Atlantis y la Edad Indecisa de la Animación (Parte III) - Ego Sum Qui Sum

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MAIK CIVEIRA & LA ALIANZA FRIKI ANTIFASCISTA

martes, 13 de julio de 2021

Atlantis y la Edad Indecisa de la Animación (Parte III)


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Hola, Internet. Seguimos hablando de la Edad Indecisa de la Animación, aquella curiosa racha de joyitas del cine animado que se dio entre finales de los 90 y principios de los 00, un conjunto de ocho películas que constituyen las últimas grandes obras de la animación dibujada a mano provenientes de los grandes estudios. En la primera parte repasamos el contexto histórico y en la segunda comentamos cuatro de estos tesoros cinemáticos. Ahora continuemos con nuestro recorrido.

 

ATLANTIS: EL IMPERIO PERDIDO
(2001)
Dir: Gary Trousdale y Kirk Wise


Hemos llegado al corazón de nuestro conteo, la película cuyo aniversario sirve de pretexto para esta remembranza. Justo a la mitad de la Edad Indecisa, y siendo una de las películas más sobresalientes de toda la filmografía de Disney, Atlantis viene a representar todo lo bueno, lo malo y lo maravilloso de esta racha.

 

Lo primero que salta a la vista es, valga la rebuznancia, cómo se ve esta película. Incluso si tiene cierto parentesco visual con su sucesora, El Planeta del Tesoro, no asemeja a nada que se hubiera visto antes, ni de parte de Disney ni de ningún otro estudio. Esto se lo debemos al diseño de personajes y artefactos a cargo de la leyenda del cómic, Mike Mignola, creador de Hellboy. Visualmente, la película es una maldita joya.

 

Tampoco podría ser más diferente a lo que Disney estaba haciendo apenas hacía dos o tres años, cuando todavía los musicales animados eran la norma. Aquí tenemos una aventura que mezcla ciencia ficción y fantasía, al estilo de Julio Verne, o más bien de los pulps de principios de siglo XX (justo la época en que se ambienta la historia). Fue uno de los ejemplos más tempranos de steampunk y dieselpunk que se vieron en la cultura mainstream.

 


El reparto era también muy inusual. El protagonista, Milo Thatch, fue de los primeros nerds heroicos que se veían en la pantalla grande, cuando todavía no se había cimentado la moda. El resto son un pintoresco grupo de excéntricos inadaptados, marginados socialmente por su edad, etnia o nacionalidad. Vale la pena recordarlos…

 

Audrey Ramírez, una adolescente puertorriqueña que es una de las mejores mecánicas del mundo. Joshua Sweet, un médico mitad negro mitad nativo americano. Vinny Santorini, un italiano obsesionado por los explosivos. Y Mole Moliére, un estereotipo de francés, porque ustedes saben, los franceses aman la suciedad y acosar mujeres. Ah, no le tengo mucho aprecio a este personaje.

 

Sumen al elenco al Comandante Tiberius Rourke, el tipo de “viejo perro de guerra”, que funge como falsa figura paterna para Milo y luego termina siendo un mercenario despiadado. Y a su secuaz, la femme fatale ultra sensual Helga Sinclair. Juntos encarnan al individualismo rapaz que resulta ser el villano de la cinta.

 


Por supuesto, no podemos obviar a Kida… Oh, Kida, morena de fuego… Oh, ya dije morena de fuego… Mujer de canela… Ya dije eso también. Rayos, ¿dónde dejé mi libro de clichés de señor romántico? Fuera de bromas, Kida representa un cambio drástico de los personajes femeninos de Disney, y eso en una película que tiene no una, ni dos, sino tres mujeres de acción.

