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MAIK CIVEIRA & LA ALIANZA FRIKI ANTIFASCISTA

viernes, 24 de septiembre de 2021

Cuando Superman desafió a Pinochet



Es 25 de septiembre, cumpleaños del gran Christopher Reeve, el actor que encarnó al Superman definitivo en la pantalla grande, así que he querido hacerle un modesto homenaje relatando un acto de heroísmo que llevó a cabo fuera de las pantallas. Si ustedes conocen este blog, sabrán lo mucho que amo a Superman; también habrán notado que soy bien progrechairo y antifa. Así, se imaginarán lo mucho que me alucinó la siguiente historia que les voy a contar cuando la conocí por primera vez a través de un hilo de Twitter de @irati, la escritora Irati Jimenez (¡muchas gracias!). Tras conocer la anécdota me puse a investigar más y he aquí el relato…

 

I
CREERÁS QUE UN HOMBRE PUEDE VOLAR


Christopher D’Olier Reeves nació en Nueva York, el 25 de septiembre de 1952. Fue un estudiante destacado, no sólo en lo académico, sino en las actividades artísticas y el deporte. Desde los nueve años sintió pasión por los escenarios y ya desde los 15 comenzó a estudiar actuación seriamente. Mientras estudiaba la universidad, comenzó a obtener papeles en distintas obras de teatro, en donde fue descubierto por el agente Stark Hesseltine, representante de grandes nombres en el medio.

 

En los años siguientes, continuó su formación actoral en Escocia y Francia. Tras volver a Estados Unidos, fue condiscípulo del futuro gran comediante Robin Williams, con quien trabó una estrecha amistad. Llegó a Broadway, donde trabajó con Katherine Hepburn. Recibió muchas buenas críticas en diferentes obras de teatro, y pudo incursionar en pequeños papeles en el cine y la televisión. El gran papel de su vida llegó cuando el director Richard Donner le pidió audicionar para el papel protagónico en la película Superman de 1978, la obra que lo convertiría en una cara conocida para millones de personas alrededor del mundo.


 


Como bien sabemos, Superman fu un éxito y un clásico instantáneo, la primera gran película de superhéroes, y Reeve quedó para siempre ligado al papel. Nadie como él ha podido captar la esencia del personaje, tanto de Superman como de Clark Kent. Las primeras dos cintas forman una bina estupenda; las últimas dos tienen una merecida fama entre las peores del género. Sin embargo, Reeve siempre interpretó al personaje con la misma seriedad y profesionalismo. Superman III podrá ser un bodrio, pero esa escena en la que un Superman corrompido se enfrenta a un buen Clark Kent es una maldita joya y demuestra el enorme talento histriónico del actor.

 

Fuera de algunos clásicos como Pídele al tiempo que vuelva (Somewhere in Time, de 1980, que en su momento no fue muy bien recibida) y la multipremiada Lo que queda del día (The Remains of the Day, 1993) Reeve no conoció en Hollywood muchos otros éxitos, por lo que su nombre siempre estuvo ligado al del Hombre de Acero. Dato curioso, Reeve compartió pantalla con Michael Keaton, Batman, en No sé tú (Speechless, 1994) y con Mark Hamill, Luke Skywalker, en El pueblo de los malditos (Village of the Damned, 1995).

 

La trágica historia es bien conocida: en 1995 Reeve sufrió un accidente mientras practicaba equitación; cayó del caballo y se rompió el cuello, quedando paralizado de los hombros hacia abajo para siempre. Aunque en un principio consideró la eutanasia, finalmente decidió seguir con su vida y su carrera como actor, director, escritor y activista.

 


Sí, activista, porque a lo largo de sus años Reeve había apoyado públicamente diferentes causas progresistas, en particular en la defensa del medio ambiente; como era piloto, llevó a políticos a sobrevolar áreas naturales dañadas para que las vieran con sus propios ojos. También denunció públicamente a la Iglesia de la Cientología, apoyó organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional, hizo campaña para el patrocinio estatal de las artes y contribuyó a esfuerzos de resistencia contra el ascenso de la ultraderecha cristiana en su país. Tras su accidente, también se convirtió en un activista por los derechos de las personas con discapacidad y en un impulsor de la investigación científica con células madre.

 

Pero todo héroe se mide por el tamaño del villano al que combate y quizá no hubo acto de mayor valentía por parte de Reeve que el haberse enfrentado al dictador de Chile, el general Augusto Pinochet. Que ésa es la historia por la que vinieron aquí, ¿no?

