Esta entrada se publicó con una semana de anticipación para mis mecenas de Patreon.
Leer la serie completa DIOSES Y MONSTRUOS Leer GUILLERMO (UNO)
“Fue un domingo, después de la misa católica. Cuando volvíamos a casa veíamos películas de terror todo el día en Canal 6. Fue la primera vez que vi Frankenstein. Y en el momento en que Boris Karloff cruzó el umbral tuve una epifanía. Tuve una experiencia como la de San Pablo en el camino a Damasco. Me di cuenta de que entendía mi fe o mis dogmas mejor a través de Frankenstein que con la misa dominical. Vi la resurrección de la carne, la inmaculada concepción, éxtasis, estigmas... Y decidí a los 7 años que la Creatura de Frankenstein sería mi avatar personal, mi mesías personal”
Guillermo del Toro
¡Hola! Les doy la bienvenida a la segunda parte de este sobrepensado y excesivamente largo ensayo de análisis sobre la versión de Frankenstein de Guillermo del Toro. La clase pasada hablábamos de cómo para entender esta obra hay que leerla a la luz no sólo de la novela de Mary Shelley, sino de la vida cultural de Frankenstein desde su aparición en 1818 hasta nuestros días, y de la misma filmografía de Guillermo del Toro. Vimos cómo en varios de sus aspectos, esta nueva película confronta y concilia las diferentes versiones del mito frankensteiniano y además le imprime una identidad autorial propia.
Nos quedamos en que esta versión del Monstruo es más gentil y menos vengativa que la de la novela porque sí recibe afecto y educación, principalmente por parte del anciano ciego. Pero hubo otro personaje que contribuye a moldear su carácter: Elizabeth.
V. LILITH
Ésta es mi Elizabeth favorita de toda la filmografía de Frankenstein, y no es sólo que Mia Goth sea una reinota y una de las mejores actrices de su generación. ¿Que cómo puedo decir eso, si el personaje está completamente cambiado, convertido en una girlboss empoderada? Me alegra que preguntes…
En la novela Elizabeth parece un personaje bastante plano, con muy poca agencia, escasas oportunidades de expresar algo más que devoción por sus seres queridos. Se define casi por completo por su relación con Víctor y la familia Frankenstein. En la versión de 1818 es la prima de Víctor, mientras que en la de 1831 es una huérfana sin conexión de sangre con él. Sin embargo, en ambos casos ella es adoptada por los Frankenstein y crece con Víctor como una hermana. Cuando Caroline, la madre de Víctor, muere por unas fiebres, Elizabeth toma las funciones de cuidado y administración del hogar, como se esperaría de la hija mayor de la familia.
Digo que parece porque hay que recordar que la mayor parte de la novela está relatada a través de la voz de Víctor, quien es un narrador poco confiable. Mary Shelley lo caracteriza bastantito como a su esposo Percy: un joven brillante, pero egocéntrico, demasiado ocupado en sus propias fantasías como para ver las necesidades y deseos de los demás. Si la narración nos pinta a Elizabeth como poco más que la bella y virtuosa hermana / novia de Víctor es porque así la percibe él.
Creo que una de las instancias más tragicómicas de esta ceguera se desarrolla a lo largo del último tercio de la novela. Cuando el Monstruo amenaza a su creador con “estar presente en su noche de bodas”, el tonto de Víctor entiende que va a ir a matarlo a él, mientras que es obvio para cualquier lector que Elizabeth es quien está siendo amenazada. Llega la noche de bodas y, en su estulticia, Víctor sale a presentar pelea al Monstruo. Después de años de abandonar constantemente a Elizabeth, la deja sola una última vez, lo que resulta fatal.
Hay un par de momentos que permiten atisbar que ella es más que la damisela esperando pacientemente a su amado, y que tiene inquietudes intelectuales, éticas y sociales. Víctor narra que, antes de partir a Inglaterra para emprender nuevos estudios:
“Elizabeth aprobó las razones de mi partida, lamentando sólo que ella no tuviera las mismas oportunidades de ampliar su experiencia y cultivar su entendimiento”.
