viernes, 28 de junio de 2019

Los insólitos Hombres-X (Parte I: Los dosmiles)





Introducción

En el verano del año 2000 apareció una de las películas de superhéroes más importantes de la historia: X-Men. Casi dos décadas más tarde, con 12 películas en su trayectoria, la saga iniciada por la 20th Century Fox llegó a su fin. ¿Qué nos ha dejado después de tantos años? Acompáñenme en este viaje por el tiempo…

Corría el año de 1992, el boom noventero de los cómics estaba iniciando con la muerte de Superman, la nueva serie animada de Batman y, por supuesto, la de los Hombres-X. A los dos primeros los conocía de toda la vida, por supuesto. Había visto la serie de Adam West, las películas de Christopheer Reeve y las caricaturas de los Superamigos. Pero este equipo de mutantes aventureros era completamente nuevo para mí. También lo era para muchas personas; era popular entre los lectores de cómics, pero prácticamente desconocido para los legos.

Empecé a ver la serie para seguir la conversación de mis amigos en el patio del recreo en la primaria. ¿Quién diría que se iba a convertir en un clásico y referencia obligatoria? A partir de ese año, los Hombres-X se convirtieron en los personajes más famosos no sólo de Marvel, sino de todo la cultura pop.

Creados por las leyendas Stan Lee y Jack Kirby en 1963, los heroicos mutantes conocieron su época más clásica con el equipo de Chris Claremont y John Byrne en las décadas de los 70 y 80. Desde un inicio, los Hombres-X han sido una alegoría de la otredad, la marginación y las opresiones de todo tipo, por raza, género, orientación sexual, discapacidad, etc.



El lugar común nos invita a tomar la relación de Charles Xavier con Erik Lensherr como un paralelo a la existente entre Martin Luther King y Malcolm X (la equis, de hecho, fue tomada de este último). Uno es el que quiere la cooperación pacífica entre mutantes y humanos; el otro piensa que la confrontación es inevitable. Es un poco forzada la comparación: Malcolm X era radical, pero no un supervillano como Magneto, y King, con todo y sus infidelidades, no fue tan gandalla como lo ha sido el Profesor X en los cómics.

Pero sí que se puede leer, sin temor a sobreinterpretar, a la nación supremacista de Genosha como un comentario sobre el apartheid en Sudáfrica; el virus Legacy como una metáfora del sida y la estigmatización de los pacientes de esta enfermedad; los Sentinels como contrapartes de las fuerzas gubernamentales represivas; personajes de la calaña de William Stryker o Bolivar Trask como representantes de los fanáticos intolerantes del mundo, etcétera.

En aquel entonces no captaba esas referencias históricas y sociales. De todos modos, aunque ahora entiendo lo enormemente privilegiado que era, en aquel entonces, como chico flacucho y enclenque, ligeramente afeminado, socialmente torpe y con gustos que me hacían “raro” a los ojos de los demás, me era fácil identificarme con esa panda de superhéroes inadaptados.

Meh, pero seamos sinceros: más allá del contenido social, las historias de los Hombres-X en los cómics y la televisión trataban de aventuras alocadas y coloridas, viajes en el tiempo, guerras intergalácticas, crisis de identidad, buenos que se vuelven malos y viceversa, clones, robots gigantes y todo eso. En la tradición marveliana, X-Men siempre fue encantadoramente hiperbólica y grandilocuente.



La serie animada fue revolucionaria. En su aspecto, el diseño de los personajes y escenarios, los colores y las sombras, era lo más parecido a un cómic que había en las pantallas. La animación era estupenda y el tema musical se ha convertido en la melodía definitiva para los Hombres-X; es más, una de las cosas que me frustran sin remedio es que en 19 años nunca hayan usado ese tema en alguna de las películas.

La serie terminó en 1997. Entonces, la idea de un largometraje ya se estaba discutiendo entre los fans del cómic y del cine. Cuando supe que sería una realidad, me emocioné muchísimo. Durante meses estuve siguiendo las noticias, esperando a ver los tráilers en el cine o en una página ahora desaparecida en la que tenías que descargarlos para poderlos ver (no existía YouTube). Me metía cada semana al sitio oficial de la película, leía todas las entrevistas con los actores y creadores, y hasta denuncié a mi hermanito en el Acta de Registro Mutante del Senador Kelly.