 

Cuando leemos sobre la producción de esta cinta, de todo el empeño que le pusieron, de cómo se esforzaron al máximo detalle para crear a la civilización atlante, y luego cómo sufrió intervención de los ejecutivos y fue una decepción en taquilla… Pues se nos rompe un poquito el corazón. Pero también veo que la peli tiene sus defectos, y aunque con el tiempo he aprendido a apreciarla mejor por lo bueno, desde la primera vez que la vi fueron esas fallas lo que más me pesaron.

 

Mi principal problema es lo irregular de su tono. Pretende ser una película de acción extremadamente violenta (con un conteo de muertes que supera por mucho cualquier otra de Disney, a menos que cuenten a cada huno arrollado por esa avalancha en Mulán), pero luego salpican la peli con muchos chistes bobos, vulgares y fuera de lugar. Se siente como si en la producción estuviera quedando muy darksss y entonces alguien hubiera dicho “ay, no, espolvoréenle estos chistes para aligerarla un poco”.

 


Tampoco me encantó que, durante gran parte de la peli, el blanco de las bromas es justamente Milo, y todos los personajes lo pendejean todo el tiempo. Y nuestra panda de inadaptados se comportan casi siempre, excepto hacia el final, como un montón de cínicos cretinos. Y sí, entiendo que el punto es que esta aventura les hace ver que hay más cosas en la vida que “hacer lo que sea necesario para ganar dinero”, pero es que de verdad se me hacen antipáticos la mayor parte del tiempo. Pero bueno, al final el chico blanco flaquito intelectual se queda con la morena de fuego, ¿y no es eso lo que todos queremos?

 

Atlantis no será la mejor peli de esta Edad Indecisa, pero es la más representativa, porque tiene los elementos que hermanan a este disímbolo conjunto de ocho cintas: la osadía de explorar nuevos territorios, que dio como resultado un producto absolutamente único; y al mismo tiempo la indecisión entre estilos, tonos y públicos metas que dio como resultado una obra irregular.

 

EL PLANETA DEL TESORO
(2002)
Dir: Ron Clements y John Musker


Los aciertos y errores de esta película, proyecto de sus directores durante casi dos décadas, sin casi los mismos que los de su hermana mayor. Su fuerte, una vez más, es su aspecto visual; ¡es increíble! Desde la primera vez que vi los avances me enamoré de su diseño de arte. Los edificios, vestuarios, artefactos, las naves mismas, parecen sacadas del siglo XVIII, pero adaptadas a una civilización para la que los viajes interplanetarios son cosa de todos los días. No es precisamente steampunk, ni en estética ni en tecnología; vamos, ni siquiera es retrofuturismo, porque ninguna visión del futuro fue así. Es más cercano a esas pinturas fantásticas de Rodney Matthews; es decir, algo que nunca se había visto en el cine.

 

Como otras joyitas de esta era, combina a la perfección animación tradicional con imágenes generadas por computadora, lo que nos da un aspecto fuera de este mundo. Vean nomás la forma en la que está animado Long John Silver, con sus partes mecánicas moviéndose a gran velocidad y haciendo un montón de cosas al mismo tiempo. Es una maldita obra de arte.

 

Los directores querían una peli que tuviera un lenguaje cinematográfico digno de una superproducción de Steven Spielberg o James Cameron, con la misma movilidad de cámara y variedad de encuadres. Tecnología nueva tuvo que ser desarrollada para conseguir este objetivo. Oh, y también la banda sonora es fabulosa.

 


¿Y lo demás? Bueno, la historia es bastante floja. Tiene el mismo problema de irregularidad de tono que Atlantis: quiere ser muy violenta y oscura, pero al mismo tiempo le mete mucho humor chabacano. Por lo menos, eso es lo que siempre he sentido, habrá a quien le parezca que todo estaba en su lugar. Por mi parte, no soporto ni un poquito al robotito caguengue ni a la chingaderita que se transforma en chingaderas.