A lo cual nuestro vato todo meco pone menos atención que a sus descripciones prolíficas del paisaje. En un capítulo anterior, durante el juicio contra Justine, acusada injustamente, es Elizabeth quien presta su elocuencia para la defensa y, cuando ésta falla, quien lanza una diatriba contra la crueldad de la justicia punitiva.
Esta larga digresión era para demostrar que ya había por lo menos el potencial para que Elizabeth fuera más. Guillermo del Toro lo demuestra liberándola de Víctor, por partida doble. En la novela está destinada desde la niñez a ser la esposa de Víctor. Del Toro le quita esa carga y le da toda una vida lejos del protagonista. Y también la libera del filtro narrativo de Víctor, permitiéndonos verla y escucharla directamente. Sí, la voz en off es de Víctor y por lo tanto es subjetiva, pero la cámara nos muestra momentos en los que Víctor no estaba presente, por lo que podemos concluir que la narración visual es objetiva.
Pero Del Toro va más allá y hace a Elizabeth no cualquier mujer, sino un avatar de Mary Shelley. Recordemos que en su tiempo fue considerada una feminista radical y escandalosa, al igual que su madre, Mary Wollstonecraft, de quien recibió enormes influencias. A través de Elizabeth se canalizan las ideas que aquellas dos mujeres extraordinarias defendían. Esto está bien representado en el primer diálogo que tienen Víctor y Elizabeth, en el que ella cuestiona el afán de luchar y sacrificarlo todo por ideas, un discurso que va perfectamente a tono con los mensajes de la novela y con la filosofía de Mary Shelley.
“Honor. Patria. Valor. Éstas son ciertamente ideas valiosas y elevadas en sí mismas. ¿No lo cree? Y sin embargo, hay hombres muriendo por ellas. De una manera nada elevada, boca abajo en el barro, ahogándose en sangre, gritando de dolor. Hombres que eran padres, hermanos o hijos de alguien están ahí fuera. Hombres que fueron alimentados, cuidados, criados y educados por sus madres en este mundo, solo para caer en un campo de batalla remoto, lejos de aquellos que provocan estas tragedias. Esos hombres permanecen en casa, intactos por la sangre o la bayoneta, con la piel sin abrir, sus mantas cálidas y limpias. Eso es lo que ocurre cuando las ideas son perseguidas por necios.”
Contrario a lo que muchas veces se piensa, Frankenstein no tiene un mensaje contra las ciencias, que fascinaban a Mary Shelley. Es más bien una advertencia contra una forma de aproximarse a la ciencia que es típicamente “masculina”. Masculino y femenino no deben entenderse aquí como categorías esenciales, sino constructos de lo que la sociedad ha considerado tradicionalmente propio de un género o de otro: lo masculino domina e impone, lo femenino cuida y nutre. Así, una actitud masculina hacia la ciencia usa el conocimiento para obtener poder y el poder para obtener más conocimiento; se trata de dominar, de conquistar y controlar al mundo natural. En la novela, Víctor Frankenstein habla de penetrar los secretos de la Naturaleza, que es una ella en el inglés original; el lenguaje generizado no es casualidad.
A ello Mary Shelley opone una aproximación ”femenina”, basada en el respeto y apreciación por la naturaleza. Esta Elizabeth está fascinada por los insectos y encuentra maravillas en los seres más humildes de la creación:
“Mi interés en la ciencia se inclina hacia lo más pequeño. Moviéndose con la naturaleza, quizá a los ritmos de Dios”.
Mientras Víctor persigue nada menos que el control sobre la vida y la muerte, Elizabeth mira hacia lo más pequeño y quiere moverse junto a la naturaleza, no sobre ella. ¡Todo esto es absolutamente fiel al espíritu de la novela! Es sólo que el cineasta nos lo está presentando de una forma diferente a lo que ya hemos visto.
