Inclusión forzada II: Es peor de lo que piensas - Ego Sum Qui Sum

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PROFESOR MAIK CIVEIRA & LA ALIANZA FRIKI ANTIFASCISTA

domingo, 21 de agosto de 2022

Inclusión forzada II: Es peor de lo que piensas



En la entrega anterior vimos cómo las quejas sobre “la inclusión forzada” carecen de validez. Ahora nos falta abordar cómo es que esta narrativa de “la ideología progre está destruyendo el entretenimiento y la cultura” es en realidad una teoría de la conspiración reaccionaria que sirve para predisponer a la gente contra los movimientos por la justicia social y en última instancia jalarla hacia la extrema derecha.

 

VI. LA ILUSIÓN DE LA CEGUERA



Estoy en un grupo de fans de los Cazafantasmas, y vieran que es más saludable que otros grupos de fans en los que he estado. En general a la inmensa mayoría del grupo le gustó la nueva entrega, Afterlife. Cierto día, poco después del estreno de la película, alguien compartió en el grupo una entrevista con el director Jason Reitman, en la que decía que para él era muy importante que este nuevo equipo fuera diverso. “¡Pero para qué lo tiene qué decir! ¡Así la riegan!”, expresó un fan molesto.

 

Este intercambio me pareció ejemplar de ciertas actitudes ante la “inclusión forzada”. Personas que aseguran que “no les importa” el género, la raza o la orientación sexual de los personajes, que “ni se fijan en eso”, que lo que no les gusta es que “se lo estén restregando”. Como este colega; la película le gustó, y no le molestó que de los cuatro nuevos Cazafantasmas sólo uno fuera un vato blanco. Pero le molestó que el director saliera a decir que para él la diversidad era importante; es decir, reveló que no era casualidad que el equipo fuera diverso. Esto enojó a nuestro amigo, ¿por qué?

 

Un factor que facilita la hostilidad hacia “la ideología progre que lo arruina todo” es lo que llamo la ilusión de la ceguera a la identidad. Es el afán de autoconvencernos de que somos ciegos al género, la raza, la orientación sexual o cualquier otro rasgo importante de la identidad de una persona, que simplemente “ni los vemos”. Queremos creer que juzgamos su valía independientemente de estos factores. Es una ilusión peligrosa, porque a lo que nos hace ciegos es a los prejuicios que podamos tener sobre personas que pertenecen a otros grupos identitarios. También nos hace ignorar que estos otros grupos enfrentan y han enfrentado distintas formas de opresión o discriminación que quizá nosotros no hemos tenido ni qué pensar.

 


Esto no es culpa nuestra; el liberalismo contemporáneo ha promovido la ceguera a la identidad como la postura ilustrada frente al racismo, el sexismo y la misoginia; es el ideal que deberíamos tratar de alcanzar. Por desgracia, la experiencia nos ha demostrado que la desigualdad no se soluciona fingiendo que no vemos las diferencias, sino que tenemos que estar muy conscientes de ellas. En fin, es un tema que da para largo y para el que no tenemos tiempo.

 

Si acaso en algún momento de nuestras vidas estuvimos cerca de una auténtica ceguera a la identidad fue en la infancia. Veíamos personajes, reales o ficticios, con diversas identidades en los medios de comunicación y no reparábamos mucho en ello. En las caricaturas ochenteras siempre había una chica y/o un negro (o miembro de otra minoría), pero no teníamos ni idea de lo que había detrás, ni nos preguntábamos por qué casi nunca eran los protagonistas. Sucede que simplemente éramos ignorantes de cuestiones políticas.

 

El problema es que algunas personas han llegado a pensar que lo que pasaba era que no existían esas cuestiones políticas. Que nuestra ceguera infantil era porque en esos tiempos la sociedad ya había alcanzado la ceguera. Que el reparto multirracial de Mr. T o Capitán Planeta no era “forzado”, sino que había surgido así espontáneamente, porque todo el mundo era ciego a la raza. O que Ripley y Connor no fueron escogidas para protagonizar sus películas “por ser mujeres”, sino porque todo el mundo era ciego a las diferencias de género.