 

También creo que juega en su contra que el protagonista, Jim Hawkins, es un chico “rebelde y radical”, bien cool para los 90… En una película de 2002. Eso de creerse malote por andar en patineta, esos pantalones bombachos, esa coletita, esos flequillos tipo John Connor y esa actitud de “no soy un chico problema, sólo necesito que alguien crea en mí”, ya estaba muy pasado de moda, incluso en ese momento. Lo veo y siento que los directores estaban en plan de “How do you do, fellow kids!”.

 

Bueno, eso y que esta peli tenía que estar a la sombra de la adaptación definitiva del clásico de Stevenson. Me refiero a Los Muppets en la Isla del Tesoro (1996), con Tim Fucking Curry como Long John Silver y la mejor canción de piratas de la historia de la humanidad.

 


Pero, pero, pero… Eso se compensa en gran parte por la relación con Long John. Como han apuntado otras personas, las relaciones entre padres e hijos varones rara vez se habían explorado hasta ese momento en el cine animado. Es curioso que éstas fueran tan importantes en las pelis de la Edad Indecisa. En El Príncipe de Egipto, Ramsés es tan obstinado porque vive bajo la sombra de su padre y el temor de no ser tan fuerte como él. Tanto en Titán A.E. como en Atlantis los protagonistas son huérfanos que encuentran una nueva figura paterna en un hombre fuerte que después los traiciona.

 

Pero Long John es el único de todos estos personajes que realmente cambia por su protegido, y quien termina dejándole valiosas enseñanzas y buenos recuerdos. Lo traiciona, porque ése había sido siempre el plan, pero también le duele. Al final, acaban cada uno siguiendo su camino, pero habiéndose marcado para siempre. Es una de las relaciones no románticas más bonitas del cine animado.

 

SPIRIT: CORCEL INDOMABLE
(2002)
Dir: Kelly Asbury y Lorna Cook


Una más de Dreamworks, y aun así, muy diferente a las anteriores dos… y a casi cualquier otra. La vida de un caballo salvaje, Spirit, en las grandes llanuras del Viejo Oeste. Al estudio atento que las directoras hicieron de tal escenario en la vida real, y su empeño detallado para recrearlo en el arte, debemos la belleza visual de la cinta. Es preciosa, con esos majestuosos paisajes de la América salvaje.

 

Lo más sobresaliente es que las directoras procuraron hacerla de la forma más realista posible. Los caballos fueron dibujados animados con un naturalismo increíble; vean sus movimientos, los músculos bajo la piel, las crines sueltas al viento. Eso no es todo. Desde Bambi hasta El Rey León, estamos acostumbrados a películas animadas sobre animalitos que hablan, cantan y en casi todo actúan como humanos. Aquí tenemos una cinta en que los animales se comportan como animales.

 

Bueno, casi. Los caballos en Spirit se comunican con la clase de lenguaje corporal que en verdad usan estos equinos, y sus rostros en la animación apenas son más humanamente expresivos. De hecho, ésta es una cinta casi sin diálogos. Hay una narración en off que permite conocer los pensamientos del caballo, y las canciones de fondo también ayudan a entender qué es por lo que está pasando. De cualquier manera, tanto el tipo de historia como la forma de narrarla fueron algo novedoso.

 


Ésta es la clase de película que, de estrenarse hoy, tendríamos a la generación de concreto lloriqueando que “ahora meten mucha política en las caricaturas”, y a decenas de fachas haciendo rabietas por el “racismo contra los blancos” y explicando en videos de Youtube cómo la conquista del Oeste por parte del hombre blanco fue algo bueno para los nativos, o esa clase de patrañas. Y es que Spirit no duda en poner a los gringos como los malos de la película.

