De los godos a las góticas: Una historia cultural. Parte I - Ego Sum Qui Sum

Breaking

MAIK CIVEIRA & LA ALIANZA FRIKI ANTIFASCISTA

viernes, 15 de octubre de 2021

De los godos a las góticas: Una historia cultural. Parte I


¿Qué es lo gótico? Muchas imágenes distintas pueden venirnos a la mente cuando escuchamos esa palabra. Podemos pensar en castillos y catedrales con altas agujas y grotescas gárgolas acechando desde sus cornisas. Quizá pensemos en historias de vampiros acechando por las brumosas calles de una ciudad decimonónica. O en hermosas jóvenes de rostro pálido ataviadas de negro. Quizá nos habla más en general de lo obscuro, lo siniestro, lo macabro, e incluso de lo melancólico.

 

Desde la caligrafía gótica usada tanto en manuscritos medievales como en portadas de libros de terror, hasta la Ciudad Gótica donde Batman combate el crimen… ¿Cómo puede ser que una misma palabra evoque imágenes tan disímbolas? Eso es lo que aprenderemos en esta serie. Acompáñenme en este viaje a través de los siglos para conocer la civilización, el arte, las ficciones y las tribus urbanas que dieron origen a lo que hoy llamamos GÓTICO.

 

Capítulo Uno:
La Civilización Gótica

 


Etimológicamente… No se me duerman, hay que empezar por ahí… Etimológicamente, les decía, gótico quiere decir “relativo a los godos”, así que nuestro punto de partida es este antiguo pueblo germánico, a los que los romanos llamaron gothi y que a sí mismos se llamaban gut. Los godos son famosos por nada más y nada menos, haber destruido al poderoso Imperio Romano. Ésta es su historia.

 

A. EL PUEBLO GÓTICO

 

Parece que los godos tienen su origen en la región sur de Escandinavia, en la actual Suecia, ya sea en Götaland, la punta más meridional de la península, o en Gotland, una gran isla entre Suecia y Dinamarca, ya que ambas en referencias históricas han sido llamadas Gothland. Lo más probable es que toda la zona haya sido hogar de pueblos emparentados con lo que después se llamarían godos.

 

Entre el siglo I a.C. y el siglo I d.C. los habitantes de Gothland comenzaron a migrar hacia Pomerania, en la costa del Mar Báltico, en la zona norte de lo que hoy son Polonia y Alemania. Llamaron a su nuevo hogar Gothiscandza. Atrás dejaron a sus parientes los gautas y los gutes, que permanecieron en Escandinavia y son los antepasados de los suecos actuales. En su nuevo hogar, los godos se establecieron como agricultores más o menos sedentarios, formaron parte de la Ruta del Ámbar que extendía el comercio desde Italia hasta Escandinavia y dejaron misteriosos círculos de piedra, túmulos y estelas en los bosques. En ese entonces no parecen haber sido muy belicosos, dadas las pocas armas que se han encontrado.

 


En el siglo I los historiadores romanos empezaron a hacer referencia a los gutones como uno de los muchos pueblos que habitaban la Germania. Para los romanos, Germania era todo lo que estaba al este del río Rin. En efecto, los pueblos germánicos tenían orígenes etnolingüísticos en común, así como ciertas características culturales afines y religiones básicamente iguales. Pero no eran una sola cosa; cada pueblo germánico tiene su propia historia, incluyendo la de sus enfrentamientos con Roma, y hasta podríamos hacer una canción enlistándolos: alamanos, anglos, burgundios, cimbrios, francos, hérulos, jutos, lombardos, marcomanos, sajones, suevos, teutones y vándalos. Y eso es sólo mencionando a las que principalmente le dieron dolores de cabeza a los romanos en varios puntos de su historia.

 

Parece que en el siglo I los godos fueron vasallos de los marcomanos, el pueblo germánico más poderoso de la región, y que vivían muy lejos de la frontera con la provincia romana de Galia, la colindante con Germania. Los romanos tuvieron noticia de ellos, pero no mucho contacto. Así que, contrario a lo que nos dicen en Astérix y los Godos, no había de estos bárbaros viviendo en Germania junto a la Galia en el año 50 a.C. Lástima.

