Donde Hércules conoció a Buda - Parte I - Ego Sum Qui Sum

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MAIK CIVEIRA & LA ALIANZA FRIKI ANTIFASCISTA

jueves, 20 de agosto de 2020

Donde Hércules conoció a Buda - Parte I

 

Alejandro vs. Poros. Promocional de una serie de TV.


¿Saben qué ME FRUSTRA de nuestra educación histórica eurocentrista? Que deja muchísimas cosas fascinantes fuera, incluso aquéllas que tienen que ver con las civilizaciones clásicas en las que se fundamenta la llamada Civilización Occidental. O sea, leyendo casi cualquier libro de historia universal, y no me refiero solamente a los escolares, sino a los de divulgación para un público general, nos cuentan con mucho detalle la Grecia Clásica, el Siglo de Pericles, las Guerras Médicas y demás. Luego vamos con Alejandro Magno y sus conquistas. Se muere Alejandro y bueno, luego vino una cosa llamada Periodo Helenístico, pero no es tan importante, así que ya vamos a hablar de Roma…

 

Pero de esos siglos en que, desde el Medio Oriente hasta la India, medio mundo estuvo lleno de reinos griegos no nos dicen gran cosa. ¿Por qué? ¡Eurocentrismo, les digo! Entonces no nos cuentan una historia increíble que marcó el desarrollo de Asia, y que fue de cuando Hércules conoció a Buda. Ésta es una historia que involucra a griegos, persas, indios, chinos, escitas, hunos y, sobre todo, elefantes, en reinos que se extendían por territorios tan vastos que hacen ver a los modernos estados-nación de Europa como enanos. En escenarios exóticos que incluyen desiertos, estepas, selvas, valles, ríos caudalosos y montañas nevadas imposibles de cruzar. Es la historia, en fin, de la primera vez que Occidente chocó con el Lejano Oriente. Presten atención.

 

Capítulo I
SINDH Y BHARATA

 

El escenario en el que se desarrolla este drama


La tierra a la que llamamos India es tan gigantesca que se le considera un subcontinente. Al occidente está limitada por un gran río, llamado en sánscrito Sindhu, y la región alrededor de su desembocadura, Sindh. Los persas tomaron ese nombre como Hindu, y al país a sus orillas le llamaban Hindostán. El sufijo -stán en persa significa “tierra o país”, de ahí que tantos países en el centro de Asia se llamen Nosequestán. Los griegos tuvieron noticia de estas tierras por los persas y deformaron el nombre del río como Indo; el sufijo -ia también significa “tierra o país”, así que India fue el nombre griego para la Tierra del Indo. Irónicamente, hoy la mayor parte de la zona se encuentra en Pakistán.

 

Por el norte, la inmensa cordillera de los Himalayas separa a la India separa del resto del Asia, y en el oriente su frontera natural es la cuenca del río Ganges, una tierra que en sánscrito era llamada Bharata, nombre que hasta la fecha los mismos indios usan para referirse a su país. Entre estos dos grandes ríos se extiende la Llanura Indo-Gangética, un territorio muy fértil y propicio donde aparecieron muchas de las civilizaciones más importantes de la India. Es curioso que los dos nombres que hoy se usan para todo el subcontinente, Sinhd y Bharata, originalmente se referían a regiones muy específicas de estas tierras.

 

El Valle del Indo
Nuestra historia comienza en el siglo VI a.C., en la región del Valle del Indo. Es una zona muy fértil y ya era muy populosa en aquel entonces, ocupada por distintos. Bueno, pues a éstos les pasó lo que a un montón de gente por aquellos años: ¡los persas!

 

Fundado por Ciro el Grande hacia el 550 a.C., el Imperio Persa Aqueménida fue el más grande de sus tiempos. En su momento de máxima expansión abarcó territorios desde el sur de Europa y Egipto, pasando por el Oriente Medio hasta llegar a la India. Entre otras tierras conquistadas estaba Jonia, un territorio griego en la península de Anatolia, actual Turquía. Tomen nota porque es importante.

 

Parece que fue el mismo Ciro quien llegó por primera vez al Indo y conquistó territorios cercanos, pero lo que es seguro es que uno de sus sucesores, Darío I, fue quien arribó con todo en el 518 a.C. y conquistó la región del Valle del Indo. De norte a sur, a lo largo del Indo se encuentran las regiones de Gandhara, Punyab y Sindh. La capital de las provincias persas en la India fue probablemente la ciudad de Taxila, en Gandhara.

