De los godos a las góticas: Una historia cultural. Parte V - Ego Sum Qui Sum

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jueves, 11 de noviembre de 2021

De los godos a las góticas: Una historia cultural. Parte V



Buenas noroches. Les doy la bienvenida una vez más a esta serie en la que estamos explorando la historia cultural de lo gótico, desde los antiguos bárbaros que destruyeron Roma hasta las tribus urbanas que se identifican con la obscuridad. Para ello hemos ido abordando tema por tema y época por época. Los tópicos están organizados en este índice:

 

I.- La civilización gótica
II.- El arte gótico
III.- La literatura gótica
IV.- Gótico en blanco y negro

 

Conviene leer todos los capítulos, pero igual ustedes pueden elegir sólo el que les llame la atención, pues está hecho para entenderse sin depender de los demás. Dicho lo anterior, vamos con nuestra entrega de hoy:

 

Capítulo Cinco:
Gótico a Todo Color

 


Desde tiempos del cine expresionista alemán, la fotografía en blanco y negro, en especial con sus dramáticos claroscuros, había quedado íntimamente relacionado con la estética del gótico, como si fuera un aspecto intrínseco de ella. ¿Podría hacerse este tipo de cine a todo color? Hammer Films venía a demostrar que sí. 


Prepárense, pues, para una fiesta de sangre roja, luna llena, ciudades góticas y muchas, muchísimas escenas de personajes sosteniendo velas o linternas mientras exploran pasillos oscuros. Advierto que, al igual que la vez pasada, usé los títulos en español de las películas, a menos que hubiera más de una traducción, o ésta fuera muy fea. Perdonen de antemano si no pude contenerme de comentar lo sensuales que están los actores y actrices en estas obras.

 

A. MÁS ROJO QUE LA SANGRE

 

La maldición de Frankenstein

Los estudios iniciarían su larga y brillante carrera como sede del moderno horror británico en 1955, con el estreno de The Quatermass Xperiment, una película en blanco y negro que mezclaba horror y ciencia ficción, como era la moda en esa década. La cinta fue un éxito, tanto en Gran Bretaña como en los Estados Unidos, lo que dio a Hammer la oportunidad de probar nuevos territorios.

 

En 1957, los estudios cambiarían la historia del cine con La maldición de Frankenstein. El éxito de esta nueva adaptación abrió las puertas para toda una nueva racha de cine gótico, esta vez a todo color. Al año siguiente El horror de Drácula vino a cimentar ese éxito. Ambas cintas fueron dirigidas por Terence Fisher (1904-1980) y protagonizadas por Peter Cushing (1913-1994) y Christopher Lee (1922-2015). Este trío de director y actores estaría presente en casi todas las grandes obras de Hammer.

 

El horror de Drácula

El ciclo gótico de Hammer tenía mucho en común con el que Universal iniciara casi tres décadas antes. Sus películas se inspirarían en las mismas obras literarias y los mismos monstruos clásicos. Al doctor Frankenstein y al Conde Drácula siguieron La momia (1959), El sabueso de los Baskerville (1959), Las dos caras del Dr. Jekyll (1960), La maldición del hombre lobo (1961) y El Fantasma de la Ópera (1962). Como ya escribí una entrada completa dedicada al horror de Hammer, no ahondaré mucho en esta sección. Baste decir que todo esto sirvió para consolidar la suerte de “panteón canónico de monstruos clásicos” que Universal había creado.

 

Lo que distingue a los ciclos de Universal y de Hammer de otras formas del gótico es precisamente su énfasis en el monstruo o criatura como protagonista y atractivo principal de la película. La forma de enmarcar al monstruo como una figura amenazante fue creada por Murnau en su Nosferatu y heredada a todo el cine de horror subsecuente. Universal y Hammer querían además crean aspectos icónicos para sus criaturas, que fueran únicas y memorables.

 

La momia

Claro, al igual que la casa de Laemmle, Hammer hizo adaptaciones muy libres, drásticamente diferentes de las obras literarias originales y de los clásicos filmes de los años 30. Es decir, sus versiones son únicas, con un sello de marca inconfundible. Ver Drácula con Bela Lugosi y ver Drácula con Christopher Lee son dos experiencias muy distintas.

 

Al igual que entonces, los mismos actores y equipos de producción ahora se rotaban entre las diferentes películas, por lo que siempre veremos caras y nombres conocidos en las pantallas. Son artistas que hicieron carrera en el género y sus nombres quedaron para siempre relacionados con él.

 

También, como Universal, Hammer consolidó la tendencia de hacer secuelas y más secuelas de sus propiedades exitosas, particularmente Drácula y Frankenstein. En cada entrega se ignoraba o reescribía el desenlace de la anterior, en la que el monstruo y villano había sido destruido, para dar inicio a una nueva aventura con muy poca relación de continuidad. Más tarde veríamos repetirse este afán con las innumerables secuelas que dieron otras franquicias terroríficas, en particular los slashers de los 80.