 


A partir de mediados del siglo II, los godos iniciaron una gran migración desde Gothiscandza hacia el sur. Éste fue un movimiento masivo, y pocos asentamientos godos quedaron en Gothiscandza. Conforme los godos se movían hacia el sur, otros pueblos germánicos eran desplazados hacia el oeste, como los marcomanos, que se vieron empujados hacia las fronteras del Imperio Romano, desencadenando una serie de guerras fronterizas. Una de estas batallas es la que vemos representada en la película Gladiador.

 

Guiados por el legendario rey Filimer (del cual no sabemos si existió en verdad), los godos entraron en una nueva tierra a la que llamaron Oium (algo así como “país acuático”), entre la ribera del Danubio y las costas del Mar Negro, en lo que hoy es Ucrania. Es un territorio de llanuras muy fértiles entre el mar y numerosos ríos. Entre sus habitantes estaban los sármatas, jinetes nómadas de la estepa, de los cuales los godos aprendieron las artes de la equitación, arquería y cetrería. También, por estar rodeados de agua, los godos le entraron a la navegación, en la que se volvieron muy buenos.

 

B. EL REINO GÓTICO

 


Fue por estos años que en las crónicas romanas comienza a aparecer el nombre de Gothi, para referirse a los habitantes de más allá del Danubio. Parece ser que los romanos nunca hicieron la relación entre estos gothi y los gutones que habitaban Germania un par de siglos antes. Vaya usté a saber.

 

En Oium los godos establecieron un reino muy poderoso que se extendía por territorios de las actuales Ucrania, Rumania y Moldavia, y que tenía su capital en Áhreimar, a orillas del río Dniéper. Desde allí, a partir del siglo III, se dedicaron a lo que mejor hacen los pueblos bárbaros: ¡el pillaje! El ascenso del reino gótico en Oium coincidió con el inicio del Bajo Imperio, la época en la que los romanos trocaron su pasatiempo predilecto, “la conquista del mundo”, por la menos elegante actividad de “putearse entre ellos mismos”. Ver la historia de este periodo en retrospectiva es doloroso; equivale a atestiguar cómo un amigo está no sólo enfermo y en agonía, sino además tomando todas las malas decisiones imaginables.

 


De hecho, la primera Guerra Gótica (hubo un chingo) se dio justo en el contexto de la Crisis del Siglo III, conocida también como “la época en la que Roma valió madres”. En el 249 los godos, bajo el mando de Cniva, cruzaron el Danubio y entraron en la provincia romana de Tracia (en la actual Bulgaria), saqueando y devastando con singular alegría. En el 251, Cniva enfrentó a las tropas romanas en la Batalla de Abrito, y no sólo las derrotó, sino que mató al emperador Decio y a su hijo Herenio.

 

Durante las dos décadas siguientes, ya fuera por mar o por tierra, los godos se dedicaron a asaltar ciudades y puertos del Imperio Romano en los Balcanes, Grecia, Asia Menor y hasta el Mar Egeo, llegando tan al sur como Chipre. Todo con lujo de violencia y saqueo, claro está, que por algo son bárbaros.

 

Por supuesto que los romanos habían conquistado medio mundo con igual lujo de violencia y saqueo, pero la mayor parte de lo que sabemos de esa época fue escrito por grecolatinos, así que nos quedamos con la conclusión de que masacrar gente para saquear sus casas es de salvajes, pero masacrar gente para luego esclavizar a los que queden, imponerles tributos, hacerles honrar a un señor que vive bien lejos y a lo mejor construir una terma en la localidad es el colmo de la civilización.

 


Toda esta fiesta de pillaje y destrucción terminó en el año 269, cuando los godos fueron derrotados en la Batalla de Naisso por el emperador Claudio el Gótico, quien adoptó ese nombre precisamente por haberse coronado como vencedor de los godos. Esta victoria aseguró la supervivencia del Imperio por un par de siglos y calmó un poco los ánimos de los godos, aunque volverían a las andadas poco después.

 

Los historiadores romanos nos han dejado descripciones de los godos como personas altas, atléticas, de cabellos rubios y piel pálida, así que podemos adivinar que serán interpretados por actores kenianos en la adaptación de Netflix. Los godos iban vestidos con pantalones y pieles de animales, lo que parecía escandaloso a los viejos romanos con sus togas, porque todo el mundo sabe que la gente civilizada deja que el aire le refresque los genitales.



