Mario: La epopeya del fontanero - Parte II - Ego Sum Qui Sum

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PROFESOR MAIK CIVEIRA & LA ALIANZA FRIKI ANTIFASCISTA

lunes, 18 de mayo de 2026

Mario: La epopeya del fontanero - Parte II

Este texto se publicó con anticipación para mis mecenas en Patreon


Dedicado a mi amiga Sega Saturno


Leer la parte I


El 4 de diciembre de 2024 alguien asesinó al CEO de la aseguradora United Health en Nueva York. Cinco días más tarde fue aprehendido el principal sospechoso del tiroteo, el italoamericano Luigi Mangione


Durante décadas, las corporaciones de seguros han abusado de su clientela y lucrado con sus desgracias, condenando a miles de personas a muertes prematuras o enfermedades crónicas que reducen su calidad de vida. Todo para maximizar las ganancias de ejecutivos e inversores. El mensaje que tenían grabadas las balas ejecutoras, “Deny, delay, depose”, hacían referencia a las prácticas predatorias de estas compañías.


Por eso, aun antes de conocerse la identidad del atacante, el acto se ganó los aplausos, o al menos la comprensión, de un buena parte del Internet, especial -pero no exclusivamente- desde la izquierda. Cuando Mangione fue aprehendido, su apostura, actitud e historia lo hicieron increíblemente popular.



Y luego está su nombre. El único Luigi que muchas personas conocen es el hermano menor de Mario, el de los videojuegos. Además, el nombre completo, Luigi Mangione, sonaba demasiado similar al título del juego Luigi’s Mansion como para dejarlo pasar. Así, el plomero larguirucho de gorro verde se convirtió en un símbolo de lucha anticapitalista. Pronto surgieron memes y fanart llamando a buscar inspiración en sus acciones, aunque no necesariamente a imitarlas. Lo cual es irónico pues, según lo que se ha visto por sus redes, la ideología de Mangione no es realmente de izquierda, y parece que el joven se identificaba hasta hace poco como libertariano, y que no fue el anticapitalismo ideológico lo que lo radicalizó, sino una tragedia personal y el abuso de las aseguradoras. 


Casi dos años después no han surgido muchos Luigis. Sin embargo, en abril de 2026 un incendio barrió con unas bodegas de la compañía de productos de limpieza Kimberly-Clark. Esta vez el mismo perpetrador se puso en evidencia, al publicar un video en sus redes en los que se mostraba prendiendo fuego a paquetes de papel higiénico y repetía la frase “lo único que tenían que hacer era pagarnos lo suficiente para vivir”. El acto y la frase se volvieron simbólicos en esta época de empleos precarizados y desigualdad económica.




Ahora bien, nuestro héroe en esta ocasión se llama Chamel Abdul Karim, pero eso no impidió que Internet empezara a llamarlo Paper Mario, como el título de una serie de RPGs protagonizados por nuestro fontanero. ¿Por qué? Bueno, lo de paper es por los rollos de papel higiénico a los que prendió fuego, claro. Y lo de Mario es porque no sólo sus acciones nos recordaron a las de Mangione, sino porque el mismo Karim ha dicho que se inspiró en él. De cierta forma, es como si fueran hermanos. Mario y Luigi


Esto no tiene realmente nada que ver con el tema que nos ocupa hoy, pero me pareció interesante resaltar cómo Mario y Luigi han sido tomados como símbolo por movimientos anticapitalistas. Que sí, que ellos mismos son mascotas de una megacorporación bastante abusiva y que nunca hubo intención de que fueran símbolo de nada. Pero creo que esta reapropiación del personaje ya está muy iniciada y no hay marcha atrás, lo cual como nerd y zurdo me parece adorable y divertido.


Además, por algo 8-Bit Philosophy eligió explicar el marxismo con los juegos de Mario.



B. IT’S-A ME! 


Vale, continuemos con este recorrido nostálgico por la trayectoria de Super Mario y lo que ha significado para mí, y quizá también para ustedes, y quizá para la humanidad misma. O no sé, igual ni tanto. La clase pasada hablamos de los videojuegos, y ahora toca explorar lo que Mario hizo más allá de los pixeles, en el cine y la televisión…


De hecho, mi primer acercamiento a Mario fuera de los juegos fue con la serie animada de Donkey Kong (1983-1984) de Ruby-Spears, de la que probablemente no muchos se acuerden. En esta serie Mario y Pauline se la pasaban persiguiendo al buen simio por todas partes para tratar de regresarlo al circo. Mario era una suerte de antagonista, aunque no un villano, sino más bien en la tradición del guardabosques Smith con respecto al Oso Yogi. Yo era muy, muy pequeño cuando la vi en retransimisiones. Hace poco le eché un vistazo y la verdad no es muy buena…


Dato curioso: En aquellos años de preescolar yo creía que King Kong y Donkey Kong eran el mismo personaje, y que sucedía que a veces lo llaman “don”, o sea “señor”, como en “don King Kong”. En la serie animada de Captain N: The Game Master (1989-1991), Donkey apareciera como un simio gigante y malhumorado, lo que sólo contribuyó a mi confusión. No es extrañar que Universal Pictures demandara a Nintendo.



