Antes de Grecia y Roma, Parte III: Anatolia - Ego Sum Qui Sum

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PROFESOR MAIK CIVEIRA & LA ALIANZA FRIKI ANTIFASCISTA

martes, 12 de septiembre de 2023

Antes de Grecia y Roma, Parte III: Anatolia


Parte I: Mesopotamia
Parte II: Egipto

Saludos, estudiantes de lo antiguo. Continuamos esta serie en la que conocemos cómo estaba la cosa antes de que aparecieran Grecia y Roma. Hemos hablado ya de Mesopotamia y Egipto, y esto está bien, pero igual son las dos áreas culturales que siempre nos mencionan cuando se toca el tema, y no fueron las únicas, ni mucho menos. Así, hoy debemos adentrarnos en una tierra de la que se habla demasiado poco en nuestras clases de historia: Anatolia.

 

¿Qué es Anatolia? Pues es esa gran península que se proyecta desde el continente asiático hasta casi tocar Europa, y que hoy corresponde al país de Turquía. Sólo que en la época de la que hablaremos todavía no se llamaba Turquía ni había turcos; de hecho, no los habría durante miles de años, hasta bien avanzada la Edad Media.

 

Los griegos llamaban a estas tierras Asía Menor. En su punta noroccidental está separada de Europa, concretamente de las tierras de Tracia, por los estrechos del Bósforo (norte) y de los Dardanelos (sur). Sus costas occidentales son bañadas por el mar Egeo, en el que se encuentran la multitud de las islas griega, y más allá, la Grecia continental. Al norte tiene el mar Negro y al sur, el Mediterráneo. Del Levante y Mesopotamia es separada por los montes Tauro. Al noreste, entre los mares Negro y Caspio, nos encontramos la región del Cáucaso, de la que también hablaremos en este capítulo, y donde hoy se hallan los países de Georgia, Armenia y Azerbaiyán.

 

Recordemos nuestro escenario

A lo mejor están pensando Turquía = Medio Oriente = Calor y desiertos, ¿no? Pues no, Anatolia es un país montañoso, con cimas nevadas y mesetas rocosas. Su terreno accidentado lo ha hecho muy difícil de unificar, y por su ubicación como el paso entre Asia y Europa ha sido la cuna de muchas civilizaciones y escenario del enfrentamientos entre múltiples imperios a lo largo de las edades.

 

La historia de Anatolia se remonta a tiempos antiquísimos. Aquí han ocurrido algunos de los acontecimientos más importantes e interesantes de la humanidad. Apenas en el verano del 2023 fueron descubiertos los restos fósiles de un homínido primitivo, Anadoluvius turkae, de 8.7 millones de años de antigüedad. El hallazgo refuerza la teoría de que los antepasados del Homo sapiens, antes de emigrar al África, evolucionaron en Eurasia.

 

Mucho más tarde en la historia, ya hablando de humanos modernos, aparece el sitio de Göbekli Tepe, un conjunto de gigantescas estructuras circulares de piedra. Es el megalito más antiguo del mundo, que data del 9500 a.C., en el Neolítico. Para que tengan una idea, Stonehenge, en Inglaterra, data del 3000 a.C… ¡Más de seis mil años después! Para levantar cosas así de monumentales es necesaria organización, y el carácter religioso que sugiere la mayoría de las estructuras implica un fervor intenso.

 

Reconstrucción artística

Otras estructuras parecen haber sido habitaciones comunales, pero no evidencias de mucha actividad agrícola en la zona, lo cual pone en entredicho las teorías tradicionales que presuponen que las construcciones permanentes, aparecieron después de que la agricultura permitiera la acumulación de recursos. El sitio fue abandonado por razones desconocidas alrededor del 8000 a.C. ¡Medio milenio más tarde! Para que tengan una idea, eso es cien años más del tiempo que ha existido la ciudad de Nueva York.

 

Otra maravilla de la Anatolia prehistórica es el sitio de Çatalhöyük, que fue ocupado entre el 7500 y el 6400 a.C. ¡Casi mil años! Gente, eso es lo que separa la llegada de Erik el Rojo a Groenlandia de la primera función de cine. Y se estima que llegó a tener unos 10 mil habitantes. Los arqueólogos lo consideran una “proto-ciudad”, porque le faltaba planeación urbana deliberada y una autoridad central. ¡Pero, vamos, 10 mil personas!