 


No puedo creer que sea necesario decirlo, pero también en los ochenta había movimientos contra el racismo, la misoginia y la homofobia (y hostilidad contra ellos). Y las empresas de entretenimiento practicaban la “inclusión”, y también con el afán de llegar a un público más amplio. Si el niño negro ve en tu caricatura un personaje con el cual sentirse identificado es más probable que la vea y que compre su parafernalia. Eso no pasaba en décadas anteriores; les reto a encontrar UN personaje negro en las series originales de Los Picapiedra o Scooby-Doo. Y no es que no hubiera negros en Estados Unidos; es que no tenían lugar en las caricaturas. Asimismo, han cambiado muchas cosas entre los ochenta y el presente: entonces no eran reconocidas tantas identidades como ahora (por ejemplo, no se incluía a las personas de la diversidad sexual), y casi siempre los “incluidos” estaban en papeles secundarios.

 

Pero algunas personas no se dan cuenta de nada de esto. Piensan que toda la alharaca sobre justicia social es algo nuevo, que ha salido de la nada, y que antaño las cosas “ya estaban bien”. En realidad, lo que están diciendo es: “Si no me estuvieran restregando su identidad todo el tiempo, yo podría volver a ser ciego a todas las identidades, como antes. Pero como no me dejan, se han ganado mi aversión”. La realidad es que no se puede ser ciego, lo único a lo que podrían aspirar es a ignorar por completo sus propios prejuicios y los problemas de las demás personas. Que sí, es lo más cómodo, pero lo siento, ya eres un adulto y te toca estar consciente del mundo en el que vives.

 

VII. EL MITO DEL PASADO APOLÍTICO

 


Como ya había dicho, muchas personas no tienen elementos para analizar críticamente lo que consumen. Esto cierto sobre todo para los chavitos. Cuando eres tienes 10 años y ves Robocop, piensas “órale, qué chido, un policía robot, las balas no le hacen daño y mata a los malos, pum, pum”. Necesitas haber vivido y aprendido para regresar a la película y darte cuenta de que es una crítica al capitalismo y a la militarización de la policía, y lloras porque a Alex Murphy le jodieron la existencia.

 

Toda obra de arte refleja una ideología, si entendemos como tal una visión del mundo, un conjunto de valores, ideales y creencias sobre cómo debe ser la sociedad, unos criterios que nos sirven para juzgar qué es bueno, correcto, verdadero, etcétera. Incluso si sus creadores no tienen la intención de aleccionar a nadie, la obra necesariamente reflejará sus valores y los de la cultura en la que viven.

 

Pero, a menos que se aprenda a observar el mundo de una manera crítica, el statu quo cultural es invisible. Se asume que los valores, las costumbres, las creencias y estándares de la propia sociedad y cultura son lo normal, lo natural, lo de sentido común, las cosas como siempre han sido o, por lo menos, como deberían ser. Y, en contraste, todo lo que se desvía de esa normalidad o la pone en entredicho es “ideología, propaganda y adoctrinamiento”. Se requiere cierto aprendizaje para darnos cuenta de que TODOS los valores, costumbres, creencias, etcétera son resultado de muchos factores como el desarrollo histórico, la evolución de las sociedades, eventos revolucionarios y sí, de las relaciones de poder existentes. Y que, por lo tanto, las cosas bien podrían ser de otra manera.

 

Para colmo, los seres humanos de por sí tendemos a juzgar que “todo tiempo pasado fue mejor”, acordándonos selectivamente de lo bueno y descartando lo malo; es la falacia del paraíso perdido. De ahí el choro de “el progresismo lo está arruinando todo”. Para que funcione, se necesita creer tres premisas sobre el pasado: que antes la cultura pop era mejor (paraíso perdido), que no era ideológica (statu quo invisible), y que era mejor porque no era ideológica. Eso implica ignorar inconsciente o deshonestamente que la mayoría de esas obras se hacían siguiendo una línea ideológica dominante, y que algunas películas adrede se desviaban o subvertían esa línea.

