Anatomía del fascismo - Ego Sum Qui Sum

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PROFESOR MAIK CIVEIRA & LA ALIANZA FRIKI ANTIFASCISTA

lunes, 24 de julio de 2023

Anatomía del fascismo


¿Qué es el fascismo? Ésta es una de las discusiones más álgidas de nuestros tiempos. Es común ver que se adjudique la etiqueta de “fascista” a ciertas personas o movimientos. La derecha acusa a la izquierda de usar el término contra cualquier cosa que no les guste o cualquiera que piense diferente. Hay algo de verdad en ello; sería deshonesto no admitir que a menudo los izquierdistas han sido excesivamente laxos con la palabra, llamando “fascismo” a todas las derechas, o incluso a las otras corrientes de izquierda. No obstante, eso no quita que en efecto algunos personajes, movimientos o posturas de la derecha sí hayan sido o sean hoy fascistas. Por otro lado, la definición que actualmente repiten los derechistas es simplemente estúpida: “izquierda es cuando hay mucho estado, y fascismo es todo con el estado, nada fuera del estado, y por lo tanto el fascismo es de izquierda”.

 

Robert O. Paxton, profesor de historia y ciencia política, presente en su libro Anatomía del fascismo (2004) una propuesta novedosa para comprender mejor este fenómeno. Otras exploraciones del fascismo, o del totalitarismo en general, tienden a centrarse en su historia intelectual, a buscar las raíces de esta ideología en los trabajos filosóficos o pseudofilosóficos de las décadas y siglos que le precedieron. Así tenemos títulos como los que ya hemos discutido en este blog: La sociedad abierta y sus enemigos, El asalto a la razón y Los orígenes del totalitarismo.

 

Para Paxton esto es valioso, pero insuficiente. Tampoco basta analizar el ideario de los movimientos fascistas, ya que muchas veces sus acciones fueron en contra de sus ideales manifiestos. De la misma forma, tendríamos una imagen incompleta si nos fijáramos sólo en las políticas de los gobiernos fascistas, pues fueron movimientos antes de tomar el poder. Tampoco será suficiente estudiar la biografía y psicología de los caudillos, como Hitler y Mussolini, pues los movimientos incluyeron a un gran número de individuos y fueron tanto fenómenos de masas como creación de megalómanos individuales.

 

Hitler y Mussolini

La ortodoxia marxista considera al fascismo una mera creación del capitalismo en su etapa más violenta y brutal, para defenderse de la revolución obrera; Paxton considera este análisis simplista y determinista. Por otra parte, no se puede ignorar la relación tensa pero fructífera de los fascismos con los partidos conservadores y con el gran capital (que la derecha actual tiende a negar); alianzas fueron necesarias para constituir gobiernos y esto influyó en la forma que adoptaron.

 

Paxton se propone analizar el fascismo como un todo, desde sus orígenes hasta su caída, desde sus raíces intelectuales hasta sus acciones contradictorias, desde su etapa como movimientos rebeldes hasta su fase de gobiernos totalitarios, y por supuesto, sus relaciones de oposición o alianza con las otras fuerzas políticas. Para comprenderlo, no hay que concebir el fascismo como algo estático cuya esencia pueda descubrirse en una definición sencilla; tampoco ayuda tratar de hacer una suerte de “bestiario” enumerando todos los movimientos, regímenes o personajes que puedan ser catalogados bajo la infame etiqueta. El fascismo debe ser analizado como un proceso que se da a lo largo del tiempo y que existe en relación con otros fenómenos políticos y sociales.

 

Recomiendo ampliamente este libro; servirá para aclarar muchas dudas y errores. Por eso, ya sea que no tengan la oportunidad de leerlo o quieran saber de qué va antes de intentarlo, les dejo una síntesis de sus ideas más importantes con algunos fragmentos selectos.

 

Mussolini y sus tropas

Primero, para su análisis Paxton propone cinco fases del fascismo:

  1. La creación del movimiento; es una fase temprana y muchos de los ideales y objetivos serán después abandonados en etapas sucesivas.

