miércoles, 10 de julio de 2019

De Schopenhauer a Hitler. El asalto a la razón que dio a luz al nazismo.




El asalto a la razón de George Lucas. ¡Anda la osa! Yo pensé que ésta era una novela de Star Wars, sobre el asalto de una célula rebelde contra la base imperial llamada ‘Razón’. Pero no, el autor en realidad se llama Georg Lukács y el libro es un tratado de filosofía política marxista. Pues bueno, me han llamado ‘marxista cultural’ tantas veces de a gratis, que me dije ‘ni modo, leamos a los marxistas, a ver qué dicen’.

Fuera de bromas, me decidí a leer este libro porque lo vi citado en un blog que leí hace tiempo, en el que hablaban sobre el crecimiento de la irracionalidad a principios de nuestro siglo XXI. Conocía a Lukács de referencia y algunos textos breves (es lectura obligatoria en mi carrera), pero me llamó la atención fue la temática de su libro: cómo el declive de la racionalidad en la cultura europea permitió el surgimiento de la ideología nazifascista.

Lo primero que debo decir es que éste no es un libro fácil; está pensado para quienes ya tengan algunos principios básicos de filosofía e historia del pensamiento político. Mientras avanzaba, agradecí por las lecturas que me permitieron comprenderlo, incluyendo los dos libros de historia intelectual de la humanidad de Peter Watson, la Historia de la filosofía occidental de Bertrand Russell, la Introducción a la historia de la filosofía de Ramón Xirau y la Historia de la teoría política de George H. Sabine.

Además de sesudo, el libro es muy extenso (mi edición es de 850 páginas) y difícil de conseguir. Las ediciones en español de Grijalbo y el FCE están fuera de circulación desde hace años, y tampoco pude hallar ediciones en inglés, así que tuve que pedir la mía de una editorial de la India. Está en PDF por ahí, pero me choca leer en pantallas (ya sé que es irónico decir eso precisamente aquí; no lo mencionen).



Para quien no quiera, por ahora, molestarse con el mamotreto, le dejo este breve resumen, ya que la referencia les será útil. La tesis central de Lukács es que el rechazo a la racionalidad y la exaltación del instinto, impulsados por ciertas corrientes filosóficas, crearon las condiciones intelectuales propicias para que se desarrollara la ideología nazi. Muchas de esas filosofías que Lukács revisa no pretendían dar lugar a nada parecido al fascismo, y algunos de sus pensadores incluso reaccionaron con horror ante el barbarismo nazi. Eso no importa, igual ayudaron a crear el ambiente cultural para que tanta gente se pasara al Lado Oscuro.

Ante quienes suelen sugerir la educación, la lectura y la cultura como un antídoto suficiente al fascismo, otros más pesimistas señalan que Alemania era uno de los países más cultos y sofisticados de Europa. Eso es cierto, y también es cierto que la postura anterior peca de ingenua. Pero lo que no siempre nos detenemos a pensar es en qué tipo filosofía, literatura y arte se estaba cultivando en Alemania, y qué valores promovían éstas. En aquel país no había una tradición de pensamiento liberal, ni instituciones democráticas plenas. Con la excepción de Marx (quien, recuérdese, hizo buena parte de su carrera en Inglaterra), después de Hegel la intelectualidad alemana fue profundamente irracionalista y reaccionaria, opuesta a los valores de la Ilustración.

Entre los pensadores señalados con el dedo acusador de Lukács se incluyen Schelling, Schopenhauer, Kierkegaard, Nietzsche, Heidegger, los teóricos del racismo y los darwinistas sociales. Los cinco primeros tienen en común que predicaron una filosofía que encumbraba el instinto, la intuición, la vitalidad, los mitos o la experiencia personal incomunicable por encima del conocimiento racional, científico y objetivo. También negaban la posibilidad del progreso.

De Schopenhauer y Nietzsche, Lukács dice que su pesimismo con respecto a la existencia humana, que ellos planteaban como una forma superior de consciencia frente a la realidad, no era más que una forma indirecta de hacer apología del statu quo. Pues si la existencia humana está marcada por el dolor y el sufrimiento, entonces las injusticias sociales de nuestro tiempo son simplemente parte del orden cósmico del universo, y no de un sistema sociopolítico en concreto, y es infantil pretender cambiarlas.



Pero estos pensadores son hipócritas al respecto. Schopenhauer, por ejemplo, predicaba un retiro de los asuntos mundanos como una forma de sabiduría de vida. En realidad, ese retiro a la contemplación era un privilegio que el statu quo le permitía; cuando el orden social se vio amenazado por las revueltas de 1848, Schopenhauer no lo aceptó como parte de la condición trágica de la vida, sino que activamente apoyó su represión, atendió a los oficiales que la llevaron a cabo, y hasta les prestó sus prismáticos de ópera para que dispararan a los rebeldes.

Uno de los capítulos más extensos está dedicado a nuestro übermensch favorito. De Nietzsche hemos sabido durante mucho tiempo que su filosofía fue una de las más influyentes en el desarrollo de la ideología nazi, y que hasta la fecha sirve como alimento para niños rata que se creen Señores Sith. De fondo, su pensamiento defiende la división estricta de la humanidad en clases dominantes y sometidas, mientras rechaza todas las ideologías (democracia, socialismo, feminismo), que pudieran alborotar a las masas fuera de su lugar correspondiente.

Sin embargo, todavía podemos tomar algunas lecciones suyas que son útiles para la vida (piensa por ti mismo, no seas mediocre, vive tu vida como te gustaría hacerlo si tuvieras que repetirla infinitas veces, etc.), sin dejar de reconocer, como siempre le digo a mis estudiantes, que era un cretino misógino que se murió loco de sífilis por andar de putañero.

Por cierto, Lukács, con todo y que refuta rigurosamente toda la filosofía de Nietzsche, reconoce sus méritos intelectuales. De la misma manera, reconoce los méritos estéticos de escritores con cuyas ideologías no está de acuerdo, tales como Kafka o Camus. Ésta es una forma de caballerosidad intelectual que rara vez se ve en la crítica de nuestros tiempos.

También reconoce la importancia de los pensadores de siglos pasados, pues, aunque éstos tuvieran una forma de pensar que favorecía a la clase burguesa, en su momento estaban abogando por el progreso humano. De hecho, otro de sus argumentos centrales es cómo la intelectualidad burguesa pasó de ser revolucionaria (en tiempos de la Ilustración), a volverse cada vez más conservadora una vez que conquistó la hegemonía, incluso aliándose con la más fiera reacción feudalista en contra de la nueva filosofía del progreso: el socialismo.

Me gustaría ver más de ese reconocimiento en la izquierda contemporánea, que denuncia a pensadores de siglos muy pretéritos por sus deficiencias en cuanto a temas como la igualdad de género o de razas, sin tener en cuenta que lo que estaban planteando ya era bastante revolucionario, y que pensar en futuras emancipaciones y reivindicaciones no habría sido posible si ellos no hubieran hecho su parte para romper el orden existente.



Lukács no deja de fustigar a los intelectuales liberales de su tiempo, muchos de los cuales prefirieron coquetear con la reacción, antes que cederle un centímetro a la izquierda. Es un panorama muy parecido al que vemos en la actualidad, en que el establishment intelectual del liberalismo, ya sea en Europa o Estados Unidos, se ha caracterizado por su tibieza ante el auge del neofascismo, y por un afán de equipararlo a la izquierda radical que se le resiste:

“Para muchos de estos ideólogos liberales del ‘justo medio’, de los cuales Alfred Weber era uno, la misión era salvar la concepción liberal de la democracia. Y esto, para ellos, sólo era posible estando en contacto íntimo con la reacción, y en combate resuelto contra la izquierda, al mismo tiempo poniendo una -cada vez más torpe- resistencia contra las demandas radicales de los extremistas reaccionarios. […] Este proceder despejó el camino para la ideología fascista, y es un hecho no poco frecuente: liberales convencidos que, precisamente por su ideología liberal, se han convertido en pioneros de la ideología reaccionaria extrema en tiempos de crisis.”

