¿Gente buena contra gente mala? Por qué nos cuesta entender que el problema es sistémico - Ego Sum Qui Sum

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MAIK CIVEIRA & LA ALIANZA FRIKI ANTIFASCISTA

sábado, 23 de mayo de 2020

¿Gente buena contra gente mala? Por qué nos cuesta entender que el problema es sistémico


Prólogo innecesario


Saludos, terrícolas. El siguiente texto originalmente iba a ser el guion de un nuevo video para mi canal de YouTube (quizá todavía llegue a serlo), pero en cuarentena, y con mis miles de hijos en casa todo el día, se me ha hecho imposible invertir el tiempo que se necesita para grabar y editar. Más aún, el proyecto estaba pensado para marzo, cuando el movimiento feminista estaba dando mucho de qué hablar en México, sobre todo con el tema de los feminicidios y la paupérrima respuesta del López Obrador al respecto. Pero desde entonces se me cruzaron los exámenes, el cierre de periodo, y por supuesto, el inicio de una pandemia global.


Desgraciadamente, aún en medio de dicha crisis, la violencia machista no sólo no cesa, sino que se agrava, y la respuesta de López Obrador sigue siendo igual de insensible y miope. De todas formas, escribí este texto de manera que no dependiera de una coyuntura puntual, sino que se pudiera aplicar a cualquier caso en el que se discuta si el problema de la violencia, de cualquier tipo, es que hay gente mala en el mundo. Pues aquí está:



Gente buena. Gente mala.


Imagínense que estamos en el sur de los Estados Unidos, en la primera mitad del siglo XIX, cuando la esclavitud aún existía. Imaginen a dos terratenientes propietarios de esclavos. Uno es el señor Jones, quien es muy cruel con sus esclavos; los manda a azotar por cualquier falta, les da raciones de comida miserables, los hace dormir en barracas inmundas y hacinadas, ha hecho colgar a más de uno, y se sabe que a ha abusado sexualmente de las mujeres.


Por otro lado, está el señor Smith, quien nunca golpea a sus esclavos, los tiene bien alimentados y alojados en cabañas limpias; en ocasiones ha liberado a algunos de sus esclavos tras años de leal servicio, y los ha acomodado como trabajadores libres en el negocio de algún conocido.


¿El problema es que hay gente mucha mala como el señor Jones, cuando debería haber más gente buena como el señor Smith? No. Porque, miren, si un día Smith decidiera volverse tan abusivo y violento como Jones, ¿quién se lo impediría? ¿Quién protegería a sus esclavos si, bajo la ley imperante, son su propiedad privada y puede hacer con ellos lo que quiera? El problema no son los esclavistas como personas individuales: el problema es la esclavitud como institución, como parte integral de un sistema, del statu quo.



Sé que esto de recurrir a la esclavitud como analogía es algo trillado, pero es un ejemplo claro de algo que ahora se reconoce como malo, pero en otros tiempos era considerado normal o incluso positivo; como la monarquía absoluta o la prohibición del voto femenino. Ojo, que no hay que prolongar la analogía demasiado, pero el punto es éste:


Digamos que sí, que hay gente buena y gente mala. Estamos de acuerdo en que, cualquiera que sea el origen de su carácter, hay personas que tienden a ser más agresivas y gandallas que las demás; y que hay personas más generosas y compasivas que, no cometerían un abuso o una deshonestidad, aún si pudieran hacerlo y salirse con la suya. Claro que todo esto es mucho más complejo que un binario de bien y mal; hay gente que puede ser magnánima en unos aspectos de su vida, y actuar de forma reprobable en otros. Hay gente que puede cometer ciertas canalladas, pero que pinta su raya ante crímenes más grandes. El ser humano es complejo, gente.


Sea como fuere, el problema, sin embargo, no es solamente que la gente horrible exista, sino que el sistema en el que vivimos le permita ser horrible y salir impune. Como el señor Jones, que podía ser un tirano sin recibir castigo, porque vivía en un sistema que así lo permitía.


Por “el sistema”, no me refiero solamente a las leyes escritas, sino también a las costumbres, las creencias y valores generalizados, las jerarquías aceptadas, las instituciones establecidas… En fin, todo lo que influye en la forma de pensar y actuar de una sociedad. Y no, todo este orden no está diseñado por ninguna cábala secreta de reptilianos, sino que es el resultado de diversos factores históricos y de cómo ha ido evolucionando una sociedad a lo largo del tiempo. Pero ciertamente hay quienes se benefician de este orden, y que encaminarán sus esfuerzos a mantenerlo.



Así, el problema en nuestro país no es sólo si algunos políticos son corruptos, sino que tenemos un sistema que permite a los corruptos salir avante con mucho éxito. El problema no es si algunos empresarios son culeros y ofrecen pagas de mierda y cero prestaciones; el problema es que estamos tan precarizados que no tenemos de otra que aceptar un empleo con esas condiciones. El problema no es que algunos profesores universitarios sean abusivos y negligentes, sino que los estudiantes no tienen muchos recursos para defenderse cuando lo son. El problema no es que algunas industrias sean devastadoras con el medio ambiente, sino que son tan poderosas, que no tenemos cómo detenerlas.


Entonces, lo que necesitamos es modificar el sistema, de forma que ningún individuo o grupo quede bajo el arbitrio discrecional y absoluto de otro, que no dependa de la buena o mala voluntad de alguien más, sino que cuente con maneras de protegerse: ciudadanos ante gobiernos, niños ante adultos, usuarios ante corporaciones, trabajadores ante empleadores, estudiantes ante profesores, etc.


No, ninguna de estas situaciones es equivalente a la esclavitud, pero sí son ejemplo de relaciones de poder dispares que se prestan a toda clase de abusos y violencias, a menos que se tomen medidas para evitarlo.


Ah, pero es aquí donde se complica la cosa, porque resulta que las relaciones de poder no sólo se dan en estos ejemplos, en los que un individuo tiene directamente el poder sobre otros, sino que también hay que tener en cuenta formas de opresión, que otorgan a algunas personas ventajas relativas, incluso cierto poder, sobre otras. El statu quo en el que vivimos, crea grupos relativamente privilegiados y grupos relativamente oprimidos. Hombres frente a mujeres; blancos frente a personas racializadas; cisheteros sobre personas con orientaciones e identidades sexuales diversas…


¡Ojo! Aquí no hablamos de casos en los que cada individuo de un grupo tenga poder directo sobre cada individuo del otro, sino de desigualdades que involucran a clases enteras de personas. Es decir, en una sociedad sexista, los hombres, como clase, disfrutan de ciertos privilegios y ventajas relativas sobre las mujeres, como clase, pero eso no significa que cada hombre oprima personalmente a cada mujer. Estamos hablando de generalidades; para analizar casos concretos, intervienen muchos factores. ¡Interseccionalidad, nenes!



