Construyamos una Alianza Friki Antifascista - Ego Sum Qui Sum

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MAIK CIVEIRA & LA ALIANZA FRIKI ANTIFASCISTA

viernes, 23 de octubre de 2020

Construyamos una Alianza Friki Antifascista


Hola, hola. Les platico que un amigo de los internetz me invitó a participar en un evento cultural sobre Ficción y Fantasía, organizado por el gobierno de Zacatecas. Fue un ciclo de conferencias en línea, y estuvo bien padre, por lo que les invito a ver las grabaciones aquí. Por mi parte, el tema del que hablé fue “El potencial antifascista de la cultura friki”. 


Aquí está el video, pero si lo prefieren, les dejo también el texto que usé como base. No leí el ensayo cual guion, sino que lo usé como pauta para no olvidar nada, y además después de la presentación le di una revisada más, de modo que al final el texto varía de lo que verán en la grabación, por lo que sí vale la pena checar ambas cosas. Pero bueno, como prefieran. Vamos al grano…

 

 

I
El invierno fascista



Si han seguido este blog, ya saben lo que estoy a punto de decirles. Estamos viviendo un auge de la extrema derecha y éste es un fenómeno que se puede observar en todo el mundo. Grupos que reivindican, velada o abiertamente la supremacía blanca y el nacionalismo violento han aumentado en número y en membresía en los últimos cinco años, a tal punto que la misma ONU ha alertado del peligro que representan. Han aumentado los crímenes los crímenes de odio y los atentados terroristas cometidos por fanáticos de ultraderecha, como recordarán por los tiroteos en Christchurch (Nueva Zelanda) y en El Paso (Estados Unidos). En el contexto de las protestas contra la brutalidad policiaca en Estados Unidos, se ha visto en las calles a milicias nacionalistas armadas con rifles de asalto, y algunos de sus miembros ya han cometido asesinatos.

 

Lo peor es que no se trata solamente de grupúsculos marginales, sino que son sólo los ejemplos más violentos y extremos de un fenómeno sociocultural: la normalización de las posturas fascistas. Expresiones de racismo, sexismo, xenofobia o lgbtfobia que hace apenas unos años se creían desterrados de la interacción social civilizada, están de vuelta y con mayor fuerza gracias a líderes y organizaciones políticas que han conseguido posiciones de poder en todo el mundo. Esto incluye a Donald Trump en Estados Unidos, pero también a Jair Bolsonaro en Brasil, Viktor Orbán en Hungría, Matteo Salvini en Italia, Boris Johnson en Inglaterra, Recep Erdoğan en Turquía y Rodrigo Duterte en Filipinas. Además de partidos y movimientos como el Frente Nacional en Francia o Vox en España.


A pesar de sus diferencias, todos tienen en común algunos rasgos: han ganado poder con un discurso demagógico; se apoyan tanto en el conservadurismo de siempre como en las sectas más radicales de su rama ideológica; excitan el odio contra migrantes y grupos étnicos minoritarios; satanizan los movimientos pro derechos como el feminismo, la lucha LGBTQ+ y el antirracismo. Se presentan como campeones del tradicionalismo religioso, y de “los valores de antaño” contra una modernidad corrompida por el “marxismo cultural” y la “ideología de género”; utilizan en su favor la desinformación, noticias falsas y teorías conspiratorias; predican el uso de la “mano dura” contra el crimen, pero esa dureza va dirigida siempre contra grupos vulnerables. Están en contra de la cooperación internacional y de la pertenencia a organismos supranacionales; niegan el consenso científico, en especial en lo relacionado con el cambio climático, y favorecen los intereses del gran capital. Por tanto, el empoderamiento de estas posturas ideológicas significa un peligro para la democracia, la paz internacional, los derechos de grupos vulnerables y hasta para el bienestar del planeta mismo.

 

Ver Crónica de un Invierno Fascista (y de la Resistencia)


II
El Lado Oscuro

 


Algo que ha resultado tan triste como sorpresivo ha sido descubrir que una subcultura en la que la extrema derecha ha calado ha muchísimo, ha sido la de los nerds, geeks, frikis, ñoños, otakus, roleros, gamers y demás variaciones y permutaciones del concepto. A lo mejor nuestra imagen de un neonazi o de un kukluxklani es la de un gorilón descerebrado o un palurdo sin educación. Pero la realidad no es siempre así, o si quiera la mayoría de las veces. Muchos hombres jóvenes, de clases acomodadas, con acceso a educación, y con gustos e intereses típicamente frikis (videojuegos, cómics, ciencia ficción, fantasía, animación, informática, tecnología, cultura pop en general, etc.) han sucumbido a la tentación del nuevo fascismo.

