¿Cuál es la ideología de Marvel? Parte I - Ego Sum Qui Sum

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MAIK CIVEIRA & LA ALIANZA FRIKI ANTIFASCISTA

viernes, 14 de mayo de 2021

¿Cuál es la ideología de Marvel? Parte I



Órale, pues después de muchos años, y de que otra banda ya haya echado sus propios choros, por fin me atrevo a hablar de la ideología del Universo Cinemático Marvel. Con “ideología”, no quiero decir lo que quizá algunos de ustedes están pensando, algo como “siií, Marvel nos está queriendo imponer la ideología de género y la inclusión forzada”. No, mi apuesto amigo, en este blog somos un poco más instruidos que eso.

 

De hecho, toda expresión de la creatividad humana conlleva una ideología, y no porque esté hecha con el propósito de servir como panfleto, sino porque inevitablemente refleja la visión del mundo y los valores de la persona que la crea y de la sociedad de la que surge. Así pues, vamos a hablar de qué dicen las películas de Marvel respecto a temas como el poder, el bien y el mal, el orden, la justicia, y demás asuntos políticos, éticos y sociales.

 

Primero habría que aclarar que las historias de superhéroes, de fondo, tratan de seres con habilidades extraordinarias que enfrentan a otros seres con habilidades extraordinarias, por lo regular en un contexto fantástico. Eso es lo que queremos ver. Todo lo demás que sucede en este tipo de narraciones está supeditado a ello.


NOTA: Sobra decir que aquí voy a hablar del MCU como si ustedes ya lo conocieran de pe a pa, con todo y spoilers.

 

PARTE I
PRIVATIZAR LA PAZ MUNDIAL

 


Para empezar, hablemos del superhéroe más emblemático de Marvel en el cine: el invencible Hombre de Hierro. En su primera aventura, Tony Stark, billonario y genio tecnológico, tras ser capturado por terroristas, decide convertirse en un superhéroe para luchar contra el mal. Sencillo, ¿no? Ah, pero hay más.

 

La primera etapa del MCU, y en particular la primera Iron Man, tenía un tono más sobrio y un escenario más realista, claramente tomando lo aprendido del éxito de las X-Men de Bryan Singer y las Batman de Chris Nolan. Así, en algo que sería muy inusual en futuras entregas, esta cinta tiene como escenario un conflicto bélico del mundo real: la guerra de Afganistán. Además, la organización criminal antagonista, los Diez Anillos, es reinterpretada para remitirnos directamente a Al Qaeda o el Talibán.

 

Estábamos a finales de la era Bush; la cultura pop gringa era muy patriotera y parecía Iron Man sería otra tonta historia de “el héroe patriota contra los terroristas del Medio Oriente”. Pero, aunque a primera vista es eso, plantea algunas ideas muy interesantes. Para empezar, que Tony Stark es alguien que se ha hecho asquerosamente rico por la fabricación y venta de armas, y luego se ve envuelto por los horrores del mundo que ha contribuido a crear. El mismo negocio que lo ha hecho rico ha convertido el mundo en un lugar violento e injusto.

 


Recordemos que los Estados Unidos, en tiempos de la Guerra Fría, dieron armas, entrenamiento y recursos a los talibanes para luchar contra los soviéticos, y a Saddam Hussein para luchar contra los iraníes. Que Tony se viera siendo atacado con sus propias creaciones es una especie de poética ironía que recuerda cuando los engendros de Estados Unidos luego se volvieron contra ellos. Aunque es probablemente los creadores de la película no estuvieran pensando en ello, es algo que difícilmente se pasa por alto a quien conozca la historia. 

 

Luego hay un plot twist y nos enteramos de que detrás del grupo terrorista está un malvado capitalista gringo: Obadiah Stane, falso amigo de Tony. De hecho, ésa sería la trama de las tres películas del Hombre de Hierro: aparece un villano extranjero (Ivan Manko, El Mandarín), proveniente de algún lugar históricamente enemistado con los Estados Unidos (Rusia, Medio Oriente) y luego resulta que el verdadero enemigo es un capitalista occidental (Justin Hammer, Aldrich Killian).