Me permito tomar una tangente para decir que me gustaba mucho Captain N. Esta ochenterísima serie era básicamente un iseakai sobre Kevin, un chico gamer con apostura de galán de secundaria, que es transportado al reino de Videolandia para apoyar a la princesa Lana y contra los malvados planes de Madre Cerebro (de los juegos de Metroid). No salían personajes de Mario, aunque de vez en cuando hacían referencias a esa franquicia. En cambio, aparecían otros héroes y villanos, como Kid Icarus y Megaman (de sus juegos homónimos), así como la más infame caracterización de Simon Belmont (de Castlevania) como un patán narcisista. También revisité esta serie hace poco y les aseguro que no está nada mal para la época en la que salió, que es un muy buen antecedente de los crossovers masivos de videojuegos que vemos hoy en día, y que merecería un remake, de preferencia bien edgy, y con una chica negra bisexual neurodivergente como protagonista.


La desaparecida productora DIC, la misma que nos dejó clásicos ochenteros como The Real Ghostbusters e Inspector Gadget, estuvo a cargo de otras dos series basadas en juegos de Nintendo: The Legend of Zelda y, la que nos importa, The Super Mario Bros. Super Show, (1989-1991), de la que extraje el fragmento que vimos la clase pasada. Podríamos decir que fue una sola serie con tres temporadas, o tres series distintas, porque cada una se estrenó con título diferente. Nunca las pasaron en la TV donde yo vivía, y sólo las conocí gracias a que rentaba compilados de sus episodios en Blockbuster.


La primera temporada es, me parece, la que mejor recordarán las personas de mi generación. Es la que incluye segmentos live-action con el luchador Lou Albano como Mario y el comediante Danny Wells como Luigi, quienes también daban voz a los personajes animados. En estos segmentos Mario y Luigi aparecían como simples plomeros viviendo en el piso más bajo de un edificio de departamentos, y se enfrentaban a problemas tontorrones de la vida cotidiana. Ah, y de vez en cuando tenían estrellas invitadas, incluyendo a Magic Johnson, Cyndi Lauper, Ernie Hudson y la mismísima Elvira en toda su pechugona gloria.


En cuanto a los segmentos animados, se basaban sobre todo en los dos primeros juegos de Mario, especialmente en el segundo, que era el más reciente, por lo que jefes de aquel juego aparecen como patiños de Koopa. En ese entonces no había muchos detalles sobre la personalidad de los héroes, sus historias ni los mundos que recorrían. Los guionistas tuvieron que arreglárselas para inventar aventuras casi de la nada.Así la caricatura acabó siendo una suerte de antología con cero continuidad, en la que Mario y sus amigos se enfrentaban a Koopa en muy diversas situaciones. Algunas historias eran de plano parodias de cuentos clásicos como Juanito y los frijoles, obras literarias como Drácula, o películas populares como Godzilla, Star Wars y Mad Max.


En México, Mario y Luigi fueron doblados respectivamente por Bernardo Ezeta y Ricardo Hill, y junto a ellos trabajaron otras voces icónicas de nuestra infancia: Miguel Ángel Ghizliazza como Koopa, María Fernanda Morales como la Princesa Seta y Carlos Íñigo como Honguito.



Ah, sí. Es que en ese entonces a Toad lo llamábamos Honguito y el Mushroom Kingdom era conocido como Reino Hongo. Aparentemente, el nombre de Bowser ya aparecía en los materiales en inglés que venían con los juegos de Mario desde el principio, pero por mucho tiempo lo conocimos solamente como Koopa, que es también su nombre en japonés. En cuanto a la princesa, durante años fue conocida en este hemisferio como Toadstool (de ahí la traducción al castellano Seta), hasta que en tiempos de la N64 se empezó a usar el de Peach, que es el que siempre había sido el nombre en Japón.


En fin, esta serie fue la que cimentó el origen de Mario y Luigi como fontaneros italoamericanos de Brooklyn que por accidente caen en el Reino Champiñón para ayudar a Peach y a los Toads contra Bowser, algo que ha pasado a formar parte del lore de nuestros héroes. También estableció que Mario era el hermano mayor y las personalidades de ambos: Mario como un bonachón optimista y valiente, aunque algo ingenuo, y Luigi como alguien nervioso pero que puede encontrar valor cuando se le necesita. Y claro, la serie cuenta con un elemento obligatorio en todo producto cultural de finales de los 80 y principios de los 90: gente blanca rapeando.


Dato curioso: de niño ignoraba que “fontanero” era sinónimo de “plomero” y pensaba que era el gentilicio de los habitantes de Brooklyn, que pensé que era una ciudad en sí misma y no sólo un barrio de Nueva York.



