¿A quién vas a llamar? El legado de los Cazafantasmas (Parte II) - Ego Sum Qui Sum

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PROFESOR MAIK CIVEIRA & LA ALIANZA FRIKI ANTIFASCISTA

jueves, 17 de febrero de 2022

¿A quién vas a llamar? El legado de los Cazafantasmas (Parte II)


Ver la parte I


¡Hola de nuevo! Continuamos con este choro ñoño y mamalón sobre los Cazafantasmas, y todo para llegar a hablar de la más reciente entrega, estrenada en noviembre de 2021. En la entrada anterior les conté un poco de la historia de esta franquicia y también de lo que han sido, para mí, estos héroes. Ahora vamos a ver qué tiene que ver todo eso con el recibimiento que ha tenido la nueva película…

 

Spoiler el spoilereano, spoiler el destructor.
El spoiler ha llegado. Elijan y perezcan.

 

IV
¿POR QUÉ ES GHOSTBUSTERS: AFTERLIFE?


Desde 1989 y a lo largo de muchos años se estuvo jugando con la idea de una posible tercera parte de la serie cinemática de los Cazafantasmas, pero por diversos motivos nunca se llevó a cabo, como nos cuenta el Angry Nerd en este video.

 

Ghostbusters nació primero en la mente de Dan Aykroyd, y fue él quien mantuvo viva la esperanza de una tercera parte. Durante años estuvo trabajando en un concepto titulado Ghostbusters: Hellbent, cuya alocada premisa que incluía viajes interdimensionales y enfrentamientos con el mismo Satanás. Aquí se nota que el Aykroyd estaba rescatando algunas de las viejas ideas que originalmente había tenido para la primera película y que tuvo que desechar por cuestiones de presupuesto. Él siempre tuvo ideas cósmicas sobre los Cazafantasmas, pero ese enfoque sólo se ha logrado llevar a las series animadas y los cómics.

 

El primer obstáculo para hacer realidad el proyecto fue el escaso éxito de la segunda película. Bill Murray declaró abiertamente que no tenía interés alguno en una secuela y se dedicó al cinediarte con Jim Jarmush y Wes Anderson. Además, Murray y Harold Ramis se pelearon durante la filmación de Groundhog Day.

 


Cuando Ramis murió en 2014, la idea de una secuela directa había quedado enterrada y la idea de un reboot con un nuevo reparto se posicionó como la más viable. El resultado fue la película de 2016, que fue tan divisiva que truncó los planes para iniciar una nueva serie a partir de ella. Pero no se puede descartar una propiedad intelectual así de querida por un público que se mantenía fiel a lo largo de tres décadas, especialmente en una época en que otros grandes estudios (especialmente Disney y Warner) estaban haciendo negocios millonarios con sus propias franquicias. Así, en 2019 se anunció que Jason Reitman, el hijo de Ivan, será el encargado de dirigir el proyecto de una nueva secuela.

 

Vivimos en tiempos de reciclaje de la nostalgia, y decirlo no es nada nuevo. Desde hace más de una década las corporaciones de entretenimiento se han dedicado a capitalizar con los recuerdos de las generaciones que vivieron sus infancias y adolescencias a finales del siglo pasado. Entre esta tendencia generalizada hay algunas otras más específicas que se pueden identificar. Por ejemplo, tenemos muchos refritos, pero también tenemos un afán reciente de volver a la franquicia original cuando los refritos fallan (esto también me lo hizo notar el Angry Nerd). Y esta última está íntimamente ligada con traer de regreso a viejitos polvosos para que vuelvan a interpretar papeles que habían hecho hacía 20, 30 o 40 años (alguien en tuiter llamó a esto “oldxploitation”).