 

II
LO QUE FUE SANTIAGO ESANGRENTADA


El 11 de septiembre de 1973, las fuerzas armadas de Chile se alzaron en armas contra el gobierno democráticamente electo del presidente socialista Salvador Allende. Este golpe estuvo no sólo respaldado, sino organizado, por la CIA, algo que está muy bien documentado. Las políticas de Allende afectaban los intereses de Estados Unidos, y en el contexto de la Guerra Fría, ese país no se podía permitir que más países cayeran bajo la influencia del marxismo, aunque el de Allende se tratara de un socialismo democrático y no uno autoritario al estilo soviético. La inteligencia estadounidense estuvo planificando el golpe casi desde la elección de Allende en 1970, fomentando desestabilización política y económica en el país, lo que después sirvió como pretexto para el golpe.

 

De este sangriento acto resultó la muerte de 60 personas, incluido el mismo Allende, quien se quitó la vida mientras el palacio presidencial de La Moneda era bombardeado por los insurrectos, y el ascenso al poder de Augusto Pinochet, uno de los más sanguinarios dictadores que ha conocido América Latina, con una dictadura que a lo largo de 17 años dejó más de 3,000 personas muertos, 80,000 presas y decenas de miles de torturadas.

 

Esto es algo en lo que no podemos dejar de hacer énfasis, especialmente ahora, que con un nuevo auge de la ultraderecha el culto a Pinochet ha resurgido, sobre todo entre chavales que no saben nada de nada. Que la dictadura de Pinochet fue una cosa atroz la podemos encontrar en testimonios como los siguientes (si son sensibles a relatos de extrema violencia, quizá quieran brincarse estos párrafos):

 


‘Una mujer que fue detenida en 1974 en la capital chilena y permaneció dos años en prisión sin ningún proceso, relató: “Por violación de los torturadores quedé embarazada y aborté en la cárcel”.


“Sufrí shocks eléctricos, colgamientos, pau de arara [colgamiento de pies y manos], submarinos, simulacro de fusilamiento, quemaduras con cigarros. Me obligaron a tomar drogas, sufrí violación y acoso sexual con perros, la introducción de ratas vivas por la vagina y todo el cuerpo”, detalló la víctima. El relato de la mujer a la comisión, reproducido en Así se torturó en Chile, es desgarrador: “Me obligaron a tener relaciones sexuales con mi padre y hermano que estaban detenidos. También a ver y escuchar las torturas de mi hermano y padre. Me hicieron el teléfono, me pusieron en la parrilla, me hicieron cortes con yatagán [un arma blanca de gran tamaño] en mi estómago. Tenía 25 años”.’ [Fuente: El País]

 

‘Pinochet también creó algunos campos de reclusión y en ellos encarceló a todo aquel que consideraba su oponente. Allí, las atrocidades que se cometieron rebasan los límites de toda imaginación. El actual Estadio Nacional de Santiago de Chile fue durante la dictadura el campo de concentración y tortura de prisioneros más 'emblemático'.

 

En 1961, al margen del gobierno de Salvador Allende, se construyó en el sur de Chile el enclave conocido como 'Colonia Dignidad', donde el ex enfermero nazi del ejército alemán, Paul Schafer, martirizó a cientos de ciudadanos antes y durante el régimen del dictador, quien dio su autorización para que estas infraestructuras se mantuviesen vigentes bajo su mandato a través de su policía secreta, la DINA.’ [Fuente: Notimérica y BBC Mundo).



‘En noviembre del año 79 tuve que presenciar dos lanzamientos de personas al mar, a unos 80 nudos de Quintero. Y en 1980 me tocó otra triste misión, con ocho cuerpos que dejaron grandes rastros de sangre, ya que iban abiertos.

 

Eran prisioneros. Pero lo único que yo sé de ellos es que los traían y los lanzaban al mar. De la forma en que fueran ajusticiados no tengo idea. Una de las veces, en una unidad militar de Pudahuel, me hicieron salir del helicóptero para que no presenciara cómo cargaban los cuerpos. Tuvieron que ser centenares porque eso empezó en 1973, que es cuando arrojaron a más, y a mí me tocaron los últimos en 1980.

