viernes, 24 de agosto de 2018

Conrad von Hötzendorf: Vida y milagros de un pendejo con iniciativa




Como lo he hecho desde 2014 hasta el presente, he querido dedicar algunas entradas cada año para conmemorar el centenario de la Primera Guerra Mundial, empezando por aquí. Pues bien, en esta ocasión quiero platicarles de un personaje al que no he mencionado casi para nada en este blog: Conrad von Hötzendorf.

¿No les suena? Su nombre ha caído en relativa oscuridad frente a otros protagonistas de la “guerra para acabar con todas las guerras”. ¿Qué pasaría si les dijera que este tipín es uno de los principales responsables de que haya iniciado el conflicto y de que haya salido tan mal? Tan es así que ha sido descrito como “la clase de oficial más peligrosa: tan estúpido como enérgico” y su biógrafo Lawrence Sondhaus lo llamó “Arquitecto del Apocalipsis”. Aunque más bien fue como "el feto ingeniero del Armagedón". Acompáñenme a ver esta triste historia.

Franz Xaver Joseph Conrad Graf von Hötzendorf nació en 1852 en el seno de una familia austriaca, de ésas en las que todos los miembros varones tenían que ser militares porque no podían concebir otra profesión digna que la de repartir cañonazos. De joven se destacó en el campo de batalla y también por sus impulsos reformistas que chocaron con las ideas arcaicas de la vieja guardia. Eso fue hasta que Hötzie, como era llamado por absolutamente nadie, se volvió viejo y lleno de ideas arcaicas.



Verán, desde que el Imperio Austriaco se convirtió en el Imperio Austro-Húngaro, tras la derrota frente a Prusia de 1866, los austriacos no habían peleado con ningún país importante, y su clase militar era bastante anticuada. El campo de batalla en el que se destacó Hötzie fue el de la represión de una revuelta en Dalmacia contra el Imperio. Así que ni él, ni realmente nadie, tenía idea de cómo se iba a luchar una guerra contra un enemigo que de hecho supiera devolver los balazos.

Los papanatas en altos puestos militares abundaron durante la Primera Guerra Mundial, en especial en los primeros meses, cuando se hizo evidente que nadie sabía lo que estaba haciendo. Así que Hötzie en realidad tenía las mismas ideas estúpidas que la clase militar de su tiempo, a saber:

  • ¡Qué armas modernas ni que niño muerto! Elegantes cargas de caballería en campo abierto y peleas a bayonetazos son lo que definirá las guerras del futuro. Lo más importante no son las armas, sino la voluntad de conquista. No importa que mandemos a nuestros jóvenes sin equipo ni preparación a lanzarse de frente a una ametralladora si están imbuidos con el espíritu de lucha.
  • ¡Estrategia defensiva! ¡Eso es de maricas! ¡Hay que atacar, atacar y atacar, oleada tras oleada! Esconderse detrás de una fortaleza amurallada disparando desde la seguridad de un parapeto a un ejército enemigo es lo más tonto que alguien podría hacer.
  • ¡Nuestros enemigos conspiran contra nosotros y quieren aniquilarnos! ¡Tenemos que atacarlos ya! ¡A la primera sospecha de que nos ven feo, movilizar a todo nuestro ejército o nos destruirán a todos! ¡Nos destruirán a todos! ¡Nos destruirán a todos!
  • Meh, total la guerra va a acabar en unos cuatro o cinco meses.



Hötzie tuvo una exitosa carrera, e hizo fama como maestro y teórico, la cual llegó a oídos del heredero al trono imperial, el desafortunado Archiduque Franz Ferdinand, quien lo recomendó para ser el Jefe del Estado Mayor. Así, en 1906 Conrad llegó a tener el mando supremo del ejército austro-húngaro a pesar de su casi inexistente experiencia en combate. Vamos bien.

Como mucha de la clase aristocrática de su época, Von Hötzendorf era un fiel creyente en las doctrinas del darwinismo social, y estaba convencido de que la vida era una lucha constante por la supervivencia del más fuerte y de que el conflicto bélico era una condición inevitable para la existencia de las naciones. Desde su lugar como alto mando militar, se dedicó a difundir estas ideas entre los oficiales y a predicar la necesidad de la guerra preventiva.

Conrad estaba seguro de que era necesario atacar a Serbia, Italia y Rumania, sus vecinos más débiles, antes de que tuvieran la oportunidad de aliarse con alguno de los países verdaderamente fuertes como Rusia. Cada vez que sucedía alguna crisis, mientras los diplomáticos trataban de calmar los ánimos, Conrad se dedicaba a pregonar que la guerra era el único curso de acción viable. En no menos de 30 ocasiones distintas antes de 1914, Hötzie propuso al emperador Franz Joseph que dejara de discutir y se fueran todos a los catorrazos.

