sábado, 8 de diciembre de 2018

Dioses y Monstruos. Parte IV: ¡Está vivo!



"Ambos hemos creado monstruos, Mary. No dejemos que nos consuman."

Ben Hardy, como John Polidori, en Mary Shelley (2017)

Estamos en la última parte de nuestro recorrido, que culmina con una selección de películas imperdibles basadas en la obra de Mary Shelley. Escogí las que a mi gusto son las mejores, las más relevantes, las que mejor representan la importancia cultural que Frankenstein ha tenido a lo largo de las décadas. Es como para que se armen su propio ciclo de cine en casa y las disfruten. Comenzamos. 

FRANKENSTEIN 
(1931)

Dir: James Whale
Con: Boris Karloff, Colin Clive, Dwight Frye, Edward van Sloan y Mae Clarke.

Obviamente, éste es el punto de partida. La película original es responsable de haber creado el aspecto definitivo del monstruo, uno que ha perdurado por generaciones hasta convertirse en un ícono reconocible. Otros elementos y momentos de la cinta han pasado a formar parte de la imaginario cultural. Pero además es una película con excelentes actuaciones por parte de Karloff y Clive.

Desde el teatro había iniciado la tradición de hacer con la historia de Mary Shelley aquello que quisieran los argumentistas. Esta cinta se desvía tanto de la novela original, que es casi una historia distinta. Por eso digo que es la segunda versión básica del clásico. Si en el libro Victor Frankenstein trabaja completamente solo, en esta cinta Henry Frankenstein no sólo cuenta con la ayuda del jorobado asistente Fritz, sino que Elizabeth, Victor y el doctor Waldman (prometida, mejor amigo y mentor de Henry) asisten a la escena de la creación del monstruo. Esto tiene implicaciones importantes.

En esta película Henry al principio no reniega de su monstruo. Intenta entrenarlo, educarlo, se aferra a él, orgulloso de su creación. Si no hubiera sido por la crueldad de Fritz, quizá el monstruo no se habría vuelto violento. Sus primeras víctimas fueron el jorobado y el doctor Waldman, quien trataba de eutanizarlo. Fueron los amigos y familiares de Henry quienes, preocupados por su salud, lo apartaron de su criatura y le insistieron que debía destruirla. De muchas maneras, Henry tiene menos culpa en el destino de su monstruo de la que tiene el Frankenstein literario, quien rechazó al suyo con nomás verlo.

Hay un elemento que siempre se ha criticado de esta obra: esto del "cerebro criminal", que Fritz por accidente llevó al doctor Frankenstein, lo cual supuestamente justifica que el monstruo se hubiera vuelto un asesino. La "explicación" es burda, claro, y James Whale la ignora por completo en la segunda mitad de esta cinta, así como en la secuela. Pero si la leemos bien, nos daremos cuenta de que ha quedado un discurso que subvierte esa narrativa determinista. A pesar de que el monstruo tuviera ese "cerebro criminal", es un ser sensible capaz de sentir amor y compasión, y que si se ha vuelto agresivo, ha sido por culpa del maltrato de los otros.

LA NOVIA DE FRANKENSTEIN
The Bride of Frankenstein (1935)

Dir: James Whale
Con: Boris Karloff, Colin Clive, Elsa Lanchester, Ernest Thesiger y Valerie Hobson

Esta película es muy superior a la original, en historia, actuaciones, personajes, estética, música... Es una de mis cintas favoritas, y por lo general considerada de los grandes logros de la Era Dorada de Hollywood. La novia de Frankenstein es el non plus ultra del gótico hollywoodense.

De forma por demás bizarra, la película inicia en la misma velada en la que la historia fue concebida, con Mary Godwin, su futuro esposo Percy Shelley y el inmamable Lord Byron (con un acento escocés de caricatura), discutiendo sobre fantasmas en una noche tormentosa. Aquí reafirman explícitamente la interpretación común en aquellos años sobre la moraleja de la historia: el pecado de Frankenstein fue tratar de jugar de a ser dios. Pero después de esta admisión, James Whale nos presenta una historia muy diferente.

