido y reservado, tenía al mismo tiempo un hambre insaciable de lecturas y un amor al aire libre y la actividad física. Lo misma leía dos libros en un solo día, que pilotaba aeroplanos y escalaba montañas.



Como rey se tomó su trabajo muy en serio. Impulsó políticas progresistas para mejorar la calidad de vida de la gente. Quería creer que Alemania no violaría la neutralidad de Bélgica, no se hacía muchas ilusiones. Como monarca no tenía mucho poder en tiempos de paz, y no podía nombrar a jefes del Estado Mayor. Pero podía tener a un “asesor militar” y eligió para ese puesto a Emile Galet.

Galet era hijo de un zapatero en un reino en el que los altos mandos del ejército eran nacidos en la aristocracia. Mientras entre las mentes militares predominaba la doctrina de la ofensiva, el serio y dedicado Galet previó que en una guerra industrial la defensa tendría la ventaja. Con él a su lado, Albert tenía una clara visión del conflicto por venir.

A principios de agosto de 1914 sucedió lo que temían: el Reich envió un ultimátum a Bélgica. En él, acusaban a Francia de haber iniciado bombardeos contra ciudades alemanas y de estar avanzando hacia Bélgica. Si Bélgica permitía que las tropas alemanas pasaran sin problemas, prometían respetar la independencia del país, compensarlo económicamente por cualquier perjuicio sufrido durante la ocupación y sacar a su ejército tras el fin de las hostilidades. Todo era mentira.

Albert dijo que no.

La resistencia y la violación



El ejército belga ofreció una difícil pero valiente resistencia ante la invasión alemana. Albert dirigió las operaciones de defensa con su notable capacidad de planeación. Llamado “el primer soldado de Bélgica”, de los 200 mil que formaban su ejército, permaneció en el frente de batalla durante los cuatro años que duró la guerra y, siguiendo las estrategias defensivas de Galet logró mantener la esquina noroeste de su país fuera de la ocupación alemana. Para evitar que las tropas del Káiser llegaran al mar, Albert hizo romper diques para inundar caminos y campos, haciéndolos infranqueables. Cuando regresó a Bruselas, en 1918, fue recibido como héroe.

Pero hubo una buena parte de Bélgica que sí fue ocupada por los alemanes y allí fue donde ocurrió lo que los medios británicos llamaron The Rape of Belgium.

Los aristocráticos oficiales prusianos consideraban que los pueblos democráticos como el belga eran demasiado revoltosos y temían que se organizara una guerrilla civil. Desde las primeras semanas de la ocupación, las fuerzas alemanas usaron el terror para disuadir cualquier resistencia armada, y así vinieron las atrocidades.



Por toda Bélgica central y oriental, en las primeras semanas de la ocupación, los alemanes fusilaron civiles masivamente: Aarschot (156 muertos), Andenne (211), Tamiens (383), Dinant (674). Los soldados no distinguían entre hombres, mujeres y niños. Un rumor sobre posibles rebeldes era suficiente para hacer que los alemanes montaran en cólera y asesinaran a civiles de forma prácticamente aleatoria.

Además, las tropas se dieron a la violación como mecanismo de terror. No se sabe a ciencia cierta cuántas mujeres belgas fueron violadas por los alemanes, pero se considera que tal crimen era por lo menos tan común como los asesinatos. Ustedes piensen en los números.

Por alguna razón, las tropas se ensañaron contra miembros del clero católico. Decenas de curas y monjas fueron fusilados. En la provincia de Brabante, un grupo de monjas fueron desnudadas por los soldados con el pretexto de que podrían esconder armas o equipo de espionaje. Según algunos relatos, también ellas fueron violadas.

Poblaciones enteras fueron reducidas a cenizas y los pobladores fueron deportados u obligados a huir. Las iglesias y otros edificios altos eran derruidos por miedo a que pudieran ser usados por los francotiradores. En Leuven 248 personas murieron por el incendio provocado adrede por los alemanes, mismo que destruyó la milenaria biblioteca de la ciudad, junto con los manuscritos medievales que contenía. Los 10 mil habitantes del pueblo fueron expulsados por la fuerza.



Más de 100 mil civiles belgas fueron deportados hacia Alemania y obligados a trabajar en las fábricas de armas y municiones. Algunos de ellos también fueron llevados al frente occidental para construir caminos y búnkers para los alemanes.

Seis mil civiles fueron ejecutados durante la violación de Bélgica, y otros 17,700 murieron durante la expulsión, la deportación o el encarcelamiento. En total, 23,700 civiles belgas murieron a manos de los alemanes y más de 10 mil quedaron lisiados. Más de 18 mil niños quedaron huérfanos.

Los altos mandos militares del Imperio Alemán toleraron, y en algunos casos alentaron, estos crímenes.

Exterminate all the brutes!



Los Aliados aprovecharon esta situación a su favor. La destrucción de Bélgica era una muestra de la brutalidad germánica, la prueba de que el Reich representaba una amenaza para la civilización. Parecería difícil exagerar las atrocidades alemanas, pero la propaganda británica y francesa (y más tarde, la americana) lo hizo, reportando a menudo falsedades.

Con el paso de los años eso se volvió contraproducente. Ante las evidencias de que muchas de las acusaciones fueron exageradas o falsas, se empezó manejar el discurso de que todo lo ocurrido en Bélgica había sido un invento propagandístico. El negacionismo de estos crímenes se volvió parte del discurso revanchista teutón de entreguerras. Al mismo tiempo, la experiencia de los mismos marcó al ejército alemán.