Por cierto, si buscan imágenes de godos en Internet, es muy probable que les pongan ilustraciones de otros guerreros bárbaros, como los celtas. Los godos se distinguen por sus escudos redondos con una maza de metal en el centro que servía para dar catorrazos, mientras que los celtas tenían escudos alargados, y además usaban trenzas y bigotes como Obélix. Los cascos góticos no tenían cuernos ni alitas (los vikingos tampoco), pero como durante un tiempo estuvo de moda representarlos así, encontrarán mucho arte decimonónico con esas características. A veces también se les representa con cascos prusianos, pero éstos son un invento de los alemanes del siglo XIX, así que nada que ver.

 

No todos los godos se dedicaban a la violencia; de hecho, la mayoría de los pobladores eran campesinos pacíficos. La sociedad gótica estaba organizada en clanes familiares, que estrechaban lazos de lealtad unos con otros a través del matrimonio e intercambio de regalos. Vivían sin muchos lujos, pero quienes podían se adornaban con hebillas y prendedores de oro, y mostraron un gran talento para la orfebrería, porque, bárbaros o no, les gustaban las cosas bonitas.

 


Un rasgo característico de los godos eran sus carromatos, verdaderas casas rodantes que ocuparon para sus grandes migraciones y que, según nos cuentan las crónicas, estaban adornadas con mucho colorido. Cuando se asentaban, vivían en casas comunales hechas de materiales perecederos.

 

Originalmente, los godos practicaban un paganismo relacionado con el de sus parientes lejanos los vikingos, con dioses que son prácticamente los mismos, pero con otros nombres y atributos un tanto distintos. Así, Odín era Gaut, Thor era Fairguneis y Tyr, el más importante para los godos, era llamado Teiws.

 


En el siglo IV, gracias al contacto con los romanos, algunos godos comenzaron a cristianizarse, no sin que hubiera resistencia por parte de ciertos líderes. Esto fue posible gracias a la labor evangelizadora del obispo Ulfilas, cuyos padres habían sido griegos cristianos capturados por los godos en las incursiones. La variante cristiana que este santo promovió entre los godos fue el arrianismo, que se distinguió del catolicismo porque no reconocía a la Santísima Trinidad ni creía que Jesús y Dios padre fueran la misma persona. Esto es importante porque, aun cuando la mayoría de los godos se hubieran vuelto al cristianismo, su fe arriana les enfrentó a los cristianos católicos, que eran mayoría en la parte occidental del Imperio.

 

Ulfilas desarrolló el alfabeto gótico y escribió la Biblia gótica para este propósito; hasta entonces los godos usaban runas para escribir, como otros pueblos germánicos (y tampoco escribían mucho). Como podrán ver, este sistema de escritura no se parece en nada a lo que conocemos como “letras góticas” y que en las tiras cómicas de Astérix son usadas para representar la lengua gótica. Pero para saber de dónde salieron estas últimas, tendremos que chutarnos mucha historia todavía.

 


C. LAS GUERRAS GÓTICAS

 

Las guerras civiles y luchas internas por el poder entre romanos favorecieron a los godos. Por un lado, podían dedicarse a saquear alegremente a las ciudades del Imperio; por otro, al ser reclutados como mercenarios en las guerras civiles, obtenían cuantiosos botines, adquirían conocimiento de las estrategias militares romanas y, en algunos casos, ciertos líderes godos tuvieron acceso a rango y honores dentro del ejército imperial, así como aceptación y prestigio para sus familias en la alta sociedad romana.

 

Por otro lado, los godos capturaban habitantes del Imperio para esclavizarlos, mientras los romanos hacían lo propio con los godos. Así, los godos fueron romanizándose y, al mismo tiempo, el Imperio se fue germanizando.

 


Esto se dio sobre todo a partir del siglo IV; durante el reinado del emperador Constantino, unos 40,000 godos fueron reclutados para cuidar la nueva capital de Constantinopla. Poblaciones enteras de estos germanos pasaron a vivir dentro de las fronteras del Imperio, con algunos individuos gozando de buena posición.

 

Ese mismo siglo vio el reinado de Ermanaric, quien expandió el reino gótico de tal forma que su influencia llegó a sentirse desde el Báltico al Mar Negro y desde el Danubio hasta los Urales. Los reyes godos eran tan poderosos que se podían dar el lujo de negociar en plan de iguales con los emperadores romanos. Éste fue el primer estado poderoso que existió en el territorio de lo que alguna vez sería Rusia.