 

Yo no sabía si esas personas eran culpables o no, pero no creo que nadie tenga poder suficiente para decidir que se elimine a alguien. Por eso traté de retirarme del ejército en 1981. Entonces murió mi hijo pequeño. Y lo tomé como un castigo de Dios. Porque se ahogó en el agua de una bañera.’  [Fuente: El Mundo]

 


Los apólogos del régimen suelen decir cosas como que “Pinochet rescató a Chile del desastre económico en que lo había sumido Allende”, pero en realidad ese desastre fue alimentado, por lo menos en parte, por esfuerzos estadounidenses para desestabilizar al país, y además el supuesto milagro de la economía chilena bajo la dictadura de Pinochet es un mito fácilmente desmontable:

 

‘El “milagro económico” que Milton Friedman atribuyó a Pinochet es una de las más grandes falsas narrativas de la historia económica moderna. El milagro que él supervisó fue sólo una serie de ciclos de auge y depresión: dos periodos de rápido crecimiento que se precipitaron hacia dos profundas depresiones.

 

La primera gatilló un “tratamiento de choque” de contracción financiera, privatización y desregulación, llevada adelante en 1975 por su gabinete ministerial entrenado en la Universidad de Chicago. La segunda, una catastrófica crisis de deuda acontecida en 1982.

 

Como resultado inmediato de las reformas de libre mercado que se aplicaron a mediados de los 70, Chile tuvo la segunda tasa de crecimiento más baja de toda Latinoamérica: las quiebras estaban a la orden del día, el ingreso nacional cayó un 15%, el desempleo sobrepasó el 20% y los salarios se desplomaron un 35% más abajo que los niveles de 1970. Eso sin mencionar la corrupción, desde las ventas relámpago de propiedades estatales a inversionistas vinculados políticamente, hasta los millones de dólares que Pinochet reservó para sí, y que luego fueron hallados en cuentas secretas de Washington y Miami, entre otros’. [Fuente: BiobioChile]

 


La otra cosa que se dice es que la violencia brutal, que alcanzó niveles de terrorismo de Estado, era necesaria para proteger a Chile del comunismo. Pero en realidad, la mayor parte de las víctimas del régimen eran civiles, personas con simpatías de izquierda o socialistas, sí, pero no eran militares ni terroristas, así que ni queriendo habrían podido establecer un gobierno comunista al estilo soviético. Nada justifica atrocidades como las que se cometieron.

 

En fin, que Pinochet gobernó para beneficio suyo, de sus amiguitos, de las clases privilegiadas chilenas y de los intereses de Estados Unidos y otras naciones capitalistas, pues impulsó en su país una serie de políticas neoliberales que le ganaron palmaditas en la cabeza por parte de Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Como buen dictador fascistoide, Pinochet utilizó un aparato de terror que oprimía las libertades civiles y políticas para mantener el control absoluto, pero favoreciendo al libre mercado. Es por eso que todavía algunos libertarados hoy lo alaban como campeón de la libertad; para que quede claro que cuando los niños culebra hablan de “libertad” se refieren a que los ricos puedan hacerse más ricos, no de que puedas expresar tus opiniones políticas sin que te maten a ti y a toda tu familia.

 


Había algo de terreno para la oposición. El Sindicato de Actores y Actrices de Chile había hecho pequeñas, pero valerosas muestras de resistencia contra la tiranía. En 1980 habían hecho campaña para votar contra la nueva constitución que quería imponer Pinochet (misma que sí se aprobó tras un plebiscito muy cuestionable). En 1985, José Manuel Parada, hijo de dos miembros de Sidarte, fue secuestrado, torturado y asesinado por los Carabineros (la fuerza policiaca chilena) junto con otros dos camaradas, por pertenecer al Partido Comunista; fue el llamado Caso Desgollados.

 

En 1987, un grupo paramilitar llamado Comando Trizano amenazó de muerte a 77 actores y actrices de teatro, acusándolos de ser “basura comunista” y les dio como fecha límite el 30 de noviembre de ese año. El sindicato decidió enfrentar esas amenazas con valentía y solidaridad. Al final de cada función teatral los actores explicaban al público la situación en la que se encontraban y leían una declaración del Sidarte:

 

‘El texto dice que esta amenaza es la culminación de una persecución "a todas las expresiones de la cultura", porque "históricamente han sido los artistas quienes en las épocas más siniestras del despotismo y la violencia defendieron la última barricada de la libertad".’

 

Todo lo cual que nos lleva, ahora sí, a la historia de hoy (¡Ah, cómo me gusta hacerla de emoción, ¿verdad?!). El duelo de voluntades que enfrentaría a Christopher Reeve con la dictadura de Pinochet.