 

¿Por qué pasó esto? Bueno, si lo pensamos bien, no es tan extraño. La geekósfera siempre se ha considerado un club de Toby, territorio exclusivo de varones blancos y heterosexuales. Y no es que no hubiera fans mujeres, personas racializadas o LGBTQ+; siempre las ha habido entre quienes crean y consumen con afición la cultura friki. Pero hasta unos pocos años se les consideraba excepciones y no se les daba mucho espacio.

 

Ahora, esto es relevante, porque el fascismo apela principalmente a esta intersección: hombres, blancos cisheterosexuales. ¿Cómo lo hace? Exacerbando sus temores a los cambios sociales del mundo moderno. Se les dice que la izquierda, los progres, los SJWs los odian, los culpan de todo y exigen de ellos vergüenza y sumisión. A cambio, la nueva ultraderecha les ofrece orgullo de su identidad, por el mero hecho de tenerla.

 

Pero para que esa tentación de orgullo funcione, el seducido tiene que carecer de otros motivos para estar orgulloso. Es por eso que los fanatismos suelen reclutar a personas poco sociables, con baja autoestima y grandes frustraciones. Y, tristemente, muchos geeks cumplen con estos requisitos.

 


Pero los fachos no vienen de buenas a primeras a decirle a cualquier ñoño “¿Hey, quieres unirte a las SS?”. Por lo regular, antes de empezar a insertas las ideas llanamente fascistas en la mente de las personas, es necesario cultivar la hostilidad contra todo aquello que el fascismo odia: las mujeres, las personas racializadas y las de la diversidad sexual. Pero tampoco es tan fácil; pues antes de odiar a estos grupos, hay que satanizar a los movimientos que defienden sus derechos.

 

Así, en un siglo en el que se ve una cada vez mayor representación de estos grupos en la cultura pop, ya sea como creadores, fans o personajes, hay tensiones que la derecha puede aprovechar. Los fans de cualquier cosa suelen ser bastante puristas con lo que admiran y no reciben bien los cambios drásticos. Si éstos se dan con el afán de hacer una serie o saga más incluyente y representativa, siempre surgirá un  discurso que va más o menos así: “mira a esos malditos progres, SJWs, generación de cristal, están destruyendo esto que amamos con su corrección política y su inclusión forzada; arruinan nuestros cómics, nuestros videojuegos y nuestras películas; ni siquiera son fans, pero las compañías ya les tienen tanto miedo que prefieren complacer a esta gente que a nosotros, los verdaderos fans”.

 

Esto no quiere decir que todos los que hacen videos quejándose de la “inclusión forzada” o de la “corrección política” tengan el objetivo de reclutar potenciales neonazis; puede ser que su niñorratismo de verdad llegue hasta esos despotriques inmaduros. Pero estos contenidos contribuyen a configurar un ambiente cultural hostil hacia los movimientos por los derechos de los grupos perseguidos y ello crea un terreno fértil para ulteriores radicalizaciones.

 

Los algoritmos de Internet están diseñados para que cada vez te muestre contenidos más y más radicales. En YouTube, por ejemplo, un joven incauto puede empezar viendo algún video de “Cómo el feminismo ha arruinado Star Wars”, y luego ir pasando a ver más videos de cómo el feminismo está infectando la industria de los videojuegos, de por qué las feminazis son un cáncer en la sociedad. Es probable que después caigan en videos de Ben Shapiro y Jordan Peterson, o sus versiones tercermundistas, Agustín Laje y Javier Miliei, para acabar aprendiendo cómo en realidad el orden social favorece a las mujeres y oprime a los hombres, y tenemos que tomarnos la píldora roja. De la misma forma, quien se queja de que un personaje blanco haya sido interpretado por un actor negro en una adaptación, puede terminar viendo videos que niegan el Holocausto o que hablan del “gran reemplazo”.