 

El ejército aqueménida que conquistó la India estaba compuesto por soldados provenientes de todos los rincones del Imperio, incluyendo a algunos soldados jonios. Estos fueron los primeros griegos que los indios conocieron. En griego, “Jonia” se dice Ionia. En persa se decía Yauna y en las lenguas de la india, esa palabra pasó como Yona (prácrito) y Yavana (sánscrito); además, en Chino se volvería Yuan (ya iremos más adelante con eso). Estas palabras fueron usadas por los pueblos orientales para referirse a los griegos en general.

 

El ejército aqueménida
Pero no todos los jonios fueron de buena gana hasta los confines del mundo. De hecho, los súbditos griegos de Persia tuvieron un largo historial de rebelarse constantemente contra el Gran Rey. Como castigo, muchos de ellos fueron deportados a otra provincia remota del Imperio: Bactria. Esta región se encuentra justo donde termina la India y comienza Asia Central, y comprende partes de los actuales Afganistán, Tayikistán y Uzbekistán. Como resultado de las deportaciones, una población griega empezó a florecer en aquel rincón lejano del mundo.

 

Mientras tanto, India se convirtió en la provincia más rica del Imperio Persa, y de ahí los reyes aqueménidas obtenían suculentos tributos. Registro de los indios abundan en el arte y los documentos persas. Aunque los aqueménidas no construyeron gran cosa en la India, especialmente porque estas tierras ya estaban bastante urbanizadas, sí dejaron huellas culturales de otro tipo, incluyendo la astrología y la adivinación de Babilonia, el zoroastrismo iranio, la lengua y el alfabeto arameos, y estilos artísticos y arquitectónicos que los reinos indios copiaron. Además, en la Universidad de Taxila, probablemente el primer centro de enseñanza de este tipo en el mundo, estudiaron eruditos, líderes religiosos y futuros gobernantes indios, incluyendo el gramático Panini.

 

Ruinas de Taxila


Darío I, recordarán, es el mismo vato que intentó conquistar Grecia en el 490 a.C. Es que, mira, si ya conquistaste el mundo, qué más da un montón de pastorcitos y mercaderes que vivían en una peninsulita del Mediterráneo. Pos fue un chasco para los persas, a quienes los atenienses derrotaron humillantemente en la Batalla de Maratón. Ésa fue la Primera Guerra Médica, pero esto no se iba a quedar así, porque el hijo de Darío, Xerxes, regresaría diez años más tarde para vengar la derrota de su padre, dando lugar a la Segunda Guerra Médica. Pero también perdieron los persas, porque This is Sparta! y ya saben cómo va esa historia.

 

Guerreros indios en el ejército persa, según 300

Pero esto no es lo que nos interesa, porque las Guerras Médicas entre Grecia y Persia nos las han contado un montón de veces. Como dijimos, el ejército aqueménida estaba compuesto por soldados de todos sus territorios, y eso incluía a los indios. O sea, hubo guerreros indios que participaron en la invasión persa a Grecia; incluso se sabe que participaron en la destrucción de Atenas y que combatieron (y perdieron) en la Batalla de Platea. Que sepamos, éstos fueron los primeros indios que viajaron a Europa.


¿Cómo sería para los griegos en la India y para los indios en Grecia? ¿Qué habrán pensado al hallarse tan lejos de sus hogares, en tierras tan extrañas? ¿Cuál habrá sido su impresión al ver hombres de aspecto tan diferente al suyo? Ojalá pudiéramos saberlo de sus vivas voces, pero es claro que rara vez los testimonios de la gente común pasan a la historia…

 

Capítulo II
SIKANDAR

 


En el 336 a.C. subió al trono de Macedonia un muchachito de 18 años que llegaría a ser conocido como Alejandro Magno. Éste es otro personaje del cual se ha hablado un montón, y no es para menos, que antes de morir a los 33 años, el chaval había cambiado para siempre la historia del mundo. Baste ahora con recordar que después de haber conquistado Grecia se fue a la guerra contra el Imperio Persa. Son famosas las grandes victorias de Alejandro en las batallas de Issos (333 a.C.) y Gaugamela (331 a.C.), en las que derrotó al último Gran Rey aqueménida, Darío III. Es probable que en Gaugamela los macedonios enfrentaran por primera vez a los elefantes de guerra indios, hasta 15 de ellos, según las crónicas antiguas.


