Heredarás el viento: Charles Darwin y la literatura - Ego Sum Qui Sum

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MAIK CIVEIRA & LA ALIANZA FRIKI ANTIFASCISTA

lunes, 29 de junio de 2009

Heredarás el viento: Charles Darwin y la literatura

Pos ya para acabar con los festejos por el bicentenario de Charles Darwin, quiero agradecer a todas las personas que fueron a los eventos conmemorativos que realizó la Red Literaria del Sureste. Y a los que no, pues coman calzón ¬¬ Sí, sé que hay cosas importantes, Irán, Honduras, Michael Jackson, y que no están las cosas para estar pensando en Darwin y sus chinches monitos. ¡Pero pues qué actitud, eh, joven!

Ahora, les comparto el texto que leí en la conferencia (actualizado con algunos añadidos posteriores):



HEREDARÁS EL VIENTO:
INFLUENCIA DEL PENSAMIENTO DARWINIANO EN LA LITERATURA

Desde la primera aparición, en 1859, de El Origen de las Especies de Charles Darwin, la teoría de la evolución impactó, en mayor o menor medida, en todas las ramas del pensamiento humano. Nos preguntamos si el principio de supervivencia del más apto era aplicable a las sociedades humanas y nació el darwinismo social. Nos cuestionamos qué tanto de nuestras conductas o actitudes son producto de la cultura y qué tanto son rasgos que hemos heredado a lo largo de nuestra evolución animal y así nació la psicología evolutiva.


La literatura también fue impactada por el pensamiento darwiniano. Por un lado, los escritores, cuya imaginación fue estimulada por el concepto de evolución, tomaron los temas tratados por Darwin para construir sus obras. Por otro, la misma actitud hacia la literatura se vio influenciada por el pensamiento darwiniano en la forma del darwinismo literario y de la teoría de la memética. Empecemos por estos dos enfoques.


EL MEME EGOÍSTA


La teoría de la memética compara a la cultura con los organismos biológicos. Un gen es una unidad de información que se transmite de un ser a sus descendientes. De la misma manera, un meme es una unidad de información cultural que se puede transmitir de una mente a otra mediante el discurso, los gestos, los rituales y, por supuesto, el arte. Como los genes, los memes son susceptibles a se seleccionados para extinguirse o prosperar.


Los genes determinan que un individuo de una especie tendrá tal o cual característica. Si esta característica resulta ventajosa para el organismo, éste sobrevivirá para reproducirse y heredar sus genes a sus descendientes. Si por algún motivo el entorno cambia y la característica antes ventajosa se vuelve un problema, ésta desaparecerá (a menudo llevándose consigo al organismo en cuestión).


Según la teoría de la memética, algo similar sucede con la información cultural. Según Richard Dawkins, quien primero introdujo el término (The Selfish Gene, 1976), un meme puede ser una melodía, una frase hecha, una creencia o una moda. Los teóricos de la memética sostienen que los memes pueden evolucionar mediante la selección natural, a través de procesos como mutación, competencia y herencia.


Memes literarios serían, por ejemplo, el conjunto de características estilísticas y temáticas de una corriente literaria, digamos, el Romanticismo. Mientras el ambiente cultural es favorable al Romanticismo las obras heredan sus memes unas a otras, creciendo y reproduciéndose. En cuanto el ambiente cultural cambia, las características que las obras obtienen de sus “memes románticos” ya no son ventajosas y poco a poco van desapareciendo, extinguiéndose. De la misma forma, los géneros y las corrientes literarias evolucionan.


Veamos, por ejemplo, la recepción moderna de obras clásicas que incluyen contenidos racistas, sexistas u homofóbicos. Durante mucho tiempo esas características fueron obviadas porque no se les daba demasiada importancia. Hoy en día, el ambiente cultural ha cambiado, y esos mismos rasgos las hacen objeto de duras críticas; algunas pueden perder por completo su popularidad y prestigio.


EL ORIGEN DE LA HISTORIAS


Por otro lado, el darwinismo literario estudia la literatura en el contexto de la evolución por selección natural. Para esta corriente el comportamiento humano es el resultado tanto de la evolución de sus genes como del desarrollo de su cultura. Una determinada forma de comportarse puede ser ventajosa o perjudicial para un individuo; si es ventajosa, el individuo se reproduce y hereda sus rasgos conductuales a su progenie.


