Enero 2026: Así se ve el fascismo y así se ve la Resistencia - Ego Sum Qui Sum

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PROFESOR MAIK CIVEIRA & LA ALIANZA FRIKI ANTIFASCISTA

miércoles, 4 de febrero de 2026

Enero 2026: Así se ve el fascismo y así se ve la Resistencia

Esta entrada fue publicada con anticipación para mis mecenas en Patreon


“El fascismo puede ser definido como una forma de actuar político marcado por una excesiva preocupación por la decadencia, humillación o victimización de la comunidad, y por cultos compensatorios de unidad, energía y pureza, en el que un partido de masas de militantes nacionalistas comprometidos, trabajando en colaboración tensa pero efectiva con las élites tradicionales, abandona las libertades democráticas y persigue, con violencia redentiva y sin límites éticos o legales, objetivos de limpieza interior y expansión exterior.”


Robert O. Paxton


Enero de 2026 ha sido un mes cargado de acontecimientos, muchos de los cuales habrían sido impensables apenas unos meses antes. La cantidad de sucesos que han estado ocurriendo es tal que resulta imposible escribir cualquier cosa porque la historia misma está desarrollándose con celeridad frente a nuestros ojos (o, al menos, en nuestras pantallas). 


Éste no es un blog para resumir noticias, porque esa clase de contenidos pierde vigencia muy rápido. Sin embargo, creo que es importante al menos trazar un panorama general de lo que está ocurriendo para saber en dónde nos encontramos ahora y poder actuar a partir de acá. Y es que para mí está claro que el fascismo (post-fascismo, derecha radicalizada, o como quieran llamarle, es igual) ya no es amenaza, sino una realidad. El Rubicón se ha cruzado, las suertes están echadas, y no hay forma de regresar a la normalidad por los conductos usuales. Las libertades democráticas se están abandonando, la violencia ya no conoce límites éticos ni legales, y la limpieza interior y la expansión exterior están en proceso. El invierno está aquí.


I. EXPANSIÓN EXTERIOR



En mayo de 2025, en mi serie dedicada a los imaginarios políticos actuales había dicho sobre el post-fascismo trumpista:


“Con estos personajes, toda pretensión de respeto a un derecho internacional se esfuma, revelando lo que había debajo, pero que ahora se vuelve mucho peor: un orden global basado en la ley del más fuerte.”


Luego vinieron Nigeria, Venezuela, Groenlandia… Y quién sabe qué venga después. Tras los bombardeos a Venezuela y la captura extrajudicial de Nicolás Maduro y su esposa, y con la mira del régimen trumpista sobre Groenlandia, Stephen Miller, uno de los asesores más extremistas de Trump, dijo abiertamente:


“Puedes hablar todo lo que quieras sobre cortesías internacionales y todo lo demás. Pero vivimos en un mundo, en el mundo real, Jake, que está gobernado por la fuerza, que está gobernado por la coerción, que está gobernado por el poder. Estas son las leyes de hierro del mundo.”


Trump ni siquiera finge que la invasión a Venezuela fue por la democracia y la libertad. Lo dice con claridad: es por petróleo. Es por hacer más ricos a él y a sus amigos y por mantener la hegemonía del dólar. Así que no tiene problemas en dejar a todo el aparato corrupto y represor del chavismo en su lugar, a todos los funcionarios cleptócratas que fingían trabajar en nombre del “socialismo bolivariano”, siempre que ahora trabajen para el nuevo amo. Mientras, Corina Machado se arrastra y humilla ante el tirano y le regala su premio Nobel de la Paz, mismo que ya era una ridiculez que ella recibiera. Estamos en la línea temporal más pendeja.


Nunca simpaticé con el régimen de Maduro, y creo que la izquierda internacional no hizo lo suficiente para denunciar sus abusos y sus corruptelas. Ya me explayaré sobre eso en otra ocasión. Pero el que un país se arrogue la autoridad de derrocar al gobierno de otro, de forma unilateral y aprovechando la asimetría de poder, violando todas las leyes internacionales,sería alarmante en cualquier caso. Que lo haga además una potencia que tiene un historial de intervencionismo imperialista que rara vez acaba bien para la población de los países intervenidos debería asustarnos. Que encima lo haga cuando está encabezado por un gobierno que demuestra ser cada vez más extremista debería aterrarnos.



La catástrofe climática avanza con una fuerza destructiva cada vez mayor. Prevenir o amortiguar el desastre implicaría cambios profundos en la organización económica y social de todo el mundo; sería necesario combatir la desigualdad y procurar mejores vidas para todos. Las élites del mundo han hecho los cálculos y resulta mejor para sus inmundas fortunas dejar que el mundo se vaya a la mierda y asegurarse de mantener la hegemonía después del apocalipsis. De ahí la violencia que demuestran para apoderarse de territorios y recursos naturales. 