Tras la victoria en Gaugamela, Alejandro entró triunfalmente en Babilonia. Quiero abrir un paréntesis aquí, para reflexionar; en ese entonces la ciudad llevaba 1500 años siendo capital de diferentes imperio. Los helenos que entraron en celebración por las Puertas de Ishtar debieron pensar que estaban en una tierra mítica, en una ciudad que reinaba en el mundo antes de que siquiera existieran los griegos. Seguramente pensaron que sería eterna. Y pos nada, esa clase de cosas te pone a pensar...

 

Alejandro en Babilonia
En fin, recordemos que Alejandro era un genio militar, pero también un megalómano pirado (no se hace lo que hizo Alejandro sin ser un megalómano pirado). La cosa es que, tras conquistar Mesopotamia y Persia, Alejandro siguió viajando hasta el oriente, porque resulta que el sueño de su vida era llegar al fin del mundo. Tuvo que enfrentarse a la resistencia de las antiguas provincias del Imperio Aqueménida, no todas las cuales se rindieron fácilmente al nuevo conquistador. Bessus, sátrapa de Bactria, se proclamó a sí mismo sucesor de Darío III y Gran Rey de Persia, y Alex tuvo que ir a demostrarle quién era el único amo del mundo.

 

Eso lo obligó a adentrarse en el Asia Central, en las regiones de Aracosia, Bactria, Partia y Sogdia; en estas lejanas tierras fundó varias ciudades, todas llamadas Alejandría. En el actual Afganistán, quedan Alejandría Aracosia y Alejandría del Cáucaso (los griegos llamaron Cáucaso Indio a la cordillera del Hindú Kush). Alejandro penetró en Asia Central tan profundo que estableció Alejandría Escate en el Valle de Ferganá, actual Tayikistán. En el 329 a.C., mientras los vasallos de Bessus entregaban a su rey a los macedonios, Alejandro derrotaba a los escitas en la Batalla del Jaxartes, justo en la frontera de los actuales países de Uzbekistán, Tayikistán, Kirguistán y Kazajistán. Quiero repetirlo para los que están allá atrás: Alejandro Magno combatió, conquistó tierras y fundó ciudades en lo que alguna vez serían territorios del Imperio Ruso y la Unión Soviética. Tómense un tiempo para procesarlo.

 

Así se ve el Hindú Kush

Terminadas estas campañas, y habiéndose anexado territorios más grandes que la Grecia misma (y de haberse casado con la que sería madre de su hijo, Roxana), Alejandro vio que no podía llegar hasta el fin del mundo atravesando las gigantescas montañas del Hindú Kush, y que tendría que pasar por las tierras al sur de éste: la India. Dicho y hecho, agarró a su gente y se fue para allá.

 

Miren, Alejandro creía que el mundo era como lo muestra el Mapa de Hecateo, y que la India, concebida como un territorio pequeño más allá del Indo, era el fin del mundo. Alejando esperaba llegar a ese confín, embarcar con su gente y regresar por el Océano hasta el Mar Rojo y Egipto, habiendo así dado la vuelta al mundo. No se imaginaba que la India era mucho más grande, y que más allá había otras tierras.

 


Alejandro entró a la India desde el norte, por la región de Gandhara, donde se encontraba la ciudad de Taxila. Ésta se entregó al conquistador sin luchar, como lo hicieron otras poblaciones que habían formado parte del Imperio Aqueménida. Pero Alejandro quería ir más lejos y penetró en India más al oriente de lo que lo habían hecho los persas.

 

Alejandro en Aornos
Estas tierras, como ya habíamos dicho, estaban muy pobladas, y los griegos tuvieron que enfrentarse la resistencia de prácticamente cada reino y poblado por el que pasaban. Para ello Alejandro no dudó en usar la fuerza bruta y masacras poblaciones enteras, sin perdonar a hombres, mujeres y niños, reduciendo algunas ciudades a ruinas. El asedio y conquista de la fortaleza de Aornos, en las montañas del actual Pakistán, fue una de sus hazañas militares más celebradas. Parece ser que las leyendas decían que Hércules había sido incapaz de tomar una fortaleza del mismo nombre, y que Alejandro quería superar a su “medio hermano”. Pues lo consiguió.