Muchas veces creemos que las diversas formas de opresión o discriminación, como el racismo, el clasismo, la misoginia o la homofobia, son solamente defectos morales de cada quien. Es decir, que el problema es que “hay gente que es racista”. Pero la realidad es mucho más compleja, porque estas opresiones van más allá de las actitudes individuales, y se manifiestan en costumbres, creencias, prejuicios y demás, que mucha gente comparte en diferente grado, y que afectan las vidas de las personas oprimidas, limitando su acceso a servicios básicos, justicia y una vida digna, y exponiéndoles a abusos y violencias de los que difícilmente pueden defenderse.


A veces escucho “bueno, es que no es que los ricos (o los blancos, o los vatos, etc.) sean todos malvados, y los pobres (o las minorías, las morras, etc.) sean todos buenos”. Y eso es cierto, pero traerlo a colación es no captar el punto. El que muchas personas que están en una posición de poder sean muy buenas gentes, no elimina que el problema sea sistémico.


Digamos que el señor Smith es alguien que se levanta a trabajar desde temprano, para supervisar él mismo el trabajo en las plantaciones; digamos que invierte casi todo lo que gana en mejorar sus tierras, comprar equipo nuevo y más mano de obra; digamos que es un astuto negociador que ha logrado hace tratos con industrias textiles europeas para ser su proveedor de algodón; digamos que fue así como pasó de tener una modesta finca, heredada de su padre, a tres grandes plantaciones y vastos caudales.


¿Es el señor Smith un hombre honesto, inteligente y trabajador que se ha esforzado mucho para conseguir lo que tiene? Quizá. Pero que el señor Smith sea un individuo decente, o incluso que la mayoría de las esclavistas fueran como él, no quita que la esclavitud sea una institución atroz; el sistema que le ha permitido enriquecerse sigue siendo inmoral y criminal.


Algunos millonarios han decidido donar grandes cantidades de dinero para ayudar con la crisis pandémica que estamos viviendo, pero eso no quita que la desigualdad económica sea un problema inherente a nuestro sistema sociopolítico. En un sistema más justo, el señor Smith simplemente no podría poseer esclavos. En un sistema más justo, estos millonarios estarían obligados a pagar impuestos, que después se invertirían en crear sistemas de salud, educación y seguridad social, que harían innecesarios los exiguos donativos que apenas hacen mella en sus inmensas fortunas.



¡Ojo! La cosa se complica todavía más, porque no sólo es que el sistema permita que la gente culera sea culera sin consecuencias. Es que el sistema mismo crea a la gente culera. O, mejor dicho, fomenta que la gente adopte formas de pensar y actuar que provocan o posibilitan a hacer daño a otros. Es un círculo vicioso que es necesario romper.


Por ejemplo, en nuestra cultura, se educa a los hombres para exaltar la agresividad (vaya, hasta la tristeza y la alegría las expresamos de forma agresiva) como parte de la hombría. No a todos se les va a “ir la mano” y terminarán matando a una mujer, pero el ambiente social posibilita que esto suceda con aterradora frecuencia.


Piensen un momento en los casos de historias de violencia que acaban en feminicidio, en aquellos jueces y policías que ignoran o minimizan las denuncias; en los parientes y conocidos que no intervienen porque “eso es un asunto privado”. Si las cosas fueran de otra manera, aunque el feminicida fuera un psicópata más allá de toda redención, el crimen podría haberse evitado.


Muchos hombres nunca violarían a una mujer, pero sí pensarán, porque están educados para ello, que es responsabilidad de la mujer el “cuidarse”, o que muchas mujeres mienten sobre el abuso sexual para obtener beneficios, o que vale más salvar el prestigio y futuro de un joven que violó, que proteger y resarcir a la víctima.


Peor aún, muchos vatos jamás concebirían el asaltar a una mujer en un callejón obscuro, pero nunca han pensado que cosas que a ellos les parecen inocuas, en realidad son formas de abuso sexual. Por ejemplo: aprovecharse de una chica borracha o drogada; manosear a una mientras duerme o está inconsciente; chantajear emocionalmente a la pareja para tener sexo cuando ella no quiere; o no detenerse cuando la mujer que ha accedido a follar con ellos dice “basta”.



Resulta que nos gusta pensar en términos esencialistas; que cada quien actúa según lo que es, según la esencia que los define por dentro. Los mentirosos mienten, los ladrones roban, los asesinos matan, los malvados hacen cosas malas. Las acciones son una expresión de una esencia profunda y quizá inamovible. Así que, si una persona no es nada de eso, entonces no hará nada de aquello.


Estas nociones erróneas nos libran de cualquier responsabilidad ética respecto a los sistemas de opresión de la sociedad en la que vivimos. Si quienes hacen el mal son simplemente “la gente mala”, ¿qué más puedo hacer yo al respecto? Ellos son los malos, no yo. En cambio, si aceptamos que el problema es sistémico, entonces se vuelve nuestra responsabilidad ética hacer lo posible para desmantelar ese sistema, empezando por analizar lo que hemos estado haciendo mal.


Nadie quiere pensar “yo tengo una actitud racista”, porque los que tienen esas actitudes son los racistas, y los racistas son malvados, y nadie quiere pensar en sí mismo como una persona malvada. Así, el pensamiento esencialista nos ciega a la posibilidad de ver actitudes negativas en nosotros mismos. Por otro lado, ese mismo esencialismo niega, a quien haya hecho algo malo, la posibilidad de cambiar y reformarse; después de todo, se piensa, si lo hizo es porque es malvado.


Entender que la violencia, la injusticia y la opresión tienen una dimensión social y no sólo responsabilidad individual, que no se tratan de absolutos, sino de espectros y contextos, nos ayuda a ser personas a la vez más críticas y más empáticas.



Por ejemplo, el cliché de “todos somos sexistas (o racistas, etc.)”, quiere decir que fuimos criados en un sistema en el que prima el sexismo. No significa que todos seamos igual de violentos; existen gradaciones, y unas cosas son peores que otras; hay personas más abiertas a cambiar sus maneras, y errores más fáciles de rectificar.