La segunda serie (o temporada), que salió en 1990, se tituló The Adventures of Super Mario Bros. 3 y estaba basada principalmente en aquel juego, con los koopalings como villanos recurrentes. En ese entonces eran canónicamente hijos de Koopa, al que llamaban “papi rey”. Luego los descanonizarían y dejarían en un estatus ambiguo para darle su lugar a Bowser Jr. La tercera y última, Super Mario World (1991) se basaba en el juego de SNES, se ambientaba en la Tierra de los Dinosaurios, e incluía no sólo a Yoshi, sino a un patiño carvernicolín bastante molesto. De estas dos, que abandonaron los sketches en live-action, llegué a ver muy pocos episodios.


En realidad, hoy sabemos que ésas no fueron las primeras incursiones de Mario en el terreno de la animación. De hecho, existe una película animada japonesa de 1986 titulada Sūpā Mario Burazāzu: Piichi-hime Kyūshutsu Dai Sakusen! (o sea, algo así como  Super Mario Bros.: La gran misión para rescatar a la princesa Peach). Por desgracia, este largometraje nunca se estrenó fuera de Japón y hasta la fecha no existen doblajes oficiales ni al inglés ni al español, aunque algunos fans se han dado a la tarea de ponerle subtítulos y hasta doblarla. He visto algunas escenas de la caricatura y me parece que es muy ad-hoc como adaptación, con fantasía surreal y un humor absurdo y acelerado, como buen animé de los 80. Pueden verla por acá.



Ah, pero yo sé que lo que ustedes quieren es que yo hable de la película live-action de 1993. Esta especie de clásico que contó con Bob Hoskins como Mario, John Leguizamo como Luigi, Dennis Hopper como Koopa, Samantha Mathis como Daisy y Fiona Shaw como Lena (por si alguna vez se preguntaron si la tía Petunia fue sensual en su juventud).


Recuerdo bien que, cuando iba a salir en el cine, mis amiguitos de la primaria y yo estábamos emocionadisimos. Tengan en cuenta que en ese entonces las adaptaciones de otra cosa que no fueran libros eran muy poco comunes, y que para un niño el salto de la animación, el cómic o el videojuego al live-action era lo más cercano que teníamos a ver nuestros cuentos de hadas modernos traídos a la realidad. El sólo hecho de que esta película existiera era suficiente para entusiasmarnos. 


Por desgracia, no pude verla en la pantalla grande, y durante meses las únicas escenas que alcancé a atisbar fueron las que se incluían en el video musical de Walk the Dinosaur que ocasionalmente pasaban en la tele. En ese entonces una peli podía tardar casi un año en estar disponible para rentar en los videoclubes. Justo eso pasó con la de Mario, y por eso pude verla sólo hasta que salió en Beta. Creo que desde entonces fue universalmente acordado que la peli es más mala que pegarle a Dios...


Ah, pero es un artefacto cultural fascinante, que sólo se ha vuelto más interesante con los años. Provino de una época en la que los fandoms ñoños no se hacían sentir con tanta contundencia, por lo que las corporaciones de entretenimiento no se sentían en la necesidad de apelar primordialmente a ellos. Las adaptaciones de cómics, videojuegos, series animadas, libros y demás podían ser lo que fuera, porque los productores sabían que no habría suficientes ñoños quejándose como para importar. Así, a diferencia de los festivales de fan service inocuo que fueron las dos películas de Ilumination, la versión del 93 al menos es una propuesta osada y diferente.


La historia de la realización de esa película está llena de drama, conflictos entre los directores, el reparto y los ejecutivos del estudio, accidentes y hasta un episodio de embriaguez.. El productor Roland Joffé, célebre por las aclamadas The Killing Fields y The Mission, obtuvo los derechos de Nintendo, pero no porque quisiera imprimir su sello artístico a la franquicia del fontanero, sino porque pensó que una marca reconocible sería una fuente de riquezas para su recién fundada compañía Lightmotive


Hubo un montón de guionistas y guiones, así como varios directores que se sumaron al proyecto para después abandonarlo. Finalmente, quedó en manos de la pareja Rocky Morton y Annabel Jankel, creadores del clásico cyberpunk Max Headroom. Esto es importante para entender por qué esa película fue como fue. Los directores querían hacer por Mario lo que Tim Burton había hecho por Batman: tomar algo que el público conocía por ser infantil y colorido, y hacerlo adulto, oscuro y estéticamente ambicioso. Vaya, hasta se consiguieron al diseñador de escenografía de Blade Runner, David Snyder. Si algo tiene esa película es que como distopía cyberpunk sí se ve muy chida. 


Pero esa visión chocaba con la de los productores, y la misma Nintendo, que querían algo más apto para toda la familia. Este conflicto impidió que el filme tuviera una identidad bien definida, y quedara lleno de elementos que contrastaban los unos con los otros: un escenario muy oscuro e implicaciones de un mundo pesadilla (además de momentos “picantes” bastante subiditos de tono), con un montón de chistes bien mensos y una trama que no tenía ni pies ni cabeza.


