...Para acabar con todas las guerras - Ego Sum Qui Sum

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PROFESOR MAIK CIVEIRA & LA ALIANZA FRIKI ANTIFASCISTA

lunes, 10 de febrero de 2020

...Para acabar con todas las guerras

Detalle de Gassed de John Singer Sargent, 1919

Oficialmente, la Primera Guerra Mundial inició en 1914 y terminó en 1918. Solemos pensar en los años entre 1919 y 1939 como un periodo de “entreguerras”, pero eso no quiere decir que no hubiera habido pedo en la galaxia; todo lo contrario, la violencia y crueldad inusitadas continuaron entre el final de un conflicto mundial y el inicio del siguiente. No es de extrañar que algunos historiadores llamen al periodo 1914-1945 como la Guerra Civil Europea.

En la entrada anterior les platiqué del libro Paris, 1919 de Margaret MacMillan, que trata del epílogo y consecuencias de la Gran Guerra. Ahora quero ampliar el tema con mucho chisme sobre el desmadre que vino después. Al leer lo que voy a contarles, quizá se pregunten, como yo, si realmente la Gran Guerra terminó en el 18, dado que casi todas las potencias involucradas siguieron peleando de una forma u otra. Quizá, como dice este hilo de Twitter, deberíamos contar a partir del estallido de las Guerras Balcánicas en 1912, y hasta 1923 (ahora verán por qué). Quizá lo que pasa es como ya no había hostilidades en los territorios de Francia e Inglaterra, y Estados Unidos se había largado pa’ su casa; es decir, como para las potencias occidentales ya había acabado lo peor, entonces lo que pasara en los demás países no cuenta.

Como fuere, aquí les va una breve guía de los conflictos principales (¡pero no todos!) ocurridos como spin-offs de la Primera Guerra Mundial:

REVOLUCIÓN Y GUERRA CIVIL EN RUSIA
(1917-1922)


Esta historia ya la conocemos a grandes rasgos. Es muy compleja, y merecería una serie de textos aparte, pero por ahora hagamos un resumen rápido (o mejor, vean el video de Bully Magnets). La Rusia zarista era un país atrasado en muchos aspectos y terriblemente desigual. Así las cosas, se metió a la Primera Guerra Mundial. La conscripción obligatoria, las carencias y desabastos en las ciudades, las pésimas condiciones en las que los soldados eran obligados a luchar, la incompetencia de los oficiales del ejército, la total desconexión del zar Nicolás II con la realidad del país que gobernaba, y otros muchos factores, llevaron al estallido de una revolución en marzo de 1917 (la llamada Revolución de Febrero, porque los rusos no sabían leer el calendario).

El zar fue derrocado y el nuevo gobierno planeaba transitar hacia una democracia representativa, respetable y burguesota al estilo occidental. Pero entonces tuvo la increíblemente estúpida idea de continuar con la guerra, que era lo que más tenía molestos a todos. La situación fue aprovechada por los comunistas radicales, los bolcheviques, cuyo líder Vladimir Lenin acababa de llegar de su exilio en Suiza, aprovechando la caída del gobierno zarista. En realidad, la Alemania del káiser le dio pase libre para llegar hasta Rusia con la esperanza de que Lenin desestabilizaría al gigante euroasiático. Los bolcheviques iniciaron otra revuelta en noviembre de 1917 (la llamada Revolución de Octubre, ver paréntesis anterior) que conquistó el poder para establecer un paraíso comunista.

La Rusia de Lenin se retiró de la 1GM en marzo de 1918 con el tratado de Brest-Litvosk, que la obligaba a ceder vastos territorios en Europa oriental. Pero no llegó la paz, pues Revolución no tardó en convertirse en caótico conflicto civil que se prolongó por años, incluso después de que la Gran Guerra en Europa ya había terminado.