Aunque no todas las actitudes negativas terminarán en las peores formas de violencia, su permanencia las facilita, y he ahí el problema. El estado de cosas actual favorece que se desarrollen ciertas conductas y que se den ciertas condiciones, que terminarán en un acto violento (y además facilitarán que el perpetrador se salga con la suya).


Cuando la esclavitud estaba en su apogeo, era considerada como algo normal, incluso positiva y necesaria para el mantenimiento de la “civilización”. No es que hubiera un demonio habitando el cuerpo de cada persona que simplemente la aceptaba. Es que vivieron en un sistema que les convencía de que la esclavitud era inevitable. Hasta los mismos esclavos podían estar resignados a su destino: estaba jodida la cosa, pero qué hacerle si así es la vida.


Hace apenas un par de generaciones lo más común era que los padres dieran nalgadas y bofetones a sus hijos. ¿Fue porque ellos eran malvados? No, es simplemente que pensaban que los golpes eran buenos y necesarios para la formación del escuincle; y creían eso porque habían crecido en una cultura que así se los había inculcado.


Es igual con las diversas formas de opresión que existen hoy en día. No es homofóbico, racista o sexista quien tiene un alma corrompida por Satán, sino quien ha crecido en una cultura homofóbica, racista y sexista, sin cuestionárselo nunca, sin entender qué es lo que está mal en su forma de pensar y de actuar.


No puedes esperar que mucha gente se vuelva espontáneamente abolicionista en una sociedad esclavista. No puedes esperar que todas las personas nazcan rechazando la homofobia, en una sociedad homofóbica. Se ha vuelto difícil esperar que mucha gente sea generosa y solidaria en una sociedad que tan a menudo premia el individualismo, la competencia y la codicia.  Porque el sistema en el que se vive hace fácil tener desarrollar ciertas actitudes más que otras. Vaya, como no puedes esperar que todos los jugadores se vuelvan pacifistas en Risk, o caritativos en Monopoly: la dinámica de estos juegos (el sistema, podríamos decir) favorece, requiere, que seas belicoso y gandalla.



En un principio eran sólo unas cuantas personas las que apoyaban abolir la esclavitud y de verdad lo creían posible. Sus números fueron aumentando poco a poco hasta que tuvieron suficiente fuerza para derribar esa institución. Así es como se cambia al mundo, no esperando que los se benefician de la injusticia “se vuelvan buenos”.


Por eso decimos que lo que hay que hacer es cambiar todo: las leyes, las costumbres, los valores, las creencias… Todo tiene que ser puesto en escrutinio, criticado y transformado donde sea necesario. Y eso va para todo, no sólo la violencia de género, sino la discriminación racial, la explotación laboral, la injusta distribución de la riqueza y la depredación de los ecosistemas. Y sí, a lo mejor en ese afán aparezcan diagnósticos errados y propuestas desatinadas (y es válido criticar), pero es que así avanza nuestra especie, con ensayo y error, y en el peor de los casos esas inconveniencias son preferibles a dejar las cosas como están.


¡Ojo! Tampoco estoy diciendo que las personas carezcan de agencia y de responsabilidad moral. Excusas como “el patriarcado me hizo hacerlo” no exculpan a nadie del daño que comete contra las demás personas. Como individuos, tenemos el deber ético de cuestionarnos sobre lo que se nos ha inculcado.


Señor Smith, ¿el problema son los esclavistas malos, como el señor Jones? ¿O es la esclavitud? Si reconoce que el problema es la esclavitud, ¿luchará usted por abolirla, aunque usted mismo se beneficie del sistema? ¿Empezará por dejar en libertad a todos sus esclavos, se sumará al movimiento abolicionista, combatirá contra la Confederación cuando inicie la guerra? ¡Ah, qué complicado e incómodo, se vuelve luchar contra un sistema que lo privilegia a uno mismo! Como lo primero es cuestionar nuestras ventajas personales y renunciar a ellas, vemos que hasta la bondad tiene límites cuando cuesta privilegios.



El punto es que la introspección individual no es suficiente; es necesario buscar el cambio como sociedad. Mientras algunas personas están satisfechas con sentirse buenas, con saberse libres del pecado de haber cometido injusticias; otras queremos cambiar al sistema que provoca o facilita esas injusticias. Por eso hacemos tanta protesta, tanto activismo, educación y análisis. De fondo, de eso se trata ser progresista. Y si además lo haces con referencias a la cultura pop, pues de eso se trata ser friki de izquierda 😉



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19 comentarios:

GRACIA dijo...

Mucho para pensar, mucho qué hacer. Me atrapó tu forma de decir. Gracias!

Alexander Strauffon dijo...

No te incomodaré dejándote un comentario contestando cada cosa mencionada, porque mas bien amerita que yo escriba un post también al respecto, y de por si este comentario creo será largo. Tú y yo estamos de acuerdo en varias cosas, otras no tanto. En el tiempo desde que te conocí por tu blog bien pudiera decir que coincidimos en un 50% de las cosas en general. Lo bueno es que aún con diferencias eres de los que aceptan recibir y dar opiniones con quienes no coincides, algo que yo también hago. Hay otros blogueros por ahí (que incluso antes me visitaban y comentaban) que no; que de hecho apenas vieron que no apoyo a la izquierda como creían, que no por oponerme a puntos críticos promovidos por la derecha y conservadores significa que me haya ido al otro lado, y que me opongo a varios de los temas de la sociedad que hoy son a cada rato discutidos, echaron madres sobre mi persona y se fueron a atrincherar con quienes solo espejean y mimetizan sus opiniones, algo común entre los radicales, sean del lado que sean.