 


Esto no es una especulación de “cuesta resbalosa”; quienes han estudiado el tema de la radicalización en línea han visto que exactamente es así como funciona. La polémica del Gamergate, por ejemplo, fue el inicio de muchos gamers, incluidos influencers notables, por el camino de la radicalización.

 

Existen otros factores que favorecen la corrupción de los ñoños hacia el fascismo. Por ejemplo, creo que se puede hablar de una masculinidad tóxica propia de los geeks. Solemos pensar que un machista es siempre un bravucón hipermasculino y primitivote que abofetea a su novia. Pero un chico introvertido y tímido puede ser bastante misógino también, incluso muy violento. La inseguridad, la ansiedad social y otros males que deberían ser tratados con terapia, pueden generar una frustración por no conseguir pareja, que a su vez lleve al rencor contra las mujeres, a la creencia de que ellas les deben afecto o sexo por ser ellos medianamente amables y considerados. Ese resentimiento los hace vulnerables a las ideologías de odio.

 

Hay otros caminos. Muchos nerds con inclinaciones por la ciencia y tecnología admiran a personajes como Elon Musk o Jeff Bezos. Estos tipos promueven la ideología del libertarianismo, la cual, se ha demostrado, es una puerta de entrada a ulteriores radicalizaciones hacia la extrema derecha. Algo similar ocurrió con algunos influencers del movimiento escéptico (también integrado principalmente por hombres jóvenes, blancos, cishetero y nerdosos).

 

Para saber más:

 

How White Nationalism Courts Internet Nerd Culture

How I Fell Down the Alt-Right Pipeline

How to Radicalize a Normie

Del netouyo a la alt-right: ¿Por qué los nazis llevan avatares de anime?

Nuestra invisibilización en el mundo geek

Ayn Rand: Cómo convertir a los freaks en una cuadrilla de gilipollas

¿Por qué los libertarianos viran a la extrema derecha?

¿Y ahora por qué se ofendieron?

 

III
Frikismo Antifascista

 


¿Qué podemos esperar ante este panorama? Bueno, aunque la situación nos ha tomado a muchos por sorpresa, diferentes formas de resistencia se han organizado. La historia, los símbolos y las tácticas de la lucha antifascista han venido a unirse a los diferentes movimientos por los derechos civiles de este siglo. Y sí, también hay frikis antifascistas, feministas, pro-LGBTQ+ y demás, para hacer frente a la normalización del fascismo en el mundo ñoño.

 

En las redes sociales, fans crean arte que apoya los movimientos y causas progresistas o que rechazan el fascismo. Símbolos típicamente geeks han sido vistos en manifestaciones feministas, antirracistas o por el cambio climático. Se han creado comunidades en línea, que a veces saltan a la realidad, en que nerds y geeks de ideas progresistas pueden compartir sus pasiones sin el fastidio de los tóxicos con tendencias incels. Algunos grupos son abiertamente políticos, y anuncian abiertamente tanto su ñoñez como su fidelidad a una causa. Ensayistas y YouTubers toman obras clásicas y modernas de la cultura geek como punto de partida para abordar temas políticos y sociales.

 

¡No nos extrañe! Es que, de hecho, en muchos clásicos de la cultura friki podemos encontrar inspiración para luchar contra el fascismo. Si algo me he topado estos años es que muchos ñoños, ñoñas y ñoñes, como su seguro servidor, compartimos un sentimiento: que, de alguna manera, las obras que hemos amado durante años nos prepararon para reconocer al enemigo y enfrentar esta lucha. Veamos:

 

X-Men es un cómic que siempre ha servido como alegoría de la opresión y discriminación, ya sea por raza, estado de salud u orientación sexual. La encarnación más clásica del equipo, de los 70 y 80, fue una de los primeros grupos de superhéroes étnica y culturalmente diversos. Algunos arcos argumentales se refieren a eventos sociales de la realidad; la nación de Genosha, donde los mutantes carecen por completo de derechos, era un comentario sobre el apartheid sudafricano; y el virus Legacy, que afectaba a la población mutante, era una metáfora sobre el sida.