Años antes, bajo el reinado de Leopoldo II de Bélgica, se cometió uno de los crímenes más atroces de la historia reciente: el genocidio de los nativos del Congo. Sometidos a la explotación, las matanzas y castigos brutales que incluían la mutilación, cerca de 15 millones de congoleses murieron entre 1885 y 1908. El Congo no era una colonia belga, sino propiedad personal de Leopoldo II, uno de los mayores genocidas de los últimos dos siglos.



Después, entre 1904 y 1908, el Reich había llevado a cabo otro genocidio, el de los pueblos Herero y Nama en las colonias alemanas del África Occidental: 65 mil víctimas mortales han sido reconocidas por la Alemania actual, pero el número ha sido estimado hasta los 100 mil. Para ello, se implementaron los primeros campos de concentración.

Al mismo tiempo que la destrucción de Bélgica ocurría, el Imperio Austro-Húngaro, aliado del Reich Alemán, llevaba a cabo sus propias atrocidades en Serbia. Para combatir la resistencia, los austriacos ejecutaron a prisioneros de guerra, asesinaron civiles y llevaron a cabo violaciones masivas. Unos 3,500 civiles serbios perdieron la vida sólo en las primeras dos semanas de la invasión austriaca; 450 mil en total durante los cuatro años de guerra. Por órdenes de Conrad von Hötzendorf, los ejecutados eran colgados en lugares públicos y se les tomaban fotografías para distribuirlas como instrumentos de terror.



La otra de las Potencias Centrales, el Imperio Turco Otomano, superó a sus aliadas. A partir de 1915 y durante el resto de la guerra, e incluso más allá, los turcos llevaron a cabo el exterminio sistemático de los armenios en su territorio, de quienes se temía que pudieran ayudar a Rusia a atacar al Imperio. Hombres, mujeres, niños, ancianos, fueron ejecutados en masa, obligados a trabajar hasta morir, o forzados a marchar a través de los desiertos de Siria hasta que fallecían. Un millón y medio de armenios perdieron la vida. El gobierno alemán se hizo a la vista gorda, a pesar de los reportes de sus alarmados dignatarios en Turquía.

Todos estos crímenes, que merecen ser tratados cada uno por su cuenta, son antecedentes de la brutalidad con la que las huestes de Hitler marcharían sobre Europa dos décadas más tarde. El camino hasta Auschwitz fue largo y sinuoso, y en 1914 pasó por Bélgica.

Fuentes:




[1] Como dato curioso, Leopoldo era el hermano de Carlota Amalia, emperatriz de México y esposa de Maximiliano de Habsburgo.

viernes, 24 de agosto de 2018

Conrad von Hötzendorf: Vida y milagros de un pendejo con iniciativa




Como lo he hecho desde 2014 hasta el presente, he querido dedicar algunas entradas cada año para conmemorar el centenario de la Primera Guerra Mundial, empezando por aquí. Pues bien, en esta ocasión quiero platicarles de un personaje al que no he mencionado casi para nada en este blog: Conrad von Hötzendorf.

¿No les suena? Su nombre ha caído en relativa oscuridad frente a otros protagonistas de la “guerra para acabar con todas las guerras”. ¿Qué pasaría si les dijera que este tipín es uno de los principales responsables de que haya iniciado el conflicto y de que haya salido tan mal? Tan es así que ha sido descrito como “la clase de oficial más peligrosa: tan estúpido como enérgico” y su biógrafo Lawrence Sondhaus lo llamó “Arquitecto del Apocalipsis”. Aunque más bien fue como "el feto ingeniero del Armagedón". Acompáñenme a ver esta triste historia.

Franz Xaver Joseph Conrad Graf von Hötzendorf nació en 1852 en el seno de una familia austriaca, de ésas en las que todos los miembros varones tenían que ser militares porque no podían concebir otra profesión digna que la de repartir cañonazos. De joven se destacó en el campo de batalla y también por sus impulsos reformistas que chocaron con las ideas arcaicas de la vieja guardia. Eso fue hasta que Hötzie, como era llamado por absolutamente nadie, se volvió viejo y lleno de ideas arcaicas.



Verán, desde que el Imperio Austriaco se convirtió en el Imperio Austro-Húngaro, tras la derrota frente a Prusia de 1866, los austriacos no habían peleado con ningún país importante, y su clase militar era bastante anticuada. El campo de batalla en el que se destacó Hötzie fue el de la represión de una revuelta en Dalmacia contra el Imperio. Así que ni él, ni realmente nadie, tenía idea de cómo se iba a luchar una guerra contra un enemigo que de hecho supiera devolver los balazos.

Los papanatas en altos puestos militares abundaron durante la Primera Guerra Mundial, en especial en los primeros meses, cuando se hizo evidente que nadie sabía lo que estaba haciendo. Así que Hötzie en realidad tenía las mismas ideas estúpidas que la clase militar de su tiempo, a saber:

  • ¡Qué armas modernas ni que niño muerto! Elegantes cargas de caballería en campo abierto y peleas a bayonetazos son lo que definirá las guerras del futuro. Lo más importante no son las armas, sino la voluntad de conquista. No importa que mandemos a nuestros jóvenes sin equipo ni preparación a lanzarse de frente a una ametralladora si están imbuidos con el espíritu de lucha.
  • ¡Estrategia defensiva! ¡Eso es de maricas! ¡Hay que atacar, atacar y atacar, oleada tras oleada! Esconderse detrás de una fortaleza amurallada disparando desde la seguridad de un parapeto a un ejército enemigo es lo más tonto que alguien podría hacer.
  • ¡Nuestros enemigos conspiran contra nosotros y quieren aniquilarnos! ¡Tenemos que atacarlos ya! ¡A la primera sospecha de que nos ven feo, movilizar a todo nuestro ejército o nos destruirán a todos! ¡Nos destruirán a todos! ¡Nos destruirán a todos!
  • Meh, total la guerra va a acabar en unos cuatro o cinco meses.