Aquí el protagonista es el monstruo, al que vemos emerger de las ruinas del molino incendiado y estallar en un frenesí asesino en la aldea que es hogar de su creador. Hay una escena sumamente brutal en la que el monstruo es crucificado por la turba. Logra escapar y, herido, encuentra por primera vez compasión en la figura de un ermitaño ciego. Éste es el momento más conmovedor de la cinta, en el que dos almas solitarias se hallan en medio de la oscuridad, y que subraya el tema central: la marginación. Para un marginado, la felicidad no dura mucho tiempo, pues las fuerzas persecutorias no tardan en llegar. 

El monstruo, que sólo quiere afecto en este mundo, se deja seducir por las promesas de uno de los mejores personajes de todo el ciclo de horror de Universal: el doctor Septimus Pretorius. Si Henry Frankenstein es ególatra y megalómano, no es precisamente malvado y jamás tuvo la intención de hacer daño. De cierta forma, es ingenuo e idealista. Pretorius es, por otra parte, una figura mefistofélica, un tentador que seduce a Henry y al monstruo lejos del camino del bien y los lleva hacia una ruta de la que no se podrá obtener más que ulteriores horrores. La escena de los homúnculos nos remite a Paracelso, uno de los alquimistas que, según la novela, Frankenstein había leído con fascinación. Y es que Henry tiene razón cuando dice que Pretorius, más que un científico, es como un nigromante.

Por supuesto, está la Novia. La creación del ser femenino había sido sólo una posibilidad en la novela de Mary Shelley. La película de Whale la hace una realidad que permanecería de forma definitiva en el mito de Frankenstein. No deja de ser significativo que esta personaje sea interpretado por Elsa Lanchester, quien también da vida a Mary Shelley en el prólogo. Después de todo, Mary ha sido identificada por la crítica literaria tanto con el monstruo como con su creador.

Ultimadamente, James Whale no quería que nos tomáramos esta película demasiado en serio. Es medio un melodrama, medio una farsa. Pero al monstruo lo trata con muchísimo respeto; es la única figura digna de compasión en todo ese caso, y su arco como personaje es el que más llega a nuestros corazones. Al final, cuando dice, con lágrimas en los ojos, "Ustedes vivan. Nosotros pertenecemos a la muerte", acepta por fin que nunca tendrá un lugar en este mundo cruel. Y nosotros lloramos con él.

EL HIJO DE FRANKENSTEIN
Son of Frankenstein (1939)

Dir: Rowland V. Lee
Con: Boris Karloff, Bela Lugosi, Basil Rathbone y Lionel Atwill

Las dos películas de Whale funcionan a la perfección como una bina. De hecho, son más como bien los dos actos de una sola obra y cualquier otra añadidura se antoja innecesaria. Sin embargo, El hijo de Frankenstein es una cinta realmente buena, que dejó huella en la cultura popular. Tan es así que sería imposible entender las referencias de obras posteriores sin ella.

Muchos años después (más de treinta, hemos de suponer), el hijo de Heinrich Frankenstein (ya germanizado el nombre, porque no tenía sentido que un suizo alemán se llamara Henry) regresa al pueblo natal de su padre a reclamar sus títulos y su castillo. Allí descubre que el monstruo no había sido destruido, sino que permanece en una especie de coma, vigilado por su único amigo, Ygor.

Este personaje es la mayor contribución de la cinta al mito frankensteiniano. Si el jorobado Fritz ya existía desde las adaptaciones teatrales de 1823, al fusionarse con el Ygor, creó al personaje arquetípico del asistente del científico loco. Ygor es magistralmente interpretado por un irreconocible Bela Lugosi, un personaje surreal, pues, tras haber sobrevivido a la horca, deambula sin estatus legal con el cuello roto y la sonrisa deforme. El monstruo ve en él a una suerte de alma gemela: alguien despreciado por la sociedad, claro, pero sobre todo, alguien que de cierta forma volvió de la muerte, que no debería estar con vida.

