¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿Estoy listo para ser?
¡Pokémon está de fiesta! Este 2026 nuestra franquicia favorita sobre explotación animal cumple 30 años y las celebraciones están programadas para llevarse a cabo a lo largo de estos doce meses. Por lo pronto, en mi pequeña Mérida, el club de fans local inició con una proyección especial de Pokémon: La primera película. Mewtwo contraataca (sí, ése es el título completo), ni más ni menos que en la Cineteca del Teatro Armando Manzanero.
El veterano que esto escribe tuvo la oportunidad de disfrutar de este largometraje animado en su paso original por las salas de cine, en aquel ya lejano 1999. Así que esta vez quise compartir la experiencia con mis dos hijos menores. Fue un evento muy lindo y una velada muy especial.
Recuerdo que desde la primera vez que la vi, la peli me sorprendió. A mí me gustaba mucho la serie animada, que era sobre todo divertida y chistosona. La película, en cambio, se me hizo muy, muy buena. Emocionalmente era mucho más intensa y tenía en Mewtwo un personajazo para analizar con atención. Pokémon es cine, pues. Ya desde entonces le noté un trasfondo que, a falta de una mejor palabra, juzgué como filosófico, y eso es algo que reafirmé tras verla muchas veces en VHS.
Ahora, tantos años después, ya que soy un viejo (sabroso) barbón y entrecano, padre de familia y profesor cultoso, ¿cómo recibiría la película? ¿Sería tan buena como la juzgó aquel quinceañero? ¿Descubriría que esa supuesta profundidad percibida eran sólo platitudes de morrito básico? Pues vaya, en realidad me pareció igual de buena que hace casi tres décadas. Y es que Pokémon es una película existencialista…
¡Espera, no cierres esta ventana! Sé que esto suena muy de mamador. Imagino lo que estarás pensando: “¿Pokémon, ¿filosófica? ¿Existencialista? ¡No bromees!”. Pero déjame exponer mi caso…
Para empezar, tenemos que hablar de un francés: ni más ni menos que Jean-Paul Sartre, el tipo feo del ojo virolo y máximo exponente del existencialismo en el siglo XX (pero no el más sensual, que ése es Albert Camus). ¿Y qué es el existencialismo? Seguramente han escuchado, y quizá usado, términos como “duda existencial” o “crisis existencial”, ¿no? Usualmente, usamos estas frases al referirnos a dilemas, desengaños, incertidumbres y demás concernientes al significado, propósito o razón de nuestras vidas. Bueno, pues el existencialismo se trata de una corriente de pensamiento filosófico que se centra precisamente en el significado (o falta de él) de la existencia humana.
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| Shakira no cree en este señor |
¿Saben quién también estaba en busca del significado de su existencia? Mewtwo, por supuesto. Resumen de la película para quienes no desperdiciaron su infancia y adolescencia atrapando monstruitos ficticios:
Un grupo de científicos financiados por el malévolo Equipo Rocket pretende crear al Pokémon más poderoso jamás. Para ello, recurre a una muestra de ADN del legendario y antiquísimo Mew, un Pokémon primordial del cual no se tiene más que un rastro hallado en un templo mayincateca en medio de la selva.
El resultado del proceso de clonación e ingeniería genética es Mewtwo, un Pokémon con grandes poderes psíquicos e inteligencia. Desde el momento en que Mewtwo adquiere consciencia empieza a cuestionarse sobre su propósito, su destino. Las primeras líneas de toda la película son las que encabezan este ensayo. Diferentes respuestas se le presentan. De los científicos aprende que es sólo un experimento que podría ser superado, mientras que Giovanni, el capo del Equipo Rocket, le asegura que ha sido creado solamente para servirle. Mewtwo, como el Monstruo de Frankenstein, se rebela contra sus creadores, se vuelve amargado y resentido, y al cabo decide vengarse de la humanidad entera. Tal se convertirá en el propósito de su vida.
“¿Quién soy yo?, ¿Cuál es mi verdadera razón de ser? Encontraré mi propósito, y limpiaré este planeta de aquellos que se me opongan, humanos y Pokémon por igual, el mundo escuchará mi advertencia, el reinado de Mewtwo, pronto comenzará.”