Hötzie tuvo una exitosa carrera, e hizo fama como maestro y teórico, la cual llegó a oídos del heredero al trono imperial, el desafortunado Archiduque Franz Ferdinand, quien lo recomendó para ser el Jefe del Estado Mayor. Así, en 1906 Conrad llegó a tener el mando supremo del ejército austro-húngaro a pesar de su casi inexistente experiencia en combate. Vamos bien.

Como mucha de la clase aristocrática de su época, Von Hötzendorf era un fiel creyente en las doctrinas del darwinismo social, y estaba convencido de que la vida era una lucha constante por la supervivencia del más fuerte y de que el conflicto bélico era una condición inevitable para la existencia de las naciones. Desde su lugar como alto mando militar, se dedicó a difundir estas ideas entre los oficiales y a predicar la necesidad de la guerra preventiva.

Conrad estaba seguro de que era necesario atacar a Serbia, Italia y Rumania, sus vecinos más débiles, antes de que tuvieran la oportunidad de aliarse con alguno de los países verdaderamente fuertes como Rusia. Cada vez que sucedía alguna crisis, mientras los diplomáticos trataban de calmar los ánimos, Conrad se dedicaba a pregonar que la guerra era el único curso de acción viable. En no menos de 30 ocasiones distintas antes de 1914, Hötzie propuso al emperador Franz Joseph que dejara de discutir y se fueran todos a los catorrazos.

El Imperio Austro-Húngaro

Esto exasperaba a Alois Lexa von Aehrenthal, el ministro de relaciones exteriores, quien estaba tratando precisamente de no hundir al viejo imperio en una guerra de proporciones continentales (pensaban, los muy ingenuos, que a lo mucho la guerra iba a ser continental). El archiduque Franz Ferdinand, por cierto, era otro personaje decididamente comprometido a evitar a toda costa el estallido de un conflicto.

Aehrenthal vio la oportunidad de deshacerse de Hötzie cuando se supo el escándalo de que se andaba ligando a una señora casada, la aristócrata Virginia von Reininghaus, y logró hacer que lo despidieran en 1911. El despido no duró mucho, porque el ministro se murió pronto y a Conrad lo reinstituyeron al año siguiente.

A finales de julio de 1914, Gavrilo Princip, un joven serbio con 19 años y cara de idiota, vio pasar el coche del Archiduque por una calle de Sarajevo y decidió pasar a saludarlo a él y a su esposa con un par de balazos. El heredero al trono de Austria-Hungría había sido asesinado y así los dos hombres que intentaban impedir que la guerra estallara estaban fuera del camino. Nadie estaba ahí para discutirle a Conrad cuando susurrara al oído del viejo emperador que lo que había que hacer era invadir Serbia.

¿Con todo y que si atacamos Serbia, Rusia nos va atacar, y si hacemos eso, Alemania va a atacar a Rusia, y si hace eso Francia va a atacar a Alemania, y si hace eso Alemania va a invadir Luxemburgo y Bélgica y si hace eso Gran Bretaña va a atacar a Alemania? Sí, vámonos contra Serbia, alv. Y ahí lo tienen: una guerra continental europea que en cosa de meses se volvería mundial.



Entonces viene el papel que jugaría nuestro bigotón amigo en la guerra ya iniciada y que sería, por decirlo amablemente, un completo desastre. En sólo los primeros cinco meses de la guerra, bajo el liderazgo de Hötzie, 189 mil soldados austro-húngaros perderían la vida y 490 mil serían heridos y otros 278 se perderían en acción o sería capturados por los enemigos.
   
La conquista de Serbia, según él un país pequeñuelo que no debía causarle mayores problemas al enorme imperio de los Habsburgo, se debía dar en un par de meses, antes de que Rusia pudiera movilizarse contra Austria y Alemania. Pues la conquista de la valiente nación eslava por parte de los austro-húngaros sólo se completó hasta 1915, más de un año después de que iniciara.

Obviamente en ese tiempo Rusia invadió el Imperio Austro-Húngaro y a Conrad se le ocurrió la maravillosa idea de enviar al ejército a enfrentarlo a través de la cordillera de los Cárpatos. A un ejército que no tenía el equipo para pelear en la nieve, el entrenamiento para escalar montañas o siquiera zapatos decentes. A pelear contra los putos rusos, para los cuales batirse desnudos contra osos borrachos en la cima de los Urales se llama “jueves”. Fucking genius! La cosa salió tan mal que los soldados austriacos fueron masacrados sin misericordia y a los heridos se los comieron los lobos. Eso ultimo no es broma.



El desastre en los Cárpatos fue tan absoluto que Austria-Hungría sería incapaz de tener victorias y consolidar el frente oriental sin la ayuda de los alemanes, que en las guerras mundiales siempre se ven en la necesidad de ayudar a sus aliados buenos para nada (te estoy viendo a ti, Italia).

