De los godos a las góticas IV: Gótico en blanco y negro - Ego Sum Qui Sum

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sábado, 6 de noviembre de 2021

De los godos a las góticas IV: Gótico en blanco y negro


Hola de nuevo. Cuando inicié esta serie, pensé que a lo mucho tendríamos cuatro capítulos. Imaginé que podría cubrir toda la ficción gótica en uno solo, pero veo que me equivoqué y que hay mucho por desentrañar, si es que pretendemos entender cómo lo Gótico empezó refiriéndose a lo relacionado con un pueblo germánico de la Antigüedad tardía y terminó siendo el calificativo con el que llamamos a jóvenes vestidas de negro y con maquillaje extravagante. Así, en el capítulo anterior hablamos de La Literatura Gótica, pero para comprender esta historia completa, les remito al Índice.

 

Una nota. En esta parte usé casi siempre títulos en español de las películas enlistadas, a menos que no existieran o que hubiera varias traducciones los mismos según el país o la época, en cuyo caso utilicé los títulos originales. Y es que hoy vamos a hablar de…

 

Capítulo Cuatro
Gótico en Blanco y Negro


El 28 de diciembre de 1895, día de los Santos Inocentes, los inventores Auguste y Louis Lumière, presentaron por primera vez al público su creación: el cinematógrafo. Los dos artesanos habían logrado dar el paso que faltaba a una serie de desarrollos tecnológicos que se habían estado dando en las décadas anteriores: fotografía de alta velocidad, luz eléctrica, proyección de imágenes, juguetes que creaban la ilusión de imágenes en movimiento, etcétera.

 

Aunque en un principio la creación era considerada como poco más que una curiosidad, y al público le bastaba ver imágenes de la vida cotidiana o panoramas de otros lugares del mundo, pronto el cine se convertiría en una nueva forma de expresión artística. Y el gótico estaría ahí desde el principio.

 

A. FANTASMAGORÍAS

 

La mansión del diablo

En 1896, el primer gran mago del cine, Georges Méliès (1961-1938), presentó una peliculita de tres minutos titulada La mansión del diablo (Le manoir du diable). Sucedía en un escenario gótico medieval, e incluía un demonio que se transforma en murciélago, un esqueleto que aparece de pronto y otras entidades espectrales. Bien podríamos considerar éste el primer film gótico.

 

Sin embargo, es poco probable que Méliès estuviera conscientemente tratando de hacer cine gótico. En los primeros años del cine, cuando lo más importante era el espectáculo en sí, se produjeron muchas piezas como ésta, en las que se hacía gala de los efectos especiales y las situaciones fantásticas que sólo este nuevo medio podía producir, con énfasis en lo gracioso y divertido. Por eso se hicieron muchas obras inspiradas en leyendas y cuentos de hadas, o presentadas como ensueños o alucinaciones.

 

El experto Xavier Aldana Reyes advierte que estos primeros experimentos cinematográficos se inspiran muy poco en la tradición literaria gótica, que para entonces estaba ya muy bien desarrollada. Más bien los primeros cineastas expandieron lo que ya se había hecho en espectáculos populares: el grand guignol, con sus presentaciones macabras y actos de violencia gráfica; el vodevil, con su espectáculo de variedades que incluía música, danza, acrobacias, comedia e ilusionismo; la phantasmagoria, con su uso de “linternas mágicas” para proyectar apariciones fantasmales, sus efectos de iluminación y sus decorados macabros. Claro, estos entretenimientos también bebieron profusamente de la misma cornucopia de supersticiones, cuentos folclóricos y leyendas populares que inspiraron a los escritores góticos.

 

Espectáculo de fantasmagorías

Podríamos hacer una larguísima lista de opúsculos producidos en aquellos años y que contribuyeron a conformar la imaginería del cine gótico, con castillos o mansiones embrujadas, laboratorios de alquimistas, torres de astrólogos, diablos, fantasmas, hechiceros, esqueletos andantes, transformaciones, apariciones, objetos que se mueven solos, etcétera.

 

Nada más entre los títulos producidos por Méliès que se pueden incluir como precursores del género, si no es que plenamente góticos, a muchas obras, entre las que se encuentran: El mago (1898), El diablo en el convento (1899), Barbazul (1901), Los enredos del diablo (1906) y La bruja (1906).