  2. Su enraizamiento en el sistema político; en forma de partidos que, en solitario o en alianza con los partidos conservadores, comienzan a ganar votos y puestos en los gobiernos.

  3. La toma del poder, siempre en alianza con los partidos conservadores.

  4. El ejercicio del poder, que debe compartir con las élites conservadoras tradicionales, en constante tensión.

  5. El largo plazo, durante el cual el régimen fascista se radicaliza, lo que lleva a la guerra expansionista, el genocidio y ultimadamente la autodestrucción, o elige la entropía, es decir se normaliza convirtiéndose en un régimen autoritario conservador tradicional hasta que termina por morir. 


Según Paxton sólo la Alemania nazi y la Italia fascista alcanzaron la fase 4, y sólo Alemania llegó hasta los extremos de la fase 5. De la misma época, otros movimientos fascistas en otros países fracasaron o fueron reprimidos. Otros regímenes fascistas contemporáneos, como en Eslovaquia, Hungría y Croacia, sólo existieron como títeres de las Potencias del Eje; no triunfaron ni se mantuvieron por sus propios medios. Paxton no considera que los regímenes autoritarios de derecha que se dieron en Austria, Rumania y Portugal por esos años puedan ser considerados propiamente fascistas, por algunas diferencias que veremos más adelante.

 

Las falanges españolas

La España de Francisco Franco puede ser considerada fascista sólo en un inicio, en especial durante la Guerra Civil, cuando recibió apoyo de Italia y Alemania. Pero una vez en el gobierno, y sobre todo tras el término de la Segunda Guerra Mundial, transitó hacia un régimen autoritario conservador y siguió el camino de la entropía.

 

IDEAS Y PASIONES
 

Quienes buscan las raíces del fascismo en distintas corrientes intelectuales y filosóficas no erran. Los sospechosos comunes aparecen aquí: Friedrich Nietzsche, Georges Sorel, Thomas Carlyle, Oswald Spengler…

 

“Precondiciones más profundas para el fascismo yacen en la revuelta decimonónica contra la fe liberal en las libertades individuales, la razón, la natural armonía humana y el progreso. Bastante antes de 1914 nuevos valores antiliberales en boga, un nacionalismo y un racismo más agresivos, y una nueva estética del instinto y la violencia empezaron a abonar el terreno en el que el fascismo germinaría.”

 

Con todo, Paxton señala que no hay que sobreestimar estos antecedentes intelectuales, toda vez que sirvieron más para abrirle camino al fascismo que para crearlo propiamente. Los fascistas utilizaron todos los símbolos, mitos, conceptos y temas que les sirvieran para lograr sus propósitos, sin cuidarse mucho de la congruencia. Una vez en el poder, minimizaron, marginaron o de plano descartaron algunas de esas corrientes intelectuales.

 

Oswald Spengler escribió La decadencia de Occidente

Paxton cree que más que buscar las raíces en los libros de los literatos sería más fructífero observar la clase de miedos y ansiedades que atormentaban a las gentes de inicios del siglo XX; eran “pasiones movilizadoras”, como las llama el autor. Estas pasiones serían:

  • Una sensación de crisis abrumadora más allá de cualquier solución tradicional.

  • La primacía del grupo, hacia el cual uno tiene deberes superiores a cualquier derecho, ya sea individual o universal, y la subordinación del individuo a aquél.

  • La creencia de que el propio grupo es una víctima, sentimiento que justifica cualquier acción, sin límites morales o legales, contra sus enemigos, externos e internos.

  • El terror al declive del grupo bajo los efectos corrosivos del individualismo liberal, la lucha de clases y las influencias extrañas.

  • La necesidad de una integración más estrecha de una comunidad más pura, por consentimiento si es posible, o por exclusión violenta si es necesario.

  • La necesidad de la autoridad de líderes naturales (siempre masculinos), que culmina en un jefe nacional que por sí solo es capaz de encarnar el destino del grupo.