Esa fascinación por los insectos, por lo más pequeño, lo que es usualmente despreciado, predispone a Elizabeth para apreciar a la Creatura en el momento en que la ve. Mientras que Víctor sólo ve en su creación el resultado de un experimento que día con día lo decepciona más y más, Elizabeth ve en él a un ser individual que tiene valor en sí mismo, cuya existencia es un milagro, alguien con la inocencia de un niño, que es capaz del sufrimiento y que por lo tanto merece empatía.
Al mismo tiempo, la mariposa en el frasco sirve como metáfora para sí misma, una persona extraordinaria constreñida por una sociedad que no está lista para ella. O sea, tal como lo fue la misma Mary Shelley, quien bien habría podido decir las mismas palabras finales que enuncia Elizabeth:
“Mi lugar nunca fue en este mundo. Busqué y anhelé algo que no podía ni nombrar. Pero en ti lo encontré.”
Ok, aquí viene una crítica que me parece válida: si Elizabeth es una mujer tan extraordinaria, ¿por qué está con William en primer lugar? Digo, parece un buen chico, pero se ve muy normi para los gustos de ella.
Elizabeth siente atracción por Víctor, un hombre brillante y con una personalidad dominante, pero se da cuenta de que esa relación no tiene futuro y decide cortarla antes de ir más lejos que el coqueteo. Por el Monstruo siente una afinidad espiritual que llega a lo más profundo de su ser… Y, supongo, también algo de atracción monsterfucker, aunque en la peli todo se muestra muy platónico.
El caso es que las pasiones de Elizabeth por estos dos están muy bien comunicadas a la audiencia. En cambio, ¿qué siente ella por William? Ni siquiera están mucho tiempo juntos en pantalla, y tampoco tienen una gran química que digamos. La verdad se siente como si esa relación existiera solamente para traer a Elizabeth a escena.
Por otro lado, ¿por qué Del Toro casteó a Mia Goth en un doble papel como Elizabeth y como la madre de Frankenstein? Esto, que no noté a la primera, es algo que nunca habíamos visto en otras adaptaciones. Sin embargo, quizá el siguiente pasaje nos ayude a entenderlo; describe una pesadilla que Víctor tuvo poco después de darle vida la Creatura:
“Me dormí, pero me perseguían los sueños más salvajes. Creía ver a Elizabeth, en la flor de la salud, caminando por las calles de Ingolstadt. Deleitado y sorprendido, la abracé; pero cuando estampé el primer beso en sus labios, se tornaron lívidos con la exhalación de la muerte; sus rasgos parecían cambiar y creí tener en los brazos el cuerpo muerto de mi madre; un paño cubría sus formas y vi los gusanos de los sepulcros deslizarse entre los pliegues de la franela.”
Algo ciertamente edípico, como el hábito de siempre beber leche que tiene el Víctor de la película (¿se fijaron?). Creo que en pocas palabras podemos interpretarlo de la siguiente manera: la tragedia de este Víctor Frankenstein es que quiere ser amado con la misma ternura incondicional que recibió de su madre, pero sólo es capaz de tratar a los demás como lo trató su padre…
VI. SATURNO
El padre de Víctor es un personaje al que no le suele dar mucha atención en las adaptaciones, que a menudo lo excluyen. En la novela, Alphonse Frankenstein es un hombre amable y cariñoso. También es muy rico, y miembro del gobierno republicano de Ginebra. Una versión teatral de 1927 lo convirtió en un barón, cambio que permaneció en la película de 1931 y la de 1957. La versión de Kenneth Branagh de 1994 innovó haciéndolo un médico, alguien cuyos pasos el joven Frankenstein estaba destinado a seguir. Finalmente en Victor Frankenstein, película de 2015 dirigida por Paul McGuigan, el señor aparece como un padre abusivo siempre decepcionado de su hijo.