 

Superman a menudo es considerado la encarnación del imperialismo yanqui, y ciertamente ha servido en ocasiones a este propósito, pero en sus orígenes, y en muchas interpretaciones posteriores, se presenta como un héroe de clase trabajadora, un inmigrante (creado por hijos de inmigrantes judíos) que defiende a los oprimidos contra los poderosos, así fueran gángsters, políticos o empresarios. No olvidemos que el peor enemigo de Superman es un corrupto capitalista que llegó a ser presidente de los Estados Unidos. Fuera de las viñetas, desde sus primeros años, Superman fue símbolo de la lucha contra el racismo y ayudó a desmantelar al Ku Klux Klan.

 


Star Trek nos presenta un futuro en el que la ciencia y la tecnología se han puesto al servicio de la humanidad, pero en el que también ha habido una gran evolución social hacia un mundo sin divisiones de género, raza, nacionalidad o clase, en el que incluso se dice que el capitalismo ha sido superado. Por si fuera poco, las series de esta franquicia han revelado que esa transición hacia el socialismo democrático interplanetario inició en el siglo XXI con una serie de revueltas encabezadas por un líder social afroamericano: las revueltas de Bell, que este año han sido comparadas con las protestas de Black Lives Matter.

 

La saga original de Star Wars es la historia de una rebelión que realiza una guerra de guerrillas en contra de una dictadura fascista, la cual gobierna mediante el terrorismo de Estado. La batalla de Endor, en palabras de su creador, es una referencia a la Guerra de Vietnam, en donde por consiguiente se identifica al Vietcong como el ejército guerrillero libertario y a los Estados Unidos como el imperio opresor altamente tecnológico. La trilogía de precuelas nos cuenta cómo una democracia puede degenerar en una dictadura encabezada por un líder carismático, con ayuda de poderosas corporaciones capitalistas.

 

La serie de Harry Potter trata del resurgimiento del fascismo en un mundo que lo creía derrotado y que por consiguiente no estaba listo para él. Mientras el extremismo político regresa en la forma de Voldemort y sus seguidores, el establishment prefiere ignorarlo y hacerse de la vista gorda hasta que es demasiado tarde, mientras al mismo tiempo tacha de “radicales peligrosos” a los antifascistas que sí se están preparando para enfrentarlo.

 


Aquí mencioné sólo un puñado de obras, de las más mainstream, y también de las que más me gustan. Pero también podría mencionar cómo El Señor de los Anillos propone modelos de masculinidad positivos que hacen mucha falta; que Los Juegos del Hambre es una ingeniosa denuncia de la opresión de clase y la manipulación mediática; de que recientemente se ha revalorado The Matrix como una metáfora de la experiencia trans; de Mad Max: Fury Road como fábula antipatriarcal en la que una sociedad distópica reduce a las mujeres a objetos de placer y reproducción, mientras manipula a los varones para convertirlos en carne de cañón…

 

Entre las series animadas recientes, sobresalen Steven Universe y la nueva versión de She-Ra como ejemplos de representación de la diversidad sexual, y ambas sagas de Avatar tocan muchos temas relevantes. Lo mío es más lo anglosajón, pero por la Brigada Otaku Antifascista me entero que también hay animes y mangas que sirven como fuente de inspiración y reflexión, especialmente Naruto. Es decir, muchas de las mismas obras que nos hicieron frikis nos enseñaron también a aceptar la diversidad, a reconocer la opresión y la injusticia, y también que debemos combatirla para aspirar a un mundo mejor.

 

Para saber más:

 

What Harry Potter books thought us about Anti-Fascism

Minneapolis and the Bell Roits

Brigada Otaku Antifascista: Activismo millennial en tiempos de intolerancia

Star Trek: esperanza de un mundo mejor

La afectiva masculinidad del Señor de los Anillos

Ciencia ficción para tiempos rebeldes

Los insólitos Hombres-X

Superman contra el fascismo

Cómo Superman venció al Ku Klux Klan

 

 

IV
Problemas y obstáculos

 


Pero, si esto es así, ¿entonces cómo es que no todos los frikis son progresistas o revolucionarios? ¿Cómo es que tantos han sido seducidos por el Lado Oscuro del fascismo? Bueno, por una parte están todos los factores que ya hemos mencionado. Por otra, es que hay muchas otras obras de consumo friki cuyos valores son todo lo opuesto al progresismo. Finalmente, porque hasta las mismas obras que enlisté pueden ser interpretadas de diferentes maneras y transmitir justo los valores contrarios a los que desearíamos.