 


Así tenemos a vatos que asumen (o a lo mejor es que no lo piensan mucho) que, si la casi totalidad de las películas de antaño tenían como protagonistas a hombres blancos heterosexuales, es nomás porque ése es el orden natural del mundo, y no porque fueron hechas por una sociedad cuya ideología hegemónica privilegiaba sobre todas las personas a los hombres blancos heterosexuales.

 

Así es como ven Terminator, Aliens y otras obras que tienen el estatus de clásicos incontestables, y con la misma ceguera llegan a creer que poner a una mujer protagonista en una película de acción, en una época en la que eso era muy inusual y sobresaliente, no es resultado de una decisión consciente de llevar la contraria a la normalidad, sino sólo la forma en la que la película surgió orgánicamente, como margaritas de la nieve. Este hilo de Tuiter lo ejemplifica muy bien:

 


En resumen, el vato conservador cree que la cultura pop del pasado era apolítica. Que la serie animada Gárgolas, que tenía como protagonista a Eliza Maza, una mujer birracial que era detective de policía, fue hecha así nomás porque sí. Pero que si Gárgolas volviera a salir hoy tal cual fue, nuestro conservador sabe que entonces habría intenciones políticas detrás. Sería chistoso sino fuera peligroso.

 

Ese pasado apolítico, esa ceguera a las diferencias, nunca fueron tales. Era sólo ignorancia e inconsciencia. Y lo que ahora vemos es la hostilidad de gente inmadura que está resentida porque ya no puede mantener su inocencia infantil.

 

VIII. BAJANDO POR EL AGUJERO

 


Si eso de “el statu quo es lo normal y lo demás son ideologías raras” es más o menos la posición default de la gente común cualquier sociedad, también es una de las bases de las ideologías conservadoras y reaccionarias. Si el conservadurismo quiere preservar ciertas partes del statu quo actual, en especial lo que tiene que ver con las jerarquía tradicionales, la reacción pretende regresar a un pasado en el que sus valores favoritos eran más fuertes e incontestables (o imaginar un pasado así y guiarse por esa época idílica ficticia). Como la falacia del paraíso perdido también está muy difundida, tenemos un terreno fértil para que narrativas reaccionarias florezcan. Ése es el peligro político de la nostalgia, tan exacerbada en nuestros tiempos.

 

La reacción siempre está tratando de reclutar a personas que no se asumen como reaccionarias, que se creen apolíticas o centristas, y para ello es necesario hacer pasar el pensamiento reaccionario como “lo normal”, y el pensamiento progresista como “una imposición ajena y peligrosa”. Para ello aprovechan la ilusión del pasado apolítico y de la ceguera a la identidad, con una buena dosis de paraíso perdido: “¿Ves este mal que nos han hecho los progres? ¿Ves lo que nos han quitado y lo que nos están imponiendo?” Esto ya por sí mismo genera una aversión contra todo lo progresista. Una persona que no se considera racista, misógina ni nada, puede llegar a creer que los movimientos feministas, antirracistas y demás son una molestia que arruina la diversión. Ésta es todavía apenas dentro del agujero del conejo. ¿Qué hay más abajo? Pues creer que estos movimientos son ideologías terribles y peligrosas en sí mismas. Es así como tienes a vatos (porque casi siempre son vatos) adoctrinados para buscar y rebuscar en todo lo que ven y encontrar supuestos radicalismos ideológicos que arruinan las películas y demás.

 


Ciertamente hay un tema moderadamente feminista en Prey: Una mujer cuyas capacidades son menospreciadas por todos los hombres con que se topa, al final demuestra ser competente. Y por supuesto que hay un componente ideológico en películas que tienen como personajes importantes mujeres, personas racializadas o del colectivo lgbtq+: la idea de que tener mujeres, personas racializadas o del colectivo lgbtq+ en papeles importantes es, o debería ser, tan normal como tener hombres blancos heterosexuales.