El otro gran aporte es el personaje del inspector Krogh, interpretado por Lionel Atwill. Con el brazo de madera y el monóculo insertado, Krogh es un personaje absolutamente expresionista, como lo es toda la estética de la película. Basil Rathbone también nos da una gran actuación como Wolf Frankenstein, en nuevo barón.

La cinta se toma la molestia de aclarar aspectos diversos de la criatura. En una secuencia fascinante, el doctor Frankenstein se dedica a analizar sus extraordinarias características fisiológicas. También, de forma por demás meta, se toma momentos para reflexionar sobre el impacto que la historia de Frankenstein ha tenido en el gran público.

Lo único malo es que el monstruo ha perdido toda su personalidad. A partir de aquí ya sería solamente un zombi apenas con algo de mente, manipulado por otros que quieren aprovechar su fuerza y poder para hacer el mal. Es por eso que Karloff tenía razón en dejar definitivamente el papel: ésta sería la última buena película de Frankenstein en el ciclo de Universal. El barón y su monstruo tendrían que esperar casi dos décadas para volver al estrellato...

Terminando esta laxa trilogía, quisiera hacer énfasis en una de las características más notorias de la serie de Universal que la distinguen de la novela original. En ésta, la existencia del monstruo había permanecido en secreto para casi todo el mundo. En las películas, los aldeanos de aquel pueblito alpino conocen y han enfrentado a la criatura, y hablan en sus historias murmuradas acerca del monstruo de Frankenstein, sabiendo muy bien quién lo creó. 

Es curioso que en estas cintas Henry nunca paga por sus crímenes, ni de lejos, como lo había hecho Víctor en el libro; en su ultimo encuentro, el monstruo le demuestra una compasión que su contraparte literaria jamás conoció. Pero ni siquiera los aldeanos, que saben que Frankenstein es el responsable de las decenas de muertes causadas por el monstruo, intentan ir a castigarlo. Sólo en esta última entrega vemos a la turba de campesinos iracundos asediar el castillo Frankenstein, en vez de perseguir al monstruo, como había sucedido en las dos anteriores. Definitivamente, el universo Frankensteiniano creado por los estudios de Carl Laemmle es uno muy distinto al que había imaginado Mary Shelley. Agradecemos que así sea.

LA MALDICIÓN DE FRANKENSTEIN
The Curse of Frankenstein (1957)

Dir: Terence Fisher
Con: Peter Cushing, Christopher Lee, Robert Urquhart y Hazel Court

La primera película del ciclo de horror de Hammer Films pretendía cimentar una nueva imagen del mito frankensteiniano, y aunque no logró superar el impacto de las cintas de Whale, sí que dejó su propio legado. El director Terence Fisher, un artista del género de horror en el Reino Unido, quería alejarse lo más posible de la sombra de Karloff, y nos dio una cinta con una identidad propia, que se sostiene por sí misma, aparte de todas las otra adaptaciones, pero también de la novela misma.

Si Henry Frankenstein vivía en un país indeterminado y en una época imposible de identificar, el nuevo barón Víctor Frankenstein vive en Suiza a mediados del siglo XIX. El joven Victor queda huérfano a temprana edad y, sin más familia, él mismo contrata al doctor Paul Krempe (uno de los profesores de Victor en la novela original y un personaje ausente en casi todas las adaptaciones) para que sea su mentor científico. Pero con el tiempo, el genio de Víctor alcanza y supera al de su maestro, quien termina convirtiéndose en su socio.

Aquí Elizabeth, la prometida, es una prima a la que Víctor ha ayudado financieramente toda la vida, mientras que Justine es la criada de la casa, con la que Víctor tiene un amorío. Porque este barón Frankenstein es un absoluto granuja, un hombre malvado, ambicioso y egoísta, que no se detiene ante ninguna consideración ética con tal de lograr sus propósitos.

Esta película se trata muy poco del monstruo. El protagonista es Victor, interpretado por un siempre grandioso Peter Cushing, que le da una personalidad tan carismática y seductora como fría y maquiavélica. Paul, su amigo, lo ve descender en la villanía poco a poco, desarrollándose una oscuridad cada vez más profunda en su persona. O quizá, esa oscuridad siempre había estado ahí. Víctor Frankenstein es, incuestionablemente, el monstruo en esta historia.