 

Siguiendo hacia el sur por el río Indo y sus afluentes está la región del Punyab, donde Alejandro tendría la última de sus grandes contiendas, la Batalla del Hidaspes. Aquí, en el 326 a.C. los griegos enfrentaron al ejército más grande y poderoso que hubieran visto en aquellas regiones, encabezado por el rey Poros, quien contaba con alrededor de 100 elefantes de guerra. Contra lo que parecía probable, los griegos ganaron, aunque la victoria fue muy costosa. Alejandro perdió ahí a su querido caballo Bucéfalo, en cuyo honor fundó Bucefalia, a orillas del Hidaspes. La cosa debió haber sido más o menos así, pero sin subtítulos en rumano (además, esa zona era menos selvática y más bien una pradera):

 


Poros, por su parte, impresionó a Alejandro con su dignidad y valor. Se cuenta que cuando el raj indio fue capturado por las tropas del basileo macedonio, Alejandro le preguntó "¿Cómo esperas que te trate ahora? y Poros respondió "Como un rey trataría a otro rey".  El joven monarca tenía en mucha estima el honor y la lealtad, así que permitió a Poros seguir reinando en sus dominios, ahora como sátrapa del imperio macedónico. También quedó maravillado del comportamiento de uno de sus elefantes de combate, al punto que lo nombró Áyax y mandó a condecorarlo con anillos de oro en sus colmillos, que llevaban la inscripción “Dedicados a Áyax, por Alejandro hijo de Zeus”. Les digo que era un loquillo ese Alex.


Batalla del Hidaspes
No fue ésta, sin embargo, la última batalla del gran conquistador. A casi cada paso que daba, tenía que conquistar algún reino, grande o pequeño. Si el rey se rendía, pasaba a convertirse en vasallo de Alejandro; si no, se arriesgaba a que los griegos masacraran a toda su población. Pero conforme el macedonio se adentraba en la India, los griegos empezaron a escuchar rumores de un gran reino hacia el oriente; uno que tenía miles de elefantes de guerra a su disposición. Recordando lo difícil que había sido vencer a Poros, y cansados de tanto pelear y de estar tan lejos de casa, los soldados de Alejandro se amotinaron y exigieron regresar.

 

El monarca macedonio no tuvo más remedio que ceder. Siguió conquistando pequeños reinos en la región de Sindh, pero ya no tuvo grandes batallas. Después de organizar el gobierno de los territorios conquistados, y antes de abandonar la India, encargó a una flota que explorara las costas entre la desembocadura del Indo y el Golfo Pérsico. Mientras, emprendió el camino de regreso junto con su ejército por el sur. Atravesó el Desierto de Gedrosia para volver a Persia. En el trayecto, las tropas de Alejandro sufrieron muchas bajas debido a los rigores del desierto (se dice que él se negó a beber más agua que la pudieran tener sus hombres). No tuvieron más batallas, pero encontraron tribus primitivas que prácticamente vivián en la Edad de Piedra (¿qué habrían sentido estas gentes al ver a los griegos?). Los griegos llegaron por fin a Persia en el 324 a.C. y Alejandro murió al año siguiente en Babilonia, en circunstancias misteriosas; quizá fue envenenado, quizá murió de alguna enfermedad exótica adquirida en la India.


El imperio de Alejandro
 

Alejandro, además de ser un guerrero implacable, era un hombre de cultura, discípulo de Aristóteles. Junto con él viajaron geógrafos, historiadores y naturalistas que fueron tomando nota de las gentes, criaturas y lugares que encontraron a su paso. Los cronistas griegos escribieron con asombro sobre lo que vieron en la India: decenas de ciudades tan populosas que las más pequeñas tenían cinco mil habitantes; abundancia de cultivos y de ganados; cosechas desconocidas como lo eran el arroz, el mijo y la caña de azúcar; sorprendentes métodos agrícolas.

 

Alejandro y Poros, retratados en el arte indio

Conocieron a los brahmanes, a los que equipararon con los filósofos griegos; se asombraron con la práctica religiosa de inmolar a las viudas con los cuerpos de sus maridos difuntos; tomaron nota de las lenguas de la India y de sus sistemas de escritura; admiraron de los médicos indios, que podían curar enfermedades, heridas y mordeduras de serpientes, ante las que los griegos estaban atónitos. Por cierto, Sikandar es como los persas y los indios llamaron a Alejandro; ese nombre se volvió legendario en Asia.

 

“Oye, pero todavía no has contado de cuando Hércules conoció a Buda, ni has mencionado a China”. Buen punto, mi imaginario interlocutor. Para llegar a esa parte, hay que entender que el reino cuya fama asustó a los soldados de Alejandro era Magadha. Y es cierto que era grande y poderoso, pero su rey era tan odiado por todos que, poco después de la muerte de Alejandro, fue derrocado. De no ser por la rebelión del ejército, un gran imperio griego se habría enfrentado con un gran imperio indio. Pero no se preocupen: eso sí llegaría a pasar, y es lo que les voy a contar en la próxima entrada…

 

CONTINUARÁ...

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