  • La superioridad de los instintos del líder por encima de la razón universal y abstracta.

  • La belleza de la violencia y la eficacia de la voluntad, cuando se consagran al éxito del grupo.

  • El derecho del pueblo elegido para dominar a los otros sin refreno de ningún tipo, derecho que se decide por el único criterio de la aptitud de ese grupo en una lucha darwiniana.

Las freikorps, antecedentes de las milicias nazis


Aunque se suele considerar al fascismo como un “regreso a la barbarie de tiempos primitivos”, en especial viendo sus matanzas y atrocidades en tiempos de guerra, lo cierto es que (y esto ya nos lo había dicho Lukács) éste se trata de un fenómeno moderno, impensable sin las innovaciones tecnológicas y científicas que le precedieron. Impensable, incluso, sin la política de masas que se desarrolló a lo largo del siglo XIX. Más que una rebelión contra la modernidad, Paxton propone que el fascismo busca crear una “modernidad alternativa”:

 

“La limpieza racial de los nazis fue construida sobre los impulsos purificadores de la medicina pública del siglo XX, el afán de los eugenistas de arrancar cual malas hierbas a los impuros e incapaces, una estética del cuerpo perfecto y una racionalidad científica que desdeñaba como irrelevante todo criterio moral.”

 

Como otros impulsos en los movimientos tempranos, los resentimientos contra la modernidad fueron canalizados y neutralizados por los regímenes fascistas en el poder, usados para impulsar una modernidad alternativa.

 

Propaganda nazi sobre abrazar la tradición

Para el fascismo siempre han sido necesarios los enemigos, tanto internos como externos. Los enemigos externos incluían las potencias extranjeras y, a partir de 1917, los comunistas. Los enemigos internos eran todos los que amenazaban el ideal de un estado nacional homogéneo: minorías étnicas y religiosas, movimientos políticos de izquierda, disidencias sexuales, vanguardias artísticas e intelectuales… La cultura tradicional de la nación debía ser defendida de estas posibles fuentes de polución.

 

“En ese sentido, el fascismo se vincula de forma más plausible con un conjunto de ‘pasiones movilizadoras’ que con una filosofía completamente articulada. En el fondo está un apasionado nacionalismo, unido a una visión conspiratoria y maniquea de la historia como una batalla entre el bien y el mal, entre lo puro y lo corrompido, en la que la comunidad propia o nación ha sido la víctima.”

 

Algunos de los antecedentes del fascismo se encuentran en Francia, en el movimiento Acción Francesa, surgido en medio de un ambiente de antisemitismo francés exacerbado alrededor del caso Dreyfus. Fue allí también donde surgió el proyecto de alejar a la clase trabajadora del socialismo y atraerla hacia la derecha a través de un “socialismo nacional” (en Italia se llamó “sindicalismo nacional”).

 

El Ku Klux Klan

El movimiento eugenista en Estados Unidos y las políticas de segregación racial hace de aquel país una de las fuentes de inspiración para el fascismo. El Ku Klux Klan es un buen candidato para el título del primer movimiento proto-fascista.

 

“El Klan constituía una autoridad civil alternativa, paralela a la del estado legal, que, a los ojos de los fundadores del Klan, ya no defendía los intereses legítimos de la comunidad. Al adoptar un uniforme (la túnica y la capucha blancas), así como sus técnicas de intimidación y su convicción de que la violencia estaba justificada por la causa y el destino de su grupo, se puede decir que la primera versión del Klan en el Sur derrotado fue el primer antecedente de la forma en la que los grupos fascistas actuarían en la Europa de entreguerras.”

 

Así como la desolación causada por la Guerra de Secesión en Estados Unidos favoreció el surgimiento del Ku Klux Klan, el elemento fundamental que permitió el ascenso del fascismo en Europa fue el desastre civilizatorio causado por la Primera Guerra Mundial; sin ésta, los movimientos proto-fascistas no habrían pasado de ser marginales.