Algunos de los pensadores a los que analiza Lukács han caído en un justo olvido, y creo que sólo filósofos profesionales podrían tener mucho interés en los capítulos dedicados a ellos. Me parece que disertar mucho en las corrientes sociológicas en Alemania en los años entre guerras es demasiado específico para llamar la atención del público en general.

Del capítulo de los neohegelianos rescato una importante lección: fueron estos filósofos los cuales le dieron a Hegel un cariz irracional, místico y reaccionario. Lukács fue uno de los más profundos conocedores de Hegel y lo presenta como un pensador progresista y racional que rechazó el misticismo del movimiento romántico. Sin embargo, los neohegelianos se encargaron de pintar al filósofo alemán con muy feos colores, dejando una imagen espuria que pervivió en Occidente, donde ha generado críticas que, según Lukács, están dirigidas a un simple hombre de paja.


Los capítulos que encontré más interesantes fueron aquéllos en los que Lukács analiza directamente la filosofía del nazismo. Hace énfasis en una de las misiones primordiales del régimen nazi: proteger al capitalismo monopolista. No olvidemos a las diversas corporaciones y magnates que fueron consentidos por el gobierno de Hitler y que colaboraron con él (uno de tantos hechos que desmienten la idiotez de “los nazis eran de izquierda”).

Ello no impidió a Hitler, en su propaganda, despotricar contra el capitalismo y culparlo por la decadencia de Alemania y de sus hombres. Los patriotas de verdad no se preocupaban de hacer negocios, sino de hacer la guerra. Esto fue porque en la época tras la crisis de 1929, en sí uno de los mayores fracasos del capitalismo laissez-faire, Hitler podía usar el resentimiento social para atacar a banqueros e industriales de origen judío, como forma de exacerbar el antisemitismo, dejando indemnes a los grandes monopolistas:

“Un punto importante es que este arranque del fascismo ocurrió durante un periodo en el que las presiones económicas sobre las masas (intelectuales incluidos), se estaba volviendo más y más insoportables. El fascismo necesitaba esta desesperación y amargura, esta inclinación hacia la resistencia y la rebelión. Al utilizar los sentimientos anticapitalistas que emergieron de esta situación, sólo pretendía prevenir que las tensiones resultantes se dirigieran contra el capitalismo, al cual quería, más bien, proporcionarle instrumentos de terror para gobernar.

Al desestimar, en su visión del mundo, las cuestiones económicas, era sólo en la superficie que el fascismo aparentaba ser más radical que el marxismo; pues mientras éste se dirigía sólo contra un fenómeno ‘superficial’, el capitalismo, la sociología fascista presumía demandar una agitación total… pero sin tocar en lo más mínimo la estructura del capitalismo monopolista.

[…] Los racistas, por otro lado, se preguntaban ‘¿Quién posee el capital, quién lo controla, regula y supervisa? Éste es un punto crucial.’ El racismo hacía posible simplificar el complicado pensamiento del anticapitalismo romántico y convertirlo en una cuestión de propiedad basada en méritos raciales.”

Nosotros vivimos en un mundo que no se ha recuperado de la más reciente crisis capitalista, la del 2008, y en el cual la frustración y descontento social alimentan el retorno a ideologías reaccionarias. La xenofobia contra los migrantes ha servido a los demagogos de hoy para canalizar esa frustración de la gente común, pero también hemos visto un renacimiento de las teorías conspiratorias antisemitas entre los círculos más extremos. Mientras, los causantes de esta crisis siguen disfrutando de sus riquezas sin que nadie los moleste.


Del carácter que el nazismo quería moldear en sus hombres, el autor nos dice:

“En contraste con otros movimientos reaccionarios, que predicaban un retorno a épocas anteriores, más seguras y ‘moderadas’, la agitación fascista procedía de la crisis misma y la disolución de las condiciones de seguridad. Ya que planeaba establecer, internamente, un gobierno totalmente arbitrario, cuyo objetivo principal era iniciar una guerra de agresión imperialista, se dirigía hacia un nihilismo militante y un socavamiento deliberado de las condiciones de seguridad en la vida del individuo. De ahí que presentara la ideología de ‘seguridad’ como un concepto burgués moribundo, que debía ser tenido como despreciable a cualquier costo: el fascismo planeaba cultivar el tipo del bravucón brutal, disuadido por nada y deteniéndose ante nada.”

Vaya, esto recuerda un poco al cambio de personaje que podríamos encontrar en la derecha hace unos diez años o más, en contraste con lo que hemos visto en nuestros tiempos. La vieja derecha, de señores mojigatos y timoratos (los llamados cuckservatives), ha dado lugar a una nueva casta de muchachitos fascistoides que se presentan como los chicos cool, bravucones de los foros de redes sociales, trolls de pacotilla, que actúan con sorna y prepotencia, como si nada les importara. Sí, son una versión muy chafa de las juventudes hitlerianas, pero la extrema derecha trabaja con lo que tiene, y lo que tiene son chavitos rencorosos pegados a sus computadoras. Es de esta misma manera que Kylo Ren es una versión muy chafa de Darth Vader. (¿Ven? ¡Las referencias a Star Wars sí cabían!)



Lukács, conocedor de la ciencia de su tiempo, entiende que, “la realidad es fundamentalmente más rica, diversa e intrincada de lo que los conceptos mejor desarrollados en nuestros sistemas de pensamiento podrán serlo jamás”. Pero la realidad existe independientemente de cualquier consciencia, y lo que tenemos que hacer como seres humanos es crear los mejores modelos para comprenderla de una forma aproximada. Esto se adecúa a una visión científica del mundo.

Sin embargo, cada vez que la sociedad progresa objetivamente y se dan nuevos descubrimientos en el campo de los fenómenos naturales, emergen también nuevas posibilidades para que el irracionalismo convierta estos avances en movimientos retrógrados, con ayuda del misticismo. Cada nueva tecnología, cada avance científico, cada progreso social, verá aparecer una oposición de pseudociencias y movimientos reaccionarios. Vean cómo la pseudociencia se apropia espuriamente del lenguaje de las ciencias auténticas, o cómo los movimientos de odio bastardizan el lenguaje de la justicia social.

Lukács también nos recuerda la brillantez diabólica de los métodos propagandísticos del Führer. Él cosechó más de un siglo de filosofía irracionalista, que consideraba el conocimiento objetivo, a través de la razón y la ciencia, como imposible, incomunicable o desestimable, para privilegiar en cambio conocimientos que se podían obtener a través del instinto, la voluntad o misticismo. Estas formas de “conocimiento superior”, al no poderse someter a pruebas y escrutinio, que lo habrían hecho objetivo y accesible para los demás seres humanos, podía ser cualquier cosa, cualquier posverdad, cualquier hecho alternativo, que ultimadamente se correspondía con la voluntad del líder supremo.

Hitler tomó nota de la mercadotecnia gringa y aprovechó el sentimiento de desconcierto que permeaba en una cultura tan alienante como la que genera el capitalismo contemporáneo:

“La ‘originalidad’ de Hitler yace en el hecho de que fue el primero en aplicar técnicas de publicidad estadounidenses a la propaganda y la política en Alemania. Su objetivo era aturdir y estafar a las masas. En su magnum opus, él mismo admite que su meta era demagógica, quebrantar el libre albedrío y la capacidad de pensar de los hombres. La única cuestión a la que Hitler dedicó un estudio asiduo fue qué trucos debía emplear para llevar a cabo esta meta. Para hacerlo, examinó todos los detalles concebibles del poder de la sugestión y de la susceptibilidad de las masas.

