martes, 30 de abril de 2019

Stark es el nombre: ¡El fin de semana más épico y geek de nuestras vidas!




Post dedicdo a todos mis amigos y amigas frikis

Al concluir el primer tercio del año 2019, podemos decir que pinta para ser el más geek de los que tengo memoria. La culminación de cuatro de los fenómenos geek que más han marcado la década tienen lugar este año: Game of Thrones (2011-2019), el Universo Cinematográfico de Marvel (2008-2019), la saga de la nueva generación de X-Men (2011-2019) y la Trilogía de Secuelas de Star Wars (2015-2019).

Además de eso, casi cada mes de este año se ha estrenado o se estrenará alguna gran superproducción de ciencia ficción, fantasía o cosas relacionadas con la cultura geek, la mayoría de ellas basadas o inspiradas en cómics de superhéroes: Glass (enero), Captain Marvel (febrero), Shazam! (marzo), Avengers: Endgame (abril), Hellboy (abril), Godzilla: King of the Monsters (mayo), X-Men: Dark Phoenix (junio), Spider-Man: Far from Home (julio), Joker (octubre) y The Rise of Skywalker (diciembre). Además, 2019 es el año de Blade Runner y de Akira, y del 80 aniversario de Batman.

Pero si además de todo, el fin de semana del jueves 25 al domingo 28 de abril estuvo intensísimo, pues fue el estreno de Avengers: Endgame, con el que culminó el MCU, y del capítulo The Battle of Winterfell, el más épico de toda la serie de GoT. Además, pasaron unas cosas otaku de las que no sé, porque yo sí me baño. El caso es que el puente de cuatro días que cerró las vacaciones de primavera fue una montaña rusa de emociones tan abrumadoras como nunca se habían visto en nuestras ñoñas vidas. Aquí voy a reseñar ambas sin spoilers, porque no les quiero contar la trama de nada, que eso dejaré para después. Hoy sólo quiero abordar el significado de estos días.



Bien, ¿pues qué les puedo decir sobre Avengers: Endgame? Hay un consenso general acerca de esta película y es lo que comenté al salir del cine: cualquier cosa que tuviéramos, en mente, sobre lo épica, conmovedora y alocada que la habíamos imaginado… resultó ser mucho MÁS GRANDE que todo eso. No sucedió todo lo que yo esperaba que fuera a suceder, ni estoy contento con todas las decisiones tomadas, pero ante el gigantesco regalo que nos dieron los Russo, mis mezquinas expectativas son lo que menos importa.

La película es un final perfecto para una saga de 22 películas, lo que, como se ha dicho, resulta un hito inigualable en la historia del cine. Se trata de una saga con sus altibajos en cuestión de calidad (ejem, fase 2), pero que en conjunto ha logrado hacer algo que supera en escala a lo que antes sólo se habían acercado series como Star Wars y Harry Potter.

Endgame es una película que nos invita a recorrer de nuevo el universo Marvel: los realizadores te toman de la mano y te invitan a ver “hey, éste es el camino que hemos recorrido juntos a lo largo de once años, ha sido bellísimo y es momento del gran final”. Como un hermoso saludo de despedida, en el que casi todos los personajes que han aparecido dan un último saludo en el escenario. Los ciclos se cierran, los viajeros llegan a su destino.



Debo aplaudir a los fans que durante un año estuvieron haciendo especulaciones basadas en lo que nos dejó Infinity y en lo que se anunciaba en los cortos y otros materiales. En lo general le atinaron, y no es spoiler decir que sí, esta película lidia con los efectos del chasquido de Thanos y que hay viajes en el tiempo. Pero a pesar de que ya esperábamos esto, la peli no dejó de sorprenderme a cada paso, desde los primeros minutos y hasta el desenlace. Hubo largos momentos en los que no sabía para dónde iba la trama.