Una de las metas del darwinismo literario es demostrar cómo la escritura y lectura de obras literarias contribuye al éxito de los individuos para adaptarse a su entorno, para sobrevivir y reproducirse. En otras palabras, la literatura es una actividad humana; toda actividad humana es resultado de una interacción entre la evolución genética y la cultura, y tiene como objetivo mejorar la capacidad adaptativa de los individuos que conforman una especie; por tanto, la literatura lleva a mejorar la capacidad adaptativa de los individuos, lo que redunda en beneficio para la especie. Básicamente, si la literatura existe es porque constituye una ventaja evolutiva para nosotros.


Un ejemplo clásico de lo anterior es el análisis que el autor darwinista Joseph Carroll hace del argumento de Orgullo y Prejuicio de Jane Austen, en su ensayo Human Nature and Literary Meaning. La novela describe un orden social en el que los machos compiten en entre sí con base en atributos socioeconómicos, como dinero y rango, mientras que las hembras compiten con base en atributos personales como juventud y belleza. El objetivo, como siempre, es la reproducción. La historia del cortejo entre Darcy y Elizabeth establece un modelo de subversión parcial del orden social, ya que la pareja otorga más importancia a la atracción mutua que a los valores sociales dominantes. Un crítico darwiniano diría que el libro funciona como una herramienta para que los humanos perciban, ordenen y entiendan el sentido de los impulsos conflictivos que caracterizan las relaciones  románticas, y por lo tanto, sería funcional para el desarrollo adaptativo de los individuos.


Algunas obras para introducirse en este enfoque incluyen The Literary Animal de Jonathan Gotschall y David Sloan Wilson (2005), Why we Read Fiction de Lisa Zunshine (2006) On the Origin of Stories de Brian Boyd (2009) y The Storytelling Animal de Jonathan Gotschall (2012). Personalmente, recomiendo sobre las dos últimas. 


El libro de Boyd es un tratado sobre el origen de las historias, es decir, de cómo la habilidad de entender, contar y crear historias es importante para las culturas de todo el mundo. Boyd aborda el tema desde el punto de vista de las neurociencias (cómo funciona nuestra mente para interpretar historias y cómo ello nos produce satisfacción) y desde la evolución (por qué desarrollamos esta capacidad), lo cual constituye la gran novedad y aporte del libro. No olvida el aspecto social, cuando en la segunda parte de su libro aplica sus postulados en sendos análisis a La Odisea de Homero y a los cuentos del Dr. Seuss.


Por su parte, Gotschall nos explica que los humanos contamos historias porque así es como le damos sentido al mundo. No sólo trata de literatura narrativa, sino que expone los rasgos psicológicos universales que hacen de toda nuestra especie una adicta a las historias. Las narraciones tienen el poder de transmitir mensajes y enseñanzas que la prosa expositiva está lejos de poseer. Las personas habituadas a leer ficción literaria suelen ser más empáticas que las que no. Las ficciones moldean nuestra visión del mundo y nuestros valores, y tienen el poder de transformar sociedades enteras, para bien o para mal.


EL ZOOLÓGICO UNIVERSAL



Ahora pasemos a la influencia de Darwin en los temas de obras literarias. Las ideas de Darwin, bien o mal entendidas, estimularon la imaginación de muchos autores desde el principio. Por ejemplo, Darwin dice que las modificaciones en las especies responden a cambios en el ambiente y que si no hay cambios la especie no tiene porqué modificarse, lo cual explica la pervivencia de criaturas muy antiguas como los cocodrilos o los tiburones.


El escritor Arthur Conan Doyle toma esta premisa como base de su novela El Mundo Perdido (1912) en la que dinosaurios sobreviven en una meseta aislada en medio de la selva amazónica, y en la que las condiciones naturales se mantienen iguales desde el mesozoico. Darwin plantea que el ser humano viene de los simios del viejo mundo y Doyle imagina extraños homínidos evolucionados a partir de monos americanos, los cuales son al final derrotados por los superiores Homo sapiens.


Desde que Darwin planteó su tesis evolutiva, nos preguntamos, no sin cierto escalofrío, si el ser unicelular estaba destinado a evolucionar y convertirse en un ser humano, o si evolucionamos porque dio la casualidad de que las condiciones fueron favorables para que sucediera. Este debate es central en otra de las novelas de Doyle, El cinturón venenoso, en la que dos científicos discuten si después de la extinción de la vida animal en la tierra, la humanidad podría volver a evolucionar a partir de los seres unicelulares que sobrevivan al cataclismo.


