Hemos pasado ya la mitad de 2026, un año que ha estado lleno de eventos, la mayorĂa de ellos muy poco esperanzadores. Donald Trump iniciĂł una guerra en Irán que, a pesar de que numerosas veces se ha anunciado la proximidad de un acuerdo, no parece tener un final a la vista y ya ha tenido graves repercusiones econĂłmicas en todo el mundo. Mientras, el genocidio en Palestina no sĂłlo continĂşa en marcha e impune, sino que las operaciones de limpieza Ă©tnica y colonizaciĂłn israelĂes se han extendido hacia el LĂbano.
Trump, envalentonado por su Ă©xito en Venezuela, ahoga lentamente a Cuba con un bloqueo energĂ©tico que deja a los habitantes de la isla sin electricidad por largos periodos, afectando a hogares, escuelas y hospitales. Mientras la extrema derecha sigue conquistando gobiernos en AmĂ©rica Latina, la polĂtica trumpista hacia MĂ©xico es cada vez más agresiva e injerencista, y un sector de la poblaciĂłn mexicana anhela una invasiĂłn estadounidense para que deponga al (muy relativamente) izquierdista partido en el poder, Morena, alucinando por una narrativa sobre el “narcosocialismo”.
Al mismo tiempo, discursos cada vez más reaccionarios, que antaño habrĂan provocado un rechazo social contundente, se han ido volviendo comunes, lo cual era de esperarse dado que la extrema derecha lleva mucho tiempo preparando el terreno. Lo que hace 10 años iniciĂł con “el feminismo ha llegado demasiado lejos”, hoy nos ha traĂdo al punto de “quizás las mujeres no deberĂan votar”.
Pero esto no es todo. El ecosistema informativo en tiempos del algoritmo favorece los contenidos que propician la ira, pero bajo las apariencias hay una resistencia cada vez más grande y mejor organizada. Diversas agrupaciones han surgido para contrarrestar los embates del fascismo y a las élites que lo promueven para preservar sus intereses. Mientras más gente común comienza a dimensionar en el que nos encontramos, son más quienes se suman a acciones solidarias y de resistencia. Creo que éste bien puede ser el año en el que se dé un giro a la balanza. Hagamos un rápido recuento.
LA NAKBA INFINITA
Durante mucho tiempo la mayorĂa de las personas que yo conocĂa (y me incluyo) tenĂan una idea vaga del conflicto entre Israel y Palestina. ParecĂa algo muy complicado, en el que ambas partes habĂan cometido excesos y violencia por “no saber convivir en paz”. HabĂa esta idea de que la fundaciĂłn del estado de Israel era necesaria para acoger a los judĂos que habĂan sobrevivido al Holocausto y, antes de eso, a siglos de persecuciĂłn antisemita.
Creo que en los Ăşltimos años eso ha venido cambiando y que cada vez más personas están conscientes de la historia de Israel y del sionismo, de cĂłmo es y siempre ha sido un proyecto colonialista occidental, con un modus operandi análogo al de otras potencias europeas en distintos lugares del mundo (porque sĂ, la Ă©lite israelĂ es de origen europeo): exterminando a la poblaciĂłn nativa para ocupar su territorio, y estableciendo un rĂ©gimen de supremacĂa Ă©tnica, que no sĂłlo subordina a las poblaciones árabes locales, sino que coloca en el lugar más alto de la pirámide social a los judĂos provenientes de Europa (incluso por encima de otras poblaciones judĂas). Israel es, pues, un estado etnonacionalista y supremacista, con un rĂ©gimen de apartheid y con varios crĂmenes de guerra y genocidio en su historial. Esto lo convierte en la potencia en la que el fascismo está más desarrollado.
El 7 de octubre de 2023 la organizaciĂłn terrorista Hamás llevĂł a cabo un ataque contra Israel, que terminĂł con la muerte de 1609 ciudadanos israelĂes y el secuestro de otros 149. Lo que no suele decirse es que durante años Israel habĂa estado alimentando indirectamente a Hamás, para usar su existencia como excusa para llevar a cabo ataques contra Palestina y asĂ justificar su expansiĂłn colonial en territorio palestino.
Las acciones terroristas que cobran las vidas de civiles inocentes siempre me parecerán atroces e injustificables, aunque el grupo que las perpetre estĂ© en una posiciĂłn de desventaja y tenga agravios legĂtimos. Pero ahora he aprendido que la situaciĂłn nunca ha sido simĂ©trica. Uno de los bandos ha cometido una proporciĂłn de crĂmenes mucho mayor y además ha tenido la fuerza militar para llevarlos a cabo y el respaldo internacional para salir impune.