Europa oriental tras la paz de Brest-Litvosk

Ahora, tengan en cuenta que el territorio del antiguo Imperio Ruso era gigantesco, y que abarcaba vastas extensiones en Europa y Asia. La cosa iba principalmente entre el Ejército Rojo, o sea, los bolcheviques liderados por Lenin, y el Ejército Blanco, una variopinta coalición de fuerzas anticomunistas. Pero, además, había facciones y nacionalidades que se encontraban en lucha free-for-all desde Siberia hasta el Mar Negro, y desde el Báltico hasta el Cáucaso. Los territorios de Finlandia, Estonia, Lituania, Letonia, Polonia, Ucrania, Bielorrusia, Georgia, Armenia y Mongolia fueron escenarios de cruentas batallas.

Por si fuera poco, una coalición de potencias decidió intervenir enviando fuerzas expedicionarias a Siberia para apoyar la lucha contra los bolcheviques: Estados Unidos, Francia, Japón, China, Grecia, Serbia Rumania y el Imperio Británico (incluyendo tropas de Australia, Nueva Zelanda, Canadá, India y Sudáfrica). La nueva nación de Checoslovaquia tenía a su famosa Legión atrapada en tierras rusas y tuvo que recorrer sus inmensas regiones de cabo a rabo nomás para poder largarse de ahí.  Una pifostia, pues, como una continuación reducida de la guerra mundial, pero en el territorio de un solo imperio… Uno que abarcaba dos continentes.

Postales conmemorativas de la intervención japonesa en Siberia

El Ejército Rojo tuvo que enfrentarse no sólo a sus enemigos ideológicos y a los extranjeros invasores, sino a múltiples nacionalidades que buscaban su independencia. Como sabemos, la guerra terminó en la victoria de los bolcheviques y el establecimiento de la Unión Soviética, chí cheñol.

A los muertos en combate súmenle el Terror Rojo, la política de represión llevada a cabo por los bolcheviques contra sus enemigos políticos. Los muertos fueron alrededor de 100 mil. Ah, qué malotes los comunistas, ¿no? Bueno, pero los anticomunistas no cantaban mal las rancheras, y en los territorios que controlaron llevaron a cabo su propio Terror Blanco, que mató a unas 300 mil personas; un tercio de ellas, judíos.

GUERRAS DEL BÁLTICO 
(1918-1920)


En 1917, bajo el tratado de Brest-Litvosk, Rusia tuvo que abandonar sus territorios en la costa del mar Báltico: Lituania, Letonia y Estonia, que fueron rápidamente ocupados por tropas alemanas. Con la derrota de Alemania en 1918, estas naciones declararon su independencia. Pero había dos problemas: a) la zona seguía llena de militares alemanes y b) con la derrota del Reich, Rusia consideró que la paz de Brest-Litvosk quedaba invalidada y podía retomar esos territorios.

Entonces, según el armisticio acordado entre los Aliados y Alemania, ésta tenía que retirar sus tropas de los territorios que había ocupado. Pero como ahí venían los bolcheviques, los Aliados acordaron dar chance a los alemanes de quedarse un ratito más para ayudar a los locales a luchar contra los comunistas. El gobierno de la nueva República de Weimar no quería (ni podía, en realidad) tener nada que ver ahí, así que las tropas que se quedaron en el Báltico fueron reorganizadas como una milicia irregular de voluntarios. Fue así como nació una de las organizaciones más siniestras del periodo entreguerras: las Freikorps.

Are we the baddies?

Muchos soldados alemanes que estaban decepcionados por la capitulación de su gobierno en la Primera Guerra Mundial, sintieron que podrían tener en el Báltico algo de la gloria que les había sido negada. Además, las Freikorps ofrecían, a quien se enlistara en ellas, terrenos y botín en los fértiles y bellos países bálticos.

Por añadidura, hay que tener en cuenta a la aristocracia alemana, gente rica de origen germánico que se había asentado en la zona desde tiempos de las Cruzadas, que gozaba de muchos privilegios y que trataba a los locales lituanos, letones y estonios como los whitexicans tratan a todos los demás. Estos formaron sus propias Baltische Landeswehr, un cuerpo militar bajo las órdenes de comandantes alemanes.

Estas dos fuerzas comenzaron a operar en diciembre de 1918, cuando los soviéticos invadieron los países bálticos. Asistieron a las tropas nacionales de Letonia en diferentes ocasiones en la lucha contra los comunistas. También andaba por ahí la Marina Real Británica, que a veces desembarcaba para unirse a los totis, y a veces prefería disparar sus cañonzotes desde la comodidad del mar.