 

Dos cosas resultan fascinantes de Çatalhöyük. Primero: su estructura. La proto-ciudad estaba formada por centenares de casas hechas de ladrillos de barro, todas amontonadas unas junto a las otras. No existían caminos, y el único acceso a las casas era por el techo, así que los tejados de las casas eran prácticamente las calles y avenidas. Los habitantes estaban bien organizados para mantener sus espacios limpios, y todos los desechos eran recogidos y llevados lejos del asentamiento. Además, las paredes estaban decoradas con murales

 

Reconstrucción artística

El otro, es su sistema de gobierno: no había gobierno. Todas las casas eran más o menos del mismo tamaño, sin distinciones de clases sociales ni jerarquías religiosas o políticas. Las evidencias también apuntan a una relativa igualdad entre los géneros. Esto contradice la creencia tradicional de que la agricultura, que trae consigo la posibilidad de acumular recursos, necesariamente viene con desigualdades económicas y el nacimiento de las clases sociales. También nos muestra que una sociedad populosa y materialmente rica puede organizarse de forma autónoma y sin necesidad de líderes o gobiernos. El estado, los reyes y los imperios todavía estaban muy lejos en el futuro.

 

Sin embargo, aquí nos gustan los espadazos. No quería hablar de Anatolia sin mencionar los intrigantes e inspiradores casos de Göbekli Tepe y Çatalhöyük, pero éstos pertenecen al Neolítico, y nosotros queremos conocer la historia en la Edad del Bronce. Como hemos visto, Anatolia ya estaba muy poblada y tenía culturas bastante avanzadas desde fechas muy tempranas. Lo mismo podemos decir de la vecina región del Cáucaso, y de hecho parece ser que de allí los pueblos anatolios aprendieron el trabajo del bronce. Sin embargo, ninguno de estos pueblos tuvo un sistema escritura (y, por lo tanto, estaban prácticamente en la prehistoria), sino hasta el contacto con el Imperio Acadio, por el siglo XXIV a.C.

 

Concretamente, vamos a iniciar nuestro relato alrededor del año 2000 a.C., porque es aquí cuando empiezan las movidas chungas. Si recuerdan nuestras lecciones anteriores, esta es una fecha bastante tardía en lo que a civilizaciones antiguas se refiere. Acuérdense que para el 3300 a.C. los sumerios ya tenían escritura; para el 3100 Egipto ya se había unificado como un solo reino; para el 2500 la pirámide de Keops ya adornaba la planicie de Guiza; y para el 2300 Sargón de Acad ya había formado el primer imperio de la historia, mismo que colapsaría cerca del 2150.

 

Figurillas hatianas

Vamos, pues, al año 2000 a.C. En Anatolia ya vivían muchos pueblos que habían fundado distintas ciudades-estado. En la parte central tenemos la tierra de Hatti, y sus habitantes, los hatianos. Entre el extremo sudoriental de Anatolia y el noroeste de Mesopotamia están los hurritas, que luego serán muy importantes. En el oriente de la península hallamos colonias comerciales de los asirios, que en ese momento experimentaban una época de bonanza.

 

A diferencia de los asirios y la mayoría de los habitantes de Mesopotamia, los otros dos pueblos no eran de habla semítica. No sabemos a qué familia lingüística pertenece el hatiano, y el hurrita probablemente tiene su origen en la zona del Cáucaso, cuyo único otro pariente es el urartiano de la Edad del Hierro.

 

Además de estos pueblos había unos grupos de habla indoeuropea. No se sabe bien en qué momento llegaron a la zona; probablemente estaban ahí desde el año 4000 a.C. De estos indoeuropeos tenemos a dos grupos principales: los luvitas, en el occidente y los hititas, hacia el centro de la península.

 

Estela luvita que representa al dios del trueno Tarzunhas

En el vecino Cáucaso, la cultura cólquida se desarrollaba en los territorios de la actual Georgia, sobre la costa del mar Negro. Eran ciudades-estado bastante prósperas y ricas. Según la mitología griega, allí fue Jasón a buscar el vellocino de oro. Más al sureste, en la actual Armenia, ya surgían reinos proto-armenios, que jugarían roles importantes más adelante.