He aprendido que no todos los judĂos son sionistas, y que a lo largo de su historia muchos judĂos han sido crĂticos del proyecto sionista, o que el estado de Israel ha hecho daño a muchas comunidades judĂas, especialmente las que no son de origen europeo. Hoy en dĂa algunas de las voces más fuertes contra el genocidio provienen de entre las comunidades judĂas.
El caso es que Israel ha asesinado a unas 72,900 personas, la mayorĂa de ellas civiles, y un gran nĂşmero de niños. Éste no es el Ăşnico genocidio que ha visto el joven siglo XXI, pero sĂ es el que ha ocurrido más a la vista de todo el mundo, y por lo tanto el que mejor acusa la decadencia del orden global basado en el derecho internacional, además de ser una vergĂĽenza para toda la civilizaciĂłn moderna, de la que deberemos dar cuenta a las generaciones venideras.
FURIA ÉPICA
El 28 de febrero de este año Estados Unidos lanzĂł una serie de ataques en contra de Irán. Uno de los primeros resultados de esta operaciĂłn, pomposamente titulada Epic Fury, tuvo como resultado el bombardeo de una escuela para niñas en Minab, en el sur de Irán. 156 civiles murieron, de los cuales 120 eran niñas de la escuela. Ese mismo dĂa, un campo deportivo en Lamerd, tambiĂ©n en el sur iranĂ, fue alcanzado por misiles estadounidenses, que mataron a 21 personas. Con estos crĂmenes de guerra Donald Trump iniciaba el que bien podrĂa ser el conflicto más complicado en el que se haya metido.
Pues resulta que Irán no estaba tan indefenso como Venezuela. Aunque ciertamente no tiene la fuerza para derrotar militarmente a Estados Unidos, sĂ que tenĂa cartas para jugar con el cierre del Estrecho de Hormuz, un corredor vital para el comercio internacional, en especial de hidrocarburos. Su otra estrategia ha sido bombardear a los aliados de Estados Unidos en la regiĂłn, a los cuales Trump no consultĂł antes de ir a la guerra. Irán ha sufrido muchas más bajas y daño material que sus enemigos, asĂ como la muerte de varios de sus principales lĂderes, incluyendo al Ayatolá. Sin embargo, ha dejado en claro que puede hacer que la guerra cueste a Estados Unidos más de lo que puede pagar.
Y no es que debamos apoyar, de ninguna forma, al rĂ©gimen teocrático de Irán, que tan solo semanas antes habĂa masacrado a 30 mil de sus propios ciudadanos. Pero no se puede negar que la guerra de Trump implica violaciones al derecho internacional y a las propias leyes de EUA, y que además no traerá nada bueno para el pueblo iranĂ oprimido por los Ayatolás.
Fue Israel quien alentĂł a Trump a llevar a cabo estos ataques, con el fin de deshacerse de su principal enemigo en la regiĂłn, al que ya habĂa estado debilitando a lo largo de los Ăşltimos años. Bajo el cobijo de la guerra, Israel ha continuado su proyecto expansionista, ahora contra el vecino paĂs soberano del LĂbano. Una y otra vez, las negociaciones de paz entre Irán y Estados Unidos han fracasado por la negativa de Israel a cesar hostilidades.
AsĂ como usĂł a Hamás de pretexto contra Palestina, Israel ahora usa a Hezbolá, una organizaciĂłn terrorista y militar islamista aliada de Irán, para extender hacia el LĂbano. Ahora Israel está poniendo en ese paĂs las mismas tácticas que usa en Palestina: devastando ciudades, masacrando civiles y “limpiando el territorio” para establecer allĂ futuras colonias. Con los datos que tenemos por ahora: más de 4,300 civiles han muerto y más de 1.2 millones han sido desplazados.
Los nazis hablaban de un Lebensraum, un “espacio vital” hacia el cual debĂan expandirse para que floreciera la raza germánica, a costa de judĂos, eslavos, gitanos y otros pueblos que habitaban las vastas extensiones de Europa oriental. Hitler se inspiraba en la expansiĂłn colonial estadounidense llevada a cabo a lo largo del siglo XIX, desde la costa del Atlántico hacia el Oeste, a costa del genocidio de los pueblos nativos: era un ejemplo de cĂłmo una “raza superior” podĂa deshacerse de poblaciones enteras para ocupar su territorio y convertirlo en su nuevo hogar. Ahora Israel hace lo mismo, y lo disimula muy poco. Es bien sabido que el actual gobierno cuenta en sus filas a seguidores del movimiento para crear un “Gran Israel”, un territorio que se extenderĂa desde el Nilo hasta el EĂşfrates. Uno de sus principales exponentes es el ultraderechista Itamar Ben Gvir, Ministro de Seguridad Nacional.