Gaza fue sólo el primer paso. Demostró que se podía cometer un genocidio frente a las cámaras y transmitirse a todo el mundo y que nadie con el poder para hacerlo movería un dedo. Venezuela era un blanco fácil; un gobierno paria con pocos aliados, muy impopular en su país y por el que nadie arriesgaría el cuello. Los tiranos han estado tanteando el terreno y conforme se sientan envalentonados pasarán a luchar por objetivos más grandes.


Cuando quedó claro que las ambiciones anexionistas de Trump no eran broma, como muchos quisieron creer, se dejó ver un atisbo de esperanza en la unidad y firmeza de las naciones europeas para oponerse a la agresión contra Groenlandia y Dinamarca. Fue una muestra de solidaridad paneuropea, de poder de negociación y una voluntad de confrontar al bravucón. Y sin embargo, bajo esta primera impresión optimista, se dejaban entrever crudas realidades, como que las potencias europeas no han mostrado esa voluntad para hacer algo por Gaza, por las acciones de Trump en el Sur Global o por el crecimiento de la ultraderecha en sus propios territorios.


¿Por qué América Latina o el mundo árabe no se unen de esa manera para enfrentar al bravucón? Pues no es que seamos tontos, es que no tenemos esa clase de poder, ni los mecanismos para actuar en conjunto que tiene la Unión Europea, y eso es porque las potencias imperialistas se han encargado de que no los tengamos. Necesitaríamos el apoyo de potencias como Europa y Canadá, pero éstas están tan comprometidas con su racismo y la supremacía del Norte Global, que no dicen ni pío cuando la amenaza se dirige hacia la gente morena.



Por otro lado, lo que la Unión Europea obtuvo de Trump no fue gran cosa. El magnate anaranjado prometió no invadir ni anexarse la isla (por ahora), pero refrendó el derecho de Estados Unidos a actuar militarmente en Groenlandia (para “defenderla”, claro), explotar sus recursos naturales (en especial las tierras raras) y construir infraestructura para el desarrollo tecnológico (que es lo que querían los tecnomillonarios desde un principio), así como vetar a otros países de invertir allí (concretamente Rusia y China). Además, le permitirán que la zona sea parte de su proyecto del Domo Dorado, un sistema antimisiles que pretende emular al Domo de Hierro de Israel, pero que cubra todo el subcontinente norteamericano, y que significa un regreso a la época de las carreras armamentísticas.


Entonces, ¿realmente ganaron los europeos? Cierto que la mayor parte de esto eran cosas que Estados Unidos ya podía hacer, pero nada de ello es una buena señal para la soberanía de Europa. Es más, uno se pregunta si la estrategia de Trump no había sido desde un inicio amenazar con tomar todo para que le cedieran “sólo la mayor parte”. No sé, pero yo siento todo este asunto como cuando Inglaterra y Francia cedieron los Sudetes a Hitler y luego presumieron haber conseguido la paz por toda una generación.


No creo que haya un jefe de Estado en todo el mundo que no entienda qué clase de persona es Donald Trump y qué clase de gobierno encabeza. Si no se atreven a confrontarlo es por miedo y porque creen que el sometimiento es más conveniente para mantener algo de la cota de poder que les queda. No se atreven a llamar fascista a Trump por la misma razón que no se atreven a llamar genocidio a lo que ocurre en Palestina.




Hoy las máscaras se caen. El primer ministro canadiense, Mark Carney dijo en el Foro de Davos:


“Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era en parte falsa. Que los más poderosos se saltarían las normas cuando les conviniera. Que las normas que regulan el comercio se aplicaban de forma asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con mayor o menor rigor según la identidad del acusado o la víctima”.


Sí, todo esto ya lo sabíamos. Pero la muerte de un eufemismo siempre da miedo. Es la señal de que los criminales ahora piensan que ni siquiera tienen que fingir porque no temen a las consecuencias de cruzar los límites. El orden mundial emergido tras el final de la Segunda Guerra Mundial, creado supuestamente para evitar que sus horrores se repitieran, está dando sus últimos estertores. Y lo que viene después podría ser aun peor.