Estonia fue el primer país en quedar libre de la ocupación soviética, en abril de 1919. Poco después, en mayo, las fuerzas alemanas recuperaron Riga, la capital de Letonia. Lo que debía seguir era una ofensiva hacia territorio ruso, pero fue entonces que las Freikorps revelaron que todo este tiempo en realidad pretendían llevar a cabo la especialidad de los alemanes: ¡MALDAD PURA!


Los alemanes dieron un golpe de estado en Letonia y pusieron un gobierno títere encabezado por un pastor cristiano. Porque cuando la reacción más villana y malvada quiere tomar el poder, pone en el gobierno pastores cristianos, ¿verdad, Bolivia? Luego, en vez de avanzar hacia Rusia, los alemanes giraron hacia el norte para tomar la recién liberada Estonia. Los estonios pelearon con valentía y repelieron a los alemanes; entonces llegó la ayuda de la Marina Real, que capturó a la Baltische Landeswehr. A mediados de julio, de 1919, los británicos tomaron control de esta fuerza, la purgaron de alemanes pérfidos, y la dirigieron en la lucha contra los comunistas.

Las Freikorps, mientras tanto, huyeron hacia el sur, donde se les unieron los alemanes pérfidos expulsados de la Baltische Landeswehr. Habían perdido su fachada de “hey, sólo estamos aquí para pelear contra el comunismo, no es como si quisiéramos conquistarlo todo ni nada”, así que decidieron reorganizarse como el Ejército de Voluntarios de la Rusia Occidental. La idea era hacerse pendejos y fingir que eran una de aquellas milicias rusas que luchaban contra los bolcheviques como parte la Guerra Civil Rusa. Lo cierto es que casi todos los integrantes eran alemanes pérfidos, excepto por algunos rusos que habían sido hechos prisioneros durante la Guerra Mundial, y el comandante, un cosaco aventurero llamado Pavel Bermondt-Avalov.

  
Los bermondtianos, como se les llamaba, atacaron con lujo de violencia a partir de octubre de 1919. Fueron derrotados por los letones y estonios en Letonia, y obligados a replegarse hacia Lituania, un país que apenas había logrado expulsar a los soviéticos en agosto de aquel año. Con mucho esfuerzo, el ejército lituano logró vencer a los bermondtianos en noviembre. Tras la derrota, Bermondt huyó a Dinamarca y las Freikorps tuvieron que iniciar la retirada hacia Alemania.

Aquí es donde se puso feo, porque las tropas de las Freikorps, en su retirada a través Lituania, se dieron a la comisión de atrocidades. Quemaban aldeas, masacraban a los civiles, violaban y mataban jovencitas. En sus memorias, estos alemanes recuerdan con escalofriante alegría, liberados de las ataduras de la moral y la civilización, que “se entregaban a orgías sexuales por las noches y orgías de violencia durante el día”. En diciembre de 1919 las últimas tropas regresaron a Alemania. Habían probado la sangre; ahora iban por más…

Estonia alcanzó la paz en febrero de 1920; Letonia, en agosto. Lituania, tras haber enfrentado a los soviéticos y los alemanes, sufrió todavía un ataque por parte de Polonia (ver apartado). El país se pacificó hasta noviembre de 1920.

REVOLUCIONES EN ALEMANIA 
(1918-1920)


“Momento, ¿o sea que podemos deshacernos del monarca que nos metió a esta guerra estúpida y tomar el control nosotros mismos?” dijeron los soldados y trabajadores alemanes cuando vieron el ejemplo de Rusia. En noviembre de 1918 las fuerzas armadas se amotinaron contra sus superiores, lo cual animó a los civiles a una insurrección. Poco después el Káiser Wilhelm II abdicó y se fue al exilio. El Segundo Reich se había convertido en la República de Weimar, que fue la que firmó la paz con los Aliados, poniendo fin a la Primera Guerra Mundial.