 

El diablo en el convento

Con el paso del tiempo el cine iría desarrollando su propio lenguaje; ya no sería nada más un “teatro filmado”, sino que surgiría un nuevo vocabulario visual de planos, ángulos de cámara y montaje. Los cineastas empezaron a buscar inspiración del teatro y la literatura, también con la intención de mostrar que el nuevo arte cinematográfico formaba parte de la misma tradición cultural.

 

Así, con el inicio de una nueva década comenzaron a aparecer adaptaciones de clásicos hechas tanto en Estados Unidos como en Europa: La casa de los siete tejados (1910), Frankenstein (1910), El jorobado de Notre Dame (1911), varias obras de Edgar Allan Poe, y un largo etcétera.

 

Les vampires

A destacar tenemos Les Vampires (1915), uno de los primeros seriales cinematográficos. Dirigida por Louis Feuillade (1873-1925), cuenta con la actuación de Musidora (1989-1957), actriz, directora, escritora y modelo de pintores vanguardistas, que para esta cinta luce su exquisita figura en un entallado traje de mujer murciélago. Los vampiros titulares no son seres de ultratumba, sino una banda de delincuentes que aterroriza a la ciudad. ¡Tan sólo un ejemplo más del inmenso acervo cultural de una era del cine hoy poco conocida!

 

B. UNA SINFONÍA DE HORROR

 


Ya desde la década de 1910 aparecieron versiones cinematográficas de algunos clásicos góticos en Alemania: El estudiante de Praga (basada en William Wilson de Poe, 1913), Ein Seltsamer Fall (basada en Jeckyll y Hyde, 1914), El sabueso de los Baskerville (1914), El Fantasma de la Ópera (1916) y El retrato de Dorian Grey (1917).

 

Sin embargo, el cine cambiaría para siempre en los años que siguieron al final de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). El horror verdadero de la guerra industrial a una escala jamás antes vista encontró una nueva forma de expresarse a través de imaginería macabra y alucinante en una era en la que el cine había llegado a su adultez.

 

Caballería alemana. Primera Guerra Mundial

El expresionismo alemán fue una corriente artística que se desarrolló en el cine silente en tiempos de la posguerra. Se caracterizó sobre todo por su bellísima fotografía y por el uso dramático de la iluminación, en especial del claroscuro. Si en el cine anterior el objetivo de la iluminación era que los actores y el escenario se vieran bien, en el expresionismo tenía una función estilística y dramática, para acentuar las emociones dominantes en la obra. Otras características comunes de este cine incluyen composiciones de cuadro muy estilizadas y a menudo poco naturalistas, y una preferencia por lo torcido y lo deforme, no sólo en las figuras monstruosas, sino en la psique de los personajes y hasta en la manera en la que se juega con los ángulos de cámara.

 

Este cine alcanzó altísimas cumbres y se convirtió en modelo a seguir para cineastas en todo el mundo. Dio obras maestras en géneros tan disímbolos como la fantasía épica en Los Nibelungos (1924), la ciencia ficción en Metrópolis (1927) o el drama social en La caja de pandora (1929). Sin embargo, todo este movimiento comenzó con el horror gótico.

 

El gabinete del Doctor Caligari

El gabinete del doctor Caligari (1920), dirigida por Robert Wiene (1873-1938) y protagonizada por Wener Krauss (1884-1959) y Conrad Veidt (1893-1943), cuenta la historia de un psiquiatra (Krauss) que, siguiendo los pasos de un antiguo hipnotista, utiliza a un sonámbulo (Veidt) para cometer horrendos crímenes. La cinta fue un parteaguas en la historia del cine. Sobresale por la escenografía y el diseño de arte, en las que se mezclan referencias góticas con las vanguardias artísticas de inicios del siglo XX; las edificaciones torcidas y desproporcionadas expresan la locura de los personajes que las habitan. Alucinante y por momentos surreal, fue al mismo tiempo la culminación de las tendencias que se anunciaban en el cine alemán desde la década anterior y sentó las bases estéticas del expresionismo alemán durante la siguiente.

 

Ese mismo año apareció El Golem, de Carl Boese (1887-1958) y Paul Wegener (1874-1948), quien también la protagonizó como el monstruo titular, y basada en la novela de Gustav Meyrink. La historia va sobre el legendario rabino Judah Loew, quien, al conocer el nombre de Dios, da vida a un hombre artificial hecho de barro. Wegener recrea la Praga medieval en todo su esplendor gótico y nos da una escena de creación del monstruo con lujo de diabólicos efectos especiales. La criatura es aterradora, pero también inspira a la compasión, en un antecedente de otro monstruo creado por manos humanas que llegaría a las pantallas de cine una década más tarde.

