Diez libros, diez mujeres I: Las historiadoras - Ego Sum Qui Sum

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MAIK CIVEIRA & LA ALIANZA FRIKI ANTIFASCISTA

viernes, 12 de marzo de 2021

Diez libros, diez mujeres I: Las historiadoras


En entradas anteriores argumenté en defensa de dos tesis en las que creo: que en general deberíamos leer más libros escritos por mujeres y que las materias como historia, filosofía y literatura deberían incluir a muchas más mujeres en su programa. Desde que hice estos planteamientos por primera vez, no siempre he cumplido con mis propios propósitos, aunque trato de hacerlo cada vez mejor.

 

De cualquier forma, pienso que más que decir “¡más mujeres!” en abstracto, sería útil recomendar a las mujeres a quienes vale la pena leer. Por eso, me propuse hacer un top de libros escritos por mujeres de entre los que leí en la pasada década (2010-2019; no son libros publicados entre esos años, sino los que leí en ese tiempo). Resulta que entre mis tópicos favoritos de lectura están la historia y los géneros especulativos en la literatura (ciencia ficción, fantasía, horror). No fue a propósito, pero resultó que cada uno de los diez libros que seleccioné pertenecen a un grupo o al otro. Así que empecemos esta primera entrega con las historiadoras.

 

Como mención honorífica está La Ciudad de las Damas de Cristina de Pizán. No tenía realmente dónde ubicarlo, porque por un lado es un libro de filosofía que incluye notas biográficas de varias mujeres históricas, pero por otro está escrito en forma de alegoría e incluye también muchas leyendas y relatos míticos. En realidad, como es un libro escrito en la Edad Media, no se ajusta a nuestras categorías modernas. Como es un excelente libro, no podía dejar de mencionarlo.

 

Varias de estas reseñas las había publicado en otros espacios, así que tal vez ya las hayan topado. Si no, espero que sea una grata novedad para ustedes. Ah, y si les interesa leer más recomendaciones literarias, les invito a checar mi perfil de GoodReads.

 

5
Para acabar con la Edad Media
Régine Pernoud


Fascinante librito, una maravilla breve y amena que se lee en un instante. Es obra de la eminente medievalista francesa Régine Pernoud y, como su nombre lo indica, su objetivo es desmentir mitos y concepciones erróneas sobre los 10 siglos de historia que siguieron en Europa a la caída del Imperio Romano y que erróneamente (según ella) se catalogan todos en un solo bloque como "Edad Media".


Habría que entender primero, que "Edad Media" es una construcción cultural de los siglos XVI en adelante, no fue ni mucho menos un bloque homogéneo. Uno de los primeros capítulos, dedicados al arte, señala que los renacentistas lo juzgaban todo de acuerdo a los modelos grecorromanos (pero, además, la Grecia de Pericles y la Roma de Augusto), que todo lo que no se ajustara a esos cánones era considerado feo e inferior y que habían adoptado la imitación idólatra para hacer arte. En cambio, el arte medieval era verdaderamente creativo y original. ¿Quién podría dudar de la sensibilidad artística, el talento y la maestría técnica de los constructores de catedrales, de los vitraleros y de los iluminadores de manuscritos?


Pernoud, como historiadora, reconoce que existe el progreso, pero advierte que unca se trata de un proceso continuo, uniforme y determinado. Por ejemplo, la esclavitud, que había desaparecido durante la Edad Media (y demuestra que, con todo, la vida del siervo feudal no era TAN mala como se pinta), reapareció con el Renacimiento, en gran parte gracias al redescubrimiento del derecho romano, que naturalmente avalaba la posesión de un ser humano. El rey medieval, siguiendo la tradición germanocéltica, era el primero de los nobles; el monarca absoluto de la modernidad también encuentra su legitimidad en el derecho romano.


Hay muchos otros temas que aborda la historiadora, como el desarrollo del conocimiento, el funcionamiento del sistema feudal, el papel de la Iglesia y la Inquisición (cuya época más feroz no fue el medievo, sino la temprana Edad Moderna) y el rol que podían llegar a tener las mujeres (reinas, santas, abadesas, comerciantes, artesanas, o heroínas como Juana de Arco), cuya subyugación se agravó, adivinaron, gracias a la reinstauración del derecho romano (en el mundo grecolatino las mujeres tenían una posición muy desventajosas en comparación con las culturas germanocélticas).