Como parte de su plan absurdo de supervillano, Mewtwo hace llegar una misteriosa invitación a varios entrenadores Pokémon, incluyendo a nuestro héroe Ash Ketchum y a sus amigos Brock y Misty. Los entrenadores deben cruzar el mar hacia la isla del supuesto “entrenador más grande del mundo”, pero una tormenta los deja varados en el puerto. Los más atrevidos se lanzan a las aguas sin importar la borrasca; que es justo lo que Mewtwo quería, pues deseaba apropiarse de los Pokémon más fuertes para clonarlos. Verán, su plan es dejar que la tormenta, creada por él mismo, destruya a la humanidad y a los Pokémon domesticados, para reinar después sobre las ruinas con una nueva raza de clones Pokémon superiores.
El problema de Mewtwo es que nunca tuvo una buena clase de filosofía existencialista, pues eso le habría ahorrado muchos problemas. Jean-Paul Sarte decía que estamos “abandonados en el mundo”, rodeados de hechos y situaciones sobre los que no pudimos decidir. No elegimos en dónde naceríamos, ni en qué condiciones, ni quiénes serían nuestros padres, ni nuestros vecinos, ni la cultura en la que creceríamos, ni las leyes de nuestro país. Vaya, ni siquiera escogimos existir en primer lugar; la existencia es una cosa más que nos fue impuesta, como también le fue impuesta a Mewtwo. Él no eligió ser clonado a partir de Mew, ni que Giovanni lo quisiera convertir en un arma.
Mewtwo se rebela contra el destino que sus creadores habían trazado para él, pero le falta rebelarse también contra la creencia de que debe tener un destino; en cambio, se inventa uno bastante destructivo, convencido de que está determinado por las crueldades que sufrió en su origen. Incluso sigue cautivo de la misma obsesión que guiaba a sus creadores: la búsqueda del poder.
Pero Sartre decía que “la existencia antecede a la esencia”. ¿Qué significa esto? Nuestro ser no tiene una esencia inmutable, predeterminada desde un inicio, ni un significado intrínseco. Primero existimos, y después le otorgamos un significado al hecho de existir. Nada está predeterminado.
El error de muchas personas (y de Mewtwo) está en creer que tenemos que “descubrir” el significado de la vida, o que cada uno de nosotros tiene una esencia que determina su destino, que ambas cosas están ya dadas de antemano y que sólo tenemos que llegar conocerlas. Pero quiénes somos y cuál es el significado de nuestra vida, no es algo que descubrimos, sino algo que construimos. Dice Sartre:
“La realidad humana no existe primero para actuar después; para la realidad humana, ser es actuar.”
Ser es actuar. No tenemos una esencia que nos hace actuar de una forma preprogramada, sino que al actuar, al tomar decisiones y ponerlas en práctica, decidimos quiénes somos y qué significado le damos a nuestra existencia. Al decidir libremente cómo actuamos a cada momento, creamos el significado de nuestra existencia y nuestra identidad. Nosotros tenemos la libertad para decidir quiénes somos.
Esa libertad es algo que nadie puede quitarnos, algo a lo que no podemos renunciar. En palabras de Sartre, “estamos condenados a ser libres”. Esto es porque hasta en las situación más opresiva o más desesperada, siempre tenemos un pedacito minúsculo de libertad, y lo que hacemos con ella nos dice quiénes somos. Hasta el prisionero o el esclavo pueden decidir tratar de escapar, o de rebelarse contra sus carceleros o de plano quitarse la vida. Ni siquiera es necesario tener éxito; bien puede ser que fracases en el intento, pero al tomar la decisión decides quién eres.
Sin embargo, muchas veces esa libertad nos asusta, nos angustia, y entonces nos engañamos a nosotros mismos y nos convencemos de que no tenemos alternativa, de que hacemos lo único que podemos hacer, de que nuestra vida es así, el mundo es así, nosotros somos así y sanseacabó, no podemos hacer nada más. A esto, Sartre lo llama “la mala fe”.
