Llévenmelo fucachos: El adiós a 'THE BOYS' - Ego Sum Qui Sum

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PROFESOR MAIK CIVEIRA & LA ALIANZA FRIKI ANTIFASCISTA

lunes, 8 de junio de 2026

Llévenmelo fucachos: El adiós a 'THE BOYS'

Esta entrada fue publicada con anticipación para mis mecenas en Patreon.



Así es, camaradas, The Boys ha llegado a su final. La mayor parte de lo que tenía que decir sobre esta serie y el discurso a su alrededor quedó atestado en un ensayo anterior titulado ¿Por qué los normis no entendieron ‘THE BOYS’? Como no me gusta dejar cosas sin terminar (aunque me pase seguido), hoy les traigo algunas reflexiones y opiniones sobre la última temporada y el desenlace.


Les recuerdo que no he leído el cómic, del cual he escuchado que no es muy bueno, además de que Garth Ennis me cae muy mal porque es el autor de mi cómic menos favorito en el mundo. Tampoco soy el fan más fan de la serie de TV; sólo he visto cada temporada una vez y he ignorado alegremente los spin-offs. Así que tómense mis despotriques no como la opinión de un experto, sino como los comentarios de un aficionado casual.


En aquel primer ensayo me enfoqué en esa narrativa de que la serie antes era chida pero luego se volvió woke y se arruinó. No soy el primero en decir que en realidad siempre había hecho críticas y señalamientos que los bobalicones considerarían woke pero que no se dieron cuenta, en parte por el humor negro y edgy de la serie y en parte porque los anti-woke son la cohorte más tonta del mundo. Cuando el creador Eric Kripke vio que mucho gaznápiro cretino fan de Trump estaba idolatrando a Homelander, decidió quitarle toda sutileza para que el mensaje quedara sin ambigüedades: su “héroe” es un ser horrible, la encarnación de lo peor en la cultura gringa, y encima patético y despreciable.



Quizá ésa fuera la decisión más ética y responsable en el clima político actual, pero definitivamente vino al costo de un poco de la calidad de la obra (similar a lo que tuvo que hacer Todd Phillips para la secuela de Joker). La sátira perdió ingenio y finura para volverse obvia y contundente como un martillazo en la cara, además de que se dio más tiempo del que quizá era necesario para pitorrearse de todos y cada uno de los aspectos del movimiento MAGA, tiempo que habría sido mejor empleado en hacer avanzar el argumento o desarrollar a los personajes. Digo, qué chistoso que Deep y Black Noir tengan su podcast de la manósfera, pero había cosas más importantes que atender. Y miren que en general simpatizo con esa crítica, pero la verdad es que a veces era tan burda que daba un poco de pena ajena. 


Igual el problema fue que, como he dicho, los anti-woke no se caracterizan por su comprensión mediática o su pensamiento crítico, lo entendieron todo al revés: que antes la serie les daba la razón y por eso molaba, pero que a medio trayecto (((alguien))) les impuso la ideología progre y lo echaron a perder. Y pues ya no hay nada que hacer con estas personas.


Por otro lado, Kripke y su equipo tenían un trabajo bien difícil pues, ¿cómo se puede hacer sátira sutil de una realidad política que es tan esperpéntica? Parecería que los guionistas trataban de imaginar: “¿Bueno, qué es lo más exageradamente absurdo y grotesco a donde puede llegar la derecha contemporánea?”... Y luego la realidad superaba a la parodia.



Por ejemplo, desde la primera temporada hubo una ácida sátira a esa versión tan gringa que tienen del cristianismo, con énfasis en la hipocresía moral de sus profetas y en cómo todo es un circo para mantener el poder de las élites. Y aún así para estas dos últimas temporadas le subieron todo el volumen, en especial con el personaje de Oh Father y los delirios mesiánicos de Homelander. 


Mientras tanto, en el mundo real, Trump siempre ha tenido a su lado al cristianismo chiflado que cree que la riqueza material es una recompensa de Dios, que es necesario apoyar las guerras de Israel para propiciar la segunda venida de Jesús, que eso de poner la otra mejilla y amar al prójimo ya pasó de moda, que la religión cristiana está bajo ataque por los wokes comunistas trans no binaries y que Estados Unidos es una nación especialmente elegida por el creador del universo. Eso lo sabemos desde 2016. 