 

Todo marchaba relativamente bien hasta que empezó a marchar relativamente mal. Una nueva amenaza proveniente de las estepas asiáticas irrumpió en Europa oriental en la década del 370, un nuevo poder en la región que incendiaría el continente y pondría todo de cabeza. Sí, estamos hablando de estos tipos:

 


De todos los pueblos bárbaros a los que Roma enfrentó, los hunos eran los más feroces. Irrumpieron en el reino gótico, devastándolo por completo y sometiendo a sus habitantes. Los hunos eran tan aterradores que muchos godos prefirieron probar suertes enfrentando al Imperio Romano antes que caer en las manos de estos jinetes asiáticos. El líder godo Fritigern dirigió a un enorme contingente de su pueblo en una nueva migración, esta vez hacia el oeste, y pidió refugio al emperador Valente dentro de las fronteras del Imperio.

 

El emperador aceptó; los godos debían convertirse en súbditos romanos, dejar sus modos de vida violentos y a cambio les dejarían cruzar el Danubio para pasar del Barbaricum al Imperium. Eran chorromiles de güeritos, por lo que se necesitaba de una organización logística muy bien planificada y ejecutada para evitar problemas. Lo malo es que Valente le encargó el asunto a funcionarios corruptos y gandallas, que sometieron a los refugiados a malos tratos, hacinamiento y hambrunas. Más y más godos iban llegando a la ribera del Danubio, mientras los romanos no dejaban pasar sino a unos pocos, en especial varones jóvenes en edad de combatir que pudieran reclutar para el ejército. Obligaron a los refugiados a pagar por la comida que les proporcionaban, y cuando los godos se quedaron sin tesoros, los romanos les hicieron vender a sus niños como esclavos.

 


Hartos de esta situación Fritigern dijo fuck this shit y se levantó en armas contra los romanos, en una gran rebelión a la que pronto se unieron godos que vivían como inmigrantes o esclavos en el Imperio. Los godos se dedicaron a asolar la provincia de Tracia a partir del 376.

 

El conflicto llegó a su clímax en 378 con una devastadora derrota romana en la famosa Batalla de Adrianópolis, en la que el mismo Valente perdió la vida. Fue tan contundente el resultado de esta batalla que muchos historiadores consideran que aquél fue el punto de no retorno hacia la caída de Roma, que tendría lugar un siglo más tarde. Y quiero enfatizar que esto pasó porque los romanos no quisieron dejar de ser culeros con un grupo de refugiados de guerra.

 


El siguiente emperador, Teodosio, concedió a los godos tierras en Tracia como foederati, a cambio de que permanecieran fieles al Imperio y le prestaran servicio militar. A partir de aquí podemos hablar de la escisión del pueblo gótico en dos ramas: los ostrogodos, o godos del este, que permanecieron bajo el dominio de los hunos en Europa oriental; y los visigodos, o godos del oeste, que pasaron a formar parte de la esfera romana, en cuya historia este pueblo bárbaro jugaría un papel definitorio.



D. EL SAQUEO DE ROMA

 

Los años de los que vamos hablar ahora son de caos absoluto, una época terrible para estar vivo. El Imperio se estaba cayendo a pedazos; los romanos estaban en guerra civil constante, mientras los pueblos bárbaros entraban y salían de sus fronteras como Juan por su casa o de plano arrancaban de sus manos provincias enteras; las poblaciones eran constantemente saqueadas y devastadas, pero no había hacia donde huir; ninguna alianza perduraba, casi ningún gobernante dejaba el poder sin que lo asesinaran, y ningún territorio era ocupado por una facción durante mucho tiempo.

 


Teodosio puso a prueba la voluntad de los visigodos en su guerra por el trono contra Eugenio, que a su vez utilizó a los francos, otro pueblo germánico que andaba aterrorizando el occidente del Imperio. En la Batalla del Frígido destacó un nuevo caudillo godo, Alarico, quien dirigió a sus fuerzas contra los francos aliados de Eugenio. Pero esta victoria para Teodosio resultó carísima para los godos, quienes pusieron la mayor parte de los muertos; parece ser que el emperador los mandó en la vanguardia precisamente para reducir sus números y hacerlos más controlables. A pesar del enorme sacrificio de los godos, éstos no fueron recompensados justamente por el Imperio, y Alaric fue alimentando un resentimiento que pronto volvería contra Roma.