El Partido Socialdemócrata tomó el poder e hizo unos esfuerzos verdaderamente sobrehumanos para evitar que el desorden que siguió derivara en una guerra civil generalizada. Eso implicó dar concesiones a la derecha para que se aplacara, y dejar muy frustrados a los izquierdistas radicales. En efecto, mientras el gobierno socialdemócrata esperaba a que los Aliados le dictaran los términos de la paz, daba cada vez más visos de ser demasiado liberfag y complaciente con la ultraderecha.

Hartos de tanta pusilanimidad, los comunistas radicales de Berlín se rebelaron en el que sería conocido como Levantamiento Espartaquista entre el 5 y el 12 de enero de 1919. La rebelión fue más bien improvisada y de poco alcance, y fue aplastada por las fuerzas del gobierno, que contó con la ayuda de nuestras ya conocidas, las ultramalignas Freikorps.

We ARE the baddies!

De ideología ultranacionalista, habían aprendido el arte de la brutalidad salvaje en el Báltico, y no obedecían al gobierno de la República de Weimar, sino que luchaban “por Alemania”. Como odiaban a los comunistas más que a los liberales, se pusieron de acuerdo con estos últimos para reprimir la insurrección espartaquista. Mataron a casi 200 insurrectos, entre ellos a la filósofa Rosa Luxemburgo.

Al mismo tiempo, sendas revoluciones comunistas, inspiradas por lo que estaba sucediendo en Hungría (ver apartado), establecieron repúblicas soviéticas en las regiones alemanas de Sajonia, Bremen y, más importante, en Baviera. (En español Bavaria se llama Baviera, ¿sabían eso? Yo no).

La República Soviética de Baviera venció en la batalla de Dachau, en abril de 1919, contra un intento por derrocarla. Pero al mes siguiente llegaron las Freikorps, entraron en la ciudad capital de Múnich, y se pusieron a masacrar comunistas con singular alegría, ejecutando a unos 1,200 de ellos. Mientras esto pasaba, un joven soldado austriaco de nombre Adolf Hitler, radicado en Múnich, prestaba atención al curso de los acontecimientos.

Ejecución de un comunista por las freikorps

Mismo destino sufrirían las demás repúblicas soviéticas alemanas ese mismo año. Las Freikorps fueron usadas una vez más en la primavera de 1920, para reprimir el Levantamiento del Ruhr, una insurrección obrera que fue aplastada, cómo no, con extrema violencia. Pocos días antes, algunas unidades de las Freikorps habían participado en el Golpe de Estado de Kapp, un intento ultraderechista por derrocar a la República de Weimar, por lo que entonces debía estar claro que no eran gente de fiar. Las brigadas fueron disueltas oficialmente en mayo de 1920.

A fuerza de darle catorrazos a los comunistas y concesiones a los proto-fascistas, la República de Weimar había sobrevivido y preservado su integridad territorial, pero a un alto costo. La brutalidad de los Freikops ya anunciaba lo que sería el modus operandi de los nazis, y muchos de sus miembros y líderes acabaron formando parte importante del régimen de la esvástica. La violencia política de esos años marcaría la vida de Alemania por la década siguientes, hasta culminar con el ascenso al poder de Hitler en 1933.

GUERRAS EN HUNGRÍA 
(1918-1920)

Desbaratado el imperio de los Habsburgo, la parte húngara se volvió un país independiente, y en seguida empezaron los problemas. Hubo una revolución comunista en 1919, que estableció un régimen pro-soviético bajo el mando de Béla Kun, quien llevó a cabo un Terror Rojo responsable de la muerte de casi 600 “enemigos de la revolución”. El éxito de esta revuelta inspiró insurrecciones similares en Alemania, como vimos.

La nueva república soviética tuvo que enfrentarse a guerras contra Checoslovaquia (entre abril y junio de 1919) y Rumania (entre noviembre de 1918 y agosto de 1919). Esta última fue la más dura; empezó apenas terminada la Gran Guerra y siguió durante el cambio de régimen. Los rumanos invadieron el país, lo ocuparon durante seis meses, y lo saquearon a tal punto que se robaron desde las vacas de los campos hasta los teléfonos de las oficinas (no es broma).