¿Qué hay de la criatura? En un principio no le daba mucho crédito y sentía que el gran Christopher Lee estaba desperdiciado en el papel. El monstruo aparece relativamente poco, y carece de la complejidad que caracterizaba al personaje inmortal de Karloff. Desde su nacimiento, no es más que una máquina asesina sin mente. Pero después de haber visto la película una vez más, pude apreciar la genialidad que Lee imprimó a un personaje tan pequeño. Su trabajo corporal, con su postura desgarbada y sus movimientos erráticos, crea a un ser único muy distinto a los que habíamos conocido. Su monstruo es terrible, es cierto, pero Lee logra transmitir la agonía que supone su mera existencia.

Las siguientes películas de Hammer se centrarían también en el barón de Peter Cushing y nunca más volveríamos a ver al monstruo de Lee: The Revenge of Frankenstein (1958), The Evil of Frankenstein (1964), Frankenstein created woman (1967), Frankenstein must be Destroyed (1969), The Horror of Frankenstein (1970) y Frankenstein and the Monster from Hell (1974). De esta serie, las cuatro dirigidas por Fisher valen la pena y las dos que no son suyas (The Evil y The Horror) es mejor evitarlas como la plaga (en especial la última, que es un reboot fallido, sin Cushing). Aunque, eso sí, ninguna de ellas es realmente imprescindible, puesto que se desvían mucho de la novela y la primera cinta es perfectamente autoconclusiva.

Fisher dirige a lo largo de seis pelis, algo que bien podríamos llamar Las macabras aventuras del barón Frankenstein, en la que cada episodio nos muestra al científico haciendo de las suyas con diferentes proyectos que por lo general implican trasplantes de cerebros y cosas por el estilo. La continuidad entre ellas es, en el mejor de los casos, endeble, pero a lo largo de las diferentes entregas se puede apreciar algo parecido un arco de personaje para el Frankenstein de Cushing, que pasa de ser un aristócrata maligno y sin escrúpulos a un hombre viejo, cansado y decepcionado de la vida que carga con el peso de sus múltiples crímenes y fracasos.

EL JOVEN FRANKENSTEIN
Young Frankenstein (1974)

Dir: Mel Brooks
Con: Gene Wilder, Peter Boyle, Marty Feldman, Teri Garr y Kenneth Mars

Por supuesto, no podía faltar esta clásica comedia del maestro de la farsa, Mel Brooks. Escrita y estelarizada por el genial Gene Wilder, nos cuenta la historia del nieto de Frankenstein (se pronuncia Fronkonsteen), quien busca deshacerse de la mala fama de su apellido, pero que sucumbe a la tentación familiar de jugar con la vida y la muerte cuando hereda la propiedad del abuelo en... ¡Transilvania!

La película es un pastiche, como era de esperarse. Está llena de referencias a las cintas de Universal, y por ello cuenta con un Igor jorobado (este personaje cimentó la fusión entre Fritz e Ygor), y con un Inspector Kremp, parodia del querido Krogh. También está Inga, interpretada por la guapísima Teri Garr, quien viene a ser la asistente cabezahueca del joven Fronkonsteen, con la que naturalmente termina engañando a su estirada y regañona prometida Elizabeth... ¡quien a su vez acaba liada con el monstruo!

Considerada una de las mejores comedias del cine hollywoodense, es también un entrañable homenaje a las cintas clásicas que la inspiraron. Gene Wilder trae un poco de Colin Clive y un poco de Peter Cushing a su Frankenstein, por momentos un genio demente y en otros un genio calculador. Como sea, lo hace a la perfección y logra sacarnos carcajada tras carcajada.

El monstruo de Peter Boyle también es una delicia. Parodiando claramente a Boris Karloff, recrea escenas clásicas como la de la niña ahogada y el anciano ciego, pero con mucho humor negro y del pastelazo. El joven Frankenstein realmente quería a su criatura, a su manera desquiciada, y quería presumirlo a todo el mundo como su gran logro. El resultado es una hilarante secuencia musical, la más famosa de la cinta. Como pilón: un chiste de esta peli inspiró la canción Walk this way de Aerosmith.