Eso es exactamente lo que le pasa a Mewtwo. En realidad tuvo siempre el poder de elegir qué significado quería darle a su vida, pero estaba tan cegado por el odio y el dolor que se convenció a sí mismo, con mala fe, que su destino no podría ser otro que el de hacerle la guerra a la humanidad. De hecho, Mewtwo se encuentra muy cerca de una corriente filosófica relacionada al existencialismo, pero ultimadamente opuesta, el nihilismo. Suelen decirnos que algún dios o el gran plan universal le dan significado a nuestras vidas, que todo pasa por alguna razón, que todos tenemos un lugar en este mundo y demás palabrería. Pero la experiencia, en especial cuando es traumática y dolorosa, suele enseñarnos que así no funciona la cosa y, al no hallar un significado predeterminado, entonces algunos individuos se convencen de que ningún significado es posible. Así, no queda más que la voluntad de poder como motivación ni más moral que la ley de la fuerza.
Por suerte, en el caso de la peli, podemos contar con nuestro amigo Ash Ketchum. Como buen héroe de shonen, Ash es medio tontorrón e ingenuote, pero es valiente, leal y apasionado. A diferencia de Mewtwo, Ash sí elige su destino: convertirse en maestro Pokémon y ser siempre el mejor, mejor que nadie más. Cuando la pelea final entre Mew y Mewtwo estalla, Ash se interpone tratando de detenerla, lo que le cuesta la vida y desencadena el momento en que la mitad de los infantes que llenaban las salas de cine se pusieron a llorar, sobre todo al ver que Pikachu intenta inútilmente revivir a su mejor amigo.
Al ver el sacrificio voluntariamente aceptado por Ash, y el amor que Pikachu le manifestaba en ese momento, Mewtwo finalmente descubre lo que Sartre ha estado tratando de enseñarnos desde un inicio, completando así su arco de personaje. Si existe alguien como Ash Ketchum, noble y valiente que en verdad ama a los Pokémon, entonces Mewtwo no tiene por qué ser enemigo de la humanidad, ni basar toda su vida en el odio y anhelo de poder. Casi al final dice unas palabras que bien podría haber dicho Sartre y que sintetizan el sentido de la película:
“Ahora entiendo que las circunstancias en que uno nace no tienen importancia, es lo que hacemos con el don de la vida lo que nos dice quiénes somos.”
Miau, así es. Ésta es una conclusión muy bonita, pero ¡ojo! No confundir esto con tonterías aspiracionales tipo “el cambio está en uno mismo”, “el que quiere puede”, “no más pretextos” y demás supercherías que justifican el orden socioeconómico. Sartre, quien era un comunista convencido, no está diciendo que todos seamos igualmente libres de hacer cualquier cosa; se refiere específicamente a que tenemos la libertad de decidir quiénes somos y qué significado le damos a nuestra vida.
Por supuesto que Sartre reconoce que hay un montón de cosas, la mayoría, que están fuera de nuestro control, pero eso no quita que haya un espacio de libertad, por mínimo que sea, que es completamente nuestro. Por eso también dice: “somos lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros”. No es que el sufrimiento de Mewtwo en sus orígenes no cuente y no tenga un impacto en él, pero ahora debe darse cuenta de que tiene la facultad de decidir qué hacer con lo que hicieron de él mismo.
Ok, no digo que los escritores de la película tuvieran en mente la filosofía sartreana, ni sé qué tan bien conocida sea ésta en Japón… Venga, ahora que lo pienso, a lo mejor se basaron en alguna corriente sintoísta de la cual yo no sé nada, y heme aquí quedando como un payaso. Pero es curioso lo bien que el existencialismo casa con el arco de Mewtwo como personaje. Y da para una buena lección de filosofía, ¿a poco no?
Hay algunas cosas más que me habría gustado profundizar. Por ejemplo, de la oposición entre Mew, que representa el espíritu libre de la naturaleza, y Mewtwo, que es ese mismo espíritu corrompido por la ambición humana. También está ese otro mensaje de la película, uno medio pacifista o algo así, que está peor planteado que el del existencialismo. Y es que te quieren meter una moraleja cursi sobre que pelear está mal en una franquicia que trata de puras peleas entre animalitos. Bueh, supongo que quieren decir que no es lo mismo los duelos Pokémon, que son más bien como encuentros deportivos, que la violenta batalla campal que Mewtwo había desencadenado… Digo, se ven exactamente iguales, pero interpretarlas así es la única forma en que logro darle sentido a todo eso.
Como sea, ahora han aprendido alguna cosilla o dos sobre Pokémon y existencialismo. Por mi parte, revivir todo esto me ha dado ganas de volver a jugar la versión Zafiro para el Advance. ¡Esta historia continuará!









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