 

A la muerte de Teodosio, el Imperio quedó dividido entre sus dos incompetentes hijos Honorio (el Imperio Romano de Occidente) y Arcadio (el Imperio Romano de Oriente, mal llamado “Bizantino”), aunque en realidad los que tenían el poder eran sus ministros y generales. Alaric quería mejores condiciones para los visigodos, no sólo ser foederati, sino parte del Imperio, con todas las ventajas que eso implicaba. Con el pretexto de la muerte de Teodosio, se fue sobre el Imperio de Oriente y arrasó los Balcanes y Grecia entre el 395 y el 397 hasta que Arcadio, controlado por el eunuco Eutropio, finalmente le concedió el título de magister militum, un nuevo hogar en las tierras de Iliria y el derecho a cobrar impuestos en grano y oro para mantener a su gente.

 


Pero sucedió que, por intrigas palaciegas dignas de Game of Thrones, Eutropio perdió el poder y fue ejecutado, y los nuevos titiriteros de Arcadio ya no reconocían la obligación de honrar el pacto con Alaric. Además, decidieron que a partir de entonces Iliria era parte del Imperio de Occidente, así que el problema sería de Roma y no de Constantinopla, bai.

 

Alaric intentó marchar hacia Italia para forzar al Imperio de Occidente a un buen trato, pero fue derrotado en dos ocasiones por Estílico, un brillante militar romano de origen germánico y verdadero poder tras el trono de Honorio. Estílico optó por la paz y por darle a Alaric lo que quería.

 


Los romanos no confiaban en los bárbaros y sentían que las concesiones de Estílico eran actos de traición. Instigado por su ministro Olimpio (en más intrigas palaciegas que harían sonrojar a Littlefinger), Honorio no sólo mandó a asesinar a Estílico, sino que organizó una masacre de familias de origen germánico en Italia. Esto provocó una deserción masiva de soldados germánicos en las filas del Imperio, que rápidamente fueron a unir sus fuerzas a las de Alaric, quien entonces invadió Italia, liberó a decenas de esclavos de origen gótico, arrasó con poblaciones enteras, y en 408 le puso sitio a la mismísma Roma.

 

Alaric mantuvo a Roma como rehén durante dos años. Él no quería destruir el Imperio ni la Ciudad Eterna; sólo quería que reconocieran a su gente como parte de la civilización romana, con todas los derechos y privilegios que eso entrañaba. Pero los romanos de esta época eran demasiado obtusos y arrogantes no les caía el veinte de que ya estaban más p'allá que p'acá y que no era momento para ponerse sus moños) y, entre negociaciones fallidas, traiciones, y pérdida de tiempo nomás haciéndose pendejos, terminaron por agotar la paciencia de Alaric, quien ya no pudo contener la ira de sus hombres y les dejó saquear Roma en el 410.

 


Roma ya no era la capital del Imperio; ésta era Ravena desde el 402. Pero en la ciudad fundada por Rómulo todavía estaban el Senado y el Papado, era hogar de muchas familias aristocráticas y por supuesto que tenía un significado simbólico tremendo. En 800 años Roma no había sido profanada por un ejército extranjero. Ahora la Ciudad Eterna, que había conquistado al mundo, se hallaba bajo el poder de los bárbaros. Como se podrán imaginar, fue un evento traumático para los orgullosos romanos.

 

Con todo, el saqueo de Alaric fue relativamente moderado. Dejó que su gente se llevara todos los tesoros que pudiera, pero mantuvo la violencia contra las personas y la destrucción contra edificios al mínimo, y respetó las iglesias cristianas (él mismo era cristiano arriano). Para el rey godo, el que las cosas hubieran haber llegado a esto era un fracaso.

 


Alaric murió pocos meses después. Su cuerpo fue inhumado siguiendo la costumbre gótica; el río Busento, en el sur de Italia, fue desviado temporalmente, y en el fondo se enterró al rey godo con sus tesoros. Después dejaron que el río volviera a su cauce y cubriera su tumba por siempre. Los esclavos que habían hecho la excavación fueron ejecutados para que nunca revelaran el lugar.