Pero además de todo, Conrad no dejaba de meterse en problemas con todo el mundo, así fuera con el príncipe heredero Karl, el primer ministro húngaro István Tisza o el general alemán Erich von Falkenhayn. Cuando el carcamán de Franz Joseph por fin estiró la pata en 1916, a Hötzie se le acabaron los amigos poderosos, y Karl le retiró el mando del ejército austriaco.

Nuestro héroe fue enviado al frente del Tirol, donde el imperio Austro-Húngaro se batía sin llegar a ningún lado contra los italianos. Ellos tampoco conseguían gran cosa, porque de su lado estaban bajo la dirección de Luigi Cadorna, un jenio militar a la altura de Von Hötzendorf. El frente era característico de la Primera Guerra Mundial: jóvenes yendo a morir estúpidamente sin que ninguno de los bandos pudiera hacer avances significativos. Esto fue así hasta que, de nuevo, los alemanes llegaron a mostrar cómo se hacen las cosas.



En 1918 la gente estaba harta de la guerra que los oficiales, aristócratas y políticos habían iniciado, pero que el pueblo llano tenía que pelear y sufrir. Las presiones para firmar un armisticio aumentaban cada día más, y Conrad, que era de los que querían continuar con la guerra, perdió todo mando militar, en un intento del gobierno de salvar su legitimidad. Era demasiado tarde: el Imperio Austro-Húngaro colapsó en otoño de ese mismo año y quedó dividido en Austria, Hungría, Checoslovaquia y Yugoslavia. Hötzie se dedicó a rumiar el resto de su vida sin admitir jamás sus errores, hasta que murió en 1925.

Sería exagerado decir que Conrad inició la Primera Guerra Mundial. Esta tragedia se fue gestando a lo largo de los años y múltiples factores muy complejos contribuyeron a su desarrollo. Pero no podemos soslayar el hecho de que Hötzie fue el principal instigador de la invasión a Serbia, hecho que inició el conflicto en primer lugar.

También sería simplista decir, como se ha hecho, que Conrad se fue a la guerra para impresionar a su amada Virginia, quien en un principio lo tenía bien friendzoneado (quizá porque tú eras casado, Hötzie, y ella también). Pero es cierto que en las cartas que le escribía a ella (literalmente miles a lo largo de los años) se mostraba su carácter melodramático, obsesivo, hipersensible y autocompasivo. No precisamente las cualidades que se requieren de quien comandaba a uno de los mayores ejércitos de Europa en una guerra industrial de larga duración.



Conrad era un buen conocedor de la teoría y la historia militar, y se le podrían disculpar sus primeros errores en el campo de batalla por su falta de experiencia real, pero el caso es que tampoco aprendió de ellos. Cometió una y otra vez los mismos desaciertos: subestimar a sus enemigos, desestimar las carencias que sufría su propio ejército, ignorar factores climáticos y de terreno a la hora de planificar sus ataques y, sobre todo, estar ciego al hecho de que la guerra moderna ya no era como la de su juventud, y de que un montón de soldados de infantería no puede enfrentar las balas de una ametralladora con el puro “espíritu de conquista”.

Ahora, lo justo es decir que las tonterías en las que Conrad von Hötzendorf creía no eran exclusivamente suyas. Otros casos notables de incompetencia que costó miles de vida incluyen:

  • El general francés Victor-Constant Michel adivinó que los alemanes querrían invadir Francia pasando por Bélgica e ideó una estrategia defensiva que habría podido salvar al país de la invasión y ahorrar muchas muertes innecesarias. El Estado Mayor francés le dijo que su plan era una locura (la defensa era de maricas, recuérdese) y fue despedido.

  • Los soldados franceses vestían pantalones bombachos azules y chalequitos rojos culeros desde el siglo anterior. El ministro de guerra Adolphe Messimy quiso reformar los uniformes para que los soldados no fueran blancos fáciles, pero se enfrentó a la negativa de básicamente todo los oficiales. El cambio no se dio hasta que vieron que matar a garzones vestidos de rojo y azul en campos verdegrises es extremadamente fácil para un solo alemán con ametralladora.

  • Vladimir Sukhumliov era un viejito glotón y perezoso que ocupaba el cargo de Ministro de Guerra en la Rusia zarista. No se encargaba de su trabajo y nadie lo quería, excepto la zarina, porque el señor se dedicaba a hacerle carantoñas y a alabar la sabiduría de Rasputín. Seguro de que la guerra no había cambiado en los últimos 50 años, ponía cara de fuchi cada vez que la hablaban de modernizar el ejército. Cuando Rusia entró a la Primera Guerra Mundial, sus soldados no tenían suficiente equipo, alimentos, municiones o siquiera botas.

  • Y bueno, no podríamos dejar de mencionar al Kaiser Wilhelm II, quien dedicó toda su vida a tomar las peores decisiones concebibles. No quería la guerra, pero la provocó alienando a sus aliados con su actitud bravucona, porque pensaba que haciéndole bullying a todo el mundo iba a lograr que respetaran a Alemania.




Son sólo algunos ejemplos de los “asnos que comandaban leones” como dice el cliché de la Gran Guerra. Es lo que sucede cuando las riendas de la nación quedan en manos de hombres necios, cortos de visión, caprichosos, volátiles, llenos de ideas retrógradas y más dados a pensar con el hígado que con la cabeza. Peor si estos individuos tienen el poder no por sus propios méritos, sino porque pertenecen a una clase social privilegiada que les asegura pase directo a puestos de mando sin haber tenido que iniciar desde abajo.

Así que ahí lo tienen, no sólo una curiosidad de la historia, sino también una lección para el presente: los pendejos con iniciativa pueden hacer muchísimo daño, así que hay que mantenerlos lejos de las palancas del poder.