Lo que nadie se esperaba era que Trump compartiría una imagen de sí mismo como Jesús sanando a los enfermos  (generada con IA), o que mandaría a hacerse una estatua de oro de sí mismo, bendecida por pastores cristianos, o que amenazaría con obliterar a una civilización entera. Una y otra vez la realidad ha superado a la parodia. Vaya, si no fuera porque hay mucha gente en verdad muriendo, hasta pensaríamos que la presidencia de Trump ha sido un truco publicitario para promocionar The Boys.



Además, mucha de la sátira dio justito en el clavo. En mi ensayo previo señalé que la penúltima temporada sintetizaba a la perfección el meollo de la derecha contemporánea cuando muestra que Homelander promete salvar a las masas estúpidas del wokismo, pero que a las élites económicas necesita prometerles libertad absoluta para explotar al pueblo y los recursos naturales del mundo. Vemos hacerse realidad esto tanto en la serie como en la presidencia de Trump. 


También predije que todos esos arrastrados que facilitaron la toma de poder de Homelander serían desechados por él tarde o temprano, pues así es como funciona el fascismo, y así es como ha operado Trump. Ni siquiera lo de los campos de concentración ha sido una hipérbole, pues ya están operando en Estados Unidos, pero que en la serie se les llamara “freedom camps” fue una gran puntada. Finalmente Starlight resume lo podridos de mente que están tanto los seguidores de Homelander como los del movimiento MAGA, poniendo en duda si tiene caso salvarlos cuando claramente desean toda esa mierda.


Sí, sí: ya sabemos que el complejo cultural-industrial del capitalismo nos vende versiones diluídas de discursos anticapitalistas, mientras que al mismo tiempo se niega a imaginar alternativas a este sistema. No estamos descubriendo el hilo negro acá. Cualquier crítica, denuncia o sátira social que venga de las corporaciones, en especial de una tan especialmente malvada como Amazon, propiedad de un supervillano de la vida real, debe tomarse con escepticismo. Sobre todo cuando la serie incluye en su reparto a un ex miembro de las Fuerzas de Defensa de Israel, el estado más criminal de la historia reciente.



Pero retratar a la derecha contemporánea como los cretinos inmorales que son es hoy un deber cívico en cualquier plataforma a la que se tenga acceso. La ridiculización es un arma poderosa para guiar la opinión pública. Si The Boys contribuye en alguna medida para que el público general entienda que la derecha radical es malvada y estúpida, entonces está haciendo su aportación. Últimamente hay mucho “anticapitalismo” tibio en la cultura pop que no propone gran cosa, pero vean también cómo han ido evolucionando las conversaciones de las que esas obras forman parte. Cuando llega la coyuntura justa, personas cuyas opiniones han sido influidas por ese discurso se ven en la posibilidad de actuar colectivamente para impulsar cambios en el mundo real.


Ningún libro u obra de arte cambia al mundo por sí solo, ni siquiera el manifiesto revolucionario más radical; todo depende de lo que las personas hacen con las ideas y los conocimientos que van recibiendo. Si después de devorarte una obra te quedas bien satisfecho de ti mismo creyendo que has contribuido a la revolución sin hacer nada más, ni siquiera al menos difundir o participar en la reflexión colectiva, da igual que haya sido The Boys o las obras completas de Lenin.


Dejando estos mames de lado, no se puede culpar todo lo malo del final al afán panfletero de Kripke. Mucho vino de la falta de presupuesto, la codicia de Amazon que quería sacar más spino-offs, y los defectos endémicos de la televisión por streaming, tales como la costumbre de prolongar innecesariamente las cosas metiéndoles paja.