Y eso que ni ha quedado oportunidad de hablar de la “Junta de Paz” para planificar la “reconstrucción” de Gaza… Se trata de un comité de líderes autoritarios de repúblicas bananeras y representantes de algunas de las megacorporaciones más predatorias del mundo, todos presididos por Trump con el objetivo de explotar el territorio de Gaza tras el genocidio. Hacer negocio sobre los cadáveres de miles. Ahora Trump ha confesado su ambición de sustituir a la misma ONU con su camarilla de buitres. Lo irónico es que fue la ONU la que aprobó la creación de esta farsa, pero es que en ello se ve cómo todas las instituciones que pudieron en algún momento hacer algo para detener al monstruo apostaron por apaciguarlo. 


Hay pocas cosas en las que una persona decente puede estar de acuerdo con un cabronazo como Winston Churchill, pero una de ellas es que a los fascistas se les combate, no se les apacigua. Hoy resuena su frase: “Os dieron a escoger entre la vergüenza y la guerra. Escogisteis la vergüenza y ahora tendréis también la guerra”.


II. LIMPIEZA INTERIOR



Hay campos de concentración para inmigrantes funcionando dentro y fuera del suelo americano. Si creen que exagero es porque no han estado prestando atención, o es que están de acuerdo con todo esto y sólo no les gustan los nombres que lo hacen sonar como algo malo. Éstos son algunos datos de un reporte del American Immigration Council:


  • En un año, el número de personas detenidas en los centros de ICE han aumentado un 75%

  • Las instalaciones de detención han aumentado 104 en número, un 91% de incremento.

  • El perfil de las personas que pueden ser detenidas por ICE se ha ampliado en un 600%; el despliegue de fuerzas federales no tiene precedentes.

  • El número de personas sin antecedentes penales detenidas ha aumentado un 2450% (leyeron bien).

  • El número de personas liberadas tras ser detenidas ha caído un 87%.


Por añadidura, más de treinta personas han muerto bajo custodia de ICE desde 2025. En algunos casos por negligencia y sometimiento a condiciones peligrosas o insalubres, y en otros como resultado de la violencia directa por parte de los agentes.


Los miembros de ICE están arrestando a personas que no han cometido delitos y entrando a las casas sin órdenes judiciales. Están destruyendo familias. En 2025, 3,800 menores de edad fueron aprehendidos. No importa si no tienes un historial delictivo, no importa si tienes tus papeles migratorios en orden, no importa si eres ciudadano estadounidense: ICE está persiguiendo a personas que no sean blancas, y la Suprema Corte lo permite abiertamente. Esto no es sobre legalidad ni seguridad, sino limpieza étnica



Ahora los agentes de ICE están atacando a manifestantes pacíficos que se oponen a sus tácticas de terror. Personas que protestan siguiendo todas las reglas de la democracia, son arrestadas, golpeadas y lesionadas por matones que quieren destruir esas mismas reglas. ICE ya ha matado a cinco personas en lo que va del año. Incluso periodistas han sido violentados o arrestados por documentar las protestas


Otro documento filtrado pone en evidencia que los agentes están instruidos para ingresar a los hogares sin necesidad de órdenes judiciales, lo cual viola directamente la Constitución, mientras que Stephen Miller ha declarado que la agencia federal tiene “inmunidad absoluta” para actuar y hacer su trabajo, algo inconcebible para cualquier fuerza policiaca en una democracia. Esto no se trata de legalidad ni seguridad, sino de suprimir a la oposición política y consolidar el poder.


Robert Reich ya había alertado sobre que ésta sería la táctica de Trump: enviar a sus matones a los estados de mayoría Demócrata para sembrar el terror y el caos, provocar una respuesta por parte de la gente y luego usar eso como pretexto para invocar la Insurrection Act, llamar a las tropas federales e instaurar la ley marcial. Le urge que las elecciones de noviembre de este año no se lleven a cabo, o al menos asegurarse de tenerlas en su bolsillo y que no haya posibilidad alguna de que los Demócratas ganen.


Si el partido Repúblicano pierde las elecciones, Trump ha dicho que sabe que lo llevarían a otro juicio para intentar destituirlo. Uno de sus colaboradores históricos, el neonazi Steve Bannon, ha dicho con todas sus letras que si se pierden esas elecciones, muchos de los políticos cercanos a Trump irían a la cárcel. Por eso no debería extrañarnos que la fiscal general de Trump, Pam Bondi, le escribió al gobernador de Minnesota, Tim Walz, pidiéndole acceso al padrón electoral y los datos de recipientes de asistencia social a cambio de finalizar el acoso de ICE en la entidad, como se reveló en un documento filtrado. Por eso no debería sorprendernos que Trump haya ordenado al FBI tomar las oficinas electorales de Atlanta o que esté llamando a que el gobierno federal, y no los estados, sean los que administren las próximas elecciones.