Vamos, que la peli te dice prácticamente que ese horror extranjero, ese coco de rostro siniestro al que te han enseñado a temer, en realidad es una creación de ricos industrialistas occidentales, tanto como Osama Bin Laden (en cuya imagen se basa el Mandarín de Ben Kingsley en Iron Man 3) fue creado por el mismo imperialismo yanqui, en el sentido de que fue éste quien le permitió convertirse en quien llegó a ser.



O sea, Marvel no te va a decir que puedes confiar en todos los multimillonarios, que todos son buenas personas que se han ganado su fortuna con puro esfuerzo, inteligencia y habilidad para los negocios. Todo lo contrario, nos dice que hay millonarios corruptos hasta la villanía. Que detrás de tantos conflictos en el mundo hay gente perversa que sólo quiere hacerse más rica. Que es su poder económico y acceso a la alta tecnología lo que les permite ser tan malvados, hacer tanto daño y permanecer impunes por tanto tiempo. Es más, la gente adinerada en Marvel que es buena se cuenta con los dedos de una mano: Tony Stark, Hank Pym y T’Challa. Todos los demás millonarios o aristócratas son tipos sórdidos y maliciosos.


Entonces, ¿está criticando Marvel el armamentismo, el capitalismo y el imperialismo? Eh, no. Porque todos estos casos de millonarios horribles se plantean como un problema de virtud individual. No es que sean malvados por ser capitalistas, es que son millonarios y, qué mala suerte, se da el caso de que resultan ser malvados. O sea, son sólo malas manzanas, como dicen ellos. Tony Stark, en cambio, es un buen tipo, y además un verdadero genio, mucho más brillante que esos otros wannabes envidiosos.

 

Así, para Marvel el problema del mal en el mundo no es un sistema injusto que produce desigualdad y en el que unas pocas personas ostentan demasiado poder sobre el resto; el problema es que algunas personas son malas, ni modos. Lo cual nos lleva a definir el primer principio ideológico de Marvel: Existe mal en el mundo porque hay gente que es mala.

 

Esto a su vez nos lleva a hablar del problema del poder. Para Tony Stark, y la trilogía de Iron Man parece darle la razón, los problemas se dan cuando el poder lo tiene la gente mala, por lo tanto, y éste es el segundo principio ideológico de Marvel: La solución es que las buenas personas tengan el poder.

 


No importa que ese poder sea inconmesurable, que no tenga oposición posible, que no le rinda cuentas a nadie; mientras ese poder esté en buenas manos, todo irá bien. Por eso Tony no deja de crear armas; por el contrario, las va fabricando más y más poderosas, sólo que las guarda todas para sí mismo y para la gente en quien personalmente confía. Esto alcanza su máxima expresión en Spider-Man: Far From Home, en la que confía al joven Peter Parker un ejército de drones asesinos que además pueden espiar la privacidad de las personas; pero eso está bien, porque mientras no caigan en manos de Mysterio no habrá problemas.

 

Esto tiene mucho que ver con la relación entre el MCU y el ejército yanqui. Es bien sabido que el Departamento de Defensa de los Estados Unidos colabora financieramente con las películas de Marvel, así como con muchas otras superproducciones de acción y efectos especiales. A cambio de consultoría, acceso a recursos, instalaciones, equipo y extras, Hollywood tiene que mostrar al ejército de una forma positiva, nunca crítica. Por eso en las películas de Transformers el ejército tiene tanto protagonismo, algo que nunca vimos en la serie animada clásica. Lo mismo con Man of Steel de Zack Snyder; en los cómics Superman no es un personaje que se caracterice por colaborar con los militares. Producciones de este tamaño saldrían mucho más caras a los estudios sin el patrocinio del Pentágono.

 

Así, Marvel nunca criticará al ejército o siquiera lo retratará desde una perspectiva que sea algo menos que heroica. Ése es el aspecto más claramente ideológico y panfletario de las películas y constituye el tercer principio ideológico de Marvel, que se basa en los dos anteriores: Las fuerzas armadas estadounidenses constituyen una entidad benévola, así que está bien que ostenten el poder en el mundo. Y lo que es más, merecen y necesitan poder operar con toda libertad en cualquier situación, ya que sus acciones siempre serán para beneficio de todos.