En verano llegó la película. La amé entonces y hasta la fecha ocupa un lugar especial en mi corazón (yo todavía no cumplía los 16). Seguí la saga desde entonces, y las vi casi todas en el cine. Han pasado cerca de veinte años desde entonces. Este junio me dediqué a revisitar todas las películas de los Hombres-X (dejaré las de Deadpool para otra ocasión), para ver qué reseñas y análisis mamalones podíamos hacer a partir de ellas. En su momento reseñé todas ellas, pero los tiempos cambian y los puntos de vista se transforman; además, verlas todas juntas permite apreciar detalles que en un principio no había visto. Vamos a ello:

X-Men (2000)
Dir: Bryan Singer



Pongámonos en contexto. El cine de superhéroes era muy raro en aquel entonces. Entre los años que transcurrieron de 1978 a 1992, los únicos ejemplos rescatables habían sido las películas de Superman dirigidas por Richard Donner (78 y 80), y las de Batman dirigidas por Tim Burton (89 y 92). Ésas eran la barra alta de las películas comiqueras. Los 90 estuvieron dominados por la saga de Batman, continuada por Joel Schumacher con resultados de pena ajena. Hubo otras cosas, que hoy sólo quedan como curiosidades para ver y disfrutar de la comedia involuntaria. Blade (1998) fue bien recibida en su momento y tiene status de clásico, pero realmente nadie la tomó como cinta de superhéroes, y pocos sabían que se basaba en un cómic.

Cuando se adaptaban historietas al cine, se esperaban muchos cambios con respecto al material de origen. El público en general rara vez conocía los cómics y las opiniones de los fans de hueso colorado importaba muy poco, pues no existía la retroalimentación inmediata que se da a través de las redes sociales desde que sale el primer tráiler. Ni los presupuestos, ni la tecnología de efectos especiales estaban para crear las secuencias de batallas épicas que emularan a la de los cómics. A nadie se le había ocurrido adaptar directamente una línea argumental que hubiera aparecido en las viñetas.

Al iniciar el nuevo siglo, nadie apostaba por las películas basadas en cómic. Definitivamente, nadie esperaba que su película iniciara una franquicia de largo aliento, mucho menos un “universo compartido” al estilo de Marvel. A lo mucho se dejaba la puerta abierta a una secuela, en caso de que la primera tuviera éxito y, si había suerte, se podía aspirar a tener una trilogía completa y autoconclusiva. Había que adaptarse a este escenario.



El director Bryan Singer tenía una tarea muy difícil por delante. No sólo debía hacer una película taquillera que justificara el presupuesto necesariamente elevado (aunque muy modesto para los estándares actuales), sino que tenía que hacer que el cine de superhéroes pudiera volver a ser tomado en serio después de tanto bodrio que había marcado la década anterior.

El resultado es una película que se diferenciaba radicalmente de todo lo que había existido hasta entonces. Vista en retrospectiva, aparece como algo muy modesto y sobrio. A diferente del colorido y extravagante cómic, esta cinta trata de ser lo más realista posible y, más que tratar de las batallas épicas entre héroes y villanos, se centra en las reacciones de la sociedad ante la existencia de un grupo de personas que son diferentes.

Para apreciar la película, los fans del cómic y la serie animada tendríamos que hacer algunas concesiones y aceptar ciertos cambios necesarios para adecuar el concepto a las necesidades del medio cinematográfico. No podía ser demasiado fiel al material de origen sin parecer ridícula; el color y la extravagancia tendrían que sacrificarse para que la cinta pudiera ser tomada en serio. Los personajes protagónicos tendrían que ser unos pocos (Charles, Erik y Logan), y los demás, aunque con historias ricas y personalidades complejas en los cómics, aquí sólo podrían ser secundarios o terciarios, con poco o nulo desarrollo.



Hay muchísimas cosas que esta película hizo bien. Puso en primer plano el tema de la diversidad y la intolerancia. Hizo del conflicto humano entre los personajes, con sus demonios internos, sus visiones divergentes del mundo y sus relaciones con la sociedad, el eje dramático de la cinta, en vez de las aventuras operáticas y las batallas épicas. ¡Y qué decir de la secuencia inicial! Directo en el campo de concentración, en el que Magneto manifiesta sus poderes por primera vez, como un recordatorio de los horrores de los que es capaz la humanidad.

El reparto se ha vuelto emblemático; es difícil imaginar a otros actores en sus respectivos roles: Patrick Stewart como Charles Xavier ‘Profesor X’, Sir Ian McKellen como Erik Lehnsherr ‘Magneto’, y el inigualable Hugh Jackman como Logan ‘Wolverine’. La saga completa gira alrededor de estos tres personajes y sus distintas formas de ver la vida.