 

Uno puede ver Star Wars y Star Trek y sólo quedarse con el heroísmo de los héroes, masculinos y blancos, que triunfan a través de la acción violenta. Puede ver los cómics de superhéroes y sólo admirar los despliegues de fuerza y poder, sin jamás reflexionar sobre sus valores éticos. El Señor de los Anillos tiene muchas virtudes, pero es difícil ignorar la codificación racista con la que Tolkien construyó a sus orcos y goblins.

 

Por ejemplo, Harry Potter ciertamente codifica a sus villanos como fascistas, supremacistas raciales que glorifican la pureza de sangre y predican la crueldad, la violencia y el sometimiento a un líder supremo. Pero el antifascismo de esta saga es liberal, no radical. Voldemort es un extremista, pero el racismo, clasismo y jerarquías que inherentes a la sociedad mágica apenas son señalados, y por el contrario se acepta esa sociedad como fundamentalmente “buena”. Ojalá en algún momento de los libros nuestros héroes hubieran reconocido que la maldad de Voldemort no surgió de la nada, sino que emergió de las injusticias y opresiones de la misma sociedad mágica, y que había que reformarla por completo para evitar un futuro resurgimiento del fascismo. Pero no: se limita a un regreso al statu quo. Y eso sin mencionar que Rowling se ha revelado como un mortífago transfóbico.

 


También hay otros problemas, como que muchas de estas obras tienden a tomar la estética del fascismo y reducir su maldad a una cuestión ética, pero evitando su dimensión política. Los uniformes, los rituales y ceremonias, y los despliegues de militarismo autoritario, nos permiten reconocer a los villanos de Star Wars, y otras franquicias, como fascistas. Y sabemos que son malos porque hacen cosas como agredir a gente indefensa, torturar o matar a personas inocentes o tomar lo que desean por la fuerza. Son malos porque carecen de empatía, misericordia y generosidad, porque roban, asesinan y aprisionan, porque se portan como bravucones cuando tienen la ventaja y como cobardes cuando no, etc.

 

Rara vez se mencionará el racismo, sexismo, homofobia o clasismo, que forman parte fundamental de toda ideología fascista (y de la derecha en general). Son malvados porque ejecutan actos que cualquier persona puede reconocer como malvados, sin entrar en controversias. Pero casi nunca se les relaciona con las ideas políticas perversas que son las que llevan a cometer esos actos y adoptar esos rasgos. Ni siquiera en las películas de Indiana Jones, donde salen nazis literales, se ahonda mucho en cuáles eran las ideas políticas de estos tipos, fuera de que “eran malos”. En la cuarta entrega, en vez de nazis, los villanos son comunistas, pero fuera de los uniformes y el acento ruso, como personajes son intercambiables con aquéllos.

 

El fascismo requiere de una élite que concentre el poder, y para justificar su posición necesita establecer una jerarquización estricta de la sociedad sobre ejes que atraviesan género, raza, sexualidad y clase social. Pero en la cultura pop esto suele dejarse de lado. Aunque nunca vimos a oficiales imperiales hacer comentarios sexistas o racistas, en las viejas películas de Star Wars era evidente el contraste entre el masculino y blanco Imperio, frente a la diversa Alianza Rebelde. En cambio, parece que las nuevas producciones de Disney a propósito se esforzaron por hacer a la Primera Orden tan diversa como la Resistencia. Es curioso que eso sea más notorio en todo lo que ha salido después de Rogue One, cuyos creadores hicieron notar abiertamente la esencia supremacista del Imperio. Es como si Disney hubiera querido borrar esa idea y decirnos: “sí, son malos, pero no por esos temas políticos tan delicados, sino por cosas que son apolíticas”. O sea, el mal se despolitiza.

 


Las metáforas fantásticas sobre opresión pueden ser muy útiles, pero por su naturaleza siempre son imperfectas. Si vemos discriminación entre dos grupos, ya sea humanos vs mutantes, humanos vs simios, o magos vs muggles, nos encontramos con seres que, de hecho, son diferentes entre sí. Como se quiera, los magos y los mutantes difieren de los humanos normales, mucho más de lo que somos unos seres humanos a otros de raza u orientación sexual distinta, pues rasgos que sólo se vuelven importantes porque la sociedad les asigna valor en una jerarquía artificial.