Del Toro tomó un aspecto de cada una de esas versiones. Su Leopold Frankenstein (supongo que es otro nombre porque es un personaje muy diferente) es un barón, un médico y un padre abusivo… ¡Y además está interpretado por Charles Dance, al igual que en la película de 2015!. Por eso les decía que si Del Toro no vio esa cinta de McGuigan entonces tenemos aquí muchas coincidencias.
La paternidad es uno de los temas más importantes del libro. Mary Shelley lo escribió cuando ella misma había sido repudiada por su padre, el filósofo William Godwin. Al mismo tiempo, hay mucho de Percy Shelley en Frankenstein (de hecho,Víctor era uno de los apodos del poeta): un padre y esposo negligente que abandonó a su familia anterior para irse con Mary, y que luego la abandonaba a ella a cada rato para irse a hacer tonterías románticas. El dolor por esos abandonos transpira por toda la novela; la furia del Monstruo es la furia de Mary.
La paternidad ha sido también uno de los temas más importantes en la filmografía de Del Toro, llena de figuras paternas complicadas, cuando no de plano antagónicas. Para él hacer Frankenstein era una forma de explorar y procesar su propia relación con su padre (y con sus hijos). En ese sentido, la versión deltoriana es fiel a la novela: igual que en Mary Shelley, Frankenstein es una catarsis y terapia para el artista, pero como son personas diferentes el resultado final tiene que ser otro.
En la novela el mayor pecado de Victor es el abandono, la irresponsabilidad y falta de consideración por los otros, que tienen origen en su egocentrismo y megalomanía. Esto se explica por el privilegio en el que creció: toda su vida se le dio todo, él daba por sentada toda la buena fortuna que lo rodeaba y nunca tuvo que considerar las necesidades de nadie más. Pero nunca es malo a propósito.
En cambio, este Víctor es insensible, severo, incluso cruel; es emocionalmente inaccesible, con un complejo de superioridad no reconocida y privilegio agraviado. Cree que lo merece todo, que no debe nada a nadie, y no pondera ningún impedimento moral para lo que hace. Ya sea intentado crear vida o seducir a la prometida de su hermano, ningún escrúpulo lo detiene, ni una duda siquiera cruza por su mente. Todo en el mundo existe para servirle a él, todo es un instrumento de sus deseos… Como él mismo fue un instrumento de los deseos y sueños de grandeza de su padre. Leopold presionaba a Víctor para buscar la perfección, y castigaba cualquier fallo o insuficiencia. Hasta su mismo nombre, Víctor, nace del deseo de su padre de verlo convertido en un conquistador. Así, de la misma manera en que su padre hacía con él, vemos que Víctor azota y maltrata a su Creatura porque ésta no cumple sus expectativas.
Por cierto, si en la novela Víctor abandona al Monstruo instantes después de crearlo, tanto en la versión de 1931 como en la 1957 trata de criarlo antes de decidirse a destruirlo, justo como sucede en esta nueva peli. Y en la del 31 el pobre Monstruo es maltratado con azotes y encadenado en una mazmorra, aunque no directamente por su creador, sino por el asistente jorobado. De nuevo, Del Toro va hilando juntas las diferentes versiones del mito.
También podemos detectar en la novela otro tema importantísimo para Mary Shelley: la maternidad. El trauma del embarazo y del parto, el duelo de la pérdida de los hijos; el sentimiento de culpa de haber causado la muerte de la propia madre, una figura a la cual idealizaba, pero que no conoció… Se ha señalado mucho el peso de la ausencia de las madres en Frankenstein, en especial el hecho de que el Monstruo literalmente nunca tuvo una.
En el libro, la madre de Víctor muere por una fiebres. Fue la película de Branagh la que introdujo su fallecimiento como consecuencia de dar a luz a William, lo cual alimenta la obsesión del joven de “conquistar a la muerte”. Del Toro retoma este punto, pero hace el trauma de la pérdida materna más profundo y por partida triple: sucede cuando Víctor era muy joven, le quita a la única persona que lo quería con ternura, y le demuestra las limitaciones e imperfecciones de una figura paterna a la que, hasta ese momento, había creído todopoderosa.