En el discurso popular se ha llamado a ICE la “Gestapo de Trump”, pero en realidad esta agencia tiene más en común con las SA que con la policía secreta del régimen nazi. Las SA, camisas marrones o Stormtroopers (sí) fueron las fuerzas de choque del movimiento nazi desde antes de la llegada de Hitler a la cancillería y fueron usadas para sembrar el terror entre sus víctimas y enemigos políticos: judíos, izquierdistas, inmigrantes, sindicatos… Aunque ICE existía desde principios de este siglo, sus números se expandieron exponencialmente y su modo operandi se transformó durante 2025, al incluir masivamente a antiguos miembros de los Prod Boys y otras milicias de ultraderecha. Es decir, Trump dio un lugar en su gobierno a un montón de supremacistas blancos, les repartió insignias y armas, y los lanzó a la calle con poco entrenamiento y mucha propaganda fascista.metida en el cerebro.



Los regímenes tiránicos atacan primero a los más vulnerables. Luego van ampliando sus objetivos: primero inmigrantes indocumentados, luego inmigrantes con documentos, después ciudadanos de origen inmigrante, y ahora ha comenzado la ofensiva contra ciudadanos blancos que se opongan al régimen. También de forma paralela, se han estado quitando los derechos a las personas lgbtq+, empezando por las personas trans, la letra más vulnerable de ese alfabeto.


Estamos en un punto en el que instancias de gobierno están publicando abiertamente lemas e imaginería neonazi, en que chats filtrados en que los líderes Republicanos alardean de su racismo y sus simpatías por Hitler. El gobierno está borrando de sus sitios web oficiales no sólo información histórica, sino partes de la Constitución que tienen que ver con derechos civiles básicos. Y, por si fuera poco, Trump ha admitido públicamente desde Davos: “Yo soy un dictador, pero a veces se necesita a un dictador”. 


La gente está siendo intimidada por los agentes del orden por cosas sencillas como postear en redes contra este gobierno. Si quieres viajar a Estados Unidos debes permitir que sus agentes revisen tus redes sociales para asegurarse de que no critiques a Trump o denuncies el genocidio en Gaza. Cuando la compra de la red social Tik Tok se consolidó por parte de una megacorporación aliada del régimen, comenzó la censura contra contenidos que fueran críticos a Trump, referencias a Jeffrey Epstein e incluso se detectó un shadow ban a las cuentas asociadas al partido Demócrata. Nunca se trató de “libertad de expresión” contra la amenaza del wokismo, sino de reemplazar cualquier discurso medianamente progresista por propaganda de extrema derecha.


III. NO PASARÁN



A mediados de este enero Jake Lang, influencer de extrema derecha y uno de los participantes en la toma del Capitolio en 2020, se reunió con algunos de sus camaradas en Minneapolis. Realizaron proclamas racistas, emitieron amenazas contra políticos Demócratas y anunciaron una quema del Corán. Pero pronto fueron superados en número por contramanifestantes antifascistas. Los compañeros de Lang fueron ahuyentados, y él fue rodeado por un pequeño ejército que lo zarandeó y lo cubrió de bolas de nieve y globos con agua (estaban a temperaturas heladas). Al final, Lang pudo escapar gracias a la compasión de un hombre negro y de una mujer trans.


Varios meses antes, en noviembre de 2025, la red social X, propiedad de Elon Musk, activó por un breve momento una función que permitía ver desde dónde publicaban sus usuarios. Eso demostró que cientos de cuentas de supuestos patriotas que inflaban el discurso de la extrema derecha y daban apoyo a Israel o personajes como Trump, Milei o Bukele, en realidad tenían su sede en la India y otros países. Es decir, eran bots. X desactivó poco después dicha función.


¿Qué tiene que ver una noticia con la otra? Bueno, durante años la inundación del discurso fascista en Internet ha hecho que muchos nos sintamos agobiados y sobrepasados. Deslices como el de X demuestran que los fascistas no son tantos ni sus ideas se han vuelto tan dominantes como parecería en las redes sociales. De hecho, la estrategia mediática en Internet puede entenderse como una forma de intimidar a las personas que se opondrían al fascismo para no atreverse a enfrentarlo en el mundo real. Pero una vez que los intentan salir a la calle, si la gente decente se organiza y toma valor, es fácil superarlos en número y hacerlos correr en retirada.



Aunque la reacción de la población estadounidense ha sido muy tardía, por fin se está viendo. El pasado 23 de enero más de 75 mil personas participaron en la huelga general más grande de la historia reciente de ese país. Desde sindicatos hasta iglesias, incluyendo a personas que nunca habían protestado, que jamás se considerarían activistas o de izquierda, se están por fin organizando para oponer resistencia a la agresión trumpista.