El sabueso de los Baskerville

A diferencia de Universal, sin embargo, cuyas cintas de horror se ubicaban en algún universo atemporal en el que distintos siglos se entremezclaban, Hammer sí especificó la época en la que sus historias transcurrían. Siempre entre finales del siglo XVIII y principios del XX, pero sobre todo en la Era Victoriana, lo que contribuyó a definir aquella época como la más gótica de todas. Claro que su recreación no era históricamente precisa; en cambio, desde el vestuario hasta el diseño de producción, todo estaba altamente estilizado, y sería esa estilización la que marcaría la estética del gótico victoriano.

 

Precisamente lo que más destaca del cine de Hammer, y lo que marca la diferencia con todo el cine gótico anterior, es su estética. De Universal heredó los castillos y mansiones, los laboratorios de científicos locos, las calles de Londres, los cementerios, los bosques fantasmales y los cementerios a la luz de la luna. Pero ahora ya contaba con el color. Así como los expresionistas alemanes y sus aprendices den Universal habían usado la luz, las sombras y el claroscuro, Fisher y otros realizadores de Hammer dieron al color un uso dramático y simbólico, en el que el contraste entre el rojo escarlata de la sangre y otros colores más sobrios eran siempre marcadores de peligro inminente.

 

B. POE, CORMAN, PRICE

 

La caída de la casa Usher

Hubo un realizador que le dio al color un uso todavía más experimental. Al mismo tiempo y de forma paralela al renacimiento gótico de Hammer, el director Roger Corman (n. 1926) creó, para American International Pictures (AIP), su propio ciclo horrorífico, una serie de películas inspiradas en la obra de Edgar Allan Poe, casi todas guionizadas por el veterano del horror y la sci-fi Richard Matheson (1926-2013) y protagonizadas por el magnífico, el único, el insuperable ¡Vincent Price! (1911-1993).

 

Empezó por La caída de la casa Usher (1960), a la que siguieron El pozo y el péndulo (1961), El entierro prematuro (1962), El cuervo (1963), La tumba de Ligeia (1964) y la indiscutible obra maestra La máscara de la Muerte Roja (1964). También de este ciclo es The Haunted Palace (1963), la cual, aunque tiene el título de un poema de Poe, en realidad se basa en El caso de Charles Dexter Ward de H.P. Lovecraft, siendo ésta la primera gran adaptación cinematográfica de la obra del maestro de Providence.

 

La máscara de la Muerte Roja

Corman es famoso por la enorme cantidad de películas de serie B que produjo y dirigió a lo largo de su vida; se jactaba de ser el director más veloz del mundo y poder sacar películas en pocas semanas de filmación y con exiguos presupuestos. Pero el ciclo de Poe es verdaderamente un trabajo de autor, en el que Corman deja manifiesta toda su creatividad y visión para crear secuencias surreales y de pesadilla.

 

Tanto Hammer como Corman tenían en común no sólo un diseño de arte gótico victoriano altamente estilizado, y un magistral uso de colores saturados, sino un renovado énfasis en la violencia y la sensualidad que Universal sólo habría podido soñar. Gore, mutilaciones, deformaciones y sangre más roja que el rojo colorean historias en las que hermosas mujeres ampliamente escotadas huyen despavoridas de monstruos horribles a los brazos de sus amantes. Esta mezcla de sexo y violencia ha sido parte del horror desde el principio, pero el cine de los 60 empujó los límites de lo aceptable e hizo grietas en las barreras que el cine de los 70 derribaría por completo.

 

La maldición del hombre lobo

Pero, por encima de todo esto, Hammer y Corman, a pesar de ser un tanto kitsch en ocasiones, preservaron fielmente la atmósfera y la sensibilidad características del gótico. Aprovecharon la escenografía que recreaba arquitectónicos y naturales, y la usaron como los escritores góticos lo habían hecho desde los inicios del género. Sus personajes siempre fueron más interesantes que sólo monstruos, héroes, villanos y damiselas en peligro. En ocasiones la tragedia pesó más que el horror, como en La maldición del hombre lobo y Las dos caras del Dr. Jekyll. Nos dejaron no sólo buenas películas de terror, sino buenas películas.

 

El ciclo de Poe-Corman-Price terminó en 1964, pero su éxito permitió a la AIP recuperarse tras casi la bancarrota. Así, aquella casa pudo estrenar en 1968 Witchfinder General, del genio precoz Michael Reeves (1943-1969), y con Vincent Price en el papel de un corrupto cazador de brujas en tiempos de las guerras civiles inglesas.

 

Witchfinder General

El éxito de las películas de Hammer fue tal que revitalizó la industria cinematográfica del Reino Unido y la convirtió en una de las mayores fuentes de ingresos para el país. Por supuesto, no podían no haber imitadores. La casa Amicus produjo varias pelis de terror gótico, especializándose en antologías de varios segmentos cada una. Vincent Price, Christopher Lee y Peter Cushing participaron en varias de ésas.

 

Por su parte, en 1969 Roman Polanski (n. 1933) estrenó la parodia/homenaje al cine de Hammer, The Fearless Vampire Killers, protagonizada por él mismo y su futura esposa, la desafortunada Sharon Tante (1943-1969). Es una película bastante bobalicona, pero el diseño de arte está bien bonito y la fotografía es estupenda.