 

El Golem

La obra maestra del gótico expresionista es sin duda Nosferatu (1922) de F.W. Murnau (1888-1931), una adaptación no oficial de la novela Drácula. Aún considerada a la fecha como una cinta aterradora, no sólo por la actuación del misterioso Max Schreck como el vampiro Orlok, sino por la forma en la que el director encuadra e ilumina al personaje, haciéndolo absolutamente amenazador y dándole un aura preternatural.

 

A pesar de que los creadores procuraron desviarse de la novela para evitar demandas por los derechos, resulta ser una de las adaptaciones más fieles que se hicieron durante décadas, logrando capturar la inmensa malignidad del vampiro y la amenaza que representa para un monstruo así para el mundo moderno. Orlok es todavía más devastador que Drácula, pues su presencia en la pequeña ciudad alemana de Wisburg causa decenas de muertes, que los habitantes atribuyen a una peste. Por cierto, a pesar de los cambios, la viuda de Bram Stoker demandó a los estudios y casi consigue destruir todas las copias de la cinta). La película es en verdad la primera gran épica de terror. 

 

Nosferatu

El aspecto de Orlok fue tremendamente influyente en futuras caracterizaciones de los vampiros, en especial cuando se quisiera acentuar su lado repulsivo en oposición a su faceta seductora. Durante años se difundieron rumores de que el tal Max Schreck era una figura completamente envuelta en el misterio; que no tenía más películas en su haber antes ni después y que sus compañeros de reparto nunca lo vieron sin maquillaje. Además, resultaba sospechoso que la palabra shrek, homófona con el apellido del actor, significara “espanto”. Así, se llegó a especular que en realidad Orlok era un auténtico vampiro… Bueno, pero ésas son leyendas urbanas, pueden ver la vida y carrera del actor Max Schreck (1879-1936) en su perfil de Wikipedia :p

 

Por supuesto, no podía faltar una adaptación de ese gran clásico del gótico alemán que es el Fausto de Goethe. Fue el mismo Murnau quien la dirigió en 1926, creando una cinta fantasmagórica llena de imaginería macabra y onírica. También hubo una nueva adaptación de El sabueso de los Baskerville (1929), dirigida por Richard Oswald (1880-1963) y con un reparto internacional. Ya en la época del cine sonoro, Carl Theodor Dreyer (1889-1968) nos presentaría Vampyr (1932), su primera película de terror sonora y la última que rodaría en Alemania, porque los tiempos estaban por ponerse muy oscuros.

 

La carreta fantasma

Otros países contribuyeron al desarrollo del horror gótico en el cine. De Suecia nos llega La carreta fantasma (1920) dirigida y protagonizada por Victor Sjöström (1870-1960), y basada en la novela homónima de la ganadora del Nobel Selma Lagerlöf (1858-1940). Cuenta la historia de un alcohólico que, tras encontrarse con el cochero del carruaje de la Muerte misma, se ve obligado a reflexionar sobre su vida. Este filme tuvo una gran influencia en el cine, en especial en la carrera de Ingmar Bergman y ha sido referenciada en múltiples ocasiones, más famosamente en El Resplandor de Kubrick.

 

El mismo país escandinavo nos dio Häxan (1922), de Benjamin Christensen (1879-1959), una película experimental que es en parte documental sobre la historia de la brujería, pero con muchos segmentos dramatizados que tratan de apariciones demoniacas, torturas inquisitoriales y depravación sexual. La aterradora imaginería aportada por este filme rivaliza con las más atrevidas pesadillas del cine de terror moderno.

 

Häxan

Del otro lado del Atlántico, el cine hollywoodense conoció una simpática e influyente racha de películas categorizadas como old dark house, que mezclaban misterio, espantos y comedia, con ecos de la obra de Anne Radcliffe. The Ghost Breaker (1922, hoy perdida), The Bat (1926) y The Cat and the Canary (1927) suceden en viejos caserones donde acechan fantasmas y monstruos, que resultan ser fabricaciones de algún malvado intrigante que pretende deshacerse de la heroína de la historia para quedarse con su herencia.