Esta escalada sĂłlo fue posible porque la comunidad internacional se hizo de la vista gorda con los crĂmenes de Israel una y otra vez.
EL ANTICRISTO
Otra cosa que hemos aprendido el Ăşltimo par de años es que la mayorĂa de los sionistas alrededor del mundo no son judĂos, sino cristianos. Cristianos evangĂ©licos para ser exactos. Cristianos evangĂ©licos dispensacionalistas, para ser precisos. Literalistas de la Biblia, que creen que el triunfo de Israel cumplirá una profecĂa que anuncia la pronta llegada de JesĂşs para traer el Juicio Final y llevar a sus fieles al ParaĂso. Sus fieles, claro, no serán quienes hayan puesto la otra mejilla y amado a su prĂłjimo como a sĂ mismos, sino quienes hayan promovido el nacionalismo cristiano más intolerante, belicista, misĂłgino y lgbtfĂłbico.
Este tipo de cristianismo militante, que lleva dĂ©cadas cultivándose en Estados Unidos, es el mismo que encumbrĂł a Donald Trump y que consiguiĂł la SecretarĂa de Guerra en la figura de Peter Hegseth, el mismo que ha declarado que Ă©sta es una “guerra santa”, que hay que exterminar a esos “salvajes bárbaros”, que no hay que seguir “estĂşpidas reglas de combate” y que toso esto se hace “en nombre de Jesucristo”.
Estos fanáticos creen que cuando Israel triunfe sobre sus enemigos la mayorĂa de los judĂos se volverán al cristianismo y aceptarán a JesĂşs como su Señor y Salvador (y los que no, serán dejados atrás, junto a los demás infieles: ateos, musulmanes, budistas, etc.). Esta gente no se preocupa por el deterioro de los ecosistemas, la crisis en el costo de vida o el posible estallido de una guerra mundial, porque de todos modos a lo que le están apostando es al Apocalipsis. Y si lo que vas a ganar es poder sentarte a la derecha de Dios, ¿quĂ© más da cualquier otra cosa?
De ahĂ que tantos cristianos evangĂ©licos estĂ©n con Israel. Y no sĂłlo en Estados Unidos, sino en toda AmĂ©rica Latina. Ahora sabemos tambiĂ©n que el cristianismo evangĂ©lico fue impulsado en nuestra AmĂ©rica por la CIA como parte de sus esfuerzos anticomunistas durante la Guerra FrĂa. El ala más reaccionaria del evangelismo servĂa como antĂdoto a las tendencias progresistas de algunos sectores del catolicismo, en particular la teologĂa de la liberaciĂłn. Hoy, es una de las fuerzas impulsando el auge de la extrema derecha en el continente…
LAS VENAS ABIERTAS
Tras la captura de Nicolás Maduro por el ejĂ©rcito estadounidense este enero (acto ilegal que violĂł el derecho internacional), el rĂ©gimen venezolano, con Delcy RodrĂguez a la cabeza, continĂşa siendo corrupto y represor, pero ahora trabaja para mantener contentos a sus nuevos amos. Un terrible terremoto devastĂł el paĂs a finales de junio, matando a cerca de 5 mil personas, y decenas de miles continĂşan desaparecidas. La magnitud del daño estructural revela dĂ©cadas de corrupciĂłn y negligencia tras la construcciĂłn de edificaciones deficientes. Ha sido en verdad un año terrible para Venezuela.
En abril de este año se revelĂł, a travĂ©s de grabaciones filtradas, un escándalo que deberĂa haber incendiado a toda AmĂ©rica Latina, y que en cambio se sumĂł a una lista creciente de ignominias que marcan nuestra realidad moderna. Se trata del Hondurasgate, una alianza entre el gobierno de Trump en EUA y el de Netanyahu en Israel para empoderar a la extrema derecha en la regiĂłn y destruir a los Ăşltimos gobiernos de izquierda que entonces quedaban. Desde 2023 se destapĂł la existencia de por lo menos una compañĂa israelĂ se dedica precisamente a intervenir elecciones con desinformaciĂłn y hackeos a dispositivos privados. Teniendo eso en cuenta, es difĂcil saber hasta quĂ© punto esa clase de intervenciones han tenido lugar en nuestra AmĂ©rica desde entonces.
El primer paso de la operaciĂłn Hondurasgate serĂa la vuelta a su paĂs del expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, condenado por narcotráfico. A cambio, Ă©l y sus aliados polĂticos permitirĂan el establecimiento de bases militares y “zonas econĂłmicas libres” (ciudades autĂłnomas propiedad de corporaciones privadas) en el paĂs centroamericano, asĂ como facilidades para que empresas de inteligencia artificial puedan invertir.