 

Ahora, ¿es algo de esto terriblemente radical? ¿Es tan ofensivo y opresivo como para pensar que está “destruyéndolo todo”? No es más radicalmente feminista el arco de personaje de Naru que el de Ripley. La mayoría de las obras acusadas de ser “propaganda radical”, en especial las grandes producciones de los mayores estudios, son más bien de un liberalismo bastante tibio. Pueden poner a protagonistas racializados, pero rara vez denunciarán el racismo directamente. O al sexismo, la homofobia y la transfobia, para el caso. De hecho, la mayoría de esas obras le siguen jugando a la ceguera a la identidad (por lo menos al interior del mundo ficticio), aunque sus creadores sepan bien lo que están haciendo.

 

Nada hay de radical en proponer que alguien más que un hombre blanco heterosexual pueda ser un héroe… A menos… A menos que se crea de antemano que no debe ser así, que ni esa modesta propuesta es aceptable. Pero, repito, esto es algo que no pueden admitir. Así que lo que queda es tratar de hacer ver algo moderado como si fuera peligrosamente radical. Que es, por cierto, otro truco clásico de la retórica reaccionaria. Para ello también es necesario hacer pasar la igualdad como opresión.

 

El discurso reaccionario siempre tratará de satanizar cualquier esfuerzo por nivelar las cosas como una persecución contra el grupo que está en el lugar privilegiado. Pones a una mujer negra como un personaje hábil y competente, y se interpreta como una forma de denigrar a los hombres blancos. Pones a una pareja del mismo sexo dándose un beso, y se interpreta como un terrible ataque a la familia tradicional. Además, claro, todo tiene que tener un nombre siniestro. No puede ser nada más "aceptar a las personas lgbtq+"; tiene que llamarse "ideología de género". Así, cuando un personaje femenino enumera las situaciones irritantes por las que pasan las mujeres comúnmente y señala que a ellas se les educa para reprimir sus emociones agresivas, mientras a los hombres se les educa para reivindicarlas, termina siendo llamado "comunismo de género".

 


Es la misma lógica que hay detrás de expresiones como “antirracismo es código para antiblanco”, o “el feminismo busca la supremacía de las mujeres sobre los hombres”, o “el laicismo es persecución contra el cristianismo” o “el activismo trans va en contra de las mujeres”. Este victimismo es necesario, porque hay cosas que los reaccionarios no pueden decir abiertamente (salvo en algunos círculos), y es que quieren de que los blancos, los hombres, las personas cis y la cristiandad sigan teniendo lugares privilegiados en la jerarquía social. Necesitan hacer pasar la defensa de su privilegio como una defensa de su existencia y sus derechos contra grupos hostiles. Es “voltearnos la tortilla”, como decimos en México.

 

O sea, es la misma retórica que se usa para enrarecer la discusión de temas políticos y sociales, pero aplicada al entretenimiento, que se ha convertido, lo queramos o no, en un campo de batalla importante para la guerra entre progresismo y reacción. Y es aquí donde se pone peor…

 

XIX. LA DECADENCIA DE OCCIDENTE

 


Punisher Rorschac, antes Punisher Panther, es uno de los mejores representantes de la ideología reaccionaria en el mundo de la geekósfera. Y digo “mejores”, no porque el sujeto tenga algo de bueno, sino porque es quien mejor ejemplifica la mentalidad del geek reaccionario. Sus publicaciones consisten casi exclusivamente en denunciar cómo la ideología progre está destruyendo la cultura pop y sus argumentos se reducen a los clichés usuales e información falsa o descontextualizada. Es un incel patético, pero cuenta con 20 mil seguidores en su página de Facebook (aunque sospecho que muchos están ahí para reírse de sus tonterías) y en grupos en los que estoy a veces comparten su contenido.

 

En fin, un día publicó la siguiente imagen:

 


Esto es ya bastante ingenuo, pero lo que sigue es de risa loca:

 


No, las empresas de entretenimiento están tan interesadas en hacer dinero como antes; realizan estudios de mercado, están al pendiente de las tendencias, hacen proyecciones de prueba y limitan la libertad creativa de los artistas para encauzar las obras hacia lo comercial. Y eso de que se enteraban de la voluntad de los fans porque los invitaban a hacer recorridos a sus estudios es lo más absurdo que he leído.