Fuentes:



jueves, 16 de agosto de 2018

Lenguaje, racismo y mame



Hola. Texto rápido porque ando con los preparativos del regreso a clases. Rápido y ya un poco tardado, porque eso fue mame de hace dos semanas o más, creo. El caso es que entonces anduvo circulando la imagen de esta chava sosteniendo este letrero, lo cual le generó bastantes burlas y mala leche, pero también bastante apoyo y contraburlas hacia los que se burlaron primero. Así que, para bajarle al mame, aclaremos algunas ideas.

¿Es racista querer aprender francés o inglés en vez de una lengua indígena? No, no lo es. ¿Hay racismo implicado en el hecho de que más personas aprendan francés o inglés que lenguas indígenas? Sí, sí lo hay. ¿Cómo es eso? Ponga atención, joven. 

El problema surge de un error bastante común tanto entre los que pugnan por la justicia social como los furibundos defensores del statu quo: confundir las dimensiones sociales e individuales de estos fenómenos. Vamos por partes.

El que una persona decida aprender inglés (no digo francés, es mucho menos común) no tiene que ver con sus actitudes o prejuicios racistas como individuo. Para empezar, ¿cuántas personas tienen la oportunidad de aprender bien un segundo idioma? No es como que haya muchas clases gratuitas y públicas de alta calidad, en las que una persona pueda escoger cualquier idioma de un menú.  No es como que a la gente le ofrezcan por igual aprender inglés o maya, y digan "ay no, maya es una lengua de indios feos, fuchi". No, si una persona tiene acceso a clases de un segundo idioma, lo más probable es que éste sea inglés. Simplemente, es lo que hay disponible.

Luego, pero no menos importante, está que una persona por lo general no aprende idiomas por puro gusto. Ése es un privilegio que sólo se puede dar una minoría con tiempo y dinero a la mano (por no mencionar que no todo el mundo tiene el don de lenguas). Quienes lo hacen es pensando en las oportunidades laborales y académicas que eso puede abrir. Es decir, por necesidad o por practicidad. De la misma manera que a los hablantes de lenguas nativas les es más conveniente aprender español que otra lengua indígena: lo necesitan.

Pero, ¿por qué lo necesitan? Porque el inglés es la lengua más hablada del mundo como segundo idioma. Es de hecho la lingua franca del mundo contemporáneo, con todo y que otras lenguas como el chino, el árabe o el español tienen más hablantes nativos. Y es ahí donde entra el componente racista, no en lo individual, sino en los social y lo histórico, porque no es culpa de uno que aprender inglés sea lo conveniente en este mundo, pero tampoco es casualidad que sea el inglés y no el suajili la lingua franca del planeta. O el español y no el náhuatl la lengua hablada en México, si a ésas vamos.

Las lenguas que se vuelven internacionales no porque sean bonitas, o prácticas o fáciles de aprender, o porque a la gente les gusten, sino porque son las que hablan los grupos, las sociedades, las naciones que tienen el poder, ya sea militar, económico o político, pero por lo general, los tres. Y ese poder se ha logrado históricamente con la violencia de unas gentes sobre otras, violencia que a menudo se justifica con la superioridad de la cultura, la religión o la raza. Hablamos una lengua descendiente del latín y no del fenicio porque los romanos barrieron con los cartagineses, y hablamos castellano porque los españoles barrieron con las civilizaciones nativas (y sus descendientes criollos y mestizos continuaron haciendo el trabajo). Y es el inglés porque el imperialismo estadounidense, y antes el británico, se han impuesto en el mundo a cañonazos.

Entonces, el acto individual de escoger un segundo idioma para aprender no es racista. Pero el hecho de que aprender algunos idiomas (y otros no) sea conveniente proviene de factores históricos y culturales indudablemente relacionados con el racismo y otras formas de discriminación. No es culpa personal de nadie, pero es algo que hay que reconocer. Sin mencionar que hay actos relacionados con el lenguaje que sí son racistas a nivel individual. Por ejemplo, discriminar a personas que no hablan bien el español porque su primera lengua es indígena. O llamar "dialectos" a las lenguas indígenas, como si esa palabra significara "lenguas chafitas". O usar indio o negro de modo peyorativo. O llamar chinos a todos los asiáticos. Y así.

¿Será real? Tengo mis sospechas...

Cuando vi por primera vez la foto de la chava pensé, como muchos otros, "sta pndja". Rodé los ojos ante otra persona más que venía a sermonearnos en Internet, como si hicieran falta de ésos. Pero luego pasaron dos cosas. Uno, vi que la raza se pasó de culera con la pobre morra. No es que no hiciera falta un "estás equivocada y aquí va el porqué", pero la bandita se clavó en tirar mala leche inmerecida y completamente sacada de proporción. Que si te acusan de ser mala persona, no te defiendes portándote como una mierda, carajo.

Dos, supe que el cartel era resultado de un taller contra el racismo, que otros participantes hicieron letreros similares. Entonces, como dice mi novia, a lo mejor la chica está equivocada en su búsqueda de ejemplos de racismo, pero lo estaba haciendo en un ejercicio para aprender a identificar el fenómeno, y en ese caso merece que le den chance, caray. Y todos tendríamos que participar de ese mismo ejercicio, en vez de negar el racismo en nuestra sociedad, como muchos hicieron en respuesta al letrero.