GOTHIC
(1986)

Dir: Ken Russell
Con: Gabriel Byrne, Natasha Richardson, Julian Sands, Myriam Cyr y Timothy Spall

Mi intención no es sólo incluir adaptaciones directas de Frankenstein; un panorama completo requiere hablar también de sus creadores. Esta cinta es un relato ficcionalizado de aquel verano de 1816 en el que la joven Mary Shelley concibió su monstruosa creación, después de que Lord Byron (el siempre maravilloso Gabriel Byrne), retara a sus contertulios a un concurso de cuentos de fantasmas.

La película va mucho más allá de una curiosa anécdota, y trata de recrear la atmósfera emocional e intelectual que derivó en la creación de dos de los monstruos más famosos de la literatura gótica (pues en esa misma velada nació el vampiro de John Polidori). Las discusiones sobre literatura, supersticiones, filosofía y ciencia de la época brindan el contexto de surgimiento de estos íconos de la cultura. Pero no se crea que la cinta nos muestra simplemente a un grupito de jóvenes poetas teniendo conversaciones pretenciosas. O sea, sí tienen conversaciones pretenciosas, pero no las tienen en un ambiente de serena tertulia, sino en una noche demencial de drogas, alcohol y sexo, pues lo primero que hace Byron es darle de beber láudano a sus invitados.

Miren ustedes, yo creo que si esta película no ha sido valorada como se merece es porque no cualquiera sabe lo que es pasar una noche sin dormir con un montón de amigos poetastros, drogados hasta el huevo de tal forma que ya no sabes si las pendejadas que te imaginaste son reales, te estás malviajando o de plano ya te volviste loco. Digo, me han contado. El caso es que esta cinta termina siento un hermoso y aterrador mal viaje, de manera que puedes entender cómo la joven Mary concibió algo tan horrible a un ser creado a partir de cadáveres. No podía esperar otra cosa de Russell, director de una de las películas más aterradoras que he visto, Estados alterados.

Lo único que no me checa es la elección de Colagusano para ser Polidori, porque tengo entendido que el doctor era un tipo reservado y tímido, no el alocado masoquista que vemos aquí. Todo lo demás me parece estupendo.

FRANKENSTEIN
Mary Shelley's Frankenstein (1994)

Dir: Kenneth Branagh
Con: Kenneth Branagh, Robert DeNiro, Helena Boham Carter, Ian Holm y John Cleese

This is it. Aquí llegamos a lo bueno. Ésta es la adaptación definitiva de la novela de Mary Shelley. La más fiel a la historia y el espíritu de la original, la que logró captar cinematográficamente una obra literaria que llevaba para entonces casi dos siglos acosando nuestras pesadillas. Tardó mucho en llegar, pero valió la pena.

Producida por Francis Ford Coppola, esta cinta apareció como parte de un proyecto del director de El Padrino para revivir los clásicos de horror, adaptándolos, por vez primera, siguiendo fielmente sus fuentes literarias, porque todas las otras se habían armado sus propias historias según les venía en gana. Es que antes no estaba de moda adaptar las obras siéndoles fieles, como ahora, que si los fans del libro notar algún cambio se enojan. Es que antes nadie leía los libros.

Ok, la película no es perfecta. Tiene algunos momentos bien cutres y melodramáticos (aunque, por otro lado, también la novela). Y se nota que el niño muerto no estaba muerto. Tampoco es absolutamente fiel a la novela. Le hace cambios, algunos grandes, otros anecdóticos; algunos acertadísimos, otros un tanto incómodos.

No me gusta, por ejemplo, que el doctor Waldman (John Cleese actuando serio, OGM!) ya hubiera hecho algo similar a lo que Frankenstein estaba a punto de hacer, de forma que el joven Víctor sólo tuviera que leer sus diarios y partir de ahí. Creo que eso le quita un poco de genialidad y locura a Víctor.

