viernes, 28 de diciembre de 2018

Aquaman, el rey de los mares



Hola. Ya vi Aquaman. Y... pos nada. He dedicado sendas entradas a todas y cada una de las pelis de DC porque soy muy fan... Bueno, de todas, menos de Suicide Squad, que ni yo puedo defenderla. Para no dejar morir la tradición, aquí les traigo esta entrada sobre la última película del Universo Expandido DC o como sea que le llamen ahora.

¿Qué puedo decir? Está muy divertida. Como película, es una buena pieza de entretenimiento palomero. Si la hubiera visto a los 14 años o algo así, me habría alucinado. Ésa es su gran virtud: es una peli palomera de acción y aventura para toda la familia. Los fans del cómic disfrutamos las muchas referencias y la fiel adaptación al mito atlántico de DC (y los guiños a los clásicos de la literatura marítima, desde Julio Verne hasta Lovecraft), así como el recorrido por unas áreas muy ricas de ese mismo universo. Si no son fans, de todos modos tiene muchas secuencias de acción súper entretenidas, efectos especiales alucinantes, y un diseño de arte padrísimo.

Esto último es uno de los grandes logros de la cinta: la creación de mundos, junto con todo el aspecto visual. El Universo DC, con cada película, se ha presentado como un mundo extraño y lleno de rincones mágicos, míticos y legendarios, pero en esta cinta se muestra más que en ninguna otra. Aquí veremos de todo: la futurista Atlantis, los hombres cangrejo, los hombres pez, los monstruos marinos... Todo en una historia que lidia con leyendas que anteceden por miles de años a la trama que nos va contando.


Lo mejor de la película son nuestros dos protagonistas, Jason Momoa y Amber Heard. Los escritores tuvieron un gran acierto al hacer ésta una película sobre Aquaman y Mera juntos en una aventura, justo como en los cómics de Geoff Johns (uno de los guionistas). Los personajes son muy carismáticos y tienen mucha química en pantalla, aunque la dinámica es muy cliché.

Sí, ése el problema de la película: está llena de clichés. Todas las situaciones presentadas tienen paralelos con otras películas, sobre todo recientes, desde Black Panther hasta Moana. Tampoco me gustó que convirtieran al noble Arthur en un baturro ignaro. Nunca fue así en los cómics, ni siquiera en su etapa más darksss y ruda, que le escribió Peter David. Parece se que lo que pasa es que el mismo Momoa, así como es bien simpático, también es medio bobalicón. Ni qué hacerle, tampoco podía ser perfecto.

No hay mucho de superheroico, por otro lado. Nuestros héroes están en una típica búsqueda de un maguffin, en un recorrido por el mundo que bien podrían haber sacado de Indiana Jones (si Indy fuera un hombre pez). Realmente es sólo un pretexto para que tengan aventuras y vayan a lugares exóticos. Además, si eso de la Atlántida pasó hace miles de años, ¿cómo es que hay una clave importante en una estatua romana relativamente reciente? Ash, ya sé que es nitpicking, pero estas cosas me exasperan. 

La narrativa es un poco caótica, con tantas líneas argumentales y retrospectivas. Los villanos son planos, pero Black Mantha pinta bien para formar parte de la Legión de la Maldad. De hecho, me pregunto por qué la escena post-créditos no fue de Luthor reclutando a Mantha en vez del relativamente poco conocido doctor Shin. 



Pero, como les dije, está muy divertida. Me reí mucho con toda su ñoñez. Ha sido también muy taquillera. Digo, para estándares de DC. Atrás han quedado las pretensiones pseudo-intelectuales de Zack Snyder. Lástima, a mí gustaban. Digo, de eso se trata este blog, al fin y al cabo. Parece que su éxito demuestra que el público quiere películas bobas que no se tomen a sí mismas muy en serio. Pero Wonder Woman era más ambiciosa y también le fue bien en taquilla. Hay lugar para todo, creo yo.

Por otro lado, ¡es Aquaman! Un superhéroe al que nadie fuera del mundo comiquero tomaba en serio. Y se logró hacer una película bastante entretenida y exitosa. ¡Es todo un prodigio! James Wan consiguió darnos una pieza que, por lo menos en lo visual, no se parece a ninguna otra de superhéroes, y en la que la mayor parte de la acción transcurre bajo el agua. Con un reparto multiestelar. Llena de eye candy sin importar tus preferencias sexuales. Que al mismo tiempo es fiel al cómic y le da una interpretación novedosa. Hay que agardecerle por ello.

PD: Sigo esperando a que salga la edición extendida de Justice League :'(

sábado, 22 de diciembre de 2018

ROMA o las vicisitudes del postureo




A estas alturas es difícil decir cualquier cosa sobre Roma, la última película del mexicano Alfonso Cuarón, que ha estado en boca de todos en las últimas semanas. Es más, se ha dicho tanto, que hasta decir que se ha dicho tanto y es difícil añadir algo más se ha vuelto cliché.

Así que me limitaré a decir de la forma más honesta que me es posible lo que pienso de la peli, con el mínimo de pretensión. Creo que es excelente. La fotografía, la composición de cuadro, la dirección de cámara y en general todos los aspectos técnicos la hacen visualmente hermosa. De esas películas en las que “cada cuadro es como una pintura”. Tiene momentos verdaderamente grandiosos en los que yo sentí “wow, estoy viendo algo sacado de los grandes clásicos del cine”.

Excelente también me parecen las actuaciones, la narración y, sobre todo, el retrato sutil y honesto de lo que es y ha sido una realidad para muchos mexicanos, de ambos lados de la línea de la case social.  Es una película que retrata la opresión sistémica por cuestión de clase de forma tan fiel y sincera, y por lo mismo poderosa, que obliga a hacerse confesiones muy incómodas a cualquier espectador que, como su seguro servidor, es un clasemediero que tuvo nanas en la infancia y que hoy por hoy paga a una señora para vaya dos veces por semana a limpiar la casa.

Es cierto que se corre siempre el peligro de que la situación retratada se quede en las alabanza a la maestría del artista, y que nunca se haga el salto necesario a un cuestionamiento de esa realidad, uno que tenga consecuencias efectivas. Pero eso ya no es culpa del artista, sino de la sociedad que recibe la obra. El artista hace lo que puede con los recursos con los que cuenta; a los demás nos toca hacer lo propio y cada quién tendrá que descubrir qué es.