 

El corcel salvaje es la naturaleza indómita de Norteamérica, y su único amigo humano, un nativo lakota, viene a encarnar a los pueblos de las llanuras que sabían vivir en armonía con ella. En cambio, la caballería americana, y en general la civilización de la que funge como brazo armado, es una fuerza opresiva y expansiva, que trata de sujetar a la naturaleza y de exterminar a los nativos. El ferrocarril, casi siempre símbolo del progreso y la modernidad, es mostrado aquí como una monstruosidad que literalmente encadena a los oprimidos, una bestia que llevará a los invasores y sus acciones destructivas hacia territorios que aún son vírgenes. En pocas palabras, Spirit es una historia de resistencia contra el Destino Manifiesto… Y todo contado con caballitos.

 

SIMBAD: LA LEYENDA DE LOS SIETE MARES
(2003)
Dir: Tim Johnson y Patrick Gilmore


Llegamos al final, la película que cierra la Edad Indecisa. De todas las aquí reseñadas, ésta es la que me es más indiferente. No es que sea mala. Está bastante bien como peli de comedia y aventuras; es como una continuadora espiritual de Camino hacia El Dorado en ese sentido (aunque ya sin números musicales). La animación sigue siendo estupenda, con imaginería muy creativa y secuencias de acción muy bien logradas.

 

Mis problemas incluyen que el mismo Simbad no me cayó bien y que su relación con Malina se me hico súper cliché. Ya saben, él es un adorable granuja, un pillo de buen corazón, y ella es una princesa muy responsable y medio estirada, y al principio no se soportan y se pelean todo el tiempo, pero es obvio que van a quedar juntos… Joder, ¿es que dónde he visto eso? O sea, era más interesante la relación entre Simbad y su amigo, el recto y serio Proteo, pero a él lo mandan al rincón durante toda la peli.

 


Lo realmente ofensivo es que, fuera del nombre del protagonista y un par (literalmente dos) de los monstruos, este filme no toma absolutamente nada del relato tradicional árabe de Simbad el marino. Ni siquiera transcurre en la antigua Arabia ni hace una sola referencia a esa cultura. El héroe es un caucásico trigueño, con cero rasgos mediorientales. El tiempo y la geografía son ambiguos, pero los nombres son todos griegos: Proteo, Siracusa, Eris, Tártaro…

 

Se me hace obvio que esta peli fue hecha demasiado poco después del 9/11, y que Yisusland no estaba emocionalmente preparada para ver un héroe árabe en la pantalla grande. Acuérdense que éstos eran los años de las “freedom fries” y de los patriotas triggereados por el título de la segunda entrega de LoTR: Las Dos Torres.

 

El resultado, pues, fue una peli con algunos puntos muy fuertes, pero que al final queda bastante regularsona con una trama muy básica sobre viajar de aquí allá en busca de un macguffin.

 

REFLEXIONES Y CONCLUSIÓN

 


En 1998, Disney nos daba la penúltima cinta de su Renacimiento, Mulán. Al mismo tiempo, Pixar estrenaba su segundo largometraje, Bichos. Dreamworks daba inicio a su breve racha de obras maestras de la animación tradicional con El Príncipe de Egipto. Al mismo tiempo, la división de animación en 3D de esa misma compañía anunciaba cuál sería su fórmula ganadora con Hormiguitaz.

 

Podemos también mencionar otras tendencias de por esos años. Por ejemplo, con La princesa Mononoke (1997) y, sobre todo, El viaje de Chihiro (2001), de Estudio Ghibli, el animé dejó de ser exclusivo de frikis y pasó a formar parte del cine mainstream. Por otro lado, tuvimos una breve racha de exitosas películas de stop-motion de la británica Aardman Animations, como Pollitos en fuga (2001) o Wallace y Gromit (2005), y una más hecha por computadora, Lo que el agua se llevó (2006); las tres fueron producidas y distribuidas en colaboración con Dreamworks.

 

Por eso considero aquel 1998 como el inicio de la Edad Indecisa, un periodo en el que una tendencia moriría, otra se convertiría en la dominante, y en el medio de todo, un puñado de cintas trataba de encontrar otros caminos. ¿Por qué no continuaron? ¿Por qué se detuvo esa racha de experimentación? Bueno, la respuesta es obvia. La mayoría de estas pelis fracasaron en taquilla, e incluso las que no perdieron dinero tampoco recaudaron tanto como se esperaba de ellas.