Fueron los mamíferos los que evolucionaron hasta convertirse en seres inteligentes, pero, ¿y si hubiesen sido los reptiles? ¿Y si hubiesen sido las aves o los cefalópodos? Los autores de ciencia ficción nos han mostrado civilizaciones construidas por pájaros, saurios o pulpos que evolucionaron hasta convertirse en seres humanoides inteligentes. ¿Y cuáles son las posibilidades de la evolución? ¿Qué extraños seres podrían haber evolucionado en otros planetas con otras condiciones de vida diferente a las nuestras? Ésta es la premisa de muchas aventuras de ciencia-ficción, de entre las que destaca El Viaje del Beagle Espacial (1950) de AE van Vogt. En esta novela, una nave espacial viaja por las galaxias estudiando las diferentes formas de vida que han evolucionado en los planetas que visita. El nombre de la nave, por supuesto, es un homenaje al barco en el que Darwin hizo su famoso viaje.


ANTES DE ADÁN


Cuando el naturalista inglés nos dijo que el ser humano proviene de los simios, la imaginación de los hombres de genio se disparó. Uno de ellos fue el escritor norteamericano Jack London, que con su novela Antes de Adán (1910) trató de recrear la vida de un grupo de homínidos (probablemente pertenecientes al género Parathropus) en el mundo prehistórico. Antes de Adán es una novela cruda y violenta, que carece del romanticismo de obras posteriores sobre "cavernícolas".


El protagonista y narrador de la novela es un hombre contemporáneo que tiene sueños sobre otra vida en la prehistoria. Él explica que estos sueños son recuerdos que han sido heredados por su ancestro homínido, de la misma manera en que muchos de nuestros instintos nos han sido heredados por nuestros antepasados animales.


Pero en la Universidad conocí la evolución y la psicología y me enseñaron la explicación de varios estados mentales no acostumbrados. Por ejemplo, ahí tenéis el sueño de la caída en el espacio, conocido de todo mundo, por experiencia propia y directa. Mi profesor me dijo que esto era un recuerdo racial, originado de nuestros antecesores que vivían en los árboles. La posibilidad de caerse era para ellos una eterna amenaza. Muchos perderían la vida de esa manera; todos debieron experimentar horribles caídas, salvándose al agarrarse a las ramas cuando rodaban hacia el suelo.


En cada actitud y conducta de los homínidos de su tribu, el narrador-protagonista ve las semillas de la civilización. En el acto de lealtad de un amigo ve el origen de la bondad humana:


Y entonces se levanta ante mis ojos todo lo que allí estaba latente, y veo la visión de Damón y Pyrhias, los mártires, la Cruz Roja, los guías que emprenden los heroísmos desesperados, el padre Damián, y Cristo mismo, y todos los grandes hombres de la Tierra, cuy fortaleza tiene sus huellas originarias en el lazo primitivo y rudimentario de Diente Mellado, Oreja Caída y otros ignorados habitantes del naciente mundo.


Y en el descubrimiento de la calabaza como medio de transporte de líquidos ve la semilla del pudor:


Hasta ahí y no más allá llegamos en los medios de transporte durante mi vida en la Horda. A nadie se le ocurrió tejer una cesta con mimbres o juncos. A veces ataban con varitas flexibles y con enredaderas los manojos de helechos y ramas que se traían a las cuevas para acostarse sobre ellos. Acaso al cabo de diez o veinte generaciones llegaríamos a inventar el tejido de las cestas, y después vendría otra cosa indudablemente: si se tejían mimbres para hacer cestos, el paso próximo sería el tejido de la tela. Seguiría a esto el vestido, y al cubrir nuestra desnudez, nacería el pudor.


Jack London parece querernos decir “Hey, somos animales, de aquí vinimos. De esta barbarie, de esta lucha sangrienta y fratricida. Todo lo malo y bueno de nosotros viene de aquí”.