Por eso quería hablar de la recepción que ha tenido Roma, pero hasta en eso se me han adelantado. Es que Roma se ha convertido en algo más que una película: es ya un fenómeno social. Expresar la propia opinión sobre la cinta implica posicionarse frente a los demás, comparar lo que uno tiene que decir con lo que otros han dicho.



Independientemente de su calidad, Roma ha sido un éxito de mercadotecnia. No sé cómo, pero Cuarón logró que todo el mundo hablara en ella, y al estrenarse en Netflix con un par de semanas de diferencia a su aparición en las pantallas de cine, se aseguró que hasta los que no tienen tiempo, dinero o ganas de salir de su casa pudieran verla. En ese sentido se volvió como la serie de Luis Miguel: algo que están en boca de todos.

Las redes sociales, por la misma naturaleza del medio, son espacios para posicionarse, para decir éste soy yo y merezco tu atención por esto. El filme de Cuarón se convirtió en uno más de esos temas de los que todo el mundo tiene que opinar algo para no quedarse fuera del tren del mame. Es una oportunidad más para que cada quien señale en qué tribu se encuentra, qué es lo que apoya, contra qué se queja y de quién se burla.

Los seres humanos tenemos dos impulsos muy fuertes en nuestra naturaleza. Uno es el de pertenecer, para gozar de la protección y afecto del grupo. El otro es de sobresalir, para conseguir una buena posición dentro de ese mismo grupo. Normalmente buscamos pertenecer haciendo, diciendo y pensando lo mismo que los demás, y buscamos sobresalir haciéndolo mejor o más fuerte. Pero a veces, si eso falla, podemos sobresalir haciendo lo contrario de lo que hacen todo los demás.

Se sabe que una persona puede opinar cosas diferentes de una obra de arte si le dicen que el autor es un artista renombrado, o si ha leído críticas laudatorias al respecto. No es que la persona en cuestión sea hipócrita o sólo esté fingiendo: es que de verdad su cerebro reacciona diferente ante la percepción de la obra. Así de influenciables somos, animalitos sociales.

Por eso creo que nuestra recepción de Roma está muy contaminada por todo lo que se ha dicho al respecto y por la presión que sentimos por mostrarnos como alguien cuya opinión merece ser considerada. No sé si es posible llegar a la esencia de “lo que realmente pienso” de una cosa u otra sin las influencias de los demás, pero definitivamente creo que habrá que volver a ver Roma dentro de varios meses, cuando el ruido de fondo se haya calmado y la turba haya pasado a otro mame.

Roma es una película muy diferente a lo que la mayoría de la gente está acostumbrada a ver en el circuito comercial de cine hollywoodense. Comparada con el común denominador, su ritmo es pausado: hay muchos silencios y momentos que simplemente retratan acciones de la vida cotidiana que en una lectura superficial parece que no hacen avanzar la trama. Ésta, a su vez, no es fácilmente definible en un clásico arco argumental con un inicio, desarrollo y un desenlace. No hay héroes ni villanos dibujados con líneas gruesas. Tiene fotografía en blanco y negro, y muchos momentos diseñados para que ésta se contemple como arte en sí misma, y no sólo en función de la narrativa.

Estoy seguro de que muchísimas personas que vieron Roma porque se volvió trending topic no habían visto muchas cintas así en su vida. Eso es un logro de Cuarón y Netflix, y algo bien interesante para estudiar. Así que entiendo de dónde viene el que a muchas personas el filme les haya parecido lento, pretencioso y que no tenía trama. Bueno, pues ni modo, qué se le va a hacer. Lo interesante será ver si otras películas de tales ambiciones artísticas logran volverse así de virales y empieza a moldearse el gusto de las masas.



Mientras tanto, quiero decir una cosilla o dos sobre cierto tipo de pretenciosos cuyo postureo va más allá de la inevitable influencia que nos afecta a todos. Porque si bien creo que esas personas a las que describí en el párrafo anterior son sinceras en su sencilla apreciación, hay muchos otros que nada más están mamando. No faltan los cultosos que dicen que Roma es muy poca cosa, un capítulo más de Lo que callamos las mujeres, y que jejeje, no se compara con los grandes clásicos del cine como tal y tal autor.

Estas personas nada más están reaccionando al hecho de la película es mainstream y tienen que mantener su reputación como exquisitos para quienes nada de lo que haya llamado la atención de las masas tiene mérito. En su postureo no se dan cuenta de que el hecho de que una película así se haya vuelto mainstream es algo extraordinario, y estoy seguro de que si la cinta se hubiera quedado en el circuito de festivales y sólo con una semana y una sala en Cinépolis, la valoración por parte de estos arribistas habría sido mucho más positiva.

Ni hablar con los del mame opuesto, de los que quieren mostrar que ellos no son como los pretenciosos, sino que son banda y tienen barrio, y que por eso están mejores las de Mauricio Garcés que estas mierdas cultosas. O sea, que nada más buscan otras formas de pasar por únicos, diferentes y contreras.



Pero los que más desprecio me merecen son los mamadores de “¡Roma en verdad es clasista!”. Porque como la película refleja clasismo, pos entonces es clasista. Porque miren, hay personitas que nunca han podido superar una visión del mundo propia de películas de Disney, sólo que si en ésas los feos eran malos y los bonitos eran buenos, ahora que estos individuos están bien woke, viven en un mundo en el que los identificados como opresores son los malos y los oprimidos son los buenos.

Como la película no pone así clarísimo a la familia rica como malvada, ni a la sirvienta Cleo como una heroína insumisa; como no aparece la patrona vestida en un abrigo de piel de foca bebé jalando a Cleo de las greñas y gritándole “¡maldita gata!”; en fin, como la película no es sermoneadora ni panfletera, tiene a estos obtusos simploncillos tan confundidos que no han podido entender otra cosa más que la cinta celebra la servidumbre con nostalgia, romantiza la pobreza y hace apología de la sumisión.