Muchas de las preconcepciones que tenemos sobre la Edad Media nacieron en épocas en las que el estudio de la historia no era muy riguroso. Bastaba para que alguna fuente dijera alguna cosa, y ésta se repetía y reproducía en muchas otras. Pernoud insiste en la importancia del rigor en la ciencia de la historia, pues para obtener un dato certero es necesario pasar tiempo prolongado estudiando un solo documento. Pero estos descubrimientos que hacen los historiadores profesionales tardan décadas en alcanzar la visión compartida del gran público.


Pernoud también insiste en la importancia de la historia en la educación de niños y jóvenes (y da algunos consejos al respecto). Podría sacar muchas citas del libro, pero me quedo con dos:

 

"Los jóvenes de hoy muestran un notable apetito de viajes, lo que es un reflejo saludable, pero a su universo espacial le falta la dimensión tiempo. Y es una laguna."

"Al familiarizarse con otros tiempos, otras épocas y otras civilizaciones, uno adquiere el hábito de desconfiar de los criterios de su tiempo: éstos evolucionarán igual que otros han evolucionado."


Esta autora también nos dejó una excelente biografía de Cristina de Pizán, por si les interesa leer más al respecto.


4
Gulag
Anne Applebaum


Impactante y esclarecedora historia del Gulag, el sistema de campos de concentración soviético. La autora es la periodista estadounidense de origen polaco Anne Applebaum; para escribir este libro dedicó años a una exhaustiva investigación, leyó decenas de memorias y libros al respecto, entrevistó a los sobrevivientes, visitó los campos y tuvo acceso a documentos desclasificados de la era soviética. El resultado es un trabajo monumental.

Applebaum nos cuenta los diferentes aspectos de la existencia misma del Gulag, desde su administración en las altas esferas del gobierno soviético, hasta la vida de los guardias y los prisioneros; desde el momento en que las víctimas fueron arrestadas, los años que pasaron condenadas a trabajos forzados y hasta su muerte o su liberación; desde el funcionamiento general del sistema, hasta las historias humanas individuales.

 

El relato no podía ser otra cosa que estremecedor. La forma en la que el poder absoluto de unos seres humanos sobre otros se ejerce hasta el punto de convertirlos en animales, en propiedad; es material de pesadilla. Y, sin embargo, fue la realidad de miles de personas entre 1930 y 1953, e incluso más allá del fin del estalinismo, hasta la caída misma de la Unión Soviética.

 

Cualquiera podía ser llevado a los campos: delincuentes de poca monta, hampones de carrera, disidentes políticos, miembros del gobierno que hubieran cometido algún error o se hubieran enemistado con la persona equivocada, soldados soviéticos sospechosos de traición por haber sido capturados por los nazis, o quizá alguien que hubiera contado un chiste, que hubiera llegado tarde al trabajo, que se hubiera ganado la envidia de sus vecinos… Incluso podía ser llevado a los campos por ninguna razón.

 

Applebaum nos revela que Stalin no sólo estaba paranoico y veía enemigos en todas partes: creía en el sistema del trabajo esclavo para el desarrollo económico del país. De repente podía ordenar más prisioneros para trabajos forzados y entonces sus fuerzas arrestaban al azar a cientos de personas. Hombres, mujeres, niños, ancianos, discapacitados… literalmente cualquiera podía terminar en los campos.

 

Allí, les esperaban experiencias terribles: trabajar hasta morir de extenuación, golpes, maltratos, hambre, violaciones, la muerte de los familiares y amigos… Los presos políticos vivían a merced de los criminales profesionales, que ejercían sobre ellos su dominio. Las mujeres eran violadas como parte de la normalidad de ese ambiente, pero a menudo también lo eran los hombres. Sin embargo, también hubo momentos de solidaridad, de compasión, de camaradería, de calidez humana.