Vamos ahora con un poco de quejas ñoñas y quisquillosas. Las escalas de poder y de invulnerabilidad cambiaban a cada rato según conviniera a la trama. El segundo Black Noir es invulnerable a las balas, pero lo matan con unas cuchilladas al cuello. Homelander se ve mucho más débil en la última pelea que en ocasiones anteriores. Entiendo que el V1 no le dio más poder, sólo inmunidad al virus y eterna juventud, pero incluso sin eso en temporadas anteriores se había mostrado más fuerte, más rápido y con visión de calor más poderosa. Aunque, a decir verdad, este tipo de inconsistencias son ubicuas en la ficción superheroica. 


También me frustró la enorme armadura argumental que le dan a nuestros muchachos. Personajes que tienen toda la oportunidad y las razones para eliminarlos nomás les perdonan la vida porque si no se acaba la serie. Esto es simplemente escritura perezosa y es un problema de por lo menos las dos últimas temporadas.


Nunca esperé un final épico tipo Avengers: Endgame para este programa; eso no va con su tono cáustico y su enfoque deconstructivo, además de que el presupuesto simplemente no daba. Las peleas en The Boys siempre han sido sucias y sangrientas, más como broncas de barrio que como las batallas míticas de Marvel. Una camorra final en la Casa Blanca me parecía muy adecuada. Mi queja no es la escala o el resultado de la pelea; sólo creo que debió parecer más difícil y arriesgada para nuestros héroes: no sé, que Homelander le volara una pierna a Kimiko o le rompiera una mano a Ryan.



Deep es probablemente el personaje más odioso y repugnante en un reparto lleno de sujetos horribles; yo habría preferido que lo despacharan un par de temporadas atrás. Que no sólo no lo hicieran, sino que tuviéramos que soportarlo hasta el capítulo final fue algo fastidioso, no lo negaré. Pero ¿qué necesidad había de incluirlo en el mero clímax? Me gusta que sea Annie quien se deshaga de él, porque fue Deep el primero en abusar de ella cuando llegó a Vought, pero, ¿no podrían haber metido esa pelea en un episodio anterior en vez de intercalarla con la tan esperada batalla final contra Homelander? Si Starlight hubiera luchado junto a Butcher, Kimiko y Ryan, no sólo esa pelea habría sido más espectacular, sino que no habría sido necesario nerfear tanto a Homelander.


Por fortuna no llegué a ver la publicidad de Amazon antes de que arrancara la temporada; es comprensible que los fans esperaran algo mucho más grandilocuente, con pósters como el de Homelander observando la Tierra en llamas desde el espacio, o Butcher caminando entre los escombros de la Torre Vought. La verdad eso sí fue publicidad fraudulenta, aunque no es culpa de Kripke ni su equipo creativo, sino de Amazon.


Tampoco podía esperar un final del todo feliz. No esperaba que cada personaje horrible fuera castigado y que cada uno de nuestros héroes recibiera una recompensa, pues The Boys, aunque no es siempre cínico y deja espacio para la esperanza, tampoco es idealista. Nunca ha sido blanco vs negro, sino gris vs gris más oscuro vs negro absoluto. No esperaba que se resolviera el problema de los súper para siempre o que se diera una revolución en Estados Unidos que acabara con todas las injusticias sistémicas que llevaron a este cagadero.



Una vida tranquila para Annie, Hughie, Kimiko, Marvin y Ryan es suficiente. Butcher, por su parte, nunca iba a poder tener un final feliz. Era un personaje demasiado roto que había ido por caminos muy oscuros, y es claro que consumar su venganza contra Homelander no iba a satisfacerlo. Me pareció muy adecuado que fuera Hughie quien tuviera que detenerlo.


“A pesar por toda la mierda que has pasado, no has cambiado nada”, le dice Butcher con una sonrisa, medio triste, pero orgulloso también. Y en efecto, Hughie siempre fue el compás moral del grupo, y así como al final él no podría ser corrompido, Butcher ya estaba más allá de la redención. Creo que su enfrentamiento y la muerte de Butcher es uno de los puntos más brillantes de esta última temporada.