La relación de amistad/rivalidad entre Charles y Erik son de lo mejor logrado en todas las películas. Uno es el moderado, alguien que cree que la coexistencia pacífica entre razas puede lograrse a través de la cooperación y el diálogo. El otro es un radical; habiendo sufrido uno de las expresiones más monstruosas de la intolerancia humana, piensa que la supervivencia de su pueblo depende de la derrota total de los otros. Logan se encuentra en el medio, el mundo humano no ha sido gentil con él, sino todo lo contrario; sin embargo, a pesar de toda su ira contenida y de su pasado violento, en el fondo es un buen hombre, lleno de compasión por los más débiles.



El odio de Magneto es comprensible: su familia fue masacrada en los campos de exterminio nazis. En uno de los mejores diálogos que ha habido en una cinta de superhéroes, Magneto le dice a Rogue señalando a la Estatua de la Libertad:

M: ¿Acaso no es magnífica?
R: La he visto antes.
M: Yo la vi por primera vez en 1949. América iba a ser la tierra de la tolerancia. De la paz.
R: ¿Va a matarme?
M: Sí.
R: ¿Por qué?
M: Porque no existe la tierra de la tolerancia. No hay paz ni aquí ni en ningún lugar. Familias enteras son destruidas sólo porque nacieron diferentes a aquéllos que ostentan el poder.

Él sólo quiere lo mejor para su pueblo, ¿no es así? Pues no tanto, como el mismo Logan hace ver, Erik está lleno de hipocresía. Dice luchar por el bien de la comunidad, pero gobierna sobre sus allegados con tiranía y está dispuesto a sacrificar a otros por la causa en la que él cree. “Si fueras tan noble, tú estarías en esa máquina” le espeta Wolverine. Eso es lo que hace de Magneto un villano.

Los actores de reparto también hicieron un gran trabajo; ¡todos ellos! El Instituto Xavier para Jóvenes Dotados se convirtió en una escuela de verdad, un espacio seguro para mutantes jóvenes (muchos de ellos rechazados por sus familias); se volvió un lugar lleno de chicuelos, en donde se imparten clases de todas las asignaturas. En el cómic los únicos en la Mansión X habían sido los miembros en activo del equipo, y lo único que hacían era entrenar todo el santo día en el Cuarto del Peligro.




X-Men, con su éxito en críticas y taquilla, demostró que las películas de superhéroes podían ser buenas otra vez. Hoy en día ya nos hemos acostumbrado a los espectáculos pirotécnicos de Marvel y sus desafortunados imitadores, pero si hemos llegado hasta este punto es porque hubo una evolución muy paulatina. Las carteleras y taquillas de cada año están dominadas por las aventuras de los encapotados, pero no siempre fue así. Sin X-Men jamás habría existido esta oferta palomera que nos hace tan felices a los ñoños del mundo.

X2: X-Men United (2003)
Dir: Bryan Singer



Ay, pero qué título tan pinche feo y complicado le pusieron a esta película. No extraña que se le conozca mejor como X-Men 2 y ya. En fin… La sabiduría popular calificó a esta película como una obra maestra que superó a la primera. Y sí, es muy, muy buena. Pero ahora que las vi una tras la otra en el contexto más amplio de la saga completa, me inclino más por declarar como superior a la primera, por poquito, y sólo porque está mejor redondeada, mientras que la segunda tiene más inconsistencias e irregularidades.

Si en algo triunfa X2 es que tiene más acción y un mayor desarrollo de los personajes conocidos. Es decir, la ventaja que usualmente suelen tener las segundas partes, porque el capítulo inicial tiene que ocupar mucho tiempo en introducciones. Los nuevos personajes son un brillante William Stryker, interpretado por Brian Cox, y un adorable Nightcrawler, interpretado por Alan Cumming.

Algunos de los mejores momentos incluyen a Wolverine yéndose con todo contra un grupo de militares; la secuencia inicial con Nightcrawler y el Dies Irae de Mozart es exquisita; Rogue desarrolla su relación con Bobby, mientras su amigo Pyro se va definitivamente al lado oscuro. Da un gusto enorme el cambio de dinámica que obliga a Magneto y los Hombres-X a trabajar juntos.