 

Hay cierto sesgo ideológico en la narrativa. Es obvio que la autora se concentra en lo más monstruoso de la historia soviética y es difícil saber qué tan representativas son algunas de las anécdotas más cruentas que cuenta. En su epílogo, al enlistar algunas atrocidades del siglo XX (el Holocausto, la Revolución Cultural de Mao) omite las matanzas cometidas y auspiciadas por los Estados Unidos en el tercer mundo. En cambio, sí añade los atentados del 11 de septiembre, que si bien fueron terribles, no están al mismo nivel (aunque sea numéricamente) que las otras. También hay mención al “no olvidar por qué peleamos la Guerra Fría”, como si la motivación de los gringos hubiese sido salvar a los millones que sufrían detrás de la cortina de hierro, como si les hubiese importado un comino. Son pocos pasajes, pero me parecieron poco menos que vomitivos.

 

Con todo, no pueden negarse los hechos, los datos duros, esa realidad que se hace aún más atroz porque los crímenes fueron cometidos en nombre de la Utopía.

 

3
Romantic Outlaws
Charlotte Gordon


Libro que narra las extraordinarias vidas de Mary Shelley (autora de Frankenstein) y su madre Mary Wollstonecraft (autora de Vindicación de los derechos de la mujer). Gordon construye una biografía paralela de madre e hija, en la que los capítulos sobre cada una se van alternando. Ambas sufrieron muchas tribulaciones, rechazo social, abandono, soledad; vieron que sus obras, hoy canónicas, fueron despreciadas por sus contemporáneos.

Por supuesto, buena parte del libro consiste en mostrarnos las dificultades que enfrentaron por el sexismo de sus tiempos. Nos señala cuán revolucionarias eran las ideas de estas dos mujeres, incluso para los estándares de los círculos más progresistas de aquellos años. Ambas Marys usaron sus plumas para denunciar las injusticias de su época. Pero fueron incluso más allá y se atrevieron a vivir de acuerdo a sus ideales, desafiando los convencionalismos de lo que se consideraba “respetable”.


Aprendí mucho leyendo este libro. De la vida de Mary Wollstonecraft, aprendí que ella no fue únicamente una lúcida pensadora de la Ilustración, no sólo alguien cuyo agudo intelecto se enfrentó al de gigantes de la talla de Edmund Burke (uno de los más notorios intelectuales conservadores), sino una mujer apasionada que hablaba desde su experiencia de vida y que vivía según sus ideales (y pagaba el precio por ello).


De Mary Shelley aprendí que Frankenstein es una obra mucho más personal de lo que yo había entendido las primeras veces que la leí, pues ella vivió lo que significa ser una marginada social, rechazada hasta por su propio padre. Siempre he considerado Frankenstein como una obra brillante, pero por primera vez entendí lo importante del hecho de que su autora sea una mujer.


Al leer este libro no dejaba de crecer en mí la admiración por estas tres mujeres: la madre, la hija y la biógrafa de ambas. Escribí
una reseña más completa aquí.

 

2
1914: De la paz a la guerra 
Margaret McMillan


Es una historia de los acontecimientos que llevaron al estallido de la Primera Guerra Mundial. Con una excelente calidad narrativa, McMillan relata la situación global, pero más concretamente la europea, desde finales del siglo XIX hasta el inicio del conflicto.

 

Con el objetivo de brindarnos la imagen más completa, esta historiadora canadiense aborda la situación en cada una de las potencias beligerantes, analizando su trayectoria y cómo se fueron poniendo en camino hacia el desastre. La autora no sólo se cuida de la historia política, sino que se ocupa de elaborar perfiles biográficos y de personalidad de quienes fueran los protagonistas del conflicto: políticos, estadistas, militares, activistas, etc.

 

También dedica amplios espacios para exponer las ideas, posturas filosóficas y corrientes ideológicas que estaban en boga en aquellos tiempos y que influyeron en gobernantes y poblaciones, y todo un capítulo tiene por tema la derrota del pacifismo.

 

Es un excelente libro, de ágil y cautivante lectura; además de ser una autoridad en el tema, McMillan es una brillante comunicadora. Con la habilidad de una novelista, va construyendo el momento climático (el mismo estallido de la guerra), mostrando a sus lectores cómo todas las piezas van cayendo en su lugar.