De todo cuanto mencionaste contestaré solo a una de las cosas: el señalar como erróneo decir a las mujeres (o a cualquiera) que se deben saber cuidar. Esa falacia extendida de que decirle a alguien que se cuide y sea medido es igual a culpar a la víctima tiene que acabarse. Porque si bien algunos cometen esa torpeza de decir "pues mira cómo andaba, mira cómo se viste, mira en qué cosas cree, pues se lo buscó", en la realidad ya aterrizada son una ínfima parte de éstos. La mayoría de quienes sugerimos saberse cuidar es porque sabemos lo hostil que es el mundo, y no por eso estamos diciendo "aprende a defenderte y dejemos las cosas igual de mal de lo que están". Para nada, y muchos hacemos nuestra parte en buscar que se escuchen las demandas de un cambio real en materia de orden público y justicia, pero es más fácil enseñarte a ti las medidas de precaución que el cambiar a algo inherentemente malo de su naturaleza en sí. Aplica para todo, y aquí un ejemplo: si te digo que mires a ambos lados si vas a cruzar la calle y no vayas distraído con nada, no por eso estoy diciendo que te merezcas que te atropellen, o que esté automáticamente diciendo que hay que exonerar al 100% a aquel automovilista que, por tal o cual razón, lo haya hecho. El mundo tiene muchas cosas inherentemente malas, como dije, y mientras se está en la lucha de cambiarlas (la cual tomará décadas), lo mejor que puedes hacer por ti y por los tuyos es enseñarse todos en defensa personal, estrategias de prevención del delito, lo básico en primeros auxilios, conocer qué instituciones atienden qué tipo de emergencias y cómo contactarlas, obtener la suficiente estabilidad para que situaciones tensionantes no te quiebren ni paralicen y sepas actuar. ¿Lo anterior suena a mucho, o exagerado? No lo es. Y menos en el mundo a como está hoy.

Un saludo. Hasta pronto.

Maik Civeira dijo...

Gracias, por sus comentarios.

Y sí, Alex, es muy fácil confundir algo que bien puede ser un consejo sensato con culpabilizar a la víctima, incluso cuando no haya tal intención. Saludos.

Riskov dijo...

Hola Maik. Comento con un año de retraso porque ahora estoy viendo tus artículos.
Tus escritos son interesantes y muestran una marcada sensibilidad social. Ahora bien, me llama la atención que insistas en defender la Ilustración y tengas tantos puntos en común con el posmodernismo. Este artículo pertenece a esta corriente.

Maik Civeira dijo...

Hola, Riskov. Gracias por comentar. Me gustaría saber qué ves de posmoderno en este texto. Saludos.

Riskov dijo...

Disculpa el retraso Maik; estoy leyendo cosas varias. Entre ellas, entradas tuyas de diferentes fechas.

Voy a responderte considerando lo que he leído en este blog, no solo en este texto.

Defiendes la Ilustración, entre cuyos puntos básicos se encuentran la igualdad, la libertad individual, la fraternidad, la democracia. Uno de los valores de la democracia lo declaró Voltaire de la siguiente manera (no se sabe si la cita es suya o se la atribuyeron porque resume su forma de pensar): “no estoy de acuerdo con lo que Vd dice pero daría mi vida porque Vd pueda expresarse”.

En un artículo criticabas la filosofía posmoderna. En esto estamos de acuerdo; sabemos que es deficiente y falaz. Sin embargo, de esta surgen los valores de equidad, opresión según colectivos, discriminación positiva, deconstrucción del varón… o el más combativo: este sistema no puede evitar que los colectivos opresor/oprimido dejen de serlo; se requiere un cambio de sistema.

¿En qué me equivoco si digo que te declaras seguidor de la Ilustración y ensalzas los valores del posmodernismo?

Maik Civeira dijo...

Hola, Riskov. Creo que tienes una idea un poco extraña de lo que significa "posmoderno". Me da la impresión de que le das ese calificativo a cualquier cosa que se relacione con los movimientos por la justicia social. No es del posmodernismo de donde surgen esas ideas que enlistas (excepto 'deconstrucción'). Por ejemplo, la concepción de opresión según colectivos estaban presentes en el movimiento sufragista y el movimiento por los derechos civiles. ¿Los clasificas como posmodernos? ¿Los invalidarías por ello?

También te convendría revisar tus concepciones de la Ilustración. Por ejemplo, sabemos que esa frase no es de Voltaire, sino de su biógrafa. Por otro lado, en su "Tratado sobre la tolerancia", Voltaire defiende que a veces se debe ser intolerante con los intolerantes, y pone como ejemplo la expulsión de los jesuítas por el emperador de China. Estas ideas ya estaban presentes en Locke, el padre del liberalismo clásico.

Que, por cierto, la idea de que el orden social no es "natural" ni dictado por Dios, sino un artificio humano, es también una de las centrales en la Ilustración. Karl Popper, un filósofo liberal (que retoma la paradoja de la tolerancia de Locke y Voltaire) advierte que una sociedad tribal cree asume que su forma de ser (con sus normas, prejuicios, reglas, instituciones, tabúes, etc.) es natural, y que es una sociedad abierta la que es consciente de que el orden social es resultado de accidentes históricos.

El mismo Locke introdujo la revolucionaria idea de que el ser humano es casi infinitamente moldeable por la educación, la experiencia y la cultura, y éste se convirtió en uno de los pilares del pensamiento ilustrado. La filósofa de la Ilustración Mary Wollstonecraft fue quien advirtió que las diferencias de carácter entre hombres y mujeres se deben principalmente a la educación y la crianza.

Entonces, cuestionar nuestras ideas de cómo son o cómo pueden ser los varones no es incompatible con los ideales de la Ilustración, sino una continuación natural de los mismos.

Saludos.

Riskov dijo...

Hay algunos conceptos leídos aquí y allá que me han descolocado. Es muy común catalogar a los SJWs (Guerreros de la Justicia Social) como un movimiento social inspirado en el posmodernismo. ¿No crees que es así? ¿Defiendes que están inspirados en valores de la Ilustración?

Otro ejemplo sería la interseccionalidad, el análisis de privilegios de acuerdo a razas y géneros.

La Ilustración basa sus análisis en el conocimiento científico. Este nos dice que no existen razas humanas, ya que la variabilidad de caracteres dentro de un color de piel es mayor que entre colores; es decir, no se pueden establecer grupos de caracteres según razas. Es muy probable que mis capacidades cognitivas, o mi resistencia a la fatiga deportiva sean más similares a un ciudadano de Ghana que de ti (ambos somos hombres blancos). De acuerdo a esto, no parece que la interseccionalidad se adapte al pensamiento ilustrado.

La Ilustración, tengo entendido, defiende la igualdad de todas las personas ante la Ley (no la equidad, es decir, la igualdad de resultados).

Por cierto, un problema de pretender imponer una equidad es que requiere un Estado muy intervencionista que reparta a cada persona para que al final todas tengan lo mismo, lo cual es extremadamente complejo. Ahora bien, si el Estado se limita a cuotas y discriminación positiva a los grupos oprimidos, resultará en una desigualdad de resultados, ya que en esos grupos hay de todo (gran variabilidad).