 

The Cat and the Canary fue dirigida por Paul Leni (1885-1929), una de varias figuras señeras del expresionismo alemán que se trasladaron a Hollywood cuando la situación política en el Viejo Continente ya se estaba volviendo intolerable. Otros expatriados incluyen a los actores Conrad Veidt y Peter Lorre, el cinefotógrafo Karl Freund y los directores F.W. Murnau y Fritz Lang. Todos ellos llevarían consigo sus conocimientos, experiencia y muy personales estilos, que influirían grandemente en el cine estadounidense.

 

C. CRIATURAS DE LA NOCHE

 

El Fantasma de la Ópera

La historia del gótico en el cine sería inconcebible sin la casa productora Universal Studios, fundada por Carl Laemmle (1867-1939) en 1912. Durante la década de 1920, Universal produjo una racha de superproducciones de prestigio, de las cuales las más grandes fueron El jorobado de Notre-Dame (1923) y El Fantasma de la Ópera (1925). Ambas fueron protagonizadas por Lon Chaney (1883-1930), “El hombre de las mil caras”, un genio no sólo de la actuación sino del maquillaje, que él mismo diseñaba y se aplicaba. Otra producción que contó con Chaney fue la hoy tristemente perdida London After Midnight (1927), dirigida por su buen amigo, el director Tod Browning (1880-1962), con quien compartía una fascinación mórbida por las deformidades.

 

El jorobado es gótica, pero no es de horror, al igual que otra adaptación de la obra de Víctor Hugo, El hombre que ríe (1928), dirigida por Paul Leni y protagonizada por Conrad Veidt. El aspecto de Veidt como un hombre desafortunado con una grotesca sonrisa tallada en la cara, daba a la cinta ciertos toques de horror y se convertiría en la inspiración para uno de los villanos más importantes de toda la ficción contemporánea: el Joker. Lo cual me lleva a recordar que en algún momento tendré que hablar de Batman.

 

El hombre que ríe

El heredero de la compañía, Carl Laemmle Jr. (1908-1979), era un fanático de los cuentos de horror y un productor osado con predilección por los proyectos arriesgados. Uno de esos proyectos era precisamente la producción de la primera cinta sonora de terror: ni más ni menos que una adaptación de Drácula dirigida por Tod Browning.

 

Originalmente se planeaba que el protagonista fuera Lon Chaney, pero éste falleció antes de que iniciara la producción. Entonces se eligió al actor húngaro Bela Lugosi (1882–1956), quien conocía perfectamente al personaje, pues lo había interpretado en la popular adaptación de teatro. De hecho, el guion de esta cinta está basado en dicha adaptación y no en la clásica novela de Bram Stoker.

 

Drácula

Bela Lugosi se convirtió en el Drácula por antonomasia. Su acento exótico, sus gesticulaciones tan bien calculadas, sus movimientos casi dancísticos. Su aspecto, con la capa negra y el pelo relamido, pasarían a la historia como la imagen definitiva del Conde, desplazando incluso a la descripción que de él hiciera Stoker.

 

El año de 1931 fue clave para la historia del cine, la ficción gótica y el horror en general, pues ese año se estrenó no sólo Drácula, sino Frankenstein, también de Universal, y Dr. Jekyll y Mr. Hyde, de Paramount. La trilogía clásica del horror gótico llegó a las pantallas de cine en sus primeras versiones sonoras un mismo año, y serían la piedra fundacional sobre la que se levantó uno de los ciclos fílmicos más maravillosos de la historia: el gótico de monstruos.


Frankenstein


Aquí me cuesta contener mi entusiasmo, porque las pelis góticas de esos años son de mis favoritas de toda la vida. No quiero extenderme demasiado aquí porque ya he dedicado una serie completa a los clásicos de monstruos de Universal, destacando sus características generales, más las pelis que me parecen las mejores y por qué. También tengo una sobre los antecedentes, orígenes y evolución de la saga de Frankenstein de esa casa productora. Me limitaré a explorar la cronología de esta era mencionando los títulos más egregios y el impacto que tuvieron.

 

Frankenstein, dirigida por James Whale (1989-1957) y protagonizada por Boris Karloff (1887-1969) y Colin Clive (1900-1937), fue todavía más exitosa que Drácula. La Criatura creada por el doctor Henry (¡no Víctor!) Frankenstein es el monstruo incomprendido por excelencia. Dr. Jekyll y Mr. Hyde, dirigida por Rouben Mamoulian (1897-1987) recibió muchos elogios y hasta le ganó a su protagonista Fredric March un Oscar por su actuación.