[…] Hitler se oponía con pasión a la verdad objetiva y combatía la objetividad en todos los aspectos de la vida. [...] Esta fusión del vitalismo alemán con la publicidad estadounidense no es accidental. Ambas son manifestaciones de la época imperialista. Ambas apelan a la desolación y desorientación de las personas de esta época, a su cautiverio en un sistema de categorías fetichizado, perteneciente al capitalismo monopólico. Jugó con el adormecido sufrimiento de los hombres bajo este sistema y su incapacidad para liberarse de él.”

Sólo es posible entender a Hitler en el contexto del capitalismo monopólico en el que surgió y al cual defendió. Pretender interpretarlo como un simple regreso al barbarismo de siglos anteriores será estéril (como lo han querido hacer algunos liberales). El fascismo es un fenómeno moderno y producto de fuerzas económicas, políticas y sociales modernas.


En el epílogo, Lukács advierte que las tendencias irracionalistas pueden echar raíces en los Estados Unidos, victoriosos tras la Segunda Guerra Mundial. Con mucha relevancia actual, el filósofo alerta del carácter que revestirá el pensamiento reaccionario en los Estados Unidos. Hasta Hitler, tales tendencias pregonaban un rechazo a la filosofía de la Ilustración y la adopción de formas de conocimiento que supuestamente superaban al raciocinio. Pero la nueva filosofía reaccionaria se disfrazaría de racionalismo y reclamaría para sí la herencia de la Ilustración. O sea, si antes teníamos que estar alertas al irracionalismo, ahora debemos estarlo ante el pseudorracionalismo. Vaya, sé que se refería a ciertos intelectuales europeos y anglosajones en la década de los 50, pero parece que está describiendo a la mal llamada Intellectual Dark Web.

La segunda mitad de ese mismo epílogo no ha envejecido bien. Lukács se esfuerza mucho por conectar tendencias intelectuales contemporáneas con el desarrollo de un futuro fascismo. Quizá tenía razón en que las semillas ahí se encontraban, pero estaban muy lejos de germinar. Además, se le va la mano al interpretar, de forma bastante bizarra, productos culturales como las películas de gángsters, las novelas policiacas, los cómics de superhéroes o el arte abstracto, como señales de la decadencia que estaba llevando a los Estados Unidos hacia el fascismo.

Más rancia se ha puesto su defensa del estalinismo. Desestima como simple propaganda las cada vez más numerosas denuncias de la persecución y opresión por parte del régimen soviético. Hace una apología de la dictadura estalinista como legítima sucesora de Marx y Lenin. Todo ello se ve todavía más mal cuando tenemos en cuenta que sólo unos pocos años más adelante él mismo sufriría en carne propia los horrores del estalinismo, salvando la vida por un pelo. Aprendió de sus experiencias, eso sí, y sin jamás abandonar el marxismo, se convirtió en un crítico de la Unión Soviética y del comunismo oficial impulsado por ésta.



En conclusión, ¿a quién recomiendo este libro? A los liberales y centristas, para que vean cómo muchas de las formas de pensar que están en boga en nuestros días no son inofensivas, sino que en tienden a conducir a un crecimiento de doctrinas de odio y opresión.

A los izquierdistas, para que recuerden que el pensamiento racional, el conocimiento científico y el ideal del progreso eran valores cardinales de la izquierda, que se sentía legítima heredera de la Ilustración. Después de más de medio siglo de pensamiento posmodernista, hostil a la ciencia y la racionalidad, debemos recordar que el misticismo, el pensamiento mágico, las supersticiones, los mitos y la negación de la lógica no son inocuos, sino que, como dijera Francisco de Goya, el sueño de la razón produce monstruos.


miércoles, 3 de julio de 2019

Los insólitos Hombres-X (Parte II: Los dosmildieces)




¡Epa! Seguro quea antes querrás leer la primera parte, en la que analizo la saga de los Hombres-X en la década de los dosmiles.


X-Men: First Class (2011)
Dir: Matthew Vaughn



Las dos películas anteriores parecían haber enterrado la saga para siempre. Pero esta cinta trajo la frescura que tanto se necesitaba. En su momento quizá no me impresionó tanto pero, después de haberla revisitado y, sobre todo, viéndola en contraste con todas las demás, me parece que fue la mejor en su momento; sí, incluso por encima de las dos primeras, a las que tengo mucho cariño.

La película logró un milagro por segunda vez: hacer un casting perfecto para dos personajes que ya tenían un casting perfecto. James McAvoy y Michael Fassbender son tan buenos como Patrick Stewart y sir Ian McKellen en los roles de Charles y Erik. No sólo tienen mucha química, sino que la exploración de lo que los pone en lugares opuestos del espectro es brillante, lo que hace cuanto más trágico su desenlace.



Si el Xavier de Stewart tiene un aire de padre sabio y benévolo, el nuevo Charles de Mcavoy es medio patán. Tiene y ha tenido una vida privilegiada, y al mismo tiempo una necesidad de reconocimiento y admiración. De ahí su actitud opresiva respecto a Raven, a quien obliga a estar en camuflaje todo el tiempo. Para Charles es más importante ser aceptado por la gente normal que procurar que los demás mutantes se acepten a sí mismos.

Pero ¿por qué? ¿Por qué tendrían los mutantes que esforzarse a seguir los patrones de la “normalidad”, incluso estando entre los de su tipo? ¿No es un poco como el gay heteronormado a quien le molesta que los demás sean demasiado “locas”? Con total desconsideración Charles “saca del clóset” a Hank. Para la comunidad gay, eso es una violación grave a la privacidad de una persona, pues la pone en peligro. Pero el joven Xavier, desde su posición de privilegio, no piensa en esas cosas.



Erik, en cambio, ha tenido una vida dura y solitaria. Conoció, y no es exageración, la peor cara de la humanidad e hizo de la venganza la fuerza motora de su vida. No encontró a otro como él sino hasta pasada la treintena. Eso sí, ver a Magneto matando nazis es increíblemente satisfactorio. Uno de los mejores diálogos de toda la saga se da en esta cinta:

C: Te lo digo, Erik. Esto es el inicio de algo increíble. Podemos ayudarlos.
E: ¿Podemos? Identificación. Es así como inicia. Termina con ellos rodeándonos, experimentando con nosotros, eliminándonos.
C: No esta vez. Tenemos enemigos en común. Los rusos, Shaw… Nos necesitan.
E: Por ahora.

En la trilogía original el dilema moral está muy claro: los Hombres-X son los buenos y Magneto, si bien puede tener algunos puntos comprensibles a su favor, es el malo. Aquí, es más difícil hacer juicios tan contundentes. Los soldados rusos y gringos sí estaban tratando de matar a los mutantes, ¿por qué no era legítimo que Magneto le devolviera los balazos? La observación de Charles, “sólo estaban siguiendo órdenes”, es ofensiva para alguien que vio a su pueblo morir a manos de los que sólo estaban siguiendo órdenes.


Éste fue el inicio de una breve, pero muy buena racha para los Hombres-X. Hay que agradecer por esta película.

The Wolverine (2013)
Dir: James Mangold



Es una mucho mejor película que las dos anteriores apariciones del personaje. Mejor actuada, mejor dirigida, con un enfoque más adulto y realista. También es aburridona. Tiene un montón de personajes que no podrían interesarme en lo más mínimo y una trama dinástica cuyos enredos no vale la pena seguir.

Hay un par de cosas que me gustan, además de las secuencias de acción bastante decentes y bien montadas. Una es la escena poscréditos, que realmente no tiene nada que ver con la película, pero que plantea el escenario de Days of Future Past.

La otra es que por primera vez vemos a un Logan madreado por la vida y miserable tras la muerte de Jean. Fue una gran decisión incluir a Famke Janssen como Jean en los sueños/alucinaciones de nuestro héroe. Hugh Jackman se avienta la mejor interpretación que había hecho de su icónico personaje hasta el momento. Por otro lado, conocer ese dolor tan profundo permite apreciar mejor tanto el final feliz de Days of Future Past, como el desenlace trágico de Logan. 