Restableciendo el orden, postal del artista Mihály Biró

Al final, los rumanos se quedaron con un pedazote de territorio lleno de húngaros, y al país lo dejaron en la ruina y, además, sin comunismo. Después de eso, se estableció en Hungría un gobierno proto-fascista que desencadenó el Terror Blanco, responsable de la muerte de unas 1000 personas acusadas de ser simpatizantes del comunismo; entre ellas, muchos judíos que no la debían ni la temían, porque en la mente de estas personas los judíos habían inventado el comunismo pa’ joder a los demás. Era una prefiguración de lo que estaba por venir.

EL RENACER DE POLONIA 
(1918-1921)


El territorio que había sido alguna vez el reino de Polonia se encontraba dividido entre los imperios Ruso, Alemán y Austro-Húngaro. Como se podrán imaginar, después de cuatro años de guerra estos imperios estaban bien jodidos y no tenía ya la fuerza para controlar a la población polaca, que estaba harta de todos ellos. Así, en diciembre de 1918, ya terminada la Gran Guerra, inició la Sublevación de la Gran Polonia.

El tiempo fue propicio; Alemania estaba viviendo una revolución y la Conferencia de Paz estaba por empezar. Para junio de 1919 los polacos pudieron cantar victoria, pero todavía querían más. En agosto de ese año, los polacos que vivían en el territorio alemán de Silesia se rebelaron con la intención de unirse a la nueva Polonia. El conflicto que no acabaría sino hasta 1921 con la partición de la Silesia entre las dos naciones.

Desde el mismo instante, Polonia se fue a la guerra por cuestiones territoriales contra otros tres países que también luchaban por su independencia: Checoslovaquia (enero de 1919), Lituania (entre abril de 1919 y noviembre de 1920) y, sobre todo, Ucrania (entre noviembre de 1918 y julio de 1919). Esta última guerra fue especialmente cruenta, con cada bando cometiendo atrocidades en un intento de exterminar al grupo étnico enemigo de la región de Galitzia (hasta entonces parte del desmoronado Imperio Austro-Húngaro). Al final, la Conferencia de París concedió a Polonia ese territorio, y Ucrania ya estaba muy ocupada peleando con la Rusia soviética como para protestar.


Hablando de comunistas, como se podrán imaginar, los bolcheviques no estaban muy contentos con que todos esos territorios que habían sido del gran Imperio Ruso ahora anduvieran queriendo jugarle a la independencia, así que intentó reconquistarlos por la fuerza. La guerra entre Rusia y Polonia se dio entre febrero de 1919 y octubre de 1920. Aunque los soviéticos llegaron a atacar Varsovia, la capital, la victoria de los polacos en esa batalla y la exitosa contraofensiva subsecuente terminó con un triunfo para la nueva nación. Como dato curioso, el director de King Kong participó en esta guerra como piloto de combate.

Al final Polonia mantuvo su independencia, pero no le duraría mucho el gusto, porque tanto Alemania como Rusia se le quedarían viendo con los ojitos así ¬¬ Y bueno, sí recuerdan cómo empezó la Segunda Guerra Mundial en 1939, ¿no?

NACE LA ITALIA FASCISTA 
(1919-1922)


La entrada a la guerra le había salido muy cara a Italia, y no sólo no había recibido ninguna recompensa clara, sino que además la posguerra llegó con crisis económica, encarecimiento de productos y desempleo. Ello provocó en 1919 una oleada de protestas, huelgas e insurrecciones por parte de trabajadores, sindicatos y organizaciones socialistas, comunistas y anarquistas.

Mientras tanto, el poeta e intelectual italiano Gabriele D’Annunzio estaba muy indignado porque a Italia no se le dio el botín de guerra que quería. D’Annunzio, con sus ideas deschavetadas sobre el nacionalismo extremo y el culto a la violencia y a las máquinas, es un antecedente directo del fascismo. Pues bueno, que en septiembre de 1919 el pelón éste dirigió a un contingente de paramilitares nacionalistas deschavetados y tomó por la fuerza la ciudad de Fiume, que había sido parte del desarticulado Imperio Austro-Húngaro, y que en la Conferencia de Paz se discutía si otorgarla al nuevo reino de Yugoslavia o qué.