Y, bueno, Robert DeNiro. Qué elección tan extraña, de veras. Digo, el señor es uno de los más grandes actores de la historia y su interpretación no tiene queja. Pero, vamos, véanlo. Es bajito y delgado. No es como los altísimos y corpulentos Karloff o Lee (o el monstruo de más de dos metros descrito por Mary). La gabardina que le ponen parece quedarle grande, cuando para Karloff hicieron el efecto inverso: ponerle un traje que le quedara corto de las mangas para hacerlo ver más voluminoso. En fin, no sé a quién habría casteado yo. Quizá a Gerard Depardeiu o alguien así...

¡Detalles! ¡La película me encanta! Kenneth Branagh, actor shakesperano de gran versatilidad, es el Víctor Frankenstein per-fec-to, el personaje al que me imagino cuando leo y releo el libro. Como director, logra construir visualmente las emociones que en el libro eran expresadas con palabras por los diversos narradores. Crea una secuencia del nacimiento del monstruo que rivaliza en potencia y creatividad con la de James Whale, pero haciendo algo completamente nuevo.

De lo mejor de la película es el arco argumental de Elizabeth, interpretada por Helena Boham Carter. Esta Elizabeth tiene agencia, a diferencia de la versión literaria que sólo espera y sufre por Víctor. Aquí es ella quien va a buscarlo a Ingoldstadt, quien le pone un ultimátum y lo hace elegir entre ella y sus experimentos. ¡Y la Novia! ¡Oh, por todos los dioses y monstruos del celuloide! La idea que el Víctor abortó en la novela, el Frankenstein de Brannagh lo lleva a su realización completa. Es la escena más fuerte de la cinta, en la que Elizabeth se da cuenta de lo que Victor hizo, y de lo que ha hecho con ella. Ese momento, ausente de la novela, es sin embargo perfectamente acorde al espíritu de la misma, pues nos muestra a los dos onvres que juegan con la vida de una mujer, y cómo ella decide escapar de todo eso.

Por lo demás, es una excelente cinta para reflexionar sobre temas de ciencia, filosofía y literatura entre finales del siglo XVIII y principios del XIX. De hecho, yo solía usarla en mis clases de filosofía y mandar a mis alumnos a hacer un ensayo sobre cómo la cinta refleja el choque entre la Ilustración y el Romanticismo. Como dije, ésta es la adaptación definitiva de Frankenstein y no veo que pronto vaya a surgir otra.

DIOSES Y MONSTRUOS
Gods and Monsters (1998)

Dir: Bill Condon
Con: Sir Ian McKellen, Brendan Fraser y Lynn Redgrave

Les dije que era importante conocer la historia de los creadores para entender el contexto. En plural. Una de ellos es Mary Shelly; el otro es James Whale. Esta película trata de él y es la que le da nombre a este serie de entradas.

McKellen interpreta a un envejecido y enfermo James Whale, que vive retirado en su casona, sin más compañía que la de un ama de llaves que lo cuida. Por una coincidencia del destino, traba amistad con un joven que, sin saber qué hacer de su vida se las arregla como jardinero. Conforme avanza la película, esa relación se va a haciendo más íntima y Whale revela entonces su pasado, desde las trincheras de la Gran Guerra, hasta la vida en la Era Dorada de Hollywood.

La actuación de Sir Ian es excelente, sobra decirlo. Siento Fraser fue elegido más por su corpulencia y su cabezota cuadrada que por sus dotes histriónicas, pero tampoco lo hizo nada mal. Interpreta a un personaje que es como un machote promedio, pero que debajo de su coraza tiene una sensibilidad por descubrir. Whale es abiertamente gay, por supuesto, y su amistad pondrá a prueba las concepciones machistas de su joven amigo.

Es una película triste y conmovedora. Como las películas que dirigió Whale, ésta trata sobre la soledad y la marginación, y sobre encontrar amigos en los momentos menos esperados de la vida. Nos permite echar un vistazo a la vida y la mente del creador de la versión más icónica de Frankenstein, y cómo la persona que fue quedó plasmada en aquella obra. Diré algo más: ésta bien podría ser la mejor película de la lista.