Además, ésta fue la primera experiencia del director James Mangold con el personaje, que nos llevaría a nuevas alturas pocos años después.

X-Men: Days of Future Past (2014)
Dir: Bryan Singer



Cómo pinches amo esta película. Sé que probablemente no sea la mejor, pero es mi favorita de la saga. No está tan bien armada como First Class, y comete una enorme falta de respeto hacia los fans al matar fuera de cámara a la mayoría de los personajes establecidos en aquélla.

Wolverine obtiene un papel protagónico, pero en realidad no hace gran cosa más que andar de aquí para allá, y ni siquiera tenemos la oportunidad de verlo pelear contra Magneto sin la desventaja de un esqueleto metálico. Y no podemos olvidar la estupidez de “reclutemos a Quicksilver para que nos ayude a rescatar a Magneto” en vez de “reclutemos a Quicksilver para que nos ayude a detener a Trask y que chingue su culo Magneto”.


Pero esta película es maravillosa. Siento que no puedo tanto hacer un análisis como enlistar sus grandezas. Reúne el reparto de dos diferentes series y además se las arregla para introducir personajes nuevos. Nos da el inmenso gusto de ver a Wolverine interactuar con los jóvenes Charles y Erik, y ayudarlos a desarrollarse como individuos. Hace una adaptación decentemente fiel de una de las narraciones más clásicas de las historietas.

Logra interesarnos en dos dramas paralelos que ocurren simultáneamente en dos épocas distintas (tan paradójico como suena), y consigue que en ciertos momentos nos tengan comiéndonos las uñas, suspirando o de plano gritando y aplaudiendo. Provee una cantidad equilibrada de acción, desarrollo de personajes, exploración de conflictos y fanservice. Por cierto, les recomiendo enfáticamente la versión extendida, conocida como The Rogue Cut.



Nos da algunos momentos enormemente emotivos, como cuando los viejos Erik y Charles se toman de la mano y lamentan haber perdido tanto tiempo peleando. O ése en el que el Charles el joven habla con su contraparte del futuro:

C del pasado: Así que esto es lo que ha sido de nosotros. Erik tenía razón: la humanidad nos hace esto.
C del futuro: No, si les mostramos un mejor camino.
Cp: ¿Aún crees en eso?
Cf: No porque alguien se tropiece y se extravíe del camino, significa que está perdido para siempre. Todos necesitamos un poco de ayuda en ocasiones.
Cp: No soy el hombre que era. Abrí mi mente y casi acaba conmigo.
Cf: Tienes miedo y Cerebro lo sabe.
Cp: Todas esas voces… ¡Tanto dolor!
Cf: No es a su dolor a lo que temes, sino al tuyo. Y por más asustado que estés, ese dolor te hará más fuerte. Si te permites sentirlo, si lo aceptas, te hará más poderoso de lo que jamás has imaginado. Es el don más grande que poseemos: soportar el dolor sin derrumbarnos. Y surge del más humano de los poderes: la esperanza. Por favor, Charles, necesitamos que recuperes la esperanza.

Entre First Class y Future Past vemos tres arcos de personajes completos. Charles pasa de ser un joven arrogante y despreocupado; sufre pérdidas y se convierte en un hombre roto y sin esperanza; reencuentra su misión de la vida y retoma el camino para convertirse en el sabio Profesor X que conocemos. Raven pasa de ser una chica temerosa, sometida a los deseos de su hermano mayor, se convierte en una mujer fuerte e independiente que se las arregla sola, y en un momento crucial toma una decisión que la pone en un camino distinto; el viaje en el tiempo impedirá que se convierta en la asesina desalmada que conocimos. Erik se debate entre la compasión y la venganza y entendemos por qué al final escogerá, para siempre, la segunda.


Future Past es el Avengers de X-Men: una cinta en la que confluyen las diversas narrativas y personajes presentados hasta ahora, en la que por fin podemos ver una historia fantástica y alocada al nivel de los cómics, pero profundamente humana, como es la tradición de Marvel. Es el final perfecto para la saga. Pero, a diferencia de lo que pasó con el MCU, la serie de los Hombres-X no pudo superar esta cima. Después ya nada más se iría hacia abajo.

X-Men: Apocalypse (2016)
Dir: Bryan Singer




Qué flojera de película. Apocalypse, que es como el Darkseid o el Thanos de los X-Men, está reducido a un villano de capítulo semanal de los Power Rangers. Oscar Isaac es un buen actor, pero el papel debía ser para el tipo “alto, rudo y silencioso”, al estilo Jason Momoa, y eso sólo porque no quisieron usar CGI. Vamos, que hay cosplayers que se veían mejor que ese adefesio que hicieron para la película.

Creo que podemos decir con certeza que para este punto que la saga ya se había agotado. Los conflictos son los mismos. Otra vez Magneto se debate entre ser bueno o ser malo (y al final decide ser bueno, por rutina). Otra vez tenemos como villano a un supremacista mutante que quiere barrer al mundo.

Ugh
Su plan ni siquiera tiene sentido; en un momento Apocalypse hackea la mente de Charles y entonces pudo haberla usado para matar a todos los humanos, como X2 ya nos había demostrado que era posible. En vez de eso hizo lanzar todos los misiles nucleares del mundo… hacia el espacio, en vez de usarlos contra la humanidad como iba a hacerlo Shaw en First Class. Se ve que los escritores no estaban pensándole mucho.

Con respecto a los otros personajes, sólo podemos lamentarnos de que los introduzcan si darles la oportunidad de desarrollarse, especialmente Psylocke, a quien muchos fans estábamos esperando, y quien ni siquiera aparece en la siguiente. Bueno, por lo menos tiene esa genial secuencia con Quicksilver y otras bastante guapas.


Fox hace todo lo posible por poner a la Mystique de Jennifer Lawrence en un papel central, incluso cuando se nota a leguas que la actriz ya no quiere hacer estas películas. Odiaba ponerse el maquillaje azul, así que dejaron a su personaje en su look de rubia guapa, aunque ello fuera en contra de su esencia como mutante orgullosa: “no debería tener que esconder quién soy”. Rebecca Romijn fue más profesional que usted, señorita Lawrence.

Logan (2017)
Dir: James Mangold



De vez en cuando, casi cada década, aparece una película de superhéroes que marca un nuevo estándar, que le dice a un público sorprendido “Ah, no creías que podíamos hacer esto, ¿verdad?”. Logan es una de ellas.

¿Qué puedo decir de este triste y hermoso filme? Hay muy poco que pueda añadir al análisis que hice cuando salió, excepto decir que me ha parecido mejor y mejor con el paso del tiempo. Es una deconstrucción del género superheroico, al cual desromantiza y reinterpreta en el contexto de una realidad cruda y violenta. Es también un comentario social sobre el creciente poder de las corporaciones y su capacidad para corromper gobiernos e influir en la vida de las personas comunes.



Es, por último, una historia que reflexiona sobre la dureza del tiempo y la inevitabilidad de la muerte. Logan, con todo y ser un mutante, se enfrenta a los mismos problemas que muchos adultos cuando rondan los 50 o 60 años, incluyendo el declive en su salud y dos responsabilidades harto onerosas: el tenerse que encargar de un padre enfermo que no deja de reclamarle sus fracasos, y el comprender que tiene una hija a la que le debe protección y guía.

No puedo hacer suficiente énfasis en las excelentes actuaciones de nuestros tres protagonistas. Patrick Stewart como Charles y Hugh Jackman como Logan hacen las interpretaciones de sus respectivos personajes, lo cual no es poco decir, porque ya se habían lucido mucho. La jovencísima Dafne Keen, en el papel de Laura ‘X-23’, es un prodigio.


Ésta es, sin duda, la mejor película de la saga, y una de las mejores cintas de superhéroes que se han hecho jamás. Maldición, hasta sólo ver el tráiler me hace llorar.