El gobierno italiano no estaba de acuerdo con el filibusterismo de D’Annunzio, y en junio 1920 firmó con Yugoslavia un acuerdo para hacer de Fiume un país independiente. El poeta se retiró de la ciudad con el grueso de sus tropas en diciembre, aunque algunas de ellas se quedaron allí chingando, hasta que fueron expulsadas en septiembre de 1921.


Esta acción demostró que hasta un grupo pequeño podía desacatar la voluntad de las instancias internacionales, y que eso de la diplomacia nueva y la Liga de Naciones estaba muy bonito, pero que aquí mandaba la ¡FUERZA BRUTA! (muy bruta). Un chavón oportunista y veleta ideológico llamado Benito Mussolini tomó nota del asunto en letras de molde muy grandes.

Mussolini había creado en 1919 a sus Fasci di Combatimento, o sea, sus contingentes de fachos vestidos de negro, como grupos de choque para usar la fuerza bruta en contra de las organizaciones de izquierda. La clase empresarial, siempre dispuesta a aliarse con los fascistas (¡no lo pinches olviden!), empleó a los canchanchanes de Mussolini para reprimir a los trabajadores en huelga y en general a cualquiera que protestara por sus derechos. Esto fue debilitando el fervor revolucionario, a la vez que ayudó a los fachos a empoderarse.

En 1922 el movimiento fascista estaba bien armado. En marzo de ese año Mussolini marchó con sus gandules por Roma, provocando la retracción de los sacos escrotales del rey de Italia, Vittorio Emmanuele III, quien prefirió darle todo el poder al Duce antes que enfrentarse a una rebelión armada. Mussolini y los fascistas tomaron el control del país botita (y, claro está, se anexaron Fiume) y el resto es historia.

GUERRA DE INDEPENDENCIA DE TURQUÍA 
(1919-1923)


El Imperio Otomano, el destructor del Imperio Bizantino, el que había poseído alguna vez la mitad del Mediterráneo, el que había sitiado la misma Viena, la potencia islámica más poderosa de los últimos 500 años, se rindió ante los Aliados en octubre de 1918. Menos de un mes más tarde, tropas británicas, francesas e italianas ocuparon la capital, Constantinopla.

Las potencias occidentales habían estado zopiloteando al decadente imperio desde hacía mucho tiempo. Británicos y franceses se habían dividido de antemano los territorios árabes, pero además le habían hecho promesas a los italianos y a los griegos de que les tocaría un pedazo de pastel. No pudiendo esperar a que las interminables discusiones bizantinas (no pun intended) en París decidieran el destino de Turquía, griegos e italianos comenzaron a desembarcar en las cosas de esta península.

Pero los turcos no estaban dispuestos a rendir su independencia. El Movimiento Nacional Turco, dirigido por el gran líder Mustafa Kemal Atatürk, se dio cuenta de que, si Turquía quería sobrevivir a la muerte de su imperio, debía renunciar a sus territorios imperiales y enfocarse en su península. Atatürk quería no sólo salvar a Turquía, sino iniciar una verdadera revolución para convertirla en un nuevo país. Mientras el gobierno del sultán otomano negociaba complaciente con los Aliados, Atatürk concentró sus fuerzas tierra adentro, en Ankara y sus alrededores, lejos de las costas y de las tierras árabes perdidas. Desde allí llevaría a cabo la lucha por la independencia.


Los griegos, que se habían pasado el siglo XIX luchando por su independencia contra Turquía, ahora iban en plan conquistador. Reclamaban territorios en Asia Menor argumentando que habían pertenecido a Grecia y al Imperio Bizantino en otros siglos. Desde mayo ocuparon Esmirna y otras ciudades, pero su avance hacia el interior fue detenido por las fuerzas de Atatürk entre agosto y septiembre de 1921. Después, una contraofensiva turca a partir de 1922 desbarató el frente griego, y los turcos pudieron cantar victoria en agosto de ese año.