FRANKENWEENIE
(2012)

Dir: Tim Burton
Con: Charlie Tahan, Winona Ryder y Martin Landau

No podía dejar fuera esta adorable versión infantil del mito frankensteiniano. Tim Burton fue mi ídolo cuando yo era un adolescente proto-emo en los 90, pero en el siglo XXI su obra ha tenido muy poco de rescatable. Frankenweenie es lo mejor que ha hecho en un par de décadas, y verla fue como regresar con ese Tim que conocí y amé en mis años mozos.

Es un refrito de un cortometraje que el mismo Burton hizo hace muchos años, que a su vez es un homenaje a las pelis clásicas de horror de Universal, así como a la ciencia ficción de los cincuenta. Animación cuadro por cuadro, fotografía en blanco y negro, momentos espeluznantes a la vez de adorables... En fin, es el regreso a una estética única y original que había caracterizado sus mejores tiempos.

Esta peli retoma los elementos clásicos de la bien conocida historia y los reacomoda para contárnosla desde una nueva perspectiva. Aquí Víctor Frankenstein es un niño nerdoso que vive en un suburbio de pacotilla (se entiende que viene a ser un avatar del mismo Tim Burton), y cuyo mejor amigo es su perro Sparky, protagonista de sus películas de ciencia ficción caseras. Cuando Sparky muere en un accidente, Víctor se inspira en las clases de su profesor de ciencias, el señor Rzykruski, lleva a cabo el alocado experimento para volver a la vida a su amigo canino.

De lo mejor de la peli es el mismo señor Rzykruski, con la voz de Martin Landau y diseñado en honor a Vicent Price, uno de los más grandes actores de la era dorada del cine de terror e ídolo personal de Burton (y mío). Rzykruski nos habla de las ciencias como algo maravilloso y excitante, como todo profesor de la materia debería haberlo hecho. Tampoco tiene empacho en decirle a los vecinos que son un montón de paletos ignorantes y nos recuerda que la gente común quiere los beneficios que da la ciencia, pero le teme a las preguntas incómodas que plantea.

Me encanta sobre todo aquello de que la ciencia debe también ser ejercida con amor. Es un bonito mensaje en sí, pero además es congruente con el espíritu de la novela original. El Frankenstein literario trabajaba por ambición personal y egoísmo; el pequeño Víctor re-crea a su mascota guiado por el cariño y el resultado es un ser amoroso, como lo habría sido el monstruo del libro y tantas otras adaptaciones, si las motivaciones y actitudes de su creador hubieran sido diferentes.

Cuando los otros chicos del pueblo intentan repetir el éxito de Víctor, como su ciencia no está motivada por el amor, sino por el orgullo o la curiosidad mórbida, el resultado son monstruos, lo cual deriva en una secuencia divertidísima que, por supuesto, culmina con un molino en llamas. Graciosa, conmovedora y hermosamente siniestra, es una cinta que no puede faltar en un ciclo sobre criaturas y científicos locos.

VICTOR FRANKENSTEIN
(2015)

Dir: Paul McGuigan
Con: James McAvoy, Daniel Radcliffe, Jessica Brown Findlay y Andrew Scott

Sé que esta película no ha sido bien recibida, pero tengo que confesar que me gusta mucho. Creo que mucha gente no entendió de qué iba en realidad. No pretendía ser una adaptación fiel ni seria de la obra de Mary Shelley y, contrario a lo que se podía ver por los avances, no se trata de una cinta de suspenso y menos de horror. Ya desde la primera secuencia es obvio que la cinta no va refrenarse mucho cuando se trate de exagerar y desafiar los límites de la verosimilitud.

En realidad es una buddy flick de comedia y acción, medio absurda, llena de divertidas referencias y homenajes a casi dos siglos de legado cultural frankensteiniano, desde la novela hasta las películas de Universal y las de Hammer. Y por ese lado es divertidísima.

Nos trasladamos a un Londres victoriano, en vez de la campiña suiza del Siglo de las Luces. La película está narrada desde el punto de vista de Igor, el asistente jorobado de Frankenstein, quien en esta versión resulta tener un talento natural extraordinario para las ciencias... ¡y también que su jorobadez puede ser curada por Víctor! Interpretado por Radcliffe, este Igor es un chico sensible y de buen corazón que sólo quiere hacer lo correcto.