 


Las películas del MCU a menudo van más allá y quieren establecer una identidad entre las fuerzas armadas estadounidenses y los superhéroes. Iron Man yendo a Afganistán para ejecutar personalmente a los terroristas, los Avengers irrumpiendo en Sokovia para tomar el cuartel de Hydra, el Capitán América dirigiendo un equipo para localizar criminales en Nigeria, o más recientemente, Sam y Bucky viajando por medio mundo en busca de los Flag Smashers. Son casos de héroes traspasando fronteras y pasándose por el culo el derecho internacional para atrapar a los malos.

 

Y sí, dentro de la lógica del Universo Marvel es bueno y necesario que lo hagan, pero ése es precisamente el problema. Porque al plantear las cosas así, parece que quieren decirnos que, así como la solución es que sean los héroes quienes tengan el poder para hacer el bien, debemos dejar el poder político y militar en manos de Estados Unidos, que son los buenos. Y ésas son patrañas, patrañas peligrosas que ningún adulto debería creer, porque a estas alturas bien sabemos que el imperialismo yanqui ha sido una fuerza desestabilizadora en el mundo, siempre para el lucro y poder de la clase gobernante estadounidense y nunca a favor de la democracia o la paz mundial como tanto cacarean, y ni siquiera beneficia al ciudadano estadounidense promedio.

 

“Momento, Profe. ¿Acaso no siempre ha sido ésa la concepción de los superhéroes?” Ok, sí y no. O sea, sí, ésa ha sido a menudo la idea con la que se han trabajado a los encapotados, pero no ha sido la única. En sus orígenes, y véase la primera aparición de Superman o del Capitán América, los superhéroes fueron creados por personas de clase trabajadora (muchos de ellos judíos) como un anhelo: ¿qué pasaría si hubiera alguien con el poder de hacer justicia y defender a los débiles contra los poderosos y los corruptos?



Podemos entender que la ideología del género superheroico es “confía en quienes tienen el poder, que siempre harán lo correcto para ti, mientras quienes retan el poder son malvados que quieren destruir el mundo”, y ciertamente así es como se ha manejado muchas veces. Pero en otras tantas ocasiones, el mensaje ha sido justo el opuesto. No olviden Superpower, ese cómic de la Liga de la Justicia que critica el intervencionismo yanqui y manda el contundente mensaje de que la solución nunca es simplemente “que los buenos tengan más poder y lo usen”.

 

En lo personal, me gusta pensar que el ideal detrás de la figura del superhéroe es éste: Si posees algún talento, alguna habilidad o fortaleza, lo correcto es ponerlo al servicio del bien común, de los demás. Quienes lo utilizan para su propio provecho son los supervillanos. Con un gran poder viene una gran responsabilidad, y cada quien debe dar de acuerdo a sus capacidades para que cada quien pueda recibir de acuerdo a sus necesidades.

 

Los cómics de Marvel siempre se caracterizaron por ser relativamente críticos con el sistema y las instituciones de poder, ya sea el Capitán América denunciando la invasión estadounidense a Panamá o Punisher persiguiendo peces gordos de Wall Street. Spider-Man es el héroe marginado por excelencia, no el patiño del empresario multimillonario que aparece en el MCU tomándose fotos con los polis. No creo que ni incorporando a los Hombres-X alguna vez lleguemos a ver escenas como la de Wolverine acuchillando soldados que irrumpen a media noche en una escuela llena de niños en X-Men 2.

 


Sin embargo, toda esta propaganda y discurso imperialista es apenas la superficie, el mensaje más obvio y del cual todo mundo habla. Pero no es lo único, ni lo más interesante que hay en el MCU. Hay más de lo que el ojo ve. Incluso, me atrevo a decir, hay propuestas que contradicen directamente todo lo que acabamos de decir.

 

Pero eso lo veremos en nuestra próxima entrega…

 

CONTINÚA EN LA PARTE II

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