 

Lo que es más problemático, en estas ficciones a menudo se obvian las opresiones que sí existen en el mundo real. Voldemort podrá odiar a los muggles, pero los negros y las mujeres tienen tanta dignidad que los hombres blancos en su grupo supremacista. La opresión en Los Juegos del Hambre es sólo por clase, nunca por raza o género. Las personas LGBTQ+ ni siquiera existen en estas obras (los comentarios extraliterarios de Rowling no cuentan).

 

Podemos mencionar asimismo que todas estas obras tienden a simplificar cómo es el proceso de una revolución y de la derrota de una dictadura, como si en una sola gran batalla en la que se diera muerte al tirano principal ya fueran a volver la libertad y la justicia. En la realidad los cambios sociales son procesos lentos y complejos que requieren arduo trabajo de muchos años. No ignoremos que estas ficciones también ponen mucha importancia en el heroísmo de individuos extraordinarios, caudillos o incluso salvadores elegidos por el destino. En la realidad los cambios sociales requieren de esfuerzos colectivos y son las acciones de las masas las que suelen ser las decisivas.

 

Por último, no olvidemos que, sin importar lo radicales que nos pueden parecer, e independientemente de las intenciones e ideario de sus creadores, estas obras son productos de consumo, propiedad de grandes corporaciones capitalistas que no harán lo posible para volver inocuo cualquier mensaje subversivo que pudieran tener.

 

Ver más:

 

Woke Disney

The Man is Sticking it to the Man

Consumer Identity and Cultivated Identity

Por qué a los fascistas les fascina Star Wars y Star Trek

Lo que Hollywood no nos cuenta de las revoluciones

J.K. Rowling: ¿Qué rayos pasa con la transexualidad?

¿Por qué estudiar la cultura pop?

 

V
Conclusión: 
Hacia una Alianza Friki Antifascista

 


Así que llegamos a lo más importante: nadie se va a volver antifascista, progre o radical de izquierda sólo por ver Star Trek. Es necesaria una aproximación crítica. Es necesario que tomemos estas obras, las analizamos, desmenucemos lo que tienen de positivo y lo que tienen de problemático, y podamos reflexionar, aprender y educar a otros a partir de estos aspectos. O sea, lo que sí podemos es hacer es enseñar a un fan de Star Trek cómo esto que siempre ha amado tiene enseñanzas profundas y trascendentes de las que quizá no se había dado cuenta.

 

Mark Bray, autor de Antifa: The Anti-Fascist Handbook, habla de la necesidad de un “antifascismo cotidiano” que cree un ambiente en el que expresar posturas relacionadas con el fascismo sea tan inaceptable que simplemente no ocurra sin que haya un rechazo inmediato:

 

“Si el objetivo de la política antifascista normal es hacer que los nazis no puedan aparecer en público sin encontrar resistencia, el objetivo del antifascismo cotidiano es que el comportamiento opresivo sea tan costoso socialmente que aquellos que lo promueven no tengan más opción que ocultar sus puntos de vista.

 

Cada vez que alguien lleva a cabo acciones contra la transfobia o el racismo -denunciando, boicoteando sus negocios, avergonzándolos por sus creencias opresivas, dejando amistades porque no enmiendan sus actitudes- están poniendo en práctica una visión antifascista que en la práctica contribuye a un antifascismo más amplio que haga retroceder a la extrema derecha.”

 

La cultura friki tiene el potencial de contribuir a ese antifascismo cotidiano, ayudando a crear un ambiente cultural en que las ideas discriminatorias no puedan circular tan fácilmente, y que en cambio empodere aquello que el fascismo quisiera destruir. Pero no va a hacerlo por sí sola; necesita de nuestro esfuerzo consciente y deliberado de análisis, educación y divulgación.

 


Finalmente, no podemos olvidar que todo es muy bueno, pero es insuficiente. Cuando vemos, en nuestros productos geeks, narrativas que favorecen los valores progresistas y denuncian la intolerancia, es razón para sentirnos optimistas. La existencia de la obra anuncia que esto se está normalizando, y promete que ayudará a que se difunda y acepte todavía más. Pero son sólo pasos preliminares a la verdadera lucha.