 

The Fearless Vampire Killers

Hammer siguió a lo largo de la década entregando películas de calidad variable. El trabajo de la triada Fisher-Cushing-Lee siempre fue excelente; cada uno de ellos se tomaba muy en serio su rol y daba lo mejor de sí mismo. Destaco El sabueso de los Baskerville, película a la que tengo personal cariño porque fue la primera de Hammer y de Sherlock Holmes que vi cuando peque. También destaco The Devil Rides Out (1968), excelente pieza guionizada por Richard Matheson, que prescinde de monstruos maquillados para lograr un auténtico horror ocultista.

 

También me parece rescatable la cachondísima The Vampire Lovers (1970), con la guapérrima Ingrid Pitt (1937-2010) en el papel de Carmilla, la vampira sáfica que seduce y depreda jovencitas. Es una adaptación de Carmilla de Sheridan Le Fanu (una de tantas de esos años). Para entonces las películas de Hammer eran mucho más atrevidas; de los coquetos escotes llegamos a desnudos frontales.

 

C. NOCHES DE BOOGIE-MEN

 

The Vampire Lovers

Aquella peli apareció poco después de que la época clásica de Hammer (1957-1968) hubiera llegado a su fin, y sus cintas declinarían en calidad (en The Vampire Lovers, por ejemplo, la fotografía y la iluminación están chafonas, como de TV). Al mismo tiempo la casa productora ensayaba con secuelas y refritos, hacía gala de gore y desnudos, traía a los monstruos clásicos a los contemporáneos años 70 y hasta los enfrentaba contra artistas del Kung-Fu.

 

Hammer estaba no sólo aprovechando la relajación de la censura, sino tratando de mantenerse relevante en un mercado del cine de horror en el que tenía que competir con obras cada vez más osadas y menos pudorosas, e iban surgiendo géneros nuevos o revitalizados que superaron en popularidad al gótico: gore, giallo, exploitation, rape-revenge, slasher, sci-fi horror, folk horror, etcétera. Quienes empezaron imitando a Hammer por su éxito, terminaron rebasándola por el camino del mal gusto.

 

Et mourir de plaisir

Francia dio su propia entrada gótica con Et mourir de plaisir (1960) de Roger Vadim (1928-2000), otra muy erótica adaptación de Carmilla. Sucede que esto de las vampiras lesbianas fue muy popular en los 60, y sobre todo en los 70, y hubo muchísimas adaptaciones de la novela. Eso sí, todas ellas eran muy libres, excepto la de Hammer, que sí seguía fielmente los acontecimientos del libro original.

 

El gótico no parece haber arraigado en el país galo, pero sí lo hizo en España, Portugal y, sobre todo, en Italia. El mismo año que Hammer estrenara La maldición de Frankenstein, Italia presentó su primera incursión en el gótico I vampiri (1957), co-dirigida y fotografiada por el que pronto sería reconocido como el maestro del horror italiano, Mario Bava (1914-1980). Desde la sci-fi horror hasta el giallo, Bava exploró muchos subgéneros del horror, pero para nuestro estudio sobresalen sus piezas góticas La maschera del demonio (1960) y La fusta e il corpo (1963), esta última con Christopher Lee y la primera gran obra del gótico italiano a color.

 

La fusta e il corpo

La popularidad del cine británico en el país mediterráneo permitió el surgimiento de una industria propia. Dario Argento (n. 1949) fue, junto con Bava, el maestro del terror italiano, pero se especializó en el giallo y sólo muy rara vez incursionó en el gótico, con lamentables resultados. Más todavía que en otros países, el gótico en Italia en los 70 degeneró en películas exploitation.

 

En efecto, durante la década de los 70 despegó el cine de terror de serie B: el gore, la exploitation, que exaltaban el morbo, y que se proyectaban para un público juvenil y poco sofisticado en los teatros grindhouse y los autocinemas. Algunas de esas películas tomaron los castillos y los monstruos estándar del gótico, pero dejaron atrás la atmósfera, la sensibilidad y, debo decir, la elegancia y el buen gusto que habían caracterizado a ese estilo. En cambio, abrazaron el gore, los desnudos gratuitos y las escenas de sexo que prácticamente eran porno softcore. Vampiros, hombres lobo y redivivos aparecieron en todo lo que existía entre las comedias sexuales y los filmes porno-psicodélicos de hippies mariguanos como el español Jess Franco (1930-2013) y su Vampyros Lesbos (1971). Serie tras serie de películas feas, feas.

 

Vampyros Lesbos

¿Qué fue lo que pasó? La historia del cine no se limita a enlistar películas para ver cuál trajo cuál innovación, cuál tomó inspiración de cuál otra, y demás. Siempre reflejará la historia de la sociedad que la produce. Se dice que el cine de terror refleja los temores, traumas y ansiedades que flotan en la atmósfera cultural contemporánea. Así, el cine gótico alemán expresaba los traumas de la Primera Guerra Mundial. El cine gótico hollywoodense despuntó durante la Gran Depresión. La Segunda Guerra Mundial enterró ese cine en la década de los 40, pues necesitaba de heroísmo y furor patriótico. El gótico se hizo más sutil, hasta casi desaparecer. Los 50 fueron la época de la Guerra Fría y la paranoia anticomunista, reflejados en la sci-fi horror de monstruos atómicos e invasiones extraterrestres.

 

La segunda mitad de los 60 vio el auge de las contraculturas juveniles que se rebelaban contra la autoridad de las generaciones más viejas. Nuevas ideas vinieron a destruir los viejos tabúes respecto a sexo, drogas y rocanrol. Al mismo tiempo, la Guerra de Vietnam (1965-1975), con todos sus horrores, impactó a una generación completa. La década de los 70 vio un aumento en la delincuencia, los crímenes violentos y las crisis económicas. Estos nuevos temores necesitaban reflejarse en las pantallas y los libros.

 

La Guerra de Vietnam

El escenario gótico envolvía a las historias más aterradoras en un aura de fantasía; estos horrores, nos dicen, pertenecen a otras épocas y lugares. Pero el público ya estaba listo para que el cine de terror se trasladara por completo a tiempos presentes y a la vida cotidiana (una tendencia que se venía acusando desde los 40 y 50). El suburbio, el edificio de departamentos, los callejones de la ciudad moderna y la casa familiar de clase media eran los nuevos escenarios.

 

D. EL FANTASMA DE LA NOCHE

 

El bebé de Rosemary

Siempre digo que el cine de terror moderno inició en 1968 con el estreno de El bebé de Rosemary y La noche de los muertos vivientes. Una nos llevó por un camino de cine de prestigio, en el que directores y actores de primer nivel nos entregaban cintas artísticamente ambiciosas que demandaban ser tomadas en serio: El exorcista, La profecía, Tiburón, Carrie, El Resplandor, Alien, etcétera. La otra inspiró toda una tradición de cine en serie B, de poco presupuesto, pero de gran creatividad, y que muchas veces alcanzó alturas que rivalizaban con las grandes producciones: La masacre de Texas, Halloween, El amanecer de los muertos, The Evil Dead, Pesadilla en la calle Elm, etcétera.

 

No volvería a haber otra racha como las de Universal o Hammer, en la que el gótico dominara de tal forma hasta convertirse en sinónimo del cine de horror. Desde entonces, los ejemplos esporádicos de gótico quedarían supeditados a otras tendencias dominantes en el cine de cada época. La presencia de casas embrujadas, fantasmas, vampiros o hechicería no hacen que una película sea gótica per se. Pero ya que el horror nació como gótico y pasó gran parte de su historia como tal, es imposible no notar sus ecos en miríadas de cintas.

 

Drácula

Por otro lado, la tendencia de hacer cine de terror de calidad nos dio, justo en 1979, dos películas que devolvieron la dignidad al género: Drácula de John Badam (n. 1939) y Nosferatu de Werner Herzog (n. 1942).

 

La primera contó con las actuaciones de un endemoniadamente guapo Frank Langella (n. 1938) como el Conde, Kate Nelligan (n. 1950) como Lucy, y el enorme Laurence Olivier (1907-1989) como Van Helsing. Aquel filme hizo mucho por recuperar la elegancia del gótico clásico, sin por ello renunciar al gore cuando lo ameritaba. Además, a diferencia de otras adaptaciones de la obra de Stoker, nos dio a un Drácula apuesto y seductor y un énfasis en el romance y el erotismo. Ésta es la primera vez que se trata al vampiro como un antihéroe romántico y no sólo como un monstruo desalmado.

 

Nosferatu

Nosferatu es una reelaboración del clásico expresionista y, como toda obra del titán Herzog, una obra maestra de profundas ambiciones artísticas. Macabramente hermosa en cada toma y cada plano, destila el horror lentamente y es un ejemplo temprano de lo que llegaría a ser llamado arthouse horror. Cuenta con las actuaciones del amigo y colaborador frecuente de Herzog, uno de los más grandes histriones de la historia, Klaus Kinski (1926-1991) como Drácula, del igualmente grande Bruno Ganz (1941-1919) como Harker, y de una etéreamente bella Isabelle Adjani (n. 1955) como Lucy.

 

Estas dos películas demostraron que el horror gótico no tenía por qué ser el gueto de un puñado de intérpretes y realizadores especializados, ni mucho menos el arrabal sensacionalista de serie B en el que se había convertido. El gótico era un terreno que podía ser explorado muy en serio por autores con sus propias visiones artísticas, y por actores y actrices de primer nivel.


La carreta fantasma / El Resplandor

A lo largo de estas dos últimas entradas hemos mencionado a varios autores cuyas obras fueron adaptadas a la pantalla grande, y es que ha sido principalmente a través de ellas que han alcanzado fama e impactado culturalmente. Sólo nos ha faltado uno: Stephen King (n. 1947), cuyas obras pertenecen más bien a la weird fiction (que mezcla un poco de todo), pero que tiene elementos góticos por aquí y por allá, especialmente en Salem’s Lot (1975) y El Resplandor (1977). De esta última, es más conocida la versión realizada en 1980 por Stanley Kubrick (1928-1999), que aunque la premisa es gótica (una familia aislada, con el padre perdiendo la razón poco a poco, en un hotel embrujado y rodeado de montañas heladas) no lo es su estética. Eso sí, tiene la famosa secuencia del hacha que referencia La carreta fantasma Sjöström. 

 

E. GÓTICO POSMODERNO

 

Gothic

Hablemos, pues, del cine gótico que ha aparecido desde mediados de la década de los 80 para acá. Se trata de un cine que, como bien arte posmoderno, tiene mucho de pastiche y recapitulación; se encuentra en un diálogo intertextual y metaficcional constante con las obras clásicas que le precedieron, a las que a menudo alude de forma directa.

 

Como debe ser el gótico, hace énfasis en el aspecto visual y espacial de la obra, y por ello veremos que en estas cintas destacan en cuanto a la fotografía, la iluminación, el diseño de arte y de vestuario. Éstos serán casi siempre muy estilizados, poco naturalistas y sin los grilletes de la precisión histórica. Y aunque habrá algunas obras que se ubiquen en otras épocas, la Era Victoriana será el escenario por excelencia.

 

En compañía de lobos

En compañía de lobos (1984) de Neil Jordan (n. 1950) es una reelaboración del cuento de Caperucita Roja, pero con hombres lobo que a la vez son perversos y seductores. Fue pionera en lo que luego sería el lugar común de crear versiones oscuras de los cuentos de hadas. Las secuencias de transformación de los licántropos son de verdadero horror corporal.

 

Como un raro ejemplo de gótico que no es ni de terror ni sobrenatural, tenemos El nombre de la rosa (1986), dirigida por Jean-Jacques Annaud (n. 1943), basada en la novela homónima de uno de mis héroes personales, Umberto Eco (1932-2016), y protagonizada por Sean Connery (1930-2020). La cinta trata de una serie de asesinatos que ocurren en una abadía en el siglo XIV (o sea, en pleno periodo gótico). William de Baskerville, el personaje al que interpreta Connery, es una fusión entre el filósofo medieval William de Ockham y Sherlock Holmes, y una referencia obvia a El sabueso de los Baskerville.

 

El nombre de la rosa

Ese mismo año nos dio otra obra metaficcional, apropiadamente titulada Gothic, de Ken Russell (1927-2011), con Natasha Richardson (1963-2009) como Mary Shelley y Gabriel Byrne (1950) como Lord Byron. Recrea la noche de sexo, drogas y delirio de la que surgieron Frankenstein y El vampiro. Por momentos puede ser aterradora, cuando ni personajes ni público saben qué es real y qué son alucinaciones. Referencia constantemente el cuadro La pesadilla de Fuseli.

 

Quedan esas tres obras como buenos antecedentes, porque la que realmente detona el gótico contemporáneo es Bram Stoker’s Dracula (1992) de Francis Ford Coppola (n. 1939). Con un reparto de antología que incluye a un estupendo Gary Oldman (n. 1958) en el papel del Conde, demostrando que puede ser tan repulsivo como sensual según lo prefiera. Coprotagoniza Winona Ryder (n. 1971), crush de toda mi vida y perfecta como Mina. A ellos se suman el siempre genial Anthony Hopkins (n. 1937) como mi Van Helsing favorito, y un adecuado Keanu Reeves (n. 1964) como Harker.

 

Bram Stoker's Dracula

No podría alcanzar a expresar cuánto amo esta película, incluso si admito que peca de cutre en ocasiones. Hermosa y macabra como debe ser el gótico, atmosférica e inquietante, sangrienta cuando se lo propone, erótica a más no poder, pero con una elegancia y una exquisitez sin paragón. Coppola fue discípulo de Corman, además de que lo recibió notoria influencia del cine de Hammer, como se puede ver en el diseño de arte exageradamente estilizado y en el uso de colores saturados.

 

La cinta es la más fiel a la novela de Stoker, excepto por algunos detalles: retoma mucho del mito vampírico creado por Universal y Hammer, hasta el punto de parafrasear diálogos y momentos que tienen su origen en esas versiones; de la versión de 1979 retiene que el vampiro sea un antihéroe romántico y hace énfasis en el erotismo (contrario a la maniquea y puritana moral decimonónica de la novela); y relaciona directamente al vampiro titular con Vlad el Empalador, el Drácula histórico, algo que a partir de entonces quedó convertido en lugar común.

 

Bram Stoker's Dracula

Además, estoy casi seguro de que la estética de esta película y las que la siguieron, las que tendrían una mayor influencia en la conformación de las culturas góticas entre las generaciones Millennial y Zoomer (no así en la Gen X, que tendría otros referentes). Pero todavía nos falta para llegar a ello.

 

A esta cinta siguió Mary Shelley’s Frankenstein (1994) dirigida por el veterano de Shakespeare Kenneth Branagh (n. 1960), quien también la protagonizó en el papel de Victor. Robert De Niro (n. 1944) fue una elección un tanto extraña para el Monstruo y Helena Boham Carter (n. 1966) hizo el papel de Elizabeth. También producida por Coppola, esta cinta tiene los mismos defectos y las mismas virtudes que su antecesora espiritual. Es decir, a su favor tiene el ser la adaptación más fiel hasta el momento. En contra tiene varias escenas bastante chafas. En cambio, las actuaciones son maravillosas y logra balancear el erotismo con el horror verdadero.

 

Mary Shelley's Frankenstein

También en 1994 apareció Entrevista con el vampiro, otra gran aportación de Neil Jordan, basada en la novela de Anne Rice (n. 1941) Más inclinada hacia la fantasía oscura que al horror, nos cuenta una historia de vampiros con tonos homoeróticos muy poco velados. Tom Cruise (n. 1962) es un maldito orate, pero cuando quiere se echa unas actuaciones espectaculares, como en esta interpretación del vampiro Lestat. Brad Pitt (n. 1963), uno de los mejores actores de su generación, se luce como el más inocente Louis. 


En su momento, estos dos eran de los galanes jóvenes más populares de la pantalla, y la tensión sexual entre ellos fue combustible para las fantasías de personas de todos los géneros por igual. La actual subcultura vampírica, de la que hablaremos en un capítulo futuro, debe mucho de su estética a los no-muertos de esta película y al Drácula de Coppola.

 

Entrevista con el vampiro

La obra de Tim Burton (n. 1958) está repleta de imaginería gótica por todas partes. Con todo, sus dos obras más plenamente góticas son Sleepy Hollow (1999) y Sweeny Todd (2007). La primera es una de mis piezas favoritas; cuenta con las actuaciones de Johnny Depp (n. 1963) y Christina Ricci (n. 1980), retoma la leyenda del Jinete sin Cabeza que ya nos había contado Washington irving. 


Burton no teme en presumir la influencia de Hammer, ya sea en los escenarios estilizados, como el bosque embrujado obviamente hecho en un set, o en los generosos escotes de las actrices. ¡Incluso aparece Christopher Lee! Todo en esta película, que mezcla horror, fantasía oscura, novela policiaca y humor negro, es absolutamente hermoso. Junto con el Drácula de Coppola (quien, por cierto, produjo ésta), es el ejemplo más perfecto de gótico posmoderno y una obra que amo con la fuerza de diez mil soles.

 

Sleepy Hollow

Sweeney Todd, por su parte, se basa en un penny dreadful clásico. En ella, Johnny Depp interpreta a un barbero asesino y caníbal, y Helena Boham Carter hace de su desquiciada amante. Es probablemente la película más sangrienta de Burton y su Londres gótico es uno de los mejor logrados en el cine. Y no olvidemos que la obra de Tim Burton tuvo una gran influencia en la estética de la cultura emo, una de las subculturas que estudiaremos en algún momento, si esta serie no sigue prolongándose por siempre.

 

Lo mismo podemos decir de los trabajos de Guillermo del Toro (n. 1964). Cronos (1993), El laberinto del fauno (2006) y las dos películas de Hellboy (2004 y 2008) tienen mucho de gótico, pero las dos obras que mejor cumplen con las características del género son El espinazo del diablo (2001) y La cumbre escarlata (2015). La primera transcurre en un orfanato en algún remoto lugar de España, a finales de la Guerra Civil. Tenemos el edificio embrujado, la naturaleza hostil, el fantasma con mensajes de ultratumba y las relaciones sexuales ilícitas. Claro que el verdadero monstruo es, como siempre, el fascismo.

 

La cumbre escarlata

La cumbre escarlata es un homenaje al gótico más clásico. Tenemos el caserón encantado, la montaña escarpada, la inocente pero valerosa heroína, los fantasmas agraviados, la aristocracia decadente, la relación incestuosa… Hasta el título de la película evoca a Cumbres borrascosas. Sólo que Del Toro le da giros novedosos que deconstruyen los tópicos del género. Visualmente exquisita, es de esas películas en las que todos los protagonistas son absurdamente atractivos, pues cuenta con las actuaciones de Mia Wasikowska (n. 1989), Tom Hiddleston (n. 1981) y Jessica Chastain (n. 1977), quien nunca se vio tan sexi como aquí, completamente desquiciada y cubierta de sangre.

 

F. EL SIGLO XXI

 

La sombra del vampiro

Ya nos adelantamos un poco, así que volvamos a principios del siglo. El gótico no se pone más metaficcional que en La sombra del vampiro (2000) de Elias Merhige (n. 1964). Se basa en la leyenda urbana de que el actor Max Schreck, protagonista de Nosferatu de F.W. Murnau, era un vampiro en la vida real. Con excelentes actuaciones de Willem Dafoe (n. 1955) como el verdadero Orlok y de John Malkovich (n. 1953) como Murnau, es una pesadilla en sí misma a la vez que una oda al cine expresionista. Incluye unos diálogos estremecedores en los que el vampiro mismo juzga, desde su punto de vista, la novela Drácula como una historia muy triste.

 

Para disfrutar From Hell (2001) de los Hermanos Hughes hay que dejar de lado tanto la novela gráfica en la que se basa muy libremente como la historia verdadera de Jack el Destripador. Aun así, lo admito, la película es medio ridícula, pero tiene algunas cosas que me encantan, como la actuación de Ian Holm (1931-2020). Sobre todo, me fascina visualmente; creo que esta peli terminó de configurar la imagen de un Londres exageradamente estilizado como la imagen del gótico urbano por excelencia, con esas panorámicas de edificios puntiagudos contra un cielo carmesí.