 

Instancias de diferentes permutaciones de tales tropos incluyen: la nueva trilogía de Star Wars, Cobra Kai, Creed, Halloween, Scream, Spider-Man: No Way Home, Jurassic World: Dominion, Ash vs The Evil Dead, y The Matrix Resurrections. Por supuesto, Ghostbusters: Afterlife forma parte de esta tendencia: producto cultural de nuestra infancia; franquicia que llevaba mucho tiempo sin una entrega; refrito decepcionante porque el público quiere the real thing; regreso de los actores originales que son hoy unos dulces ancianitos…

 


Esto de la nostalgia tiene su lado bueno y su lado malo, como he dicho un montón de veces. En ocasiones los productos que crea son honestamente buenos, a veces hasta superando a los originales. El lado malo es que esta tendencia ahoga la innovación. Esto es algo que se suele decir de muchas películas que ahora se están reciclando: la primera Ghostbusters no habría podido estrenarse en nuestros tiempos. Una película de fantasía que requiriera un alto presupuesto, pero que tuviera una premisa original y no formara parte de una franquicia o fuera una adaptación de una obra ya popular, difícilmente vería la luz en el mercado cultural contemporáneo.

 

En este panorama, a lo que podíamos aspirar era que fuera de los reciclados buenos. ¿Y lo logró? No sé, aún estoy secándome las lágrimas como para pensarlo con claridad.

 

V
¿QUÉ ES GHOSTBUSTERS: AFTERLIFE?
 


Ghostbusters: Afterlife es una película de 2021 dirigida por Jason Reitman y protagonizada por Mckena Grace, Finn Wolfhard, Celeste O’Connor, Logan Kim, Carrie Coon y Paul Rudd. Trata de Phoebe, una niña brillante pero inadaptada (presenta rasgos de neurodivergencia), que junto a su familia se muda al pueblecito más racialmente diverso del medio oeste americano, porque heredan la ruinosa granja del abuelo. Poco a poco Phoebe descubre los secretos de dicho abuelo, quien no era otro sino Ego Spengler, el cerebro de los Cazafantasmas. Junto a su hermano Trevor y sus amigos Podcast y Lucky, Phoebe deberá aceptar el legado de los Cazafantasmas para salvar al mundo del inminente regreso de Gozer.

 

Aunque ha recibido críticas mixtas por parte de la crítica, la película fue un éxito rotundo entre la fanaticada, que la ha considerado una reivindicación de la saga después del decepcionante reboot de 2016. Los críticos, por su parte, han señalado que la cinta depende mucho del factor nostalgia y del fan service para funcionar. A cambio, han elogiado las actuaciones, en particular la excepcional interpretación de Mckena Grace como Phoebe, y el desarrollo de los jóvenes protagonistas.

 

Creo que veo el punto de estos críticos. Siendo honestos, se trata de una película muy complaciente, hecha a la medida para satisfacer al fandom. En lo personal no me encantó que tantas cosas de la primera cinta se reciclaran en el tercer acto. Aunque me pareció muy acertado que la trama girara en torno a la mitología ya establecida, me dio mucha flojera que el villano fuera Gozer otra vez, y no sólo eso, sino que se repitieran momentos, incluso líneas de diálogos textuales. Habría preferido que el antagonista fuera Ivo Shandor, como en el videojuego, pero aquí desperdician al gran J.K. Simmons en dos bofetadas. También pienso que, por cómo han evolucionado los efectos especiales en 35 años y para el tamaño de secuencias de acción que el cine de superhéroes nos ha acostumbrado a ver, bien se podría haber hecho un clímax más espectacular, con muchos más espectros invadiendo el pueblo; la verdad se sintió algo pequeño para el build-up que parecían estar haciendo.

 


Otra cosa: no me gustó que las escenas poscréditos se centraran en el viejo equipo y dejaran de lado a los nuevos protagonistas. Que sí, que queremos ver a estos rucos y que amé que nos mostraran que Peter y Dana han estado juntos todos estos años, pero no se siente mucho como parte de la película, o siquiera como anuncio de lo que está por venir. Imagínense que hubieran intercalado a lo largo de la peli escenas así, que nos dejaran echar un vistazo a la vida cotidiana de los viejos Cazafantasmas. Por ejemplo, que esa escena con Peter y Dana terminara justo en donde reciben la llamada de Ray para ir a ayudar a Phoebe. A lo mejor habría arruinado la “sorpresa” del final, pero honestamente todo el mundo estaba esperando esa aparición.