 

E. LA CAÍDA DE ROMA

 

Tras la muerte de Alaric, los visigodos se asentaron en el sur de Galia, donde se dedicaron a pelear contra los romanos y otros pueblos bárbaros por igual. Resulta que mientras Alaric hacía de las suyas en Italia, otras tribus germánicas habían cruzado hacia el occidente y llegaron hasta Hispania: los suevos, alanos y vándalos. Con la esperanza de lidiar con todos de una vez, Honorio prometió reconocer el reino de los visigodos a cambio de que éstos echaran a los otros bárbaros de Hispania. Lo cierto es que Roma nomás sobrevivía porque los bárbaros también tendían a pelearse entre sí todo el tiempo, así que la cosa era un merequetengue de alianzas y traiciones.

 


Los visigodos acordaron y fue así como llegaron familiarizarse con el país que pronto conquistarían. En recompensa Roma les cedió el territorio de Aquitania, pero los visigodos se quedaron con un buen pedazo de Galia e Hispania.

 

Mientras tanto, los hunos habían estado haciendo de las suyas en el oriente de Europa. Ahora estaban gobernados por el legendario Attila, el Azote de Dios, cuyo caballo pisaba y nunca volvía a crecer la hierba, y quien definitivamente no se parecía a Gerard Butler. Tras haber devastado las provincias del Imperio de Oriente, el fiero rey de los hunos decidió probar suertes contra el Imperio de Occidente.



En el 451 se dio una batalla inédita. Una desesperada alianza de romanos, galos, francos, visigodos y sajones, bajo el mando del último héroe romano, Flavio Aecio, se enfrentaron al inmenso ejército de Attila, que además contaba con un montón de gente a la que había conquistado, incluyendo a los ostrogodos, hérulos y otras tribus. Así que sí, ésta fue una ocasión para que visigodos se enfrentaran contra ostrogodos. No se tienen muchos detalles de esta Batalla de los Campos Cataláunicos (vaya, ni siquiera estamos seguros de en dónde ocurrió), pero fue la última gran victoria de Roma, el canto del cisne para un ejército que alguna vez había conquistado el mundo.

 

Frustrados sus planes de conquistar Galia, Attila se dirigió hacia Italia, arrasando todo a su paso. Antes de llegar a Roma, el rey de los hunos fue abordado por el papa León I que conferenció con él. No se sabe de qué hablaron, ni qué tanto habrá dicho el papa. La leyenda cristiana dice que Attila quedó tan intimidado por la santidad del Sumo Pontífice que retrocedió aterrorizado. Probablemente León nada más le prometió tributos si se iba en paz. En fin, a nosotros nos gusta pensar que fue algo así:

 


Attila murió en el 453, probablemente asesinado por una de sus esposas/esclavas, porque era un vato todo meco. Roma se había salvado de la furia del Azote de Dios, y el imperio de los hunos se desintegró rápidamente. Qué bien. Lo malo fue que poco después, en el 455, los vándalos saquearon Roma. Qué mal.

 

Tras haber sido expulsados de Hispania por los visigodos, los vándalos se habían ido a conquistar el norte de África, donde establecieron su propio reino, y de ahí zarparon hacia Roma para saquearla en el 455. La destrucción y carnicería fue tal que hizo parecer a los godos de Alaric como buenas gentes.

 


Pero regresemos con los ostrogodos. Tras la derrota en los Campos Cataláunicos y la posterior muerte de Attila, los hunos ya no eran tan fuertes ni tan temidos como antes. Los ostrogodos, dirigidos por su rey Ardaric, se rebelaron contra los hunos y los derrotaron en la Batalla de Nedao en el 454, con lo que ellos y otras tribus germánicas recobraron su independencia. Poco después, con ayuda del Imperio de Oriente, los godos ganaron la supremacía en Panonia, provincia romana que incluye territorios en las actuales Austria y Hungría.

 

Después de décadas con gobiernos inestables, guerras civiles e invasiones, tras haber perdido prácticamente todos sus territorios, el Imperio Romano de Occidente cayó de una vez y para siempre en el 476, cuando los hérulos, bajo el mando de Odoacro, depusieron al último emperador, Rómulo Augusto. Aunque la verdad es que Roma ya no era muy imperial que digamos, se considera que ésta es la caída definitiva del Imperio, pues Odoacro no se coronó a sí mismo emperador, sino rey de Italia, nominalmente vasallo del Imperio de Oriente. Adiós, Imperio Romano, que la Fuerza te acompañe; te veremos regresar en forma de malas secuelas e imitaciones baratas a lo largo de los siglos.