 

Más o menos por esa época otros indoeuropeos, los aqueos, estaban migrando hacia la Hélade, entonces controlada por los minoicos, desde su epicentro en Creta. Los aqueos, los primeros en hablar una lengua proto-griega en la región, van a ser muy importantes para nuestro historia, pero en ese momento son unos bárbaros iletrados llegados del norte, a los que los minoicos pudieron someter a una suerte de vasallaje. Contamos la historia de minoicos y aqueos en esta entrada sobre el matriarcado en Creta.

 

Bueno, pero las estrellas de este relato van a ser los hititas, que en ese entonces no se llamaban hititas. En un inicio estaban en Kussara, una de tantas ciudades-estado del centro de la península. Alrededor del 1750 a.C., el rey de Kussara, atacó y tomó la colonia asiria de Kanesh (o Nesha, en lengua hitita), el primer acto de lo que se convertiría en una tradición para su gente: la conquista sangrienta. El siguiente rey, Anitta, expandió sus dominios hacia ciudades vecinas y atacó Hattusa, la capital de los hatianos. Sin embargo, Anitta no tomó la ciudad, sino que la devastó, la maldijo y después se regresó a su propio reino.

 

El rey Anitta

Lo anterior está consignado en la Proclamación de Anitta, el primer texto en lengua hitita y la muestra escrita más antigua de cualquier lengua indoeuropea. Está escrito con caracteres cuneiformes que los anatolios aprendieron de los acadios, pero tanto los hititas como sus primos los luvitas desarrollaron también su propio sistema de escritura jeroglífica.

 

Más o menos un siglo después, otro rey de Kussara  dirigió un gobierno expansionista que guerreó contra todos sus vecinos, ya fueran hurritas, luvitas o amorreos. Conquistó la ciudad de Hattusa, y le gustó tanto que trasladó su capital allí y adoptó el nombre de Hattusili I, “el hombre de Hatti” (reinado: 1650-1620 a.C.). Es a partir de aquí que podemos llamar a esta gente “hititas”. Los hatianos, por su parte, fueron absorbidos poco a poco por los hititas, hasta desaparecer.

 

Hattusa

Hattusili codiciaba las riquezas de Mesopotamia, y por ello invadió el reino amorreo de Yamhad, ubicado entre Anatolia y el poderoso Imperio Babilónico. El rey hitita se hizo con importantes territorios en el norte de Siria, pero no pudo tomar la magna capital de Alepo. Su nieto y sucesor, Mursili I fue todavía más lejos, conquistando no solo aquel reino, sino llegando a la mismísima Babilonia, a la que saqueó con lo que puso fin a la Dinastía Amorrea de aquella ciudad cerca de 1595 a.C.

 

A pesar de ser muy buenos para repartir espadazos, los hititas de aquella época eran muy malos construyendo imperios. Todavía eran medio salvajes, y sus invasiones tenían más el propósito de obtener botín que otra cosa. La monarquía en sí no era una institución muy poderosa, la sucesión al trono siempre causaba disturbios, y las provincias conquistadas tendían a rebelarse. De modo que taras el asesinato de Mursili vino una época de caos.

 

El vacío dejado por los amorreos derrotados y por una Hattusa enredada en luchas internas fue aprovechado por los hurritas para crear, a mediados del siglo XVI, el reino de Mittani, que se convirtió en una de las grandes potencias de la región, y en su apogeo llegó a dominar un territorio que se extendía desde el sureste de Anatolia hasta Asiria, incluyendo todo el norte de Siria y de Mesopotamia.

 

Soldados hititas ante las murallas de Hattusa

Por el contrario, el siglo XV a.C. no fue amable con los hititas. Los kaskas, un pueblo de pastores tribales del norte de Anatolia, no dejaban de asolar las tierras de Hatti, e incluso llegaron a tomar y arrasar la capital de Hattusa. No se sabe mucho de los kaskas, un pueblo sin escritura ni organización estatal, excepto que tal vez estaban emparentados con los antiguos hatianos.

