miércoles, 9 de octubre de 2019

No soy youtuber. O de por qué los gays no son "los verdaderos intolerantes".



Hola, mis estimados camaradas de los internetz. Si me siguen en alguna otra de mis redes quizá se han enterado ya que he hecho mi debut como video-bloguero, con mi canal Friki de Izquierda, y una pieza titulada "Los gays son los verdaderos intolerantes" y otras tonterías que dicen los homofóbicos. Es el primero, pero les aseguro que no será el último.

Hace ya muchos años que varias personas me han sugerido que haga un canal de YouTube. Honestamente, no lo había hecho por cuestiones de tiempo. Escribir una entrada para este blog puede tomarme una semana, sobre todo porque la voy armando en los tiempecitos que tengo libres, entre clases, en los recreos o tarde por la noche. Hacer un video puede tomarme mucho más. La experiencia fue agotadora, lo cual ustedes no se imaginarían al ver un video tan primitivamente producido.


No quiero dejar de escribir, no quiero dejar de contribuir a la conversación en lengua escrita, ni que dejen de aparecer entradas nuevas cada semana en este blog. Además, tengo la tentación de hacer un libro de ensayos. Pero entiendo que ya nadie lee, como dicen por ahí, y que se pueden hacer llegar las ideas a un público mucho más amplio si están en un formato audiovisual.

Así que aquí está: mi primer video sobre un tema en específico: esos argumentos tontos que usan los homofóbicos para sostener sus opiniones odiosas. Suscríbanse al canal, denle laik, comenten, rolénselo a su tío homofóbico y hagan lo que consideren necesario, plis. Si ustedes son como yo, y prefieren leer una transcripción que ver un video, les dejo el texto que escribí para grabarlo. Oh, y a más tardar la próxima semana estaré estrenando uno nuevo, sobre Joker.




He notado, en las discusiones en redes sociales, alrededor de temas relacionados con los derechos de la comunidad LGBTQ+, una… llamémosle “movida”, muy usual, entre las personas que se oponen a esos mismos derechos. Yo la llamo “retroceder a las abstracciones”. Consiste en utilizar términos genéricos y abstractos, en vez de poner sobre la mesa contenidos concretos.

Por ejemplo, quienes se oponen a ciertos derechos de las personas LGBTQ+, tales como el matrimonio o la adopción, o de plano no quieren reconocer como válida ninguna otra orientación o identidad más que la heterosexualidad, tienden a decir cosas como “sólo tengo una opinión diferente”, “quieren imponernos su forma de pensar” o “piden tolerancia, pero ellos no son tolerantes con nosotros”.




Dicho así, hace ver al otro lado (en este caso, las personas LGBTQ+) como los “verdaderos intolerantes”. Como los que no quieren aceptar ninguna otra forma de pensar que no sea la suya.

El chiste, la maña, el truco, está en no abordar en qué consiste esa “opinión diferente”, cuál es esa forma de pensar “que les quieren imponer”. Y he ahí el meollo del asunto. Porque si alguien intentara imponerte una creencia religiosa, por ejemplo, o te atacara por opinar que un partido político es preferible a otro, estaríamos lidiando con un verdadero intolerante.

Pero quitemos la nube de la abstracción y vayamos directo a ver de qué se tratan, en concreto, estas diferentes posturas. Por un lado, un grupo diciendo: “Hey, deberíamos tener derecho pleno a ser como somos, ser respetados como tales, y acceder a todo aquello que nos permitiría tener una vida plena y feliz” y del otro lado lo que están diciendo es “no, no deberían tener esos derechos, porque lo que son ustedes está mal y no debería existir, así que jódanse”. Y la forma de pensar que les quieren imponer es “respétame, soy un ser humano con derechos, no me los niegues, reconoce que no hay de nada de malo en lo que soy.”