Tanto Guillermo como Mary tuvieron padre y madre, pero sólo Mary fue madre y sólo Guillermo es padre. Así como Mary puede dar una perspectiva única sobre ser madre y ser hija, Guillermo nos da una perspectiva de la paternidad muy personal. Mientras que en Mary el conflicto paternal va sobre el abandono y la irresponsabilidad, en Guillermo trata sobre ciclos generacionales de abuso. Toda la carrera del mexicano, y en particular esta película, ha sido el proceso por el cual el artista hace las paces con su complicado legado paterno, exorciza su miedo a repetir los mismos errores y se compromete a romper con los ciclos de abuso. Y es por eso que la película tiene que terminar con una reconciliación.
VII. PROMETEO
Se habrán dado cuenta de que he estado dando rodeos para no hablar directamente de los dos protagonistas: Víctor y su Monstruo. Esto es porque me pareció necesario arrojar alguna luz sobre todo aquello que les rodea, para que ahora que los tenemos bajo la mira podamos observarlos con claridad.
Creo que Jacob Elordi es el mejor Monstruo que nos ha dado la filmografía de Frankenstein, con perdón de nuestro querido Boris Karloff. Me sorprendió que el actor australiano, al que no veía más que como un niño bonito de romances adolescentes, atinara tan perfectamente al personaje con su voz, sus gestos, su lenguaje corporal. Elordi logró capturar como ningún otro actor la ternura e inocencia del Monstruo en sus primeros días de existencia, así como su rabia y dolor tras el descubrimiento de su origen.
El Víctor de Óscar Isaac me convence un poco menos, no porque el hombre no haya dado una gran actuación, que sí lo hizo, sino porque simplemente no me agrada esta caracterización en particular de ser taaan cretino. Eso sí, Isaac también capturó los puntos esenciales del personaje, con esa mezcla de pasión y arrogancia, de sutil crueldad y de profundo dolor que lo acompañan todo el tiempo.
La clase pasada habíamos dicho que la reconciliación final fue posible por razones intradiegéticas y extradiegéticas. Hemos visto las primeras: por un lado, el Monstruo es más gentil, y es así porque recibió cariño y empatía. Por otro, Víctor escucha la historia de su hijo justo antes de morir, en un momento en que su hubris ya ha sido castigada, lo ha perdido todo y ha enfrentado sus pecados, lo que lo hace receptivo y abierto a cambiar su actitud. Las razones extradiegéticas tienen que ver con los propósitos e intenciones del autor: uno, como ya vimos, la reconciliación es necesaria porque ésta es una forma del artista de resolver sus conflictos paternales; dos, Del Toro siempre se pone de parte del monstruo.
Es un lugar común decir cosas como que el verdadero monstruo es Víctor Frankenstein, pero ésa es una lectura simplista de la novela, que en cuanto a la moralidad tiene muchos matices y tonos de gris. Víctor es soberbio, negligente y egocéntrico, pero nunca es cruel ni hace daño a propósito, y ama sinceramente a su familia y amigos. El Monstruo, por su parte, comete actos atroces y se dedica a destruir poco a poco la vida de su creador. Entre sus crímenes está el asesinato de un niño pequeño y de una joven en su lecho de bodas. Sí, su malevolencia es resultado del abandono parental y el rechazo social que ha sufrido, pero no deja de ser una criatura racional que comete crímenes contra personas inocentes, a sabiendas y por elección propia.
Esa complejidad moral, en la que tanto creador como Creatura son víctimas y victimarios, ha estado presente en las mejores y más célebres adaptaciones, desde las de Whale hasta la de Branagh. La única excepción notable serían las de Fisher, en las que Frankenstein, interpretado por Peter Cushing, es un individuo verdaderamente desalmado y su Monstruo es apenas un zombi asesino sin alma ni pensamiento.