 

F. DESPUÉS DE ROMA

 


Por esos mismos años el Reino Visigótico gozaba de muy buena salud, con un territorio que abarcaba el sur y oeste de Galia y casi toda la Península Ibérica. El cambio de poder en Roma no les afectó tantito y los visigodos simplemente negociaron con Odoacro cómo habían quedado sus fronteras.

 

Quienes no estaban muy felices con la situación eran los romanos del Imperio de Oriente (mal llamados “bizantinos”, ash, cómo me molesta eso), que no confiaban en Odoacro, y que ahora veían con temor que los ostrogodos se estaban volviendo muy fuertes. Para matar dos pájaros de un tiro, el emperador Zenón ordenó a Teodorico el Grande, rey de los ostrogodos, invadir Italia y deponer a Odoacro. Teodorico entró a Italia en 493 con suma facilidad; invitó a Odoacro a negociar, pero en vez de ello lo asesinó y se hizo con el control del país. Así nació el Reino Ostrogótico, con capital en Ravena.

 


Parecía que visigodos y ostrogodos ahora serían vecinos, pero ésta es la época de mayor caos en la historia de Occidente y para nadie las cosas no permanecían estables por mucho tiempo. El Reino Visigótico sufrió el ataque de los francos, quienes terminaron por expulsarlos de Galia, misma que pasaría a llamarse Francia en manos de sus nuevos conquistadores.

 

El Reino Ostrogótico alcanzó su máxima extensión bajo el reinado de Teodorico, pero tras la muerte de éste en 526 hubo peleas por el poder que lo debilitaron. Poco antes había llegado al poder en Constantinopla el ambicioso Justiniano, que quería restablecer la grandeza del Imperio Romano volviendo a unir las dos mitades por la fuerza. Tras haber derrotado a los vándalos y reconquistado el norte de África para el Imperio de Oriente en el 534, el hábil general Belisario se lanzó a la reconquista de Italia en nombre de Justiniano.

 


La guerra entre el Reino Ostrogótico y el Imperio de Oriente por el control de Italia se prolongó entre el 535 y 554, devastó por completo el país, redujo la población y hasta incluyó otro saqueo de Roma, esta vez por los ostrogodos en el 546. Además, al año siguiente de concluida la guerra, el general bizantino Narses tuvo que repeler las invasiones de los francos y los alamanos. El caso es que la región quedó jodidísima, no sólo para los romanos de oriente, sino para los ostrogodos. En el 568 otro pueblo bárbaro, los lombardos, invadió y conquistó Italia, estableciendo un reino que duraría doscientos años. Primero derrotados por los romanos de oriente y luego por los lombardos, los ostrogodos simplemente dejaron de existir como un pueblo distinto.

 

Sus primos visigodos, por su parte, prosperaron durante los dos siglos siguientes en Hispania, con su capital en Toledo. Una minoría de nobles visigodos controló a una población muy superior de hispano-romanos, en parte gracias a que conservaron lo que pudieron de las instituciones imperiales, adoptaron el catolicismo como religión y la lengua latina como oficial.

 


Este reino terminaría abruptamente con la conquista árabe. Roderic, o Rodrigo, el último rey godo, murió combatiendo a los árabes en el 711; para el 716 casi toda la península estaba bajo el poder de los nuevos conquistadores. Para entonces los visigodos, que siempre fueron minoría, ya se estaban asimilando a sus súbditos hispano-romanos. Dicha fusión fue total tras la conquista árabe, cuando los últimos nobles visigodos se refugiaron en el reino de Asturias, el último bastión cristiano durante los siglos de dominio musulmán que siguieron. Pero ésa es otra historia.

 

El único pueblo gótico que mantuvo su lengua e identidad fue el de los godos de Crimea. Ellos habían colonizado esta península durante su expansión por el Mar Negro en el siglo III, y habían establecido su capital en Doros. No hicieron gran cosa de impacto histórico, y a lo largo de los siglos estuvieron siempre bajo el dominio de alguien más, como hunos, bizantinos, jázaros, mongoles y otomanos. Pero, eso sí, siguieron hablando una variante de la lengua gótica y se mantuvieron como una población distinta de sus vecinos, hasta tiempos tan recientes como el siglo XVI.

