Star Wars: La Trilogía del Señor Oscuro - Ego Sum Qui Sum

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martes, 21 de junio de 2022

Star Wars: La Trilogía del Señor Oscuro


Antes de la compra de Lucasfilm por Disney, hubo un copioso acervo de obras literarias que expandían el universo de Star Wars… Se le llamaba, eh... El Universo Expandido, de hecho. Con Disney como nuevo amo y señor de la galaxia muy, muy lejana, todas estas historias serían descanonizadas (o sea, dijeron “ya no cuentan”) bajo la etiqueta Legends, para dar espacio a nuevas obras que pudieran ser vendidos al fandom más consumista del mundo. En una entrega anterior les platiqué de los viejos cómics de Clone Wars y en qué se diferencian de la serie animada que conforma la columna vertebral de la nueva continuidad. Hoy les quiero platicar de la Trilogía del Señor Oscuro, una de las obras más celebradas del antiguo Universo Expandido.

 

La trilogía está formada por las novelas Labyrinth of Evil, Revenge of the Sith y Dark Lord: The Rise of Darth Vader. Juntas forman un volumen de más de 1000 páginas que relatan la transformación de Anakin Skywalker en Darth Vader, en el contexto de la caída de la República y los primeros días del Imperio.


En Labyrinth of Evil, Obi-Wan y Anakin se topan con una pieza de información importante que conduce al rastro del elusivo Darth Sidious, lo que los lleva a buscar pistas en diferentes lugares de la Galaxia. La novela culmina con el ataque separatista a la capital Coruscant, un evento importantísimo para el lore de Star Wars, y que hasta ahora no ha sido representado en ningún material del nuevo canon. 

 


Labyrinth es un libro de aventuras en el que cada episodio mete a nuestros héroes en nuevas peripecias. Es aquí donde nos narran "ese asunto en Cato Nemodia que no cuenta" del que habla Obi-Wan. Lo más interesante del libro son los perfiles que hace del General Grievous y del Conde Dooku, pues conocemos sus historias, sus pensamientos, sus verdaderas personalidades.

 

Revenge of the Sith es obviamente la novelización de la película, aunque con algunas diferencias menores (más bien detalles) y muchas "escenas adicionales". Ya mientras leía estas dos primeras entregas me di cuenta del potencial de SW en los libros: la creación de mundos. En la novela un escritor puede permitirse lo que al cineasta le es muy difícil. Cada vez que hay un personaje, la acción puede detenerse para que conozcamos sus antecedentes y sus pensamientos. Cada lugar, institución o artefacto tiene su historia y su descripción detallada. Los libros permiten conocer a profundidad el universo de SW.

 

En particular me gusta un pasaje en el que se explora la ideología de Dooku, incluyendo lo que él creía que era el plan de Darth Sidious para la creación de un Imperio basado en el supremacismo humano. Claro que el viejo Conde no se imaginó que Sidious sólo lo estaba utilizando como a un monigote, y que desde el principio planeaba desecharlo a la primera oportunidad. ¿Qué se imaginaba Dooku que iba a pasar y qué papel jugaría?

 


El nuevo gobierno…

 

Éste había la estrella de su destino por todos estos años.

 

Un gobierno limpio, puro, directo: nada de esa caótica lucha por el favor de la chusma ignorante y las criaturas subhumanas que conformaban la República que él depreciaba. El gobierno al que él serviría sería la Autoridad encarnada.

Una autoridad humana.

 

No era un accidente que los principales poderes de la Confederación de Sistemas Independientes fuese neimoidianos, skakoanos, quarren y aqualish, muun y gossam, sy myrthianos y koorivar y geonosianos. Al final de la guerra los alienígenas serían aplastados, privados de todas sus posesiones, y sus sistemas y su riqueza serían entregados a los únicos seres en los que podía confiarse.

 

Seres humanos.

 

Dooku serviría a un Imperio del Hombre.