Mi única queja, como siempre me pasa con Marvel, es respecto al exceso de chistes bobos. Hay momentos que simplemente podían haber dejado así, sin necesidad de meter chascarrillos. Y hay personajes que no tenían por qué convertirse en los payasos del grupo. Pero es una queja mínima frente a un espectáculo que ni siquiera en mis fantasías púberes había imaginado ver jamás en la pantalla grande.


Exaltar el heroísmo es tan difícil como necesario. Vivimos tiempos difíciles, deprimentes, en los que las crisis sociales, políticas y, sobre todo, ambientales, se manifiestan con mayor énfasis cada día. Debemos ser capaces de creer en el espíritu humano y en su potencial para sobreponerse a sus propias debilidades y a los obstáculos externos. Pero tampoco debemos caer en el maniqueísmo del blanco y el negro, porque la moral humana es más complicada que eso.

De todos los personajes del MCU, son dos los que constituyen la columna vertebral del mito que se ha creado. Uno de ellos es Steve Rogers, el Capitán América, el héroe indiscutible, el individuo recto que valora el poder que se le ha concedido porque toda su vida se había encontrado en la otra punta. Pero aún más pesa el nombre de Tony Stark, Iron Man, un personaje mucho más complejo, el patán cínico y narcisista que no creía en nada, y a quien más vemos crecer a lo largo de las muchas películas en las que aparece. Steve es un héroe nato. Tony tiene que hacerse un héroe cuando la vida lo obliga a ello.


Stark es el nombre que reinó este fin de semana. Como Tony, Sansa, Arya, Bran y Jon, los últimos Stark que quedan en Westeros, que han desarrollado y descubierto su propia forma de ser heroísmo. Los Stark, de Marvel y de Winterfell, tras haber enfrentado a sus demonios internos, a las luces y sombras de la naturaleza humana, se encuentran, ahora sí, contra un Mal sin ambigüedades, un Mal que ni siquiera es humano. Sólo hay una opción: resistir hasta el final. Es decir, después de reconocer esa complejidad de los asuntos humanos que mencionábamos (mucho más GoT que el MCU, claro), y de crecer en ese mundo, nuestros personajes son puestos ante el desafío de sus vidas. Entonces podrán ser los héroes míticos que necesitamos.

Game of Thrones marca otro hito en la cultura pop, otro nunca antes. Al igual que el MCU, llevó al mainstream un género fantástico que otrora había sido sólo el gueto de los ñoños de la escuela. Como en el caso del MCU, hay antecedentes para GoT, en especial en series históricas como Rome. Pero nunca se había visto algo tan monumental que perviviera por tanto tiempo y llegara al final manteniendo su calidad más o menos estable (la anterior temporada fue bastante floja).




No soy tan ingenuo como para pensar que esta explosión de cultura geek no tiene un lado siniestro. En ocasiones estas obras de inmensa popularidad tienen cargas ideológicas cuestionables. Sí me da escalofríos que franquicias basadas en materiales que tienen ya décadas de existencia (en el caso del MCU y SW), estén ocupando de forma tan absoluta el nicho ecológico, creando de cierta forma un oligopolio cultural. Su éxito sin límites ahoga el surgimiento de otras obras que nunca tendrán la posibilidad de convertirse en clásicos. Es por eso que la aproximación hacia la cultura pop, incluso (sobre todo) aquella que disfrutamos más, debe siempre ser crítica.

Cuando hablé de Ready Player One, manifesté sentirme cansado de este revolcadero de nostalgia, de una cultura pop que se consume y regurgita a sí misma sin cesar. Sigue siendo cierto y, en especial después de haber repetido casi todas las pelis de Marvel esta primavera, ya siento la urgencia de volver al cine y literatura de ceja alzada. Sin embargo, soy un ñoño de corazón, lo he sido siempre y siempre lo seré, y tengo que decir lo siguiente…



Dejando de lado la monumentalidad de ambos eventos, la verdadera grandeza de ellos estuvo sobre todo en cómo fueron capaces de afectar nuestras emociones. Aunque es cierto que ha perdido algo de sustancia a cambio de espectáculo, el corazón de GoT, como en el MCU, sigue estando en sus personajes. A lo largo de los años ha logrado que nos encariñemos con ellos y que nos preocupemos por su destino.