Un saludo.

Maik Civeira dijo...

Hmmm, sí, ciertamente te convendría aprender un poco más tanto sobre lo que piensas que fue la Ilustración, como sobre lo que crees que son los movimientos por la justicia social y lo que entiendes que es el posmodernismo, porque me temo que tus concepciones son algo simplistas, y no lo digo en mala onda.

Por ejemplo, lo que dices sobre las razas es muy cierto; no existen desde un punto de vista biológico. Eso no quita que las sociedades hayan desarrollado categorías raciales para clasificar a las personas según rasgos físicos irrelevantes, que se atribuyan características, virtudes y defectos a grupos humanos basados en esas categorías y que se construyan sistemas de opresión sobre que segregan, marginan y desfavorecen a esos grupos.

El concepto de interseccionalidad simplemente sirve para hacer notar que ciertas personas y ciertos grupos son oprimidos por más de una razón; es decir, que el sexismo oprime a las mujeres, por ejemplo, pero una mujer negra sufre racismo además del sexismo. Obvio este concepto no era conocido por los filósofos de la Ilustración, pero en nada se opone al conocimiento científico y la racionalidad, por ejemplo.

Sobre "la Ilustración defiende esto o aquello", eso depende de qué filósofo ilustrado estemos hablando. Hay una tendencia a atribuir a "la Ilustración" una serie de valores que son nomás la ideología del individuo que lo está diciendo, pero que no corresponden con lo que fue realmente ese movimiento cultural e intelectual. John Locke no tenía problemas con la esclavitud, por ejemplo. Montesquieu dijo algunas cosas muy desagradables sobre los negros. Rousseau era misógino a más no poder. Por otro lado está la Ilustración radical de pensadores como Wollstonecraft, Godwin y Paine, prácticamente precursores del socialismo.

No voy a discutir ahora sobre tus objeciones a las cuotas de inclusión y la acción afirmativa, sólo te invito a cuestionar la afirmación de que "igualdad de oportunidades = Ilustración", e "igualdad de resultados = posmodernismo". Las ideas políticas y sociales no existen solamente en esos dos polos.

Riskov dijo...

Parece que tenemos interpretaciones diferentes. La Ilustración no es lo que los filósofos de aquella época hicieran, sino unos valores. De la misma manera que la ciencia no es el conocimiento científico del momento en que se desarrolló el método del mismo nombre, sino un procedimiento de adquirir conocimiento comprobado. Pero lo que más me llama la atención es la diferente concepción que tenemos de Ilustración y posmodernismo. Quizá es que yo esté muy equivocado pero no será por haber leído poco al respecto; para concretar te voy a formular una pregunta: ¿consideras que la lucha socio-política de los SJWs está basada en valores ilustrados?

Maik Civeira dijo...

Sí, ya me imaginaba que para allá íbamos. Entonces la Ilustración no es la Ilustración. Tomamos un conjunto de cosas en los que nosotros creemos y a eso le llamo "los valores de la Ilustración", porque es un nombre prestigioso que de alguna forma los legitima, aunque no esté vinculado al movimiento cultural al que se conoce como Ilustración. Ésta es una idea de la Ilustración ajena a la historia de las ideas y de la filosofía, una forma en la que una ideología en particular se legitima con un mito fundacional. Es lo que vemos en sitios como Quillette, la Intellectual Dark Web o figuras como Steven Pinker (cuyos abusos del término Ilustración han sido criticados duramente por filósofos e historiadores)

Por eso hablar de los SJW y si estos se basan en los valores ilustrados sería una discusión bizantina. No sólo porque la concepción de "los valores ilustrados" que tenemos tú y yo pueden ser muy distintas, sino porque además los movimientos por la justicia social son vastos, integrados por multitudes de individuos y con objetivos distintos.

Si nos vamos por el woke promedio de tuiter, seguro lo encontrarás un individuo muy poco ilustrado. Otras figuras a lo mejor te parecen más racionales e informadas.

Más que preguntarse si "los sjw se basan en los valores ilustrados" tendrías que plantearte si este reclamo, esta crítica, este objetivo, es razonable, es justo, se basa en hechos comprobables, si es compatible con otras cosas, si es coherente consigo mismo, etcétera.

Riskov dijo...

Voy a desarrollar una respuesta larga, aprovechando fragmentos tuyos extraídos de partes varias del blog. Los citaré como ejemplo de tu pensamiento sobre los conceptos que estamos tratando (Ilustración/posmodernismo). En caso de que estos ejemplos no sean representativos de tu pensamiento házmelo saber. No pretendo juzgar en base a unos párrafos sueltos; solo quiero debatir puntos concretos.

Ha quedado de manifiesto que tenemos una formación teórica diferente en este tema. Bien, vamos a intentar intercambiar opiniones sobre puntos concretos.

El concepto de interseccionalidad simplemente sirve para hacer notar que ciertas personas y ciertos grupos son oprimidos por más de una razón; es decir, que el sexismo oprime a las mujeres, por ejemplo, pero una mujer negra sufre racismo además del sexismo. Obvio este concepto no era conocido por los filósofos de la Ilustración, pero en nada se opone al conocimiento científico y la racionalidad, por ejemplo.

No estoy de acuerdo. Una mujer negra NO sufre racismo NI sexismo. Beyoncé no lo sufre; tiene mucho éxito laboral y económico, es admirada y tienen una vida de muy alto nivel. Realmente ella es mestiza, aunque no creo que esto cambie sustancialmente el concepto que estamos tratando. Igual podríamos hablar de las hermanas Williams o de Oprah Winfrey.

La réplica podría ser que ellas no representan a la mujer negra, sino que son excepciones. Sin embargo, dichas excepciones existen y cada vez podrán ser más. El axioma “una mujer negra sufre racismo además del sexismo” no es universal. La Ilustración viene en defensa de este dilema y dice que todas las personas deben ser tratadas igual: todas las mujeres negras igual que todos los hombres blancos.

Con esto quiero decir que el análisis interseccional no es adecuado al no contemplar excepciones, cada vez más numerosas. El análisis individualista es preferible: cada persona según sus circunstancias. Hay muchos hombres blancos heteros que lo están pasando muy mal: en España se suicidan el triple de hombres que de mujeres, el 85% de los “sin techo” son hombres, el 95% de los accidentes laborales mortales (450 de 500) son hombres. ¿Cómo se ajusta la interseccionalidad a esta parte de la realidad? ¿Dónde están sus privilegios?