 

Por esos mismos años, varios reinos luvitas conformaron una alianza en el noroeste de Anatolia; así nació Assuwa, que sería uno de los principales enemigos de los hititas en los siglos por venir. Una de las ciudades que formaban parte de esta confederación era llamada Wilusa por los hititas, pero nosotros la conocemos mejor por el nombre que nos legaron los griegos: Troya. Fun fact: es probable que del nombre Assuwa los griegos hayan adoptado la palabra Asia para referirse a Anatolia.

 

No hay que confundir esta confederación con el vecino reino de Arzawa, que se formó en la parte suroeste de la península a finales del siglo XV a.C., y que también sería enemigo de los hititas. Ambos estados tuvieron estrechas relaciones con los nuevos jefazos que estaban emergiendo del otro lado del Egeo: los aqueos.

 

Troya

Resulta que una erupción volcánica, seguida de terremotos y maremotos, devastó Creta alrededor del 1600 a.C. Poco después los aqueos aprovecharon la situación para conquistar la isla y convertirse en los nuevos amos de la región. Para entonces ya habían aprendido mucho de los minoicos, tenían su propio sistema de escritura y habían construido grandes ciudades amuralladas, entre las cuales la más importante era Micenas. Ésta es la época de la civilización micénica, en la que las ciudades-estado aqueas se volvieron ricas y poderosas, lo que las llevó a tener relaciones (y conflictos) con los pueblos de Anatolia.

 

Realmente podemos hablar de la existencia de un Imperio Hitita con la llegada de Suppiluliuma I, el gran conquistador. Ah, cómo nos gusta llamar “grandes” a los conquistadores, ¿verdad? A los reyes que mantienen la paz en sus pueblos no los recordamos tanto como a los que ocasionaron baños de sangre. Curioso, curioso.

 

En fin, Suppiluliuma reinó en la segunda mitad del siglo XIV a.C. y extendió los dominios hititas por prácticamente toda Anatolia. Le arrebató grandes porciones de tierra al vecino y rival reino de Mittani, con lo que llegó a dominar el norte de la costa levantina hasta la ciudad de Kadesh, en Siria. En el Cáucaso, sometió a la alianza de reinos de Hayasa-Azzi, predecesores de la futura Armenia.

 

El siglo XIV a.C.

Para mala suerte de Mittani, sus vecinos y otrora vasallos los asirios también decidieron fastidiarla. El rey, Ashur-uballit I (reinado: 1363-1328) terminó por destruir a Mittani, y el Imperio Asirio ocupó su lugar como la potencia del norte de Siria y Mesopotamia.

 

Así, en el siglo XIII, nos encontramos con las siguientes superpotencias en la región: el Imperio Hitita, el Imperio Asirio, la Babilonia de los casitas, Egipto y Elam. Ésta es la verdadera “edad de los imperios”. Kemoción.

 

Egipto subía por las costas del Levante mientras los hititas descendían en la dirección opuesta. Era cuestión de tiempo para un enfrentamiento, y éste se dio en forma de la famosísima Batalla de Kadesh, en Siria, en el 1274 a.C. Pocas veces en la historia hemos encontrado un choque de titanes de esta magnitud. Por un lado, Ramsés II, el faraón más ambicioso de la historia de Egipto. Del otro, Muwatalli II, rey invicto que antes ya había triunfado contra Arzawa y los bárbaros kaskas. Esto ocurrió como 920 años antes de que naciera Alejandro Magno. Es más de lo que separa a la Primera Cruzada del lanzamiento de la World Wide Web.

 

Carro hitita en la Batalla de Kadesh

Ésta fue probablemente la batalla más grande del mundo hasta ese momento. Es también una de las primeras de las que tenemos descripciones detalladas. Así es como sabemos que allí participaron entre cuatro y cinco mil carros de guerra. Y éste es el momento de hablar de mi unidad favorita en el Age of Empires.

 

La rueda fue inventada en Mesopotamia hacia el 3500 a.C., pero no había caballos en el Medio Oriente en ese entonces, por lo que los animales de tiro fueron durante mucho tiempo burros o bueyes. Los caballos fueron domesticados por pueblos nómadas la estepa euroasiática, probablemente en la zona del actual Kazajistán, más o menos por esa misma época. Los pueblos indoiranios de la zona fueron también los creadores de las ruedas radiadas, cerca del 2500 a.C. Carros y caballos fueron introducidos en el Medio Oriente a lo largo del segundo milenio a.C. A Egipto, por ejemplo, sólo llegaron junto con los invasores hicsos, cerca del 1700 a.C.