 

III
GENERAL, ¿LE IMPORTARÍA SALIR UN MOMENTO?


Ok, investigando en diferentes fuentes, en especial en los periódicos contemporáneos a los sucesos (aquí, aquí, aquí y aquí) di con un detalle que parecen tener equivocado varios de los medios que han retomado los acontecimientos en los últimos años. El gobierno de Pinochet no amenazó directamente a estos actores y actrices, e incluso los Carabineros les prestaron protección policiaca. En algunos artículos hasta se dice que Pinochet hizo aprisionar a los artistas y los tenía bajo amenaza de ejecución, algo completamente falso.

 

Pero, digo, es un detalle, porque grupos paramilitares de extrema derecha como el tal Comando Trizano operaban bajo el visto bueno de la dictadura de Pinochet y eran útiles al régimen para llevar a cabo ciertos crímenes sin tener que ensuciarse las manos.

 

Por esos años el escritor y académico argentino-chileno Ariel Dorfman vivía exiliado en Washington D.C. Había servido en el gobierno de Salvador Allende y sólo se salvó de morir cuando se dio el golpe porque por casualidad ese día cambió su rutina. Dorfman publicó un artículo en el New York Times para hacer conocida la situación en Estados Unidos, pero temía que no se podía confiar en las mismas fuerzas del gobierno para proteger a los 77 amenazados y que lo mejor que se podía hacer era atraer la atención internacional al asunto. Pero, ¿cómo? Se necesitaba que un rostro conocido quisiera comprometerse.

 


Dorfman conocía a Margot Kidder, la actriz que interpretó a Lois Lane, y le pidió el contacto de Christopher Reeve. El actor se comunicó a los pocos días y sostuvo una larga charla con el académico. Dorfman fue muy claro: las vidas de sus colegas corrían peligro; él las podía salvar, pero pondría en riesgo la suya propia. Reeves aceptó hacer el viaje. Es lo que hacen los héroes.

 

Mientras tanto, las amenazas y atentados contra los histriones continuaban. El País reportó que:

 

“La actriz Ana González fue acorralada por una camioneta que intentó chocar su vehículo en dos ocasiones, - muchos han recibido llamadas telefónicas con la cuenta regresiva.”

 

Días después Reeve llegó a Chile y se hospedó en la casa del actor Jaime Celedón. Su pequeño hijo estaba gritando de emoción por tener a Superman en la casa, y pronto el lugar se llenó de vecinos, conocidos y curiosos que querían ver en persona al Hombre de Acero. La visita de la celebridad no podía no haber sido una sensación total.

 


El 30 de noviembre, la fecha límite, los miembros del Sidarte y su nuevo amigo organizaron un evento en desafío a los paramilitares y a la dictadura. Originalmente, pretendían llevarlo a cabo en el estadio Nataniel, pero las autoridades lo prohibieron y entonces el evento tuvo que moverse al salón de baile Garage Matucana. Mil espectadores recibieron a Reeve y sus colegas en el local, mientras otros 2,500 formaron una multitud en los alrededores, que luego fueron dispersadas brutalmente por la policía. Christopher Reeve dio un discurso que inició en castellano: "Estoy aquí de actor a actor, de trabajador a trabajador, de amigo a amigo". Cuentan que las ovaciones hicieron temblar el edificio.

 

El efecto fue el deseado. La prensa nacional e internacional estaba al pendiente de lo que hacía Superman en Chile, y el gobierno de la Junta Militar no tuvo más remedio que asegurar a los actores amenazados que nada les pasaría. Reeve volvió a su país tras 72 horas de visita, pero no se olvidó de Chile, pues al año siguiente participó, junto con otras estrellas, en la campaña por el NO en el plebiscito para decidir la Juna Militar continuaría al mando del país. El militarismo fue derrotado en las urnas y en 1990 Chile por fin reinició su camino hacia la democracia. En 2004, Reeve fue condecorado con la Orden de Bernardo O'Higgins, el mayor honor que ofrece Chile a un ciudadano extranjero.

 

Véanlo recordar el acontecimiento en esta entrevista:


 

El acontecimiento se ha relatado numerosas veces, y poco a poco va tomando el cariz de una leyenda. Reeve nunca llegó a encontrarse cara a cara con Pinochet, o siquiera a dirigirse a él directamente, pero tal escena imaginaria podemos verla en la obra de teatro Mitad del mundo de Pablo Díaz Morilla, y que incluye el siguiente momento:

 

GENERAL estalla. Agarra a REEVE de las solapas de la camisa y le fuerza a mirarle.