El guion fue cambiando tanto durante la producción que terminó siendo algo completamente distinto que lo que los actores habían acordado al momento de firmar su contrato. Además, ellos se llevaban tan mal con los directores, a los que juzgaban autoritarios y mediocres, y no ocultaban su animadversión por ellos. El resultado fue una película que no funciona a casi ningún nivel, alocada por momentos y aburrida en otros, a veces oscura y a veces bobalicona.


Super Mario Bros. fue un fracaso en taquilla y en críticas, y considerada ampliamente por los fans como una reverenda porquería. Fue tan mala que Nintendo no volvió a permitir adaptaciones de sus propiedades por 30 años. En las décadas subsecuentes sólo vería esta peli de forma irónica, para burlarse de ella. Sin embargo, yo la veo y no puedo dejar de apreciar el valiente intento detrás del fallido resultado. Se nota en ella un afán auténtico de hacer algo único y sobresaliente. Además, el reparto es estupendo; Bob Hoskins es perfecto como Mario, y Dennis Hopper es divertidísimo como Koopa.



Uno de los aspectos que más me fascinan es la creatividad con la que adaptaron libremente conceptos clásicos de los juegos de Mario a un escenario pseudo-cyberpunk. En vez del Reino Champiñón está Dinohattan, una distópica tierra paralela en la que los dinosaurios siguieron evolucionando a lo largo de millones de años hasta adquirir forma humana, hablar inglés y desarrollar una subcultura urbana decadente (pero siguieron siendo ovíparos).


La princesa Daisy es aquí la hija del rey legítimo de Dinohattan, mientras que Peach está por completo ausente. A veces se dice que la novia de Mario en la peli es Pauline, pero oficialmente su nombre es Daniella. El fandom también ha decidido autoinflingirse un gaslighting para convencerse de que Lena, el personaje de Fiona Shaw, es Kame.


En vez de los champiñones mágicos que dan poderes a los héroes, hay una especie de moho consciente que se extiende por toda la ciudad y ayuda a los hermanos Mario, pues en realidad es el rey legítimo desevolucionado hasta su fase fúngica. Koopa es sólo un señor muy malo (pero su peinado emula las placas óseas de un cocodrilo, supongo) que desciende de tiranosaurios, y que sólo adopta su forma reptiliana por unos segundos al final de la peli.



Los goombas, en lugar de unos honguitos malévolos, son personas de Dinohattan “desevolucionadas” en reptiles humanoides con cabezas diminutas e inteligencia limitada,. Toad es un músico callejero que toca canciones de protesta y es convertido en goomba. Yoshi es un dinosaurito con lengua prensil que Koopa tiene como mascota maltratada. Big Bertha es una mujer gruesa y tetona vestida de rojo, en vez de un gran pez rojo. La característica habilidad de los hermanos Mario para saltar es provista por unas botas futuristas.


Esa clase de creatividad tan osada a la hora de adaptar una obra popular sería impensable hoy en día, en que los fandoms son enormes, intransigentes y muy influyentes. Creo que algo así sólo se ve algo así en las reinterpretaciones posmodernas de libros y mitos clásicos.


Super Mario Bros. retoma el origen de Mario y Luigi (y al primero como el mayor) como fontaneros italoamericanos de Brooklyn que llegan por accidente a un mundo fantástico para tener aventuras. Además, hace una aportación fundamental al lore: el apellido de nuestros héroes, que es sencillamente Mario. ¡Por eso son los hermanos Mario! Es un chiste zonzo, pero acaba teniendo sentido.


En los juegos, por el contrario, nunca se hace mención a Brooklyn, sino que se asume que los hermanos son nativos del mundo en el que ocurren sus aventuras (véase Yoshi’s Island). Ell oficio de Mario como plomero rara vez es referenciado y su edad se ha reducido a los medianos veintes. También ha quedado como canon que Mario y Luigi son gemelos. Durante años después de la película Miyamoto negó que los hermanos tuvieran un apellido, pero al final acabó cediendo y Mario es oficialmente su patronímico. Así, un detallito de esa película tan menospreciada acabó formando parte del canon.


Dato curioso: En mi país desde un inicio hubo una confusión entre el nombre del personaje y el nombre del juego, y mucha gente llegó a pensar que el apellido de Mario era Bros (que es de hecho un patronímico real; yo estudié la prepa con una chica que así se apellidaba). O aun sabiendo que ése no era el apellido, de todos modos hemos leído el Bros. tal cual cuando decimos el título; nunca Brothers, que es como se debe leer en inglés. Es como si leyéramos Mr. así, emeerre, y no míster. Pero hasta la fecha seguimos así, y a ver si encuentran a un mexicano que pronuncie Smash Brothers



Pasaron 30 años para que Nintendo se animara a permitir otro largometraje sobre el heroico fontanero. La compañía elegida para llevar a cabo tal proyecto fue Illumination, infame por haber perpetrado ese crimen contra la cultura que son los Minions, y en general por hacer de las peorcitas películas animadas de la industria. Los fans estábamos escépticos. Pero cuando por fin se estrenó en 2023… Bueno, sólo puedo decir que amé la peli y más la experiencia de verla con todos mis hijos en el cine.