No han entendido que precisamente uno de los puntos de la película es que la opresión de Cleo y de miles de mujeres como ella no se debe a la malignidad personal de las familias que las explotan, sino a la injusticia intrínseca de un sistema que ha estado casi inmóvil desde tiempos coloniales, un sistema que las personas aceptan, unos por comodidad, otros por resignación, ambos porque no conciben otra cosa. No captaron que lo que hace tanto más aterradoras esa opresión y dominación es precisamente que viene acompañada de un cariño sincero, pero inserto en una dinámica jerárquica y desigual.

El chairo y el gordo inmundo son creación de Bully Magnets

Pos no puedo sentir mucho respeto por la inteligencia de alguien a quien eso se le pasa por encima, y además siente la necesidad de sermonearnos al respecto. Porque así como unos posturitas quieren verse más exquisitos, y otros posturitas quieren verse más banda y más auténticos, esta clase de posturitas nomás quieren verse como más conscientes y moralmente superiores a los demás. Y por último estoy yo, cagándome en todos. Hipsters, hipsters everywhere.

Pos ya, con eso termino, porque no hay nada más navideño que expresar sin tapujos mi desdén por el prójimo. Felices fiestas y así.

Mejores comentarios sobre Roma que el mío:

+Roma de Jesús Silva-Herzog
+Las dimensiones de Roma de Antonio Salgado Borge



miércoles, 19 de diciembre de 2018

Umberto Eco y el mito de Superman - Parte II: La estructura ausente




Seguimos revisitando el clásico texto de Umberto Eco, "El mito de Superman", que publicara hace más de 50 años. Esto es parte de las celebraciones por el aniversario número 80 del Hombre de Acero. Pásenle a lo barrido.


Parte II: La estructura ausente

Eco también hace un contraste entre la estructura del mito clásico y la del mito moderno del cual Superman es su mejor representante. El mito clásico, nos dice el italiano, está ya concluido. Las historias de Hércules, del Rey Arturo o de Roldán, son bien conocidas desde el origen del héroe hasta su final. El arte y la literatura ofrecerán variaciones en sus diferentes representaciones de estos mitos o de ciertos episodios de los mismos, pero no habrá mucho de nuevo que inventar. Más aún, el público disfrutaba la reiteración de los sucesos ya conocidos a sabiendas de lo que habría de pasar (si acaso, la novedad estaba en la forma de narrarlos o en los detalles).



Sin embargo, ahora vivimos en una civilización de la novela, en la que se valora la sorpresa y la originalidad de la inventiva. Esto es especialmente cierto en la novela popular, como en los géneros de aventuras y policiaco, en los que parte del encanto es la emoción por lo que va a pasar. De modo que cada aventura tiene que ser única y diferente. Además, la civilización de la novela exige que sus héroes aparezcan en nuevas aventuras una y otra vez, lo cual impide que el mito llegue a su conclusión.

Pero, en realidad, nos damos cuenta de que Superman se ve obligado a mantener sus operaciones dentro del ámbito de las mínimas e infinitesimales modificaciones de su actuación, por los mismos motivos mencionados a propósito de la estaticidad de su trama: cualquier modificación general empujaría al mundo, y al propio Superman, hacia la consumación.
Cualquier cambio experimentado por Superman lo acercaría a la virtual conclusión de su mito y, por lo tanto, a su muerte. Ninguna de sus aventuras puede dejar un cambio definitivo en la vida del héroe, sino tener un carácter anecdótico y atemporal; todas deben ocurrir en un presente perpetuo. Tampoco el mundo en el que vive puede cambiar demasiado, y por eso Superman tiene aventuras autoconclusivas en cada número, que casi no tienen consecuencias sobre lo que sucede después, excepto tal vez introducir algún nuevo personaje recurrente. ¿Cómo puede un héroe así convertirse en mito?



A diferencia de los mitos clásicos, no se puede recurrir a contar la misma historia una y otra vez, de modo que los autores del cómic y de la novela popular echan mano de un recurso equivalente: contar aventuras diferentes, pero que tengan una misma estructura básica, y en las que el héroe pueda hacer gala de los rasgos de su personalidad y de los extraordinarios talentos que lo hacen único, reconocido y querido por el público (piénsese, por ejemplo, en las aventuras de Sherlock Holmes). Esta reiteración constante es lo que permite el proceso mitopoyético, en el que el personaje adquiere valor simbólico.

Ésta es una de las partes más brillantes del análisis de Eco, pero también de las que más necesitan una actualización. Es completamente real para lo que dice del Superman de la década de los 60, y en parte lo sigue siendo ahora, pero mucho ha cambiado. A partir de los 80 la estructura del mito ha dado pasos agigantados en otras direcciones.

Lo primero que podemos notar del Superman contemporáneo es que sí se ha conformado un relato mítico: el de su origen. Como las antiguas leyendas clásicas y medievales, éste es un relato que se nos cuenta una y otra vez en voces de diferentes rapsodas. El nacimiento de Kal-El en un mundo lejano (es decir, su origen divino), su adopción por parte de la gentil pareja de granjeros, su infancia y adolescencia en Smallville, el descubrimiento de cada uno de sus poderes, su relación con Lana Lang, su llegada a Metrópolis, su inicio como reportero, su relación con Lois Lane, su adopción del traje y del nombre de Superman, sus primeros encuentros con Batman, con Lex Luthor, con cada uno de los enemigos de su galería…



Si bien no hay una sola historia canónica, sí hay una serie de episodios y elementos que se consideran imprescindibles en la narración del mito de Superman. Éstos han sido interpretados a su manera por diferentes autores en los cómics, desde John Byrne (The Man of Steel, 1986), a Mark Waid (Birthright, 2004) y Max Landis (American Alien, 2016). Por supuesto, el mito es relatado también en sus adaptaciones en otros medios, las películas Superman de Richard Donner (1978) y Man of Steel de Zack Snyder (2013), o la serie animada de Bruce Timm y Paul Dini (1996-2000).

Un episodio importantísimo que ha pasado a formar parte del mito de Superman es el de su muerte a manos de Doomsday y su resurrección (en The Death of Superman, 1992). Es uno de los poquísimos episodios fuera del arco argumental de su origen que se repiten en distintos medios narrativos y obras de arte. Es parte esencial del mito superheroico porque cimenta el carácter mesiánico de Kal-El: muere para salvar a la humanidad, pero luego triunfa sobre la muerte al volver a la vida.