La trama incluye tambiĂ©n golpear mediáticamente, con campañas de desinformaciĂłn, a los gobiernos de Claudia Sheinmabum en MĂ©xico, Lula da Silva en Brasil y Gustavo Petro en Colombia. Meses despuĂ©s se ven los efectos de este plan, con candidatos de extrema derecha ganando elecciones presidenciales: Abelardo de la Espriella en Colombia y Keiko Fujimori en PerĂş. Ya antes habĂamos asistido al triunfo de JosĂ© Antonio Kast en Chile. A ellos se suman otros aliados de Trump e Israel con más tiempo en el poder: Javier Milei en Argentina, Daniel Noboa en Ecuador y Nayib Bukele en El Salvador.
No creo que se pueda culpar completamente al complot de la ultraderecha internacional. Ciertamente ha habido errores terribles de la izquierda latinoamericana, que puede ser radical en el discurso, pero que al momento de gobernar se pliega ante los poderes fácticos en el propio paĂs, y no lleva a cabo las transformaciones que mejorarĂan la vida de la gente, que vive en un entorno marcado por la precariedad y el crimen violento. Además, se muestra muy tibia cuando se trata de combatir la corrupciĂłn en sus propias filas. Tampoco ayudan los intelectuales, influencers y opinĂłcratas de izquierda que dedican demasiado tiempo y esfuerzo a tratar de lavarle la cara a regĂmenes desprestigiados internacionalmente, como en el caso del de Maduro, cuando debieron ser crĂticos con ellos, pues lo que logran no es cambiar la opiniĂłn general sobre esos gobiernos sino contribuir a la percepciĂłn de que “los zurdos siempre apoyan a dictadores y corruptos”. Si la izquierda latinoamericana quiere sobrevivir a la embestida fascista que ya está aquĂ, tendrá que dejarse de tibiezas, ejercitar la autocrĂtica y hacer un mejor trabajo.
Sin embargo, no se puede obviar el papel de la intervenciĂłn de agencias de inteligencia y empresas de alta tecnologĂa extranjeras, la construcciĂłn de bases neofascistas a lo largo de la Ăşltima dĂ©cada, asĂ como el apoyo de las oligarquĂas locales y globales a los proyectos ultraderechistas.
El efecto más evidente de estos esfuerzos se puede ver en la enajenación producto de un ecosistema informativo lleno de propaganda y desinformación. La extrema derecha ha creado una realidad paralela para que sus seguidores la habiten, con narrativas no sólo falsas sino absurdas y carentes de sentido.
En AmĂ©rica Latina hay demasiada gente que cree de verdad que el continente ha sido gobernado la mayor parte de su historia por el socialismo (y no por dictaduras tĂteres de las potencias colonialistas, o por tibios liberales en el mejor de los casos), y que por eso es pobre y atrasado. O que existe una wea llamada “narcosocialismo” (cuando el narcotráfico es una de las expresiones más puras del capitalismo) y que la izquierda es por naturaleza más corrupta y permisiva con el crimen.
Un conjunto demasiado grande de mexicanos piensan que Trump va a venir a salvarlos de Morena y el narcotráfico. Estoy cansado de oĂrlos repetir las mismas insensateces. DespuĂ©s de que el de Trump sea el gobierno más corrupto en la historia gringa, despuĂ©s de que se diera a conocer de que al menos dos de los tĂteres polĂticos de Trump en LatinoamĂ©rica (Hernández en Honduras y Noboa en Ecuador) tienen vĂnculos con el narcotráfico, despuĂ©s de ver que dejara en Venezuela un postchavismo subordinado a EUA sin que cambiase la situaciĂłn para la gente comĂşn, despuĂ©s de atestiguar cĂłmo ICE brutaliza y maltrata a migrantes y a sus propios ciudadanos, despuĂ©s de conocer lo profundas e incriminatorias de las relaciones de Trump con Jeffrey Epstein, despuĂ©s de saber que sus drones bombardearon una escuela en Irán matando a un centenar de niñas… DespuĂ©s de todo eso, se imaginan que Trump vendrá y sĂłlo se llevará a los cárteles de la droga y a los polĂticos corruptos (y que si no confĂas en Trump es porque apoyas a los cárteles o algo asĂ de imbĂ©cil). Bueno, es que esta gente está tan delulu que no creo que haya más se pueda decir sobre ellos, excepto que, si llega el caso, deben ser tratados como enemigos y traidores a MĂ©xico.