 

Esto es simplemente la narrativa reaccionaria clásica, que no deja que los hechos interfieran con sus sentimientos. Empezamos con la falacia del paraíso perdido: antes las películas eran mejores y todo era bueno. Pero, ¿por qué antes todo era mejor? Para el PunIncel es porque a los productores les interesaba vender y para ello escuchaban la voluntad de los fans. O sea, el pasado era mejor porque funcionaba según el libre mercado, lo cual es importante porque a estos vatos suelen gustarles mucho las culebras. El ánimo de lucro lleva al éxito económico para las empresas y a la satisfacción para los fans. Era una motivación legítima que daba buenos resultados.

 

¿Y por qué se volvió peor? Porque ahora están bajo el poder del progresismo. Sucede que, para la retórica reaccionaria, los cambios sociales nunca suceden orgánicamente, sino que son resultado del trabajo insidioso de fuerzas externas e ilegítimas. Por eso no pueden concebir que si la cultura pop tiende a ser “más progre” se debe a que la sociedad en general ha cambiado. Esta transformación tuvo que haber venido no de las preferencias del público, sino de alguien de fuera: los activistas progres que se han apropiado de Hollywood.

 

Por la misma razón insisten tanto en que esas obras no sólo son malas, sino que son un fracaso comercial. Lo cierto es que estas pelis fracasan o triunfan tanto como cualquier otra cosa, pero esto no es una verdad que puedan aceptar. Si una cinta condenada por “progre” tiene buenas reseñas y taquilla, es porque los estudios sobornan a los críticos e inflan los números. Y aquí ya estamos en los terrenos de las teorías conspirativas.

 


Pero no es aquí donde termina el agujero de conejo. Porque, como ya habíamos adelantado, lo anterior invita a preguntarse ¿cómo y con qué objetivo es que los progres se han apoderado de Hollywood? Y aquí la narrativa sigue poniéndose más y más radical.

 

Además de considerar que los cambios sociales tienen un origen externo, para la mentalidad reaccionaria estos implican siempre un empeoramiento, una decadencia. Los reaccionarios están obsesionados con el concepto de decadencia. No de a gratis uno de los libros más influyentes para el movimiento nazi fue La decadencia de Occidente, de Oswald Spengler. Es que además estos cambios no sólo son negativos: representan un peligro existencial. Nada menos que un colapso civilizatorio viene de ellos.

 

Abolir la esclavitud, darle el voto a las mujeres, aceptar la homosexualidad como normal… Todo esto en algún momento iba a causar el colapso de la civilización, según conservadores y reaccionarios. Y no es causalidad que todo ello implicaba una pérdida de poder de los hombres blancos heterosexuales sobre algún otro grupo. Cuando los reaccionarios hablan hoy de la “caída de Occidente”, nunca les preocupa la crisis climática, la desigualdad extrema, las futuras pandemias o la guerra nuclear. No, siempre son cosas como la inmigración, el aborto, las personas trans… O sea, cosas que hacen retroceder el estatus privilegiado del hombre blanco heterosexual. Y, como ya vimos, esta pérdida de privilegio es interpretada como persecución u opresión.

 

La pérdida de la masculinidad tradicional es otra cosa que obsesiona a los reaccionarios. Siempre están pegando la alarma sobre que la sociedad se está “feminizando” demasiado. Ya les hablé cómo esa obsesión formó parte fundacional de la ideología nazifascista e hizo que las guerras mundiales fueran todavía peores.

 

Esa misma forma de pensar se aplica a los cambios que vemos en la cultura pop contemporánea. De ahí viene no sólo considerar que una película como Thor: Love and Thunder sea sosa y bobalicona; hay que denunciarla como una amenaza para el tejido social.