 

FASCISMO Y CONSERVADURISMO

El conservador Hindenburg fue electo presidente de Alemania para detener el ascenso de Hitler. Luego le dio al Führer el puesto de canciller.

En mi serie sobre el actual Invierno Fascista, he considerado que el fascismo es la forma más violenta y extrema de la reacción conservadora, cuyo fin es mantener, restaurar y fortalecer las jerarquías sociales tradicionales. Aunque sigo creyendo que esta perspectiva es atinada para una primera aproximación, tras leer este libro me doy cuenta de que se queda corta. Esto, sin embargo, no da crédito a la imbecilidad que la derecha políticamente analfabeta rebuzna una y otra vez en nuestros días: que el fascismo era de izquierda o anticapitalista.

 

Paxton lo explica con mucha claridad. Es cierto que en sus inicios los movimientos fascistas criticaban con dureza a la burguesía y al capitalismo, y prometían a los trabajadores pleno empleo, mejores salarios y hasta expropiaciones.

 

“Siempre que los partidos fascistas obtuvieron el poder, sin embargo, no hicieron nada para llevar a cabo estas amenazas anticapitalistas. En contraste, cumplieron con toda violencia y dureza sus amenazas contra el socialismo. […] Una vez en el poder, los regímenes fascistas prohibieron las huelgas, disolvieron los sindicatos independientes, redujeron el poder adquisitivo de los trabajadores asalariados, y derramaron dinero en las industrias armamentistas, para inmensa satisfacción de los patrones.”

 

Más adelante clarifica la diferencia entre el anticapitalismo de la izquierda, y el desdén fascista hacia la burguesía:

 

“Aunque denunciaban la especulación financiera internacional (junto con todas las otras formas de internacionalismo, cosmpolitanismo o globalización- ya fuera capitalista o socialista), [los fascistas] respetaron la propiedad de los productores nacionales, que debían forman la base de la nación revigorizada. Cuando denunciaban a la burguesía, era por ser demasiado blandengue e individualista para hacer a la nación fuerte, no por robar a los trabajadores del fruto de su labor. Lo que criticaban en el capitalismo no era la explotación, sino su materialismo, su indiferencia a la nación, su incapacidad para exaltar el espíritu.”

 

Franco y Hitler

Sin embargo, no por ello se debe considerar el fascismo como una simple variante más muscular del conservadurismo, aunque mantuviera el régimen existente de propiedad y jerarquía social. Hay varias razones. Una de ellas es que el fascismo excita pasiones violentas en las masas, a las que quiere siempre movilizadas, mientras que el conservadurismo prefiere el orden y a las masas adormecidas, excluidas en lo posible de la participación política. Los conservadores, por lo general provenientes de familias adineradas, veían a los fascistas como vulgares advenedizos.

 

Aunque tanto fascismo como conservadurismo quisieran mantener las jerarquías tradicionales de clase, raza y género, los conservadores prefieren las instituciones tradicionales, como las iglesias, la nobleza hereditaria y la propiedad privada, para ejercer poder sobre la masa. Los fascistas, en cambio, pretenden reemplazar a las autoridades tradicionales existentes, a las que consideran débiles y decadentes, con un nuevo liderazgo fascista, que ejerza el poder a través de un estado totalitario.

 

“La nueva fórmula fascista prometía, como la conservadora, resolver los conflictos territoriales con la ley del más fuerte. A diferencia de los conservadores, los fascistas medían la fuerza de un estado no sólo por el poderío militar, sino por la unidad de su población. Proponían superar la lucha de clases al integrar a la clase obrera en la nación, por convencimiento si era posible, por la fuerza si era necesario, y deshaciéndose de los elementos ‘ajenos’ e ‘impuros’.”

 

Hitler con el líder conservador Franz von Papen

Con todo, los fascistas siempre buscaron y llevaron a cabo alianzas pragmáticas con las élites conservadoras, y hasta con los centristas, para combatir a la izquierda. Los conservadores siempre preferirán darle acceso al poder a los fascistas que permitir el más mínimo avance de la izquierda.