ECCE HOMO


Pero si el hombre ha evolucionado a partir del mono ¿qué evolucionará a partir del hombre? Esta pregunta ha quitado el sueño a más de un autor, como HG Wells, que en La Máquina del Tiempo (1895), nos lleva al año 800 mil, en que dos razas, los Morlocks y los Eloi han evolucionado a partir del Homo sapiens. Wells narra que los primeros evolucionaron a partir del proletariado obligado a vivir bajo tierra, sin oportunidad de desarrollar su intelecto, por lo que se convierten en bestias albinas y caníbales. Por otro lado, los Eloi evolucionan a partir de una aristocracia cada vez más dependiente de la mecanización, y se convierten en seres inútiles, débiles e indefensos que no saben más que ocuparse en juegos infantiles, y que además son depredados por los Morlocks, en una especie de macabra justicia poética:


Como lo veo, el hombre del Mundo Superior derivó hacia la belleza inútil, mientras el hombre de Inframundo hacia la mera industria mecánica. Pero al Estado perfecto le faltó algo para alcanzar la perfección mecánica: absoluta permanencia. Aparentemente, conforme el tiempo pasó, la alimentación de los habitantes del Inframundo, como fuera que se llevase cabo, se vio interrumpida.  La Madre Necesidad, que había sido suspendida por algunos milenios, regresó y empezó desde abajo.


De hecho, Wells aprendió biología de Thomas Huxley, cercano colaborador de Darwin, por lo que estaba muy familiarizado con la teoría de la evolución por selección natural. Además, Wells era socialista, y deja bien clara su ideología en sus obras.


Muchos son los relatos de ciencia ficción que abordan el tema del ser que evolucionará a partir del hombre, probablemente para sojuzgarlo, como el Homo sapiens ha sojuzgado a todos los demás animales. El popular cómic de Stan Lee y Jack Kirby, Los Hombres-X (iniciado en 1963) parte de la premisa de que una nueva especie humana, el Homo superior, dotada de superpoderes, está surgiendo a partir del Homo sapiens, lo que causa conflicto entre ambas razas. Y así hay muchos ejemplos.


En el clásico cuento de Robert Arthur, El fin de la evolución (1941), los hombres han sido esclavizados por una raza de seres superinteligentes que evolucionaron a partir de un humano mutante. Esta raza de Amos, sin embargo, está destinada a la extinción, como se han extinto otras criaturas a lo largo de la historia de la vida:


La mole del dinosaurio, que lo convirtió en el ser supremo, lo mató. Los colmillos del tigre dientes de sable lo destruyeron. Y el cerebro de los Amos, que les ha dado el poder, está destinado a ser la causa de su extinción.


Curiosamente, este cuento relaciona de forma simbólica la evolución con el libro del Génesis, pues los protagonistas del cuento son Aydem y Ayve, los fundadores de una nueva humanidad en la tierra de Aiden.


La novela El fin de la infancia de Arthur C. Clarke (1953) trata de la llegada de una raza extraterrestre a la Tierra; su misión es supervisar el salto evolutivo que la humanidad está a punto de hacer, cuando la generación más joven trascienda las primitivas limitaciones del Homo sapiens y alcance un estado superior. La novela participa de una perspectiva melancólica y perturbadora que nos llegó con Darwin: la conciencia de que la humanidad no es eterna y de que nos suplantará algo a la vez tan familiar y tan incomprensible a nosotros como lo hemos sido para las bestias inferiores.


LA HERENCIA DEL VIENTO


Pero no sólo en la ciencia ficción han encontrado cabida las ideas de Charles Darwin. Quizá la obra literaria más importante e influyente de cuantas tienen por tema a Darwin sea Heredarás el viento (1955) de Jerome Lawrence y Robert E. Lee. En esta obra teatral de 1955, lo importante es el impacto que las ideas de Darwin han tenido en la sociedad.


En 1925 el maestro de escuela John T Scopes fue juzgado por violar la ley del estado de Tennessee al enseñar la teoría de la evolución. William Jennings Bryan, candidato a la presidencia de los EUA en tres ocasiones distintas y ex secretario de Estado de Woodrow Wilson, encabezó la persecución de Scopes. Clarence Darrow, miembro prominente de la Unión Americana para las Libertades Civiles, defendió al acusado.


La obra teatral, sin embargo, no pretende ser un documental de lo sucedido. Lawrence y Lee, (como lo había hecho Arthur Miller con Las brujas de Salem o Howard Fast con Espartaco) toman un acontecimiento histórico para comentar la situación política de su época: el Macartismo, una era de férreo conservadurismo autoritario en la que la libertad de pensamiento era vista casi como un acto de traición. Los mismos autores nos dicen que lo que sucede en la obra “Podría haber sido ayer, o podría ser mañana”.