SUPERVILLANOS TECNOFEUDALES
Elon Musk se convirtiĂł recientemente en el primer ser humano en la historia en acumular una fortuna de un billĂłn, es decir, un millĂłn de millones de dĂłlares (Un uno seguido por 12 ceros: 1,000,000,000,000). El mismo Musk, que lleva años azuzando teorĂas conspirativas de extrema derecha, expresado su apoyo por partidos neonazis en Europa e incitado turbas iracundas a cometer violencia contra inmigrantes; el Musk cuyo paso por el gobierno de Trump estuvo marcado por la incompetencia y las irregularidades, y cuyos recortes a programas de ayuda causaron la muerte de 700 mil personas alrededor del mundo. Una de las peores personas vivas se ha convertido en el primer billonario de la historia. Let that sink in.
Musk es apenas el más estridente de una caterva de tecnomillonarios turbios. El más relevante de ellos bien podrĂa ser Peter Thiel, fundador de la megacorporaciĂłn de tecnovigilancia Palantir. Ésta ha colaborado con las fuerzas israelĂes para cometer genocidio en Gaza, y tiene contratos multimillonarios con varios gobiernos del mundo. Thiel ha hablado abiertamente sobre la necesidad de abolir la democracia y que el mundo sea regido por señores tecnofeudales. Thiel está obsesionado con la llegada del Anticristo, que vendrĂa en forma de un gobierno mundial que regule a las megacorporaciones tecnolĂłgicas.
Thiel fue uno de los mayores donantes a la campaña de Trump y el principal impulsor de la carrera polĂtica de su vicepresidente, J.D. Vance. Recientemente se revelĂł la existencia del club de multimillonarios formado por Thiel con el objetivo de influir en el curso de la historia y en el cual se discuten temas como la creaciĂłn de sectas religiosas y la posibilidad de nuevas guerras mundiales. Dialog, como se le llama esta tertulia de ilustres oligarcas, tiene tambiĂ©n vĂnculos con Jeffrey Epstein.
Su colega Alex Karp, actual CEO de Palantir, lo sigue de cerca. No hace mucho difundiĂł en la plataforma de Musk una sĂntesis de su manifiesto polĂtico, en el que aboga por acelerar el desarrollo de la IA, entregar el control de la seguridad nacional y el crecimiento econĂłmico a corporaciones como la suya, reducir el estado al mĂnimo, aumentar el aparato de vigilancia digital, blindar a los tecnĂłcratas contra el escrutinio pĂşblico, y tomar acciones más agresivas para la “defensa de la civilizaciĂłn occidental”, tales como rearmar a las potencias del Eje derrotadas en la Segunda Guerra Mundial y restablecer el servicio militar obligatorio, puesto que no bastan ya la diplomacia y el poder suave.
Palantir no es la Ăşnica megacorporaciĂłn tecnolĂłgica que ha jugado un rol en el genocidio. TambiĂ©n está Oracle, propiedad de Larry Ellison, quien, junto con su hijo David, son de los aliados más cercanos a Trump. Ellison tambiĂ©n se hizo con el control de TikTok en Estados Unidos, tras que la plataforma fuera una de las principales usadas por la GenZ en ese paĂs para difundir las atrocidades de Israel. Su hijo, por su parte, usĂł la fortuna del padre para fundar la empresa de medios SkyDance, con la que despuĂ©s comprĂł Paramount Pictures y, más recientemente está en proceso de adquirir Warner Bros.; con esta Ăşltima no sĂłlo tendrá control de los legendarios estudios de cine, sino de HBO, la cadena noticiosa CNN y de los cĂłmics de DC, entre otras filiales. Esto significa la consolidaciĂłn de un monopolio mediático en manos de ultraderechistas aliados de Musk y de Israel.
Todo esto ocurre mientras el establecimiento de data centers gigantescos alrededor del mundo (necesarios para la carrera por el desarrollo de la IA) priva a comunidades de agua y electricidad, y acelera la crisis climática.
LAS DISTOPĂŤAS COTIDIANAS
La publicaciĂłn parcial de los archivos del caso Jeffrey Epstein (con gran parte de ellos todavĂa censurada) puso al descubierto la existencia de una cultura de depravaciĂłn y violencia sexual entre las Ă©lites polĂticas y econĂłmicas del mundo. Por supuesto, la desinformaciĂłn ha circulado aceleradamente alrededor del caso. Muchos izquierdistas se tragaron reportes falsos o no confirmados, en especial sobre canibalismo y sacrificios humanos. Por su parte, muchos derechistas están convencidos de que la publicaciĂłn de los archivos exonera a Trump, o que Epstein fue uno de los impulsores de “la ideologĂa woke” cuando fue todo lo contrario: Trump quedĂł todavĂa más implicado en el asunto y Epstein fue uno de los arquitectos de la moderna derecha radical en lĂnea. Toda la desinformaciĂłn contribuye a enturbiar nuestro entendimiento del caso y a propiciar que los culpables sigan libres.