 

Ni todas las series súper incluyentes que pongan en Cartoon Network van a detener a los fascistas de seguir conquistando el poder alrededor del mundo, como todo el arte y la intelectualidad antifascista no impidieron que Hitler, Mussolini y Franco tomaran el poder en la Europa del periodo de entreguerras. Necesitamos organización: construir redes, encontrar camaradas y empezar a planificar nuestras acciones, no sólo en los medios, sino en la vida real. Crear comunidades de frikis con intereses y valores en común es un buen inicio, pero tarde o temprano será necesario hacer más, volvernos dignos de los personajes heroicos que han sido nuestra inspiración

 

Así, mientras unos frikis se vuelven al Lado Oscuro, muchos otros hemos de decir: “Seremos la Liga de la Justicia contra su Legión de la Maldad; seremos los Vengadores contra su Hydra; seremos la Orden del Fénix contra sus Mortífagos; seremos la Gran Rebelión contra su Horda; seremos los que resistan la agresión de la Nación del Fuego; seremos la Alianza Rebelde de su malvado Imperio Galáctico”.

 


Ver más:

 

Geek es el nuevo cool

Spider-Punk: el Anarquista Hombre-Araña

Antifa: ¿Quiénes son los verdaderos fascistas?

Antifa: Cien años golpeando fachos

Un año de lecturas antifascistas

 

Grupos y páginas de Facebook:

 

Nerdy Commies

PoC Nerds

Sci-Fi Libertarian Socialist

Brigada Otaku Antifascista

Frente Antifascista

Profesor Ego y la Alianza Friki Antifascista

8 comentarios:

JorgeLaris dijo...

Hola, Ego. Creo que has dado con el clavo. Estaba viendo una entrevista de Paterson y él decía que una de las razones por las que ha tenido tanto éxito es porque él ofrece a su audiencia (mayoritariamente hombres blancos) una identidad de la que estar orgullosos, mientras que la izquierda lea ofrecía una identidad de la que avergonzarse. Como suele suceder con lo que dice, es una exageración, pero al mismo tiempo creo que hay un cierto sentido en lo que dice. Vivimos en una sociedad en donde el poder recae y ha recaído históricamente en hombres blancos (aunque por supuesto muchísimos hombres blancos no tienen posiciones fe poder), Hay que encontrar un mensaje que incluya también a estás personas en la alianza. Yo por mi parte, soy hombre y mi piel es clara. Odio identificarme como blanco, aunque si me considero occidental. Creo que me identificó más con la izquierda, porque me siento heredero de una tradición política humanista, ilustrada, igualitarista: que ha aprendido en los últimos siglos de la crítica feminista, antirracista y socialista. Así, creo que soy heredero de la Ilustración, y de aquellos otros movimientos que a los que se ha unido el movimiento, y gracias a los cuales ha crecido. Así, tengo en el pasado una identidad política de la que sentirme orgulloso, pero al mismo tiempo sabiendo que no ha nacido perfecta, y que ha crecido precisamente por la inclusión de más grupos, que por su exclusión. Al final de cuentas, en una sociedad plural y abierta, cada grupo debe sentirse orgulloso de si mismo, y de su relación horizontal con los demás diferentes.

Maik Civeira dijo...

Hola. Pues sí, lo que dices también tiene que entenderse como un jalón de orejas para los progres. No puedes atraer a la gente a un movimiento si sólo les ofreces culpa y vergüenza, si te dedicas a regañotear esperando que así "vean la luz". Es mejor si les ofreces la oportunidad de hacer algo heroico. Como dice el buen Quetzal "no los acuses de ser María Antonieta, invítalos a ser Rosa Parks".

JorgeLaris dijo...

Compartes un buen dicho. Es que creo que sí uno se acerca con un niño blanco con problemas de socialización que sufre bulling en la escuela con un mensaje que pueden interpretar como: " tus problemas no importan porque vives en el privilegio", pues no creo que sirva mucho para atraer adeptos a la causa. Más cuando del otro lado tenemos a un grupo de personas con habilidad sofistica llamándolos con un mensaje tentador.

Perdón por mi escritura, es que ando en el cel.

Maik Civeira dijo...