 

Otro momento que me gusta mucho de esta novelización es el diálogo que tiene Palpatine con Mace Windu cuando éste va a arrestarlo tras recibir la noticia de que se trata un Lord Sith. Me parece muy chistoso, pero a la vez extremadamente realista, que Palpatine apele a su “libertad de creencias” y luego actúe como si él fuera el perseguido y oprimido. Y es que eso es justamente lo que hacen los reaccionarios y fascistas cuando los señalan.

 


MACE WINDU: Está bajo arresto.

 

PALPATINE: Realmente, maestro Windu, no puede hablar en serio. ¿Cuáles son los cargos?

 

MACE WINDU: ¡Usted en un Lord Sith!

 

PALPATINE: ¿Lo soy? Incluso si es verdad, eso difícilmente es un crimen. Mis posturas filosóficas son un asunto personal. De hecho -la última vez que revisé la Constitución, en todo caso- tenemos leyes muy estrictas contra esta clase de persecución. Así que pregunto de nuevo: ¿cuál es el supuesto crimen? ¿Cómo esperan justificar su motín ante el Senado? ¿O pretenden arrestar al Senado también?

 

MADE WINDU: No estamos aquí para discutir con usted.

 

PALPATINE: No, están aquí para encarcelarme sin un juicio. Sin siquiera la pretensión de legalidad. Así que éste es el plan, al fin: Los Jedi están tomando control de la República.

 

Finalmente, un momento que rescato porque me parece que da una mucho mejor perspectiva de la derrota los Jedi y de por qué su orden estaba condenada al fracaso, se da durante el duelo entre Yoda y Palapatine:

 


Finalmente, vio la verdad.

 

Esta verdad: que él, el avatar de la luz, el Maestro Supremo de la Orden Jedi, el más feroz, el más implacable y el más devastadoramente poderoso enemigo que la oscuridad había conocido jamás…

 

No era suficiente.

 

Nunca había sido suficiente. Había perdido antes de empezar.

 

Había perdido antes de nacer.

 

Los Sith habían cambiado. Los Sith habían crecido, se habían adaptado, habían invertido mil años de estudio intensivo en cada aspecto no sólo de la Fuerza sino de la sabiduría Jedi también, preparándose para este preciso momento. Los Sith se habían rehecho a sí mismos.

 

Se habían convertido en algo nuevo.

 

Mientras, los Jedi…

 

Los Jedi habían pasado el mismo milenio entrenando para volver a pelear aquella última guerra.

 

Los Sith no podían ser destruidos con un sable de luz; no podían ser inmolados con las antorchas de la Fuerza. Mientras más brillante fuera la luz, más oscura sería la sombra. ¿Cómo puede uno ganar una guerra contra la oscuridad, cuando la guerra es el arma misma de la oscuridad?

 


Dark Lord resultó ser más interesante de lo que parecía al principio. En ella Roan Shryne y un puñado de Jedi sobrevivientes a la orden 66 se enfrentan con la nueva mano derecha del Emperador, Darth Vader. Me gustó sobre todo porque la mitad de los capítulos están narrados desde el punto de vista del nuevo Lord Sith. Cómo se siente Anakin en el traje de Darth Vader, el dolor en su cuerpo mutilado, la claustrofobia bajo el casco, la impotencia al comparar su nueva situación con lo que tenía ante sí unos días antes. Trata de cómo lidia con la muerte de Padmé, con saber que fue un peón de Sidious todo el tiempo, pero que no hay marcha atrás y que ahora necesita a su nuevo amo.

 

Por cierto, algunos se han quejado de que, en la nueva serie de Disney, Obi-Wan se entera de que Anakin sigue vivo porque se lo dice la Tercera Hermana. Pero tengan en cuenta que, en este libro, Ben literalmente lo ve en las noticias, mientras está sentado en un bar en Tatooine. Y es que uno de los cambios importantes entre Legends y el Nuevo Canon es el papel de Vader en el Imperio: Darth Sidious había tenido a su aprendiz casi en secreto y lo enviaba a misiones muy especiales, hasta antes de que estallara la Guerra Civil Galáctica. Es por eso que pocos sabían de su existencia y menos aún conocían su identidad. Era más bien un rumor, una leyenda de pesadillas, un monstruo que aparecía en ocasiones repartiendo muerte de forma inexplicable. Y la verdad eso quedó más chido.