 

El fascismo sólo pudo llegar al poder en Alemania e Italia gracias a sus alianzas con los conservadores. Ni la “marcha sobre Roma” de Mussolini fue un golpe de estado, ni Hitler ascendió a canciller del Reich sólo por el voto popular. Estos son mitos comunes. La “marcha sobre Roma” fue más un espectáculo que otra cosa; la toma de poder por parte de Mussolini ya estaba asegurada por sus alianzas. El Partido Nacionalsocialista sí llegó a obtener un tercio de los escaños en el parlamento gracias al voto popular, pero la mayoría de los alemanes jamás votaron por los nazis, y en cambio fue necesario que Hitler fuera invitado a ocupar el cargo de canciller.

 

Esto también implica que los regímenes fascistas tenían que compartir el poder con las élites conservadoras tradicionales, y no podían simplemente deshacerse de ellas, lo que llevó a que el estado fascista fuera una mezcolanza confusa y contradictoria. Una característica primordial de los movimientos fascistas en sus orígenes es la organización de instituciones paralelas a las del estado: el movimiento tenía su propia policía, milicia, tribunales y hasta ministerios. Al llegar al poder los fascistas más radicales hubieran querido suplantar las instituciones del estado con las suyas propias. Al tener que compartir el gobierno con los conservadores, no podían hacerlo. La solución era a veces crear nuevas instituciones para que fueran encabezadas por los miembros del partido, mientras las anteriores seguían administradas por la élite. Esto llevaba a la duplicación de funciones, confusión entre las competencias de las mismas, rivalidad entre instituciones. Esta característica de un “estado dual”, es una de las que distinguen al fascismo de otras dictaduras.

 

Mussolini y las multitudes

Una diferencia más sería el afán totalizador del fascismo, que quiere transformar al ciudadano común en un súbdito leal (incluso un fanático) del régimen y convertir todas las instituciones en brazos del partido, hasta que prácticamente ninguna actividad puede realizarse por fuera.

 

“Aunque los regímenes autoritarios a menudo aplastan las libertades civiles y son capaces de brutalidad asesina, no comparten con el fascismo el afán por reducir a nada la esfera privada. Aceptan que dominios reales, aunque no muy bien definidos, de espacio privado para ‘cuerpos intermedios’ como notables locales, cárteles y asociaciones económicas, cuerpos de oficiales, familias e iglesias. Éstos, en vez de un solo partido oficial, son las principales agencias de control en los regímenes autoritarios. Los autoritarios prefieren dejar a la población desmovilizada y pasiva, mientras los fascistas quieren alborotar y entusiasmar al público. Los autoritarios quieren une estado fuerte pero limitado. Dudan en intervenir en la economía, mientras que el fascismo lo hace prontamente, o embarcarse en programas de bienestar social. Se aferran al statu quo en vez de proclamar un nuevo orden.”

 

Es por lo anterior que Paxton considera que los regímenes de Portugal, Austria o Rumania en la década de los 30, el de la España franquista en la posguerra, o las dictaduras militares de América Latina como la de Pinochet, no pueden llamarse fascistas, por más detestables que sean.

 

Además, cuando los partidos conservadores eran lo suficientemente poderosos como para no necesitar del fascismo, lo reprimían tanto como al socialismo, pues lo consideraban un elemento desestabilizador. Parece, por tanto, que una condición necesaria para el triunfo del fascismo es que el ala conservadora esté dispuesta a hacer alianza con éste. A su vez eso requiere que la izquierda sea lo suficientemente fuerte como para amenazar al conservadurismo en solitario, pero no tanto como para enfrentar con éxito a la unión de fuerzas conservadoras y fascistas.

 

¿QUÉ ES EL FASCISMO?