Los franceses también creyeron que la tendrían fácil, y anduvieron fastidiando en Tracia, las costas del Mar Negro y, sobre todo, la región de Cilicia. Decían que les debía tocar un pedazo de Turquía porque, bueno, las Cruzadas y así. No se esperaban la resistencia turca y culparon a los británicos por no haberla disminuido lo suficiente. El caso es que los frachutes no pudieron lograr sus objetivos, y ante la férrea resistencia de los turcos, terminaron retirándose a principios de 1922. Tanto los franceses como los otros Aliados occidentales decidieron que lo mejor sería dejar una Turquía fortalecida para que sirviera de barrera contra la Rusia soviética.


La historia más triste es la de Armenia. Desde abril de 1915 el gobierno otomano había iniciado una serie de matanzas y deportaciones en masa que después sería conocida como el Genocidio Armenio. Este país del Cáucaso se encontraba dividido entre los imperios ruso y otomano; estos últimos agarraron a los armenios de chivos expiatorios, ante el fracaso de las campañas contra Rusia en la región. Se calcula que un millón y medio de armenios fueron asesinados por los turcos en los años que siguieron. Es un tema tan terrible que merecería una entrada aparte (pueden saber un poco más aquí y aquí).

Con el colapso del Imperio Ruso y el fin de la Gran Guerra, Armenia creyó que tendría la oportunidad de vengar sus males. En septiembre de 1920, tropas de ese país, recién independizado, avanzaron hacia Turquía y masacraron civiles en un pálido intento por emparejar las cosas. No les sirvió de mucho: la contraofensiva turca, ese mismo diciembre, recuperó rápidamente el terreno perdido y, en venganza, se puso a masacrar civiles armenios. Entre unos y otros, los armenios decidieron que lo mejor era entregarse de regreso a Rusia; eran comunistas, pero por lo menos no quería exterminarlos.


Armenia terminó siendo una república soviética, pero los turcos siguieron masacrando a las poblaciones armenias que quedaron en territorio turco hasta 1923. Los turcos también se dieron a exterminar a las poblaciones griegas y asirias en sus dominios: medio millón y 300 mil asesinados, respectivamente. Estos se consideran los primeros genocidios del siglo XX.

Pero Atatürk pudo estar contento: mantuvo la integridad territorial e independencia de su nación. En 1923 sus acciones habían obligado a los Aliados a negociar un nuevo tratado de paz, la única de las Potencias Centrales que se pudo dar ese lujo. No por nada hasta la fecha se le conoce como el Padre de Turquía: abolió el sultanato y el califato, y fundó la República de Turquía, con capital en Ankara, un país moderno y secular, que sería la única de las grandes potencias de la Primera Guerra Mundial que no participaría en la segunda.

REVUELTAS EN EL MUNDO ÁRABE 
(1918-1920)


Mencionaré sólo las tres más importantes. La Revolución Egipcia se dio entre finales de 1918 y mediados de 1919. Los británicos, como es usual, se habían estado pasando de gandallas en Egipto desde su ocupación semioficial a mediados del siglo XIX. Durante la Gran Guerra, el Imperio Británico había usado el país del Nilo como base para atacar a los otomanos. “No se preocupen, la guerra la haremos nosotros, ustedes tranquis” les dijeron, pero pronto llenaron el país de tropas indias, australianas y neozelandesas; confiscaron materiales y comida por todo el país para apoyar el esfuerzo bélico y hasta reclutaron a la fuerza a ciudadanos egipcios para laborar en campos de trabajo.

Los egipcios esperaban que de todo esto, al final, viniera el reconocimiento a su país, pero como eso no sucedía, porque nunca se puede esperar que los blancuchos reconozcan tus derechos de buena gana, se tuvieron que ir que poner en serio. En las ciudades hubo protestas, paros y manifestaciones; en el campo se desató una guerra de guerrillas contra los británicos. Al final murieron 800 egipcios y menos de 100 europeos, pero los británicos aceptaron la independencia del nuevo Reino de Egipto, aunque siguieron teniendo mucha presencia militar y el control del Canal Suez.