 


La narrativa reaccionaria atrae a personas (en su mayoría hombres), que sienten que han sido afrentadas, vulneradas en su sentimiento de mérito, que se les ha quitado algo que antes tenían por derecho. Las crisis de nuestro mundo actual han creado las condiciones para que muchos hombres se sientan así. Y así como los nazis podían llegar con un padre de familia desempleado y decirle “¿ves lo que te han quitado los judíos?”, hoy los reaccionarios hacen lo propio y dicen “¿ven lo que te han quitado los migrantes?”. O, en el caso de los nerds socialmente ineptos que nada más se preocupan por Star Wars, “¿ves lo que te han quitado las feministas?”.

 

XX: LA CUESTIÓN JODIDA

 


Según la narrativa reaccionaria, la gente causando esta debacle a lo mejor tiene buenas intenciones, pero es demasiado tonta para entender el peligro en el que está poniendo el mundo. Mas quienes manipulan a estos tontos útiles tienen la intención de destruir la sociedad, de debilitarla, de sembrar el caos para ponerse a sí mismos en un lugar de poder.

 

Y es aquí donde llegamos a la pregunta: ¿quiénes mueven los hilos? Y tras algunas respuestas medio ambiguas como “las élites globalistas”, terminarán diciendo “los judíos”. Y al final, si ya te creíste todo lo anterior, si de verdad piensas que los progres, financiados por los judíos, están destruyendo todo lo que amas, ¿qué no sería legítimo hacer para evitar esa debacle?

 


Repito: no todos llegarán tan bajo en el agujero de conejo, ni siquiera la mayoría de las personas. Pero algunos sí lo harán. Está documentado que el discurso anti-progre es una de las puertas de entrada al radicalismo de extrema derecha (aquí, aquí, aquí).

 

También quiero aclarar que no de a huevo te tienen que gustar estas películas, series, videojuegos o lo que sea que esté causando el mame del momento. Cada quien tiene diferentes gustos y ni que fueran obras maestras tan sublimes que fuera obligatorio amarlas. Sólo es una banderita roja cuando alguien sale con lo de la “inclusión forzada” o “tiene ideologías” para explicar por qué no les gusta.

 

Otra cosa,  porque sé que los malintencionados van traerlo a colación: no estoy diciendo que los hombres blancos cisheteros sean "los malos". Es el sistema jerárquico que los pone en un lugar de privilegio, y los esfuerzos por perpetuar ese sistema, los que están mal.

 

¿Y qué hacemos al respecto? Pues qué sé yo. Nomás sé escribir debrayes larguísimos. A lo mejor alguien recapacita de sus opiniones con esto, pero creo que para la mayoría será muchotexto. Quizá algún influencer que le sepa a esto de los algoritmos haga una versión más fácil y digerible que pueda salir en el Tikititok o como se llame eso que ven los jóvenes de ahora.

 

Espero que este choro le aproveche a la gente progre, que le ayude a entender de qué se trata este asunto y pueda pensar en estrategias para abordarlo. Algo que sí me parece muy importante es que se den cuenta de cómo los fachos están logrando, con mucho éxito, introducir sus ideas, conceptos y narrativas en la conversación normal, y que esto lo hacen de poco en poco. Mientras, los progres van por las redes sociales imprecando a desconocidos y diciéndoles que son poco menos que unos monstruos si cometen la mínima infracción percibida contra un protocolo que nadie les enseñó.

 

Eso sí: estoy absolutamente convencido de la importancia de promover el pensamiento crítico y el alfabetismo mediático, que permita a las personas analizar lo que consumen. No vaya a ser que el primer y único paradigma con el que se topen para interpretar los medios sea “estar alerta para detectar y rechazar cualquier propaganda progre”, porque eso no lleva a nada bueno.

 


FIN


Fuera de bromas, sin el apoyo de mis mecenas en Patreon no habría podido pagar los útiles escolares de este nuevo curso. Les agradezco muchísimo. Tú también puedes ayudarme a dar educación a mis hijos y que yo pueda seguir adoctrinando a las masas con este blog y otros proyectos. Mientras, aquí te dejo otros textos relacionados:

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