Uno más se ha sugerido en algunas ocasiones, el del final de Superman. El escritor Grant Morrison lo introdujo por vez primera en DC One Million (1998) y de nuevo en All-Star Superman (2008). El héroe, tras alcanzar la inmortalidad, pasaría eones indefinidos en el centro mismo del sol (quizá en compañía de su esposa, Lois). Es decir, se trata de la apoteosis de Superman. Así como el mito de Hércules termina con el ascenso del héroe al Olimpo para formar parte de los dioses, el de Superman termina con la asunción completa de su papel como deidad solar. Origen, triunfo sobre la muerte y apoteosis final: los elementos básicos de un mito ya están establecidos para Superman.


Eco apunta acertadamente que Superman es un personaje inconsumible; su historia, a diferencia de la de los héroes míticos clásicos, tiene que durar por siempre, por lo que no puede experimentar cambios de ningún tipo. El cambio sólo puede suceder en el tiempo, y el tiempo lleva irremediablemente a la muerte.

Superman se halla en la preocupante situación de ser un héroe sin adversario, y por tanto sin posibilidad de desarrollo. A esto se añade que, por estrictas razones comerciales (explicables también mediante una investigación de psicología social), sus aventuras son vendidas a un público perezoso, que quedaría aterrado ante un desarrollo indefinido de los hechos que ocupara su memoria durante semanas enteras, y cada aventura termina al cabo de unas pocas páginas, de modo que cada episodio semanal se compone de dos o tres historias completas, cada una de las cuales expone, desarrolla y resuelve un particular nudo narrativo, sin dejar huella de sí mismo.
Esto, sin embargo, empezó a cambiar en la década de los 70, en parte gracias al nuevo enfoque que Marvel Comics le dio al medio, al asegurar al público que cada una de las aventuras vividas por sus héroes dejaba huella en sus vidas. Marvel se atrevió primero a casar a Reed Richards con Sue Storm, y más tarde a matar a Gwen Stacy, la novia de Spider-Man; éste, que había iniciado sus aventuras como un adolescente, creció con el paso de los años y llegó a casarse con su otra novia Mary Jane. Pero Eco no sabía que eso estaba por venir. Jamás siquiera menciona a los cómics de Marvel, excepto por una nota al pie donde enlista a los Cuatro Fantásticos como ejemplo de otros héroes análogos a Superman.

Con el paso del tiempo y la revolución iniciada por Marvel, el esquema narrativo descrito por Eco quedaría superado. Se establecería que existe una continuidad (nótese el término, usado en la filosofía del tiempo): las historias de los héroes sí tendrían consecuencias y además se extenderían a lo largo de varios números (hoy en día un arco argumental promedio toma entre seis y doce, y algunas sagas masivas se extienden incluso abarcando diferentes títulos). Y claro, un fan del cómic que se respete no es aquel perezoso que se aterraría ante el deber de recordar sucesos, sino alguien que precisamente se enorgullece de acumular conocimientos enciclopédicos sobre todo lo que le acontece a su héroe favorito.



Pero esto no tardaría en chocar con lo que Eco ya había observado: que las necesidades comerciales exigen que las aventuras de Superman continúen indefinidamente. Los cambios acumulados mueven a Superman hacia direcciones que harían muy difícil mantener la serie en marcha. Vean lo mucho que tardaron en decidirse a casarlo con Lois Lane (hasta 1996) y cuánto más demoraron en darle un hijo (2015).  Referencias a acontecimientos, tecnologías, personajes o modas del mundo real ubican a nuestro héroe en el mismo presente que el nuestro (o lo que es el presente cuando sale cada número), en el que el tiempo obviamente transcurre, y aún así Superman y sus amigos no pueden envejecer o lo hacen muy lentamente.

El recurso del que han echado mano se ha vuelto tan socorrido que ya es motivo de burlas: sí, acumular cambios, pero cuando éstos se vuelven un bagaje muy pesado, simplemente regresar todo a la normalidad, ya sea a una pequeña escala (por ejemplo, revivir a un personaje mediante la magia o revelar que no estaba realmente muerto), o de plano a escala cósmica, restableciendo el universo en su totalidad.

Esto último lleva al mito del superhéroe a una inesperada dimensión cosmogónica, pues en vez de que los editores salgan a decir públicamente  “nada de lo de antes pasó, pónganle atención sólo a lo nuevo” (como hizo Disney con la restructuración del canon de Star Wars), DC se ha esforzado por explicar las transformaciones de su universo de forma intradiegética, como parte de la narración misma. Así, se crean historias que llegan a tratar con la estructura de la realidad, e incluyen viajes en el tiempo, el choque de universos paralelos, paradojas espacio-temporales y mumbo-jumbo pseudocosmológico y metafísico. Una vez más, las necesidades estructurales de la narración llevan al mito hacia nuevos niveles, y en este caso hacen del héroe parte de la creación y redefinición misma del cosmos.



Desde la primera reestructuración masiva del Universo DC en 1985 (con la clásica Crisis on Infinite Earths) lo que los editores, escritores y artistas de la compañía han intentado una hazaña casi sobrehumana, atajar un problema al que no han encontrado solución definitiva. Por un lado, mantener la saga de Superman como una constante sin final posible, porque el mercado exige que sigan apareciendo historias suyas. Al mismo tiempo, mostrar a Superman como un personaje que crece y evoluciona (por ejemplo, casándose con Lois y teniendo un hijo con ella). Por último, establecer un mito definitivo de Superman, que defina de una vez por todas cuáles de sus historias tendríamos que ignorar y cuáles sí forman parte del canon (nótese el término teológico, usado tanto por los creadores como por los fans).

La parcial e imperfecta solución con que se ha dado, y cuya fórmula comienza a desgastarse, ha sido permitir que los cambios se acumulen y luego restablecer el universo cuando éstos se hayan vuelto un estorbosos para continuar la narración. Así hemos tenido Zero Hour (1994), Infinite Crisis (2006), Flashpoint (2011) y DC Rebirth (2016). Como se ve, con los años echar mano de este recurso se ha hecho necesario con cada vez mayor frecuencia.