 

Pero tampoco pretende limitarse a exponer de forma fría e impersonal, sino que constantemente hace énfasis en las lecciones que nuestra sociedad contemporánea puede extraer de esta historia, y sin temor a ser acusada de tendenciosa, señala los paralelismos entre el tiempo que vivimos y los años en que Europa se precipitó al desastre.

 

Con previsión se refiere al optimismo existente en aquella época, pues había muchos que creían que la guerra misma era un concepto superado, caduco, del pasado, que las guerras entre grandes potencias, entre naciones civilizadas, ya eran imposibles. Estas lecciones merecen ser escuchadas, dados los tiempos conflictivos que vivimos. Como dice McMillan hacia el final de obra: siempre hubo otras opciones que no fueran la guerra.

 

Este libro fue el que me inspiró a escribir esta entrada sobre el inicio de la Primera Guerra Mundial.

 

1
Los orígenes del totalitarismo 
Hannah Arendt


A casi 70 años de su publicación este libro se convirtió en un éxito de ventas, considerado como una referencia obligatoria para entender el clima político en el que estamos viviendo, con el resurgimiento de movimientos neonazis, la presidencia de gente como Donald Trump y Jair Bolsonaro, y la admiración hacia figuras como Vladimir Putin, que representan la pérdida de fe en la democracia liberal y la nostalgia por el autoritarismo de antaño.

 

Esta obra monumental está dividida en tres partes: Antisemitismo, Imperialismo y Totalitarismo. En las dos primeras presenta los antecedentes sociales, culturales e ideológicos que derivaron en el totalitarismo, y en la última expone cómo los movimientos extremistas llegaron al poder y cuál es su naturaleza y su funcionamiento.

 

Arendt afirma que el totalitarismo, como fenómeno político, es algo totalmente nuevo, a pesar de sus raíces y antecedentes, y que no es igual a las dictaduras y tiranías de otros tiempos y lugares. Según ella, sólo han existido dos regímenes verdaderamente totalitarios: el nazismo y el estalinismo. Ni siquiera otras dictaduras fascistas o comunistas tuvieron el alcance de aquellos dos regímenes, porque no pretendían subsumir la totalidad de la existencia humana en un proyecto megalómano cuyos alcances no eran menos que la globalidad y la perpetuidad.

 

La importancia del imperialismo en el desarrollo de las ideologías totalitarias es múltiple. Por un lado, la experiencia imperialista creó por vez primera una política global y el ideal de la expansión por la expansión misma demostró que es posible para una entidad seguir extendiéndose sobre otras de forma prácticamente ilimitada.

 

Es aquí en donde se desarrollan las primeras doctrinas racistas, como una forma de justificar la dominación de los europeos sobre los pueblos del mundo. De hecho, uno de los capítulos más interesantes está dedicado al desarrollo del racismo como ideología, que se remonta al siglo XVIII. Tampoco olvidemos que los primeros campos de concentración y los primeros experimentos más o menos organizados para exterminar a poblaciones enteras se dieron en el África colonial.

 

En pasajes que recuerdan de forma aterradora lo que estamos viendo suceder actualmente en el mundo, Arendt advierte del uso que los movimientos totalitarios dieron a la propaganda, en especial a las teorías conspirativas; del descaro y la desvergüenza de los líderes totalitarios para cambiar constantemente su discurso, pretendiendo cambiar así la realidad.

 

Nos habla de la ceguera de las élites que pensaron que podrían mantener bajo su control a los nuevos dictadores para asegurar su propio beneficio; de la extraña alianza entre las élites y la turba para aplastar a los elementos moderados de la sociedad; de la ingenuidad de los gobiernos no totalitarios que, incapaces de comprender la lógica de estos regímenes, creyeron ver en ellos déspotas con los que se podría negociar con base en los principios de pragmatismo e interés propio.

 

Finalmente, nos obliga a mirar hacia los campos de la muerte, tanto nazis como estalinistas, en los que se buscaba no sólo apagar vidas humanas, sino la total destrucción de lo mismo que nos hace humanos. Escribí con más detalle sobre esta obra aquí y aquí.

 

 

Continuaremos en la próxima entrega, con cinco autoras de literatura fantástica.

 


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