X-Men: Dark Phoenix (2019)
Dir: Simon Kinberg



Como dije en mi reseña, esta película es ofensivamente mediocre. La primera mitad es lenta y se siente como que van a repetir The Last Stand. De hecho, resulta que el director es el mismo guionista de aquella, que quería una segunda oportunidad. Pues le salió muy mal.

Por fortuna, la segunda mitad da algunos giros interesantes y la peli se hace algo más divertida. Plantea escenarios novedosos, como que el equipo sea popular y considerado como superheroico, o que Magneto viva tranquilo en una comuna hippie sin molestar a nadie. También está chido que por primera vez en siete películas el villano no sea un supremacista mutante ni un humano con intenciones genocidas. Por lo demás, la cinta se desarrolla entre clichés ya vistos mil veces.

Despotrique ñoño: Estos eran los trajes que presentaron al final de Apocalypse y homenajean los diseños clásicos del cómic. ¿Por qué coño no los usaron en Dark Phoenix?

El salto de una década entre First Class y Future Past está justificado; además, ambas películas aprovechan el contexto histórico como parte de la trama. Pero la decisión de seguir saltando diez años entre cada película se volvió ridícula; los personajes no envejecen de forma correspondiente, la época en la que se desarrolla la peli no afecta para nada al argumento y todo esto sólo añade más errores de continuidad. Mínimo le hubieran puesto a Magneto el cabello ccano y ligeramente largo, para que se pareciera más al de los cómics.

Respecto errores de continuidad, no me refiero ni siquiera a nitpicking mamalón, sino a cuestiones que rompen la narrativa de la saga como tal. Uno puede perdonar que ­First Class contradiga a las películas anteriores con datos como la edad que tenían Erik y Charles al momento de conocerse, o el año y circunstancias en las que Charles quedó paralítico. Es que son dos datos que era necesario cambiar para contarnos una nueva historia que al final valió la pena. Pero ni que Dark Phoenix o Apocalypse estuviera tan chingona como para justificar la falta de respeto que Fox ha demostrado por su público, al no importarle la continuidad en lo absoluto.


Me he estado haciendo esta chaqueta mental desde que la vi: ¿qué tal si la trama hubiera sido más o menos igual, pero encaminada a redondear la saga completa? En Future Past Charles leyó la mente de Logan, ¿recuerdan? Bien, pues supongamos que vio lo que iba a pasar con Jean Grey con la fuerza Fénix, y desde entonces había estado, sin decirle a nadie, tratando de prevenir ese futuro. De pronto, la crisis ocurre muchos años antes de lo esperado (resultado de los viajes en el tiempo), con una Jean adolescente. En algún punto de la película, los demás le reclamarían a Xavier, una vez más, sus errores y su arrogancia al pretender controlarlo todo.

De repente aparece ¡Jean adulta! Femke Janssen se aproxima a Jean y comienza a manipularla, haciéndole creer que quiere ayudarla a liberar sus poderes, pero en realidad pretende desatar la furia del Fénix. Al principio, como público, no sabríamos qué está pasando, no sabríamos si de verdad es la Jean del futuro o una alucinación de la joven mutante que está volviéndose loca.

Sólo ya avanzada la cinta sabríamos que se trata de un ser desconocido con capacidad de cambiar de forma y resistir ataques telepáticos, miembro de una raza que ha llegado a la Tierra después de que los eventos de Apocalypse llamaran su atención. Esto podría hasta añadir elementos de horror cósmico, dejando en la incógnita detalles sobre estos nuevos enemigos, lo cual iría de acuerdo con el tono darks que querían darle a la cinta.

Les dejo a ustedes imaginar cómo se resolvería el conflicto, pero les puedo imaginar una escena en la que Jean parece haberse desintegrado en una nube de fuego para destruir a sus enemigos, y cuando todos creen que está muerta, partículas cenicientas comienzan a girar en el aire en torno a un centro, y entonces, de una llamarada sobrecogedora, surge Jean como Fénix, teniendo total control de sus poderes, en una escena que homenajeara el cómic original.



Raven tampoco estiraría la pata, sino que quedaría gravemente herida y en coma durante la cinta (concesión a Jennifer Lawrence, que se ve que está harte de hacer esto). Peter por fin le diría a Erik que es su es su hijo, cambiando para siempre el destino de Magneto. Al final, Charles no se retiraría, sino que se tomaría un par de años sabáticos, conduciéndonos a la escena tipo Dark Knight Rises en la que juega ajedrez y toma vino con Erik.

Un epílogo postcréditos nos llevaría al Instituto Xavier como lo vimos al final de Days of the Future Past, revelándonos a la verdadera Jean adulta, en control de sus poderes, muy feliz con Scott, y a otros de los personajes, en sus versiones mayores, pasándola bien. Fin.

Ya me hice una película mejor en mi mente. La disfrutaré en momentos de aburrimiento, como juntas de trabajo o regaños maritales.

Conclusiones

La saga de los Hombres-X tuvo grandes aciertos y grandes fracasos. Entre estos últimos está el no haber podido construir una narrativa central coherente que unificara todos sus episodios. En vez de eso, fue improvisando sobre la marcha, con cada capítulo nuevo. Hizo falta una guía que conjugara la multitud de voluntades y visiones diversas de cada equipo creativo. La comparación con Marvel, a quien parecía querer imitar en cierto punto, es inevitable, y resulta desafortunada para X-Men.

Otro de sus problemas, que no envejecerá muy bien, son algunos hechos que socavan su mensaje a favor de la diversidad y la tolerancia. Es que tener como protagonistas a un montón de chicos blancos, heteros y bonitos no ayuda a subrayar la idea. La mutación ha sido leída, según sea el caso, como metáfora de la raza, la homosexualidad o las discapacidades, pero muy pocos de los personajes principales han sido de minorías raciales y ningún personaje ha sido abiertamente gay (Deadpool se cuece aparte).



Eso no se lo critico a las primeras dos películas: Magneto es un judío sobreviviente del Holocausto (interpretado por un gran actor gay); Mystique y Nightcrawler tienen cuerpos no canónicos; Storm es negra; el Profesor X está en silla de ruedas, y podríamos argumentar que las condiciones de Rogue y Cyclops son formas de discapacidad. Todo ello era bastante atrevido y revolucionario para principios de los dosmiles. Tampoco olvidemos que una de las mejores secuencias de acción de la segunda película incluye al héroe acuchillando a agentes del gobierno de los Estados Unidos, algo subversivo para un mundo post 9/11.

Esto se pierde un poco en The Last Stand en 2006, con los mutantes malos que son feos y de pieles oscuras, y los héroes pelean junto a las fuerzas armadas en contra de ellos. Para 2011, año en que apareció First Class, era ya ridículo que todos siguieran siendo niños bonitos, blancos y heteros. Sólo Bestia y Mystique podían temer a la discriminación por su aspecto, y ella pasa la mayor parte del tiempo como la bellísima Jennifer Lawrence. Esto no sería tan frustrante si no fuera porque, de los dos únicos miembros de color en el equipo de los X-Men, Darwin muere sin siquiera entrar en acción, y Angel Salvadore se une a los villanos.


Eso no es un problema en sí mismo, puesto que no creo que las obras de arte o entretenimiento tengan la obligación moral de ser representativas ni incluyentes. Cada quien debe ser libre de crear como le plazca y cada quien puede escoger las obras creativas que se acomoden con sus gustos y valores. Pero esto sí que contradice el mensaje principal de una saga sobre unos personajes que son muy importantes para muchas personas en todo el mundo, en especial conforme la década de los dosmildieces iba avanzando y la lucha por la inclusión estaba cada vez más presente en los medios y el debate público. Como serie, perdió la oportunidad de ser la primera en tener protagonistas queer, mujeres y personas racializadas en la pantalla grande, una primicia que debía haber sido de X-Men más que de ninguna otra. 

