El arte de la nostalgia - Ego Sum Qui Sum

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PROFESOR MAIK CIVEIRA & LA ALIANZA FRIKI ANTIFASCISTA

miércoles, 27 de abril de 2022

El arte de la nostalgia


Cuando empecé a hablar de estos temas, usaba el término neostalgia, aprendido del amigo de un amigo, porque se refería a cómo mi generación, que en ese entonces andaba en sus primeros veintes (estábamos en la uni), añoraba tan intensamente sus infancias y sus adolescencias en los 80 y 90. O sea, teníamos conciencia que era inusual que gente tan joven sintiera tanta nostalgia.

 

Bueno, pues nunca lo superamos. Soy Millennial viejo, o Xennial, y ya me estoy acercando al cuarto piso. La neostalgia ya es nomás nostalgia llana y mi generación la sigue cultivando igual que como cuando teníamos veintitantos. Si acaso, se nos han ido sumando más y más cosas del pasado que añorar. Tan es así, que la nostalgia Millennial por los 80 y 90 ha marcado la cultura pop de todo el siglo XXI.

 

Tan es así, que si abordar el tema de la nostalgia podemos estar hablando de dos cosas. Por un lado, podemos recordando cómo eran “aquellos tiempos”, reseñar o analizar los productos culturales del pasado y cómo nos han impactado. Eso es lo que hecho en textos como:

 

 

Por otro lado, podemos enfocarnos en cómo hoy en día existe una cultura que exalta la nostalgia, cómo ésta impacta en la creación de nuevas obras y qué dice esto de nuestro mundo presente. Es precisamente lo que vamos a hacer hoy.

 

Recordar el pasado es una sensación agridulce. Es bonito, porque los recuerdos lo son, pero duele un poco porque sabemos que no nunca podremos regresar exactamente a esos momentos. Podemos ver Thundercats en VHS en un televisor vintage, o podemos jugar Mega Man X en nuestra bien preservada Super NES, pero nunca jamás podremos volver exactamente a sentirnos como en nuestra infancia. Pero eso está bien, así es la vida y no queda más que aceptarlo.

 

Pero resulta también que no nos basta volver a consumir los productos de cultura pop de aquella época, ni simplemente volver a usar los artefactos o regresar a los lugares donde crecimos. Entonces nos da por crear nuevo arte, inspirado en nuestras memorias y en la poderosa nostalgia que nos producen.

 

Además de secuelas o refritos de viedoejuegos, series o películas de los 80 y 90 (que nos inundan cada año), están nuevos productos, como Stranger Things y Ready Player One, que se inspiran y homenajean la cultura pop del pasado. El fanart de productos de cultura pop de los 80 y 90 es abundantísimo. Ahora no creo que tenga caso enfocarse en todo ello. Lo que quiero es compartir con ustedes la obra de algunos artistas de Internet que se han dado a la tarea de recrear, de una forma muy especial, pedazos de nuestros ayeres.

 

El primero en nuestra lista es Rachid Lotf, un artista digital oriundo de Marruecos. Sus creaciones buscan recrear la experiencia de ser un chico creciendo en los ochenta, noventa y primeros dosmiles. Su especialidad son las habitaciones, tapizadas de piso a techo con memorabilia de la cultura pop de la época correspondiente.

 



Lotf y yo nacimos el mismo año. A diferencia de la mayoría de los artistas que veremos aquí, que son anglosajones, nosotros pertenecemos a países que se encuentran a la sombra de potencias imperialistas, y no en donde se crearon esos artefactos. Sin embargo, a un océano de distancia, puedo sentirme identificado con él a través de su arte. Es claro que, gracias a la globalización, ambos crecimos con los mismos referentes culturales. Estoy seguro de que es el caso de muchas personas en todo el mundo, porque él es un artista sumamente popular.

 



Hay algo de conmovedor en esto, pero también algo inquietante. Por un lado, qué bonito que personas tan lejanas en el espacio, con orígenes culturales tan distintos, tengamos las mismas referencias y podamos encontrar el mismo espacio acogedor entre ellas. Por otro, nos habla del poder omnímodo del capitalismo y del imperialismo cultural, que homogeneiza las experiencias de tantas personas en todo el mundo, y que nos deja como señas de identidad productos de consumo de masas.

 



Por supuesto, las recreaciones que hace Lotf son idealizadas. ¿Quién podría haber tenido un cuarto así, con tantos juguetes, tantas consolas, tantos afiches? No creo siquiera que un niño rico pudiera acumular tanta parafernalia, simplemente no existía o no era fácil de conseguir, y los padres no eran tan indulgentes.