Eso sí, creo que el no concederle al público al menos la caída de Vought como corporación fue una canallada. En un capítulo previo de esta misma temporada, Stan Edgar y Marvin Milk tuvieron una conversación interesante. Edgar le advirtió que, aunque Homelander muriera, la maquinaria (o sea, el capitalismo) seguiría funcionando y que él tenía intención de estar ahí para manejarla. A eso M.M. respondió que en tal caso estaría ahí para eliminar a Edgar. Pensé que eso estaba preparando un final en el que Marvin le volaría la cabeza a este sujeto, pero nada. Y sospecho que se hizo así nomás para dejar abierta la posibilidad de más y más spin-offs.



Lo cual es irónico, porque a lo largo de sus cinco temporadas The Boys se burló de la saturación mediática del género de superhéroes por corporaciones como Disney, y de su afán de sobreexplotar cada franquicia con secuelas y refritos a cada rato. Esta ironía no ha pasado inadvertida para los fans, que acusan de que mucha coherencia y calidad narrativa se sacrificó en esta última temporada para promocionar la próxima serie precuela, Vought Rising


Por ejemplo, se crea un agujero argumental al “revelar” que todo este tiempo Bombsight, un personaje que parece tener casi tanto poder como Soldier Boy y quizá Homelander, había estado revoloteando por ahí. Por lo menos Butcher y Frenchie sabían de él, y sin embargo nunca pensaron enlistarlo contra Homelander. Digo, no tuvieron dudas en reclutar a Soldier Boy, quien claramente es mucho peor tipo y más inestable (y también fue más difícil de conseguir).


Muchos fans han dicho que el regreso de Soldier Boy en esta temporada no aportó nada a la trama, y que sólo sirvió para preparar la nueva serie. Creo que esto es cierto en gran parte, pero no del todo. Pienso que sí contribuyó al deterioro psicológico de Homelander, que lleva a que finalmente se desquicie porque ni su padre ni su hijo lo aman. También sirvió para aumentar la tensión con Firecracker y al destino final de la morra más migajera desde Corina Machado.


Eso sí, se nota que trataron de lavarle la cara a un personaje que anteriormente había sido presentado como un psicópata irredimible, no mejor que Homelander, pues de otra manera el público no lo habría aceptado como protagonista de su propia serie. Sus motivaciones son inverosímiles, así como su supuesto amor incondicional por Stormfront. Por cierto, su estrés postraumático quedó totalmente olvidado.



Qué bueno que nunca vi Gen V, pues está claro que al final esa serie tuvo casi nulas consecuencias en la historia principal. Si la hubiera visto, seguro estaría igual de frustrado que los fans con ese inconsecuente cameo de las heroínas en The Boys. Tengo entendido que aquel spin-off estaba preparando el terreno para que varios de los súper que ahí salían luego figuraran como aliados del equipo de Starlight en su lucha contra Homelander. Nada de eso se cumplió.


Pero, ¿saben algo? Aunque el final de The Boys se me hizo un poco anticlimático y muy mejorable, no fue del todo insatisfactorio. A pesar de sus defectos, no me parece un final del todo indigno de la serie, ni algo que dejara un mal sabor de boca de la misma forma en que lo hicieron los respectivos finales de Game of Thrones y Stranger Things.



Esta última temporada tuvo algunos momentos geniales, en especial cuando se atrevía a darle punto final a ciertos arcos argumentales. La muerte de A-Train, el descenso de Homelander a la locura, el destino final de Firecracker, la despedida de Frenchie y Kimiko, y el último enfrentamiento entre Butcher y Hughie fueron no sólo adecuados, sino bien cargados de emotividad. Y la putiza final que Butcher le puso a Homelander me dio muchísimo gusto. Además, las actuaciones de todo el reparto fueron estupendas hasta el final, dando todo de sí incluso cuando el material con el que trabajaban no era el óptimo.


A final de cuentas, creo que The Boys ha sido la obra de ficción superheroica más importante de esta primera mitad de la década, al menos en cuanto a lo audiovisual se refiere. Apareció en un momento en que la cultura pop estaba saturada de encapotados, en que el MCU había llegado a su pináculo y estaba por entrar en decadencia, y trajo una frescura y espíritu crítico que ya hacía mucha falta. Creo que eso es algo que no podemos dejar de celebrar.  


FIN



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