jueves, 13 de septiembre de 2018

La increíble odisea de la Legión Checoslovaca





En 1914 las naciones de los checos y los eslovacos no tenían estado propio, sino que se encontraban repartidas entre dos grandes imperios, el Ruso y el Austro-Húngaro. Además, miles de emigrados se encontraban dispersos por toda Europa y hasta en los Estados Unidos.

En el Imperio Austro-Húngaro, checos y eslovacos eran considerados ciudadanos de segunda, y no gozaban de reconocimiento como naciones, con todo y que Bohemia era la región más industrializada del imperio, y tenía un nivel de desarrollo comparable al de Francia y Alemania.

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, muchos checos y eslovacos (sobre todo de los primeros) que vivían en los países Aliados se enlistaron como voluntarios para pelear contra las Potencias Centrales. Su anhelo era construir una patria propia, liberar a sus compatriotas en casa del yugo en que los tenía el Imperio Austro-Húngaro, y creían que, si los ayudaban a ganar, los Aliados apoyarían su proyecto de formar un país independiente.

La primera unidad checoslovaca se organizó en Francia apenas iniciada la guerra, y contaba con sólo 316 voluntarios, que pelearon como parte de la Legión Extranjera. Poco a poco sus números fueron creciendo y pronto comenzaron a llegar voluntarios desde los Estados Unidos. Algunas unidades también se formaron en Italia y Serbia.

Bajo la dirección del checo Tomáš Masaryk[1] y el eslovaco Milan Štefánik se organizó la Legión como un cuerpo autónomo, que recibió la aprobación del gobierno francés a finales de 1917, y a la que le tocaría pelear en el último año de la guerra.

Tomas Garrigue Masaryk


Pero la verdadera odisea de la Legión Checoslovaca se dio en Rusia. Muchos checos y eslovacos vivían allí y se ofrecieron para luchar contra las Potencias Centrales. Así se formó la Česká Družina, o Compañía Checa, desde 1914. Se nutría de voluntarios, pero también de entre prisioneros de guerra, pues los austriacos habían conscripto a los checos y eslovacos para luchar en su ejército y los rusos habían capturado a muchos de ellos. Estos se cambiaban de bando de muy buen grado y resultaban de gran utilidad pues por lo general hablaban más de una lengua y conocían las tácticas austriacas.

La Legión era coordinada desde los cuarteles centrales en Francia, por Masaryk, aunque dada la enorme distancia que la separaba del mando supremo, tenía que arreglárselas por sus propios medios. En julio de 1917 los legionarios alcanzaron la gloria en la batalla se Zborov, cuando atravesaron líneas enemigas, pasando por campos de alambres de púas, y cayeron sobre las trincheras austriacas. Los legionarios enfrentaban a una fuerza superior en números: eran 3,500 contra 5,000. Pero su carga fue tan contundente, que 3,300 de los austriacos se rindieron y fueron tomados prisioneros. Es decir, los legionarios capturaron casi a un enemigo cada uno. La batalla no cambió el curso de la guerra, ni nada, pero fue un hito para la Legión Checoslovaca, que atrajo cada vez más y más voluntarios, hasta que llegó a contar con más de 50 mil hombres en Rusia.

La legión en Rusia

Pero las cosas cambiarían drásticamente con el triunfo de la Revolución de Octubre en 1917, que llevaría a los bolcheviques al gobierno. Un soviet independiente se organizó en Ucrania, donde la Legión Checoslovaca estaba peleando, cuando ese país, otrora parte del Imperio Ruso, firmó el armisticio con las Potencias Centrales en febrero de 1918. El mes siguiente, la Rusia soviética haría lo propio.

¿Qué hacer? De pronto una fuerza de 50 mil hombres se encontraba varada. No tenían un país al cual volver, porque Chequia y Eslovaquia seguían bajo el poder de Austria-Hungría. No tenían aliados a los cuales unirse, porque se encontraban al otro lado de Europa, más allá del inmenso territorio ahora controlado por las Potencias Centrales. Eran un ejército sin patria, lejos de cualquier campo de batalla.