McAvoy es un Frankenstein casi perfecto (a mi gusto, sólo lo supera Branagh): genial, arrogante, con poca paciencia hacia los palurdos con los que tiene que compartir el mundo, pero con unas inseguridades y sentimiento de culpa que se esconden detrás de todo ello. Lo mejor de la película es la maravillosa química que Radcliffe y McAvoy tienen como Igor y Víctor, un bromance apenas veladamente gay.

Lo único que le falta es una buena criatura. La secuencia de la creación es de las más espectaculares que se hayan visto en el cine, pero el monstruo es, una vez más, una máquina asesina sin mente ni emociones, y además aparece bien poquito. Supongo que es una cinta sólo para fans. Si no entiendes las referencias y cómo juegan con los elementos del relato clásico, probablemente no sea de tu agrado.

MARY SHELLEY
(2017)

Dir: Haifa al-Mansour
Con: Elle Fanning, Douglas Booth, Bel Powley, Stephen Dillane, Tom Sturridge y Ben Hardy

Después de leer la biografía de Mary Shelley escrita por Charlotte Gordon, y de releer Frankenstein por tercera vez, me di cuenta de cuán personal es en realidad la obra de aquella brillante y atormentada joven, pero sobre todo de lo relevante que es el hecho de que haya sido escrita por una mujer. Así, vengo a preguntarme, ¿cómo demonios es que nunca ha habido una adaptación dirigida por una mujer?

De toda la lista que les he presentado, esta cinta es la única que fue hecha por una directora. No cualquiera, sino además, la primera mujer cineasta de Arabia Saudita (y es apenas su segundo largometraje). Mary Shelley, Frankenstein y el mundo necesitaban esto, porque Haifa al-Mansour resalta el aspecto feminista en la historia de la escritora y su monstruo.

El reparto aquí es excelente. Elle Fanning es magnífica y en especial me encantó la actuación de Dillane como William Godwin. La película en sí dista de ser perfecta, pero es la opción ideal para conocer más de la vida y pensamiento de Mary Shelley. Es mucho más convencional que Gothic, pero al mismo tiempo da un panorama más amplio, y muy necesario.

Lo malo es que siento que esta cinta quiso ahorrarle mucho de la sordidez de la vida de Mary. En realidad ella dio a luz a cuatro hijos, de los cuales murieron tres. En la cinta los reducen a una sola bebé. El primer viaje de Mary con Shelley y su hermana Claire a Europa (en el que conocieron el Castillo Frankenstein) es obviado, lo cual me pareció una oportunidad desperdiciada. Y esta todo eso de mostrar a gente supuestamente foshando, pero sin siquiera quitarse ni la camisa, lo cual se me hace para adolescentes.

Por otro lado, no repara en "desromantizar el romanticismo", como lo había hecho Mary en sus escritos, al retratarnos a Shelley y a Byron como el par de vatos todos mecos que eran en realidad. Hay una escena enteramente ficticia que sin embargo me encantó, en la que John Polidori, creador del vampiro en la literatura anglosajona, le dice a Mary: "Ambos hemos creado monstruos. No dejemos que nos consuman". Fue mi momento favorito.

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Con eso hemos terminado nuestro recorrido para celebrar los 200 años de Frankenstein. Espero que les haya gustado y que se animen a ver o leer el material que les he recomendado. Juntándolo todo, podemos hacernos un panorama completo del impacto que ha tenido en nuestra cultura una obra que, de forma tan relevante como cuando se escribió, nos habla de la vida y de la muerte, de la ciencia y de la superstición, de la soledad y de la necesidad de afecto que todos tenemos.

¡Brindemos, pues, por un nuevo mundo de dioses y monstruos!



¿Eh? ¿Quieren más? No se pierdan, de pilón, esta galería selecta con afiches de decenas de alocadas adaptaciones de Frankenstein, un derroche de estética pulp y kitsch.

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