Del Toro se deshace por completo de esos matices y nos da un cuento con una moralidad mucho más simple, más en blanco y negro. Su Monstruo es impoluto y sólo mata en defensa propia o por accidente; su Víctor es un patán casi sin virtudes que lo rediman. Ésta es una crítica que se ha hecho a la película, y creo que es muy válida. Donde la novela nos dejaba conflictos sin resolución y preguntas sin respuestas fáciles, Del Toro nos presenta buenos y malos claros y sin ambigüedades.
Entiendo que don Memo quería que el público pusiera, como hace él, toda su empatía en la Creatura. Me queda claro que quiso hacer por el Monstruo de Frankenstein lo que ya había hecho por el Monstruo de la Laguna Negra en La forma del agua: darle un poco de felicidad a un personaje por el que a todas luces siente un gran cariño. Pero no dejo de pensar que habría sido más interesante lograr esto con un ser que tuviera las manos manchadas de sangre inocente. Definitivamente, ahí se perdió algo.
Y sí, la parte en la que William le dice a Víctor “tú eres el monstruo” es súper cutre. Al nivel “salva a Martha”. Es una falta de respeto a la inteligencia del lector enunciar de forma tan directa una de las moralejas de la película. Además, está completamente fuera de lugar en cuanto al desarrollo de los personajes y del relato; la vi dos veces y no hallé nada que motivara a William a decir esas cosas justo en ese momento.
Sin embargo, nada de eso quita que valga la pena tratar de entender la relación de Guillermo con los monstruos, y por qué resuena en un público tan amplio. El monstruo representa al Otro, el que no es como uno ni como la sociedad normal, y por lo tanto es tratado con desconfianza, desdén o de plano repudio.
Guillermo del Toro es un whitexican rico de Guadalajara, cierto. Pero también fue un niño ultrañoño y gordito. De entre los privilegiados, los nerds solemos ser los más marginados. Idealmente, esto nos debería hacer empáticos a la marginación que sufren grupos en verdad oprimidos, aunque por la enorme cantidad de ñoños fachos hemos visto que no siempre es así. Don Memo, en cambio, es uno de los buenos. Sus monstruos pueden identificarse con la gente queer, las personas racializadas, las neurodivergentes, las mujeres oprimidas, o los bichos raros inadaptados en general. Ésta es la gente que se siente atraída por su arte.
Aquí iba a incluir una digresión sobre la subcultura friki de los y las monsterlovers (o monsterfuckers), personas, sobre todo mujeres, que leen, escriben, ilustran y cultivan fantasías románticas, incluso eróticas, sobre monstruos atractivos. De hecho, precisamente La forma del agua contribuyó a que esta subcultura se volviera más o menos mainstream. Pero como ya nos estábamos pasando de la raya con la extensión de este mamotreto, nomás diré que esta nueva peli ha sido un hitazo en ese mundillo, y que basta preguntar para topar con un montón de morras a las que esta versión de la Creatura les pareció atractiva y sexi, en físico y personalidad. Como me dijo una amiga cuando lo vio: “se me movió el útero”.
Oh, y por cierto, sí hay un precedente en el que la Creatura se queda con Elizabeth: El joven Frankenstein (1974) la parodia/homenaje de Mel Brooks, que Del Toro cita como otra de sus influencias.
Y es que además el Monstruo de Frankenstein ocupa un lugar especial en el santoral deltoriano. No es cualquier monstruo, sino el santo patrono, el mesías incluso, tanto de Guillermo como de todos los frikis y weirdos. Y no estoy usando esos términos de a gratis…
Los motivos religiosos empapan el relato original de Mary Shelley, con sus referencias directas a Paraíso perdido. Si Víctor Frankenstein está jugando a ser Dios, ¿entonces quién es su hijo? Mary Shelley explícitamente compara al Monstruo con Adán y con Lucifer, ambos maltratados por su Creador. Guillermo del Toro va todavía más allá y lo hace análogo a Cristo: un ser creado sin unión sexual, un “hijo del hombre”, que muere por nuestros pecados. Relean la cita que encabeza este texto.