Sólo les quedaba una opción: alcanzar el frente occidental, llegar hasta Francia, para allí continuar la lucha contra las Potencias Centrales. ¿Pero cómo? No podían atravesar territorio enemigo y los puertos rusos en el Mar Negro y en el Báltico estaban bloqueados. Sólo había un camino: hacia el este, atravesando la estepa euroasiática, Siberia, hasta alcanzar Vladivostok, el puerto más oriental de Rusia, un viaje de casi 10 mil kilómetros.

La Gran Guerra en 1918

Masaryk negoció y obtuvo permisos de los gobiernos de Ucrania y Rusia para que la Legión pudiera atravesar sus territorios en paz, como civiles neutrales a los conflictos internos de estos países. Pero la cosa no sería tan sencilla, pues el Imperio Alemán lanzó un feroz ataque contra estos países para forzarlos a aceptar condiciones de paz draconianas. La Legión tuvo que pelear contra los alemanes en la Batalla de Bakmach, de la que salió victoriosa.

Tras este triunfo, la Legión salió de Ucrania y entró al territorio ruso, donde debían rendir parte de su arsenal a cambio del salvoconducto para atravesar Siberia, según el Acuerdo de Penza (redactado ni más ni menos que por un joven Iósiv Stalin). Pero no habría paz para los checoslovacos: con el estallido de la Guerra Civil Rusa, la presencia de los legionarios en el país era una carta salvaje para muchos intereses opuestos.

Los bolcheviques no confiaban en los legionarios, pues temían que pudieran unirse al Ejército Blanco, sus enemigos. Eso era justo lo que querían los Aliados, que la Legión ayudara a derrocar a los bolcheviques para instaurar en Rusia un gobierno que reanudara la guerra en el frente oriental contra las Potencias del Eje. Estas últimas, por su parte, querían evitar que la Legión saliera de Rusia y llegara hasta el frente occidental, y preferían que su presencia allí exacerbara el caos en el país. Los legionarios sólo querían llegar a casa.

La Legión tenía su propio tren acorazado, un transporte colosal, algo así como un tanque hecho para andar sobre las vías. El problema es que el camino ferroviario transiberiano estaba en muy malas condiciones por tramos enteros, y que en ese momento muchos querían usarlos. Eso incluía a prisioneros de guerra alemanes y austriacos, liberados tras la paz de Brest-Litvosk, que volvían a sus hogares hacia el oeste, y que consideraban a los checoslovacos como sucios traidores.



Además, el caos en el vastísimo territorio ruso provocó que los acuerdos firmados con el gobierno bolchevique tuvieran que ser renegociados en prácticamente cada estación por la que la Legión tenía que pasar. El avance era muy lento, y la Legión se veía obligada a hacerlo por grupos pequeños, de modo que llegó un momento en que sus números se encontraron dispersos a lo largo de las vías transiberianas.

Las tensiones se fueron acumulando y en mayo de 1918 se dio una disputa entre los legionarios y un grupo de prisioneros húngaros en Chelyabinsk. Leon Trotsky, como comisario de guerra del gobierno de Lenin, ordenó que los legionarios fueran desarmados y arrestados. Los legionarios se negaron y, hartos de la situación, tomaron Chelyabinsk por asalto, liberaron a sus compañeros presos y enviaron un ultimátum al gobierno bolchevique, para que los dejaran llevar a Vladivostok de una buena vez.

Así inició la guerra entre el Ejército Rojo y la Legión Checoslovaca, un enfrentamiento entre dos fuerzas formidables que se extendió por el resto de la primavera y el verano de ese año. Los legionarios tenían la desventaja de estar en territorio extraño y desconocido, pero aun así pudieron hacerse con el control de un largo tramo de la ruta transiberiana, incluyendo varias ciudades de la región. Dicho de otra forma, la Legión Checoslovaca conquistó una buena parte de Siberia.