Por último, no podemos dejar de dirigirnos al elefante en la habitación: dos de los realizadores más involucrados en esta saga, Byran Singer y Brett Ratner, han sido denunciados como depredadores sexuales. Singer ha sido acusado de abusar de muchachitos adolescentes, mientras que Ratner tiene una larga trayectoria acosando mujeres en el set. Estos son hechos ajenos a la obra en sí, pero, así como muchos podemos disfrutar de las películas a pesar de ellos, muchas personas preferirían no hacerlo. De cualquier forma, terminan manchando la serie e interfiriendo con los valores que pretende transmitir.


Es una lástima que una serie tan fundamental en la creación de la cultura pop del siglo XXI haya tenido una trayectoria tan errática y un final tan decepcionante. Es una ventaja que podamos quedarnos con sólo lo mejor e ignorar todo lo demás. Por ese lado, tenemos los grandes triunfos de la saga, muchos de los cuales ya detallé al hablar de cada filme. Nos ha dado no sólo algunas de las mejores obras del género, sino que en dos ocasiones distintas (con X-Men en 2000 y Logan en 2017), ha establecido nuevos estándares de lo que puede llegar a ser este tipo de cine. Nos dejó personajes memorables, castings perfectos que difícilmente serán sustituidos en un futuro, y muchos momentos emocionantes y hermosos. Realmente amo estas pelis y disfruté mucho pasar el verano de 2019 revisitándolas.

Creo que, deberíamos armamos un ciclo de cine así:

1.- X-Men
2.- X-Men 2
3.- The Last Stand
4.- First Class
5.- Days of Future Past

De esta manera tenemos una pentalogía redondita y conclusiva, con un capítulo central malosón, pero entre cuatro entregas excelentes y con un buen final. Incluso le podemos añadir The Wolverine entre las número 3 y 4, pues ciertamente no aporta mucho, pero tampoco le quita nada. Logan, la mejor película de la franquicia, queda como un spin-off en una línea temporal alterna. Así es como yo vería la saga en el futuro, y es como se la presentaría a alguien nuevo. Todo lo demás sale sobrando.


El discurso central de X-Men, a favor de la inclusión y la diversidad, en denuncia a la intolerancia y el supremacismo, es incluso más necesario hoy que a principios del siglo. Los adolescentes de ésta y todas las generaciones, en especial los que son queer o minorías raciales o simplemente se sienten fuera de lugar, necesitan escuchar ese mensaje: lo que te hace diferente, que hace que los demás te miren con suspicacia, no es una maldición, sino que puede ser tu fortaleza; no tienes nada que te puedan curar, pues eso mismo forma parte de la persona que eres y de lo maravillosa que puedes ser. Aquello que te hace distinto, en realidad te vuelve INSÓLITO.

Como pilón, les dejo esta maravilla:

viernes, 28 de junio de 2019

Los insólitos Hombres-X (Parte I: Los dosmiles)





Introducción

En el verano del año 2000 apareció una de las películas de superhéroes más importantes de la historia: X-Men. Casi dos décadas más tarde, con 12 películas en su trayectoria, la saga iniciada por la 20th Century Fox llegó a su fin. ¿Qué nos ha dejado después de tantos años? Acompáñenme en este viaje por el tiempo…

Corría el año de 1992, el boom noventero de los cómics estaba iniciando con la muerte de Superman, la nueva serie animada de Batman y, por supuesto, la de los Hombres-X. A los dos primeros los conocía de toda la vida, por supuesto. Había visto la serie de Adam West, las películas de Christopheer Reeve y las caricaturas de los Superamigos. Pero este equipo de mutantes aventureros era completamente nuevo para mí. También lo era para muchas personas; era popular entre los lectores de cómics, pero prácticamente desconocido para los legos.

Empecé a ver la serie para seguir la conversación de mis amigos en el patio del recreo en la primaria. ¿Quién diría que se iba a convertir en un clásico y referencia obligatoria? A partir de ese año, los Hombres-X se convirtieron en los personajes más famosos no sólo de Marvel, sino de todo la cultura pop.

Creados por las leyendas Stan Lee y Jack Kirby en 1963, los heroicos mutantes conocieron su época más clásica con el equipo de Chris Claremont y John Byrne en las décadas de los 70 y 80. Desde un inicio, los Hombres-X han sido una alegoría de la otredad, la marginación y las opresiones de todo tipo, por raza, género, orientación sexual, discapacidad, etc.



El lugar común nos invita a tomar la relación de Charles Xavier con Erik Lensherr como un paralelo a la existente entre Martin Luther King y Malcolm X (la equis, de hecho, fue tomada de este último). Uno es el que quiere la cooperación pacífica entre mutantes y humanos; el otro piensa que la confrontación es inevitable. Es un poco forzada la comparación: Malcolm X era radical, pero no un supervillano como Magneto, y King, con todo y sus infidelidades, no fue tan gandalla como lo ha sido el Profesor X en los cómics.

Pero sí que se puede leer, sin temor a sobreinterpretar, a la nación supremacista de Genosha como un comentario sobre el apartheid en Sudáfrica; el virus Legacy como una metáfora del sida y la estigmatización de los pacientes de esta enfermedad; los Sentinels como contrapartes de las fuerzas gubernamentales represivas; personajes de la calaña de William Stryker o Bolivar Trask como representantes de los fanáticos intolerantes del mundo, etcétera.

En aquel entonces no captaba esas referencias históricas y sociales. De todos modos, aunque ahora entiendo lo enormemente privilegiado que era, en aquel entonces, como chico flacucho y enclenque, ligeramente afeminado, socialmente torpe y con gustos que me hacían “raro” a los ojos de los demás, me era fácil identificarme con esa panda de superhéroes inadaptados.

Meh, pero seamos sinceros: más allá del contenido social, las historias de los Hombres-X en los cómics y la televisión trataban de aventuras alocadas y coloridas, viajes en el tiempo, guerras intergalácticas, crisis de identidad, buenos que se vuelven malos y viceversa, clones, robots gigantes y todo eso. En la tradición marveliana, X-Men siempre fue encantadoramente hiperbólica y grandilocuente.



La serie animada fue revolucionaria. En su aspecto, el diseño de los personajes y escenarios, los colores y las sombras, era lo más parecido a un cómic que había en las pantallas. La animación era estupenda y el tema musical se ha convertido en la melodía definitiva para los Hombres-X; es más, una de las cosas que me frustran sin remedio es que en 19 años nunca hayan usado ese tema en alguna de las películas.

La serie terminó en 1997. Entonces, la idea de un largometraje ya se estaba discutiendo entre los fans del cómic y del cine. Cuando supe que sería una realidad, me emocioné muchísimo. Durante meses estuve siguiendo las noticias, esperando a ver los tráilers en el cine o en una página ahora desaparecida en la que tenías que descargarlos para poderlos ver (no existía YouTube). Me metía cada semana al sitio oficial de la película, leía todas las entrevistas con los actores y creadores, y hasta denuncié a mi hermanito en el Acta de Registro Mutante del Senador Kelly.

En verano llegó la película. La amé entonces y hasta la fecha ocupa un lugar especial en mi corazón (yo todavía no cumplía los 16). Seguí la saga desde entonces, y las vi casi todas en el cine. Han pasado cerca de veinte años desde entonces. Este junio me dediqué a revisitar todas las películas de los Hombres-X (dejaré las de Deadpool para otra ocasión), para ver qué reseñas y análisis mamalones podíamos hacer a partir de ellas. En su momento reseñé todas ellas, pero los tiempos cambian y los puntos de vista se transforman; además, verlas todas juntas permite apreciar detalles que en un principio no había visto. Vamos a ello:

X-Men (2000)
Dir: Bryan Singer



Pongámonos en contexto. El cine de superhéroes era muy raro en aquel entonces. Entre los años que transcurrieron de 1978 a 1992, los únicos ejemplos rescatables habían sido las películas de Superman dirigidas por Richard Donner (78 y 80), y las de Batman dirigidas por Tim Burton (89 y 92). Ésas eran la barra alta de las películas comiqueras. Los 90 estuvieron dominados por la saga de Batman, continuada por Joel Schumacher con resultados de pena ajena. Hubo otras cosas, que hoy sólo quedan como curiosidades para ver y disfrutar de la comedia involuntaria. Blade (1998) fue bien recibida en su momento y tiene status de clásico, pero realmente nadie la tomó como cinta de superhéroes, y pocos sabían que se basaba en un cómic.