La Batalla de Winterfell no se ve tan masiva, como la de, digamos los Campos de Pellennor en El Señor de los Anillos. De cualquier forma, no todo es movimiento de tropas, sino que mucho pasa a una escala más pequeña e íntima. Y es que venimos a atestiguar qué será de nuestros personajes, qué harán cuando se enfrenten al Mal definitivo, a temblar de nervios por sus vidas y a llorarles si caen; no se trataba solamente de checar qué tan grandes o largas o costosas serían las batallas generadas por computadora. El episodio fue magnífico.


El hecho de que un par de sagas sean capaces de comprometernos a un nivel tan intenso, de hacernos reír, llorar y gritar de emoción, de mover lo más profundo de nuestras fibras, no es para soslayarse. Nos muestra que, entretenimiento comercial o no, no es poca cosa, porque no cualquiera puede hacerlo. Por más que muchas grandes obras narrativas puedan producirnos un goce intelectual elevado que requiere de echar a andar nuestra maquinaria hacia una mayor sofisticación mental, no se puede olvidar que el placer primordial de las historias que nos contamos los seres humanos unos a otros se sustenta en lo emotivo. Las leyendas que narraba el cuentacuentos de la tribu en tiempos prehistóricos apelaban al mismo espíritu que las nuevas mitologías modernas que vemos a través de las pantallas del cine y la televisión. Las dos sagas del nombre Stark son grandiosas precisamente por eso.

Parte de esa grandeza, por supuesto, es la importancia que ambas le dieron al empoderamiento femenino. En estos dos episodios de sus respectivas sagas, las mujeres fuertes tienen sus momentos para brillar y para inspirar a un mundo que tanto las necesita. Guerreras, líderes, protectoras o mártires, este fin de semana nos dio las heroínas que en décadas anteriores de cultura pop habían sido, si bien brillantes y honrosas, esporádicas. Las reacciones del público femenino, de euforia y entusiasmo, demuestran el poder de la narrativa, por más fantástica que sea, para proporcionar símbolos que motiven a la lucha real.



Desde que me levanté de la cama a las 11 de la noche del jueves para ataviarme con mi playera de Avengers, hasta que terminé de ver por segunda vez consecutiva el más reciente capítulo de GoT justo a la media noche del domingo, e incluso ahora, que no he podido pensar en otra cosa por días, he vivido con la cabeza llena de superhéroes, dragones, extraterrestres y zombis. ¡Qué momentos para ser ñoño y estar vivo!

4 comentarios:

JorgeLaris dijo...

¿Qué pasó ego? Les dices Precuelas a las Secuelas de Star Wars. No confundas a mis amadas Precuelas con las cosas de Disney. Jaja Lo siento, tantos años recibiendo odio de los fans han creado en mi un monstruo. Por cierto, también me dolió que no menciones a Detective Pikachu en tu lista de películas más esperadas �� He jugado Pokémon desde pequeño y me atrevería a decir que es la franquicia de medios masivos que más me ha marcado. ¿Le harás un review? Me encantaría leerlo.

Maik Civeira dijo...

Jejejej, gracias por señalar mi error; ya lo corregí. Y sí, en su momento reseñaré Detective Pukachu :)

Unknown dijo...

Me agrada tu forma de pensar, sobre el empoderamiento femenino de GOT Y Avengers, sin embargo es muy cierto que no se compara con el epico final del Señor de los anillos, y me da gusto que te bañes hahaha.

Alvaro Murga dijo...

Por cierto, hay que agregar que este añotambién acaba The big bang theory, que contribuyo a darle otro enfoque al mundo geek.

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