Sobre todo, la cinta hace más explícita la equivalencia entre ser mutante y ser miembro de una minoría perseguida. Aquí el villano no es ya otro mutante, pero malo, sino el fanatismo intolerante en la figura de William Stryker, un militar del ejército estadounidense con una agenda claramente genocida. En la cinta anterior el senador Robert Kelly (interpretado por Bruce Davison) es un conservador timorato que esconde sus prejuicios bajo la apariencia de preocupaciones legítimas sobre la seguridad del país, pero que no entiende del todo el daño que hace con la intolerancia que propaga. Ahora, Stryker es el siguiente nivel: un reaccionario violento dispuesto a mancharse las manos de sangre para llevar a cabo sus planes.

Hay algunos diálogos muy buenos. Incluso se formula la frase “el problema mutante”, con ecos de la terminología nazi “el problema judío”. Y cómo olvidar el momento tan ingenioso en el que la madre de Bobby Drake ‘Iceman’ le dice “¿Has intentado… no ser mutante?”, en un claro y jocoso paralelismo al “¿has intentado no ser gay?”, que es una pregunta igual de absurda.



Mi conversación favorita se da entre Nightcrawler y Mystique, ambos de una conspicua apariencia anómala y azul.

N: Dicen que puedes imitar a cualquiera. Incluso la voz.
M: “Incluso la voz”
N: ¿Entonces por qué no te quedas transformada todo el tiempo? Tú sabes… para ser como todos los demás.
M: Porque no deberíamos tener que hacerlo.

Este diálogo trata de uno de los puntos más importantes: los diferentes no tendrían por qué esconderse ni fingir para ser aceptados, no tendrían por qué ocultar su aspecto, su origen, su naturaleza o su personalidad para no incomodar a los “normales”.




Lo malo: una vez más neutralizan al Profesor X desde temprano; a Cyclops no le dan chance de hacer nada y lo pendejean bien gacho (está bien que el personaje sea medio soso, pero déjenle algo de dignidad, ni en los cómics es un completo inútil); Lady Deathstrike casi ni cuenta como personaje, sino que es una herramienta para el antagonista; por añadidura, inicia líneas argumentales que nunca se resuelven. La peli sigue sosteniéndose muy bien con el paso del tiempo. Pero claro, comparado con lo que estaba por suceder, sí es una obra maestra.

Como pilón, esta película me dio una de las frases más sabias de la vida, de boca del buen Magneto: "Nunca confíes en una mujer hermosa, especialmente si está interesada en ti."

X-Men: The Last Stand (2006)
Dir: Brett Ratner



Después del éxito de las dos primeras, el director Bryan Singer aceptó la oferta de dirigir Superman Returns para Warner y abandonó Fox, llevándose consigo a sus guionistas y hasta a James Marsden, quien interpretaba a Scott Summers ‘Cyclops’. Fue un grave error para su carrera, porque con eso acabó arruinando ambas franquicias.

A pesar de que es una mala película, The Last Stand tiene algunos elementos rescatables. Creo que con un nuevo corte de edición podría quedar mejor, sacando la mayoría de las escenas con Ángel, por ejemplo, o poniendo el final alternativo para Rogue, en el que ella no renuncia a sus poderes.


Sus pecados son, por supuesto: le tiene nulo respeto a personajes como Scott, Mystique o Rogue; a Jean Grey (interpretada por una Famke Janssen que siempre dio la talla) la convierte en casi un artilugio de la trama, en vez de un personaje con agencia; la línea argumental de Ángel es un estorbo; forzaron con torpeza la trama de la cura mutante con la de Phoenix en una sola cinta; los one-liners son terribles; y sobre todas las cosas, el que sean los mutantes bonitos y bien portados los buenos, mientras que los tatuados y perforados, los racializados y andróginos, son los malos que se unen a Magneto, socava el sentido de una obra narrativa cuto punto central es la necesidad de aceptar a los que son diferentes.

Pero, por otro lado, esta película tiene secuencias de acción mucho más impresionantes que las dos anteriores. De hecho, en ese sentido tenía un aspecto mucho más comiquero que cualquier otra peli de superhéroes hasta ese momento, con una batalla final que sólo sería superada por la de The Avengers hasta 2012.



Tampoco es completamente boba y vacía, pues plantea el tema de una “cura” para los mutantes, haciendo una obvia referencia a las “terapias de conversión” para la homosexualidad en nuestros días. Hay dilemas morales relevantes: personas como Storm o Wolverine no necesitan la “cura” porque pueden “pasar” como personas normales. Para Beast o Rogue no es tan fácil decir que no. Hasta entre los marginados hay grados de aceptabilidad a los ojos de la gente “normal”.