 

¿Por qué carros y no directamente montar sobre los caballos? Bueno, pues resulta que aún les faltaba digievolucionar a estos equinos. Es decir, casi apenas habían sido domesticados y las razas de caballos eran pequeñas y no muy robustas; no podían soportar el peso de un hombre adulto, menos si iba con armas y armadura. Tómense un momento para pensarlo: durante los miles de años que duró la Edad del Bronce prácticamente no existió la caballería, porque las razas de caballos actuales no existían. Los caballos, como todas las razas domésticas, son creación humana, a través de siglos de cría selectiva. 

 

Ramsés II en la Batalla de Kadesh

No serían muy fuertes, pero los animalejos eran muy ágiles, y entre dos podían tirar un carro con facilidad. Los carros funcionaban como plataformas móviles desde las cuales podían combatir. Los hititas perfeccionaron los carros de guerra y fueron los mejores usándolos. Sus carros eran más grandes y al mismo tiempo estaban mejor balanceados que los egipcios, y llevaban tres tripulantes en vez de dos: un auriga (conductor), un arquero y un lancero. Un carro hitita era una unidad formidable y de temer.

 

La Batalla de Kadesh terminó sin un vencedor claro. Se podría decir que fue un empate, y resultó tan costosa para ambos imperios que decidieron no seguir con sus ambiciones de conquista. Así, egipcios e hititas firmaron el Tratado de Kadesh, el primer tratado de paz de la historia, que definió las fronteras entre estos grandes imperios. Años más tarde, la paz quedó afianzada con el matrimonio entre Ramsés y la princesa htitita Maathorneferura.

 

Y así todos vivieron felices para siempre… Bah, para siempre no. Porque poco después todo se vino abajo. La cosa empezó con la guerra que los aqueos llevaron a cabo contra la ciudad de Troya alrededor en algún punto entre el 1250 y el 1200 a.C. Los aqueos ya llevaban rato interviniendo en la zona, por ejemplo, apoyando a rebeldes de Assuwa y Arzawa contra el Imperio Hitita, y estableciendo colonias en la costa suroeste de Anatolia.

 

¿Hubo un caballo de Troya?

Troya, en ese entonces vasalla de los hititas, se encontraba en el estrecho de los Dardanelos, lo que le daba el control del tráfico marítimo entre el mar Negro y el Egeo. Era un premio muy codiciado por los expansionistas aqueos, y uno que le daría la ventaja sobre sus rivales hititas.

 

No sabemos si hubo un Agamenón, un Aquiles, un Odiseo o un caballo de madera. Pero, algo curioso, es que los luvitas usaban ciertos títulos para sus reyes y príncipes que nos resultan familiares. Pariya-Muwa y Pari-Zitis bien podrían haber dado origen a los nombres de Príamo y Paris.

 

En fin, el caso es que sabemos que la ciudad fue destruida por completo, pero el gusto no le duró a los aqueos. Poco después vino ni más ni menos que el apocalipsis, o mejor dicho, el Colapso de la Edad del Bronce. Entre un montón de problemas como hambrunas, crisis económicas y un probable cambio climático, los años entre 1200 y 1150 a.C. vieron movimientos masivos de pueblos que sólo pueden compararse con las invasiones bárbaras al final de la historia romana.

 

¡El fin!

Los dorios llegaron desde el norte de la península de los Balcanes y cayeron sobre la Hélade, destruyendo Micenas, Cnosos y otras ciudades importantes. Los sistemas de escritura de los micénicos y minoicos desaparecieron; los grandes palacios fueron abandonados, las técnicas de construcción se olvidaron y Grecia se hundió en la barbarie durante los siguientes siglos.

 

El Imperio Hitita, que había sufrido múltiples derrotas contra los asirios, tuvieron que enfrentar a nuevos enemigos por todas partes. Los frigios cruzaron desde Tracia hacia Anatolia, arrasando a su paso. Los kaskas aprovecharon la confusión y renovaron sus ataques contra Hatti. Encima, los misteriosos pueblos del mar saqueaban las costas del Egeo y el Mediterráneo, incluyendo las tierras meridionales de los hititas.