Pero también hubo mame del otro lado, cuando salieron a defender no sólo a la chica, sino a su premisa, valiéndose del principio falaz de que cuestionar de cualquier forma si algo es discriminatorio o no, es discriminatorio en sí mismo y demuestra la validez de la denuncia de discriminación. O algo asó. Es decir, confundir gimnasia con magnesia, y bien fuerte.

Desde hace tiempo que se denuncia en las redes la excesiva responsabilidad que se pone en los actos individuales de la gente común en cuanto al tema de la protección ambiental. Es decir, que nos enfocamos mucho en criticar los hábitos y costumbres de las personas (como el mame con el popote), cuando lo que más hace daño son las corporaciones y los gobiernos. 

Quizá valdría hacer un ejercicio análogo con respecto a la justicia social, y preguntarnos si no se está adjudicando una responsabilidad desproporcionada a las personas individuales por sistemas enormes que existen desde antes de que nacieran y sobre los que no pueden hacer gran cosa. No lo digo para negar las responsabilidades individuales, sino para refinar la conversación. Igual entiendo el cansancio de muchas personas de que todo el tiempo les estén diciendo, desde una posición de superioridad moral, que son unos jodidos monstruos hasta por las cosas más inocuas y cotidianas. Eso genera un bloqueo y una cerrazón para comprender cuáles de sus actitudes pueden ser negativas y en qué magnitud.

En fin, como siempre digo: por eso no pinches podemos tener nada bonito.




PD: Chumel está bien pendejo, la neta

jueves, 2 de agosto de 2018

Mujeres que patean traseros: África




¡Conocemos tan poco de la historia y las culturas de África! Nuestra educación es rígidamente eurocentrista, pero además hay pocas opciones para aprender en los medios de comunicación de masas, ya sea en la cultura pop o esas publicaciones “de interés general”. La imagen de África como una tierra salvaje poblada por gente semidesnuda que idolatra y/o se quiere comer a los bravos aventureros blancos es difícil de arrancar de nuestra cabeza. ¡Ya ni hablar del olvido en que tenemos a las raíces africanas de la cultura latinoamericana!

Aprovechando la popularidad de Black Panther, quise ponerme a leer un poco sobre el continente africano. Así he topado con algunas historias de mujeres extraordinarias que les traigo a continuación. Voy a omitir las reinas de Egipto, porque son tantas que da para un texto completo, además de que la historia de esa civilización es en general más conocida. Si quieren saber más, tengo un par de entradas sobre grandes civilizaciones africanas.  

Este texto no pretende ser más que una embarradita para despertar la curiosidad sobre estos temas, tan amplios como desconocidos. Y claro, recordar que en todas las épocas y lugares han surgido MUJERES QUE PATEAN TRASEROS.


AMANIRENAS: LA REINA QUE DESAFIÓ A ROMA

Época: Siglo I de la Era Común
Civilización: Kush, en el actual Sudán



El Reino de Kush se encontraba al sur de Egipto, que recientemente había sido anexado por el Imperio Romano. En el año 27 AEC, los kushitas, temiendo que su reino fuera el próximo, atacaron el Egipto romano por sorpresa, dirigidos por la kandake (reina) Amanirenas. Las crónicas romanas la describen como una mujer valiente y de aspecto fiero, pues no tenía un ojo.

Bajo el liderazgo de Amanirenas los kushitas derrotaron a los romanos, tomaron dos de sus ciudades y regresaron a casa victoriosos, con prisioneros de guerra y un cuantioso botín, el cual incluía estatuas del emperador Octavio Augusto. Sin embargo, un contraataque dirigido por Cayo Petronio, prefecto romano de Egipto, expulsó a los kushitas del territorio conquistado.

Aminarenas demostró su valor y ferocidad en los siguientes enfrentamientos, que finalmente obligaron a los romanos a llegar a un acuerdo. Los kushitas ya no atacarían Egipto, y a cambio mantendrían su independencia y no tendrían que pagar tributos a Roma. Amanirenas hizo enterrar la cabeza de una de las estatuas de Augusto bajo el suelo a la entrada de su palacio real, para que así pudiera caminar sobre la cabeza de su enemigo al entrar y salir.


GUDIT: LA MUJER QUE DESTRUYÓ UN IMPERIO

Época: Siglo X de la Era Común
Civilización: Sidama



El Imperio de Aksum, en la actual Etiopía, llegó a ser tan poderoso que sobrevivió a su rival Roma por varios siglos. Sin embargo, para el siglo X había entrado en decadencia. Entonces llegó una invasora que le puso un punto final. Su nombre era Gudit o Judith y no se sabe de dónde vino, pero en pocos años asoló el otrora magno imperio, ocupó el trono, quemó iglesias cristianas, destruyó monumentos y casi exterminó a la clase gobernante de Aksum.

Hay pocos datos históricos de ella, pues aparentemente su pueblo o no tenía escritura o simplemente decidió no dejar registros escritos. Lo poco que se sabe está plasmado en fuentes de cronistas árabes y bizantinos de la época; por ejemplo, sabemos que le mandó de regalo una cebra al rey de Yemen, en señal de amistad. La tradición oral de Etiopía le atribuye muchas otras acciones y se conservan algunas estelas que la conmemoran.

Según la tradición, Gudit era judía (de ahí su hostilidad al cristianismo), por lo que se ha especulado que pertenecía a la etnia agaw, algunas de cuyas tribus adoptaron el judaísmo. Sin embargo, lo más probable sea que perteneciera al pueblo sidama, que habitaba al sur de Etiopía (y Gudit invadió desde el sur), que eran todavía paganos (por eso el afán contra el cristianismo) y que tenía tradiciones de grandes matriarcas.