Dices que este concepto de interseccionalidad en nada se opone al conocimiento científico y la racionalidad. Sin embargo, estos dos valores exigen una comprobación de acuerdo a la realidad. En los países democráticos avanzados (pongo este ejemplo de “avanzados” para dilucidar si el sistema va funcionando aceptablemente conforme progresa; soy consciente de que en muchos países, como por ejemplo el tuyo, queda mucho más por hacer) los ejemplos de “privilegio” y “opresión” quedan bastante desdibujados.

Continúa...

Riskov dijo...

De https://www.maikciveira.com/2018/01/misandria-heterofobia-y-racismo-la.html

si leen detenidamente el texto verán que no va contra los hombres como personas individuales, ni dice que todos seamos esencial e inevitablemente malvados; va en contra de la construcción cultural de lo masculino en nuestra sociedad, que lleva a nos hombres a reproducir conductas violentas y dominantes. El texto nos urge a los hombres a deconstruir esas nociones. Pueden estar de acuerdo o no, pero ¿cómo va a ser eso “difundir la misandria”?

En España (pongo como ejemplo mi país) el índice de violencia interna es mucho menor que en el pasado y que la mayoría de países. Me parece que nos encontramos en el puesto séptimo de menor violencia interna. Concretamente, el porcentaje de condenados por violencia sexual es de un 0,01%. ¿Los hombres reproducen conductas violentas? ¿Las mujeres españolas se encuentran en peligro junto con hombres?

La gran mayoría de hombres españoles nunca en su vida agredirán a una mujer. ¿Qué construcción cultural de lo masculino en nuestra sociedad nos lleva a reproducir conductas violentas?

Políticos de izquierda españoles dicen que no se puede acusar a los inmigrantes de incrementar la inseguridad y agresiones sexuales, como defiende Abascal (extrema derecha). Bien, el porcentaje de condenados por violencia sexual de inmigrantes o residentes no nacionalizados es de un 0,03%, el triple que la población general. Pero este triple proviene de un porcentaje tan bajo que no es representativo. La respuesta de esos políticos fue más tajante: ¡racista, fascista, xenófobo! ¡Pretendes estigmatizar a los inmigrantes! Bien, puedo estar de acuerdo, pero… ¿Cómo rechazamos por ínfimo la violencia sexual de inmigrantes (0,03%) y ensalzamos la violencia sexual de hombres (0,01%)? ¿Cómo se ajusta al conocimiento científico y la racionalidad?
Solución: el análisis de personas individuales, independientemente de su color de piel y sexo.

En el mismo artículo dices:
Tampoco es misandria la creación de espacios exclusivos para mujeres: se trata de facilitarles lugares seguros en una sociedad en la que la violencia de género está en todas partes. No todos los hombres son asesinos, violadores o acosadores, obvio. Pero dadas las estadísticas, es perfectablemente razonable para una mujer minimizar los momentos en los que está vulnerable, y esos espacios son una opción.

Bueno, ya hay espacios exclusivos para mujeres: se llaman conventos. Fuera de bromas, dadas las bajas cifras de violencia en los países democráticos más desarrollados ¿por qué es necesario elevar una imagen de alarmismo en las mujeres y de sospecha en los hombres?
Un espacio exclusivo para mujeres no será un lugar seguro. ¿Me puedes garantizar que ninguna de las mujeres que lo formen hará nada malo? ¿Toda la maldad está en los hombres que quedan fuera?

¿”Una sociedad en la que la violencia de género está en todas partes”? La mayoría de mujeres en estos países nunca vivirán una agresión. ¿Aun así, nos recluimos?
Bueno, han sido muchas preguntas sobre el tema. Hay que considerar que conceptos como “espacios seguros para mujeres”, “construcción cultural de lo masculino que nos lleva a reproducir conductas violentas”, “la violencia de género está en todas partes”, “nos urge a los hombres a deconstruir esas nociones”, además de la interseccionalidad, son desarrollados por el posmodernismo. Ya sabes que tengo otra noción de la Ilustración. Para reflexionar.

Maik Civeira dijo...

Ok, antes de empezar, por favor, date cuenta que me estás pidiendo explicar y justificar un montón de cosas disntintas en una sección de comentarios, que va más allá de lo que el tiempo y el espacio me permite. Entonces, te pido me disculpes por no poder abordar en detalle ni responder a cada uno de tus puntos, y te invito a investigar más allá de lo que yo pueda decirte por aquí...

No sé en España, pero en México tenemos un problema muy grande de violencia de género. Esa construcción de lo masculino se refiere a cómo consideramos legítimo que el hombre reaccione de manera agresiva al expresar sentimientos negativos, no sólo la ira, sino la frustración y la tristeza. También tenemos una cultura de la masculinidad que considera los celos como una emoción legítima sobre la que es válido actuar agresivamente, concepciones de la relación de pareja de legitiman los celos y la posesisividad.

Veo estas estídisticas de la violencia de género en España. Según Amnistía Internacional: "el 12,5% de las mujeres de 16 y más años han sufrido a lo largo de su vida violencia física o sexual de sus parejas o exparejas. Ese porcentaje equivale a 2,5 millones de mujeres. Y la cifra llega al 24,2% (4,8 millones de mujeres) cuando los agresores incluyen además a otros hombres sin esa vinculación sentimental."

Esto es más bajo que el promedio global, sin duda. Pero no significa que no sea un problema y que no se deba abordar. ¿Por qué oponerse a medidas que pudieran disminuir un problema?

https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/espana/violencia-contra-las-mujeres/

"Un espacio exclusivo para mujeres no será un lugar seguro. ¿Me puedes garantizar que ninguna de las mujeres que lo formen hará nada malo? ¿Toda la maldad está en los hombres que quedan fuera?"

Fíjate que no se trata de eliminarlo por completo, sino de que haya menos. Si una medida funciona para que haya menos de un problema, ¿por qué oponérsele? Sólo si el costo de adoptar esa medida fuera mayor que dejar que el problema siga igual. ¿Sería ése el caso? Es curioso, me recordó un video en el que se argumenta contra esa mentalidad de "si no resuelve el problema al 100%, es mejor no hacer nada":

https://www.youtube.com/watch?v=yts2F44RqFw

"Solución: el análisis de personas individuales, independientemente de su color de piel y sexo."