 

Al mismo tiempo, los arameos salían de los desiertos de Arabia y se ponían a romper cosas en Mesopotamia, Siria y Levante, y los libios aprovechaban la debilidad de sus vecinos egipcios para conquistarlos.

 

La Puerta de los Leones en las ruinas de lo que fue Hattusa

No se sabe quién lo hizo, pero hacia el 1180 a.C. Hattusa fue arrasada e incendiada. El Imperio Hitita desapareció de una buena vez y para siempre. Adiós, Imperio Hitita, que la Fuerza te acompañe. Siempre te recordaremos como la civilización antigua cuyo nombre sonaba a “tetitas”.


A diferencia de sus rivales egipcios y mesopotámicos, los hititas no fueron grandes constructores ni innovadores culturales. Dejaron muy poco para la posteridad; las ruinas de sus ciudades carecen de grandes monumentos, y sus esculturas, el arte que mejor se les daba, aparecen hoy desgastadas por el tiempo. No somos nada.

 

Los kaskas desaparecieron poco después de los registros históricos, así que tampoco parecen haberse beneficiado mucho de esto. Poco a poco, un nuevo orden internacional comenzó a emerger de las cenizas de la Edad del Bronce, conforme dejamos atrás una edad oscura (llamada así debido a la falta de documentos) hacia la Edad del Hierro.

 

Sardis, capital de Lidia

En la parte oriental de Anatolia surgió el reino de Lidia poco después de la caída de los hititas. Lidia había sido parte de Arzawa, que al final había quedado sometido a los hititas. Ahora libres, los lidios podían tener su propio y poderoso reino, con capital en Sardis. Fue en Lidia donde se acuñaron las primeras monedas del mundo, por ahí del siglo VII a.C. Por su parte frigios se asentaron en el centro de la península y crearon el reino de Frigia, con capital en Gordio. Cuenta la leyenda que ahí reinó Midas, el del toque de oro.

 

En el sureste de Anatolia surgieron varias ciudades-estado neo-hititas, formadas por los supervivientes de la caída del Imperio. Algunas de ellas fueron conquistadas por los arameos, y así se formó una distintiva cultura híbrida.

 

En el Cáucaso, alrededor del lago Van, surgió en el siglo IX a.C. el reino de Urartu, emparentado con los hurritas y antepasado de los actuales armenios. Su capital era la ciudad de Tushpa Parece que del nombre Urartu viene el del monte Ararat, donde según la Biblia quedó varada el arca de Noé. Al oeste, sobre la costa del mar Negro, continuaban prosperando los reinos de la Cólquida.

 

Las ruinas de la fortaleza de Van, construida por los urartianos

Los asirios habían perdido mucho de su imperio con el Colapso de la Edad del Bronce, pero sobrevivieron. Para el siglo VIII a.C. ya eran de nuevo la potencia dominante, conquistaron los reinos neo-hititas, y atacaron constantemente a Urartu.

 

Al mismo tiempo, en el Mediterráneo europeo, estaban sucediendo cosas muy interesantes. De la mezcla de elementos minoicos, aqueos y dorios, a los que se sumaron los jonios y los eolios (que no sabemos cuándo llegaron), en la Hélade se fue formando una nueva cultura y civilización: los griegos. Se considera que su historia como tal inicia en el año 776 d.C., con la celebración de los primeros juegos de Olimpia. Ya en aquellos años, los griegos habían fundado colonias en la costa occidental de Anatolia, a la que llamaron Jonia. Un poco más tarde, cerca del 753 a.C., Roma sería fundada.

 

Este escenario fue disrumpido en la segunda mitad del siglo VIII a.C. con la llegada de dos pueblos nómadas de la estepa eurasiática: los cimerios y, poco más tarde, los escitas. ¡Y aquí hablaremos de Conan el Bárbaro! O eso diría, si no fuera que los cimerios de Robert E. Howard, creador de Conan, son una cultura completamente ficticia, así que no viene al caso.

 

Los escitas

Cimerios y escitas eran parientes cercanos, feroces bárbaros y diestros arqueros a caballo. En efecto, habían sido pueblos iranios como ellos los que habían perfeccionado el arte de la caballería militar cerca del siglo IX a.C. Los reinos de Irán, Mesopotamia y Anatolia se enfrentaron a los nómadas, pero también formaron alianzas temporales y hasta los incluyeron en sus filas como mercenarios. Su presencia trastocó todo el balance político de la zona.