AMINA: QUIEN DIRIGIÓ A 20 MIL HOMBRES EN COMBATE

Época: Siglo XVI
Civilización: Zazzau en la actual Nigeria



La vida y obra de Amina (también llamada Aminatu), se confunde entre las leyendas. Los historiadores piensan que se trata de una persona real, pero se desconoce la cronología exacta de su reinado.

Se dice que de pequeña demostró actitudes belicosas y que de joven no quiso casarse para no perder su independencia. Ella era la nieta del emir de Zazzua, y al morir su abuelo y sus padres, su hermano heredó el trono. Mientras él gobernaba, ella se dedicó al arte de la guerra y llegó a convertirse en una capitana respetada por el ejército.

Tras la muerte de su hermano, se convirtió en la primera reina de Zazzau. A la cabeza de un ejército de 20 mil hombres, a los que ella lideraba en batalla, convirtió al emirato en un estado poderoso e importante en las rutas comerciales Se le atribuye haber hecho construir murallas para proteger las ciudades de la región.


NZINGA: LA REINA QUE MANTUVO LIBRE A SU PUEBLO

Época: Siglo XVII
Civilización: Ambundu



Nzinga fue la soberana de los reinos de Ndongo y Matamba, en la actual Angola. A pesar de que pertenecía a una familia plebeya, y de que su género la descalificaba para gobernar, su extraordinaria habilidad política la llevó convertirse en reina.

Brillante estadista y estratega militar (en ocasiones ella misma lideró a sus ejércitos en combate), pudo mantener su reino a salvo de amenazas internas y externas, incluyendo otros reinos africanos, y sobre todo, la expansión imperialista de los portugueses en el continente. A estos últimos los supo mantener a raya mediante hábiles negociaciones, con lo que preservó la independencia de su reino hasta su muerte.

En una ocasión, el gobernador portugués la invitó para entablar un diálogo, pero la quiso obligar a sentarse en una alfombra en el suelo, como señal de la superioridad del europeo. Al ver esta situación Nzinga hizo que sus sirvientes se colocaran sobre la alfombra y luego ella se sentó sobre sus espaldas para quedar a la altura del portugués, con lo que quería decir que sólo negociaría con los europeos en calidad de iguales.

Existen leyendas acerca de un harem de hombres a disposición de Nzinga. Supuestamente cada noche sus esclavos combatían a muerte por el privilegio de yacer con ella, quien sólo los usaba en una ocasión y luego los ejecutaba. Esta "leyenda negra", popularizada por el Marqués de Sade, no tiene bases históricas más que la misoginia con la que se suele tratar la figura de mujeres poderosas.


AQUALTUNE: DE PRINCESA A ESCLAVA Y A REINA

Época: Siglo XVII
Civilización: Kongo



Aqualtune era una princesa, hija del soberano del Reino del Kongo. Dirigió personalmente a sus tropas en la Batalla de Mbwila contra los portugueses que invadían el reino. Los portugueses ganaron la batalla y masacraron a los congoleses, ejecutaron al rey y capturaron a sus hijos, llevándolos como esclavos a las plantaciones en Brasil. Ella misma fue capturada y convertida en esclava; como muchos de sus compatriotas, sufrió la traumática travesía por el Atlántico.

Poco después de haber llegado a Brasil, Aqualtune, embarazada, huyó con algunos de sus guerreros hacia la selva, en donde fundó Angola Janga (hoy Palmares), un reino africano en medio de la selva del Amazonas… ¡Muy adecuado nombre, por cierto! Desde Angola Janga, los soldados de Aqualtune asaltaban los asentamientos europeos, recibían a los esclavos escapados de las plantaciones portuguesas e impedían el avance colonial hacia el interior del continente.

Su hijo Ganga Zumba reinó como un gobernante poderoso, pero el apogeo de Angola Janga llegó a su fin en 1694 cuando tropas portuguesas destruyeron la comunidad y masacraron a su población.


LAS ÚLTIMAS REINAS DE MADAGASCAR

Época: Siglo XIX
Civilización: Madagascar



En sus últimos años como nación independiente, Madagascar fue gobernado por cuatro célebres reinas. La primera de ellas es Ranavalona I (1778-1861), quien se caracterizó por su férreo domino. Gobernó por más de 30 años, durante los cuales extendió su dominio por toda la isla (que hasta entonces comprendía varios reinos) y practicó una política aislacionista para proteger a Madagascar de los intereses europeos. También mandó a construir un palacio enteramente hecho con madera; hasta entonces, la estructura más grande de la isla. Es recordada un poco como heroína nacional, pero también como tirana, por la dureza con la que persiguió a sus opositores. 

A su muerte la sucedió su hijo, el rey Radama II, quien murió pronto y sólo gobernó tres años. Entra en escena  Rasoherina (1814-1868), esposa del difunto rey. La costumbre la obligaba a contraer nupcias con el hombre que ocuparía el puesto de primer ministro. A partir de entonces no volvería a haber reyes en Madagascar, sólo primeros ministros, y las siguientes dos soberanas serían reinas.


Así, Rasoherina se casó con Rainivoninahitriniony, aunque su matrimonio fue simplemente una alianza política. Cuando el primer ministro resultó ser un borracho abusivo, la reina lo destituyó y nombró a otro en su lugar, Rainilaiarivony, quien ocuparía el puesto bajo el mandato de las tres últimas reinas.