El Imperio Austro-Húngaro

Esto exasperaba a Alois Lexa von Aehrenthal, el ministro de relaciones exteriores, quien estaba tratando precisamente de no hundir al viejo imperio en una guerra de proporciones continentales (pensaban, los muy ingenuos, que a lo mucho la guerra iba a ser continental). El archiduque Franz Ferdinand, por cierto, era otro personaje decididamente comprometido a evitar a toda costa el estallido de un conflicto.

Aehrenthal vio la oportunidad de deshacerse de Hötzie cuando se supo el escándalo de que se andaba ligando a una señora casada, la aristócrata Virginia von Reininghaus, y logró hacer que lo despidieran en 1911. El despido no duró mucho, porque el ministro se murió pronto y a Conrad lo reinstituyeron al año siguiente.

A finales de julio de 1914, Gavrilo Princip, un joven serbio con 19 años y cara de idiota, vio pasar el coche del Archiduque por una calle de Sarajevo y decidió pasar a saludarlo a él y a su esposa con un par de balazos. El heredero al trono de Austria-Hungría había sido asesinado y así los dos hombres que intentaban impedir que la guerra estallara estaban fuera del camino. Nadie estaba ahí para discutirle a Conrad cuando susurrara al oído del viejo emperador que lo que había que hacer era invadir Serbia.

¿Con todo y que si atacamos Serbia, Rusia nos va atacar, y si hacemos eso, Alemania va a atacar a Rusia, y si hace eso Francia va a atacar a Alemania, y si hace eso Alemania va a invadir Luxemburgo y Bélgica y si hace eso Gran Bretaña va a atacar a Alemania? Sí, vámonos contra Serbia, alv. Y ahí lo tienen: una guerra continental europea que en cosa de meses se volvería mundial.



Entonces viene el papel que jugaría nuestro bigotón amigo en la guerra ya iniciada y que sería, por decirlo amablemente, un completo desastre. En sólo los primeros cinco meses de la guerra, bajo el liderazgo de Hötzie, 189 mil soldados austro-húngaros perderían la vida y 490 mil serían heridos y otros 278 se perderían en acción o sería capturados por los enemigos.
   
La conquista de Serbia, según él un país pequeñuelo que no debía causarle mayores problemas al enorme imperio de los Habsburgo, se debía dar en un par de meses, antes de que Rusia pudiera movilizarse contra Austria y Alemania. Pues la conquista de la valiente nación eslava por parte de los austro-húngaros sólo se completó hasta 1915, más de un año después de que iniciara.

Obviamente en ese tiempo Rusia invadió el Imperio Austro-Húngaro y a Conrad se le ocurrió la maravillosa idea de enviar al ejército a enfrentarlo a través de la cordillera de los Cárpatos. A un ejército que no tenía el equipo para pelear en la nieve, el entrenamiento para escalar montañas o siquiera zapatos decentes. A pelear contra los putos rusos, para los cuales batirse desnudos contra osos borrachos en la cima de los Urales se llama “jueves”. Fucking genius! La cosa salió tan mal que los soldados austriacos fueron masacrados sin misericordia y a los heridos se los comieron los lobos. Eso ultimo no es broma.



El desastre en los Cárpatos fue tan absoluto que Austria-Hungría sería incapaz de tener victorias y consolidar el frente oriental sin la ayuda de los alemanes, que en las guerras mundiales siempre se ven en la necesidad de ayudar a sus aliados buenos para nada (te estoy viendo a ti, Italia).

Pero además de todo, Conrad no dejaba de meterse en problemas con todo el mundo, así fuera con el príncipe heredero Karl, el primer ministro húngaro István Tisza o el general alemán Erich von Falkenhayn. Cuando el carcamán de Franz Joseph por fin estiró la pata en 1916, a Hötzie se le acabaron los amigos poderosos, y Karl le retiró el mando del ejército austriaco.

Nuestro héroe fue enviado al frente del Tirol, donde el imperio Austro-Húngaro se batía sin llegar a ningún lado contra los italianos. Ellos tampoco conseguían gran cosa, porque de su lado estaban bajo la dirección de Luigi Cadorna, un jenio militar a la altura de Von Hötzendorf. El frente era característico de la Primera Guerra Mundial: jóvenes yendo a morir estúpidamente sin que ninguno de los bandos pudiera hacer avances significativos. Esto fue así hasta que, de nuevo, los alemanes llegaron a mostrar cómo se hacen las cosas.



En 1918 la gente estaba harta de la guerra que los oficiales, aristócratas y políticos habían iniciado, pero que el pueblo llano tenía que pelear y sufrir. Las presiones para firmar un armisticio aumentaban cada día más, y Conrad, que era de los que querían continuar con la guerra, perdió todo mando militar, en un intento del gobierno de salvar su legitimidad. Era demasiado tarde: el Imperio Austro-Húngaro colapsó en otoño de ese mismo año y quedó dividido en Austria, Hungría, Checoslovaquia y Yugoslavia. Hötzie se dedicó a rumiar el resto de su vida sin admitir jamás sus errores, hasta que murió en 1925.