 

G.- EL LEGADO



Del Reino Godo en Oium nos han quedado varios objetos de arte, en especial accesorios labrados en oro y otros materiales preciosos o semipreciosos. Del Reino Ostrogótico nos quedan pocos edificios, entre ellos el Mausoleo de Teodorico. También permanece el Codex Argenteus, un manuscrito iluminado del siglo VI, que contiene parte de la Biblia Gótica, escrita en la lengua y con el alfabeto de los godos.

 

Como gobernaron por más tiempo y gozaron de mayor estabilidad y prosperidad, el Reino Visigótico de Hispania tuvo la oportunidad de influir más profundamente en la cultura y dejar un legado mayor. Entre estas herencias se incluyen:

 

  • La liturgia visigótica, una forma de la misa que todavía se celebra cada 8 de diciembre en la fiesta de la Encarnación, en la catedral de Toledo.

  • La escritura visigótica, un tipo de caligrafía que florecería en la Iberia medieval.

  • La arquitectura visigótica, como se ve en varias iglesias cristianas de la época.



  • La Lex Visigothorum, que mezclaba el derecho romano con las tradiciones germánicas y que fue la base de los códigos legales hispánicos durante siglos.

  • Por último, pero no menos importante, un montón de palabras que pasaron a formar parte de la lengua castellana, incluyendo, pero no limitándonos a: bigote, blanco, bosque, bregar, brindis, embajada, escanciar, espía, espuela, esquila, fresco, ganso, guante, guarecer, guardia, guerra, grima, heraldo, rico, rueca, tapa, tregua, yelmo…

  • Además también, un montón de nombres propios, incluyendo los terminados en -aldo, -ando, -ardo, -berto, -dolfo, -fredo, -ico y -mundo. Y sus respectivos patronímicos, que eso de que los apellidos en español terminen en -ez (que significa “hijo de”; Fernández = Hijo de Fernando) también lo introdujeron los visigodos.

  • Como dato curioso, el nombre Gonzalo es una hispanización del germánico Gunther. La cosa fue así: Gunther se latinizó como Guntherus, que luego pasó a ser Gonzerus, Gonzero, y por último Gonzalo. Ya que la terminación -ez significa “hijo de”, y como mi apellido materno es González, me gusta pensar que tuve algún antepasado Gunther por ahí.

 


Bueno, pero ni la arquitectura, ni la escritura ni el arte de los godos reales se parece mucho a lo que solemos llamar “arte gótico”. Además, ¿en qué momento gótico pasó a tener la connotación de “oscuro” o “macabro”? Para llegar a ello todavía nos faltan muchos siglos por recorrer, pero podemos a empezar a comprenderlo teniendo en cuenta el mayor legado cultural de los godos: su historia misma.

 

Los godos fueron enemigos de Roma durante siglos, a lo largo de los cuales se presentaron como los bárbaros por antonomasia, una fuerza salvaje proveniente de los oscuros bosques de Europa oriental y septentrional. Estuvieron atacando al Imperio hasta finalmente destruirlo por completo, dando origen a un nuevo periodo de la historia en Occidente: la Edad Media.

 


Para la imaginación de siglos sucesivos, los godos habían sido los destructores de la Antigüedad clásica y los artífices del Medioevo, una época a menudo considerada de caos, violencia y oscurantismo. Ante el pináculo de la civilización que era Roma, ellos representaban la barbarie. Pero también podía interpretarse al revés: ante una vieja sociedad jerárquica que se había anquilosado y entrado en decadencia, los godos representaban un pueblo joven, vigoroso y libre.

 

Estas formas de mirar hacia atrás y entender a los godos, su historia y su cultura sentaría las bases sobre las que se construiría nuestra concepción de lo gótico. Pero ése será el tema de nuestra próxima entrega.

 



Continuaremos explorando la historia que nos llevará desde los godos a las góticas en el próximo capítulo, EL ARTE GÓTICO. Mientras tanto, puedes checar algunos otros artículos interesantes y relacionados con estos temas:

 

Las principales fuentes consultadas para este ensayo fueron:

No hay comentarios.: