De los godos a las góticas: Una historia cultural. Parte VI - Ego Sum Qui Sum

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domingo, 28 de noviembre de 2021

De los godos a las góticas: Una historia cultural. Parte VI

 

Les doy la bienvenida, habitantes de las sombras. Volvemos después de un intermezzo con esta serie en la que exploramos la historia cultural de Gótico desde sus orígenes en la Antigüedad tardía hasta las subculturas de nuestros tiempos. Si quieren revisar los capítulos anteriores, chequen el Índice. No es necesario leerlos todos ni en orden (¡aunque ayuda!) y pueden ir directo al que más les interese. El anterior, por ejemplo fue sobre el cine Gótico a Todo Color.

 

Ahora sí, vámonos con nuestro capítulo de hoy, en el que trataremos de cubrir varios temas que nos habían quedado en el tintero:

 

Capítulo Seis

La Imaginación Gótica


Entre el horror y la fantasía, entre la comedia y la tragedia, a través de distintas obras se ha ido configurando la imagen de lo que consideramos como parte del aspecto gótico. Cómics, videojuegos, animación, arte contemporáneo e ilustración… El gótico ha sabido a adaptarse a diferentes medios en distintas latitudes a lo largo de la historia. Cada obra se coloca en un mundo creado por las anteriores y aporta algo nuevo sobre lo que construirán las siguientes. Hagamos un rápido recorrido por algunas de sus manifestaciones más notables e influyentes, incluyendo algo muy importante que les he estado prometiendo casi desde el principio, pero que les voy a poner hasta el final para obligarles a leerlo todo, porque soy un clickbaitero horrendo.

 

A. DE TRANSILVANIA A ÜBERWALD

 

Piensen en Transilvania. ¿Qué se imaginan? Una tierra crepuscular en la que ni siquiera el mediodía es muy luminoso que digamos. Bosques de árboles muertos y camposantos con lápidas viejas y quebradizas. Una pequeña aldea llena de temerosos pueblerinos. Y, quizá, un ominoso castillo gótico en lo alto de un risco, con un camino torcido que lleva hacia él. Luna siempre llena y montañas pelonas. Algo así:

 


Bueno, pues en realidad Transilvania es una tierra de verdes colinas iluminadas por el sol; una región fértil y rica en recursos naturales en el país de Rumania, con pequeñas y muy lindas ciudades como Brașov, típicas del este europeo. En cuanto a la arquitectura gótica, sí que la tiene, pero digo, igual toda Europa. Castillos famosos incluyen el Corvino y el Bran; este último suele ser promocionado como el “castillo de Drácula”, pero no hay nada que indique que Vlad el Empalador haya estado ahí y Bram Stoker no lo menciona para nada. 


Transilvania: La ciudad de Brasov, el Castillo Corvino, una vista de la campiña y el Castillo Bran

El verdadero castillo de Drácula es el de Poenari, una fortaleza que no se ve muy gótica que digamos y que además se encuentra en Valaquia, no en Transilvania. Y, por cierto, aunque actualmente por extensión se relaciona a toda Rumania con Drácula y los vampiros (en la película de Coppola, el Conde y sus vampiras hasta hablan rumano), cuando Stoker escribió su famosa novela, Transilvania formaba parte de Hungría (el cambio se dio con la Primera Guerra Mundial).

 

Castillo Poenari

Hablando de castillos, éste es el verdadero castillo Frankenstein, ubicado en Alemania. Tampoco es muy gótico, y tengan en cuenta que la torre fue construida en el siglo XIX, como parte del frenesí medievalista de la época.

 


Entonces, ¿de dónde viene la imagen que nos hemos formado de Transilvania? De la literatura gótica, por supuesto. Los primeros relatos góticos elegían Italia, España y otros países católicos del sur de Europa, que a los anglosajones les parecían lejanas, exóticas y atrasadas. Más tarde, la literatura gótica tuvo un boom en Alemania, con muchos imitadores de las tendencias iniciadas por los anglosajones. Entre eso y las leyendas de vampiros que empezaron a popularizarse en el siglo XVIII, provenientes de los Balcanes y Europa oriental, trasladaron el escenario gótico hacia esas regiones.

 

Investigando para componer su opus magnus, Bram Stoker leyó un libro titulado The Land Beyond the Forest (1888), de la viajera Emily Gerard (1849-1905), en el que hablaba de Transilvania, su cultura y sus supersticiones (de ahí también sacó la palabra Nosferatu). Bram Stoker convirtió a Transilvania en la tierra de los vampiros por excelencia, aunque en realidad las leyendas sobre chupasangres son menos comunes en este lugar que en los Balcanes.

 

Castillos de Drácula en el cine: 1922, 1938, 1958 y 1992

Lo que realmente definió el aspecto de la Transilvania de nuestra imaginación fue el cine, como vimos en las dos entradas anteriores. El expresionismo alemán dio los primeros pasos, el ciclo gótico de Universal sentó las bases principales y el ciclo de Hammer le dio color. Con el tiempo, Transilvania en la ficción ya no hacía referencia a un lugar existente, sino un mundo fantástico que remitía a una serie de convenciones para ubicar todas las historias de horror gótico (y sus parodias y homenajes). Ni siquiera tendría que llamarse así ni involucrar a Drácula; pues su estética se volvió la de todo escenario gótico fantástico; ya saben: aldea, bosque fantasmal y castillo en el risco.

 


TV Tropes llama a este tipo de escenario Überwald, que es la traducción literal al alemán de Transilvania: “más allá del bosque”. También es el nombre de una tierra, construida con todos los tópicos familiares, en la serie de fantasía Discworld del gran escritor británico Terry Pratchett (1945-2015). Así, una Überwald no tiene que llamarse Transilvania: los lugares donde ocurren las películas de Universal y Hammer son Überwalds, lo mismo el pueblo de Sleepy Hollow en la película de Tim Burton, Halloween Town en The Nightmare Before Christmas, el hogar del Conde Pátula, la Latveria donde vive el Dr. Doom de Marvel Comics y un largo etcétera.

 

Latveria

Fue sobre todo en el arte fantástico en donde tanto el castillo de Drácula como todas las variantes de Überwald se fueron volviendo más y más estilizados, porque en él se pueden hacer cosas que en las producciones cinematográficas de aquel entonces serían imposibles. En cómics, ilustraciones, portadas de libros, videojuegos y animación, el castillo de Drácula podía ser gigantesco, atiborrado de ornamentos góticos o de verticalidad imposible, más allá de lo que la arquitectura pudiera lograr en la vida real. Y lo mismo hizo con otros dos escenarios típicamente góticos…

 

B. DE LONDRES A LA MANSIÓN ADDAMS

 


No sólo en Überbald se desarrollan las historias góticas. A lo largo de las entradas anteriores hemos ido viendo paso a paso cómo el Londres de la Era Victoriana se convirtió en uno de los escenarios góticos por excelencia, pero vale la pena hacer una recapitulación. Todo empezó porque en la Era Victoriana se conjugaron varios factores; el primero fue una fascinación por la Edad Media que llevó a la restauración de viejos edificios góticos y la construcción de otros muchos más en estilo neogótico. Luego, el siglo XIX en general, y la Era Victoriana en particular, fue cuando se publicaron las obras de literatura gótica más famosas e incluyentes: Frankenstein de Mary Shelley (1818), los cuentos de Edgar Allan Poe (1809-1849), Jekyll y Hyde de Stevenson (1886), El retrato de Dorian Grey de Wilde (1890) y, por supuesto, Drácula de Stoker (1897), entre muchas, muchas otras. Por último, esta era fue el escenario de los misteriosos e inquietantes crímenes de Jack el Destripador.

 


Las adaptaciones cinematográficas de estas historias por parte de Universal, y después de Hammer, hicieron que, en retrospectiva, el Londres victoriano fuera imaginado un lugar muy gótico. La racha de películas góticas de los noventa y primeros dosmiles, desde Bram Stoker’s Dracula (1992) a From Hell (2001), nos dieron un Londres cada vez más estilizado, y esta tendencia por igual se aplicó a otras ciudades, como Nueva Orleans en Entrevista con el vampiro (1994) o Nueva York en Sleepy Hollow (1999). La diferencia entre el Londres histórico y el representado en estas producciones quizá no sea tan abismal como la que hay entre la Transilvania real y todas las Überwalds, pero sigue siendo un escenario exageradamente estilizado.

 

La otra locación, especialmente cuando la historia se ubica en Estados Unidos, es la mansión victoriana. Estas casonas podían estar construidas en estilo neogótico, o en otros emparentados y con algunos elementos góticos. La época de su construcción las relacionaba de inmediato con la literatura gótica decimonónica, pero hubo otro factor importante. La Gran Depresión hizo que muchas de esas mansiones quedaran abandonadas; además, como habían sido propiedades de ricos excéntricos durante la Edad de Oropel (una época de capitalismo salvaje y grandes desigualdades), para el público americano estas construcciones se relacionaban con clases altas decadentes y venidas a menos.

 


Con La casa junto a las vías de tren (1925), Edward Hopper (1882-1967) hizo por la mansión victoriana lo que los artistas del Romanticismo habían hecho por las ruinas de las construcciones góticas medievales: presentarla como un espacio de decadencia e inquietante antigüedad, con una atmósfera melancólica y siniestra.

 

En 1938 el caricaturista Charles Addams (1912-1988) creó a los famosísimos Locos Addams. Estos personajes son importantísimos para la historia del gótico en la cultura pop y volveremos a ellos en un momento, pero por ahora baste mostrar que, cuando Addams presentó en 1945 la mansión en la que vivía su excéntrica familia, eligió una casona de estilo victoriano.

 


Otras edificaciones similares aparecen en películas de las que hemos hablado en capítulos anteriores: Sunset Boulevard (1950), The Haunting (1963) y, sobre todo, la casa Bates en Piscosis (1960) de Alfred Hitchcock, directamente inspirada en la pintura de Hopper. El resto es historia: la mansión victoriana se convirtió en la casa embrujada por excelencia, apareciendo desde las portadas de libros y cómics, hasta las caricaturas de Scooby-Doo. Junto con el castillo de Drácula, Transilvania y la mansión victoriana también se convirtieron en íconos de Halloween, cuando esta celebración comenzó a absorber elementos de la cultura pop.

 


Así como la fantasía medievalista al estilo de Tolkien exageraba y estilizaba el arte y la arquitectura de la Edad Media, la fantasía gótica hizo lo propio con los escenarios característicos del horror gótico. Si buscan en Google Dracula’s Castle, Transylvania, Haunted house o Victorian London, y añaden los términos art o fantasy, encontrarán imágenes altamente estilizadas, algunas muy hermosas. O simplemente pongan gothic fantasy art y encontrarán la misma imaginería elemental una y otra vez.

 

C. DEMONIOS DE PIEDRA

 


Otros elementos visuales comunes en esta clase de arte de los siglos XX y XXI son los cementerios, cráneos, cruces germánicas o célticas, gatos negros, cuervos y murciélagos, figuras encapuchadas, vestimenta inspirada en la Era Victoriana y, por supuesto, gárgolas. Como vimos en el segundo capítulo, estrictamente hablando las gárgolas son esculturas que sirven como ductos de desagüe, mientras que las que sólo fungen como ornamentos se llaman grotescas.

 

Por lo menos eso era así en términos arquitectónicos, porque en la cultura pop actual esta diferencia en nomenclatura se ha difuminado, sobre todo cuando se le empezó a llamar gárgola no a la escultura (que puede representar cualquier imagen), sino a cierto tipo de monstruo, un demonio con forma humanoide y alas de murciélago, como el que vemos aquí:

 


Una cosa muy importante a tener en cuenta es que ninguna gárgola ni grotesca en la arquitectura gótica original es así; estas criaturas son creaciones modernas. Parece que aparecieron por primera vez como criaturas vivientes en Dorothy y el Mago de Oz (1908), el cuarto libro de la serie de novelas fantásticas infantiles creadas por L. Frank Baum (1859-1919). Eran descritas como criaturas aladas y feas, aunque hechas de madera y no de piedra.

 

Fue en el año 1932 en el que las gárgolas aparecieron por primera vez como seres sobrenaturales relacionados con el horror en un par de narraciones góticas. Como esculturas que cobran vida en el relato pulp de Clark Ashton Smith (1893-1961), Maker of Gargoyles; como prisiones para demonios y espíritus malignos en el cuento fantástico de Lewis Spence (1874-1955) The Horn of Vapula.

 


En 1974 las gárgolas hicieron su debut en el juego de rol Dungeons and Dragons, donde fueron descritas sus características como criaturas malignas y caóticas que pueden convertirse en piedra. Desde entonces han sido una presencia constante en la ficción gótica en distintos medios, ya sea como adornos en los castillos y mansiones embrujadas (edificios en los que, de hecho, las gárgolas no eran comunes) o como criaturas vivientes, en general como aterradores enemigos, pero ocasionalmente como aliados o hasta héroes, como en la popular serie animada Gárgolas (1994-1997).

 

D. LETRAS GÓTICAS

 

La familia de letras conocida como Blackletter surgió por ahí del siglo XII junto con el estilo ojival en el arte y la arquitectura, y compartía con ellos los rasgos de verticalidad y angularidad. En Inglaterra, Francia y Alemania se usó la variante Textualis, más angular, mientras que en España e Italia predominó la Rotunda, más redondeada. Los renacentistas la llamaron gótica de forma despectiva, al igual que al movimiento artístico, porque les parecía feo y propio de los bárbaros; en cambio, ensalzaron la caligrafía carolingia, de la que erróneamente pensaban que había sido usada por los romanos.

 


Con la llegada de la imprenta en el siglo XV, el estilo gótico fue abandonado y en su lugar aparecieron las fuentes de la familia Roman, inspirada en la carolingia y en las inscripciones, romanas, que sería las más usada en textos impresos durante siglos, hasta la llegada de las sans-serif, como ésta en la que leen mis palabras. Eso fue así en todas partes, excepto en Alemania, donde la variante Textualis siguió cultivándose y hasta se adaptó como tipografía de imprenta (de hecho, el mismo Guttenberg usaba de ésas). Con el tiempo, las tipografías de la familia Blackletter pasaron a formar parte de la identidad cultural de Alemania, en particular la llamada Fraktur.

 


Dado que compartió nombre y formó parte de la misma corriente artística que el gótico medieval, podríamos suponer que el asociar este tipo de letra con la literatura gótica y el horror vendría también de forma natural. Pero supondríamos mal, porque la cosa no se dio de forma tan inmediata.

 

La Blackletter no se usó durante los siglos XVIII y XIX ni en las portadas ni en los interiores de las ediciones de literatura gótica, ni siquiera en la Era Victoriana durante el apogeo del estilo neogótico. El movimiento Arts and Crafts, a finales del siglo XIX y principios del XX, revivió la caligrafía Blackletter como parte de su afán por volver a los estilos antiguos y enfatizar lo hecho a mano ante el crecimiento de la industrialización y masificación de los productos, pero no se popularizó más allá. A la familia se le siguió relacionando más con Alemania y la Edad Media que con el horror gótico.

 


En el siglo XX no se utilizó en los afiches ni los títulos de películas de horror estadounidenses y ni siquiera en las alemanas, pues el expresionismo alemán se identificaba más con las vanguardias artísticas que con esa tipografía tan arcaica. Ya fuera en libros o películas, era más común verla en ficciones relacionadas con la Edad Media y, por extensión, con los cuentos de hadas y la fantasía. Asimismo, tiene una larga trayectoria de usarse en los nombres de periódicos y en los diplomas académicos, pues su antigüedad también evoca tradición y elegancia.

 

¿Saben a quién sí le gustaba mucho la tipografía gótica, y en particular la Fraktur? Pues a los putos nazis, con eso de que la consideraban parte de la identidad cultural germánica. De modo que la usaban en toda su propaganda y demás porquerías. Cuando los nazis perdieron la guerra en 1945, la Fraktur cayó en desuso en Alemania, para siempre maculada por su asociación con el nazismo. Quizá fue esta conexión con la gente más malvada que ha existido un factor que contribuyó a atribuirle a las tipografías góticas una personalidad siniestra.

 


Parece ser que fue El horror de Drácula, la película que Hammer estrenara en 1958, la primera en utilizar una tipografía gótica en sus títulos iniciales (aunque no así en sus pósteres), en una sugerente secuencia en la que también se pueden apreciar algunos detalles del castillo del vampiro, empezando por una grotesca en forma de una amenazante ave de presa. Letras góticas sobre un edificio gótico, qué exquisitamente apropiado. A partir de entonces se empezaría a relacionar la Blackletter, en particular la Textualis y derivadas, con el horror y el gótico.

 


Tiempo después, la banda de heavy metal Black Sabbath usó esta tipografía para poner su nombre en la portada del álbum Sabbath, Bloody Sabbath (1973). Quizá les pareció adecuado, pues el álbum había sido grabado en un castillo gótico en Gloucestershire. Esto sentó precedente y otras bandas metaleras empezaron a usar esta tipografía en sus portadas, algunas estilizándolas tanto hasta hacerlas ilegibles e imposibles de distinguir de los arañazos que mi gata hace en el sofá. Curiosamente, las primeras bandas de música goth no usaron tipografías góticas, sino la Caslon Antique. Ya volveremos a la música en otro capítulo.

 


Es curioso que hoy en día las letras góticas pueden usarse tanto para Halloween como para Navidad. En el primer caso, por su relación con el horror y lo gótico, en el segundo por sus lazos con la fantasía y la tradición. Miren nomás cómo el sentido de la misma tipografía cambia por completo tan sólo con diferentes colores y figuras:

 


Por una extraña razón, también se les suele llamar gothic a las modernas tipografías sans-seriff (piensen, por ejemplo, en la Century Gothic), con todo y que su redondez y falta de ornamentos no las podría hacer más diferentes que las letras góticas de la familia Blackletter. La extraña razón es que, cuando se introdujeron en el siglo XIX, venían en oposición a las de la familia Roman, y por lo tanto eran como “las letras bárbaras”. Y pos ya, eso es todo.

 

Todos los elementos visuales de los que hemos hablado serían importantes para definir la imaginería del gótico, que se extendería más allá del cine y la literatura de horror, como veremos a continuación.

 

E. LOS OTROS GÓTICOS


 


Dark fantasy o fantasía oscura es un término muy amplio. Nos habla de variantes de la fantasía que son más oscuras, pero esto último puede entenderse de muchas maneras. Fantasía oscura puede ser la de la clásica ambientación pseudomedieval de inspiración tolkeniana, pero más sórdida y deprimente, en la que los protagonistas mueren todo el tiempo, las fuerzas en conflicto cometen atrocidades descritas con lujo de detalle, y no hay personajes heroicos e impolutos, sino más bien villanos y antihéroes. Pero también con frecuencia dark fantasy es una mezcla entre el horror y la fantasía, en la que elementos característicos de un género se combinan con los del otro. Una aventura épica entre el bien y el mal, por ejemplo, pero los heroicos guerreros son vampiros y hombres lobo.

 

Ya habíamos visto que ni todo el horror es gótico, ni todo el gótico es de horror. El gótico se expresa también en la tragedia, el misterio, la comedia y la fantasía. Dark fantasy y gothic fantasy no son mutuamente excluyentes, pero tampoco siempre son lo mismo. Una fantasía oscura puede tomar elementos de horror que no son góticos, como la serie coreana Kingdom (desde 2019), que narra una guerra contra los zombis en la Corea en el siglo XVII. Por su parte, una fantasía gótica puede ser cómica y familiar, como el clásico animado The Nightmare Before Christimas (1993).

 


El término urban fantasy o fantasía urbana se aplica a ficciones en las que los elementos típicos de la fantasía, como magia, dioses, duendes, elfos, etcétera, existen en el mundo moderno, ya sea con conocimiento de los humanos normales, u ocultos en sus propias comunidades. El escenario por excelencia es la gran ciudad pero, a pesar del nombre, puede tratarse de una población pequeña o hasta rural, siempre y cuando transcurra en el mundo contemporáneo.

 

Una fantasía urbana puede o no ser oscura, o puede o no ser gótica. La saga de Crepúsculo, por ejemplo, es definitivamente fantasía urbana, pero no es ni oscura ni gótica, con todo y tener vampiros y licántropos. La saga de Inframundo, por otra parte, es urbana, oscura y gótica.

 


TV Tropes tiene un nombre para la combinación entre el gótico y la fantasía urbana: gothic punk. Lo de “punk” no es por la música rock ni por la subcultura, sino por analogía con otros subgéneros fantásticos: cyberpunk, steampunk, dieselpunk, solarpunk, etcétera. Pero como subgénero está definido de forma muy ambigua y muchos de los ejemplos que pone son de fantasía urbana u obscura que no es gótica, o de plano de obras que se acercan más al neonoir o al cyberpunk.

 

La misma wiki introduce el concepto de suburban gothic, para obras de horror, misterio, fantasía oscura, drama o cualquer cosa sórdida ubicada en los suburbios, pero cuya relación con la estética o las características del gótico es muy tenue. Raygun gothic es otra cosa que no tiene nada que ver, pues es otro nombre para Atompunk, la ciencia ficción retrofuturista que imita o deconstruye el estilo de los clásicos de mediados del siglo XX. En estos dos propuestos subgéneros, la parte de “gothic” es nomás por analogía y no por parentesco, como pasa con los subgéneros denominados “punk”.

 


Ya habíamos hablado del gótico tropical, en el que una historia típicamente gótica (de horror o no) se traslada y adapta a escenarios tropicales, como la selva o las costas. El término aplica tanto para obras ambientadas en el trópico, pero creadas en el norte global, como para las creadas por los habitantes de tierras tropicales.

 

Esto nos lleva a mencionar al gótico sureño, en la que ese trasplante se hace a las tierras del sur de los Estados Unidos, más calurosas y de naturaleza más exuberante que sus vecinas del norte. Suele ambientarse alrededor o después la Guerra Civil (1861-1865), retratar a una decadente aristocracia esclavista e incluir influencias de la cultura afroamericana. Las casonas de las plantaciones esclavistas hacen las veces de los castillos medievales y las mansiones victorianas. Cumple con las características clásicas de las narraciones góticas: misterio y suspenso, escenarios que oprimen a los protagonistas, una atmósfera de decadencia, complots familiares, villanos que tienen poder ilegítimo sobre sus víctimas, etcétera. Los autores suelen usarlos no sólo para historias sobrenaturales, sino para explorar los valores y la cultura de la sociedad sureña, como hizo el escritor William Faulkner (1897-1962) en sus novelas, principalmente, El sonido y la furia (1929).

 


Aquí hemos hablado sobre todo de las tradiciones anglosajones y un poco de Europa occidental, porque fue donde principalmente se dio su evolución, pero la ficción gótica se desarrolló también en otras latitudes. Rusia echó mano de su rica tradición de leyendas eslavas para crear su propia literatura gótica ya desde el siglo XIX. Un monumento literario nacional es la novela corta Viy (1835), de uno de los mayores representantes del Romanticismo ruso, Nicolás Gogol (1809-1852). La historia, que incluye brujería y demonios horribles, ha inspirado múltiples adaptaciones en cine. La más famosa es de 1967 y su estética acusa la influencia del ciclo gótico de Hammer, que en ese entonces estaba en el pico de su popularidad.

 

Viy

Japón también tiene una rica tradición de relatos de fantasmas y monstruos, y desarrolló de forma independiente una literatura sobrenatural que tiene mucho en común con la gótica occidental, por lo que se le ha llamado gótico japonés. El contacto con Occidente causó la mutua influencia entre ambas culturas, como se puede ver en el anime (del que hablaremos en un momento), y en el cine de horror japonés, que despuntó en popularidad global a principios del siglo XXI con películas como Ju-On (2002), sobre maldiciones, casas embrujadas y fantasmas vengativos.

 

Ju-On


F. EL GÓTICO EN OTROS MEDIOS

 

Ya sea en forma de horror, comedia o fantasía, inspirada en la tradición occidental o en la asiática, el gótico ha hecho su aparición en prácticamente todos los medios, artes y formas de entretenimiento. Veamos algunos ejemplos.

 

Juegos de mesa y RPGs: La expansión Ravenloft de la saga de Dungeons and Dragons, presentada en 1983, es la pionera. Las ilustraciones del artista Clyde Caldwell (n. 1948) contribuyeron a conformar la imagenería de los Überwalds más estilizados. Otros clásicos incluyen Vampire: The Masquerade y su serie hermana Werewolf: The Apocalypse, aparecidas respectivamente en 1991 y 1992, a las que aparentemente se fusilaron los creadores de la serie fílmica de Inframundo. Lo mismo se puede decir de ciertos escenarios en juegos como Pathfinder, Warhammer o Magic: The Gathering. Varios de estos juegos han inspirado a su vez cómics y novelas. Como pilón Horrified es un juego de mesa protagonizado por los monstruos clásicos de Universal.

 


Videojuegos: El ejemplo primordial, por supuesto, sería la saga de Castlevania, que debutó en 1986 y continúa hasta la fecha. Trata sobre la enemistad secular entre el Clan Belmont, cazadores de monstruos, y el conde Drácula. La serie cuenta ya con muchas entregas y ha engendrado mangas, cómics y una merecidamente elogiada serie de anime de Netflix. Otros videojuegos góticos incluyen: Bloodborne, BloodRayne, Diablo, Vampyr, Gothic, Devil May Cry y la reciente entrega de Resident Evil: Village. Además, varios juegos de fantasía tienen locaciones que son Überwalds, como World of Warcraft y las adaptaciones de Warhammer y The Witcher. Por último, pero no menos importante, está la serie de juegos Batman: Arkham.

 


Anime: Además de la ya mencionada serie de Castlevania, otro clásico de cazavampiros es Vampire Hunter D, tanto la versión de 1985 como la del año 2000 subtitulada Bloodlust. Son cazadores de monstruos los protagonistas de Hellsing, con una serie de TV que originalmente se transmitió entre 2001 y 2002, y otra serie de OVAs, Hellsing Ultimate, que salieron entre 2006 y 2014. Entre otros títulos populares con los fans de anime se encuentran series como Soul Eater (2008-2009), Black Butler (2008-2009) y Gosick (2010-2011). También tienen elementos góticos las hiperpopulares Full Metal Alchemist y Berserk; cada una de las cuales cuenta con dos series animadas.

 

Vampire Hunter D: Bloodlust

Televisión: Nuestros góticos favoritos, Los locos Addams debutaron en las tiras cómics en 1938, pero alcanzaron fama mundial gracias a la serie de TV en 1964. Es quizá el mejor ejemplo de comedia gótica, con humor negro, pero no demasiado sórdido como para no poder ser disfrutado igualmente por chicos y grandes. Sobre todo, esta excéntrica familia, mucho más amorosa, unida y funcional que las familias “normales” de la vida real, demostró el lado alegre de siniestro, y que podemos abrazar lo gótico porque es hermoso, divertido y sexy. 


La relación entre Homero (John Astin, n. 1930) y Morticia (Carolyne Jones, 1930-1983) sigue siendo un ideal para muchas parejas. Evidentemente, el matrimonio no extingue el fuego de su pasión, y son tiernos y considerados, al mismo tiempo que ferozmente leales el uno al otro. Ha habido otras adaptaciones de la tira cómica, incluyando dos series animadas y una live-action, pero ninguna llega al estándar de clásico que tiene la del 64, excepto por la película de 1991, que dio a conocer a esta familia a una nueva generación. En ella, Homero y Morticia fueron interpretados por Raul Julia (1940-1994) y Anjelica Houston (n. 1951) respectivamente. 

 

Los locos Addams

Una familia muy similar y debutó en la TV el mismo año que los Addams, Los Munster, también son un buen ejemplo de este gótico divertido y sexy. La relación entre el frankensteiniano Herman (Fred Gwynne, 1926-1996) y la vampira Lilly (Yvonne De Carlo, 1922-2007) es menos sexi y más cándida, pero ellos dos igual son adorables.

 

De 1954 a 1955 a se estrenó The Vampira Show con Maila Nurmi (1922-2008) como una siniestra y sensual anfitriona que presentaba y comentaba películas de horror clásicas. Nurmi creó al personaje de Vampira inspirándose en la Morticia Addams de las viñetas. Su show fue el primero de su tipo y dio a conocer el ciclo gótico de Universal a toda una nueva generación.

 

The Vampira Show

Su sucesora espiritual (algunos dirían que fue su imitadora, incluyendo la misma Vampira, que la demandó) fue Elvira, personaje creado por la actriz Cassandra Peterson (n. 1950) como anfitriona del programa Elvira’s Movie Macabre, en el que presentaba pelis de terror y ciencia ficción de serie B.

 

Vampira y Elvira, junto con Morticia Addams  y Lilly Munster  se convirtieron en las cuatro reinas góticas más icónicas de la cultura pop, objetos de deseo y modelos a seguir para muchas personas con preferencia por lo gótico y lo oscuro, y en inspiraciones para el surgimiento de las subculturas góticas, de las que hablaremos en un próximo capítulo.



Cómic: Además de los mangas en los que se inspiraron los animes ya mencionados, en el cómic occidental se pueden encontrar una gran cantidad de ejemplos de horror y fantasía góticos. Títulos clásicos como Adventures into de Unknown (1948-1967), Tales from the Crypt (1950-1955), Creepy (1964-1983), Eerie (1966-1983) y varios de Marvel y DC funcionaron como antologías para relatos de horror de distintos subgéneros, incluyendo el gótico. Esto no fue sólo en las publicaciones anglosajonas: la moda se dio en prácticamente todo el Occidente.

 

Las dos casas mayores, ahora conocidas casi sólo por sus cómics de superhéroes, en su momento publicaron títulos de todos los géneros imaginables, incluyendo el famoso The Tomb of Dracula (1972-1979) de Marvel. Otros personajes de la Casa de las Ideas presentaban influencias del horror gótico, como Morbius, Ghost Rider y Blade. DC ha tenido a Swamp Thing, el Monstruo de Frankenstein y John Constantine.

 


Fuera de los dos gigantes, destacan cómics que mezclan lo superheroico con el horror, el gótico y la fantasía oscura, como The Crow (desde 1989), Spawn (desde 1992) y Hellboy (desde 1993), que han también impactado en la cultura popular, no menos gracias a algunas adaptaciones en cine. Vampirella debutó en 1969, en una revista antológica, como una anfitriona al estilo de Vampira en la TV y otros personajes en los cómics, pero pronto se convirtió en una heroína protagonista de sus propias historietas, que se publican hasta la fecha.

 

En realidad, la lista de obras de distintos medios en los que se ha manifestado el gótico sería interminable. Es por eso que debemos apresurar el paso y pasar a hablar a uno de los más influyentes.

 

F. EL SUPERHÉROE GÓTICO

 


Déjenme contarles una historia. La historia de Gotham. Un simpático pueblito inglés cerca de Nottingham. Una curiosa leyenda se cuenta de este lugar. Se dice que, en el siglo XII, el rey Juan de Inglaterra quería construir un recinto de caza cerca del pueblo, con un camino real que le permitiera a él y a su comitiva moverse cómodamente hacia allá.

 

Esto no gustó a los habitantes de Gotham, porque había implicado un aumento a sus impuestos. Así que, cuenta la leyenda, los gothamitas se pusieron de acuerdo y fingieron estar locos para ahuyentar a los representantes del rey. Entre los disparates que se supone que llevaron a cabo se incluyen: tratar de impedir la migración de las aves estivales para que no se acabara el verano, ahogar anguilas en el río, proteger la leña de los rayos del sol, echar una rueda de queso colina abajo creyendo que solita iba a llegar al mercado de la ciudad.

 


El truco, se supone, funcionó bien y el rey canceló el proyecto, dejando al pueblito en santa paz. Seguro la historia es pura fábula, pero el caso es que la fama de Gotham pasó a formar parte del folclor inglés y su nombre terminó convertido en sinónimo de locura.

 

Mucho tiempo más tarde, a principios del siglo XIX, el escritor Washington Irvin, a quien ya mencionamos como uno de los pioneros del relato gótico, describió la ciudad de Nueva York como una “Gotham moderna”, un lugar de locura, vicio y criminalidad. El mote quedó y “Gotham” se convirtió en uno de los apodos de la metrópolis norteamericana. Además, también era un juego de palabras: Gotham City suena parecido a Goddamn City, “maldita ciudad”.

 

Nueva York en la década de 1930

Fue el escritor Bill Finger (1914-1974) a quien se le ocurrió bautizar Gotham como la ciudad para el personaje que creó junto con el artista Bob Kane (1915-1998): Batman, quien debutara en 1939. Así como en de los cómics de Superman la ciudad de Metrópolis, otro apodo de Nueva York, reflejaba los aspectos más cosmopolitas y futuristas de la gran urbe, la Gotham de Batman resaltaría su lado más oscuro y violento. Otros artistas y narradores fueron incluyendo inspiración de las otras dos grandes ciudades de la costa este norteamericana, Boston y Chicago, ambas azotadas por el crimen en la era dorada del gangsterismo.

 

Bueno, pero ¿qué significa el nombre de Gotham? Pues viene de goat, “cabra”, y ham, “aldea”. Es nada más “La aldea de la cabra”. A pesar de su similitud morfológica, la etimología de esta palabra no tiene nada que ver con Gothic, gótico. Entonces, ¿por qué en América Latina conocemos al hogar de Batman como Ciudad Gótica? Fue por la legendaria Editorial Novaro, la empresa mexicana que publicó los cómics de DC entre las décadas de los 50 y los 80. En ese entonces les daba por hispanizar los nombres de personajes anglosajones ficticios; a esta editorial debemos que Bruce Wayne y Dick Grayson sean conocidos como Bruno Díaz y Ricardo Tapia, o que el Joker sea conocido como el Guasón. Bien, pues Gotham les debió sonar parecido a Gótico, y pos así se quedó.

 


Una agradable coincidencia, porque en realidad Gotham sí tiene mucho de ciudad gótica, toda vertical, estrecha, oscura y claustrofóbica. Es decir, no como el arte gótico en su momento de esplendor, sino como lo que había pasado a significar “gótico” a lo largo de los siglos desde el Romanticismo.

 

Algunos edificios de Gotham son claramente neogóticos, como la Catedral, el Asilo Arkham y, dependiendo del artista, la Mansión Wayne. El aspecto del Asilo Arkham hasta imita el del típico castillo de Drácula. Y aunque no toda la arquitectura de Gotham sea gótica, elementos góticos forman parte fundamental de sus escenarios. Después de todo, una de las imágenes más emblemáticas de Batman es del héroe posando sobre una gárgola o grotesca.

 


¿De dónde salieron estas gárgolas? La arquitectura neogótica no sólo construyó catedrales y mansiones, sino también rascacielos, con todo y sus monstruos. El estilo art decó es característico de las metrópolis del siglo XX, incluyendo Chicago y Nueva York. En algunos de esos edificios, los arquitectos retomaron ciertos elementos del gótico, incluyendo las agujas, los arcos ojivales y las gárgolas. De ahí que Gotham, en muchas de sus representaciones, mezcla lo gótico con lo decó.

 

Gárgolas y grotescas de rascacielos en Nueva York

Y luego tenemos a Batman mismo, un héroe con raíces góticas. Claro que las influencias de Batman están en los aventureros enmascarados del pulp, como El Zorro y La Sombra, y a su vez en la novela detectivesca desde Sherlock Holmes hasta el noir que era tan popular en los años 30. Pero tampoco se pueden negar sus orígenes góticos. Los primeros vigilantes urbanos enmascarados aparecieron en los penny dreadfuls, esas publicaciones que fueron tan importantes para el desarrollo de la literatura de horror. Quizá el primero fue Springheeled Jack, inspirado en una leyenda victoriana londinense, que podemos ver en esta imagen en una situación muy familiar.

 


Por supuesto, estuvo la influencia del cine de la época, principalmente Drácula (1931), pero también The Bat (1926) y su remake sonoro The Bat Whispers (1930). Y ya vimos cómo el Joker se inspiró en el personaje de Conrad Veidt en El hombre que ríe (1928). No sólo hablamos del momento de su creación; a lo largo de su historia otros aspectos góticos se fueron incorporando para conformar a Batman como mito y personaje. El nombre del Asilo Arkham, por ejemplo, es un homenaje a la obra del escritor H.P. Lovecraft.

 

Chequen ese murciélago en los títulos de apertura de Drácula (1931)

El aspecto de Batman, más demonio que murciélago, remite a una imaginería común en el horror gótico desde hacía tiempo. La forma en la que se le dibuja moviéndose entre las cornisas y los callejones, lo hace parecer como un elemento de la misma arquitectura gótica, un trozo de la ciudad que ha cobrado vida. Ya les he hablado de cómo Batman es, sobre todo un caballero noble que desciende de su castillo para establecer la justicia entre sus vasallos y al mismo tiempo un hombre bueno que tiene que convertirse en criatura de la noche para defender a la gente buena de las otras criaturas de la noche.

 


Claro que todo esto varía dependiendo de la época y los artistas que trabajen con él, que no es lo mismo Batman entre los 50 y mediados de los 70, que desde entonces para acá. Algunas encarnaciones y algunas historias de Batman son más góticas que otras, pero el caso es que lo gótico se manifiesta en Batman desde un inicio, como en el cómic cuya portada encabeza esta sección, publicado apenas a un año de la creación del personaje. Algunas narraciones que son completamente góticas incluyen varios Elseworlds, historias ambientadas en realidades alternas, fuera de la continuidad, especialmente las que trasladan al Encapotado a la Era Victoriana: Gotham by Gaslight (1989), Batman/Houdini: The Devil’s Workshop (1993), Castle of the Bat (1994), The Batman of Arkham (2000), Nevermore (2003) y la trilogía de Batman y Drácula (1991-1998).

 


A mi gusto, el mejor y más gótico de los cómics de Batman es Arkham Asylum (1989), escrito por mi autore predilecte Grant Morrison (n. 1960) y con el increíble arte de Dave McKean (n. 1963). En esta novela gráfica el manicomio que alberga a los dementes enemigos de Batman se presenta como un auténtico castillo gótico, oscuro y laberíntico, embrujado y maldito por la tragedia y la violencia incluso desde antes de que los villanos disfrazados aparecieran.

 


No tan buena, pero todavía más gótica es la historia adecuadamente titulada Batman: Gothic (1989), también de Morrison y con dibujos de Klaus Janson (n. 1952). La novelita es un homenaje al gótico por todas partes. Batman se enfrenta aquí a un villano inspirado en Melmoth el Errabundo de Maturin, cuya historia de origen tiene muchas referencias a El Monje de Lewis y cuyos nombres están directamente tomados de El castillo de Otranto de Walpole. La trama gira alrededor de la arquitectura gótica de la Catedral de Gotham, y las propiedades mágicas que se le atribuyen. No faltan el monasterio en ruinas, los pasajes secretos, la Peste Negra y los fantasmas atormentados.

 


Cada capítulo inicia con alguna cita de algún poeta del Romanticismo gótico, o con dos de las obras isabelinas que lo inspiraron: el Hamlet de Shakespeare y el Fausto de Marlowe. También incluyen sendos frontispicios que imitan el arte de las portadillas en las ediciones de los libros dieciochescos. Para finalizar, el subtítulo de esta historia es A Romance, uno bastante común en las primeras novelas góticas (en el siglo XVIII romance era usado para designar historias fantasiosas, mientas se reservaba novel para narraciones realistas). Es decir, Morrison quería que el cómic fuera gótico a más no poder.

 

Batman

En el cine, Tim Burton ha sido quien mejor ha podido captar la estética gótica del Caballero de la Noche con sus dos maravillosas Batman (1989) y Batman regresa (1992). Aquí Gotham es totalmente gótica, estilizada mucho más allá de lo que podría hacer la arquitectura de las ciudades reales, incluyendo una catedral de altura imposible (con gárgolas, por supuesto). Esto lo debemos a los diseñadores de producción Anton Furst (1944-1991) en la primera cinta, y Bo Welch (n. 1951) en la segunda.

 

Batman regresa

Siempre digo que Batman debe ser considerado uno de los grandes personajes de la literatura universal; sus raíces culturales son profundas y su influencia ha sido tremenda. Como superhéroe ha llevado consigo el bagaje cultural del gótico a las viñetas y las pantallas, lo que lo convierte en un miembro destacado más de una rica genealogía cultural.

 

Como puedes ver en el Índice, ya hemos explorado las manifestaciones del gótico en diferentes formas y a través de diferentes medios. Ahora nos toca ver saber todo esto influyó en la aparición de distintas tribus urbanas desde las últimas décadas del siglo XX. Para ello, nuestro recorrido continuará en La Música Gótica. También puedes checar estas otras entradas relacionadas:


Principales fuentes consultadas para este capítulo:

2 comentarios:

Unknown dijo...

Todo muy interesante, con muchas muestras de erudición, pero me quedé extrañando un personaje muy gótico: el Siniestro Dr. Mortis, creado en radioteatro en Chile a mediados del siglo XX, que relata historias de suspenso, horror, y misterio, al estilo del Crypt Keeper.

Maik Civeira dijo...

Oh, no lo conocía. Parece un clásico anfitrión de terror gótico, como dices.

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