 

Dr. Jekyll y Mr. Hyde

El éxito de esa trilogía fundacional quedó patente con la explosión de películas góticas que se dio en 1932, empezando por las de Universal. La momia, de Karl Freund (1890-1969), traslada el horror gótico a Egipto; cuenta con el siempre genial Boris Karloff como el hechicero egipcio redivivo Imhotep.

 

Otras dos de Universal fueron Los crímenes de la calle Morgue, estelarizada por Bela Lugosi y con un diseño de producción hermosamente gótico (aunque la peli sea medio cutre, a decir verdad), y The Old Dark House, que reúne a Boris Karloff con James Whale, y buena parte del equipo de Frankenstein, en una comedia gótica de humor macabro a la usanza de las que se hicieron ellos años 20.

 

Los crímenes de la calle Morgue

También de 1932 fueron The Island of Lost Souls, basada libremente en La isla del Dr. Moreau de H.G. Wells; White Zombie, que constituye la primera película de zombis (ambas fueron estelarizadas por Bela Lugosi); y The Most Dangerous Game, de Irving Pichel (1891-1954), una brillante cinta de suspenso en la que un grupo de náufragos se ven atrapados en una isla, propiedad de un aristócrata que se entretiene cazando a seres humanos, “la presa más peligrosa”.

 

Esas tres cintas trasladan los tópicos del gótico a ambientes tropicales, en este caso islas exuberantes, lo que contribuyó a configurar el subgénero del “gótico tropical”. En él se cambian los bosques y montañas por selvas exuberantes y playas solitarias, los castillos por las casonas de ranchos y plantaciones, y los aldeanos supersticiosos por aldeanos supersticiosos con piel más oscura.

 

The Most Dangerous Game

Volviendo a Universal, El hombre invisible de 1933, dirigida por James Whale, es una de las mejores del género, y cuenta con unos efectos especiales fabulosos que siguen maravillando al público contemporáneo. En el papel titular está Claude Rains (1889-1967), quien sólo con su voz y ademanes (su cara nunca se ve; es invisible, duh) logró crear a todo un personaje y mostrarnos su descenso a la locura.

 

El mismo genio Whale nos daría la que a mi gusto es la obra maestra de este ciclo, La Novia de Frankenstein, en 1935. Karloff repitió y se superó en el papel del Monstruo y Colin Clive regresó de nuevo como un Henry Frankenstein menos demente y más atormentado. A ellos se suman el exquisito Ernest Thesiger (1879-1961) como el mefistofélico Doctor Pretorius y una hermosa Elsa Lanchester (1902-1986) en el doble papel de la Novia y la creadora Mary Shelley. Una absoluta maravilla, en mi top de películas favoritas, todavía más trágica y filosófica que su predecesora. Aún hoy se siguen discutiendo sus significados e implicaciones de tipo existencial, metafísico, sociológico, religioso y sexual.

 

La novia de Frankenstein

Ante el éxito de La novia de Frankenstein, Universal quiso probar suerte con otra secuela: La hija de Drácula (1936) de Lambert Hillyer (1893-1969). Todavía considerada como una de las mejores películas de vampiros jamás realizadas, sobresale por su estética expresionista, con unas hermosas tomas del Londres brumoso y oscuro. Cuenta con excelente actuación de Gloria Holden (1903-1991) como Marya Zaleska, una vampira atormentada por su propia condición. Le gana puntos extra el más que evidente subtexto lésbico y el que la escritora Anne Rice ha mencionado esta peli como una de principales influencias.

 

Otra maravilla producida fuera de Universal fue Mad Love (1935) dirigida por Karl Freund y protagonizada por Peter Lorre (1904-1964), Frances Drake (1912-2000) y Colin Clive. El brillante científico Gogol (Lorre) se enamora obsesivamente de Yvonne (Drake), una actriz del Grand Guignol, que está casada con el prometedor pianista Orlac (Clive). Cuando Orlac pierde las manos en un accidente, Gogol las reemplaza con las de un asesino. El horror estalla cuando las manos parecen actuar por cuenta propia.

 

Mad Love

Esta joya, hoy casi olvidada, fue alabada por Charles Chaplin, quien dijo que Lorre era el más grande actor vivo de su tiempo. Además, la fotografía, la dirección de cámara y el diseño de producción impactaron a Orson Welels de tal forma que influyó notoriamente en su obra posterior. En fin, una gran película.