Cuando se adaptaban historietas al cine, se esperaban muchos cambios con respecto al material de origen. El público en general rara vez conocía los cómics y las opiniones de los fans de hueso colorado importaba muy poco, pues no existía la retroalimentación inmediata que se da a través de las redes sociales desde que sale el primer tráiler. Ni los presupuestos, ni la tecnología de efectos especiales estaban para crear las secuencias de batallas épicas que emularan a la de los cómics. A nadie se le había ocurrido adaptar directamente una línea argumental que hubiera aparecido en las viñetas.

Al iniciar el nuevo siglo, nadie apostaba por las películas basadas en cómic. Definitivamente, nadie esperaba que su película iniciara una franquicia de largo aliento, mucho menos un “universo compartido” al estilo de Marvel. A lo mucho se dejaba la puerta abierta a una secuela, en caso de que la primera tuviera éxito y, si había suerte, se podía aspirar a tener una trilogía completa y autoconclusiva. Había que adaptarse a este escenario.



El director Bryan Singer tenía una tarea muy difícil por delante. No sólo debía hacer una película taquillera que justificara el presupuesto necesariamente elevado (aunque muy modesto para los estándares actuales), sino que tenía que hacer que el cine de superhéroes pudiera volver a ser tomado en serio después de tanto bodrio que había marcado la década anterior.

El resultado es una película que se diferenciaba radicalmente de todo lo que había existido hasta entonces. Vista en retrospectiva, aparece como algo muy modesto y sobrio. A diferente del colorido y extravagante cómic, esta cinta trata de ser lo más realista posible y, más que tratar de las batallas épicas entre héroes y villanos, se centra en las reacciones de la sociedad ante la existencia de un grupo de personas que son diferentes.

Para apreciar la película, los fans del cómic y la serie animada tendríamos que hacer algunas concesiones y aceptar ciertos cambios necesarios para adecuar el concepto a las necesidades del medio cinematográfico. No podía ser demasiado fiel al material de origen sin parecer ridícula; el color y la extravagancia tendrían que sacrificarse para que la cinta pudiera ser tomada en serio. Los personajes protagónicos tendrían que ser unos pocos (Charles, Erik y Logan), y los demás, aunque con historias ricas y personalidades complejas en los cómics, aquí sólo podrían ser secundarios o terciarios, con poco o nulo desarrollo.



Hay muchísimas cosas que esta película hizo bien. Puso en primer plano el tema de la diversidad y la intolerancia. Hizo del conflicto humano entre los personajes, con sus demonios internos, sus visiones divergentes del mundo y sus relaciones con la sociedad, el eje dramático de la cinta, en vez de las aventuras operáticas y las batallas épicas. ¡Y qué decir de la secuencia inicial! Directo en el campo de concentración, en el que Magneto manifiesta sus poderes por primera vez, como un recordatorio de los horrores de los que es capaz la humanidad.

El reparto se ha vuelto emblemático; es difícil imaginar a otros actores en sus respectivos roles: Patrick Stewart como Charles Xavier ‘Profesor X’, Sir Ian McKellen como Erik Lehnsherr ‘Magneto’, y el inigualable Hugh Jackman como Logan ‘Wolverine’. La saga completa gira alrededor de estos tres personajes y sus distintas formas de ver la vida.

La relación de amistad/rivalidad entre Charles y Erik son de lo mejor logrado en todas las películas. Uno es el moderado, alguien que cree que la coexistencia pacífica entre razas puede lograrse a través de la cooperación y el diálogo. El otro es un radical; habiendo sufrido uno de las expresiones más monstruosas de la intolerancia humana, piensa que la supervivencia de su pueblo depende de la derrota total de los otros. Logan se encuentra en el medio, el mundo humano no ha sido gentil con él, sino todo lo contrario; sin embargo, a pesar de toda su ira contenida y de su pasado violento, en el fondo es un buen hombre, lleno de compasión por los más débiles.



El odio de Magneto es comprensible: su familia fue masacrada en los campos de exterminio nazis. En uno de los mejores diálogos que ha habido en una cinta de superhéroes, Magneto le dice a Rogue señalando a la Estatua de la Libertad:

M: ¿Acaso no es magnífica?
R: La he visto antes.
M: Yo la vi por primera vez en 1949. América iba a ser la tierra de la tolerancia. De la paz.
R: ¿Va a matarme?
M: Sí.
R: ¿Por qué?
M: Porque no existe la tierra de la tolerancia. No hay paz ni aquí ni en ningún lugar. Familias enteras son destruidas sólo porque nacieron diferentes a aquéllos que ostentan el poder.

Él sólo quiere lo mejor para su pueblo, ¿no es así? Pues no tanto, como el mismo Logan hace ver, Erik está lleno de hipocresía. Dice luchar por el bien de la comunidad, pero gobierna sobre sus allegados con tiranía y está dispuesto a sacrificar a otros por la causa en la que él cree. “Si fueras tan noble, tú estarías en esa máquina” le espeta Wolverine. Eso es lo que hace de Magneto un villano.

Los actores de reparto también hicieron un gran trabajo; ¡todos ellos! El Instituto Xavier para Jóvenes Dotados se convirtió en una escuela de verdad, un espacio seguro para mutantes jóvenes (muchos de ellos rechazados por sus familias); se volvió un lugar lleno de chicuelos, en donde se imparten clases de todas las asignaturas. En el cómic los únicos en la Mansión X habían sido los miembros en activo del equipo, y lo único que hacían era entrenar todo el santo día en el Cuarto del Peligro.




X-Men, con su éxito en críticas y taquilla, demostró que las películas de superhéroes podían ser buenas otra vez. Hoy en día ya nos hemos acostumbrado a los espectáculos pirotécnicos de Marvel y sus desafortunados imitadores, pero si hemos llegado hasta este punto es porque hubo una evolución muy paulatina. Las carteleras y taquillas de cada año están dominadas por las aventuras de los encapotados, pero no siempre fue así. Sin X-Men jamás habría existido esta oferta palomera que nos hace tan felices a los ñoños del mundo.

X2: X-Men United (2003)
Dir: Bryan Singer



Ay, pero qué título tan pinche feo y complicado le pusieron a esta película. No extraña que se le conozca mejor como X-Men 2 y ya. En fin… La sabiduría popular calificó a esta película como una obra maestra que superó a la primera. Y sí, es muy, muy buena. Pero ahora que las vi una tras la otra en el contexto más amplio de la saga completa, me inclino más por declarar como superior a la primera, por poquito, y sólo porque está mejor redondeada, mientras que la segunda tiene más inconsistencias e irregularidades.

Si en algo triunfa X2 es que tiene más acción y un mayor desarrollo de los personajes conocidos. Es decir, la ventaja que usualmente suelen tener las segundas partes, porque el capítulo inicial tiene que ocupar mucho tiempo en introducciones. Los nuevos personajes son un brillante William Stryker, interpretado por Brian Cox, y un adorable Nightcrawler, interpretado por Alan Cumming.

Algunos de los mejores momentos incluyen a Wolverine yéndose con todo contra un grupo de militares; la secuencia inicial con Nightcrawler y el Dies Irae de Mozart es exquisita; Rogue desarrolla su relación con Bobby, mientras su amigo Pyro se va definitivamente al lado oscuro. Da un gusto enorme el cambio de dinámica que obliga a Magneto y los Hombres-X a trabajar juntos.