 

En realidad, sólo estoy siendo quisquilloso y poniendo por delante lo que no me gustó de la cinta para poder fanobyear a gusto sobre lo que me enamoró de ella. Me la pasé con el corazón al descubierto y lágrimas en los ojos. Por supuesto que grité de emoción cuando el viejo equipo original hizo su entrada y me flipó absolutamente cuando apareció el fantasma de Egon ayudando a sostener la pistola de protones de Phoebe. Sí, podrá ser una película complaciente y fanservicera hasta la manipulación… ¡Pero qué bien armada está para lograr lo que se propone! Vamos a ello.

 

VI
¿QUÉ FUE, PARA MÍ, GHOSTBUSTERS: AFTERLIFE?


Un señalamiento que vi muy repetido es que Afterlife trata el legado de los Cazafantasmas con una reverencia tan desproporcionada que se antoja ridícula. En efecto, la peli tiene una actitud muy parecida a cómo The Force Awakens trata a la trilogía original de Star Wars: cada vez que los jóvenes protagonistas se topan con un personaje o artefacto de los episodios fundadores, la obra intenta transmitirnos emociones de asombro y veneración, como si estuviéramos ante algo sagrado. La diferencia es que la saga de George Lucas es una epopeya de fantasía heroica, mientras que Ghostbusters siempre tuvo un tono desenfadado y estaba muy consciente de su propia campechanidad. ¡El clímax de la cinta original incluye un hombre de malvavisco gigante, vamos!

 

El tono de Afterlife mucho es menos cínico y más conmovedor que el de las originales, además de que se trata de una película dirigida a toda la familia. Las primeras dos, en cambio, eran comedias para adultos a menudo farsescas y de humor negro, con algunos chistes sexuales bastante subiditos de tono. Vaya, hay una secuencia en la que Ray sueña que recibe sexo oral de una fantasma. Y ni hablar del personaje de Peter Venkman, quien tiene conductas que, para los ojos modernos post #MeToo, contarían como acoso.

 


¿Cómo conciliar esto? Bueno, yo creo que Afterlife no intenta ser una simple continuación de lo que Ghostbusters fue en 1984, sino que más bien pretende ser un homenaje a lo que los Cazafantasmas significan para la generación que creció con ellos. Por eso es que en la entrada anterior dediqué toda una sección a exponer qué son estos héroes para mí, pues creo que mis sentimientos al respecto son compartidos por muchas otras personas.

 

Miren, puede ser que Ghostbusters, la película original, fuera una comedia para adultos. Pero estoy bastante seguro de que la mayoría de sus fans descubrimos la franquicia siendo niños, peques que no sabíamos nada sobre el humor de National Lampoon o Saturday Night Live, ni de economía reaganiana, ni entendimos que Dana Barrett y Louis Tully tuvieron sexo no consensuado estando poseídos por Zuul. Lo que vimos fue a unos simpáticos y excéntricos héroes luchando con tecnología futurista contra monstruos aterradores, y entonces quisimos ser como ellos.

 

En efecto, lancé la pregunta en un grupo de fans mexicanos (no aseguro que sea muestra representativa) y todos me dijeron que sí. O eran prepúberes en 1984 cuando salió la película, o estaban muy pequeños (o no habían nacido) para verla entonces y más tarde conocieron la franquicia, sobre todo gracias a la serie animada. O sea, la mayoría son niños de los 80 y 90.

 


Otra cosa que se ha dicho, a manera de crítica contra la peli, es que se parece más a un episodio de Stranger Things que a una aventura de los Cazafantasmas. ¡Hasta tenemos al actor Finn Wolfhard! Y sí, es cierto, pero más bien sucede que tanto Afterlife como la serie de Netflix se inspiran en un subgénero de películas de nuestra infancia: grupo de chavitos frikis tienen aventuras fantásticas en una pequeña comunidad estadounidense. Como argumenté una vez, en estas cintas los 80 descubrieron la pubertad como esa etapa entre la niñez y la adolescencia en la que los chicos descubren el mundo y a sí mismos. Quienes crecimos con estas pelis también crecimos con los Cazafantasmas.