Mientras escribía la primera versión de este artículo, se anunció una desescalada general de las acciones de ICE en Minnesota con todo y un retiro de algunas tropas. El jefe de la patrulla fronteriza Gregory Bovino fue ya destituido. Demócratas que habían permanecido en silencio cómplice ahora denuncian lo sucedido, e incluso algunos Republicanos y simpatizantes del presidente han admitido en público que las acciones de ICE fueron “demasiado lejos” y critican a Kristi Noem, la secretaria de seguridad nacional.


Desde que publiqué en Patreon la primera versión de este texto han pasado muchas cosas. En Estados Unidos, el 30 de enero la protesta de la semana anterior se replicó a nivel nacional, en alrededor de 300 poblaciones en el país, más otras muestras de apoyo allende los mares. Las historias que nos llegan desde Minneapolis son inspiradoras, como muestras de solidaridad y organización a nivel de comunidad. Desde estudiantes, pasando por artesanos, comerciantes y comunidades religiosas, hasta hackers anónimos, muchas personas están uniendo sus esfuerzos para luchar contra el fascismo. En Estados Unidos se habla de más huelgas generales, incluso a nivel nacional; y cada vez más personas  hablan abiertamente de revolución.



La gente está despertando. Se han dado cuenta de que los partidos políticos, los líderes mundiales y las instituciones establecidas cuando mucho opondrán una débil oposición ante los embates del fascismo. Es por eso que están empezando a tomar el asunto entre sus manos. Mientras sus líderes se mostraban tibios, los ciudadanos groenlandeses y europeos realizaron protestas masivas. En días recientes, manifestaciones masivas en Italia y Euskadi contra diferentes proyectos de la extrema derecha. Más artistas alzan la voz, ya sea Rosalía en un concierto por Palestina en Barcelona, o Bad Bunny y Billie Eilish pronunciándose contra ICE en la ceremonia de los Grammys. Además, las últimas revelaciones sobre el caso Epstein demuestran el alcance de la perversidad de las élites, están erosionando ante el público la poca credibilidad que todavía tenían muchos multimillonarios y figuras de la derecha.


Ésta es ciertamente una victoria para el antifascismo. Podemos decir que Trump ha perdido la Batalla de Minnesota. La gente ha probado, a sí misma y al mundo, el poder que tiene. Y las élites están aterradas. Pero ha sido sólo una batalla. El peligro ahora, lo que están impulsando tanto los Demócratas como los Republicanos, es que la gente se conforme con la caída en desgracia de algunos actores del régimen o con una desescalada de la ofensiva, con un regreso a una etapa menos radical, a expresiones más sutiles de racismo, xenofobia y autoritarismo que no causen tanto descontento. Pero lo que se necesita es la caída del régimen, el desmantelamiento de todo este sistema y de las condiciones que le permitieron emerger. Como en el caso de la agresión hacia Europa por la crisis de Groenlandia, el fascismo estiró la mano y la retiró en cuanto se quemó. Pero todavía tiene zarpas y está planeando cuál será su próxima jugada. 


Por eso es necesario que la gente siga en pie de lucha, no sólo en Estados Unidos, sino en todas partes. Cualquiera de nosotros puede participar en acciones locales que impulsen las causas que el fascismo quiere destruir: feminismo, antirracismo, derechos lgtbq+, derechos laborales… Cosas sencillas como sumarte a las protestas en contra del despojo a los habitantes locales por parte de corporaciones trasnacionales, o boicotear por lo menos a algunas de esas empresas, se suma a las acciones en todo el mundo que al cabo empiezan a demostrar su peso.


Yo mismo, que soy un ratón de biblioteca, estoy viendo la forma de organizarme con otros camaradas para participar en esfuerzos varios y construir redes de apoyo, que nos permitirán actuar en el futuro próximo. Por eso me verán publicando menos seguido por acá.


El año apenas está comenzando y 2026 puede ser un punto de inflexión. Si enero comenzó con lo que parecía ser el inicio de una etapa más agresiva por parte del fascismo, concluyó con una serie de golpes que bien podrían anunciar el principio de su caída. Creo que ahora mismo podría extender frente a nuestros ojos un camino de pequeñas victorias hasta lograr un gran cambio. Dependerá de nuestras decisiones.


¡Hola, gracias por leer! Este artículo fue publicado con anticipación para mis mecenas en Patreon. Tú también puedes ayudarme a seguir creando con una módica subscripción, o puedes hacer un donativo vía Paypal; todo se agradece mucho. Mientras tanto, te dejo con otros textos sobre el Invierno Fascista y la Resistencia:

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