Sí, y otra cosa, lo del "yo no te voy a explicar el feminismo, edúcate". Morra, el que lo quiere reclutar no le va a decir que se eduque solito sobre la Píldora Roja o la supremacía blanca; se lo va a explicar de la manera más seductora y amigable posible. Y vale, no todo el mundo puede hacer el trabajo de pedagogo, que implica esfuerzos mentales y emocionales, además de tiempo, e incluso riesgos, pero coño, alguien tiene que hacerlo. Si tú no puedes, mínimo redirígelo a quien sí pueda, o a un texto introductorio fácil, caray.

JorgeLaris dijo...

De acuerdo contigo. Ahora que estaba pensando estas cosas, recordé que de niño estuve cerca de caer en el New Atheism de Sam Harris y su banda (Paterson tiene mucho de esto, pero religioso). Por suerte para mi, conocí y me identifiqué mejor con la escuela de Massimo Pigliucci, por aquellos años más escéptico que estóico. Sino mal recuerdo, el primer libro de Pigliucci que conseguí fue Denying Evolution, y lo leí porque tu lo reseñaste en tu página. Te agradezco tus esfuerzos de divulgación.

Maik Civeira dijo...

¡Muchas gracias! Qué bueno que te haya gustado :)

Alexander Strauffon dijo...

Rowling no piensa como tú ni los radicales cerrados de izquierda, por lo tanto, "Rowling se ha convertido en un mortífago transfóbico", dices. ¿Por qué? ¿Por señalar verdades científicas? Es absurdo que tú, que en otros tiempos te has ostentado como divulgador científico y que defiendes a los hechos científicamente probados, ahora consideres mala a una persona que lo que dice es con base en la Genética como ciencia. Una persona puede mutilarse mediante cirugía y adoptar conductas y finalmente roles como guste, ejerciendo su libertad, pero eso no cambiará sus genes. La apariencia engaña, los cromosomas sin embargo no mienten. Decir que solo las mujeres menstrúan no es una agresión a nadie, es una verdad. Que tú y otros instalados en sus delirios quieran seguir viviendo en una fantasía donde las reglas de la Física misma ya no aplican; ya todos se salen de Tiempo y Espacio a voluntad y pueden ser del género que quieran, de la edad que quieran, de la raza que quieran, pueden autollamarse víctimas del delito que sea y no debe pedírseles pruebas, y un largo etcétera. Pero eso sí, todos caballeros andantes justicieros listos a atacar a quien los exponga a la oh terrible enemiga: La Realidad.

Todo lo que estás haciendo es dañino y tóxico, y lo peor es que te encuentras en contacto con alumnos, en tu papel de maestro. Más anticientífico que ser postmoderno y radical izquierdoso en estos tiempos no lo hay. La disforia de género es un padecimiento mental, no una identidad ni una causa social. Y defender eso y otros excesos de la ideología que has tomado como bandera te convierte en una persona de una bajeza notoria, a la par de la contraparte en la ultraderecha donde también hay pseudociencia y hostilidad, y solo se sirven de la ciencia cuando les conviene a su retórica. Son dos polos opuestos que intoxican al mundo por igual, y ahí estás creyéndote estar del lado de los "buenos" con tus sermones en forma de post que no son sino una sopa de falacias alargada y adornada.

No puedes llamarte un ser ético o moral, ni siquiera maduro, con esta enorme cantidad de sinsentidos. Ni te detienes a pensar en el daño que a la largo hace lo que promocionas con tanto entusiasmo. Y otra cosa: esas poses de "soy justiciero, mi alianza friki antifascista bla bla", solo refuerzan la imagen de falto de madurez que mencioné antes. Déjate de tonterias, Miguel. Si te llega a tocar estar frente a gente armada dispuesta a dispararte, en combate en verdad por escapar de una situación donde podrías perder la vida, te harías en los pantalones. Ir a marchas a hacerte el activista donde sabes que el mismo gobierno se está sirviendo de la protesta y no te pasará nada no es una lucha real, ni es una verdadera Resistencia. Ruega que nunca toque en tu vida un conflicto auténtico, porque ahí no te servirán tus fantasías de toda la vida de creerte V de V for Vendetta o Neo de The Matrix.

Maik Civeira dijo...

Oye, Alex, ¿ya viste la nueva serie de She-Ra? ¡Está bien chingona! :D

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