Sobre todo, la cinta hace más explícita la equivalencia entre ser mutante y ser miembro de una minoría perseguida. Aquí el villano no es ya otro mutante, pero malo, sino el fanatismo intolerante en la figura de William Stryker, un militar del ejército estadounidense con una agenda claramente genocida. En la cinta anterior el senador Robert Kelly (interpretado por Bruce Davison) es un conservador timorato que esconde sus prejuicios bajo la apariencia de preocupaciones legítimas sobre la seguridad del país, pero que no entiende del todo el daño que hace con la intolerancia que propaga. Ahora, Stryker es el siguiente nivel: un reaccionario violento dispuesto a mancharse las manos de sangre para llevar a cabo sus planes.

Hay algunos diálogos muy buenos. Incluso se formula la frase “el problema mutante”, con ecos de la terminología nazi “el problema judío”. Y cómo olvidar el momento tan ingenioso en el que la madre de Bobby Drake ‘Iceman’ le dice “¿Has intentado… no ser mutante?”, en un claro y jocoso paralelismo al “¿has intentado no ser gay?”, que es una pregunta igual de absurda.



Mi conversación favorita se da entre Nightcrawler y Mystique, ambos de una conspicua apariencia anómala y azul.

N: Dicen que puedes imitar a cualquiera. Incluso la voz.
M: “Incluso la voz”
N: ¿Entonces por qué no te quedas transformada todo el tiempo? Tú sabes… para ser como todos los demás.
M: Porque no deberíamos tener que hacerlo.

Este diálogo trata de uno de los puntos más importantes: los diferentes no tendrían por qué esconderse ni fingir para ser aceptados, no tendrían por qué ocultar su aspecto, su origen, su naturaleza o su personalidad para no incomodar a los “normales”.




Lo malo: una vez más neutralizan al Profesor X desde temprano; a Cyclops no le dan chance de hacer nada y lo pendejean bien gacho (está bien que el personaje sea medio soso, pero déjenle algo de dignidad, ni en los cómics es un completo inútil); Lady Deathstrike casi ni cuenta como personaje, sino que es una herramienta para el antagonista; por añadidura, inicia líneas argumentales que nunca se resuelven. La peli sigue sosteniéndose muy bien con el paso del tiempo. Pero claro, comparado con lo que estaba por suceder, sí es una obra maestra.

Como pilón, esta película me dio una de las frases más sabias de la vida, de boca del buen Magneto: "Nunca confíes en una mujer hermosa, especialmente si está interesada en ti."

X-Men: The Last Stand (2006)
Dir: Brett Ratner



Después del éxito de las dos primeras, el director Bryan Singer aceptó la oferta de dirigir Superman Returns para Warner y abandonó Fox, llevándose consigo a sus guionistas y hasta a James Marsden, quien interpretaba a Scott Summers ‘Cyclops’. Fue un grave error para su carrera, porque con eso acabó arruinando ambas franquicias.

A pesar de que es una mala película, The Last Stand tiene algunos elementos rescatables. Creo que con un nuevo corte de edición podría quedar mejor, sacando la mayoría de las escenas con Ángel, por ejemplo, o poniendo el final alternativo para Rogue, en el que ella no renuncia a sus poderes.


Sus pecados son, por supuesto: le tiene nulo respeto a personajes como Scott, Mystique o Rogue; a Jean Grey (interpretada por una Famke Janssen que siempre dio la talla) la convierte en casi un artilugio de la trama, en vez de un personaje con agencia; la línea argumental de Ángel es un estorbo; forzaron con torpeza la trama de la cura mutante con la de Phoenix en una sola cinta; los one-liners son terribles; y sobre todas las cosas, el que sean los mutantes bonitos y bien portados los buenos, mientras que los tatuados y perforados, los racializados y andróginos, son los malos que se unen a Magneto, socava el sentido de una obra narrativa cuto punto central es la necesidad de aceptar a los que son diferentes.

Pero, por otro lado, esta película tiene secuencias de acción mucho más impresionantes que las dos anteriores. De hecho, en ese sentido tenía un aspecto mucho más comiquero que cualquier otra peli de superhéroes hasta ese momento, con una batalla final que sólo sería superada por la de The Avengers hasta 2012.



Tampoco es completamente boba y vacía, pues plantea el tema de una “cura” para los mutantes, haciendo una obvia referencia a las “terapias de conversión” para la homosexualidad en nuestros días. Hay dilemas morales relevantes: personas como Storm o Wolverine no necesitan la “cura” porque pueden “pasar” como personas normales. Para Beast o Rogue no es tan fácil decir que no. Hasta entre los marginados hay grados de aceptabilidad a los ojos de la gente “normal”.

El señor Worthington, creador de la “cura” y padre de Ángel, no se ve a sí mismo como un intolerante prejuicioso, sino como alguien que quiere “ayudar” a la comunidad mutante a encontrar una solución a su “problema”. Existe mucha gente así en la vida real: no son realmente malas personas, sólo tienen prejuicios nocivos.

Hablando de Hank McCoy, la elección de Kelsey Grammer para el papel fue una brillantez. Storm tiene mayor protagonismo y oportunidad de brillar como una verdadera líder para los X-Men. Colossus, Iceman y Kitty entran en acción. ¡Vemos el Cuarto del Peligro! Además, el momento climático, en el que Logan tiene que matar a Jean es auténticamente conmovedor, así como el final agridulce de la película.



Definitivamente era un capítulo final indigno de la calidad previa de esta serie, y si las cosas hubieran terminado aquí, habría sido una verdadera tragedia. Afortunadamente no fue así…

X-Men Origins: Wolverine (2009)
Dir: Gavin Hood



Esta película es un churro palomero. Debía haber sido una mezcla entre los cómics Origin y Weapon X, pero en vez de eso quedó como una caricatura noventera tratando de ser cool y fracasando en el intento. Esas novelas gráficas son bastante trágicas y violentas, mientras que los productores de Fox querían un producto de acción y aventura que pudiera vender a la chaviza. Terminaron haciendo algo más bobalicón e infantil que las de X-Men. La sola idea de que una cinta de superhéroes pudiera ser primordialmente para un público adulto parecía absurda en aquellos años; estábamos muy lejos de Deadpool y Logan, y The Dark Knitgh no había tenido tiempo todavía de hacer escuela.

Ni hablar de lo que hicieron con Deadpool y cómo desperdiciaron a Gambit. No sé por qué no quisieron castear a Brian Cox para repetir el rol de Stryker; poniéndolo en forma y con algo de maquillaje lo habrían podido hacer lucir más joven, y el señor es mucho mejor actor que Danny Houston (a quien no se parece nada).



Les diré algo: The Last Stand y Origins: Wolverine son malas, pero por lo menos están divertidas y volvería a ver cualquiera de ellas antes que chutarme una vez más Apocalypse o Dark Phoenix, que son anodinas y no llevan a ningún lado. Origins está llena de clichés y efectos especiales malos (las garras parecen sacadas de Roger Rabbit), pero es tan chistosa que resulta un entretenimiento genuino, aunque sea nomás para reírse de lo ridícula que se pone. Además, tiene una secuencia inicial bien chingona.

Honestamente, me encanta Liev Schreiber como Victor; él y el Logan de Hugh Jackman tienen tal química que es un puro agasajo nomás verlos juntos. Fue muy inteligente que decidieran hacerlo un personaje diferente al Sabertooth de la primera película (nunca dicen que éste sea Victor Creed, ni llaman Sabertooth al personaje de Schreiber). Es que, a diferencia de las cintas de la nueva generación, ésta hace un esfuerzo por no contradecir la continuidad establecida por las otras pelis.


No que importe, porque con estas dos últimas la saga parecía haber muerto y quedado enterrada para siempre. El año anterior The Dark Knight había marcado un nuevo estándar de lo que se podía esperar del cine de superhéroes, además de que el Universo Cinemático de Marvel había arrancado con Iron Man. Una nueva etapa había iniciado para el género, y los días gloriosos de X-Men como franquicia habían quedado muy atrás. Sería necesaria sangre nueva para imprimir algo de frescura…


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