 



De hecho, ante estas recreaciones de “cómo se veían los ochenta” de los productos nostálgicos, han aparecido publicaciones de personas que sí crecieron en esa época señalando que en realidad un “cuarto de los ochenta” habría sido una cosa mucho más mundana.

 


De todos modos, cuando miro las obras de Lotf, me llega un sentimiento cálido, como de estar regresando a un lugar en el que pasé momentos felices y llenos de ensueño. Recuerdo cómo era pasar una tarde en casa de un amigo: jugar videojuegos, ver películas, salir a pasear por el vecindario sin supervisión adulta, caminar hasta el parque o la tiendita de la esquina a comprar chucherías y terminar el día con una rica pizza. No sé por qué los adultos abandonamos esta hermosa práctica.

 

Lotf no es el único. Del otro extremo del mundo, de Indonesia, llega el arte de digital de Denny Busyet, especializado en la estética de los 80 y 90. Su obra es incluso más estilizada que la de Lotf, y más alejada de cómo se veían los lugares reales en aquella época.



Y es que sucede que Busyet se inserta en el movimiento artístico de internet conocido como Vaporwave, surgido alrededor de 2011 entre comunidades en línea. En vez recrear el momento histórico, el Vaporwave busca evocar la estética de ciertas expresiones que, vengo a enterarme, tienen su origen en el diseño de Memphis Milano, en la década de los 80, y que hizo escuela a lo largo de los últimos años del siglo XX. Este tipo de diseño no era tan común en la vida cotidiana; llegué a verlo en las portadas de las libretas y de las carpetas trapper keepers, el alguna que otra prenda de ropa, en el set o las animaciones de programas de TV, en algunos afiches o patrones decorativos en tiendas y, si acaso en lugares turísticos como Cancún.

 


Varios artistas digitales se dedican a reimaginar, en esta estética tan saturada, espacios que se han perdido, en especial los que remiten a los hábitos de consumo y ocio de nuestro pasado: la arcadia de videojuegos, la tienda de renta de videos y el centro comercial.

 


Normalmente, estos espacios aparecen vacíos de personas, lo que les da una atmósfera fantasmal, como si estuvieran congelados en el tiempo o hubieran sobrevivido a una hecatombe. Son los famosos “espacios liminales” que se han vuelto tan populares en la cultura y el arte de Internet. Son aquellos espacios por los que pasamos todos los días, pero no para permanecer en ellos y ciertamente no para fijarnos mucho en la edificación en sí. Sin embargo, son muy importantes para nuestras vidas cotidianas. O lo fueron, como en el caso de estos locales comerciales.  Es por ello que verlos sin gente resulta desconcertante.

 


En Estados Unidos los centros comerciales han ido desapareciendo en las últimas décadas, hasta el punto que sus ruinas se convierten en espacios romantizados para explorar o hacer sesiones fotográficas. En México éste no ha sido el caso, pero lo cierto es que la decoración y la arquitectura han cambiado mucho desde los 80 y 90, así que las recreaciones de esos espacios siguen evocando nostalgia. Además, los centros comerciales de hoy son cada vez más exclusivos, más enfocados al consumo de lujo para las clases más adineradas, y alejados de la cotidianeidad de la clase media.

 


Otra de las fuentes de inspiración del vaporwave, quizá la principal, es la estética de las computadoras personales y el Internet temprano de los 90. Piensen en las carátulas de libros de texto de computación o las cujas de CDs de software noventeros, con gráficos muy simples generados con computadora, a menudo mezclados con piezas de arte clásico. La portada del álbum Floral Shoppe, uno de los productos fundacionales del vaporwave, ha generado legiones de imitadores.


Uno de los movimientos hermanos del Vaporwave es el Synthwave, que también busca sus raíces en los 80, pero más que del diseño de productos, bebe de la ciencia ficción (en especial el Cyberpunk), la música electrónica, los videojuegos, el animé, y las primeras animaciones y gráficos hechos por computadora. Hay una plétora géneros hermanos, descendientes e híbridos de Synthwave y Vaporwave, que a veces se catalogan colectivamente bajo el nombre de Retrowave.




Otros artistas han tomado caminos diferentes y uno de mis favoritos es el de la estética retroux (retro + faux = falso retro), que se refiere a obras creadas adrede para aparentar haber sido hechas en épocas pasadas. Probablemente nada grite “finales del siglo” como los videoclubes. No de a gratis el YouTuber James Rolf, especializado en contenido nostálgico, tiene como set una tienda de VHS y DVD, que despliega su colección personal de videos y juegos. No es el único que ha tratado de reconstruir estos espacios perdidos en el tiempo. El artista de efectos especiales Andrew Glazebook construyó una tienda en miniatura.