 

En 1939 apareció El hijo de Frankenstein, tercera parte de la saga, Karloff se volvió a poner el maquillaje, Bela Lugosi hizo el papel de Ygor y Basil Rathbone (1892-1967) heredó el manto de científico bien intencionado pero demasiado ambicioso, Wolf von Frankenstein, el hijo de Henry. No tan buena como su predecesora, vale la pena porque eleva al máximo la estética expresionista, y por la que bien podría ser la mejor actuación de Lugosi. Es un buen epílogo para la serie de los tornillos en el cuello.


La mano de la momia


En 1940 vio la luz La mano de la momia, sin relación con la cinta de 1932, y que dio lugar a múltiples secuelas en la década siguiente. Si en la original Imhotep era más bien un hechicero malvado, en ésta tenemos a Kharis, el estereotipo de momia muda, torpe y de andar leeento, prácticamente un zombi envuelto en vendajes. Esta serie es muy inferior al clásico de Karl Freund, pero el personaje trascendió en la cultura pop mucho más que el no-muerto interpretado por Karloff.

En 1941, apareció la última gran obra del cine de horror de Universal: El hombre lobo. Dirigida por George Waggner (1895-1984), y estelarizada por Lon Chaney Jr. (1906-1973), hijo del “Hombre de las Mil Caras”, contó con las actuaciones de Claude Rains, Bela Lugosi, y de Maria Ouspenskaya (1876-1949). Escrita por el guionista Curt Siodmak (1902-2000) como la tragedia de horror por excelencia, sobre un buen hombre sobre el que recae la maldición del licántropo, y aun queriendo evitar su destino, fatalmente lo cumple.

 

El hombre lobo

Aunque ha habido obras literarias sobre hombres lobo desde el siglo XIX, y algunas películas de licántropos desde tiempos del cine mudo, ninguna fue tan influyente e icónica como esta cinta. El Hombre Lobo de Lon Chaney Jr. se convirtió en la encarnación más emblemática de esta figura legendaria, y en el tercer monstruo más reconocible de Universal, formando una triada con el Conde Drácula y el Monstruo de Frankenstein. Es un caso curioso: el texto arquetípico sobre licántropos no es una novela, sino una película, a diferencia de sus dos compañeros. Lo mismo podríamos de la momia arquetípica; sí hay ejemplos literarios y cinematográficos anteriores, pero ninguno influyó tanto como Kharis en La mano de la momia.

 

A mí gusto, El hombre lobo es el canto del cisne del ciclo clásico de horror de Universal y otros estudios que siguieron sus pasos. Lo que vendría después serían interminables secuelas de cada vez peor calidad, en las que el monstruo era revivido una y otra vez para aterrorizar a un reparto diferente. Es un antecedente de las películas de terror ochenteras con sus muchísimas y pésimas continuaciones.

 

La casa de Drácula

Frankenstein contra el hombre lobo (1943) es un churro hecho y derecho, pero vale la pena como curiosidad porque es el primer crossover entre dos personajes provenientes de diferentes películas e inicia algo así como un “universo compartido” de los monstruos de Universal, que cuajaría con La casa de Frankenstein (1944) y La casa de Drácula (1945), en las que los tres principales medirían sus fuerzas. El golpe mortal definitivo lo dio la comedia Abbott y Costello contra los fantasmas (1948), que demostraba que los monstruos clásicos ya no podían ser tomados el serio.

 

D. MÁS ALLÁ DE LOS MONSTRUOS

 

La Bella y la Bestia

Aunque las películas de monstruos vistosos son las que (con justa razón) más se recuerdan de los años 30, en realidad el subgénero de “científicos locos” produjo muchas más obras a lo largo de aquella década y de la siguiente. Estas películas estaban influidas por el gótico, pero no eran góticas en sí; solían ambientarse en tiempos modernos y por su tipo de tramas estaban más emparentadas con el pulp contemporáneo. Las hubo buenas, las hubo malas, y prepararían el terreno para la edad dorada del sci-fi horror de los 50, una década en la que el gótico estaría casi por completo ausente hasta el final.

 

Pero, como ya hemos dicho, no todo el gótico tiene que ver con el horror sobrenatural. Tragedia gótica la adaptación de 1939 de El jorobado de Notre-Dame de William Dieterle (1893-1972), y fantasía gótica es la versión de Jean Cocteau (1889-1973) de La Bella y la Bestia de 1946, por ejemplo.