 

En la década del 720 a.C., los cimerios cruzaron la cordillera Cáucaso y penetraron en la Cólquide y Urartu, reinos a los que atacaron y saquearon alegremente. Allí permanecieron hasta la década del 660 a.C., en que fueron empujados hacia el sur por los recién llegados escitas, que también arribaron a través del Cáucaso.

 

Una rama de los cimerios se fue a Anatolia, mientras otra se dirigió a Irán, donde los escitas los alcanzarían más tarde. En Anatolia los cimerios se pudieron a darle trompadas a todo mundo. Arrasaron el reino de Frigia, asolaron Lidia y en un par de ocasiones llegaron a tomar su capital y matar a sus reyes; aterrorizaron a los reinos neo-hititas, arrebataron a los asirios todos sus dominios en Anatolia y hasta llegaron a invadir las ciudades griegas de Jonia.

 

Griegos vs cimerios

Eso fue hasta que el rey Madies de los escitas (reinado: 659-625 a.C.), en alianza con los asirios, entró en Anatolia y puso fin a las correrías de los cimerios. El golpe final lo dio el rey Aliates de Lidia (reinado: 635-585 a.C.), que vengó tantas humillaciones al vencer definitivamente a los cimerios, alrededor del año 620 a.C. Algunos cimerios se quedaron en la península, pero con el tiempo fueron absorbidos por sus vecinos.

 

Mientras que los escitas se aliaron con los asirios, los cimerios orientales se aliaron con el reino de Media y con Babilonia en la revuelta final contra el que fuera el imperio más grande su tiempo. El Imperio Asirio llegó a su fin en el año 609 a.C. y poco después los medos expulsaron a sus aliados escitas del Medio Oriente.

 

Los medos tomaron los territorios que habían sido de Asiria, y así formaron un imperio que abarcaba desde su natal Media, en Irán, hasta el norte de Anatolia. En el 590 se anexaron también Urartu, con lo que acaba la historia de este reino como nación independiente. Poco después, en el 550 a.C. los persas quitaron el poder a los medos, y sus dominios se convirtieron en el Imperio Persa Aqueménida.

 

Tras la caída de Asiria

Mientras tanto, en Anatolia, el reino de Lidia se había convertido en el más poderoso tras la derrota de los cimerios. Incluso había convertido a su vecina Frigia en una provincia. Entre el 585 y el 546 a.C. gobernó en ella el rey Creso, de quien se decía que era el hombre más rico del mundo y que sojuzgó a las ciudades griegas de Jonia. Cuenta la leyenda que, ante la expansión de los persas fue a consultar al Oráculo de Delfos, el cual le profetizó que, si atacaba a Persia, un gran reino sería destruido.

 

Ambiguo y multiusos, como suelen ser los horóscopos, éste fue interpretado por Creso como una señal para atacar al Imperio Persa. Obviamente perdió y fue su reino el que resultó destruido. Por eso nunca hay confiar en adivinos ni chusma similar. Y así, toda Anatolia pasó a formar parte del Imperio Persa en el 546 a.C. Poco después, alrededor del 513 a.C., el control persa sobre el Cáucaso se consolidó con la conquista de la Cólquide.

 

Y fin, aquí acaba nuestra historia, como cada capítulo, con el Imperio Persa convirtiéndose en la potencia más grande que el mundo hubiera visto jamás. Del Colapso de la Edad del Bronce hasta el ascenso de los aqueménidas pasaron 600 años, o sea, un poco más de lo que separa la fundación de Tenochtitlán la Revolución Mexicana. Para los nuevos amos de Anatolia, los hititas eran historia antigua. Pero los persas no tardarían en encontrar a un pueblo que le pusiera un alto a sus ambiciones: Grecia. Sin embargo, ésa es una historia para otro día.

 

El Imperio Persa Aqueménida

Me tomaré un descanso de esta serie y luego continuaremos nuestra historia contando lo que ocurría al mismo tiempo en la cuna del alfabeto fonético y las religiones abrahámicas: Levante.


CONTINUARÁ…

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