Si el público lo demanda y los creadores creen que es buena idea, algunos de esos cambios eliminados pueden restablecerse una vez más. The New 52 rejuveneció a Superman y borró la vida que ya había hecho con Lois Lane. Convergence (2015) reintrodujo al Superman casado con Lois a los que los lectores post-Crisis conocíamos, y hasta les dio un hijo. Así, el matrimonio y progenie de Superman tienen visos de convertirse en parte permanente de su mito.



Umberto Eco analizó el mito de Superman cuando se encontraba aún en una etapa muy temprana. ¡Qué son 30 años en la conformación de un mito! Sin embargo, el ejemplo que nos dejó el brillante intelectual en su análisis estructuralista nos enseña el camino a seguir y las herramientas a emplear en el análisis del mito superheroico, y nos muestra cómo las necesidades narrativas del medio en el que se transmite un relato determinan decisiones por parte de sus creadores.

Ahora nos encontramos en una etapa muy interesante, una en la que el mito ya tiene episodios narrativos que se consideran elementos imprescindibles, y se debate entre la continuación sin fin y un desarrollo que inevitablemente llevaría a su consunción. ¿Llegará Superman a tener un mito definitivo, a la manera de Hércules? Quizá en otros 50 años alguien hará otro análisis para saberlo.


FIN

viernes, 14 de diciembre de 2018

Umberto Eco y el mito de Superman - Parte I: El superhombre de masas




En 1965 apareció el clásico del gran intelectual italiano Umberto Eco (1932-2016), Apocalípticos e integrados, uno de los textos base de lo que se convertiría décadas más tarde en el fértil campo del estudio y análisis de la cultura de masas. Uno de los ensayos más famosos incluidos en el libro se titula “El mito de Superman”, en el que Eco, ávido lector de las historietas del Hombre de Acero, se dedica a deconstruirlo con un análisis típicamente estructuralista.

Han pasado más de cinco décadas desde que Eco hiciera este análisis. En ese entonces Superman todavía no cumplía los 30, mientras que este año ha alcanzado los 80. ¿Qué tanto se aplican las observaciones de Eco a los cómics de la actualidad? Revisitemos el clásico texto y pongámoslo en contraste con la forma en la que el mito superheroico ha evolucionado a través del tiempo.

Parte I - El superhombre de masas



Umberto Eco inicia su ensayo hablando de los procesos mitopoyéticos, es decir a través de los cuales se crean los mitos. La Iglesia medieval, por ejemplo, usaba un rico arsenal de imágenes, a las que confería una serie de significados simbólicos para transmitir a la feligresía ciertas creencias y valores. Por supuesto, la estrategia tenía éxito y los símbolos, aunque dictados desde la jerarquía, eran adoptados por la sensibilidad popular.

Un paralelismo muy curioso puede encontrarse con la publicidad contemporánea. Los publicistas también quieren dotar un producto tal (prendas, aparatos o automóviles) de valores simbólicos, como status, sofisticación y éxito, que el público absorbe e identifica. Los medios de comunicación de masas permiten que esta mitopoyética adquiera características universales.

El objeto es la situación social y, al mismo tiempo, signo de la misma; en consecuencia, no constituye únicamente la finalidad concreta perseguible, sino el símbolo ritual, la imagen mítica en que se condensan aspiraciones y deseos. Es la proyección de aquello que deseamos ser.
Dada la enorme influencia de los medios masivos sobre la sensibilidad del público, se debe abordar el estudio de la cultura de masas de forma que implique una desmitificación de sus imágenes, para entender cuáles son sus objetivos y cómo los promueven. El cómic brinda una excelente oportunidad para hacer esta clase de análisis.

Eco pone sobre la mesa el caso de Terry, un personaje creado por Milton Caniff en 1934. El personaje era tan popular que, cuando se enlistó en el ejército para luchar en la Segunda Guerra Mundial y más tarde fue ascendido, los diarios publicaron la noticia y la Fuerza Aérea estadounidense envió al creador un carné de identificación completo. Por otra parte, cuando murió Raven, una popular compañera de Terry en los cómics, se produjeron reacciones masivas en todo el país.

El histerismo se produce por la frustración de una operación enfatizante, por el hecho de que falte el soporte físico de las proyecciones necesarias. Desaparece la imagen, y con ella desaparece la finalidad que la imagen simbolizaba. La comunidad de fieles entra en crisis, y la crisis no es sólo religiosa, sino psicológica, porque la imagen revestía una función demasiado importante para el equilibrio psíquico de los individuos.

Todo lo anterior sigue muy vigente, aunque todavía no se daba un caso en que pudiera aplicarse a Superman, por razones que veremos más adelante. Pero en 1992, con The Death of Superman, el mundo reaccionaría masivamente como lo hiciera muchas décadas atrás con respecto a los cómics de Terry. Quizá lo que dice Eco contribuya a explicar las reacciones furibundas que expresan algunos fans cuando sus personajes sufren cambios drásticos.

Para Eco, Superman es “una imagen simbólica que reviste especial interés” y, al igual que los símbolos de la religión, la mitología y la publicidad, una “imagen mítica en que se condensan aspiraciones y deseos”. Que Superman sea un ser de habilidades extraordinarias que cualquier humano envidiaría no es novedad; ahí están los mitos de Hércules y Sansón, o los héroes de las novelas de aventuras y misterios. Es la creación de Clark Kent lo que tiene mayor interés:

En una sociedad particularmente nivelada, en la que las perturbaciones psicológicas, las frustraciones y los complejos de inferioridad están a la orden del día; en una sociedad industrial en la que el hombre se convierte en número dentro del ámbito de una organización que decide por él; en la que la fuerza individual, si no se ejerce en una actividad deportiva, queda humillada ante la fuerza de la máquina que actúa por y para el hombre, y determina incluso los movimientos de éste; en una sociedad de esta clase, el héroe positivo debe encarnar, además de todos los límites imaginables, las exigencias de potencia que el ciudadano vulgar alimenta y no puede satisfacer.
[…]
Clark Kent personifica, de forma perfectamente típica, al lector medio, asaltado por los complejos y despreciado por sus propios semejantes; a lo largo de un obvio proceso de identificación, cualquier oficinista de cualquier ciudad americana alimenta secretamente la esperanza de que un día, de los despojos de su actual personalidad, florecerá un superhombre capaz de recuperar años de mediocridad.
Ésta es una de las partes más interesantes del ensayo y que conserva una actualidad total. Los héroes de la cultura de masas tienen esa misma característica que apela a las frustraciones y sentido de insignificancia del hombre en el mundo moderno (particularmente el varón heterosexual de clase media).