 

El ladrón de cuerpos

El productor Val Lewton (1904-1951) realizó una serie de nueve películas etiquetadas como “de terror” para RKO en la década de los 40, aunque en realidad la mayoría son más bien thrillers psicológicos en los que los elementos sobrenaturales son ambiguos y sutiles, o de plano están ausentes. Tres de estas cintas son típicamente góticas y todas estelarizadas por Boris Karloff: El ladrón de cuerpos, La isla de los muertos (ambas de 1945) y Bedlam (1946). Además, Yo caminé con un zombi (1943) es un clásico del gótico tropical.

 

La década estaría marcada, sobre todo, por el desarrollo del gótico femenino. Bebiendo de la tradición establecida por las obras de Anne Radcliffe y de las hermanas Brontë, así como de las old dark house de las décadas anteriores, este subgénero tiene a heroínas que se ven caer bajo el poder de hombres perversos e intrigantes. La mayoría de estas cintas transcurren, ya sea en la Era Victoriana, ya sea en tiempos modernos, pero en mansiones de aquella época.

 

Rebecca

La más sobresaliente de esta racha es Rebecca (1940) dirigida por el maestro Alfred Hitchcock (1899-1980), basada en la novela de Daphne du Maurier y protagonizada por Joan Fontaine (1917-2003) y Lawrence Olivier (1907-1989). La nueva señora De Winter (Fontaine) no se siente del todo a gusto con su esposo Maxim (Olivier), quien ciertamente esconde un secreto en su caserón de Manderley, y la presencia de su difunta esposa Rebecca se siente por todas partes. Cinta de gran suspenso y magistral construcción de atmósfera, ganó el Oscar a mejor película.

 

Otro ejemplo destacable del gótico femenino es Gaslight (1944), de George Cukor (1899-1983), con Ingrid Bergman (1915-1982) y Charles Boyer (1899-1978). Paula (Bergman) y Gregory (Boyer) son una pareja recién casada. Ella empieza a experimentar extraños sucesos en la heredada casona de su difunta tía, lo que la hace pensar que está perdiendo la razón. Lo cierto es que Gregory la está manipulando para hacerla pensar que enloquece, y todo por siniestros fines.

 

Gaslight

De esta cinta es que surge la expresión gaslighting, que se refiere a cuando los abusadores manipulan a sus víctimas para hacerlas creer que lo que ellas perciben como violencia y maltrato están solo en su cabeza o es culpa de ellas mismas. De hecho, el gótico femenino ha sido leído retroactivamente como una denuncia de la violencia psicológica de género, el sometimiento de las mujeres en el matrimonio y la vida hogareña, y la muy usual desestimación de los pensamientos y emociones de las mujeres como “histeria”. Oponiéndose a los poderes patriarcales tenemos a una heroína que, si bien es víctima, también pelea por su vida y su cordura, es astuta, inteligente y descubre su propia fortaleza al enfrentar horrores y peligros.

 

Otras cintas del subgénero en aquella época incluyen otro par de Hitchcok, Jamaica Inn (1939) y Spellbound (1945), además de Dark Waters (1944), The Spiral Staircase (1946) y sendas adaptaciones de Cumbres borrascosas (1939) y Uncle Silas (1947). También hay ejemplos de otros países no anglosajones, como la italiana Malombra (1942), la española El clavo (1943) y la francesa La Fianceé des ténèbres (1945).

 

The Uninvited

Un ejemplo inusual para esta época, de gótico femenino que sí es sobrenatural, es The Uninvited (1944), dirigida por Lewis Allen (1905-2000) y basada en la novela de Dorothy Macardle. En ella, un hermano y una hermana compran una casona junto al mar de Cornualles, sólo para descubrir que está habitada por presencias sobrenaturales, mismas que parecen ejercer un control irresistible sobre Stella, una joven vecina.

 

En los 50, una década en la que el horror sobrenatural escaseó, el director y productor William Castle (1914-1977) se hizo famoso por sus películas de terror llenas de trucos, no sólo dentro de la pantalla, sino al otro lado, en la sala de cine. En ese sentido, Castle es un heredero de los espectáculos de fantasmagorías. Entre su filmografía, la cinta más gótica es La casa en la colina embrujada (1959), estupenda pieza de espantos al estilo más clásico y protagonizada por uno de los ídolos de este blog, el grandísimo e inigualable Vincent Price (1911-1993).