El gobierno de Donald Trump declarĂł a Antifa como una organizaciĂłn terrorista, ignorando el hecho de que la mayor parte de la violencia terrorista domĂ©stica viene de la extrema derecha. Ello le ha permitido perseguir expresiones ideolĂłgicas anarquistas, marxistas, antifascistas, anticapitalistas, antiimperialistas o de “radicalismo de gĂ©nero” (es decir, el apoyo a los derechos lgbtq+). Manifestantes en contra de ICE están recibiendo sentencias de más de 50 años de cárcel. Un hombre fue sentenciado a 30 años sĂłlo por transportar zines anarquistas. Gobiernos republicanos en todo el paĂs han estado censurando libros; más de 6,800 tĂtulos han sido prohibidos en escuelas y bibliotecas pĂşblicas. La derecha, que clamaba por la libertad de expresiĂłn cuando se criticaban sus discursos de odio, ahora que tiene el poder se dedica a oprimirla.
Cada vez son más las figuras de la derecha internacional que abogan por eliminar el derecho de las mujeres al voto. En MĂ©xico ya hay por lo menos un polĂtico influencer (militante del PAN, por supuesto), que aboga por que sĂłlo exista “un voto por familia”, que es la forma eufemĂstica de decir que el paterfamilias debe ser el Ăşnico con derechos de ciudadanĂa. Este mismo julio, una influencer declarĂł que no todos deberĂan poder votar, sino “sĂłlo las personas con estudios”, lo cual es otro silbato de perro para limitar el derecho a las personas con menos recursos. La derecha, que decĂa defender “la verdadera democracia”, poco a poco se va quitando la máscara y mostrando que en realidad odia la democracia.
En mayo, un fanático de extrema derecha asesinĂł a tres personas en un centro islámico de San Diego, California. La cultura de los tiroteos masivos, que hasta hace algunos años parecĂa exclusiva de Estados Unidos, se ha exportado a MĂ©xico y AmĂ©rica Latina. Motivados ya sea por la ideologĂa misĂłgina de la machĂłsfera (la pĂldora roja), o por una el nihilismo misantrĂłpico de la comunidad “True Crime” (la pĂldora negra), esta clase de crĂmenes se ha visto cada vez más en los Ăşltimos años. SĂłlo en 2026 dos casos sacudieron a mi paĂs: el de un estudiante que asesinĂł a dos maestras en Michoacán, y el de un tirador que disparĂł contra turistas en las ruinas de Teotihuacan.
Como ya hemos visto con anterioridad, la casi totalidad de este tipo de actos de violencia son cometidos por individuos con ideologĂas derechistas . Eso no impide que cada vez que suceden, los medios de la derecha inunden las redes con desinformaciĂłn, asegurando que tal o cual tirador era un antifa, o un marxista, o una persona trans. Al dĂa de hoy, muchos derechistas creen el bulo de que el asesino de Charlie Kirk era un extremista de izquierda. Pero no es extraño: se ha demostrado que la gente de derechas es la más propensa a creer y difundir desinformaciĂłn.
El 4 de julio cientos de miembros del grupo supremacista blanco Patriot Front marcharon con máscaras blancas por la ciudad de Washington. En Colombia, una jueza censurĂł un reportaje que denunciaba los vĂnculos entre un polĂtico y un grupo neonazi. En España NĂşcleo Nacional, una organizaciĂłn abiertamente neonazi, acaba de obtener el registro oficial como partido polĂtico. Y podrĂamos seguir y seguir…
EL OBJETIVO FINAL
¿De quĂ© se trata todo esto? Control, por supuesto. Se trata de fortalecer el dominio de los pocos sobre los muchos. De las naciones imperialistas sobre los pueblos del Sur Global; de los ricos sobre los pobres; de los supremacistas sobre las minorĂas Ă©tnicas y religiosas; de los hombres sobre las mujeres; de las personas cisheterosexuales sobre las disidencias sexogenĂ©ricas.
¿Por quĂ©? Porque más gente sin derechos, sin libertades, sin autonomĂa en sus propias vidas, sin voz ni voto en el destino de sus sociedades, es menos gente con la que hay que compartir el poder y los recursos.