 

Y ésa es la razón por la que Afterlife es como es: a través de los ojos de sus protagonistas, un panda de chicos extravagantes e inadaptados, recrea la experiencia de descubrir algo maravilloso y especial, un legado de aventuras y heroísmo, de usar la ciencia y la astucia para vencer monstruos y salvar al mundo. Muchas películas lo intentan hoy en día, pero son poquísimas las que logran no sólo emocionarte con referencias nostálgicas, sino de verdad hacerte sentir como si volvieras a tener 10 años y de nuevo miraras el mundo con asombro y ensoñación. Por eso hubo un montón de rucos llorando de veras en varios momentos de la peli, especialmente al final. Yo fui uno de ellos

 


Éste es el eje principal de la trama, y lo que llevó a que se tomaran ciertas decisiones narrativas que se antojan un tanto contradictorias. Por ejemplo, ¿cómo es posible que la nueva generación no creyera en fantasmas ni supiera lo que pasó en Nueva York en el ’84 cuando fue probablemente un suceso histórico importantísimo? ¿Cómo pretenden hacernos creer que el mundo olvidaría a los Cazafantasmas, cuando en la vida real se les ha recordado por décadas y tienen fanáticos entusiastas por todo el mundo? Pues porque los protagonistas tienen que descubrir, con el asombro y curiosidad que caracterizan a la infancia, el legado de los Cazafantasmas.

 

Es la misma razón por la que en un inicio la familia de Egon está distanciada de él; si Egon hubiera estado ahí durante toda la vida de Callie y Phoebe, entonces ella no habría podido descubrir su legado desde cero, y no habríamos, como espectadores, podido acompañarla en ese viaje. La consecuencia desafortunada es dejar al personaje de Egon como un padre ausente. De cualquier forma, ese propósito principal se cumple a la perfección.

 

La ideología neoliberal de la cinta original está casi por completo ausente de ésta, salvo por una línea en la que Ray Stantz habla bien de la economía en tiempos de Reagan, y la escena poscrédito en la que Winston habla de cómo levantó una gran empresa financiera desde cero. Por lo demás, no hay nada de ese panegírico a la empresa privada, ni es el lucro el motivo de los personajes. Por puro sentido del deber Egon quería salvar al mundo, aunque eso le costara amigos, familia y la propia vida. Los chicos están movidos en un inicio por la curiosidad científica y el espíritu de aventura, para después asumir la responsabilidad de terminar la misión de Egon.

 


En esta época en la que se reconoce la importancia de la representación, fue muy atinado que el nuevo equipo fuera diverso. Como he dicho en otras ocasiones, no es absolutamente necesario que nuestros héroes se parezcan a nosotros mismos, pero cuando eso sucede, se crea un lazo muy especial entre el espectador y la obra. Me encanta la idea de que muchos niños y niñas tengan algún personaje con el que se puedan identificar. Phoebe es el alma de la película; estoy seguro de que para muchas chicas nerdosas tenerla en pantalla debió ser algo muy, muy especial, pero también pienso que no necesitas ser niña ni tener esa misma edad para sentir identificación con el personaje.

 

Por cierto, que el mismo fandom que se decepcionó del reboot haya recibido tan espectacularmente bien una secuela protagonizada por una niña y con un reparto diverso pone en entredicho ese axioma progre que se blandió tanto en 2016: que si no te gustó fue porque es una peli con puras mujeres y tú eres un machista. No sé, che. Quizá aquélla nomás era una película medio sosa.

 

La nerdosidad siempre ha sido un aspecto fundamental de Ghostbusters. Egon y Ray son unos ñoños absolutos, que tienen conocimientos enciclopédicos de su peculiar área de interés y manifiestan esa ñoñez en sus dos formas básicas; el primero es el nerd de ciencias duras socialmente torpe que no expresa mucho sus emociones, y el segundo es el übergeek que se apasiona por cosas raras y demuestra un sempiterno entusiasmo infantil, aun en los momentos menos oportunos. Ése fue un aspecto que hizo que tantos ñoños como su seguro servidor amaran al equipo y era natural que fuera uno de los elementos principales de la nueva película. Nuestros nuevos protagonistas no podían ser otra cosa que unos frikis: la niña nerd, el niño raro, el chico adolescente tratando de adaptarse, la chica adolescente ruda y decidida.