Lawrence y Faisal (interpretados por Peter O'Toole y Sir Alec Guinness; dios, amo esta peli)

Durante la Primera Guerra Mundial, en Siria, el rey Faisal había dirigido, junto a su amigo cercano el legendario Lawrence de Arabia, la revuelta de los pueblos árabes en contra del Imperio Otomano. Los europeos habían prometido a los árabes una patria independiente y unificada. Cuando Faisal y Lawrence llegaron a la Conferencia de París en 1919 fueron tratados con la punta del pie, especialmente por los franceses, que se pusieron en plan “Nosotros somos europeos y no tenemos que reconocer nuestros tratos con los morenitos, juajuajuajauajua, ay qué racistas somos”.

Cuando Faisal y su gente comprendieron que los Aliados no pensaban cumplir sus promesas, se sintieron, con toda razón, traicionados. Según el mil veces infame acuerdo de Sykes-Picot, Siria le correspondía a Francia, pero los árabes de esa región no estaban de acuerdo. No es que sus opiniones importaran un comino a los europeos. Entre marzo y julio de 1920, Faisal dirigió ahora una revuelta contra Francia, conocida como la Guerra Franco-Siria, pero ésta fue aplastada y el rey tuvo que irse al exilio.


Al Imperio Británico le correspondería Mesopotamia, o Irak, como los árabes llamaban a la región desde tiempos medievales. A los habitantes no les encantó la idea, y diferentes grupos se rebelaron contra el mandato británico entre mayo y octubre de 1920, en la llamada Gran Revolución Iraquí. También fueron aplastados, qué le vamos a hacer. Pero los británicos decidieron que no les convenía tanto tener control directo sobre el país, y que era mejor darle una relativa independencia. Así, los británicos pusieron a Faisal como rey de Irak, porque la vida da muchas vueltas.

Los problemas surgidos por la absurda división territorial de Sykes-Picot, por las acciones colonialistas de los europeos y sus actos de represión contra los árabes, son la fuente de casi todos los conflictos en Medio Oriente hasta la fecha. Gracias, Europa.

EPÍLOGO


Durante los últimos meses de la guerra, Erich Ludendorf, comandante supremo de las fuerzas armadas alemanas y villano de la Mujer Maravilla, se había convertido en algo así como un dictador militar para el Imperio Alemán, incluso por encima del káiser. En 1918, tras la derrota definitiva del ejército en el Frente Occidental, a Ludendorf se le botó la canica. Sufrió un colapso nervioso y comenzó a difundir el mito de la “puñalada por la espalda”: que las tropas no habían sido derrotadas, sino que el ejército había sido traicionado por los (((políticos y banqueros))).

En los años que siguieron, Ludendorf se fue deschavetando más y más. Era un furioso antisemita que abogaba por una dictadura en Alemania; sostenía la doctrina de la Guerra Total, según la cual la guerra es el fundamento de la civilización, todas las fuerzas materiales y espirituales de una nación debían estar enfocadas en ella, y la paz era sólo una tregua temporal. En 1920 participó en el ya mencionado (y fallido) Golpe de Estado de Kapp. También le dio por ponerse a adorar a los dioses paganos.

En 1923 conoció a un Adolf Hitler que aún tenía mucha vida por delante; se llevaron bien. Hitler y Ludendorf planearon el Golpe de Estado de la Cervercería, mismo que fue frustrado por la policía de Múnich. Hitler y otros líderes fueron arrestados, pero a Ludendorf le dijeron “ya váyase a su casa, tío, está usted muy borracho”.


Después de participar, y perder apabullantemente, como abanderado de una coalición (que incluía al Partido Nazi) en las elecciones presidenciales de 1925, Ludendorf empezó a ser ghosteado por Hitler, pues aparentemente el señor se había vuelto muy extremista y escandaloso hasta para él (¡figúrense!). El viejo general se retiró a hacer corajes y emitir opiniones conspiranoicas desde su casa, hasta su muerte en 1937. Ya poco importaba: para efectos prácticos Ludendorf le había pasado la estafeta a Hitler como figura de la reacción militarista en Alemania. Una generación relevaba a la otra y el camino hacia una nueva guerra mundial estaba iniciado.

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La mayor parte de la información la saqué de dos fuentes:
  • El excelente libro Paris, 1919 de Margaret MacMillan
  • El brillante canal de Youtube The Great War
  • Wikipedia para lo demás

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