The Super Mario Bros. Movie fue dirigida por Aaron Horvath y Michael Jelenic. Contó con las voces de Chris Pratt como Mario, Anya Taylor-Joy como Peach, Charlie Day como Luigi, Keegan-Michael Kay como Toad, Seth Rogen como Donkey Kong y Jack Black como Bowser. Aunque a mi gusto el doblaje latino supera al original: Mario es Raúl Anaya, Luigi es Robert Salguero, Peach es Ale Pilar, Toad es Miguel Ángel Ruiz, Donkey Kong es Mark Pokora y Héctor Estrada se lució como Bowser.


¿Por qué me gustó tanto la película? Sí, definitivamente hay un factor nostalgia, y mucha de la ilusión viene de ver un mundo que me es tan tan familiar cobrar vida en la gran pantalla. Pero es que también es una peli divertidísima y con muy buenos chistes, la animación es estupenda y además se ve bien pinches bonita. En verdad no hay mucho que decir: es justo como una película de Mario debía haber sido.



Tres años después, la película de Super Mario Galaxy, aunque igualmente divertida, graciosa y muy bien animada, me dejó algo insatisfecho. Tras pensarlo por varios días, creo que puedo decir qué es lo que no me gustó, y es que sale muy mal comparada con su predecesora, y con el juego que la inspiró. Y es que necesito hablar de ambas obras en contraste para dar a entender qué es lo que más aprecio de una y qué es lo que más me decepcionó de la segunda.


Miren, era imposible que una película basada en una serie de juegos con historias casi nulas tuviera un argumento muy complicado o tocara temas muy profundos. Sin embargo, la primera hizo algo que a la segunda le faltó: una buena caracterización de sus personajes. En la primera cinta Mario, Peach, Luigi, Bowser y hasta Donkey Kong tienen personalidades bien definidas, y además tienen conflictos que nacen de sus formas de ser y algunos de ellos tienen desarrollo. 


De hecho, eso es lo que más me gustó de la peli: cómo caracterizaron a Mario. Es un joven adulto que siente que ha fracasado en la vida y decepcionado a su familia; son conflictos internos con los que el público puede identificarse (Millennial trauma intensifies). Su mayor rasgo más distintivo es que no se rinde, incluso cuando todo parece estar en su contra, y esto me pareció brillante: es la esencia de Mario. ¿Acaso cuando jugamos con él no intentamos el mismo nivel una y otra vez hasta que logramos vencerlo?



Me gustó mucho su contraposición a Donkey Kong. Empiezan como rivales (¡justo como en su primera aparición en los juegos!), con Donkey siendo muy engreído y mamón, pero en un punto logran empatizar porque ambos sienten que no cumplen las expectativas que sus respectivos padres han puesto sobre ellos (cries in Millennial). Donkey oculta sus inseguridades en su acto de payaso presumido, mientras Mario lo hace entercándose con alguna cosa. Ese momento en que estrechan lazos ayuda a ambos a crecer, a adquirir confianza en sí mismos y demostrar su valía cuando hay que luchar en la batalla final.


Luigi, por su parte, es demasiado tímido e inseguro, siempre tras la sombra de Mario, siempre dependiendo de su hermano para sacarlo de problemas. Él tiene que superar sus miedos para, en el último minuto, ser quien corra al rescate de su hermano, inspirado por la tenacidad de éste.


Bowser no tiene realmente un arco de personaje, pero de todos modos me encantó. Es el tipo de villano que ya casi nunca vemos en la animación. Ahora abundan los “villanos secretos” o antagonistas que no son realmente malos, sino que sólo no saben lidiar con sus emociones o alguna cursilería así. Bowser es al mismo tiempo amenazante y adorable, maloso, pero tierno, abusivo pero divertido, con planes y motivaciones de malo de caricatura. Como debe ser, pues. Y creo que todos amamos su canción Peaches.



Nada de esto hace que la peli sea psicológicamente profunda ni nada, pero es lo adecuado, lo mínimo que debe tener una buena historia que se digne a ser algo más que sólo una sucesión de cosas que pasan. Bueno, pues eso es lo que le faltó a The Super Mario Galaxy Movie


Los personajes no se desarrollan para ningún lado, no tienen conflictos significativos. Todo se trata de: personajes quieren llegar del punto A al punto B, y en el camino tienen que librar los obstáculos X, Y y Z. Eso es todo. Hay un conflicto pequeñito respecto a que Mario no se atreve a confesar sus sentimientos hacia Peach, pero no lleva a ningún lado. Hay un conflicto pequeñito en cuanto a que Toad no le cae bien Yoshi, pero no lleva a ningún lado.