Ahora, esa aproximación es contraria a la ciencia. En específico, a la ciencia de la sociología. Sabemos desde tiempos de Emile Durke que hay problemas que no pueden comprenderse a partir de las personas individuales. Y eso no es posmodernismo, son ciencias sociales. Espero que no seas de los que dicen que las ciencias sociales no son ciencias, o de los que creen que un lego puede refutar conceptos ciencias sociales con "sentido común". Checa el artículo de Wikipedia sobre violencia sistémica:

https://en.wikipedia.org/wiki/Structural_violence

"Hay que considerar que conceptos como “espacios seguros para mujeres”, “construcción cultural de lo masculino que nos lleva a reproducir conductas violentas”, “la violencia de género está en todas partes”, “nos urge a los hombres a deconstruir esas nociones”, además de la interseccionalidad, son desarrollados por el posmodernismo."

No creo que estos conceptos estén relacionados intrínsecamente con el posmodernismo. Te repito que el pensamiento político y social no se divide en los dos polos de la Ilustración y el posmodernismo. De todos modos, si así fuera, ¿bastaría ello para desestimarlos? ¿Significaría de automático que son anticientíficos, relativistas o contrarios a la razón?

Para un curso introductorio completo sobre lo que es y no es posmodernismo, te recomiendo esta serie de videos de un estudiante de filosofía:

https://www.youtube.com/watch?v=zmYegIGhwtc
https://www.youtube.com/watch?v=U4hS5NSzPxw
https://www.youtube.com/watch?v=OsfKrNLIwhM

Riskov dijo...

Sí, he volcado muchos aspectos en el comentario. Voy a intentar ser instructivo tratando unos pocos puntos.

Tengo entendido que en México se vive una situación de violencia interna cercana al estado de guerra y mayor aún hacia las mujeres. Ciudad Juárez es un ejemplo tristemente conocido a nivel mundial. La cuestión para disminuir la violencia es si se puede hacer dentro del sistema, con medidas ordinarias o, por el contrario, es necesario adoptar un marco nuevo y medidas extraordinarias.

Si empleamos el método empírico tendremos que ver la realidad del mundo. En los sistemas políticos más tradicionales la violencia contra la mujer es alta, aunque las denuncias son bajas porque el propio sistema no las facilita ("es costumbre").

En los sistemas democráticos menos desarrollados la violencia contra la mujer también es alta. Hay que notar una alta correlación entre violencia general y violencia contra la mujer. En esos países hay un problema de violencia. No niego el dolor de las mujeres, sino que no es un elemento exclusivo contra ellas.

Sin embargo, en los sistemas democráticos más desarrollados los índice de violencia disminuyen progresivamente, también contra la mujer.

Con estos datos defiendo medidas ordinarias dentro del sistema. Creo que las medidas extraordinarias, como espacios seguros para las mujeres y poner en sospecha a todos los hombres, serían más dañinos para el sistema de libertades que los frutos que conseguirían.

El país con menor índice de violencia interna, según las estadísticas oficiales, es Japón. ¿Cómo ha conseguido este país una alta seguridad en sus calles y casas? Para reflexionar e, incluso, admirar.

Como los comentarios tienen un límite de extensión, Amnistía Internacional y España para después.

Estoy comenzando a ver los vídeos que me propusiste.

Riskov dijo...

El líder del partido de extrema derecha española, o derecha tradicional según interpretaciones, Santiago Abascal, utiliza datos oficiales para justificar su ataque a los inmigrantes (el triple de agresiones sexuales, dijo, cuando realmente los datos son 0,03% vs 0,01%). Visto en contexto, su alarmismo contra los inmigrantes es demagógico; su interpretación es tendenciosa. Con un dato parcial pretende hacernos creer que hay un estado de alarma que no se corresponde con la realidad.

La prudencia y más datos para hacernos una composición de lugar más acorde son necesarios para no dejarnos manipular.

Bien, supongo que hasta aquí estamos de acuerdo. Pero, a partir de aquí... es que la extrema izquierda también lo hace. Con frecuencia publican un dato alarmista, muy superior a lo que estábamos acostumbrados, que nos llama la atención. ¡Y, qué casualidad! Siempre en defensa de su agenda política. Nunca he visto que estos extremos divulguen un dato que no favorezca sus ideologías. Por tanto, prudencia. No digo que mientan, sino que hay que poner en contexto.

Ahora estoy escribiendo sin investigar; hablo de lo que leí anteriormente. Has citado a Amnistía Internacional y unos datos que habrán obtenido de un estudio o varios. Las cifras son alarmantes. Bien, no puedo rechazarlas, aunque son mucho más altas que otras. Por ejemplo, las denuncias de agresiones sexuales. Las de AI se refieren a "violencia física o sexual de sus parejas o exparejas". ¿Pero qué engloba este concepto? ¿Donde ponemos el nivel? Me explico:
En EEUU se publicó un estudio de agravio que ofrecía una muy alta cifra de "agresión sexual sufrida por mujeres estadounidenses por parte de hombres". Escribo de memoria y sin acudir a las fuentes. No desmerece el corolario.
Ese dato causó alarma y sirvió para "ciertas agendas". ¿Y por qué ese dato tan alto? Algún escéptico se puso a mirar el "material y métodos". Resulta que una pregunta que servía para ofrecer dicho dato era algo así como "¿Alguna vez un hombre te ha tocado en alguna parte de tu cuerpo haciéndose el despistado aprovechando una aglomeración?

Bueno, si aceptamos eso como agresión sexual llenamos las cárceles pero... también de mujeres. En sendas discotecas dos mujeres desconocidas me tocaron el trasero en mi juventud. ¿Eso cuenta? Yo nunca lo he hecho a nadie que no sea mi pareja. Si ese es el nivel de rigurosidad (alguna parte de tu cuerpo), ¿Cómo que no es el 100%? ¿Y cuántos hombres habríamos sido agredidos? ¿O es exclusivamente unidireccional?

En relaciones de pareja, ¿qué mujer no grita alguna vez o aplica chantaje emocional? Bien entendido que no considero violencia de la mujer los usos habituales en pareja. ¿Pero seguro que estos estudios son bien imparciales, rigurosos, y no inflan las cifras considerando que, del hombre a la mujer, todo es violencia?