Entonces podemos ver lo que estas personas antiderechos pretenden hacer: plantear la homosexualidad y la homofobia como dos posturas igualmente aceptables, como si la cosa fuera entre preferir peras y manzanas. Pero ESO NO TIENE SENTIDO, porque la homofobia DE POR SÍ implica que la homosexualidad no es aceptable. Es como decir que “ser negro” y “ser racista” son simplemente dos opiniones distintas. Y como si los racistas se quejaran de “nos quieren imponer la idea de que el racismo está mal”.




Las opiniones homofóbicas dañan a grupos enteros de personas, porque trascienden más allá de la conversación casual o del punto de vista personal, y toman forma en leyes, reglamentaciones, y a menudo en acciones violentas, que afectan la vida, la libertad y la seguridad de las personas LGBTQ+. Entonces, naturalmente, estos grupos y sus aliados, atacamos esas posturas, con críticas, refutaciones, debates y sí, a veces con insultos y descalificaciones, porque, carajo, también se nos acaba la paciencia. Y, señoras y señores, eso es parte también de la libertad de expresión.

Una vez que quitamos las etiquetas abstractas y revelamos el contenido concreto que hay bajo ellas, veremos que “opinión diferente” es homofobia, es decir, una forma verdadera de intolerancia y discriminación. Porque SÍ, pensar que las personas LGBTQ+ no deberían tener ciertos derechos es homofobia. Vemos que “respeta mi postura” es “acepta que te discrimine y apoye tu opresión”. Vemos que la “persecución e intolerancia” que denuncian los homofóbicos son reacciones defensivas contra la intolerancia verdadera que ellos predican y practican. Y vemos que las “ideas que nos quieren imponer” son simplemente la exigencia de que dejen de ser intolerantes.

Y, por cierto, cuando dicen “heterofobia”, a lo que se refieren es al rechazo contundente a la homofobia. Pero le ponen un nombre siniestro para que suene como si estuvieran persiguiendo a los heterosexuales por serlo, cosa que nunca ha ocurrido para ninguna civilización en la historia.

Y cuando dicen “ideología de género”, en realidad quieren decir “aceptar a las personas LGBTQ+”. Pero le ponen un nombre siniestro para que suene a conspiración global de malévolos fines… Y saben a dónde lleva eso.




Por eso es un sinsentido que el homofóbico le pida a una persona no heterosexual que respete su homofobia. Es absurdo porque si eres homofóbico, no estás respetando a las personas LGBT. No puedes decirle a alguien “tú tienes que respetar mi opinión de que eres una jodida abominación”.

Pero al tapar los contenidos de esas posturas y presentarlas como un “desacuerdo”, los homofóbicos pueden entonces plantear las críticas en su contra como “opresión”, “intolerancia”, victimizarse, hacerse a los perseguidos. Es decir, lo que pretenden estos conservadores es, como decimos en México, “voltearnos la tortilla”.

No sé si llamarla una “estrategia”, porque realmente no creo que la mayoría de estas personas tenga la inteligencia suficiente para hacerlo de forma consciente y deliberada; creo que muchos de ellos honestamente piensan que están haciendo argumentos válidos. Creo que de fondo se quedan en estas abstracciones porque no quieren enfrentar, ante los demás, y quizá ni siquiera ante ellos mismos, que lo que les pasa es que tienen un montón de prejuicios arcaicos, irracionales y sin sustento, contra seres humanos que no les han hecho ningún daño. Es más difícil argumentar desde allí que simplemente invocar un “derecho a pensar diferente”, lo cual están haciendo, obviamente, nadie se puede meter a su cabeza y cambiar sus ideas. Sólo queremos que esas ideas no lleven a la opresión y discriminación de los demás.


FIN

1 comentario:

Verreaux dijo...

Esto me recordo a un video de renegade cut, no se si lo conoscas, tiene analisis muy interesantes, sobre como los cristianos evangelicos usan el complejo de martir en sus peliculas para dar la impresion de que toda la nacion esta en su contra.

https://www.youtube.com/watch?v=-5uu6bUzI2c

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