Es tan notoria la falta de ideas para una historia interesante que tuvieron que llenar la película con cameos, incluyendo de otras franquicias. Esto parece que les funcionó muy bien en esta época en que una gran parte del público no sabe distinguir entre una buena película de una que se llena de cosas hacia las que puede apuntar y decir: “¡hey, reconozco eso!”. O sea, a mí me dio un gusto enorme ver a King Wart y los villanos de Mario 2, además de que su pelea contra Peach está chulísima, pero ¿qué hacían allí en primer lugar? ¿Por qué Wart es una especie de jefe mafioso en un casino en vez de un tirano invadiendo la Tierra de los Sueños?



Me desagradó mucho el retconeo de hacer a Rosalina hermana de Peach. Me gustaba mucho más la posibilidad de que Peach fuera una humana común. Ahora son hermanas cósmicas o algo. ¿De dónde salieron? ¿Quién las creó? ¿Es su hermana mayor? ¿Eso significa que Rosalina estuvo en ese asteroide sola durante años antes de que Peach fuera creada? ¿O fueron creadas ambas al mismo tiempo con diferentes edades? Nada tiene sentido. Lo más triste del asunto es que el videojuego de Super Mario Galaxy tiene una historia de origen de Rosalina que es bellísima y conmovedora. Pero se me hace que Illumination no tuvo el valor de ir por ese camino y arriesgarse a hacer llorar a la chiquillada. O quizá simplemente son incapaces de trabajar con emociones intensas y sinceras.


Además, en el juego, la escala del conflicto es épica, no sólo porque Mario visite muchas “galaxias” (más bien sistemas solares), sino porque los planes de Bowser ponen en riesgo a todo el universo. Lo que me lleva a hablar del único que tiene algo así como un arco de personaje: Bowser. En un inicio Bowser está tratando de reformarse, pero eso se ve interrumpido por la llegada de Junior, que lo lleva de nuevo al camino del mal. Sí, es muy bonita la relación entre el grandulón y su hijo, pero mi problema es que casi no hay conflicto para Bowser. Pensé que en su enfrentamiento final con Mario el hecho de haberse vuelto casi amigos jugaría algún papel en la resolución. Pero no. Bowser simplemente vuelve a ser el malo. Si tiene un breve conflicto interno entre ser fiel a sus nuevos amigos y no decepcionar a su hijo, esto se deja de lado porque tenemos que meter más referencias a más juegos, incluyendo una secuencia completa animada al estilo del primer Super Mario Bros., la llegada de Dry Bowser y hasta de Mr. Game & Watch, por alguna razón.


Eso es todo. Si la primera película era sencilla, esta segunda me pareció vacía. No crean que la odié; en verdad es chistosa y está bonita, sólo siento que fue un descenso de calidad y, sobre todo, que forma parte del nuevo género de moda: orgía de propiedades intelectuales. Es la tradición que inició Ready Player One, que continuó Chip & Dale: Rescue Rangers, y que ha caracterizado las últimas etapas del cine de superhéroes y prácticamente todo el reciente boom de adaptaciones de videojuegos.



Veo las taquillas que hicieron las abismales películas de Minecraft y de Five Nights At Freddy’s, muy apreciadas por los fans porque hacen hartas referencias, recrean memes y tienen muchos cameos, y mantienen la emoción del público con escenas poscréditos que anuncian proyectos futuros con más referencias, memes y cameos. En nuestro caso, la inevitable película de Super Smash Bros. Temo que se anuncia una época oscura para el cine palomero, peor incluso que la fiebre del cine de superhéroes en su época más saturada, que al menos nos daba de vez en cuando un The Dark Knight o un The Winter Soldier.


En fin, que no me extraña que las películas de Mario hayan sido tan queridas por el público, pero tan poco apreciadas por la crítica… Cuando vi que la primera estaba recibiendo malas reseñas, pensé que era porque los críticos mamadores no la entendían en su contexto y no sabían qué se podía esperar de una obra así. A la segunda película le ha ido todavía peor al respecto, y ahí estoy un poco más inclinado a dar la razón a los críticos… Pero no mucho, porque tampoco creo que sea un bodrio insufrible. Todo lo cual nos lleva a hablar de lo que nadie quería: el mame


Pues miren, por si no sabían, hay banda que en vez de ponerse a chambear como gente decente se dedica a monetizar contenido clickbaitero anti-woke. Justo antes de que saliera la primera película en 2003, anduvieron diciendo que era “basura woke” porque Peach dejaba su tradicional rol de damisela en peligro para ser deuteragonista junto a Mario. Como luego la peli fue un hitazo y a casi todo el mundo le gustó, cambiaron la narrativa: ahora resultaba que era buenísima precisamente porque “no era woke” (es decir, no tenía personajes racializados ni lgbtq+), y que por eso los progres y la crítica la odiaban.