No es gratuito que muchas historias heroicas de gran éxito inicien con un protagonista que vive una vida ordinaria e insatisfactoria, que de pronto se ve transformada porque descubre un secreto sobre sí mismo (ser “el elegido”, ser el hijo o heredero de un personaje extraordinario) o que obtiene poderes fantásticos de forma accidental: Peter Parker, Luke Skywalker, Harry Potter o Neo son sólo los ejemplos más señeros y culturalmente relevantes, pero se puede ver la estrategia usada de la forma más burda cada año en los muchos aspirantes a blockubuster hollywoodense.

Es la forma en la que se vende una fantasía aspiracional: el espectador se identifica con el protagonista y entonces se permite fantasear con que, al igual que aquél, algún día podrá descubrir que es más de lo que cree, salvar al mundo, triunfar sobre sus enemigos y obtener a la chica. De base, no es muy distinta de la forma en la que publicistas venden productos al cargarlos de valores simbólicos: el hombre común se convierte en un exitoso campeón e irresistible conquistador al tener el auto equis o usar el perfume ye.

Aunque, debo decir, en mi opinión también hay niveles, y lo que inicia repitiendo los clichés típicos de una fantasía aspiracional puede convertirse en mucho más. Superman ha llegado a ser un símbolo que representa lo mejor de los anhelos humanos. Sigue siendo una fantasía aspiracional, pero el lector fantasea con mucho más que sólo ser poderoso, popular y atractivo: fantasea con tener la facultad de hacer el bien y corregir las injusticias del mundo.




¿En qué consiste ese “hacer el bien”? Eco dice que Superman tiene conciencia cívica, pero no política. Siendo capaz de crear con sus propias manos riquezas para alimentar a los pobres del mundo, o de derrocar a todos los dictadores de la tierra, prefiere dedicarse a detener ladrones y hacer obras de caridad.

En el ámbito de su little town el mal, el único mal a combatir, se configura bajo la especie de individuos pertenecientes al underworld, al subterráneo de la mala vida, preferentemente ocupado, no en el contrabando de estupefacientes ni –cosa evidente- en corromper a políticos o empleados administrativos, sino en desvalijar bancos y camiones blindados. En otras palabras, la única forma visible que asume el mal es el atentado a la propiedad privada.
[…]
Como otros han dicho ya, tenemos en Superman un ejemplo perfecto de conciencia cívica completamente separada de la conciencia política. El civismo de Superman es perfecto, pero lo ejerce y configura en el ámbito de una pequeña comunidad cerrada. […] Si el mal asume el único aspecto de atentado a la propiedad privada,  el bien se configura únicamente como caridad. Esta simple equivalencia bastaría para caracterizar el mundo moral de Superman.


Esto, reconoce Eco, se explica por el esquema narrativo, que impide cualquier cambio profundo y permanente en Superman y su mundo. En efecto, si los escritores de Superman se comprometieran abordar hasta sus últimas consecuencias el impacto que un ser como él tendría en el mundo, se verían obligados a producir una obra en la que el escenario fuera tan distinto de nuestra cotidianidad que resultaría irreconocible (y quizá poco atractivo). La imaginación tiene límites y una historia así no podría continuar por siempre.

Lo anterior, sin embargo, no excluye que con ello terminen creando y difundiendo ciertos contenidos ideológicos. De hecho, eso es parte de la tesis central del italiano: que la estructura del relato determina sus contenidos, como veremos en la segunda parte.

No obstante, lo que dice Eco no ha sido siempre ha sido así. Superman en los 30 y 40 se enfrentaba no sólo a jefes criminales sino a políticos y empresarios corruptos, y respondía a las injusticias del mundo real, sufridas por personas comunes y corrientes a manos de los poderosos. Esto queda patente desde su primera aparición en Action Comics #1, donde va tras a un cabildero que corrompe políticos, o en este recuento de otras historias tempranas, en el que lo podemos ver combatiendo a financieros abusivos, entre otros villanos capitalistas. Superman sí fue por Hitler y Stalin y los llevó ante la Liga de Naciones para responder por sus crímenes.



El carácter progresista de Superman se vio atenuado en la década de los 50 y 60 debido a la Guerra Fría y macartismo, pero también porque los editores vieron que tenían en el personaje una mina de oro y que había que mantenerlo en circulación por siempre, un tipo de estructura que limitaba las posibilidades de la narración.

Pero los cambios revolucionarios que llegaron con la aparición de Marvel (pocos años después de que Eco publicara su ensayo), obligaron a los creadores de cómics a madurar y reconocer que si querían mantener la ilusión de que los superhéroes viven en un mundo análogo al nuestro, tendrían que abordar los problemas que suceden en él. Resulta que los lectores habían crecido también y las historietas ya no podían darse el lujo de ser tan ingenuotas, mientras que sí podían permitirse tratar temas más controvertidos. En los 70, Superman defendió a trabajadores migrantes del abuso de un capataz gringo, y hasta los alentó a irse a huelga para luchar pos sus derechos.

El progresismo de Superman ha sido una constante en el personaje; tan es así, que no hace mucho la ultraderecha gringa acusó al Azulote de practicar supersocialismo, ¡por defender a extranjeros del ataque de blancos nacionalistas!  Lex Luthor, el principal enemigo de Superman, pasó en los 80 de ser un científico loco con planes estrafalarios, a convertirse en un empresario plutócrata corrupto y sin misericordia, que lo mismo asesina periodistas que orquesta golpes de estado en naciones del tercer mundo. A principios del siglo XXI, este villano se convirtió en el presidente de los Estados Unidos, una crítica a la corruptibilidad del sistema americano y lo manipulable de su electorado.