 

From Hell

Ese mismo 2001 nos dio dos joyitas del gótico. Una es Le pacte des loups, dirigida por Christophe Gans (n. 1960). Es un poco un poco un Sleepy Hollow francés, pues también se inspira en una leyenda local, se ambienta en el siglo XVIII, el protagonista es un forastero que llega a la campiña a investigar unas muertes atribuidas a un monstruo, que se hospeda en un poblado donde no es posible confiar en la aristocracia local, y que ultimadamente descubre una bizarra conspiración. No estoy diciendo que ambas películas sean iguales; de hecho, lo que caracteriza a esta pieza francesa es su tremenda originalidad. Más bien digo que se sienten como hermanas espirituales y va bien ver la una junto a la otra.

 

La otra es una pieza de gótico femenino de un estilo más clásico, menos efectista y más psicológico: Los otros, dirigida Alejandro Amenábar (n. 1972) y protagonizada por Nicole Kidman (n. 1967). Una viuda y sus dos hijos sospechan que hay una presencia extraña en su vieja mansión, especialmente tras la llegada de nuevos sirvientes, los cuales parecen estar guardando un secreto. La construcción de la atmósfera en esta cinta es extraordinaria. Cuando se lo propone, Amenábar te puede sacar unos buenos sustos, pero al mismo tiempo creó una obra bella y melancólica.

 

Los otros

De la misma escuela de cine de terror español, que estaba despuntando a principios del siglo, nos llega en 2007 El orfanato de J.A. Bayona (n. 1975) y estelarizada por Belén Rueda (n. 1965). Aunque se ambienta en tiempos modernos, la acción transcurre en, adivinaron, una enorme y antigua casona que alguna vez sirvió como orfanato. La película es excelente, pero es una mezcla de horror y tragedia tan dolorosa que sólo he podido verla una vez, pues de sólo recordarla me estruja el corazón.

 

Por esos mismos años aparecieron un par de películas muy palomeras que mezclaban la fantasía gótica con la acción casi al estilo superheroico, Inframundo (2003) y Van Helsing (2004). La primera se convirtió en una serie de culto por su premisa de “Romeo y Julieta, pero con vampiros y hombres lobo”. Que está muy bien, excepto porque aparentemente su fusilaron la premisa de los juegos de rol Vampire: The Masquerade (1991) y Werewolf: The Apocalypse (1992). Tranquis, que ya llegaremos a los juegos de rol.

 

Inframundo

La segunda tenía potencial de convertirse en algo muy padre, de no ser porque convirtieron a Van Helsing, un personaje cuyo atractivo consiste en ser un hombre ciencia que se enfrenta a lo sobrenatural, en un macho baturro de acción genérico. La estética de la cinta está bastante chida, pero también es una copia (¡una burda copia!) de los animes de Vampire Hunter D, en especial la versión del 2000. Y sí, hablaremos de anime en algún momento… Supongo, ya no sé.

 

Van Helsing fue uno de varios dolorosos intentos de Universal de revivir a sus monstruos clásicos. Luego vino el refrito de El hombre lobo (2010), dirigida por Joe Johnston (n. 1950), que igual tenía todo para ser un clásico moderno, incluyendo una excelente producción y un gran reparto encabezado por Benicio del Toro (n. 1967) y Anthony Hopkins. El problema fue que cambiaron una tragedia griega sin buenos ni malos, por una película de monstruos con héroes y villanos.

 

El hombre lobo

La cosa es que Universal parece no entender lo que hizo tan grandioso a su ciclo clásico, y nomás la anda regando década tras década, como en su intento fallido por hacer un Dark Universe que compitiera con el de Marvel, pero que se canceló tras el fracaso absoluto del bodrio que fue La Momia (2017).

 

La saga de Harry Potter (2001-2011) tiene mucho de fantasía gótica. La misma escuela Hogwarts es un castillo gótico, con pasajes y cuartos ocultos, fantasmas y monstruos que rondan los pasadizos, y muchos secretos escondidos. A su alrededor, un bosque embrujado y un peligroso lago. Algunas secuencias completas o incluso líneas argumentales bien podrían ser consideradas piezas de ficción gótica, en especial todo el penúltimo acto de El prisionero de Azkaban (2004), que va desde el enfrentamiento con el Sauce Boxeador, la pelea en la embrujada Casa de los Gritos, la transformación del profesor Lupin en hombre lobo y el ataque de los dementores.

 

Harry Potter y el prisionero de Azkaban

Lo mismo podemos decir de Una serie de eventos desafortunados, tanto el largometraje de 2004 como la serie de 2017-2019. La historia tiene un típico villano gótico, aunque más chistosón, dado el tono de comedia negra: el Conde Olaf (referencia a Orlok). Este despiadado manipulador está tras la fortuna de los huérfanos Baudelaire (referencia al poeta maldito del Romanticismo), quienes en su huida pasan de un escenario gótico a otro.