En primera, eso siempre fue falso. Los progres la amamos tanto o tan poco como el resto del público. En cuanto a los críticos profesionales, la condenaron por cuestiones estrictamente cinematográficas, a saber su falta de profundidad y su dependencia en la nostalgia. Ahora, con la segunda película siendo otro gran éxito, la misma narrativa de “los progres y los críticos la odian porque no tiene inclusión forzada” vuelve a repetirse.


Chumel Torres, una de las personas más estúpidas con acceso a una plataforma y un público (que en estos tiempos es mucho decir) anduvo repitiendo el bulo no hace mucho. El Monitor Geek, un muy buen youtuber ñoño, se puso a revisar todas las reseñas disponibles en Rotten Tomatoes para comprobar que ninguna mencionaba la falta de representación o de una agenda progre como defecto de la película, demostrando una vez más que Chumel es un jodido imbécil.


¿Por qué insistir en esa narrativa tan obviamente falsa? Para entender qué pasa aquí hay que tener en cuenta lo siguiente:


  • La banda anti-woke se compone de la gente más tonta y deshonesta del mundo.
  • Todos estos mames impulsan una misma narrativa: que antes las cosas eran mejores y que se han arruinado por culpa del progresismo.
  • En realidad, odian el progresismo porque son racistas, misóginos y lgbtfóbicos, pero no lo pueden admitir ni a sí mismos, así que hacen malabares mentales para dar a entender que la “inclusión forzada” arruina las buenas historias. Esto ya lo he abordado ampliamente por acá.
  • Los anti-woke no tienen ni puta idea de en qué consiste la ideología progresista y por eso se la pasan peleando contra hombres de paja. Como a ellos les molesta la inclusión de personas racializadas y lgbtq+, piensan que a los progres nos molestan las películas en las que eso no sucede. Esto también lo he abordado a detalle.
  • Es irónico, acusan a los progres de sólo querer inclusión forzada y no fijarnos en lo importante, pero ellos son los que se obsesionan con si las obras tiene negros o gays, y hasta para elogiar las pelis de Mario no son capaces de decir otra que “son buenas porque no son woke”.
  • Además, estos idiotas necesitan victorias imaginarias para sus batallas imaginarias.
  • El ataque se dirige contra la crítica profesional como parte del antiintelectualismo propio de los modernos movimientos reaccionarios. En todos los frentes de su “batalla cultural”, la derecha radical apunta contra las escuelas y las universidades, contra los profesores y los intelectuales, contra los científicos y los expertos. Esto es porque su ideología toda pendeja es incompatible con el conocimiento experto y el pensamiento crítico. Así como caracterizan a las universidades de “fábricas de adoctrinamiento zurdo”, acusan a los críticos de ser “progres a los que sólo les gustan las películas con ideologías”. Y es que la cultura pop es uno de los campos de batalla más intensos para estos nuevos fachos (vean el clásico videoensayo How to radicalize a normie).
  • Por último, la banda anti-woke se compone de la gente más tonta y deshonesta del mundo (valía la pena repetirlo).


A eso se reduce todo: mienten, desinforman y hacen rabietas para impulsar su agenda retrógrada, y de paso ganar unos centavitos en el proceso.



En fin, creo que con todo esto queda claro ver cuán importante ha sido Mario en realidad. A pesar de, o quizá precisamente porque, sus juegos son casi siempre muy sencillos, su impacto cultural se puede percibir por todas partes, hasta el punto en que se lo pelean grupos ideológicos opuestos. En sus poco más de 40 años de existencia se ha convertido en un ícono reconocible a la altura de Mickey Mouse o Superman. Sin duda, al valiente plomero le quedan muchos años por delante, en los que marcará infancias e inspirará a generaciones a seguirlo intentando una y otra vez.


Ahora, ¿cuál sería la mejor manera de cerrar este largo debraye? ¿Qué tal un poema?


El plomero lleva a cuestas la existencia
de los tubos y las piedras grises,
del agua podrida y del yeso enmohecido.

 

Carga con herramientas oxidadas
y aliento sarroso y decrépito,
para dar vuelta a las tuercas perennes
y a la locura inmóvil.

 

Los días son como la mierda,
y las noches como el goteo.
El tiempo se fuga de rodillas por una rotura en la tubería,
bajo el fregadero, o detrás del retrete.

 

Hay tres direcciones
y ninguna vale la pena.

 

Entonces, por casualidad,
el plomero encuentra el reino de los hongos,
del moho invasor y seductivo que puebla las grietas entre las losas.
Triste, viejo, gordo, calvo y moribundo,
le da un beso a la micótica psicodelia.

 

Sus pupilas se dilatan y su corazón se acelera:
ahora está donde no se está, donde apenas se imagina,
donde bloques de ladrillo rojo flotan en el aire
y las plantas antropófagas crecen hasta el cielo;
donde las cabezas deambulan por los prados y las nubes llueven reptiles,
y las bolas de acero ladran encadenadas;
aquí la interrogación es omnipresente y las tortugas tienen alas.