Hoy en día es muy raro ver a Superman combatiendo a simples asaltantes de bancos. La mayoría de sus enemigos son de origen superhumano, no sólo porque así son mucho más interesantes sus historias, sino porque de esa forma se soluciona el problema que describe Eco en su ensayo. Superman no puede tener un gran impacto en su mundo, pero ahora sería considerado infantil si se limitara a resolver problemitas locales de delincuencia. De modo que los escritores han optado por neutralizar el impacto de Superman (y de otros héroes), al enfrentarlo con amenazas tan extraordinarias como él. Sus esfuerzos se concentran completamente en detener invasiones extraterrestres y otras catástrofes a gran escala. Así, los superseres, sean héroes o villanos, tienen poco más que un impacto superfluo en el desarrollo social, político, cultural y tecnológico del mundo humano normal (la tecnología fantástica que crean estos personajes permanece para el uso exclusivo de ellos; véase que Reed Richards es inútil).

Esto nos muestra una curiosa evolución en el arquetipo del superhéroe. En un principio era una suerte de superpolicía, y hasta sus enemigos superpoderosos se limitaban casi siempre al robo o alguna otra actividad delictiva de escala local. Ha sido ya muy ridiculizado el cliché del villano que dispone de tecnología increíble para luego limitarse a robar bancos con ella en vez de, por ejemplo, producirla en masa y venderla a los ejércitos del mundo.

Pero con el tiempo el héroe ha evolucionado a un papel como superguerrero, que ya no se ocupa de delitos menores, sino de amenazas a nivel global. Libra, junto con un ejército de sus compañeros de armas (la Liga de las Justicia, en el caso de Superman; los Vengadores para Marvel) verdaderas batallas en sagas épicas que abarcan diversos números y títulos a lo largo de meses. Nótese la cantidad de estas historias, tanto en Marvel y DC, que llevan en su título la palabra guerra o algún otro término bélico: World War III (2000), Our Worlds at War (2001), Civil War (2007), Secret Invasion (2008), Trinity War (2013), Secret Wars (2015), The Darkseid War (2017). El siguiente paso sería llevar al mito superheroico a escala cosmogónica, algo que también dicta la estructura narrativa del medio y que abordaremos en la segunda parte.



Pero además se ha hecho intentos honestos por abordar la responsabilidad de Superman (y de los superhéroes en general) ante los problemas reales que afligen el mundo, lo cual ha dado algunas de las mejores historias del héroe. En Peace on Earth (1998) Superman se plantea qué podría hacer para solucionar el hambre en el mundo. En la saga King of the World (1999) se explora lo que sucedería si de verdad Superman enfocara la totalidad de su tiempo y esfuerzo en solucionar todos y cada uno de los problemas de la humanidad. En What’s so Funny About Truth and Justice & the American Way? (2001), nuestro héroe da una lección a un grupo de superseres extremistas acerca de intervenir violentamente en los asuntos de las sociedades humanas.

La respuesta que éstas y otras historias dan es la siguiente: Superman no puede intervenir en los grandes asuntos del mundo, no sólo porque eso violaría la sacralidad de la libertad humana, sino porque éstos son inconmesurablemente complejos y no se pueden resolver mediante el ejercicio arbitrario de sus poderes; después de todo, y a pesar de ellos, Superman es, en el fondo, sólo un hombre, y ninguno tiene derecho a imponer su voluntad sobre los demás.



Entonces, desde tiempos de Eco nuestro héroe ha evolucionado junto con su mundo y sus historias: se ha hecho más rico y complejo. Y sin embargo, Eco tenía razón: la estructura narrativa impuesta por las necesidades del medio terminan dictando el tipo de historia que se contará. La pregunta “¿por qué Superman no interviene para solucionar los problemas económicos, sociales y políticos del mundo?”, es un problema que surge del hecho de que se pretende continuar de forma indefinida las aventuras de un ser superpoderoso. Esto su vez obliga a una respuesta de corte ideológico (“porque la libertad, el poder arbitrario, etc…”), cuya función es, en el mero fondo, legitimar una estructura narrativa que se quiere preservar.



Continúa en:
Parte II: La estructura ausente

Publicado originalmente en Revista Soma

martes, 11 de diciembre de 2018

Dioses y Monstruos: Galería



Ahora sí, para terminar con las celebraciones del bicentenario de Frankenstein, les dejo con esta colección de afiches de varias películas (¡no todas!) inspiradas, aunque sea muy libremente, en la novela de Mary Shelley. Cuando se pudo, las puse en alta resolución y toda la cosa, para más placer. No dejen de comentar sobre sus favoritas. Si no lo han hecho, no dejen de checar las cuatro primeras partes de esta serie, en las que hablé de la vida de Mary Shelley e hice algunos análisis de la novela y las películas que ha inspirado.

Parte I: Mary
Parte II: Víctor
Parte III: Boris
Parte IV: ¡Está vivo!

Frankenstein - 1910
La primera adaptación oficial, de los estudios de Edison

Life Without Soul - 1915
Película silente que se ha perdido por completo

Frankenstein - 1931
La clásica de clásicas, que inicia el ciclo de Universal

The Bride of Frankenstein -1935
La secuela que superó a la original

Son of Frankenstein - 1939
Una tercera parte que vale mucho la pena. Fue la última vez que Karloff se puso el maquillaje del monstruo.

The Ghost of Frankenstein - 1941
El principio de la debacle. De aquí en adelante todo es malo.

Frankenstein meets the Wolf Man - 1943
Es una mala película, pero es el primer crossover de la historia del cine.

The House of Frankenstein - 1944
Esta reverenda porquería se adelantó casi 70 años a Los Vengadores

Abbot and Costello meet Frankenstein - 1948
Ya sólo nos quedaba reír. Ésta fue la segunda y última vez que Bela Lugosi hizo de Drácula

I was a Teenage Frankenstein - 1957
Un descendiente de Frankenstein toma el cuerpo de un chavo muerto en un accidente de tráfico y lo convierte en un monstruo. Son los 50; los adolescentes son el público meta. Y ya desde entonces las productoras pensaban que los chavos son idiotas fácilmente impresiona... ¡oh, miren un escotazo!

Frankenstein 1970 - 1958
Típicamente cincuentera, esta película nos lleva ¡al futuro! O sea, 1970, en el que un descendiente del Dr. Frankenstein crea un monstruo usando nada más y nada menos que energía nuclear. Boris Karloff interpreta al científico loco.

Frankenstein's Daughter - 1958
De nuevo con el tropo del descendiente del doctor. La "hija" es una muchachona creada por él.