Neonazis en Estados Unidos

Entonces, ¿qué sí es el fascismo? Paxton espera hasta haber hecho todo el recorrido histórico, y todas las comparaciones para dar una definición:

 

“El fascismo puede ser definido como una forma de actuar político marcado por una excesiva preocupación por la decadencia, humillación o victimización de la comunidad, y por cultos compensatorios de unidad, energía y pureza, en el que una un partido de masas de militantes nacionalistas comprometidos, trabajando en colaboración tensa pero efectiva con las élites tradicionales, abandona las libertades democráticas y persigue, con violencia redentiva y sin límites éticos o legales, objetivos de limpieza interior y expansión exterior.”

 

La exposición de Paxton resulta muy útil para entender los fascismos históricos, así como sus semejanzas y diferencias con otros movimientos políticos de derecha, ya sea en el pasado o en el presente. La discusión sobre lo que es el fascismo es amplia y variada, y a menudo los autores se contradicen; Umberto Eco, en su ensayo clásico sobre El fascismo eterno, por ejemplo, incluye como tales a los regímenes de Salazar en Portugal y Franco en España. Es bueno revisar diferentes perspectivas para tener un panorama más claro.

 

Neofalangistas en España

Sobre si podemos llamar fascistas a los actuales movimientos de extrema derecha, el libro también aporta algunas luces, aunque fue escrito antes de la actual crisis. No se duda de que existan neonazis, más bien la pregunta es si movimientos como el trumpismo en Estados Unidos o Vox en España puedan considerarse cercanos al fascismo. Yo creo que sí. Las mismas “pasiones movilizadoras” están detrás de ellos. Se dice que los hombres, los blancos, los cristianos están siendo perseguidos o acallados; que sufren de racismo inverso, misandria, heterofobia… En vez del miedo al bolchevismo, predican una paranoia contra los movimientos progresistas. Si en algo se diferencian estos movimientos modernos es en su culto al libre mercado y al individualismo, algo que ya notaba el historiador Enzo Traverso al clasificarlos como “postfascistas” más que fascistas a secas, en su libro Los nuevos rostros de la derecha.

 

El mismo Paxton ya lo había advertido en 2004:

 

“La inoculación de la mayoría de los europeos contra el fascismo original a través de su humillación pública en 1945, es inherentemente temporal. Los tabúes de 1945 se han desvanecido con la desaparición de la generación que fue testigo. En cualquier caso, un fascismo del futuro -emergiendo en respuesta a una crisis aún no imaginada- no necesita ser perfectamente idéntico al fascismo clásico en sus signos y símbolos externos.

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Por ejemplo, mientras que un nuevo fascismo necesariamente satanizaría a algún enemigo, tanto interno como externo, pero ese enemigo no necesariamente tendría que ser los judíos. Un auténtico fascismo popular estadounidense sería devoto, anti-negro, y después del 9/11, anti-islam; en Europa occidental sería secular y, estos días, más probablemente islamófobo que antisemita; en Rusia y Europa de este, religioso, antisemita, eslavófilo y anti-occidental. Los nuevos fascismos probablemente preferirán la vestimenta del patriotismo ordinario de su propia época y lugar, en vez de las esvásticas y las fasces.”

 

Neofascistas en Italia

No tuvimos una guerra mundial, pero sí una “Guerra contra el terror”, con sus discursos patrioteros y xenófobos, sus ataques terroristas, y sus crisis de refugiados; tuvimos una crisis económica análoga a la de 1929 y una pandemia análoga a la de 1918. Vemos también que los partidos conservadores tradicionales, después de un repelús inicial, han dado cabida movimientos reaccionarios de masas con tal de lograr victorias electorales. Si estos movimientos seguirán el camino de la radicalización o se normalizarán como regímenes autoritarios tradicionales, es lo que está por verse.

 

En cualquier caso, el panorama pinta sombrío. Las personas necesitan entender qué es lo que está ocurriendo y cuáles son los peligros que acarrea. El conocimiento y la comprensión de nuestro pasado puede ser la herramienta que nos ayude a prevenir que se repita.

Neonazis en México


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