La crisis climática ya está sobre nosotros. Para resolverla y mitigar sus efectos se necesitarĂa tomar medidas radicales que a su vez requerirĂan de una amplia cooperaciĂłn internacional. Pero estas medidas afectarĂan las riquezas de quienes se benefician de un sistema extractivo basado en la ilusiĂłn del crecimiento infinito. Entonces, las Ă©lites optan no por prevenir el cambio climático, sino asegurarse de que ellos estarán bien cuando lo peor suceda, que no les faltarán las comodidades, y que no habrá pueblerinos enojados tratando de entrar por la fuerza a sus bĂşnkers. Para ello necesitan asegurar de una vez el control sobre los recursos y la poblaciĂłn. Y por eso hay que dividir a la poblaciĂłn, perfeccionar la vigilancia, militarizar los cuerpos policiacos, y reprimir las ideologĂas que se opongan a esa nueva jerarquizaciĂłn del mundo.
No se necesita de una conspiración global coordinada ni magistralmente planificada. Nada de eso. Sólo se necesita que quienes tienen el poder y la riqueza estén tomando medidas para proteger sus intereses.
Pero no todo está perdido. No les cuento todo esto para desanimarles o hacerles entrar en una crisis existencial. Quiero que entendamos bien el panorama al que nos enfrentamos para combatirlo eficazmente. Y es que la resistencia e incluso la revoluciĂłn es posible. Si logramos organizarnos y luchar, podrĂamos no sĂłlo detener la distopĂa, sino crear un mundo mejor que el que heredamos.
EL MIEDO CAMBIA DE BANDO
La popularidad de Donald Trump está por los suelos. Es evidente su deterioro fĂsico y cognitivo, y hay quien especula que no vivirá para ver el fin de su mandato. La economĂa del paĂs va muy mal. Su imagen está tan debilitada que algunas de las figuras más cercanas a Ă©l han comenzado a deslindarse en un intento de salvar sus carreras. SĂłlo los fanáticos más oligofrĂ©nicos y ridĂculos permanecen fieles.
Las elecciones legislativas de este año apuntan a una derrota histĂłrica del partido Republicano. Trump ha advertido que si su partido pierde, los DemĂłcratas seguramente intentarán destituirlo. Steve Bannon, uno de los arquitectos del moderno movimiento ultraderechista, dijo que si se pierden las intermedias, Ă©l y muchos cercanos a Trump irĂan a la cárcel. No es de extrañar que el gobierno de Trump estĂ© desesperado por manipular (o de plano suspender) las elecciones.
Todos los análisis que he estado siguiendo desde el inicio de la guerra en Irán dicen que ha sido un desastre para Estados Unidos. La visita de Trump a China en mayo ha sido leĂda en todas partes como un reconocimiento de la supremacĂa de la potencia asiática. Europa ya no confĂa en Estados Unidos como aliado, tras la crisis de Groenlandia y se han negado a auxiliarlo en Irán. Incluso polĂticos inspirados en Ă©l, como Giorgia Meloni en Italia, le ham dado la espalda.
Viktor Orbán, quien gobernĂł HungrĂa desde 1998, ha sido este siglo una de las primeras figuras clave en el ascenso de la extrema derecha en el mundo. Este mayo por fin perdiĂł el poder tras unas cerradas elecciones. Su sucesor, PĂ©ter Magyar, es apenas menos reaccionario que Orbán, y de hecho alguna vez militĂł en su mismo partido, pero mucha gente ve en Ă©l la esperanza de que las cosas comiencen a cambiar en el paĂs europeo. Por lo menos, se nos dice, Ă©l es pro-Europa y no pro-Rusia.
Esto le quita un aliado clave a Vladimir Putin, otra de las figuras clave en el ascenso de la ultraderecha internacional, quien tras su malhadada guerra en Ucrania se ve muy disminuido. Otros dos personajes, que la década pasada fueron figuras señeras para el fascismo global, hoy están bajo arresto: Jair Bolsonaro y Rodrigo Duterte.
El estado de Israel, a pesar de todo su despliegue de poder duro, su infiltraciĂłn ubicua y de sus avances militares, es cada vez más odiado en todo el mundo. En especial la GenZ es mayoritariamente pro-Palestina. El autoritarismo de derechas sabe que está empezando a perder la batalla por el convencimiento, y por eso se pone más autoritario, más represivo. Tiene que consolidar su poder por medio de la fuerza antes de que el estallido en su contra alcance un punto crĂtico.
Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York desde este enero, está demostrando que un gobierno socialdemócrata sin miedo a las reformas radicales puede reconstruir un estado de bienestar, aumentar la calidad de vida y reducir la criminalidad sin aumentar la deuda pública ni los impuestos a la gente común (de hecho, sólo a los más ricos). El tipo es tan popular, que todos los candidatos socialdemócratas apoyados por él han ganado las elecciones primarias. Su ejemplo de una alternativa viable deja mal parados no sólo a los Republicanos, sino al establishment neoliberal centrista del Partido Demócrata, que ha dedicado mayores esfuerzos para atacar a estos reformistas del que ha opuesto contra el fascismo de Trump.