The Curse of Frankenstein - 1957
La primera del ciclo de Hammer, una cinta deliciosa con un genial Peter Cushing como el Barón.

The Revenge of Frankenstein -1958
El barón Frankenstein traslada el cerebro de un joven brillante, pero paralizado, hacia un cuerpo artificial creado con partes de los pacientes de su clínica. Todo sale mal.

The Evil of Frankenstein - 1964
Hammer obtuvo permiso de Universal para usar el diseño clásico de la criatura, y decidió hacer un muy fallido retcon, que no cuenta con la dirección de Fisher, el único que puede hacer verosímil la trama más extravagante.

Frankenstein Created Woman - 1967
Fisher regresa a dirigir. Aquí el barón pone la mente de un hombre ejecutado injustamente en el cuerpo de su desgraciada novia suicida. Hombre y mujer en un mismo cuerpo buscan venganza de sus incriminadores. Vale mucho la pena.

Frankenstein must be Destroyed - 1969
La más violenta y sexualmente explícita de la saga. 

The Horror of Frankenstein - 1970
Un burdo intento de reboot para la serie, con un nuevo y más joven Frankenstein, aún en la universidad. Es mala, pero cuenta con David "Darth-Vader" Prowse como el monstruo

Frankenstein and the Monster from Hell - 1974
Después del fracaso del reboot, Cushing, Fisher y hasta David Prowse regresan para un último round. Ya estábamos todos bien cansados, a decir verdad.

Furankenshutain tai Chitei Kaijû Baragon - 1965
Es japonesa. De Kaijus. Con un mosntruo de Frankenstein gigante que pelea con otros Kaijus. Nuff said.

Frankenstein Meets the Space Monster - 1965
Un astronauta sufre un accidente y se convierte en "un frankenstein" o guarever. Tiene que enfrentarse a un monstruo espacial igualmente estúpido.

Jesse Jame meets Frankenstein's Daughter - 1966
Considerada una de las peores películas de la historia. El legendario maleante del Viejo Oeste se enfrenta a la biznieta de Frankenstein y su monstruo. 

Dracula vs. Frankenstein - 1971
Los 70 fueron una época fea, llena de gente fea haciendo películas feas. Ésta es una de ellas.

La Figlia di Frankenstein - 1971
Los italianos tuvieron una era dorada del cine de horror, que imitaba en gran parte la estética de Hammer.

Drácula contra Frankenstein - 1972
Jesús Franco era uno de esos cabrones setenteros feos que hacían películas feas con gente fea, y que sólo le gustan a los drogadictos y pervertidos.

Black Frankenstein - 1973
También conocida como "Blackenstein", forma parte de una racha que nos dejó "Blackula" y "Dr. Black and Mr. Hyde". Película de blaxplotation: poco presupuesto, mucho sexo y violencia, y afros orgullosos. Black power... supongo.

Andy Warhol's Frankenstien - 1973
No se dejen engañar por el título. Andy Warhol lo único que hizo fue dar permiso para que usaran su nombre y visitar el set un día. Es, en la tradición de Jess Franco, otro porno softcore psicodélico sobre científicos locos para drogadictos pervertidos.

Young Frankenstein - 1974
¡Por fin! Algo de buen gusto entre tanta horripilancia setenteta. La excelente comedia de Mel Brooks y Gene Wilder que parodia la primera trilogía de Universal.

Kyofy Densetsu Kaiki! Frankenstein - 1981
Animé basado en la novela y en los cómics de Marvel

The Bride - 1985
Adaptación libre en la que el Dr. Frankenstein (¡interpretado por Sting!) está enamorado de su creación femenina.

Frankenstein Unbound - 1990
Dirigida por el amo del rey de la serie B, Roger Corman, basada en la novela de Brian Aldiss. Es una peli de ciencia ficción en la que un viajero del tiempo conoce al Dr. Frankenstein y su monstruo, así como a Mary Shelley.

Mary Shelley's Frankenstein - 1994
La adaptación más fiel a la novela, y una de mis favoritas. Tan definitiva que ya nadie intentó readaptar la novela en algún tiempo.

Frankenstein - 2004
Esta miniserie quiso ser más fiel a la novela de lo que había sido incluso la versión del 94. Si no has oído hablar de ella es porque el resultado fue olvidable. A veces ser tan fil lleva a ser aburrido.

Frankenstein: Day of the Beast  - 2011
Interesante giro: Victor y Elizabeth están por casarse en una isla remota, cuando empiezan a ser acechados por el monstruo. Con mucho gore y un poco de sepso.

Frankenweenie - 2012
La adorable versión de Tim Burton, para niños; es lo mejor que el director ha hecho en años.

The Frankenstein Theory - 2013
Cuando el género "found footage" estaba pasando de moda. Un grupo de científicos y sus cámaras se van al Ártico porque creen que la novela de Mary Shelley era verdad histórica. Descubren que sí, lo era.

I, Frankenstein - 2014
De los creadores de "Underworld", llega esta fantasía oscura sobre el monstruo de Frankenstein, todo guapote, interpretado por Aron Eckhart, quien se ve en medio de una guerra entre gárgolas y demonios. Ajá, pienso lo mismo.

FRANK3N5T31N - 2015
Adaptación que trae el mito a tiempos modernos. El doctor Frankenstein y su esposa Elizabeth crean al hombre perfecto con ingeniería genética e impresión 3D. El joven sufre malformaciones y escapa del laboratorio. La historia que conocemos se repite, pero en un entorno urbano y moderno. Pues bien, cuando vi que tenía 100% en Rotten Tomatoes se me antojó verla, pero es prácticamente inconseguible. Luego descubrí que la calificación de RT se basa en seis putas reseñas, porque nadie chingados vio esta peli, y no es que alguna de ellas diga que es una película maravillosa, sólo es "positiva". O sea, decían que la peli "estaba bien". En fin, lo único que aprendí que Rotten Tomatoes es una broma.

Victor Frankenstein - 2015
Como ya dije, es una película divertidísima que homenajea a los clásicos del mito frankensteiniano. Me gusta mucho. 


Con esto hemos terminado por fin. Pueden ver más cosas extravagantes en mi álbum Rarezas pulp. Espero que hayan disfrutado estos festejos. ¡Nos vemos!

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