Aquí en España se está produciendo un "divorcio intelectual" entre izquierda y derecha. Antes cada postura ideológica tenía sus fundamentos y el otro las comprendía pero no compartía, más o menos. Ahora, viven en realidades diferentes. Si pregunto a una activista de izquierda es probable que me diga que "en España hay un feminicidio y las mujeres no pueden salir a la calle". Anécdota: a dos les pregunté si a ellas les había ocurrido. ¡No, a nosotras no pero sí al resto (refiriéndose a lo que ven en sus noticias)!. Si pregunto a mujeres de derecha me dicen que "en España se vive bien, con tranquilidad y bastante seguridad". ¿Cómo se van a entender?

Prudencia ante los datos y contexto. La estadística es matemática pero también una herramienta cuando se quiere otorgar razón.

Maik Civeira dijo...

De nuevo, me estás haciendo a mí, un profesor de prepa que escribe un blog en su tiempo libre, todas las preguntas que tienes sobre feminismo, temas de género y justicia social, y al hacerlo estás poniendo en mí toda la carga de explicar y defender un espectro muy amplio de teorías y posturas. No puedo responder a todo lo que dices (ahora me conecté para calificar tareas), sólo te puedo invitar a seguir leyendo e investigando.

Sí, las sociedades más prósperas, más democráticas y con valores más modernos tienden a ser menos violentes. Entonces es tentador asumir que simplemente dejando que la democracia liberal evolucione por sí misma, poco a poco se irán acabando las violencias.

Pero no te preguntas si quizá esa relación es menos directa de lo que crees. Considera, por ejemplo, los movimientos sociales masivos que trajeron el cambio al interior de las democracias. Digamos, el movimiento sufragista o el movimiento por los derechos civiles. Estos movimientos fueron posibles porque se dieron en sociedades que ya eran parcialmente democráticas. Es decir, no habrían podido ocurrir en, digamos, la Tanzania del Reich Alemán o en el Imperio Otomano.

Pero fueron necesarios para lograr cambios sociales que no iban a ocurrir pronto simplemente dejando que "evolucionara la democracia" (a menos que consideremos estas disrupciones como parte de la evolución democrática). De la misma manera, es concebible que hay cambios sociales hoy por hoy que requieran acciones y medidas más drásticas que sólo esperar a que el progreso haga su magia.

Lo que te invito a preguntarte es: ¿por qué para ti es cómodo esperar a que la democracia evolucione y por qué para otras personas, pertenecientes a otros grupos, es un asunto urgente? ¿Y por qué te incomoda tanto una medida como que haya espacios exclusivos para mujeres?

Sobre si el asunto de la violencia de género ha provocado un alarmismo exagerado, te diré que no sé. Pero si en unos países la situación de las mujeres es mejor que en otros, quiere decir que en estos últimos puede mejorar. Si, digamos, en Noruega la situación de las mujeres es mejor que en España, quiere decir entonces que España puede mejorar, y entonces, ¿por qué no tomar las medidas para hacerlo?

¿Que algunas medidas propuestas por los movimientos podrían ser inútiles o contraproducentes? Sí, no lo dudo, pero entonces tendríamos que analizar y juzgarlas una por una en su contexto, no descartarlas todas de tajo. Pienso por ejemplo en los vagones exclusivos para mujeres en el metro de la Ciudad de México. No soluciona el problema de fondo, pero permite que por lo menos a las mujeres viajen más seguras y tranquilas, porque los casos de acoso y tocamientos eran demasiado frecuentes.

Riskov dijo...

Sí, es cierto que he aprovechado para introducir muchos puntos que yo tenía ganas de intercambiar. Te pongo en antecedentes:

Ideológicamente vengo de la izquierda, de joven en la izquierda radical, revolucionaria, transformadora, marxista (como se quiera denominar); de adulto en la izquierda democrática, liberal, ilustrada, capitalista redistributiva (también, como se quiera).

Ahora, dentro de la izquierda radical se ha desarrollado, o disgregado, una nueva corriente no marxista, o posmarxista, que es la identitaria o posmoderna.

Nota: estoy hablando de manera muy general, adoptando múltiples identificadores, de acuerdo al debate público. Es muy posible que no estés de acuerdo con algún identificador y te lo acepto; solamente pretendo situarme someramente.

Con los movimientos producidos en los últimos años dentro de la izquierda radical me he quedado expectante y algo descolocado. En general, no me ha gustado nada. Aquí he aprovechado que creo haber encontrado un defensor cualificado intelectualmente de esa izquierda para intercambiar. En tu blog así lo parece; incluso, apoyas la creación de un grupo “Antifa” en Mexico.

Recalco la cualidad de “defensor cualificado intelectualmente de la izquierda identitaria” ya que me temo que dicha cualidad es muy poco frecuente en las redes. Activista hay, pero…

Últimamente me parece que me tendría que situar en el centro político ya que la izquierda liberal también ha terminado por decepcionarme. En España está representada por el partido mayoritario, el PSOE, del cual cada vez me siento menos identificado. O está girando a la “siniestra” o yo estoy girando a la “diestra”. Sea como sea, me intereso en los diferentes posicionamientos para situarme. Asimismo, en mi reacción contra la nueva izquierda, que considero iliberal, me inclino a sumarme a liberales de todo espectro, incluso derecha moderada, en defensa de nuestros valores comunes.

Dentro de este intercambio estoy defendiendo el camino de la democracia liberal como solución, imperfecta claro está, de cuestiones que la izquierda identitaria tiene como caballo de batalla, y con medios liberales.

Ejemplo: en España el voto femenino lo impulsaron los liberales (Clara Campoamor), mientras la diputada del PSOE en esa época marxista, Victoria Kent, se opuso, en los años 30. Esta lo justificó en que la mujeres votarían mayoritariamente a la derecha (es cierto, así ocurrió; parece que es signo de la izquierda radical el sectarismo político por encima del derecho al voto femenino).

Por ello, ante la cuestión que has puesto de ejemplo, de vagones de metro exclusivos para mujeres ante el grave problema de tocamientos en México, opino:

Estoy de acuerdo como medida coyuntural. Apoyo toda medida razonable que en un momento dado pueda tener más beneficios que inconvenientes. Pero, bien entendido, como coyuntural; no como una medida que deba aplicarse en todos los países porque el sistema patriarcal así lo requiere. En España, en Suecia, en Japón, etc, no solo no es necesario, sino que sería un agravio incomprensible que podría dar alas a la derecha radical.

Riskov dijo...

Nota para mejor comprensión: el término liberal lo empleo en el sentido europeo. Vendría a situarse entre el centro-izquierda y el centro-derecha.