El gobierno de Rasoherina se caracterizó por su apertura hacia Occidente. A pesar de un complot para poner en el trono a un príncipe, Rasoherina se encargó de que su sucesora fuera su prima Ranavalona II. La reina, sabiéndose gravemente enferma y próxima a su muerte, convocó a su pueblo y dijo “¡aquellos que aprueben mi reinado, caminen conmigo!”. Una enorme multitud marchó junto con ella por las calles de la capital Antananarivo.



Ranavalona II (1829-1883) es recordada por haber cristianizado la corte de Madagascar. Se convirtió al cristianismo por motivos políticos, esperando atraer la creciente facción cristiana del país a su bando y así mantener la independencia. También se le recuerdan las medidas que impuso para frenar la deforestación de la isla y proteger los bosques.



Ranavalona III (1861-1917) sería la última reina de Madagascar. Durante los 14 difíciles años de su reinado dedicó sus esfuerzos a mantener a raya los intereses colonialistas de Francia mediante acciones diplomáticas con Gran Bretaña y Estados Unidos. Sin embargo, todo esto resultó fútil. Dos guerras con Francia terminaron con la conquista de Madagascar en 1897. Ranavalona fue exiliada en Argel, donde pasó el resto de sus días como prisionera en una lujosa villa.


MINO: LAS AMAZONAS DE DAHOMEY

Época: Siglo XIX
Civilización: Dahomey



El reino de Dahomey, en el actual Benin, era una sociedad de orgullosa tradición guerrera, llamada por los europeos "la Esparta Negra". Uno de sus mayores orgullos era el cuerpo de mujeres guerreras, las Mino (o "amazonas", como las llamaron los europeos). Eran mujeres entrenadas en combate desde su juventud, preparadas para resistir al dolor y al cansancio y luchar sin dar cuartel al enemigo. Las Mino eran muy temidas por las naciones rivales de Dahomey y rara vez conocieron la derrota. Incluso los conquistadores franceses les temían.

Se cree que el origen del cuerpo se remonta al siglo XVIII, y probablemente partiera de tradiciones ya existentes, como la costumbre de los reyes de tener guardias personales compuestas por mujeres, o las partidas de cazadoras de elefantes (llamadas Gbeto), que se caracterizaban por su ferocidad.

Las guerreras ocupaban un lugar de honor en la sociedad de Dahomey. Vivían en el palacio y se les asignaba una dotación que incluía alcohol, tabaco y esclavos. Los hombres tenían prohibido tocarlas sin su consentimiento, bajo pena de muerte para el infractor. Sé lo que están pensando y sí: ellas son la principal inspiración para las Dora Milaje, las mujeres guerreras de Black Panther.

Tras la conquista francesa en la década de 1890, el cuerpo de las Mino fue disuelto. Se dice que tras la derrota algunas de ellas sedujeron a los soldados franceses en sus campamentos y luego los asesinaron mientras dormían. En 1978, un historiador encontró a la última Mino sobreviviente. Su nombre era Nawi y aún relataba sus combates contra los franceses. Murió al año siguiente con más de un siglo de edad.


LA REVUELTA FEMENINA QUE DOBLEGÓ AL IMPERIO BRITÁNICO

Época: siglo XX
Civilización: Nigeria



En la cultura nigeriana las mujeres gozaban de una equidad inusitada: podían participar en el gobierno y en la economía, y a su vez se esperaba que los hombres ayudaran en el hogar. Esto era visto por los conquistadores británicos como un signo de barbarismo, una situación inaceptable que conducía al desorden. Las leyes británicas privaron a las mujeres nigerianas de muchos de sus derechos tradicionales y abolieron sus órganos de gobierno.

Aun así las mujeres nigerianas mantuvieron una vigorosa tradición de organizarse colectivamente para defender sus intereses ante el gobierno colonial. Varias asociaciones de mujeres fueron creadas y hubo protestas públicas encabezadas por ellas.

Con la crisis mundial del capitalismo a partir 1929 llegaron nuevos impuestos para las mujeres de la etnia igbo de Nigeria, que continuaban con las actividades mercantiles y económicas que por tradición siempre habían dominado. Las protestas fueron iniciadas en la población de Oloko por una viuda llamada Nwanyereuwa, que con los nuevos impuestos no habría podido mantenerse. Pronto se unieron a ella otras mujeres, que a su vez enviaron hojas de palma a otras poblaciones para invitar a las mujeres a la revuelta, que rápidamente se extendió por toda la colonia a una escala inaudita.



Un comité compuesto por tres mujeres, Ikonnia, Mwannedia y Nwugo se encargó de coordinar el movimiento. Eran conocidas por su inteligencia, habilidad política y compromiso total con la lucha. Sus estrategias incluyeron marchas, plantones, ocupación de espacios públicos, bloqueos de carreteras y rodeo de las casas de funcionarios coloniales como “poniéndoles sitio”. En ocasiones grupos de mujeres entraron a las cortes bailando y se quitaban la ropa para el horror de los policías y jueces.

A pesar de la represión colonial, que en ocasiones fue violenta, la revuelta logró su cometido. La posición de las mujeres en Nigeria mejoró considerablemente. Se les permitió ocupar cargos políticos y lugares en cortes de justicia nativas que era la tradición. Además, la lucha de las mujeres igbo ha sido una fuente de inspiración para movimientos feministas en Nigeria desde entonces y hasta nuestros días.

Ésta es una versión corregida y aumentada de un texto que apareció originalmente en Antes de Eva.

Fuentes:


https://www.bbc.com/mundo/media-43980871

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