En mayo se viralizĂł la noticia de los planes para construir un parque de diversiones en Mahahual, Quintana Roo, lo que habrĂa significado, como es usual, ecocidio y desplazamiento de los habitantes locales. La reacciĂłn de los mexicanos en redes fue contundente, y con ello se logrĂł suspender el proyecto. Éste fue el inicio de una suerte de “primavera ambientalista”, en que el primer Ă©xito animĂł a los mexicanos a seguir uniendo sus fuerzas contra otros proyectos ecocidas avalados por el gobierno, incluyendo en Las Cocinas, Nayarit, y Topolobampo, Sinaloa.
Ojo, que ninguno de los proyectos ha sido oficialmente cancelado, y siguen contando con el respaldo del gobierno mexicano, además de que la atenciĂłn pĂşblica se distrajo con el mundial de futbol. No todo el mundo puede prestar atenciĂłn a todas las causas todo el tiempo. Pero la viralizaciĂłn, aunque sea momentánea, sĂ consigue darles impulso. Quienes están en el terreno se benefician de que se les presten ojos y oĂdos; quienes están afuera, hacen bien en difundir y comentar, aunque sea de vez en cuando.
En marzo hubo un gran rally feminista y antifascista en Madrid. En mayo, dos grandes protestas en favor de Gaza paralizaron Italia, donde este julio otra ronda de protestas estallaron contra la gira diplomática del embajador estadounidense. En junio, en Irlanda y Escocia, multitudinarias manifestaciones antifascistas tras una noche de pogromos xenófobos muy violentos. En Albania, una serie de protestas contra un proyecto ecocida de la familia Trump se ha convertido en una revolución no violenta que amenaza con derrumbar al gobierno.
En Argentina, grandes manifestaciones contra el gobierno de Javier Milei se suceden a cada rato, desde conmemoraciones contra la dictadura militar de los 70, o más recientemente por sindicatos de trabajadores contra la polĂtica econĂłmica ultraliberal. El Chile, se ha desplomado la popularidad del ultraderechista JosĂ© Antonio Kast (hijo de un nazi, por cierto), con todo y sĂłlo estar gobernando apenas desde marzo. En Bolivia, los grupos indĂgenas mantienen la lucha contra el gobierno neoliberal de Rodrigo Paz, a pesar de una ofensiva apoyada por la ultraderecha global y las Ă©lite tecnofeudales.
Hasta en el mundial más vergonzoso y corrupto de la historia reciente hemos visto ejemplos de nobleza, como con los equipos de Egipto y Noruega que manifestaron públicamente su apoyo a Palestina. El director técnico de Egipto ha sido muy vocal al respecto, mientras que Noruega donó parte de las ganancias de su partido contra Israel a la asociación Médicos sin Fronteras (que trabaja en Palestina) y está promoviendo que se expulse a Israel de la FIFA.
Toda esa energĂa ya está ahĂ. SĂłlo falta canalizarla, organizarla y enfocarla. Y para ello es necesario darnos cuenta de que todas estas luchas son una misma lucha. Necesitamos encontrar a nuestros camaradas, poner las diferencias irrelevantes a un lado para unir fuerzas, sumarnos en donde quiera que se nos necesite, formar redes de apoyo, no dejar de difundir la buena informaciĂłn y el pensamiento crĂtico…
Soy un profesor antifascista, pero también soy un friki, asà que me voy a terminar esta entrada citando una de las mejores obras de ciencia ficción de los últimos tiempos, Andor:
“Habrá momentos en que la lucha parezca imposible. Ya lo sĂ©. Te sentirás solo, inseguro, empequeñecido por la escala del enemigo.
Recuerda esto. La libertad es una idea pura. Ocurre espontáneamente y sin instrucciones. Actos aleatorios de insurrección ocurren constantemente en toda la galaxia. Hay ejércitos enteros, batallones que no tienen ni idea de que ya se han alistado en la causa.
Recuerda que la frontera de la RebeliĂłn está en todas partes. E incluso el más pequeño acto de insurrecciĂłn empuja nuestras lĂneas hacia delante.
Y luego recuerda esto: la necesidad imperial de control es tan desesperada porque es tan antinatural. La tiranĂa requiere un esfuerzo constante. Se rompe, se filtra. La autoridad es frágil. La opresiĂłn es la máscara del miedo.
Y sabe esto, llegará el dĂa en que todas estas escaramuzas y batallas, estos momentos de desafĂo, habrán inundado los diques de la autoridad del Imperio y entonces habrá uno de más. Una sola gota romperá el asedio.
Recuerda esto. IntĂ©ntalo”.
FIN









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