Para Lee y Lawrence el pensamiento científico representa la libertad intelectual, la facultad de elegir con base en nuestra capacidad de raciocinio lo que creemos y lo que no. En contraste, el pensamiento religioso es presentado como autoritario, irracional e intolerante. Para los autores, el debate no es sólo entre religión y ciencia, sino entre libertad y autoritarismo, porque mientras al conocimiento científico se llega mediante el uso de la razón, el conocimiento religioso es impuesto por una autoridad:


BRADY: ¿Pero cómo? ¿Es posible que exista algo sagrado para el tan celebrado agnóstico?

DRUMMOND: ¡Sí! ¡La mente humana individua! En la capacidad de un niño para dominar las tablas de multiplicar hay más santidad que todos sus aclamados “¡Osanas!” y “¡Aleluyas!” Una idea es un monumento más grandioso que una catedral. Y el avance del conocimiento humano es mayor milagro que convertir palos en serpientes o la partición de las aguas. […] Darwin nos llevó arriba de una cima desde la cual pudimos mirar hacia atrás y ver el camino por el que hemos andado. Pero a cambio de esta vista, de este conocimiento, debemos abandonar nuestra fe en la placentera poesía del Génesis.


Existen varias diferencias importantes entre lo que sucedió en la vida real y lo que se plasmó en la obra teatral. En primer lugar, los nombres de personas y de lugares han sido cambiados. En general, el personaje de Brady, que representa a Bryan, es retratado como más intolerante e ignorante de lo que en realidad fue. Por ejemplo, al contrario de lo que muestra la obra, Bryan sí había leído a Darwin, no consideraba la cronología de Ussher como acertada y no consideraba que la unión sexual fuera el pecado original. Estos cambios fueron introducidos por los autores para acentuar el conflicto entre libertad y autoritarismo, razón y fanatismo.


Heredarás el viento ha sido una obra muy influyente en los Estados Unidos, al igual que la excelente adaptación cinematográfica de Stanley Kramer estrenada en 1960. Ésta cuenta con las maravillosas actuaciones de Spencer Tracy, Fredrich March y Gene Kelly. A diferencia de lo que sucede en muchas adaptaciones cinematográficas de obras literarias, ésta no la reduce, sino que la amplía. Es una cinta fundamental e imperdible. Como la obra teatral en la que se basa, ha sido admirada por librepensadores y atacada por fanáticos desde un inicio.


Por ahora, me permito despedirme con una libre traducción del libro de Los Proverbios:


Si eres necio, serás siervo del sabio de corazón,
y si atribulas tu propia casa, heredarás el viento.



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9 comentarios:

Kix dijo...

:-) Qué bonita caricaturita, matarile-rile-ron!

Kix dijo...

¿Sí te animas a participar en el Circo?

Raúl H. Pérez dijo...

Jajajaja buena esa, Mike.

Grazia Silva dijo...

el comic me causa ternura

Kyuuketsuki dijo...

Chale, lo que hubiera dado por tener un profesor competente que me hubiese instruido correctamente en el darwinismo.

Pablo Cabañas dijo...

Interesante disertación acerca de los memes (aunque claro, pienso que la humanidad -al menos algunos- se ha encargado de NO transmitir los memes adecuados, chales)...

Y el resumen gráfico: ¡GENIAL!

Kix dijo...

kikina_mx@yahoo.com

Please.

Karate Pig dijo...

espero que la semana dedicada a darwin haya sido exitosa.

yo le recomendaría ponerse de acuerdo con el zoologico más cercano y ofrecer visitas guiadas una o dos veces al día donde se explique el enfoque darwinista

la ponencia me parece muy buena,muy acertado el tenr como andamio la cinta heredarás el viento, aunque la cita al final un poco precipitada, como que acabó muy drástico..

el unico par de peros serían:
1.- su excesiva fé en la ciencia, me parece que, al menos en su discurso, tiende mucho a los extremos, se nota el contraste entre ciencia y el mundo del comic, pero:

2.- dónde queda el arte? la filosofía? ambas son actividades que no ofrecen muchas ventajas desde el punto de vista científico y mucho menos del evolutivo


por otra parte, la evolución hacia el futuro es el tema de una serie de excelentes documentales de la bbc, creo que en espagnol le pusieron el infame título de "futuro salvaje".
es darwin 1000% dinamita
preguntenle a mininova por esta serie

saludos

Maik Civeira dijo...

Karate Pig: Gracias por tus comentarios. Si acabó muy rápido la ponencia es porque la estaba diciendo justo antes de presentar la película.

Estoy de acuerdo con que hay muchas cosas que la ciencia no abarca, como el arte y la filosofía. No comparto las posiciones del darwinismo literario, sólo las quería exponer.

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