La ruta del ferrocarril transiberiano

Con ayuda de la Legión, el Ejército Blanco logró derrocar a todos los gobiernos bolcheviques en Siberia para finales de aquel verano. La Legión se dirigía a Ekaterimburgo, donde el zar y su familia se encontraban presos. Ante la proximidad de los legionarios, los bolcheviques ejecutaron a la familia real, terminando para siempre con la dinastía Romanov en Rusia. La Legión llegaría menos de una semana demasiado tarde.

Pero el Ejército Rojo comenzaría la contraofensiva y los legionarios, sin la posibilidad de obtener refuerzos y luchando una guerra que no les interesaba en una tierra extraña, empezaban a desesperar. En octubre de 1918 la nueva República de Checoslovaquia fue creada por la comunidad internacional y Masaryk se convertiría en su primer presidente. La Legión tenía ya una patria pero atrapados en la estepa eurasiática, no podían ir hacia ella.

Para finales de 1918 Europa estaba en paz, pero no así Rusia. Terminada la Primera Guerra Mundial, los Aliados comenzaron a enviar tropas a Siberia para apoyar al Ejército Blanco. 1500 soldados ingleses, 4000 canadienses, 2300 chinos, 2500 italianos, 7000 japoneses y 7900 estadounidenses desembarcaron en Vladivostok y penetraron en diversas regiones y ciudades de Siberia.



La Legión Checoslovaca había atravesado una guerra mundial, dos revoluciones rusas y ahora se veía envuelta en una guerra civil que se había vuelto internacional. Sin nada más que hacer, durante el siguiente año los legionarios se dedicaron a cuidar las rutas de abastecimiento para el gobierno contrarrevolucionario de Aleksandr Kolchak, líder del Ejército Blanco.

Sin embargo, en 1919 la contraofensiva soviética en Siberia comenzó a hacer retroceder al Ejército Blanco. Tras la caída de Omsk, capital de Kolchak, en noviembre inició la Marcha del Hielo, con el Ejército Blanco y miles de refugiados huyendo hacia el oriente a través de los helados territorios de Eurasia.



La Legión se declaró neutral, pero los Aliados no estaban dispuestos a permitir que Rusia quedara bajo el poder de los comunistas, de modo que ordenaron a los legionarios escoltar a Kolchak hacia Vladivostok. Los legionarios estaban hartos de ser usados en guerras extrañas y, para dejar en claro que el conflicto en Rusia no les concernía, y que no debían lealtad alguna a las potencias Aliadas, entregaron a Kolchak a los bolcheviques. Los Blancos considerarían esto como una traición, pero los Rojos estaban más que satisfechos, y otorgaron a la Legión los salvoconductos necesarios para evacuar.

Mientras la mayoría de los Aliados se retiraba de Siberia, mientras el Lejano Oriente ruso se disputaba entre la República Soviética de Chita y el Gobierno Provisional de Priamur (contrarrevolucionarios apoyados por Japón), en diciembre de 1919 el primer barco de transporte partió de Vladivostok para llevar a los legionarios a casa. La última de las 32 naves zarparía en septiembre de 1920.



Abordar el barco no era el final. A los legionarios todavía les faltaba atravesar los océanos, siguiendo una de las dos rutas: bajando para rodear el Índico y llegar al Mediterráneo a través del Canal de Suez, o cruzar primero el Pacífico, después el Canal de Panamá para llegar al Atlántico y por último a Europa. Tras llegar a su nueva patria, Checoslovaquia, los legionarios todavía tendrían que ver guerra una vez más, defendiendo sus fronteras de Polonia y Hungría que no estaban conformes con los territorios que los acuerdos de paz tras la Gran Guerra les habían otorgado.

Los legionarios fueron recibidos como héroes en su patria y se les levantaron varios monumentos. Al retirarse del ejército, muchos de los legionarios escogieron una vida pacífica como profesores de escuela. Su aventura, una más grande que la vida misma, nos muestra que la Primera Guerra Mundial fue verdaderamente mundial, y que la historia que creemos conocer es a menudo mucho más rica, complicada y dramática de lo que parece a simple vista.



Para saber más:



[1] Es en honor a este señor que tiene ese nombre la lujosa avenida comercial de la Ciudad de México. Apuesto a que no sabían eso.

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