 

GENERAL: También dice que soy débil, que los 77 actorzuchos tenían que estar ya muertos, ya deberían haber llovido desde un avión, ya debería estar su gente llorándoles. ¿Aquí quién es el malo ahora, ella o yo?

 

REEVE: Ambos. Pero si usted busca las palabras, si usted de verdad quiere encontrar palabras que sirvan para algo, no las va a encontrar en términos como "Bueno" o "Malo".

 

GENERAL: Pero yo "soy bueno, soy un hombre que no tiene odio en el corazón". 


REEVE ¿Son ésas sus palabras? ¿Sus palabras de verdad?

 

GENERAL: Sí, claro. Yo de verdad dije eso. Está en la televisión, en las radios...



REEVE: Y tiró gente desde aviones luego. Y quemó con cigarros caras, brazos, piernas...

 

Ahora es REEVE quien agarra de la solapa a GENERAL.

 

REEVE (Cont.) ...y convirtió en guiñapos humanos a lo que antes eran personas, a hombres mucho más hombres que usted... A mujeres hermosas que podrían haber sido su mujer. Usted no es bueno ni malo. Usted es un demonio al que si los demonios escucharan que llamo demonio me arrancarían la lengua por la ofensa. Usted es un cobarde que no cabe en el término cobarde, usted es...

 

GENERAL: Yo soy también tú, maldita sea, y tú...

 

REEVE: Yo soy algo que lleva años ahí detrás, agazapado, observando... Esperando aparecer en sueños. Adelante, ¿qué soy yo, General?

 

GENERAL le mira, duda un segundo. Cambia el rostro, tratando de comprender.

 

GENERAL: ¿Mi... bondad?

 


Esta anécdota de un actor estadounidense, aunque admirable e inspiradora, es poco más que una curiosidad, una nota al pie en el panorama mucho más amplio de la lucha de los pueblos de América Latina contra poderes dictatoriales e imperialistas. La derrota del pinochetismo fue, como será la futura derrota de otras opresiones e injusticias en nuestro continente, resultado del esfuerzo de las personas que viven, luchan y mueren aquí. Nadie más es protagonista de esa historia.


Pero quisiera dar a entender por qué conocer estos hechos fue tan importante para mí. De niño mi película favorita de Superman era la segunda, que veía una y otra vez en una cinta Beta. El villano de esta cinta es el General Zod, un tirano kryptoniano obsesionado con hacer que todo el mundo se arrodille ante él. Tan fascista y genocida como Pinochet, Zod resulta menos malo, y no sólo porque es un personaje ficticio, sino porque ni siquiera sus peores crímenes, narrados en los cómics o el cine, se comparan con las atrocidades que llevó a cabo la dictadura militar en la vida real.

 

Hacia el clímax de la cinta, cuando Zod tiene a todo el mundo rendido a sus pies y está aterrorizando a los valerosos miembros del Daily Planet, Superman reaparece después de que se le había dado por perdido. Cuando leí por primera vez la historia de Reeve desafiando a Pinochet, me vino a la mente, en la suave voz del actor, la misma frase que Superman le dirigiera a Zod antes de pelear con él: General, would you care to step outside?



Conocer esta historia es lo más bonito que me ha pasado como ñoño fan de Superman desde que en mi adolescencia me enteré que Christopher Reeve y yo compartimos fecha de cumpleaños. Es un pequeño milagro de la vida descubrir que un héroe de tu infancia lo es también en tu vida adulta.



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3 comentarios:

Ognimod dijo...

Luthor tiene muchas réplicas en la vida real. Millonarios inescrupulosos y sociópatas que se apegan a dictadores peligrosos a cambio de más poder y riquezas de las que ya tienen... pero que viven en constante riesgo de muerte cuando le dejen de ser útiles a sus jefes.

"Maten a los demás, empezando por él."
"¿Yo? General, ¿no recuerda? ¿La Casa Blanca? ¿El Despacho Oval? ¡Nos habíamos divertido! ¿No?"

Maik Civeira dijo...

Bien dicho, bicho

Martin dijo...

A veces me pongo a pensar quién está más cerca de ser un Lex Luthor de la vida real: Bezzos o el imbécil popular de Elon Musk?