Sería exagerado decir que Conrad inició la Primera Guerra Mundial. Esta tragedia se fue gestando a lo largo de los años y múltiples factores muy complejos contribuyeron a su desarrollo. Pero no podemos soslayar el hecho de que Hötzie fue el principal instigador de la invasión a Serbia, hecho que inició el conflicto en primer lugar.

También sería simplista decir, como se ha hecho, que Conrad se fue a la guerra para impresionar a su amada Virginia, quien en un principio lo tenía bien friendzoneado (quizá porque tú eras casado, Hötzie, y ella también). Pero es cierto que en las cartas que le escribía a ella (literalmente miles a lo largo de los años) se mostraba su carácter melodramático, obsesivo, hipersensible y autocompasivo. No precisamente las cualidades que se requieren de quien comandaba a uno de los mayores ejércitos de Europa en una guerra industrial de larga duración.



Conrad era un buen conocedor de la teoría y la historia militar, y se le podrían disculpar sus primeros errores en el campo de batalla por su falta de experiencia real, pero el caso es que tampoco aprendió de ellos. Cometió una y otra vez los mismos desaciertos: subestimar a sus enemigos, desestimar las carencias que sufría su propio ejército, ignorar factores climáticos y de terreno a la hora de planificar sus ataques y, sobre todo, estar ciego al hecho de que la guerra moderna ya no era como la de su juventud, y de que un montón de soldados de infantería no puede enfrentar las balas de una ametralladora con el puro “espíritu de conquista”.

Ahora, lo justo es decir que las tonterías en las que Conrad von Hötzendorf creía no eran exclusivamente suyas. Otros casos notables de incompetencia que costó miles de vida incluyen:

  • El general francés Victor-Constant Michel adivinó que los alemanes querrían invadir Francia pasando por Bélgica e ideó una estrategia defensiva que habría podido salvar al país de la invasión y ahorrar muchas muertes innecesarias. El Estado Mayor francés le dijo que su plan era una locura (la defensa era de maricas, recuérdese) y fue despedido.

  • Los soldados franceses vestían pantalones bombachos azules y chalequitos rojos culeros desde el siglo anterior. El ministro de guerra Adolphe Messimy quiso reformar los uniformes para que los soldados no fueran blancos fáciles, pero se enfrentó a la negativa de básicamente todo los oficiales. El cambio no se dio hasta que vieron que matar a garzones vestidos de rojo y azul en campos verdegrises es extremadamente fácil para un solo alemán con ametralladora.

  • Vladimir Sukhumliov era un viejito glotón y perezoso que ocupaba el cargo de Ministro de Guerra en la Rusia zarista. No se encargaba de su trabajo y nadie lo quería, excepto la zarina, porque el señor se dedicaba a hacerle carantoñas y a alabar la sabiduría de Rasputín. Seguro de que la guerra no había cambiado en los últimos 50 años, ponía cara de fuchi cada vez que la hablaban de modernizar el ejército. Cuando Rusia entró a la Primera Guerra Mundial, sus soldados no tenían suficiente equipo, alimentos, municiones o siquiera botas.

  • Y bueno, no podríamos dejar de mencionar al Kaiser Wilhelm II, quien dedicó toda su vida a tomar las peores decisiones concebibles. No quería la guerra, pero la provocó alienando a sus aliados con su actitud bravucona, porque pensaba que haciéndole bullying a todo el mundo iba a lograr que respetaran a Alemania.




Son sólo algunos ejemplos de los “asnos que comandaban leones” como dice el cliché de la Gran Guerra. Es lo que sucede cuando las riendas de la nación quedan en manos de hombres necios, cortos de visión, caprichosos, volátiles, llenos de ideas retrógradas y más dados a pensar con el hígado que con la cabeza. Peor si estos individuos tienen el poder no por sus propios méritos, sino porque pertenecen a una clase social privilegiada que les asegura pase directo a puestos de mando sin haber tenido que iniciar desde abajo.

Así que ahí lo tienen, no sólo una curiosidad de la historia, sino también una lección para el presente: los pendejos con iniciativa pueden hacer muchísimo daño, así que hay que mantenerlos lejos de las palancas del poder.

Fuentes:



1 comentario:

incognia dijo...

"Obviamente en ese tiempo Rusia invadió el Imperio Austro-Húngaro y a Conrad se le ocurrió la maravillosa idea de enviar al ejército a enfrentarlo a través de la cordillera de los Cárpatos. A un ejército que no tenía el equipo para pelear en la nieve, el entrenamiento para escalar montañas o siquiera zapatos decentes. A pelear contra los putos rusos, para los cuales batirse desnudos contra osos borrachos en la cima de los Urales se llama “jueves”. Fucking genius! La cosa salió tan mal que los soldados austriacos fueron masacrados sin misericordia y a los heridos se los comieron los lobos. Eso ultimo no es broma". Este parrafo es oro puro.

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