 

Hablando del mago adolescente, el actor Daniel Radcliffe (n. 1989) protagonizó La dama de negro (2012), dirigida por James Watkins (n. 1973) , basada en la novela de Susan Hill (n. 1942). Producida por nada más y nada menos que Hammer Films, en un intento de regresar a sus raíces góticas. En sí mismo, el filme lo consigue, aunque no logró hacer despegar otra vez a los viejos estudios.


La dama de negro

La década de 2010 vio el nacimiento de una nueva corriente dentro del cine de terror: la llamada arthouse horror. Se refiere a películas de grandes ambiciones artísticas y un ritmo narrativo súper leeento, porque aparentemente eso es lo que hace que el cinediarte sea cinediarte. El mejor representante de este estilo es Robert Eggers (n. 1983). Fuera de postureos, sus cintas son bellísimas a la par que perturbadoras.

 

Como bien observó un camarada en los comentarios, La bruja (2015) se relaciona mucho con el gótico americano temprano, en especial con la obra de Charles Brockden, de quien hablamos en el capítulo tres. El faro (2019) se inspira directamente en un cuento homónimo de Edgar Allan Poe y en el poema de Colleridge La balada del viejo marinero. Ambas películas se ambientan en espacios cerrados opresivos (una granja, un faro) rodeados por naturaleza inhóspita (el bosque, el mar), además de otros elementos góticos. Al mismo tiempo, cada una se cruza con otros subgéneros más jóvenes: La bruja tiene mucho de folk horror y El faro es horror cósmico muy lovecraftiano. Próximamente Eggers estrenará su propia versión de Nosferatu.

 

La bruja

También de esta reciente racha de terror artístico podemos mencionar otra adaptación de Carmilla (2019) dirigida por Emily Harris. A diferencia de otras adaptaciones que explotaban con morbo el lesbianismo vampírico, ésta se caracteriza por ser una historia romántica, trágica a la vez que siniestra, con los elementos sobrenaturales muy disimulados. Sobresale su maravillosa fotografía, que emula la luz de las velas.

 

Hablando de personas de la diversidad sexual, un ejemplo poco usual de gótico reciente que no es de horror o siquiera de suspenso. Se trata de la francesa Retrato de una mujer en llamas (2019) de Céline Sciamma (n. 1978), que cuenta la trágica historia de amor entre una joven aristócrata y la artista contratada para firmar su retrato. El gótico se aprecia en la atmósfera y la ambientación: una casona antigua, opresiva por las convenciones sociales que reinan en ella; una isla remota, rodeada de un mar embravecido; las prácticas cuasi brujeriles de las mujeres del pueblo, entre las que se establece una verdadera sororidad en un mundo gobernado por hombres; el sentimiento de melancolía que domina en toda la historia. Es una película hermosísima.

 

Retrato de una mujer en llamas

Por último, pero no menos importante, quisiera mencionar que el gótico ha encontrado una nueva vida en la televisión. Las mini-series The Haunting of Hill House (2018), The Haunting of Bly Manor (2020) y Midnight Mass (2021), creadas por Mike Flanagan (n. 1978), son ejemplos de gótico sobrenatural clásico. También podríamos mencionar The Frankenstein Chronicles (2015-207) y una nueva miniserie de Drácula (2020) de la BBC.

 

Destaco, sobre todo, Penny Dreadful (2014-2016), creada por John Logan (n. 1961). Es una obra exquisita en la que diversos personajes de literatura decimonónica (de las novelas Drácula, Frankenstein, El retrato de Dorian GreyEl extraño caso del Dr. Jekyll y el Sr. Hyde y otros) se unen para enfrentar a las fuerzas de la oscuridad. Hablé extensamente de esta serie por acá.

 

Penny Dreadful

Es curioso que tanto ese programa como la película Victor Frankenstein (2015) trasladen a nuestro joven científico a la Inglaterra Victoriana, en vez de tenerlo en la Suiza del tardío siglo XVIII, que es donde lo ubica la novela original. También el refrito de El hombre lobo trasladó la acción al Londres de finales del siglo XIX, cuando la película original ocurría en una época indeterminada, pero en la que ciertamente existían ya automóviles y teléfonos (y la capital inglesa no aparece en lo absoluto). Es decir, ya para estos años tenemos establecido que el Londres victoriano es el escenario gótico por excelencia.

 

Después de las dos grandes oleadas de cine gótico, la de Universal y la de Hammer, éste dejó de ser el estilo principal en el que se manifestaba el horror, para convertirse en uno más entre tantos subgéneros. Lo mismo había sucedido con la literatura en las primeras décadas del siglo XX.  Pero, como hemos visto, no por eso dejaría de darnos muy gratas sorpresas. 


Le pacte des loupes


Bueno, pero ¿qué hay del gótico mexicano? ¿Y qué hay de otras formas en las que se expresa el gótico? ¿En qué momento empezaremos a ver morras góticas? ¿En serio hablé sobre Tim Burton y no dije nada sobre Batman? Muchas cosas se quedaron en el tintero. Todo ello tendrá que esperar a las futuras entregas de esta enciclopédica serie. Estén pendientes.


Pueden pasar ya a la siguiente entrega, titulada LA IMAGINACIÓN GÓTICA, y también les dejo con algunos artículos sobre otros temas relacionados:


Principales fuentes consultadas para este capítulo:

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