 




Lo propio hizo la diseñadora de videojuegos Melissa Kay:

@mechamini I made another little video store ☺️ #miniatures #vhs #videostore ♬ Video Killed the Radio Star - Graham Blvd


Con diseños, formatos, tecnología y materiales del pasado, algunos artistas han creado artefactos que reimaginan productos culturales de la actualidad como si hubieran existido en décadas anteriores. Por ejemplo, este artista, bajo el nombre artístico de dvglzv, imagina series de TV y películas como si fueran viejos cómics de los 70 y 80.






Otro artista, Matt Stevens, toma películas actuales e imagina cómo se habrían visto en forma de libros viejos en pasta blanda, de los que podrías encontrar en una librería de usados. La estética que recrea es más propia del minimalismo de los 70. Había libros así en casa de mis padres, tíos y abuelos, así que, aunque no son estrictamente hablando “de mi época”, sí que me remite a eras pasadas. Además, amo los libros viejos.

 






Algo parecido hace Timothy Andrews, excepto que él se enfoca en películas de ciencia ficción y las recrea como si fueran novelitas pulp de mediados del siglo XX.

 





De lo que más me gusta de estos artistas es que no solamente crean estas imágenes, sino que les dan la apariencia de estar desgastados por el tiempo y el uso, como si de verdad estos objetos hubieran sido vendidos, comprados y disfrutados por un público, el cual bien podríamos haber sido nosotros mismos.

 

Esto se aprecia mucho en el arte de Steelberg, quien recrea cujas de VHS para películas modernas. Lo que más me gusta es que no se limita a imprimir el póster oficial de la película en la carátula de un cassette de VHS, sino que de hecho recrea los estilos de diseño que tenían las cujas en los 80 y 90. Para ello selecciona las imágenes que mejor corresponden con las que los diseñadores de antaño habrían puesto en la portada.






Steelberg también reimagina videojuegos modernos como si hubieran sido lanzados para el Sega Genesis.

 



En la misma línea, StarRovias recreado juegos nuevos como cartuchos para la Atari 2600. StarRovias tiene un tino inusual para encontrar arte pulp y fantástico preexistente que represente a la perfección el concepto de algún juego contemporáneo, y al mismo tiempo corresponda con la estética que utilizaba Atari para sus cartuchos. De hecho, es tan bueno que la primera vez que me topé con sus obras en la red pensé que de verdad eran versiones antiguas de juegos que ya conocía.

 






De forma similar, Brian Altano y Brian Miggels imaginaron cómo se verían los juegos modernos si hubieran sido hechos para la Atari 2600. A veces las cujas, en vez de arte creado ex profeso, simplemente exhibían una imagen de cómo se veía el juego en sí, en toda su gloria pixelada. Altano y Miggels se dieron a la tarea de imaginar cómo se habrían visto esos videojuegos de haber existido para una consola cuyo poder de gráficos era limitado a unos cuantos bits.







Muy a menudo las tendencias estéticas de una época están determinadas por las limitaciones de la tecnología disponible. Por ejemplo, el aspecto de las viejas revistas de historieta estaba determinado por la potencia de las imprentas y los costos de impresión.  Esto es obvio, por ejemplo, en el caso de los videojuegos, en los que cada generación de artistas ha hecho su mejor esfuerzo para darnos imágenes claras, comprensibles y hasta hermosas con la mucha o poca resolución con la que estuvieran trabajando.

 

Quienes crecimos con los visuales de los antiguos videojuegos apreciamos su encanto. No es de extrañar que en nuestros tiempos se desarrollara el pixel art, imágenes hechas pixel por pixel, como si fueran capturas de pantalla de juegos de Super NES o Play Station. En lo particular me gusta mucho Pixel Past, quien crea imágenes de espacios de la vida cotidiana, como la habitación, la oficina o la tienda, pero los hace ver como imágenes sacadas de videojuegos de los 90:

 





Los Internetz están llenos también de imágenes, animaciones y videos que pretenden recrear el aspecto de la tecnología pasada, como la textura de los televisores CRT, los modelos en 3D de pocos polígonos (onda Nintendo 64), la distorsión de las cintas en VHS y un largo etcétera.

 

El aspecto, el sonido y el modo de juego de los videojuegos antiguos no es sustituido por los juegos modernos, como todo buen retrogamer sabe. A lo mejor sustituyes tu laptop y tu celular por aparatos más nuevos, pero sabes que tu vieja Super NES es una cosa única en el mundo. En un afán por homenajear o revivir la experiencia de los videojuegos a la antigua, algunos artistas en redes hacen fabulosos ejercicios de imaginación: ¿Cómo sería este nuevo juego si hubiera existido en los 80 o 90 para una consola mucho más primitiva? Las creaciones van desde falsos screencaps hasta animaciones de cómo sería el gameplay.