James Whale ya había hecho paralelismos entre el Monstruo y Jesús en cuanto a víctimas del rechazo e incomprensión del mundo, sobre todo en La Novia de Frankenstein, que incluye una analogía de la Crucifixión. Del Toro también lo crucifica en la secuencia de la creación. He ahí otra razón por la cual este Monstruo debía tener un final, si no feliz, esperanzador: porque es una historia de redención para todos los bichos raros del mundo.
VIII. CONCLUSIONES
Así, a estas alturas hemos explorado desde diferentes ángulos por qué Víctor, su Monstruo y su historia son como son. Nos podrán gustar o no las decisiones que tomó Del Toro, pero podemos ver que no fueron a la ligera ni simplemente por el deseo de hacer la película “más comercial” o algo así. Creo que tras todo lo que hemos dicho podemos desechar la queja de que la película “no es fiel al libro”. Le es fiel no sólo a la obra de Mary Shelley, sino a una tradición cultural de doscientos años.
Sí, yo también me quedo a la espera de una adaptación que siga más de cerca lo que sucede en la novela. En particular me parece inverosímil que no hayamos tenido una producción mayor dirigida por una mujer, tratándose Frankenstein de una de las piezas de literatura femenina más influyentes de la historia.
No me cabe duda de que esta película ha llegado para formar parte del canon fílmico de Frankenstein, y seguro se volverá un clásico de este pequeño renacimiento gótico que parece que estamos viviendo. Espero que estén de acuerdo en que, para bien o para mal, no se trata de una obra cualquiera, sino una para mirar con atención, pensar y conversar al respecto. Si no, miren que llevamos acá ya 15 páginas. Deseo que hayan disfrutado esta lectura tanto como a mí me gusta mamar sobre ñoñadas, y ojalá se animen a dejar sus comentarios sobre sus propias impresiones e interpretaciones de la cinta.
Ahora sólo me queda alzar la copa y brindar con ustedes: ¡Por un nuevo mundo de dioses y monstruos!
FIN
Posdata: Qué chafa estuvo todo el CGI de los animalitos. Don Memo es muy cuidadoso con los efectos especiales prácticos y éstos sí se ven fabulosos en la peli. Apuesto a que lo del CGI se lo ordenó Netflix para ahorrar en gastos.
¡Hey, muchas gracias por leer! Ésta será mi última entrada del año y ahora me tomaré un necesario descanso. Esta entrada se publicó con anticipación para mis mecenas en Patreon, a quienes quiero agradecer de corazón por su apoyo a lo largo de estos doce meses. Tú también puedes ayudarme a seguir creando y pagar el Internet con una aportación. También puedes hacer un donativo vía Paypal; todo se agradece mucho. Mientras tanto, te dejo con otros textos que podrían ser de tu interés:
- Aswang
- Berenice
- Emmanuel Vera
- Facundo Rendo
- J. Emilio Rodríguez
- Monte S
- Rodrigo Cervantes
- Virginia Carrillo
- yus













2 comentarios:
Excelente artículo.
Aceptando tu invitación a otras posibles interpretaciones, pues aquí Victor me pareció de esos tipos que son tan famosos en redes sociales ahora que tienen poca suerte con las mujeres y quieren desquitarse con el mundo (incels, o red pills, o como sea que se llamen).
Y sobre la novela, ¿qué piensas de leer la novela y de interpretar a Víctor como representación de Mary Shelly?
Hey, gracias por leer y perdona la tardanza. ¿Víctor como Mary? Es una interpretación interesante, que a mí no se me hubiera ocurrido. Claro que hay un poco de un autor en sus personajes, pero no sé. Me intriga la idea, ¿podrías desarrollarla?
Publicar un comentario