 

El plomero salta y quiere seguir saltando por siempre,
dar caza al Dragón, salvar a la princesa color de rosa,
cabalgar un dinosaurio y recibir un beso en la nariz.

 

Aquí la existencia no existe, y la vida no se fuga
y todo es color, juego, música y sonido,
y con oro se compra la vida.
Aquí el plomero se llena de hongos que sonríen,
hierbas que vuelan
y flores que lo envuelven con fuego.

 

Los demonios son muchos, surgen del sol y del pasto,
pero pueden ser vistos de frente y confrontados,
no se esconden bajo las piedras grises de la vigilia
ni rascan las frágiles paredes de la cordura
como en las tres direcciones del hastío.

 

El plomero se vuelve invencible, todopoderoso,
y se enfrenta al Dragón, la bestia de fuego,
cuerno, garra y colmillo, abominable y gigantesco,
el miedo eterno, el mal arquetípico y sin fin,
en un castillo que navega sobre el magma.
Mas aquí la muerte no es absoluta,
y no importa cuántas veces sea arrojado a la nada
encogido de hombros,
puede intentarlo de nuevo,
hasta que vence al Dragón,
rescata a su princesa color de rosa
y recibe un beso en la nariz.

 

Pero allá fuera, entre las piedras grises y los tubos cubiertos de orín,
entre la mierda, y el agua podrida que rebosa del retrete,
tirado sobre el moho, con las pupilas dilatadas
y el corazón gangrenoso y retorcido,
su cuerpo moribundo, calvo, gordo, viejo y triste
caduca envenenado de alegría.

 

“¿Puede decirnos su nombre, señor?”,
preguntan los paramédicos, por rutina,
y el plomero, ni aquí, ni en la existencia, susurra,
“Soy yo, Mario”.



FIN


¡Hey, paisanos! Gracias por leer. Esta entrada, como de costumbre, fue publicada con anticipación para mis mecenas en Patreon. Si quieres recibir adelantos y ayudarme a seguir creando, por favor considera suscribirte. Si no, también puedes hacer una sola donación en Paypal. Este año estoy publicando menos seguido, pero con textos más trabajados. Por cierto, el poema de Mario salió publicado en mi poemario de 2010, Poeta que jugó videojuegos. Como sea, aquí tienes otras cosillas de mi blog para leer:

3 comentarios:

Ognimod dijo...

Si hicieran un reboot de Capitán N, tendrían que aparecer Samus Aran y Little Mac en el bando de los buenos, para que cobre más sentido que en el de los villanos estén Mother Brain y King Hippo; además de que, en vez de éste y el Mago Berenjena, tendrían que estar Super Macho Man (¡o Mr. Dream!) y la misma Medusa. Así como está, el plantel de villanos es como tener juntos a Darkseid, el Dr. Doom, el Emperador Pílaf, la Banda Gangrena y un stormtrooper.

Siempre que sale a colación el live-action de 1993 tengo que nombrar el primer guión que se escribió, y que se puede leer aquí: https://www.smbmovie.com/SMBArchive/preproduction/script/1_SMB_EarlyDraft_7-17-91.pdf
En él, Mario y Luigi acaban en un Reino Champiñón "de verdad", con versiones "de verdad" de los Goombas, Koopa Troopas, Chomps, Hermanos Martillo, Toad, Yoshi (que llaman "Junior"), Kamek (que llaman "Beedleman"), un Koopa que es un reptil humanoide, un ítem (Luigi agarra una Hoja Mapache en una escena y vuela), un chiste de "Gracias, Mario, pero la princesa está en otro castillo" y una pelea final contra Koopa en un puente sobre un foso de lava.
Su más grande defecto es que Mario es retratado como un patán absoluto que odia a Luigi y que está resentido por tener que cuidar de él luego de la muerte de su madre (al final se supone que aprende a amarlo, aunque no por ello deja de ser cínico y cascarrabias).

Hablando como alguien que disfrutó muchísimo esa película de niño (aunque saltaba a la vista que tenía tanta relación con los juegos como cualquier capítulo de Salvado por la campana tiene con Novecento), hubiese preferido que se hubiera filmado ese guión, pues entonces tal vez habría impuesto la tendencia de que las películas de videojuegos fuesen fieles a la fuente en vez de las extrañezas que nos tuvimos que tragar por casi treinta años. No se filmó porque el director iba a ser un tipo llamado Greg Beeman, que fue despedido cuando fracasó su película anterior "Mamá y papá salvaron al mundo".

Maik Civeira dijo...

Ahora que lo pienso, sería bien raro que sí fuera negra y se llamara Capitán N...

Ognimod dijo...

Pero en inglés seguiría siendo "Captain N". Aquí sería tranquilamente Capitana N.

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