El señor Worthington, creador de la “cura” y padre de Ángel, no se ve a sí mismo como un intolerante prejuicioso, sino como alguien que quiere “ayudar” a la comunidad mutante a encontrar una solución a su “problema”. Existe mucha gente así en la vida real: no son realmente malas personas, sólo tienen prejuicios nocivos.

Hablando de Hank McCoy, la elección de Kelsey Grammer para el papel fue una brillantez. Storm tiene mayor protagonismo y oportunidad de brillar como una verdadera líder para los X-Men. Colossus, Iceman y Kitty entran en acción. ¡Vemos el Cuarto del Peligro! Además, el momento climático, en el que Logan tiene que matar a Jean es auténticamente conmovedor, así como el final agridulce de la película.



Definitivamente era un capítulo final indigno de la calidad previa de esta serie, y si las cosas hubieran terminado aquí, habría sido una verdadera tragedia. Afortunadamente no fue así…

X-Men Origins: Wolverine (2009)
Dir: Gavin Hood



Esta película es un churro palomero. Debía haber sido una mezcla entre los cómics Origin y Weapon X, pero en vez de eso quedó como una caricatura noventera tratando de ser cool y fracasando en el intento. Esas novelas gráficas son bastante trágicas y violentas, mientras que los productores de Fox querían un producto de acción y aventura que pudiera vender a la chaviza. Terminaron haciendo algo más bobalicón e infantil que las de X-Men. La sola idea de que una cinta de superhéroes pudiera ser primordialmente para un público adulto parecía absurda en aquellos años; estábamos muy lejos de Deadpool y Logan, y The Dark Knitgh no había tenido tiempo todavía de hacer escuela.

Ni hablar de lo que hicieron con Deadpool y cómo desperdiciaron a Gambit. No sé por qué no quisieron castear a Brian Cox para repetir el rol de Stryker; poniéndolo en forma y con algo de maquillaje lo habrían podido hacer lucir más joven, y el señor es mucho mejor actor que Danny Houston (a quien no se parece nada).



Les diré algo: The Last Stand y Origins: Wolverine son malas, pero por lo menos están divertidas y volvería a ver cualquiera de ellas antes que chutarme una vez más Apocalypse o Dark Phoenix, que son anodinas y no llevan a ningún lado. Origins está llena de clichés y efectos especiales malos (las garras parecen sacadas de Roger Rabbit), pero es tan chistosa que resulta un entretenimiento genuino, aunque sea nomás para reírse de lo ridícula que se pone. Además, tiene una secuencia inicial bien chingona.

Honestamente, me encanta Liev Schreiber como Victor; él y el Logan de Hugh Jackman tienen tal química que es un puro agasajo nomás verlos juntos. Fue muy inteligente que decidieran hacerlo un personaje diferente al Sabertooth de la primera película (nunca dicen que éste sea Victor Creed, ni llaman Sabertooth al personaje de Schreiber). Es que, a diferencia de las cintas de la nueva generación, ésta hace un esfuerzo por no contradecir la continuidad establecida por las otras pelis.


No que importe, porque con estas dos últimas la saga parecía haber muerto y quedado enterrada para siempre. El año anterior The Dark Knight había marcado un nuevo estándar de lo que se podía esperar del cine de superhéroes, además de que el Universo Cinemático de Marvel había arrancado con Iron Man. Una nueva etapa había iniciado para el género, y los días gloriosos de X-Men como franquicia habían quedado muy atrás. Sería necesaria sangre nueva para imprimir algo de frescura…


3 comentarios:

Volaverunt91 dijo...

Carajo, sí que se fue largo tu análisis.

¡Genial! Una forma muy buena de sacarle jugo a la decepción de Dark Phoenix con un análisis de toda la saga. Me gustó mucho el detalle que mencionas con respecto a la postura en X-Men 3 sobre la cura; el mensaje se va mucho al traste cuando comparas los poderes de Storm con los de Rogue, pero quizás era el punto de la película. Con Angel estamos de acuerdo: es un relleno estorboso en las terceras partes de la saga. Un chupacámara total, como decimos en Colombia.

Detalles de edición: se te torció la g en Worthington; y Blade es del 98, no del 99. Mas allá de eso, espero con ansias la segunda parte. Saludos.

Volaverunt91 dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Maik Civeira dijo...

¡Gracoas por las correcciones! Ya lo arreglé.

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