 

Pero, ¿por qué fue así? Los ejecutivos asumieron simplemente que al público ya no le interesaba la animación tradicional. En efecto, las cintas en 3D de Pixar y Dreamworks encontraron la forma de cosechar éxito tras éxito. Pero creo que hay más que eso. Si nos fijamos en estas ocho películas, veremos que en su temática y estilo no eran precisamente como para vender juguetes y cajitas felices. Simplemente no eran tan comercializables.

 


Además, las cintas son tan distintas entre sí que no se podía decir que formaran una moda o tendencia clara. Si uno ve las de Dreamworks o Pixar, a pesar de que cada una es muy original, se nota que hay una fórmula, un estilo que las hermana unas con otras. No así con estas ocho pelis. Incluso a pesar de que cuatro de ellas son de Dreamworks, y de que se nota en el estilo de dibujo y animación, los temas y tonos de cada una son muy distintas entre sí; sólo Simbad y El Dorado se sienten como parte de un mismo ciclo.

 

Muchas de ellas tenían como puntos fuertes elementos temáticos que principalmente un público adulto podría apreciar. Pero estamos hablando de una época en la que todavía se consideraba a la animación como un gueto para los niños. No sólo el humor, las referencias, lo sexis que son muchas de estas pelis (oh, Chel, dulce jalea), sino la complejidad de los temas y de los conflictos. Y no es que chicos muy listos no pudieran apreciarlos, pero creo que la mayoría ponía más atención a otras cosas.

 

Yo vi estas películas en mi adolescencia tardía. Quizá por eso mi recepción de muchas de ellas fue más bien cínica. Recuerdo que tanto Atlantis como El Planeta del Tesoro me decepcionaron, y fue con el tiempo que aprendí a apreciarlas mejor. De hecho, para ello me ayudó conocer el cariño que le tiene la generación más joven, fans que vieron estas pelis en el cine o en video cuando eran peques y que realmente crecieron con ellas. El amor y la pasión con las que hablan de estas joyas de la Edad Indecisa es contagioso; es claro que son para ellos como para mí fueron Aladín o El Rey León. Me da muchísimo gusto que por fin estas maravillas infravaloradas hayan encontrado a su público, y que esta generación las haya tenido para inspirarla, formar su gusto y llenar sus sueños.

 

Hoy que esa generación ha crecido y está creando sus propios contenidos en las redes, estas ocho pelis gozan de la fama que les fue negada en un inicio. Si no las han visto, les recomiendo mucho que lo hagan. Y si ya las vieron ¿qué han pensado de ellas? ¿Qué les han hecho sentir? Platíquenme en sus comentarios. Mientras, sigamos explorando las sorpresas que el cine de animación nunca para de tener para nosotros.

 


FIN



Más de nostalgia, películas animadas y cosas ñoñas:

2 comentarios:

Jacob dijo...

“ay, no, espolvoréenle estos chistes para aligerarla un poco”. Jajaja, como las de Marvel.

Grandes artículos, se que es difícil, pero estoy seguro que si subieras contenido con regularidad a youtube llegarías a tener cientos de miles de subscriptores.

Con Into the Spiderverse, The Mitchells vs The Machines, las películas de Laika y cosas como Isle of Dogs me da que pronto va a iniciar una nueva edad de experimentación en el cine para todo público.

Maik Civeira dijo...

Hey, muchas gracias por leer y comentar. He pensado mucho lo de YouTube y hasta lo intenté un poco, pero es mucho trabajo y tiempo para producir un video. Ahora simplemente no puedo.

Y sí, creo que vienen tiempos muy interesantes en la animación. Es más, creo que hoy hay tanto de donde escoger que está difícil identificar una sola tendencia dominante.

Saludos!