 


Lo cual nos lleva a hablar de… ¡Ciencia! Claro, la ciencia que aparece en Ghostbusters es de fantasía; si te pones a estudiar ciencias sabrás que los fantasmas no existen y probablemente se te haga difícil seguir creyendo en un alma inmortal. También es cierto que esta saga se enfoca en los aspectos más espectaculares de la ciencia y la tecnología, que son los que dominan la imaginación popular, y deja de lado la parte laboriosa y rutinaria.

 

¡No importa! La peli original y la serie animada siempre han transmitido el amor por la ciencia. Sí, los Cazafantasmas enfrentan fenómenos paranormales, pero éstos pueden ser estudiados, medidos y clasificados científicamente, y el conocimiento sobre ellos puede ser sistematizado. Además, ¿sobre qué otro equipo de héroes se hace tanto énfasis en que son doctores, con PhD?

 

En esta nueva peli vemos la pasión de chicos que están descubriendo la ciencia como una fuente de asombro y maravilla, como una aventura hacia lo desconocido y como la revelación de lo que somos capaces de lograr gracias al conocimiento. Si ustedes fueron de esos peques que tuvieron un juego de química Mi Alegría, o que jugaban a desarmar y reensamblar los aparatos que había en casa, o que salían al jardín a observar plantas e insectos, saben a lo que me refiero.

 


Phoebe tiene una actitud científica en cuanto a sus intereses, pero me gusta sobre todo cómo se manifiesta en su relación con los fantasmas; en un principio tiene un escepticismo muy sano y no cree en ellos, pero en cuanto tiene evidencias empíricas acepta su existencia y actúa en consecuencia. Y por supuesto que es el profesor Grooberson (Paul Rudd), maestro de ciencias, quien alienta a los chicos a seguir con sus investigaciones

 

Phoebe: ¿Esto es seguro?

Grooberson: No, la historia es segura, la geometría es segura; la ciencia es bombas nucleares y de hidrógeno, la ciencia es inyectarte con la peste y tratar de encontrar la cura a tiempo.

Phoebe: La ciencia es temeraria.

Grooberson: Exacto, es punk rock.

 


Mientras trabajaba en este ensayo me enteré del triste fallecimiento del director Ivan Reitman. A este cineasta canadiense le acredita con toda justicia el haber sido uno de los fundadores de la comedia ochentera y cultivado un sentido del humor que, en ese entonces, rompía tabúes. Su legado no podría estar en mejores manos que las de su hijo Jason, cuya carrera incluye clásicos modernos como Thank You For Smoking, Juno, Up in the Air y Young Adult. De hecho, me atreveré a decir que el pupilo ha superado al mentor: Jason es mejor director que Ivan. Su versión de los Cazafantasmas rinde tributo a la original, pero a la vez tiene una voz propia.

 

Entonces, sí: Ghostbusters: Afterlife podrá ser una fiesta de pura nostalgia, pero como tal es una cosa maravillosa. Todo está tan perfectamente bien puesto que no me fue difícil ignorar las contradicciones y minucias. Hasta lo que no me gustó quedó compensado por ese momento, ustedes saben a qué me refiero. Al final, mientras la cámara se elevaba hacia el cielo estrellado, sólo me quedaba suspirar y sonreír agradecer.

 

Para Harold
Para Ivan

 


FIN

 

Posdata: El haber visto Afterlife y preparado estos ensayos ha despertado mi amor por los Cazafantasmas. Espero en el futuro cercano volver a escribir sobre mis héroes de la infancia. También estoy muy entusiasmado por el futuro. Se habla de más películas y una nueva serie animada; creo que una trilogía autoconclusiva que cerrara todo bien redondito estaría de maravilla, y también me gustaría ver que continuaran The Real Ghostbusters. Ya veremos.



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