La novela central es de la autoría de Matthew Stover, mientras que la pluma de James Luceno se encargó de las otras dos. El estilo narrativo de Luceno es sencillo y directo, muy cinemático en las secuencias de acción. Stover tiene ciertas pretensiones poéticas que en ocasiones lo llevan a escribir prosa poderosa, pero en otras se siente ridículo. Ya pudieron ver en los extractos que les puse esa inexplicable manía de escribir párrafos de una sola línea. Se siente como leer acotaciones de cómic más que una prosa propiamente dicha, y no estoy seguro de que me guste. Prefiero la modestia de Luceno.


Si algo no me gustó de las primeras dos novelas es el manejo de Padmé como personaje. En la primera casi no aparece (y en todas tiene mayor participación Bail Organa) y en la segunda su caracterización es patética. Desde el primer momento la vemos suspirando por Anakin, que es todo su mundo. Si Stover usa sendos párrafos para presentarnos a cada personaje, de Padmé dice que lo más importante de ella no es haber sido reina, o senadora o una brillante diplomática, sino que es la esposa de Anakin Skywalker y la madre de su hijo nonato. Incluso cuando pasa a describir su vida interior, más bien habla sobre qué piensa de Anakin. En realidad, el personaje está construido en función a su relación con Anakin y todo el libro se la pasa llorando y suspirando por él como protagonista de novela rosa decimononica. Es terrible, ejemplo de los peores vicios de “vatos escribiendo mujeres”. Milagro que no hiciera como Stephen King y se pusiera a dedicarle largos párrafos a describir sus tetas.

 

La verdad es que Padmé es uno de los personajes peor tratados en la Trilogía de Precuelas. Se supone que es esta hábil y valerosa líder, pero en cuanto aparece el bueno para nada de Anakin se le nubla la cabeza. Por eso aquí presento algo que llevo mucho tiempo masticando: ¡Cómo mejorar al personaje de Padmé en un 80%!

 

Primero, en El ataque de los clones: Una de dos, o Anakin no comete genocidio total contra la gente de las arenas (tipo, mata a unos cuantos de sus guerreros, pero se detiene ahí), o de plano no le dice a Padmé. Porque, así como están las cosas, tienes a un personaje que le perdona a su onvre que haya masacrado a mujeres y niños en un arranque de furia. Es que, o piensas que para Padmé matar nativos “no es tan malo” o que está tan meca por su macho que se las deja pasar todas. De cualquier forma deja al personaje muy mal parado.

 


Segundo, en La venganza de los Sith, que es de lo que hablábamos: Eso de que Padmé se deje morir porque “perdió la voluntad de vivir” es una mamadota. Como han señalado muchas mujeres, ninguna que acabara de dar a luz a sus hijos, ponerles nombre y ver sus rostros, se dice “ay, pero mi macho se volvió malo, bai”. Eso es lo que los onvres hacen cuando escriben mujeres, porque piensan que son lo más importante de su universo. La forma de corregirlo es simplemente hacer que los droides médicos indiquen que, de hecho, las heridas que Anakin le causó a Padmé eran mortales, y que en realidad seguía viva por pura fuerza de voluntad para poder tener a sus hijos. Le das un giro de 180° a la escena.


A manera de compensación, de lo mejor logrado, tanto en las películas como en la novelización, es la amistad o, mejor dicho, el bromance entre Anakin y Obi-Wan. Cada momento en que están juntos es entrañable, divertido o conmovedor. Hablando de lo cual, debo hacer una confesión: mientras leía Revenge me encontré llorando a lágrima suelta en más de una ocasión, en especial durante aquella icónica Batalla de los Héroes.


Entonces, ¿recomiendo el libro? Sí, pero sólo a los fans de Star Wars. No creo que pueda ser del interés del público en general, y finalmente su calidad literaria no es mucha (son novelas comercialonas, regulares, no mal escritas). A los fans sí les gustará, porque nunca está de más visitar esa galaxia muy, muy lejana que tanto amamos.



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