 

La casa en la colina embrujada

Un par de obras maestras absolutas del gótico femenino sobrenatural llegaron a principios de la década siguiente. Una es The Innocents (1961), basada en Otra vuelta de tuerca de William James. Dirigida por Jack Clayton (1921-1995), con guion de Truman Capote (1924-1984) y protagonizada por Deborah Kerr (1921-2007), es una de las películas de fantasmas más atmosféricas, psicológicas y elegantes que podrán ver.

 

La otra es The Haunting (1963), basada en la novela The Haunting of Hill House de Shirley Jackson (sin relación con la cinta de William Castle). Dirigida por Robert Wise (1914-2005) y estelarizada por Julie Harris (1925-2013) y Richard Johnson (1927-2015). Hill House es una casona maldita habitada por entidades malignas. O eso cuenta la leyenda, que el Dr. Markway (Johnson) quiere poner a prueba, al hacer que un grupo de voluntarios pase unos días con sus noches en el edificio. Una de ellas es Eleonor (Harris), una mujer atribulada y mentalmente inestable. Lo que suceda en la casa bien podría ser resultado de sus problemas psicológicos, o quizá de verdad hay algo más allí.

 

The Haunting

Varias de las películas del gótico femenino se basaron en novelas, relatos o libretos preexistentes, y muchos de ellos fueron escritos por mujeres. Tres escritoras destacan por su carrera en la literatura gótica y de terror: Dorothy Macardle (1889-1958), Daphne du Maurier (1907-1889) y Shirley Jackson (1916-1965). Du Maurier, además de Rebecca y Jamaica Inn, escribió las obras en las que se basaron otras películas clásicas como Los pájaros (1963) y Don’t Look Now (1973), ambas consideradas obras maestras. Jackson, además de su novela más famosa, escribió una plétora de cuentos macabros.

 

Aunque no son completamente góticas, una triada de cintas de por esos años tiene algunos elementos góticos muy notorios: Sunset Boulevard (1950), Psicosis (1960) y ¿Qué pasó con Baby Jane? (1962). Las tres ocurren en casonas anticuadas en clara decadencia, tratan de personajes que descienden a la locura y al homicidio, y de víctimas que caen en manos de villanos que las retienen contra su voluntad.

 

Psicosis

Por último, no podríamos dejar de mencionar El Séptimo Sello (1957) de Ingmar Bergman (1918-2007), con las actuaciones de Max von Sydow (1929-2020) y Bengt Ekerot (1920-1971). Magnífica y hermosa fantasía gótica, trata de un caballero medieval (Von Sydow) que regresa a su país tras pelear en las Cruzadas, sólo para encontrarlo devastado por la Peste Negra. Convencido de que sus combates en Tierra Santa carecían de un verdadero propósito, y viendo lo frágil que es la vida humana bajo la peste, el caballero está cada vez más convencido que la vida carece por entero de sentido y desesperado por encontrar algo que le diga que no es así. Entonces se topa con la Muerte (Ekerot), con quien apuesta la vida en un juego de ajedrez que durará toda la película.

 

Bergman se inspira menos en gótico tal cual había evolucionado en el cine y la literatura (fuera de las influencias de La carreta fantasma de Sjöström) y se va directo a las fuentes: la Edad Media, con toda su imaginería de brujas quemadas en la hoguera, penitentes fustigándose, iglesias en penumbras, la Danza Macabra, y la Muerte misma. Es una de las mejores películas jamás hechas y merece un ensayo completo, que prometo hacer algún día.

 

El séptimo sello

En este capítulo hemos cubierto la historia del cine gótico desde sus inicios hasta mediados del siglo XX, unas siete décadas. En estos tiempos la fotografía en blanco y negro se volvió parte fundamental de la estética del cine gótico. No obstante, una nueva generación de autores y obras estaba a punto de demostrar que el gótico también podía existir a color.

 

En nuestro próximo capítulo pasaremos a la segunda parte dedicada al cine, Gótico a todo Color, en donde hablaremos de todo lo que pasó entre el apogeo de Hammer Films y nuestro tiempo presente. Si prefieres, puedes ir directo al Índice para ver todos los temas. O quizá quieras revisar estas otras entradas sobre temas relacionados.


Olvidaba enlistar las principales fuentes consultadas para este capítulo:

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