 

Algunos artistas van tan lejos que hacen demakes, que viene a ser lo contrario de un remake. O sea, en vez de volver a hacer un juego clásico con mejores gráficos y compatibilidad con nuevos equipos, hacen una versión completamente jugable para emuladores de consolas antiguas. Como esta versión de Smash Bros. diseñada para Game Boy.


 

Por último, tenemos que hablar de la música. Vaporwave y Synthwave (y sus géneros hermanos e híbridos) tienen también sus expresiones musicales, muy variadas, con subgéneros y mezclas. La historia de sus orígenes y evolución es algo que valdría la pena explorar en otra ocasión. Por el momento quiero hablarles de mi banda de Synthwave favorita, The Midnight. Se inspira en la música electrónica ochentera, especialmente en la usada por bandas sonoras de películas como Blade Runner, y en temas de la infancia perdida. La nostalgia y el estilo retro se deja ver también en los diseños de las carátulas de sus discos.

 

Ésta es mi canción favorita, Kids, que incluye estas melancólicas líneas:

 

Kids are sad, the sky is blue;
There’re monsters in the spare bedroom.
Kids grow up and move away;
They close the plant in the mall arcade.
Kids are sad, their parents too,
Kids get high in the spare bedroom.
We grow up and move away,
The seasons pass but the monsters stay.

 


Al final quedaría preguntarnos cuál es el sentido de todo esto. Incluso habrá personas que se cuestionen si estos trabajos siquiera cuentan como “arte”. Yo no lo sé, no soy teórico, pero desde mi ignorancia puedo decir que a mí me parecen arte, por lo menos los mejor logrados.

 

En un video sobre Hauntología, el YouTuber de filosofía Jonas Čeika habla de cómo nuestro pasado embruja (haunts) nuestro presente en este siglo XXI tan bañado de nostalgia. Esto, nos dice es muestra de nuestra imposibilidad para imaginar nuevos futuros. Hasta la ciencia ficción se ha vuelto nostálgica, con todas las corrientes retrofuturistas inspiradas en cómo las décadas pasadas imaginaban el futuro. Y esta cancelación del futuro es a su vez resultado del capitalismo salvaje que, desde finales del siglo XX, se ha esforzado en borrar de nuestra imaginación cualquier alternativa a este modelo económico, que no nos promete más que vigilancia supertecnológica, concentración del poder y la riqueza en cada vez menos personas y catástrofe ecológica inminente.

 


De todos modos creo que hay mérito en estas creaciones, pues aunque se inspiran en el pasado, no están exentas de creatividad y hasta de sentido crítico. Estos artistas celebran productos culturales creados por grandes corporaciones capitalistas que monopolizan nuestra imaginación, es cierto. Pero también se apropian de estas imágenes, estos nombres y estos mitos, y hacen algo nuevo con ellos, ignorando las leyes de propiedad intelectual como si no existieran, como gritando “¡esto es nuestro y ustedes no lo pueden poseer!”.

 

En fin, aunque creo que llevada al exceso la nostalgia nos puede enajenar del mundo real o cerrarnos a lo nuevo, no veo mal que recurramos a estas creaciones para buscar refugio de un presente que para mi generación ha sido tan difícil. Así pues, tomémonos un momento de hoy para reposar en estas atmósferas creadas por nuestros artistas contemporáneos. Mañana podremos seguir luchando.

 


PD: Mientras investigaba para hacer esta entrada, me topé con este video de JJ McCullough, en el que aborda varias cosas que dejé fuera. Les recomiendo que lo chequen.


Ésta es mi entrada 1001, y me hace muy feliz poder compartir contigo. Agradezco mucho a mis mecenas en Patreon por su apoyo. Tú también puedes apoyarme con un donativo mensual de 1 dólar. Mientras tanto, te dejo estos otros textos relacionados:

4 comentarios:

Abraham Martínez dijo...

Excelente texto, yo nací en 1975 y disfruto también de los remakes, de la música de sintetizador y del pixelart, pero creo que si hay movimientos que buscan ser auténticamente "punks" (en el sentido de rebelión) como el solarpunk que habla de un futuro equitativo parara todos, que se alejan de esta nostalgia y buscan proponer otras visiones. Es bonita la neostalgia para un rato de ocio, pero no para vivir en ella.

Maik Civeira dijo...

Muchas gracias por leer y comentar :)

joaKo dijo...

Estaría chido alguno mexicano con portadas de películas nuevas estilo el mil chistes, o esas películas mexicanas con títulos de albur

Maik Civeira dijo...

Ma'! Sí estaría padre!